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dissabte, 25 d’agost de 2012

La Ciutat de les Arts i de les Ciències - València

El primer elemento que abrió sus puertas en la Ciutat de les Arts i de les Ciències de Valencia fue l’Hemisfèric. Antes de esto, la capital del Túria quedaba fuera de cualquier circuito turístico. Los cruceros pasaban de largo rumbo a Barcelona o Palma de Mallorca. Los paquetes a España nunca incluían a su tercera ciudad como parada. Y los que pasaban cerca, rumbo a las playas mediterráneas o a Cataluña, no solían detenerse. Y si lo hacían, apenas paraban a ver el Micalet y comerse una paella. Algún político estúpido se había lucido instalando en las entradas de la ciudad un tristemente famoso cartel del bienvenida que decía, literalmente “Valencia, visítela en solo dos horas”. Patético e irreal.

Para corregir este olvido, la Generalitat Valenciana presidida por Joan Lerma ideó un megaproyecto al final del antiguo cauce del río Túria en el que, a través de la construcción de edificios emblemáticos, dotar a Valencia de los equipamientos dignos de una gran ciudad. Con ellos se pretendía primordialmente atraer turismo.  Pero también diversificar el panorama cultural, artístico y de ocio para los valencian@s.

Se pusieron en marcha las obras y en 1996 se inauguraba l’Hemisfèric, primera pieza del conjunto. El arquitecto valenciano más internacional, Santiago Calatrava, diseñó casi todo este complejo, incluído este primer edificio. Representa un ojo blanco gigante, con párpados de cristal que se abren y cierran, y cuya gran bola central es a la vez un gigantesco cine IMAX, un planteario y un lasérium. Rodeado de dos amplias láminas de agua, programa películas y documentales de actualidad así como sesiones de planetario y espectáculos láser proyectados en su gran pantalla redonda. Las sillas están tan empinadas que personas con vértigo deben evitar entrar aquí. Además de los tremendos altavoces detrás de la esfera-pantalla, cada espectador cuenta con unos cascos futuristas que puede programar para escuchar las explicaciones y narraciones en castellano o valenciano-catalán, así como inglés o francés.

Además de por traer a Valencia una tecnología fílmica tan potente y novedosa, el edificio en sí se convertía en uno de los nuevos símbolos de la ciudad y el turismo empezaba poco a poco a afluir. Gracias a este ojo gigante muchos redescubrían también los encantos denuestros barrios históricos.

Pocos años después se inauguraba el gigantesco edificio de al lado y siguiente pieza: el Museu de les Ciències Príncipe Felipe. Los periodistas lo bautizaban como la catedral civil del siglo XXI. El gigantesco edificio blanco con alargadas cristaleras e interminables escaleras empinadas contenía en su interior un enorme museo científico novedoso, donde la regla principal era: “prohibido no tocar”. Niños y mayores con intereses en las diferentes ramas de las ciencias podrán experimentar aquí aspectos relacionados con la física, la biología, la química, la meteorología o la aeronáutica entre otras ciencias. Son habituales los corrillos esperando ver algún polluelo nacer en directo en la incubadora acristalada. El péndulo de Foucault, en la majestuosa calle mayor acristalada, sigue balanceandose y empujando bolas cada media hora, probando que la tierra gira sobre sí misma. Y decenas de exposiciones y talleres explican cómo se fabrica el helado, cómo se graba un programa de televisión, cómo mutan los genes (con muestras de animales deformados en formol), o cómo se elevan los globos aeroestáticos.

La majestuosidad del museo vino acompañada del futurista parking de la Ciutat de les Arts i les Ciències, cubierto con un paseo lleno de palmeras, enredaderas y plantas tropicales, cubierto a su vez por modernísimos arcos blancos. Se trata de l’Umbracle. Todo diseñado también por Calatrava. Otra amplísima lámina de agua separaba el nuevo museo del parking y paseo cubierto. Y todo con la omnipresencia del trencadís, técnica muy mediterránea del modernismo, ahora rescatada por Calatrava para los nuevos edificios contemporáneos que le encargan por todo el mundo.

En el paseo elevado entre l’Umbracle y l’Hemisfèric y museo, suelen organizarse exposiciones temporales de diferentes artistas de todo el mundo. La última vez que me paseé por allí encontramos la curiosa exposición Sweet, de la escultora francesa Laurence Jenkell, que proponía varias esculturas con forma de caramelo gigante en el que cada uno tenía la envoltura con la bandera de países determinados. Mi foto inevitable fue la del caramelo de la Unión Europea. 

Museo, Hemisfèric y Umbracle pusieron definitivamente a la ciudad en los nuevos paquetes que se diseñaban para visitar España y los cruceros empezaron a convertir a Valencia en una de sus paradas más populares del Mediterráneo. No obstante, fue con la apertura de l’Oceanogràfic, diseñado por el arquitecto mexicano fallecido Félix Candela, cuando el turismo empezó a afluir de forma masiva. El mayor acuario de Europa abria sus puertas mostrando una gran variedad de ecosistemas reproducidos con peces, mamíferos, reptiles, anfibios y aves de todo el mundo mostrados en salas de un diseño contemporáneo espectacular. El gran parque, que requiere de un día para verlo todo, cuenta con un elegante restaurante submarino de precios algo elevados, cubierto por un gran nenúfar de cemento blanco. Por supuesto, también encontraremos otros restaurantes y cafeterías más asequibles en el parque. Alguno de los mejores acuarios son los que representan el fondo del Mediterráneo o el del Mar Rojo, situado en un bonito auditorio. Asimismo, cuenta con uno de los mejores delfinarios del mundo, con shows a determinadas horas. Y sobretodo, lo mejor son el par de túneles transparentes bajo el água, siendo uno de 70 metros, donde observar sin peligro como nadan diferentes especies de tiburones. Morsas, flamencos y sobretodo la nueva beluga polar, son otras de las atracciones.

L’Oceanogràfic sigue siendo, aún hoy, la pieza más visitada del complejo y la única que da beneficios económicos. La espectacularidad de todos los animales que allí residen, así cómo su armónica arquitectura, son inimitables. En verano, el parque abre hasta altas horas de la noche, ofreciendo sus visitas nocturnas, que incluyen espectáculos de natación sincronizada con nadadores y delfines.

Años después, Valencia se sorprendía a sí misma y al mundo con la apertura de su futurista ópera, el Palau de les Arts Reina Sofía. Se le compara con un enorme escabarajo, con un barco con las velas desplegadas, con una nuez gigante o con el casco de un guerrero del futuro. El caso es que Calatrava diseñó otro gran edificio de blanco inmaculado, grandes superfícies de trencadís y formas que desafían la gravedad, como la enorme pluma de cemento blanco que cubre el edificio sin más apoyo que su base. Y por supuesto, dos amplísimas láminas de água a cada lado del edificio.

En su interior cuenta con tres auditorios y un gigantesco escenario de ópera con 4400 asientos para el público, al que sólo el auditorio mayor de la Ópera de Sydney supera en capacidad. Además de grandes óperas, este espectacular escenario también ha acogido eventos de talla mundial como el estreno de la película de James Bond, “Quantum of Solace”.

El Palau de les Arts fue el broche, la última espectacular pieza (o eso creíamos) de la CAC. A partir de ese momento miles de turistas empezaron a llegar a Valencia atraídos principalmente por el gran complejo. Sin embargo, también admiraban el precioso centro histórico y otros muchos atractivos que la ciudad ofrece. 

La Ciutat de les Arts i de les Ciències se convertía en uno de los grandes puntos calientes de la ciudad, con dos modernos centros comerciales a su alrededor así como de unos grandes almacenes. Diferentes eventos se sucedían en la CAC. Miles de fans de la informática se reunían una semana cada verano en la Campus Party. Los amantes de la hípica celebraban sus mundiales aquí. Presentaciones de escuderías de Fórmula 1 hacían rugir bólidos por sus puentes. E incluso se celebraba aquí el mundialmente rentransmitido MTV Winter, dónde cada año un famoso grupo o cantante actuaba como los Artic Monkeys, The Cure o Franz Ferdinand.

Cuando parecía estar acabado el complejo, un nuevo president de la Generalitat, Francisco Camps, decidió dejar su personal huella, encargando a Calatrava dos nuevos elementos al complejo: el primero, un monumental puente sujeto por un altísimo mástil y sus fortísimos cables blancos de metal. En el plan original el mástil del puente de l’Assut de l’Or contaba con un ascensor, para subir hasta el punto más alto de la ciudad y observar el paisaje. Pero la falta de presupuesto dio al traste con este elemento, dejando el mástil sin más, pero aún así, quedó como nuevo punto más alto de Valencia.

Sin embargo, el elemento más polémico se levantaría entre el museo y l’Oceanogràfic. Una enorme “almeja” forrada de trencadís morado se elevaba, altísima, coronada por grandes cristaleras. Calatrava no podía dejar de rodearla de otra lamina de agua. Sin ningún uso aparente y con un coste exhorbitado, Camps inauguraba l’Àgora para, según él, entregar la copa de la competición de vela más famosa del mundo, que celebró su 32 y 33 ediciones en Valencia: la America’s Cup. Sin embargo, no se acabó a tiempo. Por eso, durante meses, tuvimos la plaza cubierta más cara del mundo sin ningún uso. Hasta que Camps, aficionado al tenis, decidió celebrar los torneos del Open 500 de Valencia en su bello interior. Desde entonces, l’Àgora ha acogido eventos tan estrambóticos como una pista de hielo navideña o una sesión multitudinaria de la famosísima fiesta del DJ francés David Guetta, F*** me, I’m famous. Por falta de presupuesto aún no se han construido sus agujas finales, ni las manivelas hidraúlicas que permitirían abrir sus techos al igual que lo hace l’Hemisfèric.

El puente y l’Àgora ponían punto, pero no final, a la zona más futurista de Valencia. El conjunto es ahora bello, impresionante y sorprendente. El azul cielo valenciano, con su fuerte luz, contrasta con el blanco de sus enormes edificios, que se reflejan de forma maravillosa en las enormes láminas de agua que rodean todo el complejo.

Quedan para después de la crisis los altísimos rascacielos acristalados llamados Castelló, Alacant y València que Calatrava ya proyectó detrás de l’Oceanogràfic. Estos edificios sólo se contruirán con financiación privada. Así que tenemos tiempo de sobra para esperar. Otros elementos planeados originalmente por el socialismo, como la gigante torre de telecomunicaciones de Valencia, que ahora hubiera eliminado parte de las cancerígenas antenas de telefonía móvil, queda para el recuerdo. Sus carísimos y profundos cimientos, construidos en 1995, fueron enterrados bajo el Palau de les Arts. La administración popular que entró en 1996 a la Generalitat consideró esta torre como innecesaria. Una lástima. Sin duda, hubiera dado a Valencia un toque cosmopolita y grandioso del que aún carece.

A pesar de los sobrecostes y las críticas que Calatrava recibe, la Ciutat de les Arts i les Ciències es uno de los conjuntos arquitectónicos más impresionantes del mundo. Un auténtico complejo futurista, impresionante, blanco, bello, imponente. Así quedó demostrado tras la elección que hizo Disney de grabar parte de su película Tomorrowland aquí. Valencia tiene muchas razones para ser visitada. Tal vez, la más fuerte sea esta. Por cierto, no olvidéis volver a primeras horas de noche. La iluminación de los edificios es espectacular. Eso sí, no vengáis muy tarde, porque a partir de determinada hora se apagan todas las luces para ahorrar. A cambio, sin embargo, podréis disfrutar de un elegante lounge: una de las mitades de l'Umbracle se transforma casi todas las noches en una terraza homónima, con buena música, cócteles, go-gós, luces violetas y buen ambiente. Siempre hay algo que hacer en este nuevo centro de Valencia.

dilluns, 13 d’agost de 2012

Valencia: básicos del casco histórico.

Valencia, tierra de las flores, de la luz y del amor, tiene como capital a la ciudad homónima. El cap i casal, como se conoce en las tierras valencianas a nuestra capital, es una ciudad vibrante que cuenta con cuatro universidades, decenas de museos, teatros, auditorios, monumentos de todas las épocas históricas, amplias playas, bonitos paseos, parques... sin olvidar un calendario tradicional lleno de festividades curiosas, aburrirse aquí es casi imposible. Y qué decir de su mítica marcha nocturna. 

El hecho de ser una de las ciudades europeas que más estudiantes de intercambio atrae eleva el porcentaje de jóvenes y por tanto, dinamiza la escena artística, gastronómica y de fiesta. Esto la convierte en un atractivo destino turístico para todos los bolsillos y gustos, así como en un lugar donde los jóvenes profesionales pueden desarrollar su actividad. Tal vez la situación de crisis financiera y económica que actualmente vive el sur de Europa esté ralentizando este fenómeno de forma parcial.

Numerosos expertos señalan que el auge del turismo urbano en Valencia se debe mayoritariamente al megaproyecto de la Generalitat Valenciana bautizado como Ciutat de les Arts i les Ciències, de la que os hablo en otra entrada. En esta, prefiero proponeros un recorrido básico por el precioso centro histórico de la ciudad.


La visita puede empezar en l’Estació del Nord, antigua llegada de los trenes (los de alta velocidad llegan a la Estació Joaquín Sorolla). Esta joya modernista, obra de Demetri Ribes, es un canto a un pasado valenciano mitificado. Naranjas de cerámica en la fachada, bonitos relieves en las taquillas... todo para dar la bienvenida al forastero. De hecho, uno de los detalles curiososos es el mensaje de "Buen Viaje" escrito en diferentes idiomas que adorna diferentes pilares. La sala de los mosaicos, antigua sala de espera de primera clase, constituye una perfecta combinación artística de madera y trencandís, modernismo y folklorismo valenciano, con mosaicos representando escenas típicamente valencianas, como l'Albufera, el Micalet, paisajes de la huerta y personajes vestidos con trajes tradicionales.

Si seguimos hacia la plaza del Ayuntamiento, podremos disfrutar de uno de los espacios públicos más emblemáticos de la ciudad. Aquí se celebran las populares mascletaes del 1 al 19 de marzo así como la de la fiesta nacional valenciana del 9 de octubre. La enorme casa consistorial, ofrece un aspecto palaciego, con sus dos cúpulas gemelas de tejas metálicas, su balcón señorial y su elegante torre del reloj. Desde la llegada al poder del nuevo alcalde valencianista Joan Ribó, el edificio está abierto al público de 8 de la mañana a 2 de la tarde para visitas y es gratuito. No os perdáis el elegante salón de plenos (que acogió al Congreso de los Diputados español durante los últimos meses de la guerra civil en los que Valencia era la capital de España) o el museo municipal, donde entre otras joyas se encuentra la espada del rey Jaume I "El Conqueridor", el Penó de la Conquesta que hizaron los musulmanes para rendirse ante el ejército cristiano o alguna Reales Senyeras centenarias, además de grabados y planos de la antigua Valencia. Por último, salid al balcón principal, reservado a las elites por la anterior alcaldesa Rita Barberà y ahora abierto a todos los valencianos y visitantes.

Frente al ayuntamiento se encuentra el antiguo Palacio de las Comunicaciones, ahora sede central de Correos y Telégrafos. De aspecto majestuoso, cuenta con una gran torre metálica (réplica de la original) que se construyó inspirada en las nuevas corrientes arquitectónicas europeas. A muchos nos recuerda al final de la Torre Eiffel. En el interior del edificio, una enorme cúpula metálica acristalada deja que la luz valenciana entre a raudales en el precioso espacio donde diferentes ventanillas ofrecen servicios postales. Cada una de las regiones y nacionalidades españolas están representadas con su escudo en la cúpula.

Después de un paseo por la plaza, donde tranquilos turistas y valencianos con prisa se codean, disfrutando de las míticas paradas de flores, avanzaremos hacia el norte, girando a la izquierda para adentrarnos en la calle María Cristina donde llegaremos a la Plaça del Mercat. Allí encontraremos el único edificio Patrimonio de la Humanidad en mi ciudad: la Lonja de la Seda. En efecto, la UNESCO encontró en esta joya uno de los mejores ejemplos de gótico civil de Europa. Normalmente el estilo gótico está asociado a edificios religiosos como iglesias, catedrales o conventos. De ahí su singularidad, que ilustra de manera espléndida el poder y riqueza de la sociedad civil valenciana. Además, los numerosos elementos decorativos renacentistas aún ensalzan más este complejo comercial del siglo XV.

Los exteriores muestran una sobriedad solo rota con las formas geométricas de estilo flamígero de almenas, ventanas y puerta, además de las gárgolas, los escudos de la ciudad y Reino y la Virgen. Al entrar, el gigantesco y alto salón de la Contratación, donde negociaban los sederos compras y ventas, sorprende por sus esbeltas y retorcidas columnas helicoidales. Anexa se encuentra la torre y capilla, y pegado, el antiguo Consolat de la Mar, una institución jurídica del siglo XIII en la que se dirimían asuntos marítimos y mercantiles. Sus dos salas solemnes, con techos de madera y dorado respectivamente, muestran el esplendor del lugar.

Por último, el relajante jardín de los naranjos con fuentecita central, servía tanto de lugar de paseo y reflexión de los comerciantes, como de espacio para fiestas de la dinastía de los Austrias. Antes de iros, dad un vistazo más cercano a las pequeñas esculturas del portón de entrada o a las gárgolas. En muchas encontrareis motivos eróticos o escatológicos que representaban el pecado en aquellos tiempos.

Justo enfrente está el Mercat Central, el mayor mercado modernista de Europa. Junto con l'Estació del Nord, este es uno de los mayores y mejores ejemplos del modernismo en Valencia. Sus naves de hierro, luminosas y altas, junto con las bases decoradas con cerámica tradicional valenciana, crean un estilo local alegre que, con las decenas de puestos de todo tipo de productos de la mejor calidad (muchos recogidos de la enorme huerta que rodea la ciudad) lo convierten en un espacio pintoresco. Se venden frutas fragantes y verduras frescas, jamones, quesos, carnes, pescados y muchos otros productos gourmet como especias o frutos secos. Algunos de los mejores puestos son los especializados en nuestra bebida tradicional: la orxata. Allí encontraréis además de esta bebida fresquita, también saquitos de chufas (el tubérculo de la que se extrae) o fartons (un bollo alargado que se moja en la horchata). Compremos lo que compremos, la calidad de los productos y la amabilidad de tenderos y tenderas os dejarán muy satisfechos. Por último, no olvidéis pasaros por Central Bar, uno de los puestos reconvertidos a bar regentado por el chef valenciano de moda, Ricard Camarena, donde se sirven tapas y bocadillos de temporada, elaborados exclusivamente con los productos frescos que se venden en este mercado.

También es recomendable pasarse por los puestos anexos al Mercat Central, en la calle. Además de su bonito estilo, venden comidas tradicionales ya preparadas de la mejor calidad a buenos precios: paella valenciana, arroz negro, arroz al horno, esgarraet, pimentó amb tonyina... y por supuesto orxata natural. En invierno también hay chocolate caliente y nuestros crujientes buñuelos de calabaza.

Tras este espectáculo gastronómico, volveremos sobre nuestros pasos a la plaza del Ayuntamiento para tomar esta vez el carrer de Sant Vicent, arbolado y con ambiente siempre, para llegar a la plaza de la Reina. Aquí se encuentra la entrada mayor de la catedral de la ciudad, de estilo barroco. También su campanario, uno de los símbolos de Valencia, el popular Micalet (Miguelete). Podréis subiros para ver las vistas del centro histórico y oír sus campanas centenarias repicar. Entad a la ecléctica catedral, mezcla de estilo románico, gótico, renacentista, barroco y neoclásico, fruto de su construcción a pedazos. Admirad los frescos renacentistas con ángeles representados en la cúpula del altar o la capilla donde se encuentra el Santo Cáliz. Respecto a si el pequeño cuenco recubierto de oro y joyas es o no el Grial en el que Jesucristo bebió en la Última Cena, la controversia es constante.

Fuera, en la plaza de la Reina, encontraremos diversas heladerías y horchaterías. De hecho, las horchaterías más famosas de la ciudad, a los pies del bonito campanario de Santa Catalina, son lugares donde vale la pena tomarse algo, por ser tan populares entre los valencianos. Actualmente solo queda abierta la Horchatería Santa Catalina. La antigua Horchatería El Siglo, que estaba enfrente mantenía una competitividad histórica entre ambas que empezó en el siglo XIX y que ya acabó. Santa Catalina sin embago sigue ofreciendo orxata de la mejor calidad, así como granizados de limón, café y cebada, al más puro estilo local. Si queréis pedir algo típico, que os sirvan la orxata mezclada con algún granizado acompañada por un fartón casero para mojar. No hay merienda valenciana más tradicional. Los helados que ofrecen también están buenos, pero no os perdáis los de la Llinares, heladería vecina que se ha especializado en servir sabores caseros tan curiosos como el de tortilla de patatas, fabada asturiana, boquerones, gin-tonic o cazalla, un tradicional licor anisado.

Si avanzamos por el carrer Micalet llegaremos a la plaza de la Virgen, donde nos recibirá la bonita entrada gótica de la catedral, con los doce Apóstoles. También está allí la popular basílica de la patrona de la ciudad: la Mare de Déu dels Desemparats, más conocida como la “Geperudeta” (jorobadita) por su posición jorobada para acoger a todos los débiles y necesitados. Su estilo barroco recargado es muy típico de la ciudad y siempre hay devotos rezándole. En gran número de "Amparitos" residentes en Valencia se explica ahora.

Al otro extremo de la plaza encontraremos el señorial Palau de la Generalitat, sede de la presidencia del autogobierno valenciano, conocido como Consell, donde está el majestuoso despacho del President de la Generalitat. Es interesante saber que una de las dos torres es una copia reciente construida para darle simetría al edificio. Las visitas deben concertarse por teléfono con un par de semanas de antelación

En mitad de la plaza se encuentra una de las fuentes más populares de Valencia: en ella se representa al río Túria como un anciano fuerte tumbado, rodeado de las acequias de la ciudad que riegan con cantaros la huerta valenciana, representadas en forma de jóvenes desnudas con tocado de fallera, forma de arreglarse el pelo tradicional de la ciudad, sobretodo en su semana grande de les Falles. Siempre con gente sentada y charlando, palomas a las que los niños asustan o alimentan por igual, jóvenes patinando o abuelas y turistas tomando algo en sus terrazas, la plaza de la Virgen es un hervidero casi siempre y a cualquier hora.


Seguid por la calle Navellos, pasando por el bello Palau de Benicarló (ahora sede de las Cortes Valencianas) y cuando lleguéis al final, en el antiguo cauce del río Túria, girad a la izquierda para admirar una de las dos antiguas puertas de entrada que quedan en pie de la época en la que Valencia estaba amurallada: se trata de las imponentes torres de Serranos, también de estilo gótico civil. Finalmente, un corto paseo para conocer el barrio del Carmen recorriendo las calles Roteros, Museu y Na Jordana os dejará en el IVAM, el Institut Valencià d'Art Modern, que cuenta con más de 7000 obras de arte desde mediados del XIX y todo el siglo XX, destacando las colecciones permanentes de Julio González, Ignacio Pinazo y Miquel Navarro.

Por supuesto, me dejo muchísimos monumentos, tiendas y locales que vale la pena visitar, como el barroco Palacio del Marqués de Dos Aguas, así como calles que caminar y conocer, como la calle Cavallers. Pero esta entrada no es infinita y para todo el que sólo tenga unas horas, este es el recorrido básico con el que conocer los principales elementos del centro histórico. En próximas entradas prometo contaros más cosas que hacer en el casco histórico de la capital del Túria.

diumenge, 12 d’agost de 2012

Magazine nómada


En el suplemento dominical MAGAZINE de hoy, 12 de agosto de 2012, que se distribuye con 17 diarios de toda España, entre otros El Mundo, La Vanguardia o Levante-EMV, cuenta con algunos elementos interesantes para todo nómada.

En primer lugar, en la página 28 encontramos un curioso reportaje sobre los nuevos blogs de viaje, donde Daniel Gutiérrez Abella hace un recorrido por los bloggeros independientes más importantes del momento en español. Ofrece algunos datos relevantes, analiza los dilemas entre seguir siendo independiente o sucumbir al negocio y recopila opiniones de viajeros y profesionales del viaje así como del sector editorial. Asimismo, nos ofrece algunas direcciones de Internet útiles para profundizar en este mundillo, remarcando alguna de las bitácoras más atípicas.

Al lector habitual de estos suplementos el periodista le descubre algo que muchos ya sabíamos: los viajeros cada vez confían más en los blogs que en las guías, porque dan una información actualizada, personal y sobretodo, crítica. 

También podéis dar un vistazo al reportaje en la versión digital de este dominical: 


En segundo lugar, en la página 54 encontramos varias críticas cinematográficas, destacando Café de Flore, película que tuve la oportunidad de ver estrenarse en el Miami International Film Festival. Este mítico café parisino no tiene nada que ver con la película, en realidad se refiere al título de una preciosa canción francesa, actualmente remezclada al estilo chill out. Y será esta canción y sus dos épocas (años 60 cuando aparece y actualidad cuando se remezcla) las que se entrecruzan en este magnífico filme del canadiense Jean-Marc Vallée. Si queréis saber que tienen que ver una madre con un hijo Down del París de los sesenta con un DJ superestrella del Montreal actual, no dudéis en ver esta joya cinematográfica. 

La crítica, aquí.   Y la canción, original y remezclada en estos links:







En tercer y último lugar, el artículo final, de Javier Cuervo, ilustra de manera clara las diferencias entre el turista y el viajero. Profundamente interesante para todos los que estamos obsesionados con aquello de conocer este pequeño planeta, sus lugares, gentes, culturas, canciones, sabores y olores. Como el autor señala, "la etimología también señala una diferencia en la actitud: la palabra viaje incluye el término vía, camino; mientras que el turismo incluye la palabra tour, vuelta. El viajero va, el turista vuelve." 

Lo podéis leer aquí.

dimecres, 8 d’agost de 2012

Florida & Miami

Después de más de diez meses viviendo en el Sunshine State, y concretamente en Miami, su ciudad más populosa, hago en esta entrada una recopilación de todo lo que visité y os conté durante mi vida floridana. Espero que lo disfrutéis y, si tenéis la suerte de pasaros por allí, aprovechéis mis experiencias en lo que puedan ayudar.

SUR DE LA FLORIDA

Miami

Miami acuático:

De restaurantes por Miami:

De fiesta en... Miami:



CENTRO DE LA FLORIDA

Orlando

Universal's Studios

Universal's Islands of Adventure

EPCOT:

SeaWorld:

Tampa & Saint Petersbourg

Busch Gardens:

The Dalí Museum:

Costa oeste: 



Cabo Cañaveral

Kennedy Space Center:


NORTE DE LA FLORIDA

San Agustín: