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dimarts, 26 d’abril de 2011

La Rioja

La tierra con nombre de vino ha sido uno de mis destinos de esta Semana Santa de 2011. En efecto, esta es la primera vez que estoy por el norte peninsular. La incursión empezó en Logroño, una ciudad que me sorprendió y para bien. La capital riojana destaca nada más llegar por su limpieza, tanto en las calles como en las fachadas, que parecen todas recién pintadas. Su casco antiguo tiene callejuelas con encanto y la calle Portales (soportalada como su nombre indica) ofrece unas tardes muy animadas por las decenas de paseantes que la alegran. Templos como la imponente catedral de Santa Maria la Redonda (donde está la tumba del general Espartero, casado con una riojana) o la románica iglesia de San Bartolomé son muy recomendables. También es muy curiosa la torre de la parroquia de Santa Maria de Palacio, con forma de enorme corona imperial.

La fuente de los riojanos ilustres nos ilustrará con alguna curiosidad como que Sagasta era de La Rioja alta. Y con paseíto por el agradable parque del Espolón llegaremos hasta el moderno ayuntamiento del arquitecto Moneo.

Es muy agradable también la zona de alrededor del antiguo convento y ahora Parlamento riojano, con restos de la antigua muralla de la ciudad al lado. Muchos, desde una mirada simplista, pueden pensar que esta olvidada región no es más que un invento político de algunos círculos  elitistas de Logroño. Sin embargo, unos días conociendo la tierra del vino serán más que suficientes para que el visitante se convenza de la especificidad riojana.



Si bien es cierto que su bandera e himno fueron inventados hace pocas décadas, no se puede olvidar que surgieron como respuesta del pueblo riojano ante la dictadura y la falta de libertades. La ciudadanía hizo suyos estos símbolos para solicitar libertad y una autonomía que garatizara el autogobierno democrático de estas tierras. Como solían decir a principios de los 80, La Rioja existía, pero no era.

Dejando la política y los paseos a la luz del sol por la capital riojana, lo cierto es que las mayores sopresas que nos ofrece Logroño surgen cuando cae la noche. Toda salida debe empezar obligatoriamente por la calle Laurel, tal vez la más famosa de la ciudad. No es más que una simple calleja peatonal sin demasiado estilo, prolongada por la travesía de Laurel. Es la concentración de bares de sus bajos lo que le da la fama. Todo gourmet quedará fascinado por la calidad y variedad de tapas que encontramos. El secreto reside en que cada local está especializado en una o unas pocas tapas o pintxos. Por ejemplo, el Bar Soriano está especializado desde hace 30 años en su tapa de delicioso champiñón coronado por una gamba. Los carnívoros quedarán encantados en Lorenzo, con sus tapas-bocadillito tío Agus, rellenos de carne de cerdo con una salsa secreta que en algunos bocados nos recordará al tomillo y en otros al limón. Y la Taberna del Laurel cuenta con unas buenas patatas bravas y con unas grandes brochetas de jugosos gambones asados con trozos de piña.

Pero si las tapas os parecen deliciosas, imaginaos tomarlas entre amigos en las diversas mesas que salpican esta calle y callejón, aprovechando la agradable temperatura primaveral y con una copa de buen vino riojano en la otra mano. Tapear de bar en bar en la calle Laurel es, sin duda, la manera más logroñesa de empezar bien la noche.

Alguna copita en los modernos locales de las calles cercanas nos empezará acercando al dinamismo nocturno de esta pequeña ciudad que acabará por sorprendernos del todo cuando traspasemos el ultramoderno hall del Casino y entremos a su discoteca, digna de la noche de cualquier capital mundial. Una decoración adecuada, varias barras, un DJ en lo alto, zona VIP, una iluminación aceptable y un excelente sistema de sonido junto con una mezcla de música de rabiosa actualidad hacen que cualquier noctámbulo cosmopolita se sienta más que cómodo bailando en este céntrico local logroñés. 


 Es curiosa la mezcla de personajes que pueblan esta discoteca. Desde pijas y pijos de manual dignos de Moma56 a chicas en vaqueros y zapatillas pasando por maduras con ganas de fiesta o señoras que toman una copa tras una cena de compañeros de trabajo. Modernos con pinta de acabar de llegar de Malasaña, Chueca o el Gaixample bailan junto a aburridos señores que esperan a que las compañeras de trabajo con las que vienen se cansen de bailar. Barbies de piernas tan interminables como su pelo y bronceadas de anuncio lucen increíbles tacones al lado de cuarentonas vestidas de blanco como si estuvieran en la fiesta Flower Power. Y garrulos de pueblo comparten barra con chicos en camisa de pelo y patillas largas dignos de cualquier convención del PP.

Tal vez el único "pero" sea que cierra a las 4. Sin embargo, la fiesta sigue, el ambiente en la calle es enorme y hay otros locales que abren hasta las 6, como la sala Norma, situada en un antiguo teatro. Lo cierto es que Logroño tiene una noche bastante interesante y movida.

Pero la capital riojana no es toda La Rioja. Hace falta recorrer sus paisajes de viñedos, sin perder de vista el Ebro, para entender y conocer bien esta tierra. Recorrer en coche sus carreteras es una gran experiencia. De pueblo en pueblo y de bodega en bodega. Lugares históricos e incluso Patrimonio de la Humanidad-UNESCO nos esperan en sus valles y montañas.

San Millán de la Cogolla, por ejemplo, con sus monasterios de Suso y Yuso, nos transportarán mil años atrás con las primeras palabras en lenguas castellana y vasca que un monje anónimo escribió. Observamos en estas dos lenguas algunas notas aclaratorias en el borde de textos escritos en latín. Cualquier hablante del castellano o del euskera debe viajar, al menos una vez en la vida, a este lugar, para sentir los parajes donde por primera vez alguien escribió palabras en estos idiomas.



Además, la arquitectura de estas dos estructuras religiosas es preciosa. La recomendable visita guiada por el monasterio de Yuso nos llevará a una iglesia maravillosa, a ver enormes libros originales de canto gregoriano, a la capilla donde están los restos de San Millán (y algunas de las exquisitas tabletas talladas en marfil que narran la vida de este santo) así como la sacristía, conservada con su secular pintura original.

Santo Domingo de la Calzada, punto clave en el camino de Santiago, cuenta con dos Paradores nacionales increíbles. La recepción del parador de Santo Domingo Bernardo de Fresneda con sus ambiente noble y sus enormes y cómodos sofás, está muy bien para tomar un café o té con pastas entre amigos. Por otro lado, los restaurantes de este pueblo son un buen lugar donde comer unos buenos caparrones con su choricito, morcilla y guindillas troceaditas encima. Pero lo que más llama la atención del visitante es su catedral, en la que dentro sigue habiendo un corral con una gallina y un gallo vivos, en recuerdo del milagro de Santo Domingo de la Calzada, donde la gallina cantó después de asada.

A diez minutos de Logroño encontramos Fuenmayor, villa natal del almirante que inventó al bandera española. Es un agradable pueblecito jalonado de palacetes renacentistas y barrocos.

A pesar de tanta cultura, arquitectura, gastronomía e historia, La Rioja es mundialmente conocida por sus excelentes vinos. Es por esto que las visitas a las bodegas se hacen imprescindibles. Hay muchas y de todo tipo, pero las más impresionantes son aquellas casas que han apostado por arquitectos de prestigio y por convertir las visitas a las bodegas en toda una experiencia.

El ejemplo paradigmático se encuentra en Elciego, un pueblecito de la Rioja alavesa donde las bodegas Marqués de Riscal confiaron al inglés Frank Gehry, autor del Guggenheim de Bilbao, la ampliación de sus bodegas para modernizarlas y también transformarlas en un auténtico resort del vino. Además de las bodegas antiguas y modernas que nos impresionarán y enseñarán como se hace el vino, la estructura que nos quitará la respiración será el hotel de lujo. Enormes láminas de titanio de formas imposibles y colores metálico, burdeos y oro nos recordarán a las botellas de la casa en un enorme edificio que, en mitad del valle y rodeado de viñedos, refleja la luz solar y la envía a todos los puntos del valle, como si de un faro se tratara. Aquí se han alojado últimamente, entre otros, Brangelina.


Lo mejor de la visita guiada a las bodegas Marqués de Riscal es la pequeña degustación e introducción a la enología en un moderno saloncito al final del recorrido. Cualquier apasionado del vino quedará encantado.

Cercas de estas bodegas de encuentra Laguardia, una preciosa población situada en la cima de una colina con unas vistas increíbles. Rodeada por una muralla, cuenta en su interior con una maraña de callejas que nos llevarán a tiempos medievales, con tiendecitas tradicionales y una calma eterna. Alguna de las sorpresas que nos esperan en sus placitas son la escultura metálica del artista vasco Koko Rico, formada por una colección de calzado y bolsos situados de forma desordenada.

Otras bodegas muy llamativas son las Ysios, obra del arquitecto valenciano Santiago Calatrava. Su simetría y uso de los materiales (con el fallo de la madera que se pudre) son impresionantes. El arquitecto ha integrado perfectamente su enorme obra tanto con los viñedos que se extienden delante de la misma como con la imponente sierra que cierra el paisaje unos kilómetros detras.



Nájera, antigua capital navarra, es también paso obligado para los peregrinos con rumbo a Santiago, y cuenta con el Monasterio de Sanata María la Real, con antiguas reinas enterradas allí.

Y pequeños pueblitos como Clavijo destacan por su castillo, en ruinas pero con unas vistas espectaculares. Desde esta antigua fortaleza árabe se apareció Santiago Matamoros, propiciando la victoria cristiana en una de las batallas más importantes de la Reconquista.

La Rioja es, tal vez, uno de los secretos mejor guardados de España. Os aseguro que pasar una semana en estas tierras, que ni son vascas ni castellanas, os dejará unos recuerdos impagables.

dimarts, 12 d’abril de 2011

De restaurantes por Madrid...


Muchos conocen Madrid como ciudad eminentemente castiza, a pesar sus varios millones de habitantes. Sin embargo, la capital española es también una ciudad cosmopolita y su  gran su oferta gastronómica así lo demuestra. La cantidad y calidad de sus restaurantes basados en las diversas cocinas del mundo están garantizadas.

Si lo que buscamos es comida mexicana, encontraremos mucho donde elegir. Tras probar varios, destaca sin duda el Tepic, un local desenfadado, joven y con un diseño a la última, por supuesto con detalles como cactus o una enorme foto mural de un vagón de metro del DF. Los precios son normales, y la carta sencilla pero completa, con todo lo que uno espera encontrar en un restaurante mexicano y alguna sorpresa más. Por lo que hace a los entrantes, la Flauta de chicharrón de queso será un buen comienzo.

Los tacos, como plato principal, se encuentran dividos entre los que llevan queso y los que no. El Acapulco Tropical con queso es particularmente sabroso, jugoso y con el toque de frescura de la piña cocida. Los vegetarianos verán satisfecho su apetito con los tacos sin carne. También hay enchiladas gratinadas, para todo el que busca, y con razón, ese toque picante. Por último, en postres destaca el Tres Leches, muy típico mexicano. Un esponjoso bizcocho circular a base de leche evaporada que se os quedará pequeño.


Y para beber, además de la excelente carta de tequilas disponible, encontramos la famosa michelada, típica cerveza mexicana con lima verde natural y el borde del vaso rodeado de sal. Para los más auténticos está la "michelada Tepic", con chile tanto mezclado con la cerveza como triturado y situado en el borde del vaso. Todo un reto para los no habituales.

El personal, mexicano en su mayoría, es amable y eficiente, y además suelen recomendar platos según el gusto de cada comensal. También suelen animar a compartir, algo que acentúa el carácter desenfadado y amigable del lugar. Sin duda este urban mex (tal y como se definen) no decepciona.

En cuanto a la comida italiana, no hay duda: Ouh... Babbo! es el mejor restaurante italiano de Madrid en relación calidad/precio. La atención personalizada, los ingredientes totalemente importados de Italia y el trato excelente son claves para convertir a este lugar en obligatorio para todos los amantes de la gastronomía del país de la bota. El dueño es el actor hispano-italiano Bruno Squarcia, y es el quien nos aconsejará personalmente. Su cara nos sonará de las series  Al salir de clase o Yo soy Bea

En este restaurante la carta varía cada cuatro meses, adaptándose a los ingredientes de cada temporada, lo que nos garantizará la frescura y calidad de los mismos. Las pastas, antipasti, carnes, pescados y ensaladas son estupendos, pero el núcleo alrededor del cual gira la carta son las pizzas.

En Ouh... Babbo! las pizzas se cuecen en un auténtico horno de leña napolitano y esán hechas con ingredientes especialmente traídos desde Nápoles. En este restaurante tienen muy claro los orígenes de la pizza y por tanto se ciñen a la receta tradicional, con pizzaiolos napolitanos trabajado en sus cocinas. La masa es increíble, así como el queso mozzarella utilizado, pero lo mejor son los pomodorini, los típicos tomatitos secos con ese sabor tan potente. En la respetable carta de vinos encontrarmos toda la variedad de caldos y licores que encontrariamos en cualquier local medio de las calles de la capital del sur italiano.

Y si preferimos adentrar nuestro paladar en los ritmos caribeños, no muy lejos de la estresante puerta del Sol encontramos un lugar donde relajarnos con música cubana en directo: La Negra Tomasa, donde arroz, frijoles y carne de cerdo reinan, dejando un hueco al marisco presente en el Cojimar, plato a base de arroz, camarones en salsa de tomate especiada y rodajas de banano fritas como condimento. 

Otro de los puntos fuertes del local son los grandes batidos de frutas naturales, que suelen tomarse acompañando la comida principal, siguiendo las costumbres americanas. Y como final feliz, los postres cubanos, básicamente compuestos de huevo, arroz y leche, destacando por encima de todos el dulce de coco, compuesto por leche de este fruto tropical azucarado con trocitos blancos de la fibra del coco y una bola de queso crema en mitad de la copa. Y por supuesto, aquí el personal sirve, según ellos, los mejores mojitos de Madrid.

Es curiosa la cantidad de detalles que adornan el restaurante. Las propias camareras llevan aún el tradicional vestido de la Cuba tradicional, aunque la iconografía castristas y del Che abunden. Y si teneis la suerte de toparos con la dueña del local, la señoraTomasa, os pasará consulta de cartomancia cubana a cambio de la voluntad. 

El África negra también ocupa su hueco en el panorama gastronómico de la capital. El Restaurante Senegalés, situado en el corazón de Lavapiés, es uno de los restaurantes donde degustar la consistente y sabrosa comida del país africano. Siguiendo las pautas de consumo de la región, enormes platos para compartir son servidos en medio de las mesas, a base de arroz y trozos de mandioca y cerdo en la mayoría de ocasiones. Es verdad que la carta es poco variada, pero aún así, la comida es auténtica y deliciosa. En el África subsahariana no hay primeros y segundos platos, sino que se como todo a la vez en la misma fuente.

Un plato cada dos bastará. Y no olvideis pedir una de las bebidas de la carta, de nombres imposibles de recordar, pero con sabores que no olvidaréis jamás. Muy dulces y a base de frutas autóctonas del Senegal, estos líquidos nos trasportarán a las selvas y bosques de la zona, y a los aromas de aquellas enormes flores de colores que crecen en las tierras fértiles del África tropical. 

El local es sencillo pero muy auténtico. Además, la amabilidad de los camareros es impagable. Un ambiente relajado donde comer mucho por precios muy bajos rodeados de parte de la comunidad senegalesa de Madrid. Al lado hay una tienda de productos africanos importados, para los que se quedan con ganas de más.

Y sin dejarnos Asia de lado, Japón ocupa un lugar clave en muchísimos restaurantes madrileños. Curiosamente muchos de los dueños de restaurantes japoneses suelen ser chinos. Anécdotas aparte, uno de los japoneses más auténticos de la capital es el Nagoya, muy próximo a la plaza de Olavide. A mediodía suele tener un menú a precios muy asequibles, en especial la caja bento, tan tradicional, con su sopa de miso calentita para empezar. Después llegará la caja de cerámica, con una degustación de sushis, sashimi, maki y tempura. Y no faltará la sempiterna salsa de soja o la bolita de picante wasabi. Además de los bento, otra opción para los más carnívoros es pedir los kami yakisoba (tallarines con crujiente pato y salsa teriyaki).

Desde Lonely Planet afirman que este es el mejor japonés de Madrid. Desde luego, es muy recomendable para todo amante de esta cocina. Pero si lo que buscamos es mayor sofisticación, sin dejarnos la cartera por el camino, Sukothay (en la Castellana) es cita obligada para los amantes de la cocina oriental. De fusión tailandesa y japonesa, también cuenta con dos cartas diferenciadas de estas dos gastronomías. Además de gran variedad de tés y una amplia bodega.
 
La decoración del lugar se inspira en el lujo asiático y es especialmente recomendable acudir a cenar. Su tenue iluminación es excelente y su servicio exquisito. Del lado tailandés, el Gai satay (mini brochetas de pollo con la deliciosa salsa de cacahuetes) es un entrante excelente, aunque el Kaek gung tampoco se queda atrás (deliciosa tempura de langostinos y cangrejo). El Ped Makarm Sapparot (magret de pato con pok choi y salsa de piña y lima) también es muy recomendable.

La calidad de los sushis es también notable: de hecho, si preferimos algo más rápido o informal, en la entrada hay una barra de sushi. Destacan los buenísimos makis tempurizados, calentitos y con el alga nori crujiente. Y el sashimi ceviche nos trasladará a los sabores cítricos resultantes de la gran comunidad japonesa que desde hace décadas reside en Perú.

Desde luego, esto solo es un botón de muestra de los muchísimos restaurantes internacionales con los que cuenta Madrid, pero por ahora estos son mis favoritos. Aunque lo mejor de ellos, claro está, es cn compañía de quién los disfrutas. Os dejo las direcciones, por si acaso:

Mexicano - Tepic
Calle Pelayo, 4. Metro Chueca.

Italiano – Ouh... Babbo!
Calle Caños del Peral 2, Metro Ópera.

Cubano - La Negra Tomasa
Calle Cádiz, 9. Metro Sol.

Senegalés – Restaurante senegalés
Calle Amparo esquina calle Sombrerete. Metro Lavapiés.

Japonés – Nagoya
Calle Trafalgar, 7. Metro Bilbao

Tailandés / Japonés – Sukothay
Paseo de la Castellana, 105. Metro Santiago Bernabéu.