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dimarts, 31 de juliol de 2012

De fiesta en... Miami.

El sur de la Florida es conocido mundialmente como un destino internacional de fiesta, especialmente durante el famoso Spring Break, cuando miles de estudiantes universitarios estadounidenses y de todo el planeta llegan para unos cuantos días de fiestas interminables. En efecto, el turismo fluye todo el año a esta zona. Pero es el conglomerado de ciudades que conformar el condado de Miami-Dade el auténtico núcleo de la fiesta. A pesar de que la música latina domina la escena nocturna miamense, lo cierto es que hay de todo y para todos. Con esta entrada pretendo dar una visión de los lugares que tuve la oportunidad de conocer. Ni mucho menos pretende ser una guía exhaustiva. 

Empecemos por lo más conocido para el turista: South Beach es el centro de la fiesta. Macrodiscotecas a tope de gente, clubs elegantes o locales algo más canallas abundan por aquí. El mayor lugar al que fui pocas semanas al llegar fue Amnesia, al final de Collins Avenue, filial de la famosa discoteca ibicenca. Aquí en Miami está regentada por Bob Sinclair. Sólo abre viernes y sábados. Cuenta con un sólo ambiente, eso sí multinivel y de techos altísimos. Amnesia consigue recrear casi casi el las fiestas de la gran discoteca de Ibiza. Aquí reina la música house. El sistema de luces y sonido es genial, los DJ muy buenos (de hecho, por aquí han pasado Tiesto, Erick Morillo, Kaskade y el mismo Bob Sinclair suele pinchar un rato casi todos los fines de semana) y siempre hay gogós bailando. Lo malo es que sólo abre en temporada, es decir, de octubre a mayo. Si optáis por el tórrido y lluvioso verano de Miami no podréis disfrutar de este discotecón. Su público es fuertemente multicultural, más joven que la media de la ciudad y con gente más o menos arreglada, bastante variedad. 

Otro de los míticos locales de SoBe es Cameo, el antiguo cine y teatro de Washington Avenue, ahora reconvertido en un club de tamaño medio bastante bueno. En la gran pista del primer piso tendremos algo parecido a Amnesia pero en pequeño: música house con DJ en directo, sistema de luces impecable, grandes pantallas de imágenes por todo lado, una bola gigantesca y gogós al frente. Además, en los momentos de mayor subidón de las canciones saldrá humo o papelitos dorados, haciendo mucho más grande la fiesta. Las gente que nos encontraremos por aquí será muy similar a la de Amnesia. Pero si subimos la piso de arriba, econtraremos un espacio menor, pero aún así grande, con música más rapera, de hip-hop y R&B. Aquí el público es un poco más joven, muchos más afroamericanos y con un atuendo algo más informal. Eso será los viernes. En cambio, los sábados la sala de arriba está cerrada y en la central solo se pincha hip-hop. El ambiente es un poco más barriobajero y eso se nota hasta en las go-gós, que tienen menos glamour. 

Los amantes del jazz bailable, así como del funk y el soul, deberán acudir enfrente de Cameo, al Jazzid. Este pequeño local de dos alturas, fundamentalmente con público afroamericano, ofrece estas músicas en directo con bebidas baratas. El panorama es de sofás abarrotados, gente riendo y muchos candelabros con velas gastadas iluminando ténuemente la escena. Continuando para bajo y recorriendo la mítica Ocean Drive, decenas de restaurantes con música se transformarán luego en perfectos locales para beber y bailar. El más mítico es claramente Mango's, con música latina y bailarines de ambos sexos en directo. La estética es algo vulgar, con las paredes pintadas con imágenes de alegres colores, público algo más maduro y peor vestido que en otros locales. La mayoría de los asistentes son turistas. Pero diversión, seguro que la encontrais. Otro local recomendable es el Clevelander, cerquita del anterior. Este hotel cuenta con un enorme patio de preciosa estética art-déco, con DJ o banda en directo, y una gran barra de bar al aire libre. Público más mayor de la media, vestido de toda clase y también turístico. Aunque la mejor opción es subirse a la azotea del mismo, donde un DJ pondrá música algo más discotequera y podremos disfrutar de unas maravillosas vistas de la noche miamense. 

 Al final de Ocean Drive, casi en South Point, encontramos un local que, aunque abre casi todos los días, son las noches del domingo cuando se pone hasta arriba de público. Se trata de una de las sedes de la cadena internacional Nikki Beach. En la misma playa cuenta con camas, tiendas de campaña indias, colchonetas, sofás y hamacas dispuestas de forma elegante. Y además, cuenta con un amplio local de dos pisos en el que la música del momento suena acompañada de láseres y humo. Para relajarse y charlar un poco, o para bailar hasta tarde, Nikki Beach no os defraudará. 

 También en South Beach, pero fuera del circuito turístico, encontramos el Purdy Lounge, donde salen de fiesta jóvenes profesionales europeos, latinos y estadounidenses por igual, residentes en la ciudad e instalados en Miami Beach. Su tardía hora de cierre, el ambiente cómodo, el tamaño pequeño y su música bailable, que combina canciones del momento, R&B y música de los ochenta, lo hace muy atractivo. 

El público LGTB se encontrará en su salsa en este barrio: South Beach es uno de los destinos número 1 de turismo gay de los Estados Unidos. Por eso cuenta con varios locales de fiesta en la playa. El más veterano es Twist, en Washington Avenue, una enorme discoteca de seis ambientes siempre llena de chicos y chicas de mente abierta y de todo tipo y origen. Se entra por un típico bar americano con su barra, lámparas y taburetes y música rock. Se sale al jardín, donde la música más comercial suena mientras los videoclips se proyectan en una pantalla gigante colocada entre dos palmeras. Y la gente fuma. Allí en el jardín hay una zona acristalada con una barra en medio donde diversos gogós masculinos se turnan para subir al pequeño escenario y entretener a los asistentes. Entrando por otra puerta del jardín se accede a la sala de música latina, donde varias parejas se marcan un baile de salsa, merengue o reaggetón. Subiendo la escalera del jardín, se entra al segundo piso a la sala de hip-hop y y R&B con cuadros de Madonna, Rihanna, Ricky Martin, Beyoncé, Adele o Lady Gaga decorando la escena. Y por último, está la oscura sala de música electrónica y con pista de baile al uso y DJ en directo. En resumen: de todo y para todos. Los domingos por la noche hacen un concurso de gogós amateurs. El que reciba mayor acogida por parte del público, se lleva 100 dólares. El show va a cargo de la simpática drag-queen Pussylla

Otra discoteca para este público es Score, en Lincoln Road. Con dos ambientes a dos alturas, la música que predomina aquí es la del momento remezclada o en el segundo piso el hip-hop y R&B. Cuenta con Dj en directo en la pista central del primer piso, un sistema de luces y sonido espectacular y gogós. El ambiente aquí es mucho más elevado que en Twist, así como más joven, predominando el público pijo o los típicos ciclados. 

Pero para el que vive en Miami y tiene algo más de experiencia y algo más de clase probablemente elija Brickell, corazón financiero de la ciudad, que también cuenta con numerosos locales interesantes, especialmente en South Miami Avenue y alrededores. Blue Martini es uno de ellos, con música del momento y un buen sistema de luces y sonidos rematado con la salida de humo cuando las canciones llegan al momento de subidón. La gente va bien vestida, la entrada no es especialmente cara y suele ser fácil pasarselo bien. Enfrente está el BARU, con una zona interior en una especie de cabaña y otra zona exterior, ambas con música del momento alternada con música latina y público muy similar al de Blue Martini. Sin embargo, al estar la música más baja que la del anterior, en BARU se suele conversar más y por tanto, es más fácil conocer a gente. Un bloque más allá, en la SW 1st Avenue con la SW 11th Street, encontramos el The Lucky Clover, un gigantesco pub irlandés con un DJ que remezcla diversas canciones del momento ofreciendo una noche divertida sin pagar entrada. El ambiente suele ser bueno y hay muchísima gente bailando. 

Si se busca algo más intelectual y universitario, deberemos dirigirnos al Blackbird, un local con un interior donde escuchar y bailar rock universitario, jugar al billar o a algún juego de mesa y tomarse algo. También cuenta con un amplio patio donde la gente fuma o charla animadamente, con algunos de los rascacielos de Brickell como escenario. Las copas están bien de precio y además, no se paga entrada. 

Dejando Brickell, los más modernos acudirán a Midtown para bailar. Especialmente a la zona de Wynwood. Los segundos sábados de cada mes, cuando las galerías de arte abren hasta las diez de la noche y ofrecen vino y comida gratis a sus visitantes, las calles se llenan. Coleccionistas de arte, aficionados o gorrones se mezclan por igual y cuando las galerías echan el cierre, muchos de ellos, especialmente los más modernos, se encaminan hacia The Electric Pickle. El día que lo visité estaba lleno y con largas colas. Cuenta con tres espacios siendo uno descubierto. El primero, nada más entrar, además de la barra, tiene una pista, sofás y música electrónica bailable aunque algo lenta. El espacio al aire libre se usa para fumar y para conciertos. Y por último, el segundo piso cuenta con el DJ central, otra barra y una gran pista de baile coronada por la típica bola de espejitos con muchas luces alrededor y caballitos viejos de un carroussel colgados en las paredes. Y música electrónica más animada que en el piso inferior. Sin embargo, personalmente, a la hora ya estaba algo cansado de esa música, que poco a poco se convirtió en refritos electrónicos de música de los ochenta. 

 Algo más alejado se encuentra The Vagabond, en la NE 14th Street. Cuando fui contaba con un espacio cerrado elegante donde ponía música de modernos. Y lleno de modernos estaba. El patio, donde la gente fumaba y conversaba, contaba con un elemento destacable: una bonita fuente de rocas con chorros de agua combinados con llamaradas de fuego. Es la fuente más curiosa que jamás haya visto. Es un local parecido al The Electric Pickle pero con música más divertida. 

 Entre The Vagabond y The Electric Pickle, está The Stage, local de música en directo, con precios medios y público muy gringo. Igualmente, cuenta con una enorme zona cerrada y otra abierta. En el patio, hay un pequeño camioncito de comida rápida. Lo encontraréis en la NE 38th Street con la Ne 1st Court. 

Los que busquen música latina al 100% no tienen más que dirigirse a la Pequeña Habana. Allí, numerosos locales como el Hoy como Ayer o The Place ofrecen este tipo música (en directo o no) regada con mojitos, daiquiris y margaritas. El público LGTB también tendrá sus lugares aqui, como el WetBar o el Azúcar, con música latina y travestis cubanas y colombianas haciendo el tonto, además de bebida barata. 

 Una zona bonita para pasear y tomar algo es Bayside, en Downtown. Allí, además de bonitas vistas de la bahía Vizcaína, Miami Beach y los rascacielos del centro, los fines de semana por la tarde-noche suelen haber conciertos en directo de rock o música latina en el escenario que hay cara al puerto. Además, el resto de días de la semana está abierto el Mojito Bar, un local donde bailar reaggetón cubano y otros ritmos latinos degustando esta famosa bebida. Ideal para salir de fiesta un rato. 

 Por último, descartar absolutamente Coral Gables como destino de fiesta, el panorama es desolador. Sin embargo, Coconut Grove cuenta con algún que otro lugar interesante. El mejor sin duda es El Sitio, un gran local de música latina e internacional en directo donde beber, comer y bailar mucho. La banda canta muchas canciones del momento, por lo que la diversión está garantizada. Lo encontraremos en una de las calles principales del barrio: la Main Highway. 

Uno de los graves problemas de la fiesta en Miami es lo cara normalmente es la bebida respecto a lo mal servida que está. Por regla general los tragos vendrán en pequeños vasos de plático repletos de hielo y con poco alcohol. Además, salvo contadas excepciones, casi siempre se paga entrada. Obviamente me falta mucho por ver y conocer del panorama fiestero miamense. Tampoco os he contado las fiestas en hoteles o en la playa a las que fui, o los festivales que cada barrio celebra. Pero por lo que se refiere a locales, lo cierto es que si vais con dinero y con ganas de pasarlo bien, en Miami no os faltará buena fiesta.


dissabte, 28 de juliol de 2012

San Agustín, FL.


San Agustín de la Florida, es la primera ciudad de los Estados Unidos de América. Fue fundada para la Corona de Castilla en 1565 por el caballero Pedro Menéndez de Avilés. Años antes, el caballero Juan Ponce de León ya había realizado diversas incursiones por esas tierras sin levantar ninguna fortificación estable.

Por tanto, casi cuarenta y cinco años antes de que los conocidos Padres Fundadores establecieran la primera colonia en Virginia, ya la Florida tenía una población europea fija. Por eso tenía mucha ilusión en conocer la ciudad más antigua del país, excluyendo claro está a San Juan, en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico.Sin embargo, los estadounidenses se han encargado de convertirla en un semi-parque temático. En serio, no se les puede dejar nada histórico, porque lo comercializan y le quitan cualquier valor educativo.

El caso es que llegamos bien de mañana, después de casi 6 horas de viaje en coche desde Miami. Dejamos el coche en el enorme parking oficial y entramos al edificio del Centro de Visitantes, que cuenta con un mostrador de información, tienda de recuerdos y algunas vitrinas con objetos originales de la época.

Al salir, nos fuimos directos al Fuerte de San Marcos, el fuerte de ladrillo más antiguo del país. Fue construido por los españoles entre 1672 y 1695 y es bastante bonito. Aunque a un europeo o caribeño no le sorprenderá. Es pequeñito, pero eso sí, está muy bien cuidado y su formas de picos sorprenden. Decidimos no entrar por los altos precios y preferimos ver a los guardas, disfrazados con el antiguo uniforme militar español, fingir sus turnos de vigilancia.


Volvimos de nuevo al pueblo y a través de la antigua puerta de entrada cogimos la calle St. George, jalonada de pequeñas casas coloniales de diferentes tipos con un sabor muy castellano. Allí está la escuela de madera más antigua del país, otras casas que ahora son acogedores bed&breakfast, restaurantes, tiendas, cafeterías, galerías de arte... Hasta un molino de agua han reconstruido, pero eso sí, les ha quedado bastante falso.

Como teníamos un poco de hambre, entramos en la Spanish Bakery, un modesto local de piedra que imita las antiguas cocinas, situado en un pequeño patio ajardinado. Nos llamó la atención que una ciudad tan turística cuente con comida tan barata y sabrosa. Allí se ofrecían empanadas, pan recién horneado, gazpacho fresquito, sopa de pollo y galletas caseras. He de decir que el gazpacho estaba delicioso pero los trozos de las hortalizas eran enormes.

Seguimos adelante hasta toparnos con una sencilla casa que contaba con un fresco patio. Nos llamó la atención que entre tanta bandera española y estadounidense ondeando en la calle St. George de repente apareciera una griega. El caso es que nos encontramos por casualidad en el Santuario Nacional Saint Photios de la Iglesia Ortodoxa Griega en los Estados Unidos de América. Esto se debe a que el 1768, para cubrir la necesidad de población, ya fuera con campesinos, obreros o sirvientes para la casa, se trajo a decenas de habitantes de todo el Mediterráneo, siendo el grupo más grande el de griegos. Por eso aquí está una pequeña pero bonita capilla, con varias salas adjuntas donde se exponen elementos religiosos así como históricos de esta comunidad. Muy curioso.

Seguimos andando hasta llegar a la plaza de la Catedral, en medio de la gran King Street. Esta zona fue renovada y ampliada en el siglo XIX, cuando llegó a esta ciudad el ferrocarril del magnate Henry Flagler. Él mismo mandó construir diversos edificios para convertir a San Agustín en un centro vacacional y residencial de considerable tamaño. Destaca el suntuoso Hotel Ponce de León, construido en 1880 que ahora es uno de las residencias de estudiantes más lujosas del mundo, perteneciente al Flagler College. Muchísimos otros edificios de estilo europeo abarrotan esta parte nueva de la ciudad. Por ejemplo el Lightner Museum, antiguo Hotel Alcázar, donde además de varios muebles de época y colecciones de mármoles y etiquetas de cajas de puros, nos espera una recreación más o menos aceptable de algunos salones de la Alhambra.

Cruzamos toda esta área y llegamos hasta la calle más antigua del país: Avilés Street. Vimos las casitas, los jardines y las callejuelas y como hacía tanto calor decidimos volver hacia el parking para seguir nuestro viaje. Eso sí, no sin antes pasar por la curiosa Calle Sita.

Antes de abandonar este curioso municipio pusimos rumbo a una de sus más célebres atracciones turísticas: la Fountain of Youth, de casi 500 años de antigüedad. De este surtidor natural sacó agua el caballero Ponce de León, y aún hoy en día se sirven vasos del agua sulfatada que sale de allí. Hay también una recreación de un poblado indígena y se enseña el punto exacto donde el caballero castellano desembarcó cuando llegó a estas tierras. Sin embargo, no quisimos pagar los 12 dólares que costaba entrar a este complejo pseudohistórico. Así que no puedo contaros con exactitud si vale o no la pena.

San Agustín es un lugar curioso donde aprender algo más de la corta historia del Estado de la Florida, y donde romper los esquemas de más de un gringo. Porque ya lo decía Kennedy: los estadounidenses olvidan a menudo, que casi 50 años antes que los Padres Fundadores llegaran a Virginia, ya había varias colonias fundadas por los castellanos en las costas floridanas, siendo la principal San Agustín de la Florida.



dijous, 26 de juliol de 2012

EPCOT


Experimental Prototype Community Of Tomorrow o EPCOT es el segundo parque de atracciones que se inauguró en el macro complejo Walt Disney World de Orlando, el mayor complejo de ocio del mundo. Tras la exitosa apertura de Magic Kingdom, una versión ampliada y mejorada del parque original fundado en California, Walt Disney Company abrió este segundo parque para mostrar a niños y grandes su visión de como serían las comunidades del futuro, construyendo una ciudad experimental. Sin embargo, no se le otorgaron los permisos para construirla si no abría primero su parque Magic Kingdom. Y para cuando el primero estuvo acabado, Disney ya había muerto y los responsables de la empresa decidieron no introducirse en el negocio urbanístico. Por eso decidieron reformular la idea de una ciudad experimental hacia un segundo parque temático que abrió en 1982 con el nombre original que Disney quiso: EPCOT.

El parque está dividido en dos grandes zonas: por un lado está Future World, construida alrededor de la plaza gigantesca central con una fuente y el monorraíl automático rodeandola, que conecta en pocos minutos la entrada de EPCOT con la de Magic Kingdom. Diferentes pabellones contienen atracciones supuestamente educativas así como restaurantes y tiendas. Tras admirar la enorme bola de la entrada a la que por desgracia nunca entré, nos dirigimos hacia The Land, un pabellón dedicado a los ecosistemas terrestres y a la agricultura. En efecto, empezamos entrando a la atracción Living with the Land. Durante un cuarto de hora viajamos en un bote viendo primero grandes dioramas que imitaban diferentes ecosistemas como la selva o el desierto, para luego pasar a los invernaderos en los que la Walt Disney Company, en colaboración con el Departamento de Agricultura de los EE.UU. investiga nuevas formas de cultivar de forma más sostenible y en lugares extremos. Frutas de todo tipo así como hortalizas y especias abarrotaban la pequeña parte de los invernaderos que se enseñan. Me llamó la atención algunos de los cultivos colgados en miles de macetas o los que necesitaban muy poca agua. También había una sección en la que se veían piscifactorías donde se criaban cientos de tilapias, langostas, cocodrilos o anguilas. Y al finalizar, se enseñaba un proyecto muy innovador de piscifactoría integrada a cultivos de invernadero, en la que los desperdicios de los peces eran usados como abono para las plantas y partes de estos cultivos como alimentos para los peces.

A continuación, pasamos a la atracción de al lado, una de las más populares: Soarin’. Se trata de un gran simulador de caída en parapente que nos llevará por toda California, desde San Francisco a Los Ángeles, pasando por sus bosques, playas, desiertos, valles vinícolas, montañas nevadas y acantilados. Bastante bien hecho, con el final en el parque Disney original, acabando con unos bellos fuegos artificiales.

Salimos de este pabellón y nos dirigimos justo al lado contrario, al pabellón de Mission: Space, en el que dos simuladores (el verde, flojito, y el naranja, fuerte) nos darán la sensación de un despegue así como de gravedad cero. Esta atracción es también muy popular. En efecto, al subir al simulador, muy pequeño, de sólo cuatro personas, tendremos la sensación de entrar en una pequeña cápsula espacial, llena de botones y pantallitas. Con una ventanita delante nuestro, y totalmente inmovilizados por las barras de seguridad, nos colocarán boca arriba, con la pantalla mostrando como si estuviéramos en un cohete hacia arriba a punto de salir hacia el espacio. El despegue es alucinante, da una sensación total. Y marea muchísimo. La salida al espacio también es épica. Se supone que nos meten en un hipersueño, por lo que nos despertaremos de golpe llegando a Marte. Eso sí, una cortina de asteroides casi nos destrozará la nave. Felizmente acabaremos aterrizando en un aeropuerto espacial del Planeta Rojo. Y saldremos algo mareados. Desde luego, la gigantesca estructura de este simulador consigue generar sensaciones únicas.

Justo al lado se encontraba una de las atracciones que más éxito tienen: el famoso Test Track de coches del futuro. Pero estaba cerrada por remodelación. Lástima.

Vista más o menos esta zona, nos adentramos en la enorme segunda área del parque: Showcase Plaza. Se trata de un gigantesco lago, llenado con água de los ríos de todo el mundo, que está rodeado por pabellones de once países distintos. Se intenta que la tematización sea total, por lo que los empleados de cada una de las zonas de los países son efectivamente nacidos en esos Estados. Empezamos por la izquierda y el primero: México. A un lado, una recreación de un pequeño pueblo colonial y al otro, la de una gran pirámide maya. Antes de entrar a explorar la falsísima pirámide, nos tomamos un delicioso frozen margarita de limón, fresa y mango (así, en tres pisos de sabores). Delicioso y refrescante. Una vez dentro, un mercado de productos típicos mexicanos de todo tipo nos espera, con restaurantes y una cava de tequila, a la que prudentemente nos resistimos. Entramos a la Gran Fiesta Tour Starring the Three Caballeros: un recorrido en barca donde vemos al Pato Donald, Panchito y José Carioca, que le acompañan recorriendo los principales lugares del país azteca a ritmo de mariachis. Bastante simple la cosa, pero pasamos el rato.

Seguimos caminando hacia Noruega, en un cambio brutal. Una iglesia-torre de madera alta, típica de los vikingos, preside la zona, que continua con la recreación de un pequeño pueblo costero de los fiordos. La atracción de esta área, además de un gran restaurante y una panadería con repostería tradicional escandinava, es Maelstrom, un paseo en barca con alguna que otra caída suave a través de bosques, fiordos y hasta plataformas petrolíferas del Mar del Norte. Por cierto, en la entrada a esta atracción encontré una de las orejas de Mickey Mouse ocultas que hay en todo Walt Disney World: uno de los vikingos del gran mural las lleva puestas, en vez del preceptivo casco con cuernos. Si os fijáis, en la foto lo podéis ver. Hay libros escritos sobre todas las orejas del famoso ratón ocultas en todos los parques de Orlando... pero yo sólo encontré una.

Seguimos, en otro cambio espectacular, a China, con diversos edificios de la Ciudad Prohibida de Beijing así como con el famosísimo Templo del Cielo, en cuyo interior los más fans podían hacerse fotos con Mulán. No comento las réplicas de los guerreros de Xi’an, porque eran muy pequeñas y toscas. Lo que si estaba muy bien era el Lotus Blossom Café, con sus ravioles chinos y sus rollitos de primavera. El restaurante anexo era muy caro, y tampoco vimos el espectáculo sobre China ni paseamos por las tienditas.

Pasamos a Alemania, que trataba de imitar de forma muy mediocre una plaza típica bávara, con su Biergarten y todo. La tienda de dulces me enseñó algo que yo no sabía: resulta que Werther’s Original es una compañia alemana, fundada precisamente en el pueblito de Werther, donde una familia patentó la deliciosa receta de estos caramelos mantecosos. En esta tienda, además de ofrecerse los diversos productos de la marca, también vendían repostería recién hecha con el caramelo de la compañía como ingrediente: desde brownies recubiertos, a manzanas y croissants rellenos. Por supuesto, una enorme tienda de productos navideños estaba disponible en la plaza, así como otra de jarras de cerveza tradicionales.

Al lado está Italia, donde se recrea la plaza de San Marcos así como las callejuelas de Roma. Totalmente patético el intento de recrear la Fotana di Trevi, todo un insulto a este gran monumento. Sin embargo, la cava de vinos Tutto Gusto así como la tienda gourmet anexa ofrece productos italianos de la mejor calidad a precios asumibles. Pedimos reserva para cenar en la Trattoria Via Napoli y continuamos nuestro recorrido.

Así, llegamos al pabellón central, como no podía ser de otra manera, dedicado a los Estados Unidos de América. Un gran edificio colonial, copia de uno existente en Filadelfia, preside la zona. En el interior se encuentra un espectáculo llamado The American Adventure, donde se narra la historia de la primera potencia mundial. Como mis compañeros estadounidenses no quisieron entrar, me quedé sin verlo. También cuenta con una exposición dedicada a diferentes personalidades importantes en la lucha por los derechos civiles de diferentes minorías, como la afroamericana o la japoamericana, así como de las mujeres. Y por supuesto, el obligatorio restaurante de hamburguesas y hot dogs. Justo enfrente, un gran escenario acogía un concierto permanente de una banda de rock: los 2U. Y no es broma.

Con la música rock de fondo llegamos al Japón. Nada más entrar hay un curioso puestecito de helados de té de diferentes tipos. Luego, un precioso jardín rodeado de edificios y torres de tipo Kyoto acogen tiendas y restaurantes japoneses de gran calidad.

Siguiente pabellón: Marruecos. A un lado, arquitectura y patios típicos de Fez. A otro, callejones y un zoco imitando al de Marrakech, así como la gran torre de su mezquita mayor. El sonido de las diferentes fuentes de agua lo envuelve todo y el aroma de especias también. En uno de los locales podremos hacernos la preceptiva foto con Aladdín. Además del elegante restaurante Marrakech y de sus tiendas, el Café Tangierine ofrece algunos platos tradicionales a buen precio, como el famoso cuscús o una baklava de postre.

Y curiosamente, al lado se encuentra el pabellón francés. Como no, una pequeña plaza parisina representada, (con la vista entre los tejados de la Torre Eiffel y todo) y la calle de un pequeño pueblo de la Provenza al lado. Aquí si que no se pudieron escapar mis amigos: entramos directos a Impressions de France, el espectáculo en cuatro pantallas gigantes de cine donde se muestran los diversos paisajes del país más bello de Europa. Diferentes restaurantes y tiendas estilosas (hasta una perfumería) abarrotan este pabellón. Por supuesto una boulangerie no falta. Y lo mejor: un puesto callejero gourmet que imita los quioscos verdes parisinos donde se sirven cócteles de champagne y vodka francés Grey Goose granizado con naranja o limón. Deliciosos.

Cruzando el “Sena” en una pobre réplica del Pont Alexandre III llegamos al pabellón del Reino Unido, donde se imita un barrio londinense de forma pésima. A pesar de contar con las rojas cabinas de teléfono. Allí encontraremos tiendas de juguetes y otras dedicadas a los Rolling Stone o a los Beatles, además de un Emporio del Té, un local para futboleros, un pub irlandés o el típico puesto de Fish&Chips. Sin duda, el hecho de que la tienda Guinness esté aquí, enfadará a más de un irlandés. De eso estoy seguro.

Y la ronda acaba con Canadá y el gran palacio del Québec, asi como una mala recreación de sus montañas y algún que otro tótem de los nativos. Sin duda, la zona que menos me gustó. Como ya se acercaba la hora de la reserva de la cena, volvimos corriendo a Italia y nos adentramos en el gigantesco Via Napoli. Allí empezamos con diversos entrantes, como calamares a la romana, alcachofas y berenjena rebozada y deliciosos arancini, que son crujientes bolas de arroz fritas rellenas de ragú acompañadas de salsa bolognesa. Luego pedimos una pizza de medio metro, cuadrada y tradicional, hecha con harina y agua importadas desde el sur de Italia, así como el queso mozzarella. La mitad la pedimos de cuatro quesos y la otra mitad de prosciutto con melón y arugula. Hecha al horno de leña. Simplemente perfecta. Cualquier italiano (incluídos los camareros) certificarán la gran calidad de estas pizzas.

La visita acabó con el espectáculo IllumiNations: reflections of Earth, en el que una bola del mundo metálica gigante va dando vueltas por el enorme lago central mientras un castillo de fuegos artificiales perfectamente coordinado con la música deleita a los miles de visitantes. Los diferentes pabellones que rodean el lago se van iluminando poco a poco e imágenes de todo el planeta se reflejan en la bola que gira. Muy bonito todo. Hasta una boda se estaba celebrando en uno de los muelles. Estos gringos son la leche.

Tanto para los europeos, como para los que ya hayáis podido visitar alguna EXPO Universal, EPCOT no tendrá mucho que ofreceros. En realidad es un parque agradable para dar un paseo, pero rezuma mediocridad. No hay ninguna atracción memorable y su tematización no es tan buena como la de otros parques Disney. Sin embargo, para un grupo joven, EPCOT puede ser la excusa de pasar un día emborrachándose por el mundo: se empieza con el margarita mexicano y un shot de tequila, para luego darle a la cerveza noruega, continuar con una Tsin Tao china, seguir con otra jarra de cerveza alemana, saborear un vino italiano o un chupito de Limoncello, continuar con otro chupito de sake japonés, seguir con un granizado de vodka francés y naranja o una copa de champagne o vino de Burdeos y acabar con una pinta de Guinness en el Reino Unido. Las risas de pabellón en pabellón pueden ser memorables. Pero el dolor de cabeza del dia siguiente, lo puede ser aún más.

dimarts, 24 de juliol de 2012

SeaWorld


El parque temático de la Florida que de momento menos me gustó fue SeaWorld. Este complejo temático dedicado al mundo del mar tiene demasiados aspectos que mejorar. Además, dio la casualidad que estuvo casi todo el día diluviando. Todo influye.

El caso es que llegamos y ya la entrada es un abuso: 91 dólares con los impuestos. El descuento para residentes de la Florida sólo es válido si la entrada se compra por Internet. Empezamos mal.

La zona de entrada no es nada impresionante. De hecho, la tematización es bastante mediocre. Se trata de un conjunto de casitas de madera con los típicos servicios de un parque. Y alguna que otra tienda llena de recuerdos cutres. Para dar un poco de alegría al asunto resolvimos ir directos a Manta, la estrella del parque. Parándonos antes a ver los simpáticos flamencos, eso sí.

El caso es que esta montaña rusa cuenta con un área para esperar bastante agradable, donde se recorren cuevas con gigantescas peceras llenas de mantas de todo tipo y tamaño. La atracción pretende simular un paseo cogido a uno de estos animales marinos a gran velocidad. Al subir, lo primero que hacen es colgarte en horizontal, como si fueras a volar. La sensación de inseguridad crece puesto que se pierde el contacto con el asiento, quedando sujeto solo por el agarrador. Los loopings y trenzas cobran una nueva dimensión al realizar el recorrido de la montaña rusa en esta posición. La sensación es única. Además de la gran caída y de los giros, hay un tramo en el que pasaremos a toda velocidad por mitad de una fuente. Genial.

Después de la subida de adrenalina, decidimos atacar a la otra gran montaña rusa del parque: Kraken. Se trata de una convencional, metálica y con loopings, grande pero no muy diferente a las que podemos encontrar en muchos otros parques. A mi me mareó bastante.

Subidas estas dos, nos dimos una vuelta por el Waterfront, una zona donde se intenta imitar un pueblo costero frente al mar. Tematización horrorosa. Como teníamos hambre, almorzarmos en uno de los cafés del área: el Spice Mill. Allí sólo vendían hamburguesas y ensaladas César de calidad media y precios elevados. Y la cola era bastante larga. Por cierto, a la entrada de este restaurante había un pequeño escenario ante un gran acuario llamado Pear Dive, donde una submarinista buceaba entre restos romanos falsos y rescataba falsas conchas con perlas falsas en el interior. Por sólo 15 dólares el caprichoso niño de turno podía quedarse con una de aquellas supuestas perlas recién sacadas de la piscina. Ridículo, sin duda.

Tras saciarnos algo, seguimos paseando, cruzamos el lago y llegamos al gigantesco Shamu Stadium. Allí disfrutamos del espectáculo One Ocean, bastante flojo según los espectadores con experiencia. Aunque a mí personalmente me gustó puesto que nunca había visto ballenas asesinas actuar. Sorprende lo amaestradas que están. De hecho, cada una tiene a un entrenador que les va diciendo lo que tienen que hacer y es increíble. Salpican a la gente, dicen sí o no a preguntas de los entrenadores, dan grandes saltos, giran cuando se les dice, saludan... parecían perros. La estrella del show era Shamu, la orca más grande de todas. Ver unos animales que en apariencia son bastante salvajes actuar de una forma tan doméstica vale la pena. Aunque el espectáculo es en general bastante flojo, tanto la iluminación como la escenografía. Como dije, los espectadores de otros años afirmaban que antes los entrenadores se subían a lomos de las orcas o incluso hacían acrobacias con los pies. Sin embargo, la muerte de algunos de ellos ahogados o aplastados por estas ballenas había obligado a que no se metieran más en el agua con los cetáceos.

Tras el espectáculo, nos dirigimos a la atracción Wild Artic, donde un simulador de helicóptero hacía que nos llevaba hasta el mismo corazón del Polo Norte, a una base científica en concreto. El simulador no está mal, solo que marea muchísimo. Cuando supuestamente llegamos, se abrieron las puertas del “helicóptero” y entramos en una zona tematizada estilo base científica en el Ártico, con el aire acondicionado a tope y hielo real en muchas paredes. En este recorrido se sucedían piscinas enormes con belugas, morsas y hasta un oso polar, que estaba dormido.

Salimos y seguimos paseando por una zona de niños llamada Shamu’s Happy Harbor, donde tienen todo tipo de pequeñas atracciones así como diferentes juegos de feria y llegamos hasta la zona de las focas llamada Pacific Point Preserve, donde junto con decenas de pájaros zancudos blancos conviven unas diez focas de todos los tamaños, que gritan y ladran marcando su territorio. Muchas se acercan a los visitantes tanto que hasta da miedo, sobretodo la más grande de todas que de vez en cuando hace amagos de lanzarse contra la gente, dando algún que otro susto. También observamos la piscina de los tiburones bebés, donde se les puede dar de comer. En esos momentos decidimos que era momento de subirnos a la tercera gran atracción de SeaWorld: Journey to Atlantis.

Nuestro gozo en un pozo: la persistente lluvia y las fuertes probabilidades de tormenta eléctrica tenían cerrada la atracción desde hacía horas y no había previsión de que se abriera. Enfadados, seguimos caminando hasta llegar a la zona de Key West, también muy mal tematizada, donde lo más memorable es la piscina donde poder alimentar y tocar a las rayas. Tras comprobar que también la torre de observación del parque estaba cerrada por la lluvia, resolvimos volver a Miami, enfadados por haber gastado tanto dinero en un parque tan mediocre, especialmente si un día de mal tiempo. Además, el personal del parque era en general bastante descuidado y poco atento, mal informado y desganado. Excepción hecha del señor Arthur del Guest Service, muy servicial y amigable.

Tal vez SeaWorld no sea tan malo como a mi me pareció. Seguramente los niños y los aficionados a las criaturas marinas lo pasen bien. Y sin duda, hay muchas cosas que no vimos, como el espectáculo de los delfines, el de las focas o la nueva atracción de las tortugas. Pero personalmente tuve un día de lluvia en un parque que no me convenció, así que mi consejo es que si vais a Orlando, evitéis SeaWorld.

dissabte, 7 de juliol de 2012

Lugar-Plato: Valencia-Paella valenciana


Con esta, inicio una serie de entradas dedicadas a difundir las tradiciones culinarias de las ciudades y pueblos por las que tenga la oportunidad de pasar. Y no podía empezar con otro plato que no fuera mi querida paella valenciana.

Este es, en efecto, el plato más típico de mi ciudad natal, Valencia. A pesar de nuestra rica y variada gastronomía, ha sido esta manera de preparar el arroz la que ha traspasado nuestras fronteras para convertirse en uno de los mayores atractivos turísticos de la capital del Túria.


Esta difusión tan espectacular a nivel mundial ha creado, por desgracia, toda una serie de confusiones. Miles de restaurantes a través del planeta se han dedicado a ofrecer paellas pero muy pocos han sabido hacerlas bien. En la mayoría encontraremos pastosos arroces cocinados en ollas con marisco y pollo mezclados, además de montañas de guisantes. Y muchas veces realizados con una calidad mediocre. También existen engendros dignos de ser mencionados. Podéis ver varios de ellos online en el blog "El Comidista" del diario EL PAÍS.

Por eso, es importantísimo aclarar aquí varias cosas:

1-    La paella siempre se prepara en una sartén. Normalmente, los valencianos la preparamos en una grande, redonda y con dos asas. Pero también se puede preparar para menos personas en sartenes convencionales que cualquiera tiene en su cocina. Eso sí, jamás se pueden utilizar ollas o cazos, puesto que no se podría conseguir una buena paella. De hecho, en valenciano-catalán, “paella” significa literalmente sartén.

2-   La paella valenciana nunca lleva mariscos ni pescado. Sólo pollo, conejo o incluso pato si queremos preparar la variante más auténtica. Los caracoles son muy tradicionales pero no son obligatorios. Como verduras sólo se usan tres tipos: “tavelles” o “ferraures” (que son judías verdes planas) i “garrofons” (alubias grandes, blancas y planas). Por último, El romero, el perejil, el azafrán (que es lo que le da el característico color amarillo) el pimentón dulce y el ajo son las únicas especias que una paella debe llevar.

3-      El mejor arroz para prepararla es el conocido como “arroz bomba”, puesto que absorbe mucho caldo y consigue transimitir mejor el sabor final. Es un tipo de arroz complicado de preparar. En el extranjero suelen vender un arroz conocido como “tipo Valencia” que también puede usarse.

4-      Tradicionalmente en Valencia, las paellas se empiezan a preparar a eso de la 1 de la tarde del domingo y las cocinan los hombres para el resto de familia o amigos. Por eso, para un valenciano comerse una paella para cenar un martes será tan raro como para un parisino desayunar conejo a la mostaza un día laborable.


5-      Los más comodones utilizamos unos círculos metálicos por los que sale el fuego haciendo que el calor llegue a todas las partes de la gran paella por igual. Si la preparamos en una sartén convencional para pocas personas, el fuego normal de nuestra cocina bastará. Pero es importante aclarar que la verdadera paella se debe preparar a leña, preferentemente con madera de naranjo, que aunque es mucho más complicado, si somos capaces de preparla a leña, sabrá a gloria. 

6-      La forma más tradicional de comer la paella es utilizar cucharas de madera. Y coger el arroz de la propia paella, colocándola en mitad de la mesa. Cada uno cogerá del lado que le toque, respetando los límites que se irán creando entre los comensales que se tenga a los lados. Se sirve siempre con limones, para aderezarla con un chorrito de zumo que le dará un toque fresco inigualable. Como acompañantes de la paella, lo mejor son las ensaladas valencianas (de lechuga romana, tomate valenciano, aceitunas, huevo duro, atún, cebolla tierna, aliñado todo con aceite y sal). Para beber, que mejor que una sangría (si puede ser casera, mejor), una gaseosa, o simplemente agua mineral.

7-      Una de las partes de la paella más odiada y amada por igual es el “socarrat”: se trata del arroz quemado de color negro que queda pegado en la base de la paella. Algunos no querrán ni olerlo mientras otros se pelearán por una ración del mismo.

Tras estas explicaciones muchos estaréis con ganas de intentar preparar una paellita. Para aprender a realizar una buena paella, lo mejor es acudir al blog de Rita Barberà, la anterior alcaldesa de Valencia. A pesar de que fue una política detestable, lo cierto es que en su blog tiene una de las mejores recetas de paella que he encontrado. Incluso yo, que soy bastante inútil, he conseguido preparar paellas más o menos decentes siguiendo sus pasos.

Si vais a visitar Valencia o simplemente no sois buenos cocineros, los mejores restaurantes para probar una paella valenciana son los que se encuentran en el passeig de Neptú con vistas a la Malvarrosa, o bien en l’Albufera, auténtica cuna de la paella. Aquí os dejo una lista con los mejores o más típicos, empezando por mi favorito:

La Matandeta
Carretera Alfafar-Saler, Km. 4

La Pepica
Passeig de Neptú, 2 - Valencia

Racó del Túria
Carrer Ciscar, 10 – Valencia

Casa Roberto
Carrer Maestro Gozalbo, 19 – Valencia

La Genuina
Carretera del Riu, 283 – Pinedo

Eso sí, quedáis advertidos que las mejores paellas son las que un valenciano experto os pueda preparar en su casita de veraneo o terrenito a los alrededores de la ciudad. No tengáis ninguna duda de ello.

Bon profit!

PD: Aviso que muchos me dirán que la paella de La Pepica no es tan buena como en otros restaurantes. Pero allí fue Hemingway y eso vende. Por otro lado, alejándonos un poco de Valencia y alrededores encontraremos paellas excelentes: Benissanó, Cullera, Picassent o Meliana cuentan con algunos de los mejores restaurantes en paella también. 

dimarts, 3 de juliol de 2012

Rio de Janeiro ya es Patrimonio de la Humanidad



En la última sesión del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO celebrada en San Petersburgo el pasado 25 de junio, 26 nuevos sitios fueron inscritos en la famosa lista de Patrimonio de la Humanidad.

Por unanimidad de los 21 Estados miembros de este comité fue inscrito Rio de Janeiro: paisajes cariocas entre la montaña y el mar. Los que hemos tenido la suerte de poder conocer “a cidade maravilhosa” sabemos bien que se lo merece. Los elementos naturales clave que conforman la ciudad han hecho que esta desarrollara un urbanismo único. Las montañas del parque nacional Tijuca, así como el Pan de Azúcar y las playas que conforman la ciudad hicieron que las calles, edificios y forma de ser de los cariocas sean inigualables. Los jardines botánicos establecidos en 1808, la famosa estatua del Cristo Redentor en Corcovado o las otras colinas que forman la bahía de Guanabara han sido elementos determinantes en esta elección, además de los paisajes urbanos del barrio de Copacabana.

La maravillosa cultura de vivir en la calle y estar en casa sólo para lo justo y necesario ha creado una manera de ser fascinante y ha favorecido de forma espectacular la inspiración artística, no sólo a pintores y músicos, sino también a paisajístas y urbanístas. Por todo ello, Rio de Janeiro se convierte en el primer lugar urbano que se incluye en esta lista atendiendo a su atracción como paisaje cultural. Hasta ahora, los paisajes culturales se referían siempre a zonas rurales, áreas de agricultura tradicional o jardines históricos.


En concreto, las áreas de la ciudad que la UNESCO ha elegido para que Rio se convierta en Patrimonio de la Humanidad son:

1-      Pan de Azúcar
2-      Corcovado
3-      Foresta da Tijuca
4-      Aterro y parque de Flamingo
5-      Jardín Botánico
6-      Playa y fuerte de Copacabana
7-      Entrada de la bahía de Guanabara
8-      Fuerte y cerro de Leme
9-      Ensenada de Botafogo

Estos puntos quedan ahora especialmente protegidos por las estrictas condiciones de la UNESCO, por lo que las autoridades cariocas y brasileñas deberán establecer acciones integradas de protección y restauración de estas zonas en diferentes aspectos. Cualquier incumplimiento podrá suponer la expulsión de Rio de la lista, como ya ha pasado con otros lugares. A cambio de la protección, la UNESCO abre fondos para poder ser utilizados en esta área y confirma definitivamente el gran atractivo turístico de Rio.

Al saber de la noticia, no pude evitar alegrarme. Personalmente, considero a Rio una de las mejores ciudades del mundo. No sólo por el clima bendito que tiene, sino también por la belleza y diversidad de barrios, y la imposibilidad de aburrirse allí. En las calles siempre hay ambientazo, sea la hora que sea, sea el día que sea. Uno puede perderse entre los rascacielos del centro financiero, tomarse algo en la terraza de la empedrada rua do Comércio, admirar los señoriales edificios de Glória o Catete, bailar hasta el amanecer el Lapa, tostarse en Copacabana e Ipanema, recorrer la Lagoa de Freitas, relajarse en la tranquila Urca, admirar las vistas desde el teleférico del Pan de Azúcar o sentirse bohemio por los callejones de Santa Teresa. O asistir a un partido de futbol en el estadio más grande del mundo, comprar ropa en las callejuelas de SAARA, ver el amanecer en Botafogo, descubrir la selva de Tijuca hasta llegar al Cristo Redentor, admirar diversas especies de flora en el antiguo Jardín Botánico o pasearse con nuestro último modelo por Ipanema. Eso como botón de muestra, porque podría estar hablando de Rio horas. Por eso, evito siquiera contaros que tal su Carnaval. Al contrario, os animo que compréis un billete a Rio, y descubráis sus encantos, con más razón ahora que es Patrimonio de la Humanidad. Y lo mejor es su gente, cálida, divertida, siempre dispuesta a salir a la calle para realizar cualquier actividad, incansable, sonriente. Los cariocas son una especie aparte.

Actualizo por tanto mi lista de Patrimonio UNESCO ya visitado, y os invito si no lo habéis hecho ya, a dar un vistazo a la entrada en la que os cuento más o menos de qué va todo esto de los sitios protegidos haciendo click aquí. 

A Cidade Maravilhosa é agora mais maravilhosa ainda!