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dimarts, 31 de gener de 2012

Busch Gardens

La Florida se caracteriza por ser uno de los lugares del mundo con más parques temáticos por habitante. Pero si se pregunta entre los fanáticos de este tipo de recinto, son muchos los que nos dirán que su favorito es uno situado cerca de Tampa, algo alejado de la congestión de parques que se da en Orlando. Se trata de los Busch Gardens.

Este parque intenta transportarnos al continente africano mezclando grandes atracciones en un enorme zoo sin jaulas y una vegetación exhuberante. La entrada, supuestamente ambientada en Marruecos, cuenta con los servicios típicos de un parque temático. De hecho, en un mal imitado restaurante marroquí, el Zagora Café, fue donde desayunamos, aunque nada de comida árabe, ya que sólo ofrecía desayuno estadounidense. El edificio mejor imitado de esta zona es el Gran Teatro, muy similar al que encontraremos en Marrakech. Pero lo mejor es continuar hacia la izquierda, entrando en la zona del parque dedicada a Nairobi, donde nos encontraremos con una pequeña jungla jalonada de cascadas, grutas y senderos donde podremos observar hasta cinco tipos diferentes de simios: desde orangutanes a chimpancés, pasando por los graciosos monos. La separación está hecha de una forma sutil, con barrancos o ríos. Y su hábitat bastante bien imitado es lo suficientemente grande como para que estos simios vivan más o menos a gusto.

Tras observar a nuestros primos hermanos, recomiendo apresurarse un poco para dirigirnos a la que es ahora la atracción estrella del parque por estar inaugurada hace solo unos meses: Cheetah Hunt, o "la caza del guepardo". Esta montaña rusa intenta imitar la rápida aceleración que un guepardo hace cuando se prepara para cazar. De hecho, es uno de los animales más veloces del mundo. Y lo que hace esta atracción es situarnos a los lomos de uno de estos felinos y hacernos sentir la aceleración instantánea gracias a un sistema magnético que nos lanza a más de 100 km por hora en una recta, haciendo a los vagones subir una cuesta sin ningún tipo de ayuda y luego lanzándonos a toda velocidad a través de unos cañones. Es una de las montañas rusas más largas en las que yo me haya subido. El momento del primer lanzamiento es tan fuerte que hay unos segundos en los que sentiremos algo parecido a la gravedad cero. Además, su excelente diseño técnico hace que los vagones circulen con absoluta precisión, deslizándose por los raíles, haciendo que las vibraciones desaparezcan y la experiencia sea muy satisfactoria.

Tras bajar de la atracción, podremos ver un espacio alargado donde viven algunos guepardos. Nunca había visto en directo a estos rápido felinos, y aunque son bastante impresionantes, sigo prefiriendo la majestuosidad de los tigres.

Además de la selva, la zona de Nairobi cuenta con una enorme casa colonial blanca, de madera, estilo victoriano muy común en la África del Imperio Británico. En su interior se encuentra uno de los mejores restaurantes del parque, el Crown Colony Restaurant, con una ambientación que nos trasladará a aquellas casas donde funcionarios imperiales mostraban las cabezas disecadas de todo animal africano cazado.

La siguiente atracción en nuestro camino será Montu. Internandonos en la zona de Egipto, algo mal ambientada, nos la encontraremos. Se trata de una impresionante montaña rusa de las que vas colgado de los raíles, por lo que además de impresionar mucho, marea de una manera extraordinaria, al no poder predecir nunca que ritmo seguimos. Otra de las gracias presentes en Egipto es la tumba de Tutankhamón, realmente muy mal imitada. Estoy seguro que cualquier egiptólogo la encontrará grotesca. Creo que en esto,el parque debería dar un poco más de calidad a esta atracción dotándola de mayor veracidad y valor educativo.

Siguiendo hacia el norte, veremos a horas determinadas como se alimenta a los elefantes, pudiendo incluso acariciar sus trompas, supervisados por sus cuidadores. A continuación, llegaremos al animado pueblecito de Timbuktu, donde entre otras muchas atracciones infantiles nos encontraremos una de las primeras montañas rusas con looping de la historia: Scorpion. De hecho, es una de las tres montañas rusas de este tipo que existen en el mundo por lo que aficionados a estas atracciones de todo el mundo vienen a los Busch Gardens para poder montarse en este modelo que en su momento fue toda una novedad. Tal vez su pequeño tamaño quite muchos miedos, pero no os equivoquéis. Es muy fuerte y genera muchísimo mareo por sus caídas circulares y sobretodo su pequeño looping. Sin duda, esta es una de las grandes joyas ocultas del parque, tanto por la sopresa que nos llevaremos al subir, como por el valor histórico y técnico que posee.

Al norte de Timbuktu se encuentra otra pequeña montaña rusa: Sand Serpents. Más para familias que para jóvenes, aunque también sirve para quitarse el mareo de la fuerte Scorpion. Se trata de la tradicional montaña rusa de vagoncitos que van dando pequeñas caídas y fuertes giros a cada esquina de la vía. Risas garantizadas.

Más al norte aún nos adentraremos en la espesa, verde y llena de água zona del Congo. Aquí se encuentra una de las atracciones acuáticas más populares, además de la típica montaña rusa metálica con loopings: Kumba. De hecho, cuenta con uno de los loopings más largos del mundo. Respecto a las atracciones de agua, no os podéis perder los Congo River Rapids, unos rápidos fuertes y contundentes, con grandes cantidades de agua y obstáculos, destacando la enorme cascada final. Las otras atracciones de agua están más al sur, en la zona conocida como Stanleyville. La segunda de las atracciones de água es el Tangayika Tidal Wave. Empieza como un agradable paseo en barca por un río africano, lleno de vegetación y animales alrededor. Luego nos internamos en mitad de un poblado abandonado, donde algunas inscripciones nos detallan lo que nos espera: unas enormes cascadas al final del río. La tremenda caída es alta y divertida. Por último, no olvidéis probar las Stanley Falls Flume, la típica atracción "de tronquitos" donde las caídas son también muy altas e impresionantes. Lo mejor es hacer estas tres atracciones a la vez y en horas centrales del día, cuando el sol más aprieta. De esta manera nos refrescaremos, nos mojaremos de una vez y nos podremos secar al sol para poder seguir la visita al parque fresquitos de cara a la tarde.

Entre la zona del Congo y la de Stanleyville se encuentra Jungala, pero esta no es más que un área de atracciones y juegos infantiles que los jóvenes podremos saltarnos sin problemas. De hecho, tras subirnos en las dos atracciones de água de Stanleyville, nada mejor que empezar la cola para la montaña rusa más fuerte de Busch Gardens: la impactante SheiKra. Ya los vagones se salen de toda convencionalidad, siendo de varias personas por fila, y la primera fila más bajita que la segunda y tercera, como si de una pequeña grada rodante se tratara. Es la montaña rusa más alta del parque y cuando sube hasta el final da un poco de vértigo. Lo peor es cuando antes de la primera caída te dejan colgando frente a ella, en posición vertical, durante unos segundos. La angustia de ver la gran altura y verticalidad de la caída (una de las pocas caídas a 90º del mundo) asusta bastante. La sensación es increíble y los giros alucinantes. Hay una parte en la que parece que nos estrellemos contra un edificio en ruinas y en realidad nos internamos en un largo túnel para salir a un lago en el que un espectacular efecto hará parecer que estamos deslizándonos a gran velocidad por encima de las aguas, salpicando sin control a todo el que esté paseando cerca. Esta es, sin duda, la atracción más fuerte del parque.

Tras el tembleque que nos dejó ShreiKra, nos dirigimos hacia un restaurante cercano, el Zambia Smokehouse, especializado en comida a la barbacoa. Habían costillas de cerdo, pollo, chuletas y salmón a la parrilla, que es lo que yo elegí, acompañado de patatas al horno y ensalada. Y de postre, nada mejor que una tarta de manzana recién hecha.

Después, sólo nos quedará atravesar la zona del Sesame Street Safari of Fun (muy infantil), para entrar en la última zona del parque: los Bird Gardens. Aquí encontremos un gran número de especies aviares, destacando por encima de todo el lago con decenas de rosados flamencos. En esta zona, lindando con Marruecos, está la última montaña rusa del parque: la típica de madera. Se trata de Gwazi. Antes de montar, tenemos que elegir entre el tigre o el león, ya que se trata de una carrera entre los dos trenes a través de dos recorridos diferentes que se cruzan en varios puntos. Y sinceramente, a pesar de su bonito diseño con troncos y circuitos intricados, no vale la pena subir por la excesiva vibración de los vagones que nos dejarán muy incómodos y con un fuerte dolor de cabeza.

Si en algún punto del recorrido os apetece descansar, nada mejor que tomar el Serengeti Railway, un tren tirado por una locomotora réplica de aquellas que atravesaban las praderas africanas en tiempos coloniales. De hecho, pasaremos a través de grandes espacios que imitan la sabana, con jirafas, rinocerontes, elefantes, hipopótamos, cebras, antílopes, leones... etc. Los niños serán los que más disfruten estos recorridos. Aunque también son útiles para desplazarnos de una zona a otra del parque, gracias a sus diferentes estaciones.

Otro de los medios de transporte alrededor del parque es el Skyride, un teleférico muy bonito con el que también podremos dar un vistazo general al parque y apreciar unas panorámica bastante bonitas. Este recorrido lo recomiendo encarecidamente a todo el mundo.

Este parque es ideal para todos los amantes de las montañas rusas, puesto que cuenta con una enorme variedad de tipos y clases de esta atracción. Además, si vais con niños, estos se lo pasarán pipa con todas las atracciones infantiles que existen y observando a la enorme colección de animales con los que cuenta Busch Gardens. Especialmente recomendable es contratar el Safari por el Serengueti, muy bien recreado. Este parque temático es sin duda una elección perfecta para todos aquellos que busquen un parque en el que lo importante sean las atracciones fuertes y no la tematización. Eso sí, los expertos en Estudios Africanos se tirarán de los pelos con cada una de las incorrecciones y barbaridades histórico-geográficas que se cometen en este parque, supuestamente dedicado a África. Mi barbaridad favorita es meter canguros en la zona dedicada al Congo. Imperdonable.  

divendres, 27 de gener de 2012

Kennedy Space Center

El Centro Espacial Kennedy de cabo Cañaveral es uno de los lugares que se deben visitar si se vive en la Florida. Por más de 50 años este centro ha sido uno de los lugares clave en la exploración espacial. Y al fin y al cabo, fue desde estos humedales ahora propiedad de la NASA desde donde partieron los primeros hombres que pisaron la Luna.

El parque está muy tematizado, casi convertido en una atracción. Llegamos a hora de la apertura, pagamos en las taquillas (muy parecidas a la de cualquier parque temático de Orlando) y empezamos por visitar el enorme cine IMAX con gafas en 3D donde la voz de Tom Cruise nos iba explicando los pormenores de la construcción de la Estación Espacial Internacional así como los viajes de algunos de los astronautas que pusieron en marcha este impresionante proyecto. Impresiona verles en el espacio saliendo de la Estación para fijar algún elemento o cuando van por dentro haciendo los estudios requeridos o en sus actividades cotidianas como dormir, lavarse o comer. Es muy curioso verles en acción en gravedad cero. ¡Sobretodo tras abrir una bolsa de M&M!

Acabado el documental en gran formato, caminamos hasta un parque donde un simpático señor explicaba la historia de los diferentes cohetes que allí se encontraban, muchos de ellos altísimos. El dato más interesante es el de cómo la tecnología balística militar fue la que derivó en los cohetes necesarios para impulsar elementos como los satélites y luego a las personas para salir al espacio superando la enorme atracción de la gravedad terrestre. También había alguna de las cápsulas en las que los primeros hombres lanzados al espacio (es decir, fuera de la atmósfera) viajaron, y en las cuales uno se puede meter para apreciar el reducido espacio en el que tenían que aguantar largas horas, primero a que les lanzaran, colocando esas cápsulas con ellos dentro en las puntas de los cohetes, y luego dando vueltas a la Tierra hasta dirigirlos de nuevo a la superficie terrestre y caer en medio del océano a grandes velocidades con paracaídas monstruosos. Dicho esto, fueron los rusos los primeros en enviar un hombre al espacio, tal y como los estadounidenses recuerdan con su orgullo ligeramente herido.

Tras el instructivo paseo, nos metimos en un aula en la que un interesante catedrático sevillano de Físicas impartió una clase magistral sobre la misión Curiosity, dirigida a explorar Marte. Esta misión lanzó a finales del pasado noviembre al robot más grande que jamás haya pisado la superficie marciana, con el objetivo de extraer datos fundamentales que permitirán avanzar en la carrera por llevar humanos hasta el planeta vecino. Fue una charla instructiva y amena. La lástima fue no haber estado presente en el lanzamiento del cohete con el robot, que se produjo días después. Si alguna vez vuelvo al cabo Cañaveral, será para ver un lanzamiento. Estoy seguro que debe ser impresionante.

El siguiente paso en nuestra visita era acudir a la famosa “experiencia de lanzamiento”, en la que un simulador nos dará la sensación de ser lanzados al espacio desde uno de los famosos Shuttles que tanto utilizó la NASA en sus misiones a la Estación Espacial Internacional. Sientan al público en una recreación del lanzador, te abrochan bien, y ponen el lanzador hacia arriba, simulando los sonidos, luces y sobretodo la vibración y el efecto subida del cohete. Luego se estabiliza intentando simular la navegación en el espacio abierto y por último, se abren las compuertas pareciendo verse la Tierra. Personalmente, me decepcionó bastante, la verdad.

De ahí nos fuimos a tomar algo para comer y pasamos por una placita donde una enorme bola de granito de más de nueve toneladas que muestra el mapa del cielo visto desde la Tierra. Esta pesada bola gira debido a que está colocada encima de un chorro que distribuye agua por toda su base haciendo que sea fácil moverla. Luego cogimos un bus que nos llevó por todo cabo Cañaveral enseñándonos los famosos hangares donde se construían los shuttles (altísimos), la famosa carretera por donde enormes plataformas rodantes trasladaban los cohetes, las tremendas áreas de lanzamiento, llenas de torres de hierro. Desde una de las plataformas de observación se puede ver todo el cabo, con sus más de diez plataformas de lanzamiento, que parece un auténtico paisaje militar.

El autobús también para en un gran hangar dedicado a las misiones Apollo, donde el cohete más grande del mundo está colocado sobre pilones a lo largo del hangar, apreciándose el tamaño del mismo de una forma increíble. Gracias a este tremendo desafío de la ingeniería balística se pudieron hacer los viajes a la Luna, ya que en estos tremendos cohetes cabían grandes cantidades de combustible necesario para llegar y volver de nuestro pequeño satélite. En un museo anexo encontramos desde trocitos de rocas lunares hasta periódicos de todo el mundo de la época en la que Neil Amstrong dio el primer paso en la Luna. También hay una sala donde se explica más o menos a través de imágenes y montajes la historia de las misiones espaciales, dando énfasis en todos los hombres y mujeres que perdieron la vida en lanzamientos fallidos.

Acabamos la visita en una de las tiendas del hangar del Apollo, probando el curioso helado deshidratado que se llevan los astronautas al espacio y comprando una sopa que se cocinó en honor a los primeros hombres en la Luna. Tras esta visita, es necesario coger el coche y dirigirse a otro de los espacios turísticos del cabo Cañaveral, incluidos en la tarifa general. Se trata del USA Astronaut Hall of Fame, donde todos los astronautas estadounidenses tienen una placa con sus datos, y donde un enorme museo muestra de forma amena las diferentes misiones que permitieron llevar a cabo la exploración espacial. Objetos curiosos, trajes de astronautas, pequeños simuladores, “los olores de la Luna, los controles de la base de Houston, y un simulador de gravedad cero (estropeado para mi desilusión) son algunos de los elementos que conforman estas instalaciones. Nosotros lo visitamos un día diferente del que visitamos el Kennedy Space Center. No quisimos morir de sobredosis espacial.