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dimarts, 8 d’agost del 2023

Liverpool y Chester

En la segunda ciudad del Imperio Británico

Fui a Liverpool por casualidad, porque allí se celebraba Eurovisión 2023. Sin embargo, y gracias a que una amiga se crio allí, pude descubrir una ciudad maravillosa, mucho más interesante de lo que esperaba inicialmente. Liverpool fue la segunda ciudad más importante del Imperio Británico y uno de los centros de la revolución industrial que cambió a la humanidad para siempre.

En efecto, Liverpool se enriqueció de forma masiva con el comercio triangular de esclavos de África, materias primas de América y productos manufacturados en Inglaterra. Los barcos salían del puerto cargados de productos ingleses (muebles, tejidos, vajillas, maquinaria...), que se vendían en África del Oeste, donde los barcos se cargaban de esclavos, que se llevaban hasta las colonias americanas del Caribe y Norteamérica, donde se vendían, cargándose de nuevo los barcos con ron, azúcar, tabaco y algodón, que se llevaba de vuelta a Liverpool. El 40% de los bienes del mundo pasaban por el puerto de Liverpool. 

Este masivo movimiento de mercancías y personas hizo que el potente puerto atrajo a inmigrantes de toda Gran Bretaña e Irlanda, y además, sirvió de salida para migrantes escandinavos y rusos hacia el Nuevo Mundo. Uno de los lugares donde respirar esta historia portuaria es el Albert Dock, un muelle rodeado de almacenes de ladrillo y hierro de cinco pisos reconvertidos en una zona museística y de ocio. La importancia del muelle radica en que por primera vez se podían trasladar bienes del almacén al barco directamente, mejorando la logística portuaria e iniciando los sistemas de gestión logística contemporáneos. Por ello, el puerto de la ciudad fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por ser testimonio de la historia del desarrollo de uno de los centros más importantes del comercio marítimo mundial en los siglos XVIII y XIX. 

La Segunda Guerra Mundial aumentó más aún la importancia de la ciudad, con más de un millón de soldados estadounidenses desembarcando aquí. Estos trajeron a la ciudad los ritmos de los Estados Unidos, como el blues y el rock and roll, y pronto Liverpool se convirtió en la capital mundial de un nuevo género: el pop. Tras la grave crisis de desindustrialización de los años 70, la ciudad entró en una gran decadencia pero gracias a programas europeos de regeneración de su centro urbano durante el siglo XXI, Liverpool resurgió como una de las ciudades más agradables del norte de Inglaterra. 

Por ejemplo, ahora los almacenes del puerto son museos, destacando el Tate Liverpool, antena de la Tate de Londres, donde se encuentran obras de algunos de los artistas más famosos del siglo XX, aunque muy pequeño para mi gusto. Además del Albert Dock, la UNESCO también incluyó bajo su protección un gran número de importantes edificios comerciales, civiles y públicos, especialmente los del sector de St. George’s Plateau, destacando el Royal Liver Building, uno de los tres rascacielos eduardianos de la fachada marítima (conocidos como las "Tres Gracias"). Vale la pena hacer el tour que nos llevará desde su construcción hasta lo más alto, visitando sus terrazas, disfrutando de las vistas de la ciudad, puerto y río, y de la torre del reloj por dentro, viendo de cerca el dragón metálico "Liver Bird" símbolo de la ciudad. Además, su enorme reloj es el más grande del país: más que el Big Ben.

Pioneros en muchas cosas

Una forma agradable de disfrutar del curioso skyline de la ciudad es cruzar el río Mersey en su famoso ferry. Tan famoso es que la banda Gerry & the Peacemakers le dedicaron la canción "Ferry 'Cross teh Mersey". Como nosotros nos quedamos en el agradable barrio residencia de Bebington, un día cambiamos el coche por el ferry para tener esta experiencia tan local. De vuelta, tomamos el metro, además en una estación histórica, "James Street", por ser el primer túnel de metro bajo el agua del mundo.

Al otro lado del río vale la pena pasear por Port Sunlight, un experimento del socialismo utópico del siglo XIX, por el que el dueño de la fábrica de jabones "Sunlight Soap"  construyó bonitas casas ajardinadas, escuelas, una iglesia, parques y hasta un excelente museo para que la vida de sus obreros fuera lo más digna posible. Hoy sigue siendo un agradable barrio donde escaparse del ajetreo de la ciudad. El lugar más representativo del nuevo espíritu que tenían algunos empresarios es el Birkenhead Park, también conocido como el parque del pueblo. Abierto en 1847, fue el primer parque diseñado desde el principio para estar abierto a la ciudadanía y financiado por dinero público. La idea de abrir un parque abierto a todas las clases sociales fue una innovación inglesa que luego se fue extendiendo por todo el mundo. Además, sirvió de modelo para construir Central Park en Nueva York.

Los Scousers

Además de su patrimonio, Liverpool cuenta con sus habitantes (los Scousers) gentes extremadamente amables que aman su ciudad y salir a cenar y de fiesta, rituales a los que dedican mucho tiempo para estar listos (sobre todo las mujeres), por lo que aquí existen algunas de las tiendas más grandes del mundo en materia de belleza y perfumería. Me sorprendió encontrar una tienda de Dior con la colección privada de sus perfumes, algo que solo había visto antes en grandes capitales mundiales como París, Tokio o Dubai. Liverpool es un destino de "shopping": no os perdáis la tienda Lush más grande del mundo, con sus tres pisos repletos de productos estupendos, incluidos algunos exclusivos como la bomba de baño "Yellow Submarine". 

Además, de todas las ciudades en las que he visto Eurovisión, esta fue la que más seriamente se tomó el festival, implicándose todo comercio e institución, con la ciudad y los transportes públicos al servicio de los eurofans. Y no por casualidad, ya que como mencioné antes, la ciudad fue la capital del pop mundial durante años. Nada mejor que visitar el Wall of Fame, con un ladrillo por cada artista famoso que ha actuado en directo en The Cavern Pub, el pub donde los Beatles tocaban en directo antes de convertirse en un fenómeno mundial.

Y si queréis ver los orígenes de alguno de los componentes de este famoso caminad por la señorial Hope Street, donde disfrutareis de edificios georgianos, incluyendo el Liverpool Institute of Performing Arts, en el que John Lenon estudió música. Al lado se encuentra el barrio chino más antiguo de Europa, con el arco chino más grande fuera de China.

En la visita no puede faltar la catedral de Liverpool, joya neogótica de Sir Giles Gilbert Scott (que también diseñó las famosos cabinas telefónicas rojas), iglesia más grande del país, así como la catedral anglicana más grande del mundo. Por dentro es sorprendente y además cuenta con una interesante colección de arte religioso contemporáneo. Por cierto, se construyó entre 1904 y 1978, así que de antigua tiene poco. No muy lejos está la moderna catedral católica, para la que su arquitecto se basó en la de Brasilia, del famoso Niemeyer

Pies, guisos y puddings

Y que decir de su gastronomía: hay que empezar con un buen desayuno inglés, al que aquí le añaden black pudding (una morcilla negra de sangre) al resto de habituales: hash brown, huevos, baked beans, bacon, salchichas y champiñones, con su té negro con leche para beber. Un buen sitio para disfrutarlo es en Lucy in the Sky.

Para almorzar, nada mejor que pasar por el histórico café-bar Maggie May´s y pedirse un Scouse (de ahí el nombre de los habitantes de Liverpool). Se trata del guiso más famoso de la ciudad: trozos de res y cordero guisados con patata, zanahoria y cebolla, al que se le hecha por encima col roja fresca o remolacha.

Para cenar, podéis optar por las Philarmonic Dining Rooms, uno de los pubs más bonitos de Inglaterra, donde parece que estés casi en un palacete. Lo mejor es pedirse un Steak & Nicholson´s Pale Ale pie, un maravilloso pastel inglés de masa quebrada relleno de carne de res cocinada en la cerveza Nicholson’s Pale Ale. Este pastel fue ganador de la medalla de oro en los premios British Pie Awards. Viene acompañado de puré de patatas y verduras al vapor, que puedes regar del gravy casero que te sirven, así como de la famosa salsa HP, la salsa marrón  a base de vinagre de malta, aligerado con zumos de frutas y especias, favorita en el Reino Unido.

Si buscáis algo más popular, en Johnny English sirven un fish & chips delicioso, acompañado de mushy peas, como se hace en todo el norte. Se trata de guisantes verdes aplastados tras pasar una noche en remojo en agua de soda.

Para dulces, hay muchas opciones: por ejemplo el sticky toffee pudding, un bizcocho de dátiles cubierto con salsa de toffee y acompañado de helado de vainilla. Aunque si hay algo bien típico es es la tarta Cherry Bakewell, de pasta de hojaldre con mazapán, fundido de harina de almendras, copos de almendras y cerezas confitadas. Otro de los dulces más típicos de la ciudad son las Everton Mints, unos caramelos de menta con toffee dulce en el centro.

Me quedaron muchas cosas por ver, como la Walker Art Gallery, el World Museum, el Museum of Liverpool, el International Slavery Museum o el Western Approaches Museum pero seguro que acabaré volviendo a esta dinámica y agradable ciudad.

Más allá de Liverpool, sus alrededores ofrecen un montón de excursiones chulas: nosotros optamos por pasar un día en Chester.

Chester, preciosidad Tudor envuelta en murallas romanas.

Este regalo de arquitectura Tudor envuelto en murallas romanas constituye una maravillosa excursión para entender mejor Inglaterra. Chester tiene uno de los centros históricos más bonitos del país: un conjunto de edificios Tudor de madera de colores blanco y negros alternados con otros de piedra rosa de estilo victoriano. 

Chester se fundó como fuerte romano, o "castro", que evolucionó hacia el nombre "Chester". La ciudad tuvo el anfiteatro más grande de Britannia, con 7,000 plazas, del que queda poco, tan solo las formas y alguna estructura menor. Era tan grande para servir como símbolo de civilización ante la cercanía del muro que separaba al imperio de los bárbaros. Algunos piensan que aquí también estaría la mesa redonda donde se reunía el Rey Arturo y sus caballeros en la mítica Camelot.

Recorrer las murallas de la ciudad es la mejor manera de hacerse una idea de la ciudad, ya que rodean el centro histórico y nos permitirán tener una buena perspectiva. Se construyeron por los romanos en el año 70 antes de Cristo, y aunque fueron alteradas, se mantuvo su recorrido intacto desde el año 1200. El mejor lugar donde empezar es por las escaleras de la Eastgate, donde además se encuentra el reloj más famoso de Inglaterra (tras el Big Ben): este se construyó para celebrar el jubileo de diamante de la Reina Victoria en 1897. Durante el recorrido, no olvidéis visitar el edificio más antiguo de la ciudad, que es el Bear & Billet, un pub en una típica casona Tudor.

Además de sus famosas murallas, Chester es famosa por The Rows, las galerías comerciales medievales de dos pisos en las casas de madera en las calles Eastgate, Northgate y Bridge. Aunque las tiendas ya son modernas, aún se respira el ajetreo de ciudad comercial que Chester ha tenido desde hace siglos.

Otro edificio estupendo es la catedral de Chester, originalmente una abadía benedictina del siglo XII, cerrada tras la Reforma de Enrique VIII, aunque se reconsagró un año después, en 1541. Esta preciosidad gótica me recordó mucho a Hogwarts. Es maravillosa.

También es agradable pasear por los bordes del río Dee, incluso hay barquitos que hacen un buen recorrido.

No olvidéis comprar algunos quesos Cheshire, densos frescos y deliciosos. The Cheese Shop es un buen sitio para ello. Y para almorzar os recomiendo The Albion Inn: aunque son lentos, este pub tradicional, regentado de manera familiar, ofrece un delicioso Cottage Pie, un pastel al horno hecho de carne de res picada cubierta de patata chafada, queso Cheshire, cebolla, salsa gravy. Buenísimo.


IMPRESCINDIBLE

Comer

Scouse en Maggie May´s

Steak & Nicholson´s Pale Ale pie en las Philarmonic Dining Rooms.

Quesos Cheshire en The Cheese Shop (Chester) .

Canción

Ferry 'Cross teh Mersey de Gerry & the Peacemakers.