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dissabte, 30 de juny de 2012

Miami acuático

El conjunto de ciudades que conformar el condado de Miami-Dade son uno de los destinos turísticos más importantes del mundo. Su playa, así como el espacio natural de los Everglades, patrimonio de la UNESCO, son sus más importantes activos. Esto hace que la actividad acuática sea central para cualquier turista que llega a la ciudad. No en vano, Miami significa “agua buena” en la lengua de la tribu Tequesta

Efectivamente, el agua está presente por todo lado. Las casas con embarcadero abundan, las islas artificiales y naturales son comunes y ver un puente levantado mientras un yate pasa por debajo es algo muy normal. En esta entrada, quisiera contaros algunas de las actividades relacionadas con el agua que podréis disfrutar durante vuestra estancia en Miami. Lo primero: id a disfrutad de South Beach, una de las playas más famosas del mundo. Broncearse, alquilar una moto de agua, aprender kitesurf, jugar al voleibol en la arena o tomarse un cóctel son algunas de las típicas actividades aquí. El mar turquesa y los edificios art-déco de colores pastel garantizan una jornada estéticamente perfecta. No olvidéis la mítica foto con alguna de las coloridas casetas de madera de los socorristas que se encuentran en cada tramo. Aunque sin duda, lo más divertido es sentarse con unas buenas gafas de sol y simplemente observar a todo el que pasea. La variedad de la fauna de Miami Beach es tan grande que os mantendréis entretenidos por un buen rato. 

Otra de las actividades típicas es relajarse cualquier tarde soleada en el magnífico parque del South Point, en punto más al sur de Miami Beach. Allí, además de los altos rascacielos y las agradables montañitas de césped perfectamente cortado, la mayor atracción es sentarse a eso de las cinco de la tarde a ver los enormes cruceros zarpar rumbo al Caribe o las Bahamas. Al ser el puerto de Miami el mayor de mundo en cuanto a número de cruceros, siempre encontraremos varios navegando por aquí. El parque bordea el gran canal que conecta al puerto con el Atlántico, por lo que cientos de personas se sientan en las rocas y el césped para despedir a todos los turistas que se asoman desde las barandillas de estos enormes buques. Por su tamaño parece que van despacio, pero al ver las olas que generan apreciaremos rápidamente su gran velocidad. 

Tras la tarde en el parque, podréis recorrer las avenidas Collins o Washington, o dar un paseo por Ocean Drive o Lincoln Road: enseguida encontrareis agencias de aspecto algo cutre pero en las que se ofertan excursiones por Miami y la Florida a un precio más o menos razonable, dependiendo de vuestra habilidad para negociar, de cuantas excursiones compréis, de cuantos seáis o de lo simpáticos que caigáis al que las venda. Algunas de las excursiones más populares son la del paseo en barco alrededor de las casas de los famosos, que más adelante explicaré, o la de los Everglades. Aunque esta última es más bien a los bordes del famoso parque nacional, en concreto a una de las granjas de cocodrilos alrededor de la famosa Tamiami Trail, antigua carretera que atraviesa los Everglades, uniendo Tampa y Miami.

 Si nos decidimos por la excursión de los Everglades, el autobús de la agencia nos dejará en una de estas granjas, donde podremos ver donde se crían cocodrilos para uso comercial (los del parque están protegidos). También nos harán un espectáculo con un cocodrilo más o menos amaestrado al que el guarda le meterá la mano en la boca entre otras cosas. De paso sacará serpientes, tarántulas, mofetas y alacranes. Todo vale para impresionar al público. Y también un bebé cocodrilo, no podía faltar. Pero el plato fuerte de la visita será un paseo en una de las lanchas que solo aquí se encuentran, con ventiladores gigantes en la parte de detrás que impulsan a estos botes a toda velocidad por las hierbas de los Everglades. Antes de iniciar la maquinaria nos entregarán unos tapones para los oídos ya que el sonido de los grandes ventiladores es muy molesto. Sus aspas nos impulsarán a través de las zonas de hierba baja, disfrutando de la velocidad, el viento y el paisaje, dando vueltas rápidas y desplazándonos de un lugar a otro en un abrir y cerrar de ojos. En las zonas con más vegetación la lancha va despacio, permitiéndonos apreciar a los cocodrilos, tortugas, peces y aves que pueblan esta zona exterior a los Everglades. En efecto, el uso de este tipo de lancha está prohibido en el parque nacional, por lo que estas granjas turísticas se sitúan justo en los bordes, donde si se permite el uso de estas lanchas rápidas. 

Repito que estas actividades son fuera del parque nacional. Por eso, merece la pena optar por adentrarse en los Everglades. Sin duda, es uno de los parques nacionales de los Estados Unidos más curiosos. Es sorprendentemente plano, la vegetación cambia en cuestión de pasos y los animales están a la vista de cualquiera. Es además un parque nacional enorme, con diversas entradas. Sin lugar a dudas, la más popular es la conocida como Shark Valley, a la que se entra por el famoso Tamiami Trail. Si vais a visitar varias veces este parque nacional, lo mejor es comprar un pase anual de 25 dólares y así no pagar los 10 dólares que vale acceder cada vez en coche por las diferentes entradas. En la entrada de Shark Valley podremos informarnos sobre el ecosistema de este parque natural en una pequeña cabaña. Los vigilantes del parque con gusto nos explicarán las diferencias entre caimanes y cocodrilos, además de otras curiosidades de la fauna del parque nacional. Y tendremos que decidir si coger un tranvía, ir a pie o alquilar una bici. En cualquier caso, el paseo será mejor entre los meses de diciembre a abril, que es cuando el clima es más fresco y soleado, y será cuando podamos ver a toda la fauna en movimiento, especialmente a los famosos “alligators” a los que prácticamente podremos tocar: pero no lo hagáis aunque parezca fácil. Está absolutamente prohibido aunque siempre hay algún listillo que se salta la norma. Por eso, las estadísticas muestran una muerte de turista a causa de ataque de cocodrilo al año. 

 Durante el paseo por la carretera central, no tengáis miedo de meteros en alguno de los circuitos por camino de tierra habilitados en algunos puntos. Recorren los “hammocks” que son los bosquecitos subtropicales típicos de los Everglades. Estos ecosistemas se forman cuando se da un pequeño aumento de la altitud del suelo en mitad del gran río cubierto de altas hierbas que son los Everglades. Y son bosquecitos muy selváticos donde incluso veremos algún cocodrilo en los agujeros en la piedra donde suelen descansar. Eso sí, si vais a partir de mayo, quedáis advertidos que la cantidad de mosquitos es enorme y que por mucha protección es casi seguro que os piquen mucho. Al salir de esta entrada del parque, no volváis a Miami sin probar la comida Miccosukee. Si queréis saber más sobre que comen los indios nativos de los Everglades, clickad aquí

 No obstante, la entrada más espectacular y que permite cruzar un buen trozo de los Everglades hasta el mar es la conocida como Ernest Coe Visitor's Center. Para llegar hasta aquí, deberemos tomar la US1 hacia el sur desde Miami y llegar hasta Homestead, donde en una intersección se nos indicará perfectamente la carretera para llegar a esta entrada de los Everglades. Es importante recalcar que este recorrido sólo puede realizarse en coche puesto que no hay autobuses de agencias ni públicos que lo hagan. En esta carretera camino al parque, no olvidéis una parada en Robert is Here, la frutería más famosa de la Florida. Aquí encontraréis fruta fresca del sur de la Florida, así como de todo el Caribe. Y también productos artesanales, siendo la estrella los deliciosos batidos naturales, como el de lima de los cayos, el de coco o muchos otros sabores. También son muy curiosas las mieles, sobretodo la de sabor a aguacate. Si tenéis niños lo pasará en grande además con la pequeña granja que tienen detrás. El curioso nombre del local se debe a que el dueño, Robert, harto de que legiones de turistas pasaran de largo con el coche, instaló enormes letras blancas en el techo de su frutería con las palabras “ROBERT IS HERE” para atraer al máximo numero de clientes. Y lo consiguió. 

Tras refrescarnos en “Robert” nos adentraremos en el parque, y recordando el consejo sobre el pase anual que antes di, accederemos a una larguísima carretera de dos sentidos que tras casi hora y media de recorrido nos dejará en el mismo golfo de México. Nada más entrar, hay un gran museo explicativo del ecosistema de los Everglades, con grandes dioramas. Poco después, no olvidéis parar en el Royal Palm Visitor’s Center, donde poder realizar dos recorridos: uno en un camino de plataformas de madera por encima del agua, donde apreciar la fauna local. Y otro por un alto bosque de Gumbo Limbos, también conocido con el árbol del indio pelado. Se les llama así por el color rojizo de su tronco, similar a la piel de los indios, y la particularidad de que se cae de forma similar a la piel seca. Este paseo recorre, a través de un estrecho sendero, un buen conjunto de estos árboles tan característicos del todos los países bañados por el Caribe. Eso si, en días ventosos es más peligroso recorrerlo puesto que el sonido del aire en las guaridas de las diferentes serpientes y culebras nativas las altera, sacándolas de paseo nerviosas. Y el camino es tan estrecho que no será difícil encontrarse con una. 

Siguiendo adentrándonos con el coche en el corazón de los Everglades, realizaremos otra parada en Pa-hay-okee Overlook, una plataforma situada en una de las mejores áreas para disfrutar de un paisaje de postal del enorme río de “sawgrass”, las típicas hierbas altas que cubren la enorme cantidad de água que fluye a lo largo de los Everglades hasta el mar. Las puestas de sol desde aquí son de película

El final del recorrido será en el Flamingo Visitor’s Center, una pequeña marina donde alquilar botes, canoas o kayaks con los que recorrer los canales e islas protegidas de toda esta zona marina del parque nacional. Nosotros alquilamos una canoa porque llegamos tarde al circuito guiado. Y al soplar un viento considerable optamos por hacer caso al guía y no adentrarnos al mar. Mejor decidimos recorrer el canal que une el Bear Lake con el golfo de México. Remando, pudimos avistar un par de cocodrilos dormitantes, varios peces "voladores", algunas cuantas aves preciosas y la cola de un manatí. Si no somos muy duchos con los remos la inutilidad nos desviará de la línea recta y acabaremos incrustándo la canoa entre las ramas y raíces del manglar, pudiendo apreciar alguna que otra gran araña bien cerca. Por cierto, este es el mayor manglar del mundo protegido en el hemisferio norte. El paseo es bastante agradable, sobretodo si os gusta remar. Incluso es muy recomendable pararse en una de las sombras de los manglares del borde del canal y organizar un improvisado picnic en el bote con todo lo que previamente hayamos cargado. Eso sí, hay que tener cuidado con las lanchas motoras, que si pasan demasiado rápido a nuestro lado, generan olas que pueden tumbar nuestra pequeña canoa. 
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Otra excursión agradable con la que pasar un día soleado en el agua es la de surcar Miami en un velero. Por alrededor de 20 dólares por persona, si somos un grupo de más de 15, podremos alquilarlo de 11 de la mañana a 6 de la tarde. Personalmente os recomiendo alquilar el velero de Otto. Su número de teléfono es el +1-804-240-4345. Este capitán vive en su velero y por tanto se lo conoce al dedillo. Es muy amable y accesible. Además, nos dejará su pequeña balsa con motor para poder desplazarnos en grupos pequeños durante el recorrido a las islas cercanas que no cuenten con puerto. Normalmente, el paseo empieza en el embarcadero de la calle 17 con Purdy Avenue, en pleno Maurice Gibb Memorial Park de Miami Beach. Allí cruzaremos por medio de las islas Venecianas, Star Island, y también por islas Hibiscus y Palm. Vale la pena curiosear desde el barco las enormes mansiones de estas islas, muchas de las cuales son propiedades en las que viven cantantes como Gloria Stefan, Alejandro Sanz, Beyoncé, Ricky Martin, Julio Iglesias o Paulina Rubio, actores como Will Smith o Antonio Banderas y otros ricachones como el inventor del Viagra. Si os gusta la arquitectura, estas estructuras y sus jardines son dignas de ver, y si preferís el famoseo, pues también disfrutareis. Sin duda, en la bahía Vizcaína hay mucho que ver. De ahí, saldremos al mar pasando por el impresionante Downtown de Miami, más bonito aún si cabe desde el mar, y por el moderno barrio financiero de Brickell. Tras las fotos pertinentes, seguiremos rumbo a Key Biscayne durante un rato. Finalmente anclaremos frente a la famosa "sand bar", o barra de arena, donde cientos de botes, yates y lanchas amarran también para beber, bailar, comer y oír música. Gracias al bote a motor que nos dejará Otto podremos desplazarnos rápidamente del velero a la barra de arena y allí, sin que casi nos cubra el agua, podremos bailar un rato mientras tomamos algo, al ritmo de las músicas de los diferentes barcos, predominando como no, los ritmos latinos. Sin duda, una experiencia muy “Miami”. Anclados en medio de todo ese jolgorio, el capitán nos ayudará a asar en su pequeña barbacoa toda la carne, pescado o verduras que hayamos llevado en nuestras neveritas portátiles. Comed y bebed tranquilamente en el velero mientras observáis las fiestas que hay alrededor. O montad vuestra propia fiesta. 

A la vuelta, Otto izará las velas y disfrutaremos de la velocidad del barco llevado por la fuerza del viento mientras nos aproximamos cada vez más a los rascacielos de la ciudad. Al cruzar el puerto nos encontraremos con los enormes cruceros a los que podremos admirar muy de cerca mientras alzan anclas y salen de Miami rumbo a sus respectivos destinos. Antes de amarrar de nuevo, haremos un último anclaje enfrente de Flagler Memorial Island, una pequeñísima isla con un monumento en medio, dedicado al industrial que llevó el ferrocarril a Miami, y presidido por un obelisco blanco y cuatro estatuas dirigidas a los cuatro puntos cardinales, que representan las características de Miami Beach en forma de alegorías. La primera es la arquitectura, la segunda es la lectura, la tercera es la navegación y la última la prosperidad. En las playas de la isla también hay muchas barcas con gente que disfruta del sol y el agua, con bebidas y música o hacen picnic. Se puede jugar al voley playa o incluso muchos hacen hogueras, aunque es ilegal. La isla, artificial también, era originalmente redonda y con cemento, pero la naturaleza pronto la llenó de arena y tierra. El mar y el viento trasladaron semillas de muchas especies de palmeras y arbustos que ahora cubren la isla. Por eso ahora su aspecto es mucho más salvaje. Por supuesto, este itinerario es totalmente orientativo y Otto puede personalizaros la excursión como prefiráis. Sin duda, uno de los planes de domingo entre amigos más divertidos en la ciudad. 
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Otra actividad con el agua como elemento central y muy recomendable para relajarnos tras una noche de fiesta en South Beach, es la Venetian Pool. Situada en el corazón de Coral Gables, muy cerquita del majestuoso hotel Biltmore, esta antigua cantera, de la cual se sacaron muchísimas piedras para las mansiones del barrio, fue reconvertida en una grandiosa piscina rocosa con una decoración imitando a Venecia, con casitas antiguas y hasta un puentecito. Diversas cascadas de diferentes tamaños, en las que podremos escalar, dispersan el agradable ruido del agua caer por toda la instalación. Incluso unas pequeñas grutas sirven de refugio a todo el que quiera bañarse pero no tomar el sol. Hablando de tomar el sol, podremos optar entre una zona de arena o entre las diversas zonas de piedra donde tumbarnos. También hay hamacas de madera pero hay que alquilarlas. Y si lo que queremos es comer algo, lo mejor es llevarnos un picnic y tomárnoslo en el agradable patio con mesitas y sillas de hierro forjado y parasoles que hay en uno de los recovecos entre las casitas de imitación veneciana. Sólo aquí podremos comer, ya que en el resto de la piscina está prohibido. Tal vez el gran inconveniente de esta instalación sea su alto precio, 11 dólares por persona. Pero para una vez no está mal. Además, el parking es gratuito, algo muy raro en el sur de la Florida. Si estamos cansados de la playa, esta será una muy buena opción. 

Al lado de la Venetian Pool, y si no tenéis miedo a pasar vergüenza y queréis ahorraros los dólares, podéis intentar colaros en la grandiosa piscina del hotel Biltmore, poco vigilada. Es la más grande del territorio continental de los Estados Unidos, y aquí entrenó, entre muchos otros, el famoso Johnny Weissmüller, nadador olímpico y actor, protagonista de Tarzán, entre otras películas en blanco y negro. Aunque si os podéis permitir pagar una habitación en el hotel con más renombre de la ciudad, no hará falta que os coléis. 

Por supuesto, este es sólo un botón de muestra de las muchísimas actividades relacionadas con el líquido elemento que Miami ofrece. Eso sí, no olvidéis la toalla y el protector solar.

dilluns, 25 de juny de 2012

De restaurantes por Miami

Miami es una ciudad muy joven, apenas tiene 100 años. De ser un villorrio del sur estadounidense se convirtió por obra y gracia de la señora Julia Tuttle (fundadora oficial de la ciudad) en una incipiente villa de veraneo de la jet-set de los felices años 20. Trabajadores de todo Estados Unidos empezaron a fijar su residencia aquí, atraídos por la prosperidad económica del turismo, la construcción, su gran puerto, el sector financiero y la agricultura. Poco a poco se les unieron decenas de inmigrantes centroamericanos, sudamericanos y caribeños, que empezaron también a engrandecer esta capital, huyendo de sus difíciles realidades. La nueva ola de jóvenes españoles e italianos de los últimos años, en busca de mejores oportunidades de trabajo, completan esa variedad tan grande que se refleja en las diferentes maneras de comer de la ciudad. Es por eso que no existe una gastronomía propiamente típica de Miami. De hecho ni siquiera existe una gastronomía floridana. Es cierto, sin embargo, que existen algunas especialidades de la zona, como los stone crabs claws (pinzas de cangrejo azul de la Florida) que se sirven en temporada. También encontramos las frituras de concha de Key West, el pastel de lima de los cayos o la carne de cocodrilo de los Everglades. Además, Miami es una ciudad con una cantidad de población cubana enorme, por lo que la comida de la isla caribeña es casi casi ya tan típica aquí como el McDonald's. El arroz moro con puerco o el sándwich cubano son platos frecuentes en la mesa de Miami.

Joe´s Stone Crab

Desde luego, el restaurante más asociado con esta ciudad es el mundialmente conocido Joe's, en el South Point de Miami Beach, un enorme local en el que no se admiten reservas y que siempre está lleno. Las colas en el exterior son frecuentes. Este es sin duda el restaurante más "típico" de la ciudad.

Al llegar, hay que dirigirse a la entrada interior del restaurante, en un elegante patio con una bonita fuente, donde el servicio de mesas nos apuntará en la lista. Una vez ahí, toca esperar, y para hacerlo más agradable, nada mejor que dirigirnos al bar. Una enorme barra de madera con decenas de atareados camareros nos servirán bebidas y alguna tapa si así lo deseamos. Recomiendo los mejillones salteados con salsa de tomate picante y caldo de vodka, acompañados de un vino blanco de California bien frío. Añadid una buena conversación y la espera se os pasará volando: oiréis vuestro nombre en menos de lo esperado.


Será entonces cuando un camarero os sentará en alguna de las decenas de mesas con mantel y servilletas de tela en medio de grandes salones de paredes blancas y suelos de terracota con decoración marinera sencilla. Aquí degustaremos el plato estrella de la casa: las pinzas de cangrejo azul fresco, recién cocinadas, que se sirven siempre enfriadas y acompañadas de salsa de mostaza casera. Lo único que hay que elegir aquí es si las queremos medianas, grandes o jumbos, y el número de pinzas que deseamos. Y algún acompañante. El que más combina es la ensalada de col casera de la casa, aunque la patata al horno con mantequilla es también una buena elección. Es cierto que Joe's también ofrece platos de carne y pescado, pero sentarse en este restaurante y no comer pinzas de stone crab es tan absurdo como ir a una pizzería napolitana y pedir sushi.

La carne de estos cangrejos es muy jugosa, se deshace en la boca y su sabor es muy suave y agradable. Además, la mostaza natural le da un toque delicioso. Si acompañamos esta maravilla de vino blanco fresquito la experiencia será inolvidable. Para evitar ensuciarnos, el camarero nos dará un delantal para que podamos comernos las pinzas con la tranquilidad de no mancharnos la ropa. A parte del tenedor, la cuchara y el cuchillo, un instrumento que no falta en estas mesas son unas grandes pinzas para quebrar las pinzas de estos crustáceos.

Si os queda hueco, lo mejor es acabar el festín con un pedazo de pastel de lima de los cayos que hacen en el restaurante. Eso sí, recordad que Joe’s sólo abre de octubre a mayo, que es cuando pueden conseguirse cangrejos azules frescos. Si algún otro restaurante de la ciudad os ofrece esta delicia fuera de temporada, seguro que son congelados o importados (o ambas cosas).

El Versailles

Pero Miami es territorio latino, y de momento, si los venezolanos me dejan, la mayoría líder son los miles de cubanos que llegaron huyendo del régimen castrista. Por eso, la gastronomía cubana es una de las más comunes en la ciudad. Y si hay una palabra asociada a restaurante cubano esa es Versailles, con cuarenta años de historia. Por aquí pasan todos los que son alguien en la comunidad cubana del sur de la Florida, por cierto bastante influyente a nivel nacional. De hecho, presidentes, senadores y candidatos a la presidencia o al Senado de los EE.UU. tienen en el Versailles una parada obligatoria cuando vienen a dar un mitin a Miami. Los políticos paran religiosamente aquí, se toman una coladita y dan un pequeño discurso donde siempre sueltan algún "Viva Cuba libre".

El Versailles tiene tres zonas bien diferenciadas: la más grande es el restaurante en sí, con grandes salones que intentan imitar la decoración del palacio francés aunque lo único que logran es algo muy kitsch. Decenas de mesas abarrotan las estancias y los camareros van de arriba y abajo, vestidos a la antigua y listos para servirnos muy amablemente.

Para empezar, nada mejor que pedir unas mariquitas, que son papas de plátano, con mojo hecho de ajo. Y para beber, un buen jugo natural de frutas tropicales: hay de varios tipos pero el más típico es el de guayaba. Cuando os lo traigan, disfrutad de la dulzura del zumo y de las crujientes mariquitas mientras elegís que comer. La carta es variada y todo está muy bueno. Algunos acompañantes recomendables para empezar matando el hambre son la yuca frita o las empanadas cubanas.

Como plato fuerte, si os apetece algo con pan, nada mejor que un buen sándwich cubano, hecho de varios tipos de fiambre, carne de cerdo, quesos, lechuga, pepinillos y una suave salsa de mostaza. Al pasarlo por la plancha queda calentito, crujiente y delicioso.

Pero si buscáis algo más contundente hay pollo con arroz amarillo tipo imperial (con mayonesa), cerdo marinado al estilo cubano con arroz moro (que es la manera de preparar el arroz cubano junto con frijoles negros) o gambas con salsa criolla. Por supuesto, la típica ropa vieja también es deliciosa. Y el pastel de plátano relleno de carne es también algo espectacular. Tal vez el único problema de este restaurante es que los platos les quedan algo aceitosos. Para finalizar nuestra comida lo mejor es tomarse un flan cubano de postre con una coladita para compartirla con toda la mesa.

La segunda parte de este local es la Versailles Bakery, una cafetería de decoración cutre pero gran variedad de dulces cubanos fritos a precios muy asequibles. Especialmente sabrosos son las conocidas como "guayabitas", unos hojaldres cuadrados que suelen estar recién horneadas y rellenas de la popular crema de guayaba, algo parecido al membrillo pero más líquido y dulce. Las de coco también son muy recomendables y casi siempre se agotan si uno no llega temprano. Y por supuesto, cualquier pastel salado ya sea de carne, pollo, queso o espinacas gustará también. A partir de mayo la heladería también ofrece sabores tropicales. Y ni que decir que las tartas que preparan están bien cargadas de azúcar pero aún así muy ricas.

Por último, si venimos con prisa, lo mejor es acercarse a La Ventanita, en plena calle 8, donde determinados sectores del exilio cubano acuden para ver y dejarse ver mientras se toman la famosa coladita, el fragante y dulcísimo café cubano, servido en vasos grandes pero que luego se reparte en vasitos pequeños, como de chupito, para compartirlo entre varios. El dulce por excelencia para acompañar la colada es, como no, un pedazo de guayabita.

El Carajo 

Otra de las comunidades grandes y que cada vez crece más por la crisis es la española. No en vano Miami es la puerta de entrada a cientos de inversores españoles, por razones de lengua y clima fundamentalmente. Bancos, aseguradoras, navieras, hoteles, empresas de restauración, de moda, editoriales, de cultura... todas estas empresas españolas suelen empezar sus negocios en Estados Unidos instalándose en Miami. Por eso, los restaurantes de comida española son moneda común en toda la ciudad. Una de las grandes novedades es la cadena "100 Montaditos", con masivas afluencias los miércoles, cuando todo está a un dólar. Se han instalado en los lugares clave de la ciudad y son de lo más popular.

Pero si hay un restaurante español que merezca ser destacado como representativo es sin duda El Carajo, situado sorprendentemente en la tienda de una gasolinera BP. Por fuera es muy feo, no se diferencia de cualquier otra área de servicio. Sin embargo, por dentro encontramos un espacio acogedor, decorado al estilo cordobés, con paredes llenas de vinos de todo el mundo, con especial presencia de los españoles.

Es por tanto un sitio ideal para dar una grata sorpresa a nuestros invitados. En la carta encontraremos tablas de jamones, embutidos y quesos importados de gran calidad, así como croquetas caseras de jamón, pollo y bacalao. Las diferentes tortillas no están nada mal. Y lo que más me recordó a la cocina de mi abuela fueron los boquerones en vinagre. No olvidemos las olivitas. Ahora sí, evitad algunos platos, como el chorizo a la sidra, que está muy mal conseguido, ya que el sabor es más a salchicha frankfurt que a chorizo de verdad.

Aunque hay mesitas normales, lo mejor es sentarse en una de las mesas altas con taburetes, al más puro estilo de bar español, en el que degustar todas las especialidades ofrecidas. El Carajo sorprenderá a la persona que invitéis o recomendéis. Creerá estar entrando en una mas de las tiendas de gasolinera y se encontrará con uno de los mejores restaurantes españoles de la ciudad. Éxito garantizado.

Tap Tap

Otro de los grandes grupos étnicos que componen la ciudad son los haitianos. De hecho, el kréol (una especie de francés que ha mutado en nueva lengua en Haití) es también lengua oficial de la ciudad, junto con el inglés y el español. Los desastres naturales que azotan el país así como su caótica situación económica y la pobreza extrema de gran parte de su población hacen que miles de haitianos hayan llegado a Miami desde hace décadas, incluso fundando su propio barrio: Little Haiti. Los “haysian” han copado profesiones de la ciudad como la de taxistas. Y su gastronomía no podía dejar de introducirse en la mesa miamense. Paradójicamente, el mejor restaurante haitiano no está en Little Haiti, sino en Miami Beach: se trata del galardonado Tap Tap.

En kréol, un tap tap es una “pick-up” reconvertida en transporte colectivo, pintada de alegres colores, que hace una ruta pre-establecida. De hecho, al entrar al restaurante nos toparemos con uno de estos tap tap en la puerta. Por dentro, la decoración es muy colorida, a veces psicodélica, con esas tonalidades tan características del Caribe. Grandes escenas de la vida en el Haití de hace unas décadas nos observarán mientras miramos la carta, no muy larga pero completa.

Entrantes, ensaladas y sopas anteceden a lo que ellos llaman “Gwoplat”, es decir, los platos fuertes. En ellos encontramos carne de res, de cerdo, de cabra, pollo, mariscos y pescado. Es decir, una variedad más que suficiente para todos los gustos. Y por supuesto, opciones vegetarianas. La fusión de gastronomías del oeste africano, el Caribe y Francia que se da en Haití se materializará en nuestras mesas cuando ordenemos. Importante remarcar la buena calidad del pan fresco que nos servirán al empezar. Algo muy curioso en un restaurante medio de Miami. Sin duda, herencia gala.

A pesar de la variedad de zumos y cócteles para elegir, nos decantamos por un refresco típico, el “Couronne”, que ellos llaman “cola ayisian”. Se trata de una soda con sabor a cola, estilo “la Colombiana”. Y como plato principal, ya advertidos que no había cabra disponible, pedimos el especial del domingo, que eran verduras al vapor con salsa criolla, gambas y cangrejo azul (aunque muy pequeñito, eso si, desventajas de la temporada baja). También pedimos un “Pwason neg”, que es mero en salsa de lima, cubierto de un jugoso aguacate también al vapor. Ambos platos venían acompañados de arroz y frijoles cocinados a la caribeña, así como de un patacón.

Me sorprendió la gran calidad de los ingredientes y la frescura del plato, recién cocinado y sin nada congelado, al menos al saborearlo. Sin duda, un lugar muy recomendable para comer bien y sano.

El único pequeño inconveniente fue a la hora de elegir postre. Resulta que se habían quedado sin maestro pastelero. Por eso no pudimos pedir pastel de piña al ron ni tampoco el esponjoso “gato Ayisyen”.

La comida de los Miccosukee

Y por último, no podía dejar de repasar la gastronomía "típica" de la ciudad sin citar a los verdaderos habitantes de estas tierras: los indios nativos americanos. En este caso, la reserva más cercana nos queda en los Everglades, siguiendo la calle 8, que se convierte en el famoso Tamiami Trail. Casi exterminados y expulsados en el siglo XIX de la ciudad de Miami, allí encontraremos a los Miccosukee, con negocios como su gran casino, sus circuitos en lancha-ventilador para ver a los cocodrilos o sus tiendas típicas. Pero lo que nos importa aquí es el restaurante que regentan justo enfrente del Shark Valley, una de las entradas más populares al parque nacional de los Everglades.

En una gran estructura de madera a dos aguas, con interiores decorados de alfombras y tapices realizados por nativos, podremos degustar alguno de los platos comunes en la gastronomía de esta tribu nativa americana. A pesar de que el servicio deja mucho que desear, por ser brusco y lento, vale la pena pasarse por aquí y pedir bocados de cocodrilo fritos como entrante o ancas de rana empanadas. Para beber os recomiendo pedir la refrescante y nutritiva bebida típica, el sofkee, con sabor a trigo y arroz. Como plato principal, cualquiera de los que tienen pan indio frito o pan de calabaza, rellenos de carne de res deshilachada con salsa tradicional. Al fin y al cabo, los indios son los habitantes originales del sur de la Florida. No incluir su sencilla gastronomía en la lista de restaurantes típicos de Miami sería, cuanto menos, una grosería.

Eso sí, no hace falta que pidáis postres, pues son exactamente los mismos que los de cualquier dinner. Mejor parad en algún puesto de frutas del Tamiami Trail cuando volváis hacia Miami. Olvidé contaros que la fruta de la Florida es excelente, especialmente sus naranjas.


Joe's Stone Crab
Mariscos
11, Washington Avenue, Miami Beach.

Versailles
Cubano 
3555 SW 8th Street, Miami.

El Carajo
Español 
US1 17th Avenue, Miami.

Tap Tap
Haitiano 
819, 5th Street, Miami Beach

Restaurante Miccosukee
Nativa Americana 
Tamiami Trail – enfrente de la entrada “Shark Valley” del Everglades National Park

dimecres, 13 de juny de 2012

El Patrimonio de la Humanidad - UNESCO


La UNESCO, o United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, es un organismo de la Organización de las Naciones Unidas, constituido para promover la paz y la seguridad en el mundo a través de la educación, la ciencia, la cultura y las comunicaciones. Tiene su sede en París.

Su papel en el mundo de los viajeros es muy importante, concretamente apartado cultural. La UNESCO busca salvaguardar el patrimonio con, entre otros programas, el de Patrimonio de la Humanidad. Ya son 40 años los que lleva en marcha este ambicioso e importante proyecto. El Comité encargado de este programa está compuesto por representantes de 21 Estados miembros elegidos por la Asamblea General durante un período determinado.

El objetivo del programa es catalogar, preservar y dar a conocer sitios de importancia cultural o natural excepcional para la herencia común de la humanidad. Bajo ciertas condiciones, los sitios mencionados pueden obtener financiación para su conservación del Fondo para la Conservación del Patrimonio de la Humanidad, establecido por la Convención para la Cooperación Internacional en la Protección de la Herencia Cultural y Natural de la Humanidad.


Cada sitio Patrimonio de la Humanidad pertenece al país en el que se localiza, pero se considera de interés de la comunidad internacional y debe ser preservado para las futuras generaciones. La protección y la conservación de estos sitios son una preocupación de los 189 países que apoyan al Patrimonio de la Humanidad. De estos países miembros, solamente 153 albergan actualmente los 936 sitios Patrimonio de la Humanidad. De estos sitios 725 son culturales, 183 naturales y 28 son mixtos.

Para un nómada, este organismo cuenta con una lista de lugares que sirven como brújula cuando uno viaja a una determinada región geográfica del globo. Son los lugares clave que uno no puede dejar pasar. Expertos de todos los Estados miembros de esta organización (que equivale a decir de casi todos los Estados del planeta) eligen que lugares entrarán en esta preciada lista a través del siguiente procedimiento: todo empieza con el proceso de nominación, cuando un país interesado desarrolla un inventario con todos sus sitios con propiedades naturales y culturales significativas para ser incluidos en la Lista Tentativa. Esta lista es muy importante porque un país no puede nominar un sitio que no haya estado incluido en ésta primera lista. A continuación, puede seleccionar un sitio de esta lista para ubicarla en un Expediente de Nominación. El Centro de Patrimonio de la Humanidad ofrece ayuda en la confección de este expediente, el cual debe ser lo más completo posible.

Luego, el expediente es evaluado independientemente por dos organizaciones: La Unión Mundial para la Conservación y el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS, por sus siglas en inglés). Estas entidades después elevan sus recomendaciones al Comité del Patrimonio de la Humanidad. El Comité se reúne una vez al año para determinar si incluir o no a cada sitio nominado a la lista definitiva, y a veces suspende la decisión para solicitar más información a los Estados miembros. Cada sitio debe cumplir al menos un criterio de los diez que existen para ser incluido en la lista.  Cuantos más criterios se cumplan, más probabilidades de ser incluido tendrá:

I.   Representar una obra maestra del genio creativo humano.

II.   Testimoniar un importante intercambio de valores humanos a lo largo de un periodo de tiempo o dentro de un área cultural del mundo, en el desarrollo de la arquitectura o tecnología, artes monumentales, urbanismo o diseño paisajístico.

III.  Aportar un testimonio único o al menos excepcional de una tradición cultural o de una civilización existente o ya desaparecida.

IV.  Ofrecer un ejemplo eminente de un tipo de edificio, conjunto arquitectónico o tecnológico o paisaje, que ilustre una etapa significativa de la historia humana.

V.   Ser un ejemplo eminente de una tradición de asentamiento humano, utilización del mar o de la tierra, que sea representativa de una cultura (o culturas), o de la interacción humana con el medio ambiente especialmente cuando éste se vuelva vulnerable frente al impacto de cambios irreversibles.

VI.   Estar directa o tangiblemente asociado con eventos o tradiciones vivas, con ideas, o con creencias, con trabajos artísticos y literarios de destacada significación universal. (El comité considera que este criterio debe estar preferentemente acompañado de otros criterios).

VII.  Contener fenómenos naturales superlativos o áreas de excepcional belleza natural e importancia estética.

VIII.    Ser uno de los ejemplos representativos de importantes etapas de la historia de la tierra, incluyendo testimonios de la vida, procesos geológicos creadores de formas geológicas o características geomórficas o fisiográficas significativas.

IX.    Ser uno de los ejemplos eminentes de procesos ecológicos y biológicos en el curso de la evolución de los ecosistemas.

X.   Contener los hábitats naturales más representativos y más importantes para la conservación de la biodiversidad, incluyendo aquellos que contienen especies amenazadas de destacado valor universal desde el punto de vista de la ciencia y el conservacionismo.


Algunos datos interesantes son que casi la mitad de los sitios declarados se encuentran en Europa y América del Norte. Además, el país con más sitios es Italia, seguido muy de cerca de España y Francia. La mayoría son sitios culturales, aunque también hay 183 naturales y 28 mixtos. Forman parte de estas lista sitos tan conocidos como la Ópera de Sydney o tan desconocidos como la ciudad francesa de Albi.

Ser incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad es algo muy perseguido por los diferentes gobiernos locales y regionales de todo el planeta. Entrar en esta lista se traduce automáticamente en un aumento de visitantes (turistas y estudiosos) con todo el dinero que conllevan, así como en una posible financiación de la UNESCO para conservar el sitio. La industria turística crece así, y por ende, mejoran las infraestructuras generales de la población que reside cerca del sitio declarado Patrimonio. Especialmente las de transporte, con el incremento del turismo. Por tanto, contar con el famoso logo que incluso ondea en banderas a lado de los sitios declarados, es todo un privilegio y un auténtico premio. Pero también es una gran responsabilidad. Desde el momento que el lugar es incluido en la lista, las autoridades a su cargo deben protegerlo de la polución, los desastres naturales, el urbanismo desmesurado, el vandalismo, los ruidos excesivos o los posibles robos y daños. De hecho, hay algunos lugares clasificados como en riesgo de desaparecer, como por ejemplo el Parque Nacional de los Everglades, por el abuso en el uso de sus aguas dulces o el exceso de construcción a su alrededor, o también el minarete y restos arqueológicos de Jam, en Afganistán, debido a la reciente guerra.

Durante mi proyecto de conocer este pequeño planeta nuestro he tenido la suerte de disfrutar ya de varios de estos lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. De algunos ya os hablé, por lo que si hacéis click encima de los nombres os llevarán a la entrada de mi blog donde os conté que tal fue la visita.

GLOBAL

   -  Obra arquitectónica de Le Corbusier 

ARGENTINA

-          - Parque Nacional Iguazú

AUSTRALIA

-          - Sydney Opera House
      - Región de las Montañas Azules

BÉLGICA

BRASIL

-          - Centro Histórico de Ouro Preto
-          - Parque Nacional Iguazú
-         -  Brasilia
-          - Reservas surorientales de selva atlántica
-     -Rio de Janeiro: paisajes cariocas entre la montaña y el mar
      - Conjunto arquitectónico moderno de Pampulha
-    
CHINA

-          - Palacios Imperiales de Beijing
-          - La Gran Muralla
-          - Jardín y Palacio de Verano en Beijing
-          - Templo del Cielo: altar de sacrificios imperiales en Beijing.

CUBA
-         
            Vieja Habana y sus fortificaciones
-         Valle Viñales

REPÚBLICA CHECA

-         - Centro histórico de Praga

FRANCIA

-          - Catedral de Chartres
-          - Monte Saint-Michel y su bahía
-          - Palacio y parque de Versalles
-          - Palacio y parque de Fontainebleau
-          - Estrasburgo y su gran isla
-          - París, bordes del Sena
-          - Sitios hitóricos de Lyon
-          - El valle del Loira
-          - Burdeos
-          - Ciudad episcopaliana de Albi
      - Pagos de viñedos en Borgoña
      - Provins, ciudad de ferias medievales

ALEMANIA

-         -  Catedral de Aachen
-          - Catedral de Colonia
-          - Isla de los museos, Berlín
-     - Castillos de Augustusburg & Falkenlust en Brühl

SANTA SEDE

-         - Ciudad del Vaticano
-          - San Pablo Extramuros y otros territorios de la Santa Sede en Roma

ITALIA

-         -  Plaza del Duomo, Pisa

LUXEMBURGO

-         - Ciudad de Luxemburgo: viejos barrios y fortificaciones

MARRUECOS

PAÍSES BAJOS


FILIPINAS


ESPAÑA

-         -  Monasterio y ciudad de El Escorial, Madrid
-          - Obras de Antoni Gaudí
-          - Ciudad histórica de Toledo
-          - Arquitectura mudéjar de Aragón
-          - Casco histórico de Salamanca
-          - Parque Nacional del Teide
      - Ciudad histórica fortificada de Cuenca

ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA
-         
               -Parque Nacional de los Everglades

URUGUAY


-           - Barrio Histórico de Colonia del Sacramento

TURQUÍA

-      -Zonas históricas de Estambul
       -Éfeso

PANAMÁ

        -Sitio arqueológico de Panamá Viejo y Casco Histórico de Panamá
        -Fortificaciones del Caribe panameño: Portobelo-San Lorenzo
        -Parque Nacional Coiba y su Zona Especial de Protección Marina


EMIRATOS ÁRABES UNIDOS

        -Sitios culturales de Al Ain: Oasis, Hili y Bidaa Bint Saud

GRECIA

         -Acrópolis de Atenas
         -Delos

LETONIA

         - Centro histórico de Riga

MALTA

          - Ciudad de la Valletta
          - Templos megalíticos de Malta

POLONIA

              - Centro del Centenario de Wroclaw
              - Iglesia de la Paz de Swidnica

AZERBAIYÁN

              - Ciudad amurallada de Bakú
              - Arte rupestre de Gobustán

GEORGIA

              - Monumentos históricos de Mtskheta

ARMENIA

              - Catedral e iglesias de Echmiadzin
              - Monasterios de Haghpat y Sanahin
              - Monasterio de Geghard y valle alto del Azat

JAPÓN
           
             - Memorial de la Paz en Hiroshima (Cúpula de Genbaku)
             - Santuario sintoísta de Itsukushima
             - Himeji-jo
             - Monumentos históricos de la antigua Kyoto
             - Sitios Gusuku y bienes culturales asociados al Reino de las Ryukyu
             - Santuarios y templos de Nikko
             - Hiraizumi: templos y jardines representativos de la Tierra Pura budista
             - Shirakami-Sanchi
             - Monumentos históricos de la antigua Nara
           
MONTENEGRO

              - Comarca natural, cultural e histórica de Kotor

COSTA DE MARFIL

              - Grand-Bassam

BAHREIN

             - Qal´at Al Bahrein, antiguo puerto y capital de Dilmun
             - Industria perlífera tradicional, testimonio de una economía insular

EGIPTO

            - El Cairo histórico
            - Menfis y su necrópolis: Zonas de las pirámides de Guizeh hasta Dahshur

CROACIA

            - Ciudad vieja de Dubrovnik
         
BOSNIA-HERZEGOVINA

             - Barrio del puente viejo en el centro histórico de Mostar

ANTIGUA Y BARBUDA

             - Astillero de Antigua y sitios arqueológicos conexos

PUERTO RICO

             - Fortaleza y sitio histórico nacional de San Juan de Puerto Rico

MÉXICO

             - Campus Central de la Ciudad Universitaria de la UNAM
             - Centro histórico de México y Xochimilco
             - Ciudad pre hispánica de Teotihuacán

Seguiré releyendo la lista una y otra vez. Es una de las mejores guías para saber que es lo verdaderamente importante cuando estamos de visita en una determinada zona del mundo. Celebrando el 40 aniversario de la ratificación de este tratado, la UNESCO lanzó una nueva página web con toneladas de información sobre el programa de Patrimonio de la Humanidad. No la perdáis de vista y no os arrepentiréis. Además, os dejo el enlace con la lista entera aquí


dissabte, 9 de juny de 2012

4 días en Manhattan


Los otros cuatro días en la Gran Manzana fueron muy provechosos pero cansados. Caminamos muchísimo, algo por otro lado necesario para poder conocer mejor la ciudad. De hecho, el sábado empezamos  bien pronto en el Flatiron District. Tomando las líneas N, R y Q nos bajamos en la estación Union Square/14th Street, saliendo directos al Union Square Park. Ese día estaba el famoso Greenmarket, el mayor mercado de verduras de Nueva York. Aquí se encuentran todo tipo de productos orgánicos, traídos por los propios agricultores para la venta directa al consumidor. Neoyorquinos de toda clase hacen sus compras aquí, a precios algo elevados, eso sí. Desde este parque ya se empezaba a divisar el gigantesco Empire State Building, ahora edificio más alto de la ciudad de nuevo, después de la caída de las Torres Gemelas.

Seguimos hacia el norte por Park Avenue South y en la calle 20 giramos en la derecha para ver Gramercy Park, el único jardín privado de la ciudad. Aquí sólo pueden pasear los residentes del barrio, que cuenta cada uno con una llave para acceder. Es una zona muy bonita y agradable, verde y sobretodo, tranquila. Volvimos hacia Broadway y allí, en el cruce con la Quinta Avenida y la calle 23 nos topamos con el grandioso Flatiron Building. Fue el primer gran edificio de acero de la ciudad, y el más alto del mundo hasta 1909. Este pequeño rascacielos con forma de plancha (de ahí su nombre) es uno de los más queridos por los neoyorquinos y muy estudiado en los manuales de historia del arte. Seguimos por la famosísima Quinta Avenida rumbo al norte, entreteniéndonos un rato en la curiosa tienda de recuerdos del Museum of Sex, donde habían libros para todos los gustos y recuerdos cuanto menos, curiosos. Uno de los que más me llamó la atención fue un mapa de Nueva York con forma de órgano sexual masculino incrustado en un pollo asado: un típico "Dickchicken".


El caso es que nos adentramos al Midtown por su avenida más famosa, como ya dije la Quinta, donde el Nueva York más típico surge, con sus relucientes rascacielos, los ajetreados grupos de trabajadores que no se detienes a mirar los magníficos escaparates de los cientos de comercio, los atascos de taxis amarillos... y el imponente Empire State. Sin duda, uno de los rascacielos más famosos del mundo. En mitad de la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado fue erigido este edificio. Bastaron 410 días y 41 millones de dólares para alzarlo. En 1931 abrieron sus 102 plantas y desde entonces no ha dejado de fascinar al mundo. Uno de sus grandes problemas es el alto precio que hay que pagar para subirse: 23 dólares. Por eso optamos por dejar esta experiencia para una ocasión mejor. Qué mejor excusa para volver a Nueva York.

Seguimos rumbo al norte, pasando por la neoclásica New York Public Library, con sus dos leones en tantas películas vistos (cómo en The Day After Tomorrow). También vimos la impresionante Grand Central Terminal, la antaño gran estación de trenes de la ciudad que cuenta con uno de los mejores food court del mundo, con cocinas de calidad de todos los rincones del mundo incluyendo una típica ostrería bretona.  Nos desviamos hacia el este para ver el gran rascacielos de la sede la ONU, actualmente en obras. En una de las calles paralelas había organizado un agradable mercadito de comidas de todo el mundo. Elegimos un puesto polaco con buena pinta, donde pedimos unos pastelitos de patata y cebolla además de un bocata de salchicha gigante y jugosa.

Recuperamos la Quina Avenida para el norte y llegamos a la zona que ha dado glamour a esta avenida: aquí se encuentran todas las impresionantes boutiques que las grandes firmas han abierto aquí: Cartier, Prada, Louis Vuitton... Una de las más emblemáticas es la inolvidable joyería Tiffany’s & Co. Y la enorme tienda de Apple tampoco podía faltar. De hecho, ya se empieza a confunidr esta tienda con la ciudad cuando alguien habla de la Gran Manzana. Otro edificio bonito es el de los conocidos y caros grandes almacenes Saks. En medio de esta vorágine consumista se encuentra una de las iglesias más grandes y majestuosas de la ciudad: la neogótica catedral católica de San Patricio, donde irlandesdes e italianos compartían misa. Tuvimos la suerte de presenciar una boda en se momento. Seguimos un poco más adelante y justo cuando la Quinta se cruza con la calle 57 se nos apareció el gigantescamente verde Central Park.

En 1856 se adjudicó todo el terreno de este parque a los arquitectos Olmsted y Vaux, para que diseñaran el primer parque público de la nación. Su diseño naturalista, con frondosas arboledas, senderos serpenteantes y algunos estanques les valieron la fama mundial. El ambiente aquí es impresionante, con familias, jóvenes y mayores, turistas y locales, vendedores de helados o de perritos calientes, así como guías turisticos que ofrecen sus servicios. Y por supuesto, los famosos carros a caballo, que por cierto tenían que soportar un chaparrón de críticas por parte de los activistas pro derechos de los animales. Estaban manifestándose en una de las esquinas del parque y abucheaban fuertemente cada vez que pasaba un carruaje cargado de turistas.

Caminando llegamos hasta el precioso Jackeline Onassis Reservoir, un lago artificial gigante rodeado por miles de gente haciendo footing. Para llegar hasta aquí, cruzamos por mitad de las entradas del concurrido zoo y vimos a las focas desde fuera. Acabamos la visita sentados en la elegante Betheseda Fountain. En una de las cientos de escalinatas se encontraban un grupo de raperos dando su particular espectáculo ante una audiencia bastante numerosa y entusiasmada.  Dejamos el parque tras hacernos una foto en una de las rocosas colinas desde las que se veía una preciosa panorámica de diversoso rascacielos del Midtown. Justo detrás había una asiática con un vestido rosa de princesa haciéndose una sesión de fotos. Llevaba coronita y todo. 

Se estaba haciendo tarde y nos fuimos a merendar a Times Square, concretamente a una heladería Cold Stone donde elegías el sabor del helado y los ingredientes que más te gustaran, y te lo amasaban todo encima de una mesa metálica congelada. Yo pedí helado de vainilla con trozos de galleta y nueces regado con sirope de chocolate. Buenísimo.

Nos dirigimos después al SoHo, para acabar el día tomándo algunas copas en un happy hour. El nombre de este barrio fiestero, joven y sin muchos edificios altos viene de South of Houston (river). Su ambiente es estupendo, lleno de los edificios de seis plantas de ladrillo rojo con la típica salida de emergencia de Nueva York en forma de escalinatas metálicas en las fachadas. Y hay numerosas calles llenas de bares donde tomar algo. En el que entramos se estaba haciendo un club de la comedia en la bodega, pero como preferíamos hablar nos situamos tranquilamente en la parte de arriba. Y después, a pesar de ser sábado, nos volvimos a casa. Estábamos muertos de tanta caminata.

El domingo me levanté pronto para intentar asistir a una de las famosas misas gospel del Harlem. Sin embargo el metro estaba de mantenimiento y cambiando de líneas me acabé perdiendo y llegando cuando las misas ya habían acabado. Sin embargo, he de decir que el Harlem me pareció un barrio muy tranquilo, con encanto y muy agradable. Volví a bajar hacia Central Park y me di una vuelta por Columbus Circle, viendo la estatua dedicada a Colón así como el famoso Lincoln Center, un macrocomplejo musical, de danza y teatral. Me dirigí de nuevo hacia el norte para encontrarme con el imponente American Museum of Natural History, donde enormes fósiles de dinosaurio reciben a los visitantes en la elegante entrada. A pesar de que la entrada sugerida es de unos 20 dólares, pagamos sólo 1 dólar por persona y no pasa absolutamente nada porque de hecho, el precio es sugerido. Fundado en 1869, este museo alberga una gigantesca colección de animales disecados de Asia, África y América recreados en sus paisajes. Destaca la familia de elefantes (inevitables los comentarios sobre nuestro rey) o los gorilas de la junga. Además de cientos de fósiles de dinosaurios, cuenta también con una gran colección de minerales. Visitándola encontramos el famoso topacio de 21.000 quilates conocido como “princesa brasileña”. Impresionante. También vale la pena ver las zonas dedicadas al conocimiento del espacio y los planetas, de la evolución del ser humano o incluso la parte de culturas indígenas de varios continentes. Aquí fue rodada la película “Noche en el Museo” por lo que los fans de la misma no os lo podéis perder.

Esa noche cenamos en una de las pizzerias más famosas de Manhattan: Grimaldi’s. Ellos mismos se jactan de servir la mejor pizza del planeta. Yo diría que exageran. Sin embargo, al ser la primera pizzería que abrió en Nueva York, vale la pena hacerle una visita. En el centro del bohemio barrio Greenwich Village, el local es el típico bajo de ladrillos, toldos verdes y mesitas con manteles de cuadros rojos y blancos. Las pizzas las servían gigantes, al horno de carbón y con los ingredientes básicos de una pizza neoyorquina: queso mozzarella en rodajas, tomate natural triturado, albahaca, orégano y olivas kalamata. Nosotros le añadimos trozos de jamón, para darle más alegría a la pizza. Además, pedimos una pizza blanca pequeña para probar y también estaba deliciosa, con los montoncitos de queso ricotta y la cebollita al horno.

Después cogimos un taxi y nos fuimos un rato de fiesta al terrado del rascacielos número 230 de la Quinta Avenida. El club se llama el 230-Fifth, y tiene una parte interior elegante y un terrado maravilloso, eso sí, a rebentar de público, con música del momento y copas a precios razonables. Lo mejor de bailar bajo las estrellas y la luna neoyorquina son las grandiosas vistas al Empire State, que aquel día estaba iluminado de una potente luz roja. Por cierto, que allí me encontré con toda la tropa del Juan Sebastián Elcano, que había amarrado en Nueva York para el encuentro anual de buques-escuela militares. Tras saludar al teniente que nos hizo de guía cuando el barco estaba amarrado en La Habana, nos marchamos.


Al día siguiente, lunes, nos levantamos tranquilamente y desayunamos en casa con Diana, organizando un pequeño brunch. Nuestra amiga vive en un bonito apartamento en mitad de la tranquila Roosevelt Island. Esta isla, entre Manhattan y Queens, es un oasis de paz en mitad del bullicio urbano. Las calles apenas tienen tránsito, están arboladas y el paseo a lo largo del East River es muy agradable, sobretodo por las bonitas vistas del Upper East Side y de Midtown, con el bonito rascacielos de la ONU destacando entre todos los demás. Era curioso porque para salir de la isla siempre usábamos su parada de metro, pero al volver nos era más cómodo tomar el teleférico de 150 personas que cada 10 minutos hace el recorrido de Manhattan a Roosevelt Island. Las vistas desde este también son muy bonitas, sonbretodo de noche, con las miles de ventanitas de los rascacielos iluminadas.

Volviendo al bullicio, salimos en la parada del metro 86th Street, algo alejada de nuestro destino pero aún así la más cercana. Y caminando por el elegante y pijo Upper East Side llegamos al MET, el Metropolitan Museum of Art. Este complejo cuenta con más de dos millones de obras de arte de entre la Edad de Piedra hasta la era digital. Es decir, de todas las corrientes y estilos. Fundado en 1870, esta institución no ha dejado de expandirse. Algunas de las galerías más impresionantes son la mesopotámica o la egipcia, con el gigantesco templo de Dendur del primer siglo antes de Cristo allí situado. Cuenta con arte griego y romano, una zona de la historia del traje, la bizantina y china... es impresionante la gran variedad de épocas. La zona de armaduras medievales también es muy recomendable. Incluso tienen habitaciones enteras de palacios franceses montadas tal cual. Hasta obras de arte de tribus indígenas de todo el planeta. Los totems de los nativos americanos sorprenden. Y en la zona medieval cuentan incluso con las altísimas rejas interiores de la catedral de Valladolid, así como pedazos de la Alhambra. Y luego la gigantesca zona de pintura, con todos los estilos y autores tan famosos como los franceses Gauguin, Degas, Monet, Manet, Signac, Cézanne, Pisarro, Renoir... o los españoles Velázquez, Goya, Picasso, Dalí y Miró, los holandeses Vermeer y Van Gogh... e incluso autores más modernos como Andy Wharol. No seguiré con los miles de estilos y obras pero hay tanta variedad que hasta tienen unas urnas con huevos Fabergé de la destronada familia imperial rusa. Cualquier fanático del arte quedará impresionado y fascinado. Y los que no saben mucho de este mundo, podrán tener aquí una introducción a lo grande, con las mejores obras de arte de cada estilo, época y zona geográfica. Sin duda, este museo es uno de los "must" de Nueva York. Además, el precio de la entrada es sugerido, por lo que si quereis dar un dólar simbólico, no pasará nada. Igual que en el museo de historia natural.

Después, para despejarnos del empacho artístico dimos una vuelta más por Central Park y bajamos en el metro hasta Chinatown, una de las comunidades chinas fuera de China más grandes del mundo y en la que tambien hay una importante subcomunidad vietnamita. El caso es que de una calle a otra al norte de Lower Manhattan el cambio es brutal. Los carteles pasan de ser en inglés o español a ser casi todos en chino, el tipo de negocio muta y los viandantes pasan a ser mayoritariamente asiáticos. Incluso huele a China. Me sorprendió particularmente una sucursal del Bank of America donde incluso este famoso logo estaba escrito en caracteres chinos. Para meternos más en el ambientillo, nos colamos un rato en una sucursal de la cadena china Cha Time y nos pedimos unos tés fríos de mango y jazmín con bolitas de gelatina de regaliz en el fondo. Al más puro estilo oriental. Delicioso y muy refrescante.

Para acabar el lunes del Memorial Day (día festivo en los EE. UU. en los que se recuerda a los miles de caídos en todas las guerras en las que ha participado esta potencia militar) nos acercamos al famoso South Street Seaport, una pequeña área del sur de Manhattan, antiguamente barrio de pescadores, que aún conserva las calles empedradas y los almacenes portuarios restaurados llenos ahora de tiendas y restaurantes. En el embarcadero se encuentran amarradas tres embarcaciones históricas, una de ellas el Pioneer, goleta de madera de 1885. Nos subimos al último piso del Pier 17, donde cenamos algo rápido disfrutando de las maravillosas vistas del atardecer del puente de Brookyln, y de la fiesta que había debajo de nosotros, con arena de playa y todo. 

Despegué del aeropuerto de LaGuardia con la sensación de haber dado solo un pequeño mordisco a esta Gran Manzana. A pesar de haber pateado tantos días, son cientos de cosas las que me quedan pendientes. Y eso que no salimos de Manhattan. Conclusión: tocará vivir uno o dos añitos en Nueva York. Sin ninguna duda, esta ciudad bien lo merece.