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dissabte, 28 de juny de 2014

Oran

El fin de semana pasado decidí hacer una pequeña excursión a la segunda ciudad más importante de Argelia: Orán. Desde la capital es muy fácil llegar ya sea en avión, coche (por la nueva autopista Este-Oeste) o tren. Por curiosidad escogí la opción ferroviaria y también por poder disfrutar del paisaje de las montañas costeras del oeste argelino. 

Así que me dirigí a la Gare de l'Agha, la estación de la empresa nacional SNTF, para tomar el tren "rápido" de las 8 de la mañana con destino a Orán. Compré la ida y vuelta en primera clase (ya que tiene asientos más confortables y aire acondicionado) por algo menos de veinte euros. Es importante tener en cuenta el tiempo, ya que al final llegué al destino cuando eran pasadas la 12,30 de la tarde: alrededor de cuatro horas y media de viaje nada más y nada menos. 

Así que a la hora de almorzar llegué a la Gare d'Oran, un bello edificio público de estilo neo morisco construido por la administración colonial francesa. El diseño exterior recuerda al de una mezquita, por la cúpula y el minarete. Sin embargo, la estrella de David que hay en el diseño interior de la cúpula así como las cruces cristianas de los techos de las salas de espera muestra una voluntad de hacer presentes a las tres religiones que por entonces convivían en Argelia. Sus estancias son majestuosas y vale la pena dedicarles un tiempo. 

Por suerte, el hotel donde que alojé estaba muy cerca de la estación ferroviaria. El Best Western Colombe fue en primer hotel de la famosa cadena estadounidense en abrir sus puertas en el país y ofrece un excelente servicio a precios competitivos y habitaciones impecables. Además está situado a quince minutos caminando del centro de la ciudad así como a cinco minutos de una parada del moderno tranvía oranés. 

Tras el rápido check-in, dejé mis cosas en la confortable habitación, me tomé el zumo de cortesía y me dirigí a explorar Orán. Esta gran ciudad argelina fue fundada en el siglo X por comerciantes musulmanes de Al-Andalus y pronto creció por la importancia de su puerto. La llegada de judios que huyeron de la intolerancia religiosa cristiana durante el siglo XIV aumentaron la riqueza e importancia de la ciudad. Sin embargo, a principios del siglo XVI la ciudad perdía importancia debido a a las nuevas rutas comerciales que se abrían por el Atlántico. Pronto se convirtió en una guarida de piratas y corsarios y fue pasando de manos españolas a otomanas en diversas conquistas y guerras. A medidados del siglo XIX empezó la colonización francesa.

Orán significa "león" en berber ya que durante su fundación se vieron varios leones campar por las montañas cercanas. Los dos últimos leones vistos fueron cazados cerca de la ahora conocida como montaña de los leones, al lado de la ciudad, y en su honor se alzan las dos estatuas de ambos felinos a las puertas del bello ayuntamiento de Orán, en la antigua plaza de Armas. 

A finales del siglo XIX, Orán se convirtió en la quinta ciudad de Francia, con más de 100,000 habitantes, llenándose de bellos edificios públicos gracias a su creciente riqueza e importancia, como la estación ferroviaria de la que os hablé.

El caso es que paseando desde el hotel por las calles de Orán, ahora muy deterioradas, llegué hasta la bella corniche o paseo marítimo ahora llamado boulveard de l'Armée de Libérarion Nationale. Con decenas de bellas palmeras y elegantes edificios decimonónicos frente al mar, este paseo se llena de locales con sus familias o amigos, sobretodo por las tardes y noches, para disfrutar de la brisa marina, las bellas vistas al puerto y al Fuerte de Santa Cruz. Son muchos los que se sientan en alguna de sus terrazas para disfrutar los helados que hacen famosa la ciudad. Uno de los sabores más tradicionales es el "créponné", un cremoso helado de limón natural y huevo cuya receta fue inventada por Gilbert Soriano en Orán y que ahora es el sabor oficial de la ciudad. 

Mientras paseaba por la corniche me tomé un jugoso kebab y luego me senté a disfrutar de un refrescante créponné en la crémerie Cordoua, una de las más conocidas del paseo marítimo. Una vez saciado, tomé un taxi que me llevó a explorar la montaña de l'Aïdour , que domina la ciudad. Me hubiera gustado explorarla con el famoso teleférico de Orán, pero no funcionaba. Así que remontamos hasta la cima donde se situa el popular mirador de Bel Horizon desde el que se disfruta un panorama bellísimo de la gran ciudad. Descendimos a continuación a la mitad de la montaña donde se sitúan el fuerte de Santa Cruz y la capilla de la Santa Cruz.

El fuerte, por un lado, es una construcción española de finales de siglo XVI construida para defender la ciudad de los otomanos. A mediados del siglo XIX fue reforzado por el ejército francés. Cuando fui a verlo estaba cerrado, no sé si por ser viernes o porque está cerrado de normal pero aún así por fuera se aprecia su solidez.

Justo debajo se encuentra la capilla de la Santa Cruz. Los orígenes de esta construcción se remontan a 1850, cuando tras una epidemia de cólera, se contruyó una pequeña capilla a Nuestra Señora de la Salud. En 1875 se construyó un gran campanario coronado por una estátua de la Virgen hecha en Lyon, réplica de Notre-Dame de Fourvière. No fue hasta 1959 que el arzobispo de Orán inauguraba la nueva capilla, blanca y sencilla, con una sobria cúpula. Su bello claustro con vistas a la ciudad por debajo y al Fuerte de Santa Cruz por arriba es muy relajante. 

Tras descender de la montaña y volver al centro de la ciudad, me di una vuelta por el elegante boulevard de la Soummam, con sus bellas palmeras decoradas con luces blancas. Los señoriales edificios dan un aire muy elegante a la zona que acaba con el lujoso Hotel Royal, el más prestigioso de la ciudad. Entré para dar una ojeada a sus magníficas instalaciones, especialmente el elegante restaurante Les Ambassadeurs. Como me entró hambre, era la hora de la cena y además uno de los camareros me acababa de decir que había un estupendo cuscús, me dirigí al otro restaurante del hotel, el Alhambra, que es de tipo buffet y ofrece entradas locales así como un delicioso cuscus (con la sémola, las verduras y las carnes separadas), un delicioso guisado de pescados y sepia y varios postres a elegir al final. 

Al día siguiente, tras un buen desayuno, me dirigí a descubrir el centro de la ciudad. Siguiendo las calles del tranvía pasé por la bella Gran Biblioteca de la ciudad, antigua catedral, donde aún se observan los gigantescos mosaicos a Jesucristo y los símbolos de los cuatro evangelistas.

Siguiendo por las calles llegué hasta el corazón de la ciudad, la place d'Armes, donde se encuentra el ayuntamiento con los dos leones y la magnífica Ópera de Orán, inaugurada a principios de siglo XX, con sus balaustradas, cúpulas y las magníficas estatuas que presiden el edificio, destacando la mujer vestida al estilo romano con una lira entre sus manos. Los modernos tranvías que cruzan a menudo la plaza mezclan la modernidad con la elegancia clásica haciendo de esta plaza uno de los lugares más agradables de la ciudad.

Bajando hacia el antiguo barrio de Sidi El-Houari por la calle Philippe me topé con la bella mezquita de Hassan Pacha, de finales del siglo XVIII, que está cerrada en su interior pero guarda una gran armonia y adaptación al entorno en su exterior. Bajando aún más por la calle me topé con otra maravilla histórica, la antigua Iglesia de San Luis, ahora abandonada y que lastimosamente se encuentra en muy mal estado. Tras pasear un poco más por las calles y bulevares de la ciudad, volví al hotel donde comí en el estupendo restaurante que tienen. Además de unos precios competitivos, la sencilla carta propone platos internacionales y locales de gran calidad, como la famosa h'rira, una sopa tradicional de la vecina ciudad de Tlemcen, picante pero deliciosa acompañada de unos rollitos de carne fritos. Me pedí también una pizza de verduras que me sorprendió por lo bien hecha que estaba. Recomiendo encarecidamente este restaurante. 

Como mi tren salia a las dos de la tarde, me dirigí a la estación. Orán es una ciudad muy tranquila si la comparamos con Argel aunque sigue siendo muy grande. Me faltó conocer alguno de sus famosos cabarets, pasar un dia en la playa des Andalous así como haber escuchado la famosa música "rai" en directo, pero seguro que vuelvo en alguna ocasión.

dissabte, 14 de juny de 2014

Tipaza

A más o menos una hora en coche desde Argel (si no hay tráfico, claro) se encuentra la ciudad costera de Tipaza, enormemente popular en el turismo nacional, siendo esta una excursión común de un dia para los habitantes de la capital. A 70 kilómetros de la capital, nos costará llegar más o menos una hora en coche si no hay mucho tráfico. En taxi negociad un buen precio para el dia pero jamás paguéis más de 4,000 dinares por seis horas y dos personas.

Yo la hice el primer sábado que llegué a Argel y me encantó. Por supuesto, no puede compararse a la magnificiencia de las ruinas de Djémila pero aún así son ruinas muy bellas a las que se les añade el encanto de estar frente al Mediterráneo. Tipaza fue conquistada por Roma a los cartaginenses y pronto se convirtió en una ciudad dinámica dentro del Imperio. Pero tras conquistas y destrucciones de vándalos, bizantinos y árabes la ciudad quedó despoblada en el siglo VIII. 

La ciudad resurgió con fuerza, especialmente durante el periodo colonial francés. Albert Camus, francés nacido en Argelia, la hizo famosa con sus dos ensayos: Bodas en Tipaza y Retorno a Tipaza. El célebre Premio Nobel pasó largas temporadas en las ruinas mientras reflexionaba para escribir sus ensayos. Según contaba, le relajaba muchísimo la combinación de ruinas, mar y montañas. La declaración como patrimonio de la humanidad UNESCO de sus ruinas romanas la consacró como uno de los destinos obligados para toda visita a Argelia. Y sus famosos restaurantes de pescado y marisco fresco redondean la oferta turística. 

Nada más llegar a la ciudad nos dirigimos a la entrada de las ruinas de la antigua ciudad romana. A partir de la antigua calle mayor, el Decumanus Maximus, nos encontraremos con los restos del antiguo pequeño coliseo que entretenía a los habitantes con espectáculos de gladiadores. Asímismo encontramos los restos de algunos templos, con escalinatas y columnas, así como numerosas huellas del antiguo sistema de alcantarillado. Muy cerca del mar están los restos de las principales residencias de la ciudad, una de ellas que se observa grande y espaciosa, ya que se ven los restos de la villa con su jardín central porticado con pozo en medio y las habitaciones alrededor, una de las cuales conserva un bellísimo mosaico que actualmente se encuentra al aire libre.

También están los restos de las antiguas termas, con sus piscinas de agua caliente, templada y fría. Además de la gran basílica de San Pedro y San Pablo, de la que queda parte del suelo y algunos arcos, pero cuyos restos muestran su grandeza. En algunas partes de la ciudad observaréis restos de cavas muy profundas con grandes jarras, lo que fueron fábricas de "garum", una salsa a base de pescado y especias muy utilizada por todo el Imperio romano y cuya fabricación fue en parte responsable de la prosperidad de la antigua Tipaza.

Asimismo, paseando por otros barrios de la antigua ciudad romana, encontraremos el bello teatro, cuyo escenario colapsó y ahora solo quedan los restos de las salas donde se cambiaban los actores. Muy cerca está la fuente de las Ninfas, un bellísimo ejemplo de gran pública donde antes habían estátuas de las bellas semi-diosas. 

Vale la pena pasearse también por el antiguo cementerio pegado a la costa, donde veremos multitud de tumbas romanas y cristianas, mausoleos e incluso una gran tumba de alguien importante con restos de sus frescos pintados de rojo. A nosotros nos guió un amable guarda que nos explicó varias cosas. El cementerio debe ser una parte crucia de la visita ya que es la clara muesta de las múltiples influencias que recibió la muy comercial Tipaza: hay tumbas fenicias, romanas paganas y romanas cristianas, en una mezcla única, una de las principales razones para declararla patrimonio de la humanidad. Una de las grandes diferencias entre Tipaza y Djémila es que las ruinas de Tipaza están atestadas de gente. Hay familias enteras saltando entre las ruinas, haciendo picnic en las zonas verdes o simplemente paseando. 

Tras visitar estas magníficas ruinas, nos dirigímos a almorzar a uno de los restaurantes situados nada más salir de las ruinas: Le Progrès, donde almorzó el Rey de España, Juan Carlos I, cuando visitó Tipaza hace unos años. Como ciudad costera, el restaurante está especializado en productos del mar. Empezamos con una caliente sopa (chorba) de pescado de la casa, luego boureks de gambas como entrante (los boureks son hojaldres fritos rellenos) para continuar con una deliciosa ensalada de pulpo fresco y unas gambas reales a la parrilla exquisitas. Los precios son algo más elevados de lo habitual pero tampoco excesivamente. El flan de la casa vale la pena como buen postre.

Tras la comida, y como empezaba a llover, tras pasearnos por las tiendas de recuerdos y de antigüedades, donde encontrar algunas joyas como teteras antiguas, decidimos volver a Argel. A la vuelta en coche por la carretera veréis en una de las colinas una majestuosa casi pirámide: se trata de la tumbra de la cristiana, un mausoleo en el que cuenta la leyenda que se esconde un gran tesoro. Muchos son los que afirman que aquí está enterrada la mismísima Cleopatra

El definitiva, Tipaza merece la pena ser visitada ya que es una excursión sencilla de un día desde Argel. Su categoria del patrimonio de la humanidad UNESCO aclara cualquier duda sobre al calidad de sus ruinas. Me queda dar un vistazo a su museo, ya que no me dio tiempo en la pasada visita. 

diumenge, 8 de juny de 2014

Djémila

Este sábado pasado estuve en Djémila, visitando la antigua Cuicul, que fue en su época una gran ciudad del Imperio Romano. Argelia está plagada de ruinas romanas y Djémila es uno de los mejores sitios. Además, está libre de las hordas de turismo nacional que ahogan las ruinas de Tipaza.

Desde Argel hasta Djémila contad aproximadamente tres horas y media para llegar. Lo más fácil es tomar la reluciente "Autoroute Est-Ouest", una de las grandes infraestructuras construídas recientemente en Argelia gracias al dinero del petróleo y el gas. La autopista conecta todo el país de Este a Oeste y sus principales ciudades en paralelo a la costa mediterránea pero por las montañas. Esta infraestructura es famosa en el mundo entero por haber sido una de las más caras de la historia: once mil millones de dólares.

Lo cierto es que en general la autopista es muy confortable y permite llegar mucho más rápido a las diferentes ciudades del país, así como aliviar los insoportables atascos que colapsaban las antiguas carreteras. Así que, a pesar de los tramos con agujeros, pasamos Setif y nos desviamos a la izquierda por la N77 en la salida de El Eulma, pero en dirección contratria. Hasta que llegamos a Djémila. Actualmente es un pequeño pueblo de la Kabylie argelina (la región más ferozmente resistente a Francia y característica por sus habitantes rudos y habituados a la vida montañesca). Pero en el siglo IV, tras su fundación a finales del siglo I, alcanzó grandes niveles de desarollo dentro de la estructura del Imperio Romano. 

Por eso vale la pena desplazarse hasta aquí, para poder recorrer las ruinas romanas. Construida a 900 metros sobre el nivel del mar entre dos torrentes, la antigua Cuicul se convierte en uno de los más bellos restos de ciudad romana que existen, además de uno de los pocos ejemplos de urbanismo romano adaptado a un terreno montañoso. Es por eso que la UNESCO decidió declarar estas bellas ruinas como Patrimonio de la Humanidad

Hay templos, viviendas, termas grandes y pequeñas, plazas, el anfiteatro, fuentes, un mercado, calles, un foro, basílicas, arcos del triunfo... uno no puede evitar trasladarse a esa época e imaginarse las pequeñas historias que sucedieron en sus estrechas calles adoquinadas. 

En el museo que hay a la entrada podremos observar algunos de los mosaicos más bellos que se conservan en el mundo, destacando el del rapto de Europa (que estaba situado en un gran comedor de la casa Europa, ahora en ruinas). Pero hay muchísimos más que os dejarán sin aliento. Son impresionantes, de una calidad excepcional. También hay numerosas estatuas rescatadas de los antiguos templos, mansiones o edificios públicos así como objetos personales de todo tipo, monedas, ánforas... etc. Es una lástima que en el museo no estén permitidas las fotos. Por eso no puedo mostraros ningún ejemplo de los bellos mosaicos que allí hay y que antes cubrían las masiones y edificios públicos de Cuicul.

Dedicad unas dos horas a las ruinas, recorriendo el bello Cardo Maximus (calle mayor) que estaba asoportalada (las decenas de columnas así lo prueban), explorando las grandes termas (donde me impresionaron mucho los excusados públicos (grandes bancos alargados con muchos agujeros que conectan a un sistema de alcantarillado) decorados con bellas estátuas de peces. Las grandes termas aún cuentan con salas donde los mosaicos se conservan casi igual que cuando se construyeron. La grandiosidad de sus salas, sobretodo la del gimnasio, demuestran la importancia que tuvo la ciudad en su época.

Otro de los edificios que mejor se conservan en el majestuoso Templo de Severus Septimus, en el Foro nuevo. Esta plaza es la más impresionante, no sólo por el templo y sus escalinatas, sino por el bello e imponente arco del triunfo de Caracalla, los pórticos, los restos de la basílica y por su empedrado. Este era el corazón de la ciudad nueva, que fue rápidamente poblada mayoritariamente por cristianos. A un lado, bajando por una de las calles se encuentra el impresionante anfiteatro con sus gradas y su escenario. Siguiendo el cardo maximus llegaremos hasta la ciudad vieja, donde vivian mayoritariamente las familias antiguas y adineradas, los paganos y los esclavos. Aquí se encuentra el viejo foro, donde estaba el gigantesco templo a Júpiter, del que solo quedan algunas columnas y el torso del dios (la cabeza está en el museo a buen recaudo). El viejo foro tiene aún los atriles donde los senadores de la ciudad daban sus discursos (con numerosas inscripciones en latín perfectamente conservadas) así como el altar de los sacrificios, donde aparecen grabados los animales a sacrificar a los dioses. 

En mitad de las casas del barrio viejo se encuentran también los bellos restos del templo de Venus y otros restos de un templo a otro dios que no se ha podido identificar. También el bellísimo mercado, con las mesas de sus antiguos puestos de frutas, carnes, especias o verduras con sus relieves y la mesa de las medidas en el centro. Diversas fuentes públicas, la antigua prisión, cementerios, casas y mansiones particulares y hasta termas de barrio nos aparecerán durante nuestro paseo por esta ciudad en ruinas. Finalmente, en la parte más alta, se encuentra el núcleo del barrio cristiano, el más nuevo, donde podremos ver las catacumbras de la antigua Catedral, muy bien conservadas, o la casa del antiguo obispo. 

Los guardas que recorren el reciento son muy amables y atenderán a cualquier pregunta que les hagáis. Es más, incluso os acompañarán durante vuestro recorrido charlando y explicandóos más o menos los diferentes lugares de las ruinas romanas. Y lo hacen de forma totalmente desinteresada. De hecho, al que nos acompañó, le intentamos dar una propina y la rechazó amablemente hasta en tres ocasiones.

Cuicul cayó en el olvido tras la ocupación bizantina y acabó de derruirse tras un terremoto que sepultó la ciudad bajo la tierra. Fue en 1910 cuando arqueólogos franceses empezaron las tareas de desentierre y reconstrucción para sacar a esta gran ciudad de nuevo a la luz. Tras la independencia de Argelia, los trabajos fueron paralizados y ahora la UNESCO se conforma con que el gobierno argelino mantenga limpia y vigilada la antigua Cuicul, actual Djémila. 

Sin duda, para todo el que viva una temporada en Argel, Djémila es una visita de un dia más que obligada.