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diumenge, 26 d’abril del 2026

Macedonia del Norte y Kosovo

Skopje, capital ecléctica

Macedonia del Norte es un país, en general poco visitado. Y su capital, aún menos, ya que la mayoría de turistas se concentran en el lago de Ohrid, que también visité y más adelante en esta entrada os cuento. Aún así, Skopje es una ciudad curiosa y compleja donde la herencia griega, romana, bizantina y otomana se mezclan con un pasado comunista, la reconstrucción brutalista de la ciudad en los años 60 tras un devastador terremoto y un presente complejo de reimaginación (y construcciones) neoclásicas kitch.

Nosotros nos quedamos al lado de la Plokstad Makedonija, una enorme plaza epicentro del plan Skopje 2014, que acabó siendo un conjunto de edificios carísimos y 40 estatuas de un gusto dudoso que lleva a muchos a referirse a Skopje como "Las Vegas europea". Una estética neoclásica y barroca que nunca existió con materiales de mala calidad dan una apariencia a toda la zona reformada de parque temático, con un arco del triunfo de dudoso gusto, estatuas gigantes de Alejandro Magno, Filipo y su madre Olimpia así como de otros héroes nacionales macedonios que nunca pisaron Skopje... y una flota de buses de dos pisos rojos que tratan de imitar a los de Londres pero que tampoco llegan a la calidad de aquellos. En cualquier caso, interesante de ver si se olvidan los 700 millones de euros que se malgastó en la broma y que acabaron con el primer ministro responsable de esto exiliado en Hungría. Varios de estos nuevos edificios albergan museos a los que no nos dio tiempo a entrar. 

Más allá de la curiosidad de su barrio-escenario, cruzad el bello puente de piedra (de época bizantina) y recorred la agradable Carsija, antiguo barrio otomano, con su bazar de sinuosas calles, teterías, mezquitas, restaurantes tradicionales, caravanserais, un hammam, anticuarios y tiendas de artesanía. Comimos en una de sus plazas arboladas, al lado de una fuente, en un restaurante que hacía el tradicional tavce gravce, un guiso de judías blancas con cebolla y hierbas cocinadas en recipiente de barro en horno de leña y acompañadas de lukanci, la salchicha de cerdo con pimentón típica, y una sopska salata, de tomate, pepino y cebolla cubierta de queso blanco rallado. El barrio lo preside la enorme fortaleza Tvrdina Kale, de época romana, y desde cuyas murallas se puede disfrutar de una preciosa vista de la ciudad. Y muy cerca está la serena mezquita de Mustafa Pasha, rodeada de un hermoso jardín de rosas y que recuerda, tanto en su interior y exterior a Estambul. O la escondida iglesia Sveti Spas, enterrada a 2 metros bajo tierra según regulaba la norma otomana.

Para entender la cara comunista de Skopje, hay que saber que en 1963 hubo un terremoto que destruyó el 65% de la ciudad y en el que fallecieron más de 1000 personas y hubo miles de heridos. Donde más visible se hace esta tragedia es en la antigua estación de trenes de piedra, que se dejó medio derruida y con el reloj parado en la hora a la que se produjo el terremoto y que ahora alberga el museo de la ciudad. La respuesta internacional fue ejemplar, con países de todo el mundo colaborando (incluyendo estadounidenses y soviéticos) capitaneados por la ONU. El arquitecto Kenzo Tange, responsable de reconstruir Hiroshima, lideró el proyecto y aún quedan muestras sublimes de esa época, como la impresionante sede de los Correos Macedonios, que aunque que quemó en 2015, mantiene su estructura de cemento brutalista que tanto me recordó a Brasilia.

Por otro lado, también vale la pena pasear por Debar Maalo, el nuevo barrio de moda, lleno de árboles, bares y restaurantes que se alternan con embajadas y galerías de arte. Aquí hay varios buenos restaurantes donde degustar las carnes macedonias acompañadas de ajvar, la tradicional salsa dulce de pimiento rojo balcánica, así como los quesos frescos o fritos locales. No muy lejos está la futurista Casa de la Madre Teresa de Calcuta, un edificio de arquitectura peculiar construido encima de los restos de la iglesia donde fue bautizada la ciudadana de Skopje más internacional. En ella hay fotos y objetos de la Santa, y en el segundo piso una capilla de vidrio cubierta de filigrana de hierro siguiendo la tradición macedonia.

No os asustéis por las manadas de perros abandonados comunes en la ciudad. Son inofensivos siempre que no vayas en bici (que les pone nerviosísimos) o se topen con perros de otra banda. En ese caso, mejor no os pongáis por el medio.

Kosovo, el país más joven de Europa

Una excursión de un día muy sencilla y agradable desde Skopje es el pequeño país de Kosovo (o provincia serbia según la propia Serbia, Rusia, España o Brasil, que aún no reconocen a esta república balcánica). El caso es que los Estados Unidos de América y sobre todo la UE y Turquía, sí les reconocen y apoyan de forma decidida a consolidar sus estructuras de Estado y crecimiento económico. Alquilad un coche y pagad el suplemento para poder cruzar a Kosovo, y poder así ver varias cosas con flexibilidad.

Tras un facilísimo cruce de fronteras, recorriendo sus nuevas y fabulosas autopistas, llegamos al enclave serbokosovar de Gracanica, monasterio fundado en 1321 por el rey serbio Milutin, en cuyo centro se sitúa una bellísima iglesia con impresionantes pinturas medievales. Está prohibido hacer fotos del interior, que son espectaculares, testimonio del apogeo de la cultura eclesiástica bizantino-románica de la región balcánica entre los siglos XIII y XVII, y mezclan las influencias del arte ortodoxo oriental y las tradiciones del arte románico occidental. Este estilo ejerció una influencia decisiva en el arte balcánico de épocas posteriores. Durante nuestra visita se celebraba una boda con música folklórica serbia, todo el mundo muy arreglados y una gran bandera serbia ondeando en el grupo familiar. Para los serbios, Kosovo es la cuna de la identidad serbia y sus monasterios donde surgió su Iglesia. Curiosead por la tienda de alimentos donde se vende todo tipo de productos orgánicos así como dulces caseros serbios conservados en neveras.

A unos minutos en coche se encuentra la reserva de osos de la ONG Four Paws, en mitad de un bosque a orillas de un lago. Allí vimos muy de cerca a varios osos pardos rescatados de restaurantes de toda Europa donde los tenían en jaulas de exhibición, que se recuperan en recintos espaciosos, semi-boscosos y en algunos casos, con otros osos. Mientras que a algunos se les ve felices en sus recintos, otros dan vueltas alrededor de las verjas o en las puertas abiertas de sus habitáculos cubiertos, mostrando traumas y necesidad de estar cerca de humanos. Por cierto, su tienda cuenta con souvenirs de alta calidad. También hay un restaurante vegetariano pero los fines de semana está a tope (o eso nos pasó a nosotros).

Pero si los serbios nacieron en Kosovo, fueron derrotados y expulsados por los otomanos en 1389, tras los que se produjeron 500 años de islamización parcial y además, la población albanesa se convirtió en mayoritaria. Sin embargo, el el siglo XX, Kosovo volvió a ser parte de Serbia como una provincia más, dentro de Yugoslavia. Y a su capital llegamos, Pristina, y dejamos el coche en un céntrico parking. Se trata de una ciudad mediana de atractivo cuestionable, pero en plena ebullición. La peatonalización del céntrico bulevar Nëne Tereza ha revitalizado todo su centro que va transformándose poco a poco. Pero aún se ven heridas de los conflictos entre serbios y albanokosovares que empezaron en los 80. Optamos por un tour guiado para entender mejor esta joven ciudad, y empezamos por la estatua de Ibrahim Rugova, intelectual y político que lideró la resistencia a los serbios creando escuelas en albanés y estructuras propias en la sombra sin violencia: buscaba la independencia pero sin guerra. Sin embargo, la creciente violencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad yugoslavos (formados mayoritariamente por serbios) hacen que una parte de los albanokosovares se agrupen en el Ejército de Liberación de Kosovo para defenderse de la limpieza étnica que empezó expulsando a miles de personas de sus hogares, incluyendo miles de violaciones a mujeres y asesinatos en general. Una conmovedora estatua hecha a relieve de más de 2000 círculos que sobresalen recuerdan a estas víctimas en el Parku Heroinat. Y las flores y ramos que se acumulan a los pies muestran que sus familias no las han olvidado. Para evitar que el conflicto escalara como el de Bosnia, la OTAN bombardea Serbia, pese a no contar con mandato de la ONU, y Serbia acaba retirando sus fuerzas de Kosovo que, esta vez sí, queda bajo mandato ONU. Soprende ver los nombres de calles o bulevares: desde Avenida George Bush hasta Bulevar Bill Clnton o calle Madeleine Albright. Los kosovares están profundamente agradecidos a las administraciones estadounidenses que hicieron posible su independencia, que declararon unilateralmente en 2008 y ya han reconocido 115 países. Lo curioso es que la mayoría hubiera querido unirse en una Gran Albania, pero eso hubiera sido inaceptable para el 8% de población serbia y para toda la vecindad, así que optaron por un Estado plurinacional que reconoce gran autonomía a la minoría serbia.

Tal vez el mayor atractivo de la ciudad, más allá del mura del Dua Lipa (que viene todos los años al Sunny Hill Festival que ella creó) sea la impresionante biblioteca nacional, de 75 cubos de hormigón coronados por 75 cúpulas transparentes y cubierta de una filigrana metálica muy artística.

Ohrid

De vuelta a Macedonia, y más allá de las curiosidades de Skopje, el auténtico polo turístico del país es Ohrid, lago de agua dulce de más de tres millones de años, que alberga numerosas especies endémicas de vegetales y animales acuáticos que datan de la Era Terciaria. Su belleza es impactante, sobre todo por sus aguas transparentes e impecables. Nosotros hicimos la ruta por carretera parando a medio camino en la bulliciosa ciudad de Tetovo, enclave albanomacedonio que cuenta con la famosa mezquita de colores, con un exterior e interior coloridos que parecen sacados de las mil y una noches.

Como en la parte final del viaje me encontraba regular del estómago no pude probar la famosa trucha de Ohrid así que queda pendiente para una futura visita. Lo que sí pude visitar fue el famoso monasterio de San Naum, que lo fundó como centro educativo para poder facilitar la evangelización con el nuevo alfabeto cirílico. Dentro del monasterio está la bella iglesia con frescos que invitan a la reflexión y la tumba de San Naum, donde si uno pone la oreja aún se escuchan los latidos amortiguados del santo. Lo que sí o sí veréis al salir son las impresionantes vistas del lago. Se puede pasear por sus jardines mientras los pavos reales despliegan sus bellas colas para disfrute de los turistas que los fotografían sin piedad. Los terrenos los cruzan las aguas del lago Prespa, que desembocan aquí con fuerza en el lago Ohrid, cristalinas, permitiendo ver claramente el fondo en lugares incluso de más de tres metros de profundidad.

Nosotros nos quedamos en la ciudad de Ohrid, concretamente en su agradable casco antiguo, de calles empedradas y casas tradicionales. Y aunque tuvimos la mala suerte de que hiciera fresco y lloviera gran parte del tiempo, pudimos aún así disfrutar de las vistas y monumentos. Lo que más me gustó fue el paseo marítimo, construido como pasarela de madera encima del mar y al lado de los acantilados y que serpentea hasta el pueblo de pescadores de Kaneo, perfecto para el atardecer y llegar hasta la serena iglesia de San Juan de Kaneo del siglo XIII, situada en un acantilado frente al mar y edificio más fotografiado de Macedonia. Sentarse en los bancos de su jardín y observar la puesta de sol, el lago y las estrellas que van salpicando el cielo es tremendamente recomendable.

La parte más alta de la ciudad está presidida por los restos de una fortaleza medieval en cuyo interior se encuentra el teatro griego, que aún se usa hoy en día. En abril estaba bastante tranquilo todo, pero estoy seguro que las callejuelas y calas de la ciudad bullen en verano. Habrá que volver a comprobarlo.

IMPRESCINDIBLES

Comer

Tavce gravce con lukanci, en la Carsija

Beber

Café turco en las cafeterías de Pristina.

Escuchar

Hallucinate de Dua Lipa.

divendres, 20 de febrer del 2026

Véneto

Véneto 

El Véneto es una región italiana con gran personalidad y de un gigantesco interés. Su rica historia ha dejado un conjunto de ciudades y pueblos bellísimos, cargados de arte, cultura y gastronomía. Más allá de la maravillosa Venecia, recomiendo visitar otras joyas como Padua o Verona; y espero poder volver para visitar también Vicenza y Treviso, entre otras localidades.

Padua

Esta ciudad véneta ofrece animadas plazas con mercados, la segunda universidad más antigua del mundo, el primer jardín botánico de la humanidad, la obra maestra de Giotto y sobretodo, la gigantesca basílica del siglo XIII en honor a San Antonio de Padua. Además, como un amigo es de allí, aproveché para visitarle unos días y descubrir esta bella ciudad.

Además de pasear por su agradable centro histórico, la joya de la corona de la ciudad es la capilla Scrovegni. En ella, Giotto pintó su obra maestra a principios del siglo XIV: 38 escenas bíblicas que transformaron la pintura a final de la Edad Media y abrieron el camino a las nuevas técnicas del Renacimiento. El realismo, las emociones y sobretodo el poder de los colores anticipaban la revolución artística que vendría décadas después. Para visitarla hay que comprar la entrada con 72 horas de antelación como mínimo (es decir, tres días) y elegir la franja horaria en la que hacerlo, ya que solo se puede entrar a la capilla en turnos de 30 minutos. Si por lo que fuere os olvidasteis o no lo planificasteis, acudid de todos modos a las taquillas a partir de las cinco de la tarde por si quedaran algunas entradas sin vender. Yo tuve suerte.

La característica más llamativa de la capilla es su azul cobalto plagado de las famosas estrellas que pintó Giotto y que hoy son un símbolo de la ciudad. De hecho, hasta el tapizado de los asientos de los tranvías tienen este estampado. Además de las 38 escenas bíblicas, la capilla está presidida por un gigantesco fresco representando el Juicio Final, con el cielo y el infierno, destacando la representación de Satán y el hecho de que uno de los condenados sea un Papa (se distingue por su mitra papal). Lo que nunca desveló Giotto fue a que Papa se refería.

Además de la capilla, Padua también es sede de gigantescas iglesias, destacando la enorme basílica de San Antonio, de estilo románico, con enormes cúpulas bizantinas y campanarios que recuerdan más bien a minaretes islámicos. Se alzó para acoger las reliquias del Santo, expuestas en la capilla más grande, destacando su lengua incorrupta, su quijada y sus cuerdas vocales. Cientos de devotos de toda la Cristiandad abarrotan la basílica cada día para pedirle al Santo, en cuya tumba se amontonan fotografías de las personas agradecidas por haber cumplido con sus peticiones. En las pastelerías cercanas degusté el dulce del Santo, compuesto por una base de hojaldre crujiente rellena de mermelada de albaricoque, naranja confitada y cubierta con bizcocho de almendras.

Finalmente, Padua cuenta con la segunda universidad más antigua del mundo. Y de hecho, su jardín botánico es el primero de la historia, creado en 1545. Por ello, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Ha conservado su trazado primigenio formado por un terreno circular, símbolo del mundo, rodeado por un anillo de agua. Cada zona cuenta con distintos tipos de plantas: alimentarias, venenosas, curativas... Con el correr del tiempo se le fueron agregando pórticos ornamentales y balaustradas así como instalaciones de bombeo de agua e invernaderos. El jardín sigue cumpliendo su función original de centro de investigación científica. Desde hace unos años se le ha añadido una gran zona nueva compuesta por un macro invernadero dividido en cuatro zonas, en las que a través de mecanismos de temperatura y humedad se recrean las condiciones de entornos tropicales, subtropicales o áridos, para albergar aún más variedades botánicas y permitir a los estudiantes universitarios aumentar su conocimiento de las mismas. Disfruté mucho visitando estas instalaciones didácticas, así como los antiguos invernaderos en los que tienen una colección de plantas carnívoras.

Finalmente, paseamos por la ciudad, disfrutando de sus bellas plazas como la dei Signori, della Frutta y della Erbe, en esta última con el bello Palacio de la Razón, su mercado de productos locales en los bajos y el célebre Bar Nazionale, en el que degustar diferentes variedades de tramezzino, que son sándwiches que por el corte realizado se presenta de forma triangular al que se les ha quitado la cáscara tostada. Allí los rellenan tanto de lo tradicional en el norte de Italia así como de elementos de temporada como la achicoria roja o la alcachofa, acompañados de jamón dulce o mortadela boloñesa, entre otros. Y para beber, nada mejor que un Aperol Spritz, cóctel con el Aperol como protagonista, licor a base de naranja amarga y ruibarbo, producido en la propia Padua.

Vale la pena visitar también el Prato della Valle, la plaza más grande de Italia, con una isla verde en el centro rodeada por un pequeño canal bordeado por dos anillos de estatuas de personalidades italianas.
Una de las cenas fue en la Enoteca dei Tadi, restaurante que ofrece comidas y vinos del Véneto y las regiones vecinas. Cocinan con calidad y su personal fue muy amable. Cuenta con una variedad de vinos buenísimos: nosotros probamos un vino tinto de Verona estupendo. Cómo entrante un queso frito del Friuli acompañado de speck del Tirol. Como plato principal pedimos bacalao, la especialidad del Veneto, en este caso a la vicentina (con una salsa de leche, cebolla y ajo) acompañado de polenta a la parrilla.

En casa de mi amigo Andrea probé el baccalà mantecato, la forma de preparar el bacalao de la región, cocinado y reducido a crema con abundante aceite, ajo y perejil. Finalmente, fui a una pizzería de Padua buenísima: Da Pino, con un gran ambiente y un servicio impecable. Su carta de pizzas ofrece una lista que cambia con cada temporada según los ingredientes disponibles. Como era invierno, servían unas pizzas con la alcachofa como punto central y otras con radicchio (achicoria roja), de las que pedimos una acompañada de casatella, un queso de Treviso. Y para beber, cervezas artesanales de la región del Véneto.

Verona

Brevemente, en un intercambio de más de dos horas en la estación de Verona, también pude visitar su principal arteria, el elegante Corso Porta Nuova, así como la Piazza Brà, presidida por la arena de Verona, un enorme anfiteatro romano. 

Allí compré uno de los deliciosos pandoros tradicionales veroneses y probé la torta rusa de Verona en la histórica pasticceria Barini. Esta torta fue inventada por un chef italiano de repostería que trabajaba en Odessa. Se compone de un corazón de almendras trabajadas muy finas combinadas con azúcar recubierto con un hojaldre fresco preparado a mano. Volveré a esta ciudad para explorar su centro histórico, especialmente las casas de Romeo y Julieta.

diumenge, 23 de novembre del 2025

Lima

La capital gastronómica de Sudamérica

Lima es una ciudad gigante con mucho por hacer, ver y, sobre todo, comer. Si por algo se viene a la capital del Perú es por su variada y deliciosa gastronomía, para todos los gustos y bolsillos. De lo que pude ver, mi primer consejo es que os quedéis en Miraflores: es el barrio más agradable para pasear, con más tiendas y restaurantes, y relativamente cerca del resto de lugares a los que os apetecerá ir.

Y para empezar una visita a la capital peruana, nada mejor que mezclar historia y gastronomía en el lugar con los restos más antiguos de la ciudad: la Huaca Pucllana, que además cuenta con su restaurante con vistas a las ruinas. El lugar es un enorme centro ceremonial de adobe de siete pisos en forma piramidal construido por la cultura Lima en el año 400. Luego fue usado por la cultura Wari que enterró aquí a sus momias. Lo mejor es disfrutar de las impresionantes vistas de estas ruinas desde el restaurante del complejo, que sirve platos clásicos de la gastronomía peruana como el cebiche a la limeña o el filete de paiche amazónico en salsa de ají negro con majado de yuca y coco. Personalmente me encantó el dulcísimo suspiro de limeña de postre. Y todo acompañado de un buen pisco sour.

Y si sólo pudierais visitar un museo, no hay duda: el Museo Larco, en la parte oeste de Lima. Es perfecto para comprender mejor aún el pasado precolombino de la ciudad y el país. Se encuentra en la elegante mansión del siglo XVIII que alojaba al Virrey del Perú, ahora llena de exposiciones de artefactos encontrados por el coleccionista Rafael Larco. Las exposiciones, perfectamente presentadas y explicadas, incluyen desde maravillosas piezas de cerámicas de varias culturas como la Lima, la Wari o la Quechua; hasta alucinantes objetos de metal, telas o figuras de madera. La parte más curiosa es la colección de figuras eróticas, donde aprender de esta parte tan importante de la cosmovisión de las culturas precolombinas. 

La Lima colonial

Vistas las partes precolombinas de la ciudad, el gran tesoro de Lima es su parte colonial, para la que recomiendo un circuito guiado a pie que facilita comprender aspectos básicos de dicho periodo y arquitectura. Lima, la “Ciudad de los Reyes”, fue la urbe y capital más importante de los dominios españoles en América del Sur. Fundada por Francisco de Pizarro en el siglo XVI, muchos de los edificios originales se perdieron debido a los graves daños sufridos por varios terremotos y la mayoría de los que se ven hoy en casco histórico son del siglo XVIII. Aún así, la ciudad mantiene numerosas joyas arquitectónicas, como el convento de San Francisco, el más grande de esta parte del mundo en su género. Lo que hace especial a todos estos edificios limeños es que son creaciones única resultados de la colaboración de artesanos y artistas locales con arquitectos y maestros de obras del Viejo Continente. Una mezcla única del barroco católico europeo y los estilos y mitos del antiguo imperio de los Incas.

El centro colonial de Lima está al sur del río Rímac y es un damero de calles rectas cuyo corazón se encuentra en la impresionante plaza de Armas, jalonada por el grandioso palacio de Gobierno (aquí vive quien ostente la presidencia del Perú), la catedral metropolitana, el palacio arzobispal, la sede del gobierno municipal y unos paseos porticados estupendos. Vale la pena ver el cambio de guardia presidencial cada mediodía, pero también hay que disfrutar de la mágica iluminación de la plaza por las noches. Acercaos también al parque de la muralla, donde antes se alzaba la barrera colonial de protección de la ciudad, para ver como los barrios más humildes construidos en las colinas cercanas fueron pintados de colores por un alcalde para que las vistas fueran más agradables.

En Lima hay tantas iglesias, que uno se agota. Por eso, si solo queréis entrar en una, entonces no hay duda: el monasterio de San Francisco. Este edificio amarillo contiene tantos tesoros que vale la pena dedicarle una hora guiada: desde la bella pintura que vincula a San Francisco con el mismo Jesús a través de un árbol genealógico, hasta la impresionante cúpula morisca geométrica en madera y motivos islámicos de la escalinata principal o la biblioteca de película que guarda más de 25,000 libros, muchos incunables traídos de Europa. El agradable patio con sus pinturas en los pasillos y su cerámica es también fabuloso, por no hablar de las 13 pinturas del refectorio, que salieron del taller de Zurbarán. Aunque lo más curioso de la visita son sus enormes catacumbas, llenas de más de 70,000 esqueletos que, por alguna razón que se me escapa, han sido recolocados en formas decorativas que me chocaron sobremanera. 

Si os apetece alguna iglesia más, recomiendo la de Santo Domingo, sobre todo por ser lugar de reposo de los tres santos peruanos con más devotos: San Juan Macías, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres (el primer santo negro de las Américas). Los encontraréis en el altar lateral al altaR mayor del templo. Otra iglesia bonita, al menos la fachada, es la de la Merced: su estilo churrigueresco es precioso, y el hecho de que fue en ese solar donde se celebró la primera misa de la ciudad la convierten en un lugar curioso.

Para casonas del centro, la mejor es el palacio Torre Tagle, con su pórtico barroco, sus balcones de celosía arabesca y sus elegantes estancias. Ahora es sede de la Cancillería del país. La Casa Oquendo,  en azul oscuro, es también bonita para ver desde fuera. Fue la más alta de la ciudad durante décadas.

La Lima republicana

El 28 de julio de 1821, el general San Martín proclamó la independencia efectiva del Perú en Lima efectiva el tres años después, cuando el ejército criollo venció al imperial en la batalla de Ayacucho. Para entender esta época, pasead desde la plaza de Armas hasta la plaza San Marín por el Jirón de la Unión, un paseo peatonal venido a menos pero que hasta mediados del siglo XX fue el lugar donde ver y ser visto, favorito por las elites aristocráticas, primero y republicanas, después. Los limeños aún dicen “vamos a jironiar” cuando se refieren a pasear en general o ir de tiendas. Llegaréis hasta la, aún elegante pero muy decadente, plaza de San Martín, llena de edificios señoriales, con una enorme estatua del libertador en el centro y el icónico Gran Hotel Bolívar en uno de los lados. Vale la pena curiosear en los centenarios comercios, especialmente en la Pastelería San Martín, donde aún preparan cada día enormes turrones de doña Pepa que se agotan en un abrir y cerrar de ojos, considerado el mejor de la ciudad. Este dulce tradicional limeño que se suele comer en octubre está hecho de cilindros de harinas infusionados en frutas y especias pegadas con miel.

Un almuerzo típico de la época sería en La Botica, una taberna criolla donde pedir un piqueo, como una porción de pejerrey enrollado (un pescado parecido al boquerón) al limón y aceite de oliva; y de principal, pallares (unas alubias grandes y tiernas) con lomo saltado. Y para una cena con bailes típicos peruanos (tanto de la época anterior a la llegada de los castellanos como de las épocas colonial y republicana) antes escoged Casa Tambo, donde además de los bailes interesantes que harán en mitad del salón mientras cenáis, servirán deliciosos platos de toda la geografía del país.

La Lima de hoy

Después de El Cairo, Lima es la segunda mayor ciudad del mundo construida en un desierto. Sus problema de agua son gravísimos, especialmente con su crecimiento sin pausa de población y barrios informales. El gran contraste son Miraflores y San Isidro, elegantes barrios ajardinados que compiten por atraer los mejores lugares de la ciudad con Barranco, otro de los barrios de moda, al que no tuve la suerte de ir: a la próxima no fallaré. Personalmente dormí todas las noches que pasé en la ciudad en San Isidro, centro bancario y de embajadas; y barrio rico, muy tranquilo por las noches. Por cierto, os recomiendo visitar el Centro Cultural de España en Lima, un innovador centro de arte contemporáneo donde artistas de Perú y España exponen obras en exposiciones temporales interesantísimas en la vanguardia de la ciudad.

En San Isidro se encuentra el lugar donde nació la cocina novoandina: Astrid y Gastón. Gastón Acurio, hijo de un senador peruano, fue a Madrid en los años 80 a estudiar derecho. Sin embargo, su pasión era la cocina, que estudiaba en secreto, hasta que tres años después decidió marcharse a París para aprender en Le Cordon Bleu. Allí conoció no solo las técnicas de la nouvelle cuisine, sino también a la que sería su mujer: la chef alemana Astrid Gutsche. Se casaron y volvieron a Lima donde fundaron su restaurante, que empezó sirviendo alta cocina francesa. Poco a poco fueron introduciendo ingredientes peruanos hasta crear la actualmente popularísima cocina novoandina, consiguiendo que el restaurante se convirtiera en uno de los mejores del mundo. Astrid y Gastón ya no es tan caro ni está tan alto en los rankings como hace unos años, pero sigue siendo estupendo para una noche de comida deliciosa entre amigos. Nosotros tuvimos la suerte de degustar cuy a la pekinesa en crepe de maíz morado, tiradito de lenguado bachiche en leche de tigre de albahaca y tortellinis de lúcuma en salsa meunier de conchas al capuchino, Y de postre chocolate tibio con uchucuta por un lado y el homenaje a la lúcuma con algarrobina, anís y aroma de palo santo. La sede del restaurante, la casa Moreyra, es en sí misma un destino, con su agradable tienda de recuerdos de excelente gusto, su capilla privada, los salones con recuerdos de la pareja de chefs o la bonita fachada con el gran balcón. Además, enfrente está una de las sedes de Tanta, un popular bistró también de Gastón Acurio, donde probar los clásicos de la gastronomía peruana con raciones potentes y un ambiente más relajado, sin necesidad de reservas. Su ceviche a la limeña, estofado de la abuela o ají de gallina son excelentes. 

En San Isidro también está Matsuei, restaurante que fundó el famoso Nobu pero que ahora tiene otros dueños que siguen manteniendo el espíritu original a un precio más razonable. Perfecto para disfrutar de la comida Nikkei, que es resultado de la fusión de las técnicas japonesas con los ingredientes peruanos. En Matsuei tienen platos innovadores como el tiradito fusión, el sushi crocante de erizo de mar o el udon carbonara con conchas.

Y no me podía dejar la comida Chifa: una nueva gastronomía surgida de la fusión de elementos, ingredientes y técnicas de la cocina cantonesa con los peruanos. Hay muchas chifas informales en la capital peruana, pero si queréis una chic, entonces nada mejor que Shi-Nuá. Allí tienen cochinillo crocante con pure de pera asiática y chutney de castañas, wantanes, chicha morada... todo servido con estilo e ingredientes de primera.

A Miraflores fui un par de veces, y es donde me hubiera quedado si hubiera podido elegir: además de su maravilloso paseo marítimo, este barrio cuenta con tiendas, restaurantes y parques agradables, como el parque del amor, parte del paseo marítimo. Lo presido una gran estatua de una pareja y sus bancos están cubiertos de mosaicos y frases románticas de autores latinoamericanos. Si seguís caminando llegaréis al LarcoMar, un agradable centro comercial con vistas increíbles a las playas de la ciudad y al océano Pacífico.

Pese a todo lo que os cuento, Lima no me enamoró: su tráfico insoportable y su cielo gris plomizo no ayudaron. En Lima pueden pasar meses sin que se vea el sol. Pero aún así, la amabilidad de sus gentes, su increíble comida y su interesante historia la hacen ineludible para cualquier viajero. Además, es la puerta de entrada para otras maravillas, empezando por el Machu Picchu. Dedicadle tres días con sus dos noches: no os arrepentiréis. 

IMPRESCINDIBLES


Comer

Menú degustación novoandino en Astrid & Gastón.

Cebiche a la limeña en Tanta.

Platos chifa gourment en Shi-Nuá.

Platos nikkei en Matsuei.

Turrón de doña Pepa en la Pastelería San Martín.

Beber

Pisco Sour en el restaurante de la Huaca Pucllana.

Escuchar

La flor de la canela de Chabuca Granda.

Leer

Lituma en los Andes de Mario Vargas Llosa

diumenge, 16 de novembre del 2025

El Salvador

 

El "Pulgarcito" de América

Aterricé en el país más pequeño del continente americano (sin contar las islas): El Salvador. Ellos mismos se llaman el "pulgarcito" de América de hecho. Una temperatura agradable me recibió al salir del aeropuerto Monseñor Óscar Romero, quedando pronto congelado al subir al coche que me recogió y llevó al centro de San Salvador y me puse al día de la situación política del país centroamericano. Luego fui a comer al mítico "Donde Mikel" un restaurante fundado por un vasco, primero en Guatemala y ahora con sucursal aquí también, que sirve deliciosas croquetas, pescado y gambones a la plancha cocinados en aceite de oliva andaluz de excelente calidad y ajo picado. Cocina simple pero con ingredientes de gran calidad. Pero en vez de contaros mi viaje paso a paso lo que haré será insertar todo lo que hice a la vez que recorremos la historia de esta pequeña república.

Sitio arqueológico de la Joya del Cerén y de San Andrés

Antes de la llegada europea, el territorio de El Salvador estuvo habitado por pueblo pipiles, lencas y mayas. Y para entender mejor a estas gentes, hay que visitar el único patrimonio de la humanidad reconocido por la UNESCO en el país: la Joya de Cerén. Estas ruinas mayas aportan un testimonio excepcional sobre la vida cotidiana de los agricultores mesoamericanos de esa época. 

Más allá de los sitios religiosos y políticos mayas que se pueden visitar en México, Guatemala o Honduras (como cuando visité Copán), lo que hace única a la Joya de Cerén es que aquí se puede ver el día a día de la gente normal de la civilización maya, y no de sus élites. Las casas tenían el dormitorio separado de la cocina en dos estructuras diferentes; y también contaban con una tercera estructura que era el granero. Y contaban con sus propios huertos para obtener vegetales y tubérculos. Esta comunidad agrícola es el equivalente maya a las ciudades romanas de Pompeya y Herculano, ya que fue repentinamente sepultada por una erupción del volcán Laguna Caldera hace 1400 años. Gracias a su perfecto estado de conservación, ahora comprendemos la vida de estas gentes.

En la estructura central de la aldea aún se puede ver la sala central con dos bancos donde se reunían los más mayores de la aldea para tomar decisiones. Y además, varias casas contaban con una cuarta estructura que eran los temazcales, saunas mayas con una estructura de cúpula y una pequeña entrada, y dentro un agujero donde se ponía madera con hierbas que se prendía y cuyo fuego calentaba una parte donde ponían agua líquida que se convertía en vapor. Esto demuestra que los mayas ya conocían los efectos terapéuticos de las saunas.

He de reconocer que los franceses han hecho muy buen trabajo en cooperación con los salvadoreños para mejorar la conservación de este lugar con grandes cubiertas para la lluvia así como la construcción de un  museo anexo se pueden ver algunas piezas interesantes de vajilla decorada que usaban.

No muy lejos de la aldea se encuentran las ruinas de San Andrés, el centro político-religioso del que dependía la aldea, ya que los mayas vivían en ciudades-estado (como los griegos), que compartían lengua y religión pero que basaban sus relaciones en alianzas militares y comerciales entre ellas. 

De camino entre un sitio y el otro paramos en La Querencia, un restaurante de carretera típico centroamericano con deliciosos y sabrosos platos salvadoreños, así como bebidas caseras como su horchata hecha con semilla de morro tostada y varias especias como la nuez moscada, canela o vainilla, a diferencia de la valenciana (de chufa) o la mexicana (de arroz).

Llegamos a San Andrés cuyas ruinas incluyen plazas, pirámides y templos, aunque siete metros de cenizas cubren la mayor parte de las pirámides, que solo tienen desenterradas sus cimas, ya que la actividad arqueológica se paralizó con la Segunda Guerra Mundial, cuando los arqueólogos estadounidenses que estaban en ello se quedaron sin fondos. Las cenizas no son feas, y que su fertilidad ha hecho que crezca una frondosa selva encima de ellas, excepto en las partes taladas por los arqueólogos donde se extienden un tupido césped de color verde brillante.

En la galería anexa a estas ruinas hay algunas de las piezas interesantes que se encontraron en las excavaciones, como una interesante figurita ceremonial que estaba rodeada de conchas marinas.

Para ver el gran volcán que sepultó estas poblaciones recomiendo acercarse al parque nacional El Boquerón. Es una excursión bonita desde la capital y basta subir en coche hasta la entrada del parquen en lo alto del volcán, y luego realizar un agradable paseo hasta el borde de su caldera, en una senda bien indicada y con escalones, no especialmente difícil, y miradores muy agradables. La naturaleza frondosa y con flores de colores es también preciosa, y las vistas de la caldera del volcán dormido en el centro, impresionante. 

Los siglos del Imperio español y la independencia

El caso es que los mayas colapsaron como civilización y décadas después los castellanos llegaron a esta parte del continente en el siglo XVI, pasando a ser parte del Virreinato de Nueva España y siendo gobernados desde la ciudad de la Antigua, en Guatemala, dentro del Imperio Español. De aquí han heredado la lengua castellana así como el catolicismo, que sigue siendo la religión mayoritaria pese al avance de las iglesias evangélicas que llegan desde Estados Unidos. Yendo en carretera pude ver una procesión de varios coches decorados con globos llevando el que la encabezaba a una Virgen y seguido de otros tantos con niños subidos en los capós o techos (algo peligrosísimo) o en las partes traseras de las pick-up.

Ya en 1821 El Salvador declaró su independencia de España, siendo parte de la República Centroamericana, aunque luego se convirtió en una república independiente en 1841. En el Palacio Nacional de San Salvador, que acogió durante décadas a los tres poderes de la República, aún se puede visitar el antiguo parlamento, la sede del tribunal supremo y el despacho del presidente de la República, en cada una de las alas del restaurado palacio. Por cierto, restauración algo kitch que no me gustó por recordarme más a la mansión de un narco que a un edificio decimonónico con solera. Aún así lo recomiendo mucho ya que las visitas guiadas son gratuitas. Las tres instituciones se desplazaron a otros edificios en 1972.

No muy lejos del Palacio Nacional hay varias pupuserias, feas la mayoría de ellas, pero deliciosas todas. Yo me acerque paseando a la Pupusería San José, en una calle muy desagradable pero con buen sabor. Y las probé primero de maíz. Las pupusas son símbolo nacional del país, de origen pipil y muy nutritivas. Recién hechas están deliciosas.

Un final de siglo XX violento y un nuevo futuro

El Salvador vivió un siglo XX de varias dictaduras y grandes desigualdades sociales. Y lo peor fue que en 1980 estalló una guerra civil entre el gobierno y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, que duró hasta 1992, dejando más de 75,000 muertos. Este conflicto se puede enmarcar dentro de la Guerra Fría, ya que enfrente a un gobierno de derechas frente a guerrilleros izquierdistas. Tras los acuerdos de paz de 1992, El Salvador avanzó en democracia, pero las grandes desigualdades sociales llenaron al país de maras y pandilleros que se organizaban para controlar el mercado de la droga y extorsionaban a barrios enteros y comerciantes cobrando a cambio de no robarles (o matarles). Llegó a ser el país más peligroso del mundo, con tasas de asesinatos por encima de países en guerra como Irak. Sin embargo, la victoria del presidente Bukele hace unos años acabó de raíz con la violencia e inseguridad lanzando un estado de excepción y realizando detenciones masivas que suspenden el proceso debido y ciertos derechos humanos. Además, convirtió a El Salvador en el primer país que hizo Bitcoin moneda de curso legal con resultados muy controvertidos. También rompió relaciones con Taiwán, reconociendo a la RDC como única China. A cambio, Xi JingPing le regaló el Estadio Nacional y la Biblioteca Nacional, un símbolo de renovación cultural y tecnológica con miles de libros, zonas interactivas y espacios para leer, trabajar o relajarse abiertos las 24 horas.

Su diseño ultramoderno en la plaza central de la capital contrasta con el resto de edificios. Pero lo cierto es que ha dado vida y seguridad a una zona antes deprimida y busca acercar la lectura o el ocio sano (videojuegos, juegos de mesa...) para acabar con la anterior cultura de pandillas, alcohol y drogas. Por eso siempre está abierta, día y noche.

Para entender el panorama artístico del país vale laS pena visitar la galería de arte y taller "El Árbol de Dios" del ya fallecido artista Fernando Llort, que ahora gestiona su amable hijo y al que es fácil encontrarse por allí. Se le considera el gran artista nacional del país y vale la pena descubrir su obra de estilo naif que mezcla cristianismo, simbolismo indígena, amor por la naturaleza y búsqueda de armonía social, transmitiendo paz, ternura, unidad y esperanza después de décadas de violencia. Se pueden adquirir originales de algunas obras así como facsímiles u objetos decorados con diseños que ahora copian artistas en el taller. Para los inversores en arte, es una oportunidad ya que los precios siguen siendo accesibles para un artista que podría revalorizarse en cualquier momento.

Finalmente, y del lado gastronómico, no me quise ir sin volver a comer pupusas, esta vez de arroz, en el Pupusódromo de Olocuilta, de camino al aeropuerto. Se rellenan de loroco, frijoles molidos, queso, pollo, carne... o de todo a la vez. Deliciosas. Aquí, además de la gran concentración de pupuserías, también se pueden ver las dos enormes planchas metálicas en las que se cocinaron las pupusas más grandes del mundo.

En fin, si vuelvo a El Salvador será ya para conocer su costa, según dicen excelente para surfear, y también sus pueblos coloridos como Suchitoto.

IMPRESCINDIBLES


Comer

Pupusas de arroz o maíz en El Pupusódromo de Olocuilta. 

Beber

Horchata salvadoreña en La Querencia.


Comprar

Obras de arte de Fernando Llort en El Árbol de Dios.

Escuchar

El carnaval de San Miguel de Paquito Palaviccini.

Ver

Salvador de Oliver Stone.

dimecres, 29 d’octubre del 2025

Potosí, Sucre y Uyuni

Chuquisaca y Potosí

Además de La Paz, tuve la enorme suerte de pasar casi tres semanas en dos de los departamentos más interesantes de Bolivia: Chuquisaca, un departamento cuya capital, Sucre, es también la capital constitucional del país y una de sus ciudades más bellas; y Potosí, en pleno altiplano, también cargado de historia, con paisajes espectaculares y dos puntos clave en cualquier visita al país: la ciudad minera de Potosí (que llegó a ser la más habitada del mundo en el siglo XVII) y el icónico salar de Uyuni.

Para llegar hasta aquí tenéis básicamente dos aeropuertos: el de Sucre y el de Uyuni, ambos conectados con vuelos a La Paz y Santa Cruz de la Sierra, aunque el de Sucre casi siempre requiere de escala en Cochabamba para llegar a ambas. Los traslados internos los recomiendo hacer con un coche alquilado con chófer: Bolivia es el país con mayor siniestralidad en carretera del mundo, por lo que mejor dejarlo todo en manos de profesionales. Y siempre circular de día, ya que las carreteras de estas zonas no están iluminadas.

Aterrizaje en la ciudad blanca

La ciudad más bella de Bolivia, y su actual capital constitucional (aunque solo sea sede del poder judicial) es Sucre, una de las primeras ciudades americanas que proclamó su independencia de España, y fue la primera capital de Bolivia hasta que en 1898 perdió la sede del poder ejecutivo y legislativo en favor de La Paz. Nada más llegar me sorprendió por su vitalidad y buena energía y el blanco refulgente de sus casas.

Se fundó en 1538 por Pedro Anzures por orden de Pizarro como Ciudad de la Plata de la Nueva Toledo. Tras la independencia de España, la ciudad se rebautizó como Chuquisaca, nombre quechua que finalmente se volvió a cambiar en 1839 cuando se le bautizó en honor al militar venezolano y líder de la independencia sudamericana, Mariscal Antonio José de Sucre, que además fue el segundo presidente de Bolivia.

No le llaman la ciudad blanca por casualidad: cada año, por ley, las paredes del centro histórico deben repintarse de un blanco reluciente, que generan un bellísimo contraste con el rojo intenso de sus tejas. Cuenta con numerosas iglesias bien conservadas de esa época como las de San Lázaro, San Francisco y Santo Domingo o el impresionante oratorio de San Felipe Neri, que ilustran la mezcla de las tradiciones arquitectónicos locales con los estilos importados de Europa.

Nos instalamos en el bello parador Santa María la Real, antigua sede del poder judicial de esta parte del imperio español, ya que antes de ser hotel este palacete acogió la Real Audiencia de Charcas. Este edificio se ha reconvertido en un elegante establecimiento donde desayunar en un salón en el que antes juzgaban casos de todo tipo.

Y empezamos la visita por la bellísima y bien cuidada plaza 25 de Mayo, en la que se encuentra el único edificio al que sí o sí se debe entrar: la Casa de la Libertad. Aunque fue sede de la antigua Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca, y antes capilla de un convento jesuita, aquí se reunió el primer parlamento boliviano que declaró su independencia de España. En la elegante sala hay enormes cuadros de los héroes y heroínas de la independencia así como el acta de independencia del Alto Perú, que luego se rebautizó como Bolivia en homenaje al héroe independentista. Y eso que Bolívar nunca quiso dicho honor. De hecho, él propuso que la nueva república se llamara Azurduy, en honor a Juana Azurduy de Padilla, gran heroína y madre de la patria, que comandó a miles de hombres y a la que se nombró Mariscala de la República a título póstumo por el gobierno boliviano.

En otra de las salas cuelgan los retratos de todos los presidentes de Bolivia, incluyendo el de Evo Morales o del eterno candidato a la reelección Jorge "Tuto" Quiroga. Visitad el edificio con una de las guías que, voluntariamente, lo explican todo súper bien.

También es interesante cruzar al cercano antiguo Palacio del Gobierno Nacional, ahora sede del poder provincial de Chuquisaca, pero que guarda gran esplendor y cuyas vistas de la plaza desde su estructura metálica son preciosas

Otro tejado al que recomiendo subir es al de San Felipe Neri, no sólo por las vistas, sino también por la propia belleza de este antiguo convento ahora colegio privado. Haced la visita guiada también.

Y hablando de comida, en Sucre hay que probar el saice, guiso típico a base de carne picada, arvejas, papa y zanahoria en ají colorado y comino, con tomate y cebolla natural por encima. Y luego beber un expreso de cacao amazónico, uno de los mejores del mundo, que preparan en la "Chocolatería Para Ti". Allí también se pueden comprar bombones y tabletas de chocolate de todos los sabores: desde picante ají y crujiente quinoa a sabroso coco, curiosa sal de Uyuni o el de hojas de coca.

Y es que Sucre tienen un panorama gastronómico increíble: no os podéis ir sin disfrutar de un menú degustación en el "Proyecto Nativa", un restaurante minimalista en el que usan todo tipo de ingredientes bolivianos preparados de forma innovadora y que por ello ya aparece en la lisa Latam 50 Best de la revista Restaurant. Y si no tuvieran mesa, otra alternativa es el "Restaurant El Solar", con un menú de ocho pasos también basado en ingredientes bolivianos exquisito. Ambos restaurantes se basan en el aprendizaje de sus chefs del concepto y técnicas de Gustu, el mejor restaurante de Bolivia que visité en La Paz.

Rumbo a Potosí

Tras unos días en Sucre, tomamos la carretera que lleva a Potosí y pasamos por unos espectaculares valles altoandinos de película antes de llegar a la ciudad más alta del mundo a 4100 metros de altura. Aquí se concentraron más habitantes que París o Londres: 160.000 personas en el siglo XVIII. De su montaña, Cerro Rico, salió gran parte de la plata que financió las guerras del Imperio español. La mayoría de las minas de abandonaron en el siglo dejando en declive a la ciudad. Sin embargo, los restos de su acaudalado pasado aún se aprecian en la arquitectura.

La primera vez que llegué se celebraba el día de la bandera, y la ciudad lucía engalanada con cientos de banderas rojas, verdes y amarillas en sus balcones mientras los escolares de todos los barrios desfilaban por la plaza 10 de noviembre agitando cientos de banderitas. Me subí al antiguo campanario de la iglesia jesuita (ahora abandonada) para tener una vistas de la ciudad y del cerro que la creó.

Tras estas vistas fuimos a la Casa de la Moneda, centro donde se acuñaban los reales de a ocho, de plata, que circulaban no sólo por el Imperio español sino por todo el mundo, ya que se convirtió en la primera moneda de uso global. Dentro, además de ver los ingenios que acuñaban moneda, también hay un museo de minerales donde ver plata, oro pero también una bolivianita gigante. En otras salas hay objetos de plata elaborados para la élite local, como un bolso con hilo de plata. También hay preciosos cuadros barrocos, destacando el que representa al Cerro Rico como una Virgen que bendice al emperador Carlos V y al papa Pablo III con sus ríos de plata. De aquí viene la expresión "valer más que un Potosí".

Pero fuera de bromas, toda la riqueza de Potosí se extrajo al coste de más de ocho millones de vidas: muertos entre esclavos africanos y mitayos indígenas, ambos forzados a extraer el mineral a toda costa. Los lujos de unos pocos se pagaron con las vidas de millones. Por eso al Cerro Rico también le llaman la "Montaña Comehombres". La Cooperación Española a través de la AECID recuperó el arte de la platería en una Escuela-Taller donde comprar anillos, collares y broches de plata potosina realizados con gran destreza por los artesanos locales. Pero difícil reparación hay a una tierra que ha sufrido tanto.

Si hablamos de gastronomía, en Potosí hay que probar la kalapurca, una sopa de maíz molido espesa y a veces picante, con trozos de res, papa, ají colorado y hierbas andinas. Se sirve hirviendo con una piedra volcánica caliente en el medio que mantiene la cocción y le da su sabor ahumado inconfundible. Aunque el lugar más querido por los potosinos para ello es la mítica "Doña Mecha", yo la disfruté en "El Tenedor de Plata", donde el ambiente es más tranquilo, así como en el "Restaurante Tambo Señorial", con un ambiente más familiar y una kalapurka casera mucho menos picante.

Si queréis un buen café (y hojear o comprar libros interesantes), no os podéis perder "Cronopios Café Librería", en el propio Mercado Central, también interesante de recorrer. Y el monasterio de Santa Teresa merece una visita guiada: era aquí donde la nobleza española encerraba a sus segundas hijas como monjas, haciendo suculentas donaciones que aún se ven en la rica arquitectura y arte de este monasterio donde aún viven cinco monjas de clausura pero que organiza visitas guiadas por voluntarias dos veces al día. De sus salas me llamó la atención una plancha para fabricar ostias consagradas, una Virgen del Carmen vestida de generala del Ejército boliviano y la rica iglesia, aún en funcionamiento, cubierta de pan de oro. No olvidéis comprar los dulces de las monjas antes de iros: los de coco están buenísimos.

Os podéis alojar en el Hostal Virreyes, un cómodo hotel de tres estrellas con habitaciones cómodas y desayuno correcto no muy lejos de la plaza principal. Me quedó por visitar el famoso cerro y adentrarme en su interior, pero no tenía las energías para ello, honestamente. Por el contrario, pude ver las llamas que pastan en las zonas al sur del gran cerro.

Finalmente, pusimos rumbo por carretera hacia el mítico salar de Uyuni.

Uyuni

El salar más grande y alto del mundo se encuentra en Bolivia: son los restos de un antiguo mar salado prehistórico que se secó. Tras cuatro horas en coche por carreteras que recorren paisajes únicos llenos de llamas, desiertos, verdes valles y montañas bellísimas llegamos a la feísima ciudad de Uyuni, que parece una ciudad perdida en un desierto con algunos restaurantes en sus dos calles principales y poco más.

Lo primero que visitamos fue su famoso cementerio de trenes con más de cien locomotoras y vagones abandonadas hace más de 80 años. La sequedad extrema del altiplano ha frenado la corrosión y conservan su estructura pese a más de un siglo de abandono. En algunas locomotoras saqueadas por sus metales se han puesto ahora columpios lo que dan al entorno un ambiente aún más surrealista. Entre el ambiente desértico, el cielo azul y los trenes oxidados, viví un momento postapocalíptico aunque luego también se me ocurrió que el lugar es perfecto para organizar un festival de música electrónica.

Después seguimos hacia la auténtica joya del lugar: el famoso salar de 12,000 metros cuadrados. Obviamente solo pudimos ver una pequeña parte: importante ir con guía porque dentro no hay señales y el paisaje plano y blanco ha hecho que muchos se pierdan por allí. Hace 40,000 años aquí había un mar pero un cambio climático en la región produjo una drástica pérdida de humedad y el agua se evaporó quedando al descubierto una capa de casi 20 metros de sal y minerales. De hecho, aquí se encuentran el 70% de las reservas mundiales de litio. En diciembre y enero, época de lluvias, todo se cubre con una fina película de agua que crea el famoso efecto espejo, donde se confunden tierra y cielo. El resto del año, el salar es un desierto blanco de sal, aunque siempre hay algunas zonas encharcadas donde disfrutar de una bella puesta de sol y los reflejos alucinantes que tan bien quedan en redes sociales. 

Nosotros acabamos ahí la mágica visita, pero la empezamos en los "ojos" de Uyuni: una salmuera que brota a presión de los restos del mar subterráneo que aún queda bajo la costra blanca del salar. Los que tengan problemas de piel y huesos pueden remojarlos en estas aguas terapéuticas. Luego seguimos a la zona donde no entran coches y aún se ven las bellas formaciones hexagonales de sal en el suelo. Seguimos hacia la mítica plaza de las banderas, donde traté de encontrar la valenciana sin éxito (aunque sí habían europeas, españolas, aragonesa y hasta una balear). También fuimos al abandonado hotel de sal original, ahora comedor y tienda de recuerdos, pero bastante feo, así como al monumento desde el que salió una de las carreras del rally Dakar hace unos años. Pero lo más espectacular fue la puesta de sol en las zonas encharcadas. El paisaje se presta a fotos espectaculares y muchos de los guías las toman de maravilla. 

Salimos del salar antes del anochecer para evitar perdernos y paramos en el Hotel Palacio de Sal para ver sus columnas y muebles hechos de bloques de sal. Espero poder quedarme en él alguna vez que vuelva y tenga más tiempo porque es precioso.

Acabamos el día cenando en Uyuni, en otro hotel de sal pero no tan bonito: el Casa de Sal, donde disfruté de unos deliciosos filetes de llama. Volveré a Uyuni para recorrer más partes del salar, como la isla de los pescadores, donde gigantescos cactus alcanzan los 10 metros de altitud con troncos más gruesos que los de muchos árboles.

Toda esta zona de Bolivia es mágica y perfecta para hacer en cinco/seis días, empezando en Sucre y terminando en Uyuni.

IMPRESCINDIBLES


Comer

Kalapurka en El Tenedor de Plata o en el Restaurante Tambo Señorial.

Menú de ocho pasos con ingredientes bolivianos en Nativa o en El Solar.

Beber

Expreso de chocolate en Chocolates Para Ti.

Comprar

Accesorios de plata en la Escuela Municipal de Platería de Potosí.

Leer

Raza de Bronce de Alcides Arguedas.

Escuchar

El Minero de Savia Andina.

Ver

Quantum of Solace de Marc Forster.