El Reino no tan hermitaño
Desde que viví en el Golfo Pérsico siempre me había generado interés Arabia Saudí. Un país fascinante, cuna de una de las lenguas más habladas del mundo y de una de las grandes religiones, estaba cerrado al turismo de ocio y cultura, y solo se podía ir por negocios o por turismo religioso si se era musulmán. Todo esto cambió en 2019 cuando el Príncipe Heredero, tras el golpe de Estado en el que encarceló a varios de sus familiares y sus corruptos amigos, se convirtió, de facto, en la persona más poderosa del país: Mohammed Bin Salman, más conocido como MBS. Poco a poco fue abriendo el país, permitiendo a mujeres conducir, quitando poder a la policía religiosa para relajar la obligatoriedad de cubrirse el pelo, permitiendo que se abrieran cines y que se pudiera poner música en público. Y abriendo el país al turismo internacional de ocio y cultura.
Así que, finalmente, en 2026, pude descubrir el país donde nació el Islam, que está viviendo un proceso lento pero constante de transformaciones socioeconómicas: moviéndose de un extremismo wahabita hacia una mayor apertura social. Y de una dependencia casi total del petróleo a una diversificación de la economía que busca hacer crecer a sectores como el financiero, el de los transportes, el tecnológico o el propio turismo.
Medina
Aterrizamos desde Mascate directamente en Medina, o "La Ciudad" en árabe, segundo lugar más santo del Islam tras La Meca y que ha sido completamente transformada en las últimas décadas: de su antiguo centro histórico solo quedan algunas mezquitas porque el resto fue demolido y se construyeron grandes ampliaciones de la mezquita del Profeta. A su alrededor, hay grandes espacios abiertos rodeados de hoteles y centros comerciales todos de la misma altura y apariencia similar. Como la mezquita está prohibida a los no musulmanes, os recomiendo reservar habitación con vistas a la misma para al menos dar un vistazo y relajarse mirando a las miles de personas que se mueven por sus enormes patios. Nosotros optamos por el Pullman Zamzam Madina. En cualquier caso, también podéis hacer la gran caminata de rodearla, viendo sus diez minaretes, sus enormes sombrillas (plegadas y desplegadas) y las cúpulas (la más antigua es la de color verde, construida por los otomanos, y bajo la cuál está enterrado el Profeta Mahoma y los dos primeros califas). El recinto puede acoger hasta un millón de fieles rezando y no cierra nunca. Miles de creyentes entran al día para ofrecer la paz (Salam) al Profeta, ya que en el Islam no se puede rezar a ninguna persona: solo a Dios (Alá).
La ciudad de Medina es especialmente hospitalaria, por siglos de historia acogiendo a peregrinos, y un punto de entrada interesante al país ya que fueron sus habitantes quienes acogieron al Profeta en el año 622 cuando fue expulsado de La Meca, tras oponerse a prácticas idolátricas y difundir el monoteísmo. Medina se llamaba Yathrib y allí le invitaron aceptando su liderazgo espiritual y político. Ese año se produjo entonces la "Hégira" o primera expansión del Islam con la creación de ese primer Emirato islámico. Por eso los medinenses se jactan de ser los más hospitalarios de la ya muy hospitalaria Arabia Saudí.Tras respirar el ambiente religioso con musulmanes de todo el mundo y curiosear por los centros comerciales cercanos (había uno con carteles de todos los profetas que reconoce el Islam, desde Abraham a Mahoma incluyendo a los reyes David y Salomón o a Jesús), optamos por cenar en un restaurante uzbeko bastante rico, rodeados de peregrinos de dicho país. Al día siguiente volvimos a ver el ambiente matutino y luego, un medinense amigo nos enseñó otros lugares de la ciudad, como una parte histórica que se está restaurando y convirtiendo en lugar de moda para restaurantes y cafés alternativos con galerías de arte; así como la antigua estación otomana que unía Medina con Damasco. Se presentó como facilitadora del peregrinaje pero en realidad era un gran negocio de los otomanos con los alemanes financiado por el Deutsche Bank y construido por Siemens. Y el objetivo real era facilitar el movimiento de tropas otomanas en el mundo árabe y de paso intentar cohesionar mejor económicamente todas esas provincias.
También fuimos a la mezquita de Quba, la primera de la historia, que el Profeta y su comunidad construyeron tras la Hégira. Originalmente fue un edificio sencillo de adobe y hojas de palmera, con un patio abierto rodeado de columnas de madera. Ahora es una mezquita blanca de estilo otomano y rezar allí equivale a recibir la recompensa de una peregrinación completa (Hajj). Allí si que entramos porque se permite a no musulmanes visitar con respeto y sin fotografiar su interior. Luego la policía religiosa nos interrogó en una sala para asegurarse que no tomamos fotos ni vídeos, pero siempre con respeto.Yeda: Puerta de La Meca
Tras un road trip por el desierto rocoso de varias horas llegamos a la agradable Corniche de Yeda, con una temperatura mucho más elevada que en Medina. Se le sigue considerando la ciudad más cosmopolita del país. Pese a estos seis años de apertura, he de decir que el ambiente sigue siendo muy tradicional, con mujeres tapadas hasta la cara, aunque ya se ven de vez en cuando algunas que ni siquiera se cubren el velo. Su paseo marítimo a medianoche bullía con familias y grupos de amigos dando vueltas a pie, en triciclos o en bicis. Además se ve a gente rezando en algunos de los parques: el respeto a los cinco rezos diarios está bastante extendido. Las cafeterías rebosaban en gente, compitiendo entre ellas por el mejor café de especialidad o la creación más interesante. Saudí es un país seco igual que Kuwait o algunos Emiratos, por lo que el alcohol está prohibido: las opciones populares son el café y la shisha en restaurantes turcos o libaneses. Me hizo gracia un complejo de drive-thru con pequeñas sucursales de todas las principales cadenas de cafeterías del país compitiendo para atraer la atención con recreaciones de tazas o cafeteras gigantes. Nosotros seguíamos obsesionados por el café de azafrán, mucho más difícil de encontrar aquí que en Omán. Luego cenamos al lado en un sitio tan típico que solo tenía la carta y la cartelería en árabe: Al Muallimisa, una cadena que sirve platos de carne, arroz y verduras siendo su especialidad el hígado de camello salteado, muy típico para desayunar en esta región de la península, y que nosotros lo pedimos para cenar acompañado de ensalada y hummus.
Al día siguiente nos fuimos a uno de los beach club que pueblan el paseo para disfrutar de la playa, donde turistas occidentales en bikini conviven con las mujeres locales que entran en el mar con sus túnicas, cubiertas cara y todo, vigilando a sus hijos chapoteando. Si vais en enero a la península arábiga hará temperaturas agradables pero fresquitas excepto en Dubai y Yeda donde si será posible tener el suficiente calor durante determinadas horas del día para bañarse en el mar. Pero antes desayunamos en el chic Eng Café, en su terraza elevada frente al mar. Aquí su carta combina desde bollería occidental recién hecha hasta platos regionales como el masoub, que son plátanos machacados con pan, miel y dátiles y queso rallado por encima. Luego nos tumbamos en la playa y nos bañamos varias veces en las agradables aguas del Mar Rojo hasta que el sol, de color sangre, se puso entre las aguas: tocaba ir a la vieja Yeda, el motivo principal de nuestra visita.Situada en la costa oriental del Mar Rojo, Yeda se convirtió a partir del siglo VII en una importante ciudad portuaria por la que transitaban las mercancías llegadas por las rutas marítimas comerciales del Océano Índico con destino a La Meca. También se convirtió en el puerto de llegada de los peregrinos musulmanes que viajaban por mar para dirigirse a esta ciudad santa. Gracias a esa doble función, Yeda llegó a ser un pujante centro urbano multicultural,
Ese pasado glorioso se ve paseando por su centro histórico al caer el sol en enero, que es una delicia, con temperaturas agradables, iluminación preciosa y un ambiente animado, más calmado en algunas calles y más ajetreado en otras, sobre todo las más centrales del zoco Al Awi. Entramos por una de las puertas históricas de Al Balad, la antigua ciudad vieja amurallada, y empezamos a fascinarnos con las elegantes construcciones tradicionales en forma de casas-torres edificadas a finales del siglo XIX por los mercaderes pudientes de la ciudad que las construyeron con rocas coralinas del Mar Rojo y maderas exóticas, con influencias y técnicas artesanales importadas de las rutas comerciales del océano Índico. El ministerio de cultura está a tope con la restauración de estos edificios: habían varios en obras. Sus bellos balcones permitían ver la calle sin ser vistos desde el exterior, garantizando esa privacidad doméstica tan querida en el mundo árabe.En las calles se ven a muchos grupos de mujeres jóvenes de las cuales algunas ya no llevan velo y muchas ni siquiera abaya, algo imposible antes de 2017 donde era obligatorio y además no podían salir a la calle sin su esposo, padre, hermano o tío. También había música (algo imposible antes de ese año). En el zoco conviven locales de toda la vida que venden ropa y zapatos tradicionales junto a tiendas de somalíes que hacen jabones artesanales, artistas saudíes, yemeníes que venden perfumes, especias o dátiles así como bangladesíes con sus zumerías o tiendas de fruta y alimentación.
Paseamos también por el cercano parque del lago Al-Arbaeen para admirar el conjunto de estatuas de artistas punteros del siglo XX, incluyendo una auténtica de Miró. Y no os vayáis de Al Balad sin visitar su nuevo Museo del Mar Rojo, donde a través de artefactos históricos artesanales y obras de arte contemporáneo explica de forma dinámica las realidades sociales, económicas, históricas y biológicas de este mar tan especial.AlUla: la perla de Saudi
Dejamos Yeda con un avión destino a Al Ula, la gran referencia de la apertura turística de Saudi, con la que buscan diversificar el actual turismo religioso de Meca-Medina y forjar una nueva narrativa nacional que ensalce su pasado pre-islámico y nabateo.
Llegamos a su casco viejo de casas y mezquitas de adobe que tienen más de 800 años. Gran parte del mismo se ha recuperado para tiendas y hoteles boutique mágicos. De hecho, nosotros nos quedamos en el increíble Dar Tantora, que ha recuperado calles, patios y casas del casco viejo que son ahora habitaciones, comedores y terrazas con vistas al oasis inolvidables. De hecho, su entrada es la antigua plaza Tantora de Al Ula: Tantora es un antiguo reloj solar de piedra y barro cuya sombra indicaba turnos de riego, así como el inicio del invierno, el verano, la siembra o la cosecha. El hotel busca respetar al máximo el entorno por lo que limita al máximo el uso de electricidad: sus pasillos y habitaciones se iluminan con 1800 velas que se reponen cada día. Es como un sueño pasar la noche allí, viajando en el tiempo entre un mundo árabe místico y misterioso. Y lo mejor es que desde las terrazas de cada habitación se puede disfrutar de un cielo tachonado de estrellas. En Dar Tantora han recuperado decenas de puertas que se pintaban para recepciones de bodas y así se quedaron. Estos diseños y pinturas también se recrean en "A place for remembrance", un museo que explica la vida y tradiciones de este oasis. Cada callejón del casco antiguo está cuidado al detalle: en muchos hay jarros de barro tradicionales colgados del techo o platos de orfebrería que refulgen con la luz mañanera.Tras el buenísimo "check-in" con perfumes, café árabe (infusionado con cardamomo y clavo) y dátiles, nos fuimos directos a ver la puesta de sol desde la impresionante roca del Elefante. La luz es mágica en un paisaje que parece sacado de otro planeta. Además, los cafés se han hecho de forma muy respetuosa con el paisaje, poniendo círculos de sofás enterrados en la arena con hogueras en el medio que le dan un toque chic y a la vez misterioso. Luego nos fuimos al mercado de los campesinos de Al Ula, algo "fake" y que parece más de un parque temático, pero lleno de cítricos por ser temporada, y donde probé por primera vez unas naranjas mini que se comen con piel y todo (kumquats) y unos limones dulces inolvidables que nunca había probado.
Luego fuimos a cenar al restaurante del hotel, Joontos, que celebra la cocina saudí con ingredientes de cada estación de Al Ula y toques españoles: es cocina de oasis a un ritmo tradicional, sin prisas, velas y música tenue. Desde una patatas harra a la brava hasta un mango con azafrán para beber y tomates deshidratados con queso de cabra como ensalada. A la mañana siguiente, desayunos allí, ya con sol, unos fabulosos huevos a la marroquí, un azafrán latte, frutas orgánicas del oasis y un pan recién horneado increíble. Luego usamos su gimnasio cool y descansamos en su agradable piscina con vistas.Seguimos visitando los tesoros de Al Ula, esta vez Maraya (espejos en árabe): un auditorio de última generación donde la arquitectura contemporánea se fusiona con el paisaje. El edificio es como un espejismo en el desierto que refleja sus alrededores. Solo que en este caso es real. Tras algunas fotos y atravesar un valle surrealista llegamos al primer sitio patrimonio de la humanidad de Arabia: el sitio arqueológico de Al Hijr – Madain Salih
Conocido en la antigüedad con el nombre de Hegra, es el sitio de la civilización nabatea mejor conservado al sur de Petra (Jordania). Comprende una serie de tumbas monumentales con fachadas ornamentadas, que se hallan en buen estado de conservación y datan de los siglos I a.C. y I d.C, con medio centenar de inscripciones del periodo prenabateo y algunas pinturas rupestres que han facilitado a los historiadores conocer mejor esta civilización. Sus pozos y sus 111 sepulturas monumentales, entre las que figuran 94 ornamentadas, son una muestra excepcional de las realizaciones arquitectónicas de los nabateos y de su dominio de las técnicas hidráulicas.Muchas de las rocas parecían naves espacial en las que habían excavadas tumbas de una belleza única con las dos escaleras tradicionales en la cima que representan el camino al cielo. Estas tumbas eran de familias que las usaban durante generaciones. La más impresionante es la enorme tumba solitaria inacabada con cuatro columnas (las demás solo tienen dos), y nunca se acabó porque su dueño nunca regresó ya que falleció lejos de Hegra. Toda una lección de que por mucho que planifiques, la vida siempre da sorpresas.
En su centro de interpretación hay una exposición sobre Hinat, una mujer muy importante de la sociedad nabatea que murió con cuarenta años, de la que se ha estudiado su cuerpo, cubierto en su tumba por arena del desierto que lo mantuvo intacto, así como ocultas las riquezas frente a los saqueos del resto de tumbas. Además de Hinat, habían 80 cuerpos en la tumba que construyó para ella y sus descendientes. La reconstrucción de su cara que hay es impresionante.Luego fuimos a cenar a Somewhere, uno de los restaurantes chulos que están abriendo el Al Ula, decorado al estilo fusión California-Saudi, con platos libaneses contemporáneos usando ingredientes del oasis. Después fuimos a dar un paseo por la calle principal de la vieja Al Ula, que por la noche está a rebosar de turistas y locales yendo arriba y abajo curioseando en sus tiendas de comida tradicional, ropa a la última y artesanías. Han recuperado hasta las antiguas máquinas distribuidoras de Pepsi de los años 60.
Finalmente hicimos la experiencia de "Hegra After Dark" por la que volvimos al sitio patrimonio UNESCO en coche de caballos bajo un cielo negro tachonado de estrellas brillantes. Allí, en una plaza con varias tumbas, reconstruyen un antiguo mercado nabateo teatralizado con actores que sirven comida típica, realizan caligrafía nabatea y talleres de costura o incienso, mirra y otras especias. En el maquillaje nabateo puedes quemar y picar una resina que usaban para maquillarse los ojos. Luego los actores contaban historias en la plaza alrededor del público sentado al que nos servían comida y bebida. Los árabes son contadores de historias y poetas. Al fin y al cabo de aquí son los cuentos de las 1000 y unas noches. Luego llegaron nuevos mercaderes con unos camellos a los que pudimos acariciar. Toda una manera diferente de vivir este patrimonio maravilloso.
El último día en Al Ula visitamos Desert X 2026, que justo se acababa de inaugurar: se trata de una bienal de arte contemporáneo en mitad de un wadi, que por cierto es precioso, toda una maravilla natural de grandes cañones en mitad del desierto en los que se ponen las esculturas e instalaciones. Me impresionó mucho una estatua de artistas daneses y saudís gigante que era móvil (pero difícil de mover). O las estatuas de las ondas sonoras de un poema en inglés elaboradas con arena compactada de una escultora yemení. O el minarete con forma de flecha que nos recuerda del peligro de convertir a la religión en un arma. Nunca había disfrutado de una bienal de arte contemporáneo instalada en un sitio tan especial. Además, conocimos a artistas, curadores y críticos muy interesantes, aprovechando esa calma y tranquilidad que solo el desierto puede dar.Nos despedimos de Al Ula desde su impresionante mirador en lo alto de una montaña, al que subir en coche, con vistas a este inolvidable oasis y wadi que conecta la península arábiga con el norte del mundo musulmán, y que ha sido lugar de descanso de peregrinos durante siglos.
Riad, capital de los Al Saud
Acabamos nuestro tour árabe por la capital del país y nos quedamos enfrente de su gran símbolo, la torre del Reino, un rascacielos de 300 metros de altura y 77 pisos, con residencias, hoteles, oficinas y un gran centro comercial de lujo. Se le conoce también como el abre-botellas gigante y lo más distintivo es su SkyBridge, un puente sin nada debajo en lo alto de la torre desde la que observar como Riad ha pasado de tener medio millón de habitantes en 1960 a los 8 millones que acoge hoy. Daba un poco de vértigo caminar por ese puente a 300 metros sobre el suelo. Por cierto, el su fancy food court hay que pagar solo por entrar y entre sus puestos de comida hay música de DJ en directo y grupos de saudís arreglados viendo y dejándose ver.
Riad tiene distritos agradables por los que pasear: desde disfrutar del futuro en el distrito KAFD, con su mezquita ultramoderna y blanca o la estación de metro más bonita del mundo diseñada por Zaha Hadid, y tomar un brunch cerca en los diferentes locales de moda; hasta descubrir su pasado en el distrito de At Turaif en ad Dir’iyá, donde empezó todo. En esta ciudadela, la casa Saud acogió al erudito al-Wahhab, que concluyó que muchas prácticas del Islam de su tiempo, como la veneración de santos, tumbas, amuletos se apartaban del monoteísmo puro, y predicó volver al Islam primitivo del Corán, rechazando cualquier intermediación de personas con Dios. Vamos, como Lutero. A partir de esta visión legitimizadora, los Al Saud empezaron a conquistar territorio de la península con esta población como capital, desde su ciudadela. Las familias Saud y Wahhab empezaron incluso a casar a sus miembros entre sí en una alianza que llega hasta hoy, cuando las reformas del príncipe heredero han redefinido este equilibrio reduciendo el poder del clero, pero sin llegar a romper el pacto fundacional.En este distrito antiguo ahora muy bien restaurado y museizado, cenamos en uno de sus restaurantes, Takya, de comida saudi contemporánea, destacando las olivas marinadas en piel de naranja, la deliciosa ensalada de higos y mandarinas del oasis y o los ricos manti rellenos de calabaza.
Riad me sorprendió por lo rápido que está creciendo y modernizándose, intentando quitarse ese sambenito de ciudad burocrática y aburrida. En general Saudi es un país que está mutando a gran velocidad y del que me dejé muchos patrimonios que ver. Espero que algún día, la Ciudad Santa de La Meca también pueda abrirse a los turistas respetuosos que queremos aprender algo más de la historia y ritos del Islam. También quiero volver para ir al MDL Beast, el gran festival de música electrónica de Riad y Yeda.
IMPRESCINDIBLES
ComerNaranjas minúsculas con piel o limones dulces en el mercado de campesinos de Al Ula.
Comida fusión saudi-española en Joontos.
Masoub en Eng Café.
Hígado de camello salteado en Al Muallimisa.
Beber
Zumo de mango con azafrán en Joontos.
Naranjas minúsculas con piel o limones dulces en el mercado de campesinos de Al Ula.
Comida fusión saudi-española en Joontos.
Masoub en Eng Café.
Hígado de camello salteado en Al Muallimisa.
Beber
Zumo de mango con azafrán en Joontos.
Escuchar
Marra Kalam de Dish Dash.
Aash Salman de Rashed Al Majed.
Jeddah keda (popular).
Ver
Lawrence de Arabia de David Lean.

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