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dimarts, 28 d’abril del 2026

Arabia Saudita

El Reino no tan hermitaño

Desde que viví en el Golfo Pérsico siempre me había generado interés Arabia Saudí. Un país fascinante, cuna de una de las lenguas más habladas del mundo y de una de las grandes religiones, estaba cerrado al turismo de ocio y cultura, y solo se podía ir por negocios o por turismo religioso si se era musulmán. Todo esto cambió en 2019 cuando el Príncipe Heredero, tras el golpe de Estado en el que encarceló a varios de sus familiares y sus corruptos amigos, se convirtió, de facto, en la persona más poderosa del país: Mohammed Bin Salman, más conocido como MBS. Poco a poco fue abriendo el país, permitiendo a mujeres conducir, quitando poder a la policía religiosa para relajar la obligatoriedad de cubrirse el pelo, permitiendo que se abrieran cines y que se pudiera poner música en público. Y abriendo el país al turismo internacional de ocio y cultura.

Así que, finalmente, en 2026, pude descubrir el país donde nació el Islam, que está viviendo un proceso lento pero constante de transformaciones socioeconómicas: moviéndose de un extremismo wahabita hacia una mayor apertura social. Y de una dependencia casi total del petróleo a una diversificación de la economía que busca hacer crecer a sectores como el financiero, el de los transportes, el tecnológico o el propio turismo.

Medina

Aterrizamos desde Mascate directamente en Medina, o "La Ciudad" en árabe, segundo lugar más santo del Islam tras La Meca y que ha sido completamente transformada en las últimas décadas: de su antiguo centro histórico solo quedan algunas mezquitas porque el resto fue demolido y se construyeron grandes ampliaciones de la mezquita del Profeta. A su alrededor, hay grandes espacios abiertos rodeados de hoteles y centros comerciales todos de la misma altura y apariencia similar. Como la mezquita está prohibida a los no musulmanes, os recomiendo reservar habitación con vistas a la misma para al menos dar un vistazo y relajarse mirando a las miles de personas que se mueven por sus enormes patios. Nosotros optamos por el Pullman Zamzam Madina. En cualquier caso, también podéis hacer la gran caminata de rodearla, viendo sus diez minaretes, sus enormes sombrillas (plegadas y desplegadas) y las cúpulas (la más antigua es la de color verde, construida por los otomanos, y bajo la cuál está enterrado el Profeta Mahoma y los dos primeros califas). El recinto puede acoger hasta un millón de fieles rezando y no cierra nunca. Miles de creyentes entran al día para ofrecer la paz (Salam) al Profeta, ya que en el Islam no se puede rezar a ninguna persona: solo a Dios (Alá).

La ciudad de Medina es especialmente hospitalaria, por siglos de historia acogiendo a peregrinos, y un punto de entrada interesante al país ya que fueron sus habitantes quienes acogieron al Profeta en el año 622 cuando fue expulsado de La Meca, tras oponerse a prácticas idolátricas y difundir el monoteísmo. Medina se llamaba Yathrib y allí le invitaron aceptando su liderazgo espiritual y político. Ese año se produjo entonces la "Hégira" o primera expansión del Islam con la creación de ese primer Emirato islámico. Por eso los medinenses se jactan de ser los más hospitalarios de la ya muy hospitalaria Arabia Saudí.

Tras respirar el ambiente religioso con musulmanes de todo el mundo y curiosear por los centros comerciales cercanos (había uno con carteles de todos los profetas que reconoce el Islam, desde Abraham a Mahoma incluyendo a los reyes David y Salomón o a Jesús), optamos por cenar en un restaurante uzbeko bastante rico, rodeados de peregrinos de dicho país. Al día siguiente volvimos a ver el ambiente matutino y luego, un medinense amigo nos enseñó otros lugares de la ciudad, como una parte histórica que se está restaurando y convirtiendo en lugar de moda para restaurantes y cafés alternativos con galerías de arte; así como la antigua estación otomana que unía Medina con Damasco. Se presentó como facilitadora del peregrinaje pero en realidad era un gran negocio de los otomanos con los alemanes financiado por el Deutsche Bank y construido por Siemens. Y el objetivo real era facilitar el movimiento de tropas otomanas en el mundo árabe y de paso intentar cohesionar mejor económicamente todas esas provincias.

También fuimos a la mezquita de Quba, la primera de la historia, que el Profeta y su comunidad construyeron tras la Hégira. Originalmente fue un edificio sencillo de adobe y hojas de palmera, con un patio abierto rodeado de columnas de madera. Ahora es una mezquita blanca de estilo otomano y rezar allí equivale a recibir la recompensa de una peregrinación completa (Hajj). Allí si que entramos porque se permite a no musulmanes visitar con respeto y sin fotografiar su interior. Luego la policía religiosa nos interrogó en una sala para asegurarse que no tomamos fotos ni vídeos, pero siempre con respeto.

Yeda: Puerta de La Meca

Tras un road trip por el desierto rocoso de varias horas llegamos a la agradable Corniche de Yeda, con una temperatura mucho más elevada que en Medina. Se le sigue considerando la ciudad más cosmopolita del país. Pese a estos seis años de apertura, he de decir que el ambiente sigue siendo muy tradicional, con mujeres tapadas hasta la cara, aunque ya se ven de vez en cuando algunas que ni siquiera se cubren el velo. Su paseo marítimo a medianoche bullía con familias y grupos de amigos dando vueltas a pie, en triciclos o en bicis. Además se ve a gente rezando en algunos de los parques: el respeto a los cinco rezos diarios está bastante extendido. Las cafeterías rebosaban en gente, compitiendo entre ellas por el mejor café de especialidad o la creación más interesante. Saudí es un país seco igual que Kuwait o algunos Emiratos, por lo que el alcohol está prohibido: las opciones populares son el café y la shisha en restaurantes turcos o libaneses. Me hizo gracia un complejo de drive-thru con pequeñas sucursales de todas las principales cadenas de cafeterías del país compitiendo para atraer la atención con recreaciones de tazas o cafeteras gigantes. Nosotros seguíamos obsesionados por el café de azafrán, mucho más difícil de encontrar aquí que en Omán. Luego cenamos al lado en un sitio tan típico que solo tenía la carta y la cartelería en árabe: Al Muallimisa, una cadena que sirve platos de carne, arroz y verduras siendo su especialidad el hígado de camello salteado, muy típico para desayunar en esta región de la península, y que nosotros lo pedimos para cenar acompañado de ensalada y hummus.

Al día siguiente nos fuimos a uno de los beach club que pueblan el paseo para disfrutar de la playa, donde turistas occidentales en bikini conviven con las mujeres locales que entran en el mar con sus túnicas, cubiertas cara y todo, vigilando a sus hijos chapoteando. Si vais en enero a la península arábiga hará temperaturas agradables pero fresquitas excepto en Dubai y Yeda donde si será posible tener el suficiente calor durante determinadas horas del día para bañarse en el mar. Pero antes desayunamos en el chic Eng Café, en su terraza elevada frente al mar. Aquí su carta combina desde bollería occidental recién hecha hasta platos regionales como el masoub, que son plátanos machacados con pan, miel y dátiles y queso rallado por encima. Luego nos tumbamos en la playa y nos bañamos varias veces en las agradables aguas del Mar Rojo hasta que el sol, de color sangre, se puso entre las aguas: tocaba ir a la vieja Yeda, el motivo principal de nuestra visita.

Situada en la costa oriental del Mar Rojo, Yeda se convirtió a partir del siglo VII en una importante ciudad portuaria por la que transitaban las mercancías llegadas por las rutas marítimas comerciales del Océano Índico con destino a La Meca. También se convirtió en el puerto de llegada de los peregrinos musulmanes que viajaban por mar para dirigirse a esta ciudad santa. Gracias a esa doble función, Yeda llegó a ser un pujante centro urbano multicultural, 

Ese pasado glorioso se ve paseando por su centro histórico al caer el sol en enero, que es una delicia, con temperaturas agradables, iluminación preciosa y un ambiente animado, más calmado en algunas calles y más ajetreado en otras, sobre todo las más centrales del zoco Al Awi. Entramos por una de las puertas históricas de Al Balad, la antigua ciudad vieja amurallada, y empezamos a fascinarnos con las elegantes construcciones tradicionales en forma de casas-torres edificadas a finales del siglo XIX por los mercaderes pudientes de la ciudad que las construyeron con rocas coralinas del Mar Rojo y maderas exóticas, con influencias y técnicas artesanales importadas de las rutas comerciales del océano Índico. El ministerio de cultura está a tope con la restauración de estos edificios: habían varios en obras. Sus bellos balcones permitían ver la calle sin ser vistos desde el exterior, garantizando esa privacidad doméstica tan querida en el mundo árabe.

En las calles se ven a muchos grupos de mujeres jóvenes de las cuales algunas ya no llevan velo y muchas ni siquiera abaya, algo imposible antes de 2017 donde era obligatorio y además no podían salir a la calle sin su esposo, padre, hermano o tío. También había música (algo imposible antes de ese año). En el zoco conviven locales de toda la vida que venden ropa y zapatos tradicionales junto a tiendas de somalíes que hacen jabones artesanales, artistas saudíes, yemeníes que venden perfumes, especias o dátiles así como bangladesíes con sus zumerías o tiendas de fruta y alimentación.

Paseamos también por el cercano parque del lago Al-Arbaeen para admirar el conjunto de estatuas de artistas punteros del siglo XX, incluyendo una auténtica de Miró. Y no os vayáis de Al Balad sin visitar su nuevo Museo del Mar Rojo, donde a través de artefactos históricos artesanales y obras de arte contemporáneo explica de forma dinámica las realidades sociales, económicas, históricas y biológicas de este mar tan especial.

AlUla: la perla de Saudi

Dejamos Yeda con un avión destino a Al Ula, la gran referencia de la apertura turística de Saudi, con la que buscan diversificar el actual turismo religioso de Meca-Medina y forjar una nueva narrativa nacional que ensalce su pasado pre-islámico y nabateo.

Llegamos a su casco viejo de casas y mezquitas de adobe que tienen más de 800 años. Gran parte del mismo se ha recuperado para tiendas y hoteles boutique mágicos. De hecho, nosotros nos quedamos en el increíble Dar Tantora, que ha recuperado calles, patios y casas del casco viejo que son ahora habitaciones, comedores y terrazas con vistas al oasis inolvidables. De hecho, su entrada es la antigua plaza Tantora de Al Ula: Tantora es un antiguo reloj solar de piedra y barro cuya sombra indicaba turnos de riego, así como el inicio del invierno, el verano, la siembra o la cosecha. El hotel busca respetar al máximo el entorno por lo que limita al máximo el uso de electricidad: sus pasillos y habitaciones se iluminan con 1800 velas que se reponen cada día. Es como un sueño pasar la noche allí, viajando en el tiempo entre un mundo árabe místico y misterioso. Y lo mejor es que desde las terrazas de cada habitación se puede disfrutar de un cielo tachonado de estrellas. En Dar Tantora han recuperado decenas de puertas que se pintaban para recepciones de bodas y así se quedaron. Estos diseños y pinturas también se recrean en "A place for remembrance", un museo que explica la vida y tradiciones de este oasis. Cada callejón del casco antiguo está cuidado al detalle: en muchos hay jarros de barro tradicionales colgados del techo o platos de orfebrería que refulgen con la luz mañanera.

Tras el buenísimo "check-in" con perfumes, café árabe (infusionado con cardamomo y clavo) y dátiles, nos fuimos directos a ver  la puesta de sol desde la impresionante roca del Elefante. La luz es mágica en un paisaje que parece sacado de otro planeta. Además, los cafés se han hecho de forma muy respetuosa con el paisaje, poniendo círculos de sofás enterrados en la arena con hogueras en el medio que le dan un toque chic y a la vez misterioso. Luego nos fuimos al mercado de los campesinos de Al Ula, algo "fake" y que parece más de un parque temático, pero lleno de cítricos por ser temporada, y donde probé por primera vez unas naranjas mini que se comen con piel y todo (kumquats) y unos limones dulces inolvidables que nunca había probado.

Luego fuimos a cenar al restaurante del hotel, Joontos, que celebra la cocina saudí con ingredientes de cada estación de Al Ula y toques españoles: es cocina de oasis a un ritmo tradicional, sin prisas, velas y música tenue. Desde una patatas harra a la brava hasta un mango con azafrán para beber y tomates deshidratados con queso de cabra como ensalada. A la mañana siguiente, desayunos allí, ya con sol, unos fabulosos huevos a la marroquí, un azafrán latte, frutas orgánicas del oasis y un pan recién horneado increíble. Luego usamos su gimnasio cool y descansamos en su agradable piscina con vistas.

Seguimos visitando los tesoros de Al Ula, esta vez Maraya (espejos en árabe): un auditorio de última generación donde la arquitectura contemporánea se fusiona con el paisaje. El edificio es como un espejismo en el desierto que refleja sus alrededores. Solo que en este caso es real. Tras algunas fotos y atravesar un valle surrealista llegamos al primer sitio patrimonio de la humanidad de Arabia: el sitio arqueológico de Al Hijr – Madain Salih

Conocido en la antigüedad con el nombre de Hegra, es el sitio de la civilización nabatea mejor conservado al sur de Petra (Jordania). Comprende una serie de tumbas monumentales con fachadas ornamentadas, que se hallan en buen estado de conservación y datan de los siglos I a.C. y I d.C, con medio centenar de inscripciones del periodo prenabateo y algunas pinturas rupestres que han facilitado a los historiadores conocer mejor esta civilización. Sus pozos y sus 111 sepulturas monumentales, entre las que figuran 94 ornamentadas, son una muestra excepcional de las realizaciones arquitectónicas de los nabateos y de su dominio de las técnicas hidráulicas.

Muchas de las rocas parecían naves espacial en las que habían excavadas tumbas de una belleza única con las dos escaleras tradicionales en la cima que representan el camino al cielo. Estas tumbas eran de familias que las usaban durante generaciones. La más impresionante es la enorme tumba solitaria inacabada con cuatro columnas (las demás solo tienen dos), y nunca se acabó porque su dueño nunca regresó ya que falleció lejos de Hegra. Toda una lección de que por mucho que planifiques, la vida siempre da sorpresas.

En su centro de interpretación hay una exposición sobre Hinat, una mujer muy importante de la sociedad nabatea que murió con cuarenta años, de la que se ha estudiado su cuerpo, cubierto en su tumba por arena del desierto que lo mantuvo intacto, así como ocultas las riquezas frente a los saqueos del resto de tumbas. Además de Hinat, habían 80 cuerpos en la tumba que construyó para ella y sus descendientes. La reconstrucción de su cara que hay es impresionante.

Luego fuimos a cenar a Somewhere, uno de los restaurantes chulos que están abriendo el Al Ula, decorado al estilo fusión California-Saudi, con platos libaneses contemporáneos usando ingredientes del oasis. Después fuimos a dar un paseo por la calle principal de la vieja Al Ula, que por la noche está a rebosar de turistas y locales yendo arriba y abajo curioseando en sus tiendas de comida tradicional, ropa a la última y artesanías. Han recuperado hasta las antiguas máquinas distribuidoras de Pepsi de los años 60.

Finalmente hicimos la experiencia de "Hegra After Dark" por la que volvimos al sitio patrimonio UNESCO en coche de caballos bajo un cielo negro tachonado de estrellas brillantes. Allí, en una plaza con varias tumbas, reconstruyen un antiguo mercado nabateo teatralizado con actores que sirven comida típica, realizan caligrafía nabatea y talleres de costura o incienso, mirra y otras especias. En el maquillaje nabateo puedes quemar y picar una resina que usaban para maquillarse los ojos. Luego los actores contaban historias en la plaza alrededor del público sentado al que nos servían comida y bebida. Los árabes son contadores de historias y poetas. Al fin y al cabo de aquí son los cuentos de las 1000 y unas noches. Luego llegaron nuevos mercaderes con unos camellos a los que pudimos acariciar. Toda una manera diferente de vivir este patrimonio maravilloso.

El último día en Al Ula visitamos Desert X 2026, que justo se acababa de inaugurar: se trata de una bienal de arte contemporáneo en mitad de un wadi, que por cierto es precioso, toda una maravilla natural de grandes cañones en mitad del desierto en los que se ponen las esculturas e instalaciones. Me impresionó mucho una estatua de artistas daneses y saudís gigante que era móvil (pero difícil de mover). O las estatuas de las ondas sonoras de un poema en inglés elaboradas con arena compactada de una escultora yemení. O el minarete con forma de flecha que nos recuerda del peligro de convertir a la religión en un arma. Nunca había disfrutado de una bienal de arte contemporáneo instalada en un sitio tan especial. Además, conocimos a artistas, curadores y críticos muy interesantes, aprovechando esa calma y tranquilidad que solo el desierto puede dar.

Nos despedimos de Al Ula desde su impresionante mirador en lo alto de una montaña, al que subir en coche, con vistas a este inolvidable oasis y wadi que conecta la península arábiga con el norte del mundo musulmán, y que ha sido lugar de descanso de peregrinos durante siglos.

Riad, capital de los Al Saud

Acabamos nuestro tour árabe por la capital del país y nos quedamos enfrente de su gran símbolo, la torre del Reino, un rascacielos de 300 metros de altura y 77 pisos, con residencias, hoteles, oficinas y un gran centro comercial de lujo. Se le conoce también como el abre-botellas gigante y lo más distintivo es su SkyBridge, un puente sin nada debajo en lo alto de la torre desde la que observar como Riad ha pasado de tener  medio millón de habitantes en 1960 a los 8 millones que acoge hoy. Daba un poco de vértigo caminar por ese puente a 300 metros sobre el suelo. Por cierto, el su fancy food court hay que pagar solo por entrar y entre sus puestos de comida hay música de DJ en directo y grupos de saudís arreglados viendo y dejándose ver.

Riad tiene distritos agradables por los que pasear: desde disfrutar del futuro en el distrito KAFD, con su mezquita ultramoderna y blanca o la estación de metro más bonita del mundo diseñada por Zaha Hadid, y tomar un brunch cerca en los diferentes locales de moda; hasta descubrir su pasado en el distrito de At Turaif en ad Dir’iyá, donde empezó todo. En esta ciudadela, la casa Saud acogió al erudito al-Wahhab, que concluyó que muchas prácticas del Islam de su tiempo, como la veneración de santos, tumbas, amuletos se apartaban del monoteísmo puro, y predicó volver al Islam primitivo del Corán, rechazando cualquier intermediación de personas con Dios. Vamos, como Lutero. A partir de esta visión legitimizadora, los Al Saud empezaron a conquistar territorio de la península con esta población como capital, desde su ciudadela. Las familias Saud y Wahhab empezaron incluso a casar a sus miembros entre sí en una alianza que llega hasta hoy, cuando las reformas del príncipe heredero han redefinido este equilibrio reduciendo el poder del clero, pero sin llegar a romper el pacto fundacional.

En este distrito antiguo ahora muy bien restaurado y museizado, cenamos en uno de sus restaurantes, Takya, de comida saudi contemporánea, destacando las olivas marinadas en piel de naranja, la deliciosa ensalada de higos y mandarinas del oasis y o los ricos manti rellenos de calabaza. 

Riad me sorprendió por lo rápido que está creciendo y modernizándose, intentando quitarse ese sambenito de ciudad burocrática y aburrida. En general Saudi es un país que está mutando a gran velocidad y del que me dejé muchos patrimonios que ver. Espero que algún día, la Ciudad Santa de La Meca también pueda abrirse a los turistas respetuosos que queremos aprender algo más de la historia y ritos del Islam. También quiero volver para ir al MDL Beast, el gran festival de música electrónica de Riad y Yeda.

IMPRESCINDIBLES

Comer

Naranjas minúsculas con piel o limones dulces en el mercado de campesinos de Al Ula.

Comida fusión saudi-española en Joontos.

Masoub en Eng Café.

Hígado de camello salteado en Al Muallimisa.

Beber

Zumo de mango con azafrán en Joontos.

Escuchar

Marra Kalam de Dish Dash.

Aash Salman de Rashed Al Majed.

Jeddah keda  (popular).

Ver

Lawrence de Arabia de David Lean.

diumenge, 26 d’abril del 2026

Macedonia del Norte y Kosovo

Skopje, capital ecléctica

Macedonia del Norte es un país, en general poco visitado. Y su capital, aún menos, ya que la mayoría de turistas se concentran en el lago de Ohrid, que también visité y más adelante en esta entrada os cuento. Aún así, Skopje es una ciudad curiosa y compleja donde la herencia griega, romana, bizantina y otomana se mezclan con un pasado comunista, la reconstrucción brutalista de la ciudad en los años 60 tras un devastador terremoto y un presente complejo de reimaginación (y construcciones) neoclásicas kitch.

Nosotros nos quedamos al lado de la Plokstad Makedonija, una enorme plaza epicentro del plan Skopje 2014, que acabó siendo un conjunto de edificios carísimos y 40 estatuas de un gusto dudoso que lleva a muchos a referirse a Skopje como "Las Vegas europea". Una estética neoclásica y barroca que nunca existió con materiales de mala calidad dan una apariencia a toda la zona reformada de parque temático, con un arco del triunfo de dudoso gusto, estatuas gigantes de Alejandro Magno, Filipo y su madre Olimpia así como de otros héroes nacionales macedonios que nunca pisaron Skopje... y una flota de buses de dos pisos rojos que tratan de imitar a los de Londres pero que tampoco llegan a la calidad de aquellos. En cualquier caso, interesante de ver si se olvidan los 700 millones de euros que se malgastó en la broma y que acabaron con el primer ministro responsable de esto exiliado en Hungría. Varios de estos nuevos edificios albergan museos a los que no nos dio tiempo a entrar. 

Más allá de la curiosidad de su barrio-escenario, cruzad el bello puente de piedra (de época bizantina) y recorred la agradable Carsija, antiguo barrio otomano, con su bazar de sinuosas calles, teterías, mezquitas, restaurantes tradicionales, caravanserais, un hammam, anticuarios y tiendas de artesanía. Comimos en una de sus plazas arboladas, al lado de una fuente, en un restaurante que hacía el tradicional tavce gravce, un guiso de judías blancas con cebolla y hierbas cocinadas en recipiente de barro en horno de leña y acompañadas de lukanci, la salchicha de cerdo con pimentón típica, y una sopska salata, de tomate, pepino y cebolla cubierta de queso blanco rallado. El barrio lo preside la enorme fortaleza Tvrdina Kale, de época romana, y desde cuyas murallas se puede disfrutar de una preciosa vista de la ciudad. Y muy cerca está la serena mezquita de Mustafa Pasha, rodeada de un hermoso jardín de rosas y que recuerda, tanto en su interior y exterior a Estambul. O la escondida iglesia Sveti Spas, enterrada a 2 metros bajo tierra según regulaba la norma otomana.

Para entender la cara comunista de Skopje, hay que saber que en 1963 hubo un terremoto que destruyó el 65% de la ciudad y en el que fallecieron más de 1000 personas y hubo miles de heridos. Donde más visible se hace esta tragedia es en la antigua estación de trenes de piedra, que se dejó medio derruida y con el reloj parado en la hora a la que se produjo el terremoto y que ahora alberga el museo de la ciudad. La respuesta internacional fue ejemplar, con países de todo el mundo colaborando (incluyendo estadounidenses y soviéticos) capitaneados por la ONU. El arquitecto Kenzo Tange, responsable de reconstruir Hiroshima, lideró el proyecto y aún quedan muestras sublimes de esa época, como la impresionante sede de los Correos Macedonios, que aunque que quemó en 2015, mantiene su estructura de cemento brutalista que tanto me recordó a Brasilia.

Por otro lado, también vale la pena pasear por Debar Maalo, el nuevo barrio de moda, lleno de árboles, bares y restaurantes que se alternan con embajadas y galerías de arte. Aquí hay varios buenos restaurantes donde degustar las carnes macedonias acompañadas de ajvar, la tradicional salsa dulce de pimiento rojo balcánica, así como los quesos frescos o fritos locales. No muy lejos está la futurista Casa de la Madre Teresa de Calcuta, un edificio de arquitectura peculiar construido encima de los restos de la iglesia donde fue bautizada la ciudadana de Skopje más internacional. En ella hay fotos y objetos de la Santa, y en el segundo piso una capilla de vidrio cubierta de filigrana de hierro siguiendo la tradición macedonia.

No os asustéis por las manadas de perros abandonados comunes en la ciudad. Son inofensivos siempre que no vayas en bici (que les pone nerviosísimos) o se topen con perros de otra banda. En ese caso, mejor no os pongáis por el medio.

Kosovo, el país más joven de Europa

Una excursión de un día muy sencilla y agradable desde Skopje es el pequeño país de Kosovo (o provincia serbia según la propia Serbia, Rusia, España o Brasil, que aún no reconocen a esta república balcánica). El caso es que los Estados Unidos de América y sobre todo la UE y Turquía, sí les reconocen y apoyan de forma decidida a consolidar sus estructuras de Estado y crecimiento económico. Alquilad un coche y pagad el suplemento para poder cruzar a Kosovo, y poder así ver varias cosas con flexibilidad.

Tras un facilísimo cruce de fronteras, recorriendo sus nuevas y fabulosas autopistas, llegamos al enclave serbokosovar de Gracanica, monasterio fundado en 1321 por el rey serbio Milutin, en cuyo centro se sitúa una bellísima iglesia con impresionantes pinturas medievales. Está prohibido hacer fotos del interior, que son espectaculares, testimonio del apogeo de la cultura eclesiástica bizantino-románica de la región balcánica entre los siglos XIII y XVII, y mezclan las influencias del arte ortodoxo oriental y las tradiciones del arte románico occidental. Este estilo ejerció una influencia decisiva en el arte balcánico de épocas posteriores. Durante nuestra visita se celebraba una boda con música folklórica serbia, todo el mundo muy arreglados y una gran bandera serbia ondeando en el grupo familiar. Para los serbios, Kosovo es la cuna de la identidad serbia y sus monasterios donde surgió su Iglesia. Curiosead por la tienda de alimentos donde se vende todo tipo de productos orgánicos así como dulces caseros serbios conservados en neveras.

A unos minutos en coche se encuentra la reserva de osos de la ONG Four Paws, en mitad de un bosque a orillas de un lago. Allí vimos muy de cerca a varios osos pardos rescatados de restaurantes de toda Europa donde los tenían en jaulas de exhibición, que se recuperan en recintos espaciosos, semi-boscosos y en algunos casos, con otros osos. Mientras que a algunos se les ve felices en sus recintos, otros dan vueltas alrededor de las verjas o en las puertas abiertas de sus habitáculos cubiertos, mostrando traumas y necesidad de estar cerca de humanos. Por cierto, su tienda cuenta con souvenirs de alta calidad. También hay un restaurante vegetariano pero los fines de semana está a tope (o eso nos pasó a nosotros).

Pero si los serbios nacieron en Kosovo, fueron derrotados y expulsados por los otomanos en 1389, tras los que se produjeron 500 años de islamización parcial y además, la población albanesa se convirtió en mayoritaria. Sin embargo, el el siglo XX, Kosovo volvió a ser parte de Serbia como una provincia más, dentro de Yugoslavia. Y a su capital llegamos, Pristina, y dejamos el coche en un céntrico parking. Se trata de una ciudad mediana de atractivo cuestionable, pero en plena ebullición. La peatonalización del céntrico bulevar Nëne Tereza ha revitalizado todo su centro que va transformándose poco a poco. Pero aún se ven heridas de los conflictos entre serbios y albanokosovares que empezaron en los 80. Optamos por un tour guiado para entender mejor esta joven ciudad, y empezamos por la estatua de Ibrahim Rugova, intelectual y político que lideró la resistencia a los serbios creando escuelas en albanés y estructuras propias en la sombra sin violencia: buscaba la independencia pero sin guerra. Sin embargo, la creciente violencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad yugoslavos (formados mayoritariamente por serbios) hacen que una parte de los albanokosovares se agrupen en el Ejército de Liberación de Kosovo para defenderse de la limpieza étnica que empezó expulsando a miles de personas de sus hogares, incluyendo miles de violaciones a mujeres y asesinatos en general. Una conmovedora estatua hecha a relieve de más de 2000 círculos que sobresalen recuerdan a estas víctimas en el Parku Heroinat. Y las flores y ramos que se acumulan a los pies muestran que sus familias no las han olvidado. Para evitar que el conflicto escalara como el de Bosnia, la OTAN bombardea Serbia, pese a no contar con mandato de la ONU, y Serbia acaba retirando sus fuerzas de Kosovo que, esta vez sí, queda bajo mandato ONU. Soprende ver los nombres de calles o bulevares: desde Avenida George Bush hasta Bulevar Bill Clnton o calle Madeleine Albright. Los kosovares están profundamente agradecidos a las administraciones estadounidenses que hicieron posible su independencia, que declararon unilateralmente en 2008 y ya han reconocido 115 países. Lo curioso es que la mayoría hubiera querido unirse en una Gran Albania, pero eso hubiera sido inaceptable para el 8% de población serbia y para toda la vecindad, así que optaron por un Estado plurinacional que reconoce gran autonomía a la minoría serbia.

Tal vez el mayor atractivo de la ciudad, más allá del mura del Dua Lipa (que viene todos los años al Sunny Hill Festival que ella creó) sea la impresionante biblioteca nacional, de 75 cubos de hormigón coronados por 75 cúpulas transparentes y cubierta de una filigrana metálica muy artística.

Ohrid

De vuelta a Macedonia, y más allá de las curiosidades de Skopje, el auténtico polo turístico del país es Ohrid, lago de agua dulce de más de tres millones de años, que alberga numerosas especies endémicas de vegetales y animales acuáticos que datan de la Era Terciaria. Su belleza es impactante, sobre todo por sus aguas transparentes e impecables. Nosotros hicimos la ruta por carretera parando a medio camino en la bulliciosa ciudad de Tetovo, enclave albanomacedonio que cuenta con la famosa mezquita de colores, con un exterior e interior coloridos que parecen sacados de las mil y una noches.

Como en la parte final del viaje me encontraba regular del estómago no pude probar la famosa trucha de Ohrid así que queda pendiente para una futura visita. Lo que sí pude visitar fue el famoso monasterio de San Naum, que lo fundó como centro educativo para poder facilitar la evangelización con el nuevo alfabeto cirílico. Dentro del monasterio está la bella iglesia con frescos que invitan a la reflexión y la tumba de San Naum, donde si uno pone la oreja aún se escuchan los latidos amortiguados del santo. Lo que sí o sí veréis al salir son las impresionantes vistas del lago. Se puede pasear por sus jardines mientras los pavos reales despliegan sus bellas colas para disfrute de los turistas que los fotografían sin piedad. Los terrenos los cruzan las aguas del lago Prespa, que desembocan aquí con fuerza en el lago Ohrid, cristalinas, permitiendo ver claramente el fondo en lugares incluso de más de tres metros de profundidad.

Nosotros nos quedamos en la ciudad de Ohrid, concretamente en su agradable casco antiguo, de calles empedradas y casas tradicionales. Y aunque tuvimos la mala suerte de que hiciera fresco y lloviera gran parte del tiempo, pudimos aún así disfrutar de las vistas y monumentos. Lo que más me gustó fue el paseo marítimo, construido como pasarela de madera encima del mar y al lado de los acantilados y que serpentea hasta el pueblo de pescadores de Kaneo, perfecto para el atardecer y llegar hasta la serena iglesia de San Juan de Kaneo del siglo XIII, situada en un acantilado frente al mar y edificio más fotografiado de Macedonia. Sentarse en los bancos de su jardín y observar la puesta de sol, el lago y las estrellas que van salpicando el cielo es tremendamente recomendable.

La parte más alta de la ciudad está presidida por los restos de una fortaleza medieval en cuyo interior se encuentra el teatro griego, que aún se usa hoy en día. En abril estaba bastante tranquilo todo, pero estoy seguro que las callejuelas y calas de la ciudad bullen en verano. Habrá que volver a comprobarlo.

IMPRESCINDIBLES

Comer

Tavce gravce con lukanci, en la Carsija

Beber

Café turco en las cafeterías de Pristina.

Escuchar

Hallucinate de Dua Lipa.

divendres, 20 de febrer del 2026

Véneto

Véneto 

El Véneto es una región italiana con gran personalidad y de un gigantesco interés. Su rica historia ha dejado un conjunto de ciudades y pueblos bellísimos, cargados de arte, cultura y gastronomía. Más allá de la maravillosa Venecia, recomiendo visitar otras joyas como Padua o Verona; y espero poder volver para visitar también Vicenza y Treviso, entre otras localidades.

Padua

Esta ciudad véneta ofrece animadas plazas con mercados, la segunda universidad más antigua del mundo, el primer jardín botánico de la humanidad, la obra maestra de Giotto y sobretodo, la gigantesca basílica del siglo XIII en honor a San Antonio de Padua. Además, como un amigo es de allí, aproveché para visitarle unos días y descubrir esta bella ciudad.

Además de pasear por su agradable centro histórico, la joya de la corona de la ciudad es la capilla Scrovegni. En ella, Giotto pintó su obra maestra a principios del siglo XIV: 38 escenas bíblicas que transformaron la pintura a final de la Edad Media y abrieron el camino a las nuevas técnicas del Renacimiento. El realismo, las emociones y sobretodo el poder de los colores anticipaban la revolución artística que vendría décadas después. Para visitarla hay que comprar la entrada con 72 horas de antelación como mínimo (es decir, tres días) y elegir la franja horaria en la que hacerlo, ya que solo se puede entrar a la capilla en turnos de 30 minutos. Si por lo que fuere os olvidasteis o no lo planificasteis, acudid de todos modos a las taquillas a partir de las cinco de la tarde por si quedaran algunas entradas sin vender. Yo tuve suerte.

La característica más llamativa de la capilla es su azul cobalto plagado de las famosas estrellas que pintó Giotto y que hoy son un símbolo de la ciudad. De hecho, hasta el tapizado de los asientos de los tranvías tienen este estampado. Además de las 38 escenas bíblicas, la capilla está presidida por un gigantesco fresco representando el Juicio Final, con el cielo y el infierno, destacando la representación de Satán y el hecho de que uno de los condenados sea un Papa (se distingue por su mitra papal). Lo que nunca desveló Giotto fue a que Papa se refería.

Además de la capilla, Padua también es sede de gigantescas iglesias, destacando la enorme basílica de San Antonio, de estilo románico, con enormes cúpulas bizantinas y campanarios que recuerdan más bien a minaretes islámicos. Se alzó para acoger las reliquias del Santo, expuestas en la capilla más grande, destacando su lengua incorrupta, su quijada y sus cuerdas vocales. Cientos de devotos de toda la Cristiandad abarrotan la basílica cada día para pedirle al Santo, en cuya tumba se amontonan fotografías de las personas agradecidas por haber cumplido con sus peticiones. En las pastelerías cercanas degusté el dulce del Santo, compuesto por una base de hojaldre crujiente rellena de mermelada de albaricoque, naranja confitada y cubierta con bizcocho de almendras.

Finalmente, Padua cuenta con la segunda universidad más antigua del mundo. Y de hecho, su jardín botánico es el primero de la historia, creado en 1545. Por ello, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Ha conservado su trazado primigenio formado por un terreno circular, símbolo del mundo, rodeado por un anillo de agua. Cada zona cuenta con distintos tipos de plantas: alimentarias, venenosas, curativas... Con el correr del tiempo se le fueron agregando pórticos ornamentales y balaustradas así como instalaciones de bombeo de agua e invernaderos. El jardín sigue cumpliendo su función original de centro de investigación científica. Desde hace unos años se le ha añadido una gran zona nueva compuesta por un macro invernadero dividido en cuatro zonas, en las que a través de mecanismos de temperatura y humedad se recrean las condiciones de entornos tropicales, subtropicales o áridos, para albergar aún más variedades botánicas y permitir a los estudiantes universitarios aumentar su conocimiento de las mismas. Disfruté mucho visitando estas instalaciones didácticas, así como los antiguos invernaderos en los que tienen una colección de plantas carnívoras.

Finalmente, paseamos por la ciudad, disfrutando de sus bellas plazas como la dei Signori, della Frutta y della Erbe, en esta última con el bello Palacio de la Razón, su mercado de productos locales en los bajos y el célebre Bar Nazionale, en el que degustar diferentes variedades de tramezzino, que son sándwiches que por el corte realizado se presenta de forma triangular al que se les ha quitado la cáscara tostada. Allí los rellenan tanto de lo tradicional en el norte de Italia así como de elementos de temporada como la achicoria roja o la alcachofa, acompañados de jamón dulce o mortadela boloñesa, entre otros. Y para beber, nada mejor que un Aperol Spritz, cóctel con el Aperol como protagonista, licor a base de naranja amarga y ruibarbo, producido en la propia Padua.

Vale la pena visitar también el Prato della Valle, la plaza más grande de Italia, con una isla verde en el centro rodeada por un pequeño canal bordeado por dos anillos de estatuas de personalidades italianas.
Una de las cenas fue en la Enoteca dei Tadi, restaurante que ofrece comidas y vinos del Véneto y las regiones vecinas. Cocinan con calidad y su personal fue muy amable. Cuenta con una variedad de vinos buenísimos: nosotros probamos un vino tinto de Verona estupendo. Cómo entrante un queso frito del Friuli acompañado de speck del Tirol. Como plato principal pedimos bacalao, la especialidad del Veneto, en este caso a la vicentina (con una salsa de leche, cebolla y ajo) acompañado de polenta a la parrilla.

En casa de mi amigo Andrea probé el baccalà mantecato, la forma de preparar el bacalao de la región, cocinado y reducido a crema con abundante aceite, ajo y perejil. Finalmente, fui a una pizzería de Padua buenísima: Da Pino, con un gran ambiente y un servicio impecable. Su carta de pizzas ofrece una lista que cambia con cada temporada según los ingredientes disponibles. Como era invierno, servían unas pizzas con la alcachofa como punto central y otras con radicchio (achicoria roja), de las que pedimos una acompañada de casatella, un queso de Treviso. Y para beber, cervezas artesanales de la región del Véneto.

Verona

Brevemente, en un intercambio de más de dos horas en la estación de Verona, también pude visitar su principal arteria, el elegante Corso Porta Nuova, así como la Piazza Brà, presidida por la arena de Verona, un enorme anfiteatro romano. 

Allí compré uno de los deliciosos pandoros tradicionales veroneses y probé la torta rusa de Verona en la histórica pasticceria Barini. Esta torta fue inventada por un chef italiano de repostería que trabajaba en Odessa. Se compone de un corazón de almendras trabajadas muy finas combinadas con azúcar recubierto con un hojaldre fresco preparado a mano. Volveré a esta ciudad para explorar su centro histórico, especialmente las casas de Romeo y Julieta.

diumenge, 23 de novembre del 2025

Lima

La capital gastronómica de Sudamérica

Lima es una ciudad gigante con mucho por hacer, ver y, sobre todo, comer. Si por algo se viene a la capital del Perú es por su variada y deliciosa gastronomía, para todos los gustos y bolsillos. De lo que pude ver, mi primer consejo es que os quedéis en Miraflores: es el barrio más agradable para pasear, con más tiendas y restaurantes, y relativamente cerca del resto de lugares a los que os apetecerá ir.

Y para empezar una visita a la capital peruana, nada mejor que mezclar historia y gastronomía en el lugar con los restos más antiguos de la ciudad: la Huaca Pucllana, que además cuenta con su restaurante con vistas a las ruinas. El lugar es un enorme centro ceremonial de adobe de siete pisos en forma piramidal construido por la cultura Lima en el año 400. Luego fue usado por la cultura Wari que enterró aquí a sus momias. Lo mejor es disfrutar de las impresionantes vistas de estas ruinas desde el restaurante del complejo, que sirve platos clásicos de la gastronomía peruana como el cebiche a la limeña o el filete de paiche amazónico en salsa de ají negro con majado de yuca y coco. Personalmente me encantó el dulcísimo suspiro de limeña de postre. Y todo acompañado de un buen pisco sour.

Y si sólo pudierais visitar un museo, no hay duda: el Museo Larco, en la parte oeste de Lima. Es perfecto para comprender mejor aún el pasado precolombino de la ciudad y el país. Se encuentra en la elegante mansión del siglo XVIII que alojaba al Virrey del Perú, ahora llena de exposiciones de artefactos encontrados por el coleccionista Rafael Larco. Las exposiciones, perfectamente presentadas y explicadas, incluyen desde maravillosas piezas de cerámicas de varias culturas como la Lima, la Wari o la Quechua; hasta alucinantes objetos de metal, telas o figuras de madera. La parte más curiosa es la colección de figuras eróticas, donde aprender de esta parte tan importante de la cosmovisión de las culturas precolombinas. 

La Lima colonial

Vistas las partes precolombinas de la ciudad, el gran tesoro de Lima es su parte colonial, para la que recomiendo un circuito guiado a pie que facilita comprender aspectos básicos de dicho periodo y arquitectura. Lima, la “Ciudad de los Reyes”, fue la urbe y capital más importante de los dominios españoles en América del Sur. Fundada por Francisco de Pizarro en el siglo XVI, muchos de los edificios originales se perdieron debido a los graves daños sufridos por varios terremotos y la mayoría de los que se ven hoy en casco histórico son del siglo XVIII. Aún así, la ciudad mantiene numerosas joyas arquitectónicas, como el convento de San Francisco, el más grande de esta parte del mundo en su género. Lo que hace especial a todos estos edificios limeños es que son creaciones única resultados de la colaboración de artesanos y artistas locales con arquitectos y maestros de obras del Viejo Continente. Una mezcla única del barroco católico europeo y los estilos y mitos del antiguo imperio de los Incas.

El centro colonial de Lima está al sur del río Rímac y es un damero de calles rectas cuyo corazón se encuentra en la impresionante plaza de Armas, jalonada por el grandioso palacio de Gobierno (aquí vive quien ostente la presidencia del Perú), la catedral metropolitana, el palacio arzobispal, la sede del gobierno municipal y unos paseos porticados estupendos. Vale la pena ver el cambio de guardia presidencial cada mediodía, pero también hay que disfrutar de la mágica iluminación de la plaza por las noches. Acercaos también al parque de la muralla, donde antes se alzaba la barrera colonial de protección de la ciudad, para ver como los barrios más humildes construidos en las colinas cercanas fueron pintados de colores por un alcalde para que las vistas fueran más agradables.

En Lima hay tantas iglesias, que uno se agota. Por eso, si solo queréis entrar en una, entonces no hay duda: el monasterio de San Francisco. Este edificio amarillo contiene tantos tesoros que vale la pena dedicarle una hora guiada: desde la bella pintura que vincula a San Francisco con el mismo Jesús a través de un árbol genealógico, hasta la impresionante cúpula morisca geométrica en madera y motivos islámicos de la escalinata principal o la biblioteca de película que guarda más de 25,000 libros, muchos incunables traídos de Europa. El agradable patio con sus pinturas en los pasillos y su cerámica es también fabuloso, por no hablar de las 13 pinturas del refectorio, que salieron del taller de Zurbarán. Aunque lo más curioso de la visita son sus enormes catacumbas, llenas de más de 70,000 esqueletos que, por alguna razón que se me escapa, han sido recolocados en formas decorativas que me chocaron sobremanera. 

Si os apetece alguna iglesia más, recomiendo la de Santo Domingo, sobre todo por ser lugar de reposo de los tres santos peruanos con más devotos: San Juan Macías, Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres (el primer santo negro de las Américas). Los encontraréis en el altar lateral al altaR mayor del templo. Otra iglesia bonita, al menos la fachada, es la de la Merced: su estilo churrigueresco es precioso, y el hecho de que fue en ese solar donde se celebró la primera misa de la ciudad la convierten en un lugar curioso.

Para casonas del centro, la mejor es el palacio Torre Tagle, con su pórtico barroco, sus balcones de celosía arabesca y sus elegantes estancias. Ahora es sede de la Cancillería del país. La Casa Oquendo,  en azul oscuro, es también bonita para ver desde fuera. Fue la más alta de la ciudad durante décadas.

La Lima republicana

El 28 de julio de 1821, el general San Martín proclamó la independencia efectiva del Perú en Lima efectiva el tres años después, cuando el ejército criollo venció al imperial en la batalla de Ayacucho. Para entender esta época, pasead desde la plaza de Armas hasta la plaza San Marín por el Jirón de la Unión, un paseo peatonal venido a menos pero que hasta mediados del siglo XX fue el lugar donde ver y ser visto, favorito por las elites aristocráticas, primero y republicanas, después. Los limeños aún dicen “vamos a jironiar” cuando se refieren a pasear en general o ir de tiendas. Llegaréis hasta la, aún elegante pero muy decadente, plaza de San Martín, llena de edificios señoriales, con una enorme estatua del libertador en el centro y el icónico Gran Hotel Bolívar en uno de los lados. Vale la pena curiosear en los centenarios comercios, especialmente en la Pastelería San Martín, donde aún preparan cada día enormes turrones de doña Pepa que se agotan en un abrir y cerrar de ojos, considerado el mejor de la ciudad. Este dulce tradicional limeño que se suele comer en octubre está hecho de cilindros de harinas infusionados en frutas y especias pegadas con miel.

Un almuerzo típico de la época sería en La Botica, una taberna criolla donde pedir un piqueo, como una porción de pejerrey enrollado (un pescado parecido al boquerón) al limón y aceite de oliva; y de principal, pallares (unas alubias grandes y tiernas) con lomo saltado. Y para una cena con bailes típicos peruanos (tanto de la época anterior a la llegada de los castellanos como de las épocas colonial y republicana) antes escoged Casa Tambo, donde además de los bailes interesantes que harán en mitad del salón mientras cenáis, servirán deliciosos platos de toda la geografía del país.

La Lima de hoy

Después de El Cairo, Lima es la segunda mayor ciudad del mundo construida en un desierto. Sus problema de agua son gravísimos, especialmente con su crecimiento sin pausa de población y barrios informales. El gran contraste son Miraflores y San Isidro, elegantes barrios ajardinados que compiten por atraer los mejores lugares de la ciudad con Barranco, otro de los barrios de moda, al que no tuve la suerte de ir: a la próxima no fallaré. Personalmente dormí todas las noches que pasé en la ciudad en San Isidro, centro bancario y de embajadas; y barrio rico, muy tranquilo por las noches. Por cierto, os recomiendo visitar el Centro Cultural de España en Lima, un innovador centro de arte contemporáneo donde artistas de Perú y España exponen obras en exposiciones temporales interesantísimas en la vanguardia de la ciudad.

En San Isidro se encuentra el lugar donde nació la cocina novoandina: Astrid y Gastón. Gastón Acurio, hijo de un senador peruano, fue a Madrid en los años 80 a estudiar derecho. Sin embargo, su pasión era la cocina, que estudiaba en secreto, hasta que tres años después decidió marcharse a París para aprender en Le Cordon Bleu. Allí conoció no solo las técnicas de la nouvelle cuisine, sino también a la que sería su mujer: la chef alemana Astrid Gutsche. Se casaron y volvieron a Lima donde fundaron su restaurante, que empezó sirviendo alta cocina francesa. Poco a poco fueron introduciendo ingredientes peruanos hasta crear la actualmente popularísima cocina novoandina, consiguiendo que el restaurante se convirtiera en uno de los mejores del mundo. Astrid y Gastón ya no es tan caro ni está tan alto en los rankings como hace unos años, pero sigue siendo estupendo para una noche de comida deliciosa entre amigos. Nosotros tuvimos la suerte de degustar cuy a la pekinesa en crepe de maíz morado, tiradito de lenguado bachiche en leche de tigre de albahaca y tortellinis de lúcuma en salsa meunier de conchas al capuchino, Y de postre chocolate tibio con uchucuta por un lado y el homenaje a la lúcuma con algarrobina, anís y aroma de palo santo. La sede del restaurante, la casa Moreyra, es en sí misma un destino, con su agradable tienda de recuerdos de excelente gusto, su capilla privada, los salones con recuerdos de la pareja de chefs o la bonita fachada con el gran balcón. Además, enfrente está una de las sedes de Tanta, un popular bistró también de Gastón Acurio, donde probar los clásicos de la gastronomía peruana con raciones potentes y un ambiente más relajado, sin necesidad de reservas. Su ceviche a la limeña, estofado de la abuela o ají de gallina son excelentes. 

En San Isidro también está Matsuei, restaurante que fundó el famoso Nobu pero que ahora tiene otros dueños que siguen manteniendo el espíritu original a un precio más razonable. Perfecto para disfrutar de la comida Nikkei, que es resultado de la fusión de las técnicas japonesas con los ingredientes peruanos. En Matsuei tienen platos innovadores como el tiradito fusión, el sushi crocante de erizo de mar o el udon carbonara con conchas.

Y no me podía dejar la comida Chifa: una nueva gastronomía surgida de la fusión de elementos, ingredientes y técnicas de la cocina cantonesa con los peruanos. Hay muchas chifas informales en la capital peruana, pero si queréis una chic, entonces nada mejor que Shi-Nuá. Allí tienen cochinillo crocante con pure de pera asiática y chutney de castañas, wantanes, chicha morada... todo servido con estilo e ingredientes de primera.

A Miraflores fui un par de veces, y es donde me hubiera quedado si hubiera podido elegir: además de su maravilloso paseo marítimo, este barrio cuenta con tiendas, restaurantes y parques agradables, como el parque del amor, parte del paseo marítimo. Lo presido una gran estatua de una pareja y sus bancos están cubiertos de mosaicos y frases románticas de autores latinoamericanos. Si seguís caminando llegaréis al LarcoMar, un agradable centro comercial con vistas increíbles a las playas de la ciudad y al océano Pacífico.

Pese a todo lo que os cuento, Lima no me enamoró: su tráfico insoportable y su cielo gris plomizo no ayudaron. En Lima pueden pasar meses sin que se vea el sol. Pero aún así, la amabilidad de sus gentes, su increíble comida y su interesante historia la hacen ineludible para cualquier viajero. Además, es la puerta de entrada para otras maravillas, empezando por el Machu Picchu. Dedicadle tres días con sus dos noches: no os arrepentiréis. 

IMPRESCINDIBLES


Comer

Menú degustación novoandino en Astrid & Gastón.

Cebiche a la limeña en Tanta.

Platos chifa gourment en Shi-Nuá.

Platos nikkei en Matsuei.

Turrón de doña Pepa en la Pastelería San Martín.

Beber

Pisco Sour en el restaurante de la Huaca Pucllana.

Escuchar

La flor de la canela de Chabuca Granda.

Leer

Lituma en los Andes de Mario Vargas Llosa

diumenge, 16 de novembre del 2025

El Salvador

 

El "Pulgarcito" de América

Aterricé en el país más pequeño del continente americano (sin contar las islas): El Salvador. Ellos mismos se llaman el "pulgarcito" de América de hecho. Una temperatura agradable me recibió al salir del aeropuerto Monseñor Óscar Romero, quedando pronto congelado al subir al coche que me recogió y llevó al centro de San Salvador y me puse al día de la situación política del país centroamericano. Luego fui a comer al mítico "Donde Mikel" un restaurante fundado por un vasco, primero en Guatemala y ahora con sucursal aquí también, que sirve deliciosas croquetas, pescado y gambones a la plancha cocinados en aceite de oliva andaluz de excelente calidad y ajo picado. Cocina simple pero con ingredientes de gran calidad. Pero en vez de contaros mi viaje paso a paso lo que haré será insertar todo lo que hice a la vez que recorremos la historia de esta pequeña república.

Sitio arqueológico de la Joya del Cerén y de San Andrés

Antes de la llegada europea, el territorio de El Salvador estuvo habitado por pueblo pipiles, lencas y mayas. Y para entender mejor a estas gentes, hay que visitar el único patrimonio de la humanidad reconocido por la UNESCO en el país: la Joya de Cerén. Estas ruinas mayas aportan un testimonio excepcional sobre la vida cotidiana de los agricultores mesoamericanos de esa época. 

Más allá de los sitios religiosos y políticos mayas que se pueden visitar en México, Guatemala o Honduras (como cuando visité Copán), lo que hace única a la Joya de Cerén es que aquí se puede ver el día a día de la gente normal de la civilización maya, y no de sus élites. Las casas tenían el dormitorio separado de la cocina en dos estructuras diferentes; y también contaban con una tercera estructura que era el granero. Y contaban con sus propios huertos para obtener vegetales y tubérculos. Esta comunidad agrícola es el equivalente maya a las ciudades romanas de Pompeya y Herculano, ya que fue repentinamente sepultada por una erupción del volcán Laguna Caldera hace 1400 años. Gracias a su perfecto estado de conservación, ahora comprendemos la vida de estas gentes.

En la estructura central de la aldea aún se puede ver la sala central con dos bancos donde se reunían los más mayores de la aldea para tomar decisiones. Y además, varias casas contaban con una cuarta estructura que eran los temazcales, saunas mayas con una estructura de cúpula y una pequeña entrada, y dentro un agujero donde se ponía madera con hierbas que se prendía y cuyo fuego calentaba una parte donde ponían agua líquida que se convertía en vapor. Esto demuestra que los mayas ya conocían los efectos terapéuticos de las saunas.

He de reconocer que los franceses han hecho muy buen trabajo en cooperación con los salvadoreños para mejorar la conservación de este lugar con grandes cubiertas para la lluvia así como la construcción de un  museo anexo se pueden ver algunas piezas interesantes de vajilla decorada que usaban.

No muy lejos de la aldea se encuentran las ruinas de San Andrés, el centro político-religioso del que dependía la aldea, ya que los mayas vivían en ciudades-estado (como los griegos), que compartían lengua y religión pero que basaban sus relaciones en alianzas militares y comerciales entre ellas. 

De camino entre un sitio y el otro paramos en La Querencia, un restaurante de carretera típico centroamericano con deliciosos y sabrosos platos salvadoreños, así como bebidas caseras como su horchata hecha con semilla de morro tostada y varias especias como la nuez moscada, canela o vainilla, a diferencia de la valenciana (de chufa) o la mexicana (de arroz).

Llegamos a San Andrés cuyas ruinas incluyen plazas, pirámides y templos, aunque siete metros de cenizas cubren la mayor parte de las pirámides, que solo tienen desenterradas sus cimas, ya que la actividad arqueológica se paralizó con la Segunda Guerra Mundial, cuando los arqueólogos estadounidenses que estaban en ello se quedaron sin fondos. Las cenizas no son feas, y que su fertilidad ha hecho que crezca una frondosa selva encima de ellas, excepto en las partes taladas por los arqueólogos donde se extienden un tupido césped de color verde brillante.

En la galería anexa a estas ruinas hay algunas de las piezas interesantes que se encontraron en las excavaciones, como una interesante figurita ceremonial que estaba rodeada de conchas marinas.

Para ver el gran volcán que sepultó estas poblaciones recomiendo acercarse al parque nacional El Boquerón. Es una excursión bonita desde la capital y basta subir en coche hasta la entrada del parquen en lo alto del volcán, y luego realizar un agradable paseo hasta el borde de su caldera, en una senda bien indicada y con escalones, no especialmente difícil, y miradores muy agradables. La naturaleza frondosa y con flores de colores es también preciosa, y las vistas de la caldera del volcán dormido en el centro, impresionante. 

Los siglos del Imperio español y la independencia

El caso es que los mayas colapsaron como civilización y décadas después los castellanos llegaron a esta parte del continente en el siglo XVI, pasando a ser parte del Virreinato de Nueva España y siendo gobernados desde la ciudad de la Antigua, en Guatemala, dentro del Imperio Español. De aquí han heredado la lengua castellana así como el catolicismo, que sigue siendo la religión mayoritaria pese al avance de las iglesias evangélicas que llegan desde Estados Unidos. Yendo en carretera pude ver una procesión de varios coches decorados con globos llevando el que la encabezaba a una Virgen y seguido de otros tantos con niños subidos en los capós o techos (algo peligrosísimo) o en las partes traseras de las pick-up.

Ya en 1821 El Salvador declaró su independencia de España, siendo parte de la República Centroamericana, aunque luego se convirtió en una república independiente en 1841. En el Palacio Nacional de San Salvador, que acogió durante décadas a los tres poderes de la República, aún se puede visitar el antiguo parlamento, la sede del tribunal supremo y el despacho del presidente de la República, en cada una de las alas del restaurado palacio. Por cierto, restauración algo kitch que no me gustó por recordarme más a la mansión de un narco que a un edificio decimonónico con solera. Aún así lo recomiendo mucho ya que las visitas guiadas son gratuitas. Las tres instituciones se desplazaron a otros edificios en 1972.

No muy lejos del Palacio Nacional hay varias pupuserias, feas la mayoría de ellas, pero deliciosas todas. Yo me acerque paseando a la Pupusería San José, en una calle muy desagradable pero con buen sabor. Y las probé primero de maíz. Las pupusas son símbolo nacional del país, de origen pipil y muy nutritivas. Recién hechas están deliciosas.

Un final de siglo XX violento y un nuevo futuro

El Salvador vivió un siglo XX de varias dictaduras y grandes desigualdades sociales. Y lo peor fue que en 1980 estalló una guerra civil entre el gobierno y la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, que duró hasta 1992, dejando más de 75,000 muertos. Este conflicto se puede enmarcar dentro de la Guerra Fría, ya que enfrente a un gobierno de derechas frente a guerrilleros izquierdistas. Tras los acuerdos de paz de 1992, El Salvador avanzó en democracia, pero las grandes desigualdades sociales llenaron al país de maras y pandilleros que se organizaban para controlar el mercado de la droga y extorsionaban a barrios enteros y comerciantes cobrando a cambio de no robarles (o matarles). Llegó a ser el país más peligroso del mundo, con tasas de asesinatos por encima de países en guerra como Irak. Sin embargo, la victoria del presidente Bukele hace unos años acabó de raíz con la violencia e inseguridad lanzando un estado de excepción y realizando detenciones masivas que suspenden el proceso debido y ciertos derechos humanos. Además, convirtió a El Salvador en el primer país que hizo Bitcoin moneda de curso legal con resultados muy controvertidos. También rompió relaciones con Taiwán, reconociendo a la RDC como única China. A cambio, Xi JingPing le regaló el Estadio Nacional y la Biblioteca Nacional, un símbolo de renovación cultural y tecnológica con miles de libros, zonas interactivas y espacios para leer, trabajar o relajarse abiertos las 24 horas.

Su diseño ultramoderno en la plaza central de la capital contrasta con el resto de edificios. Pero lo cierto es que ha dado vida y seguridad a una zona antes deprimida y busca acercar la lectura o el ocio sano (videojuegos, juegos de mesa...) para acabar con la anterior cultura de pandillas, alcohol y drogas. Por eso siempre está abierta, día y noche.

Para entender el panorama artístico del país vale laS pena visitar la galería de arte y taller "El Árbol de Dios" del ya fallecido artista Fernando Llort, que ahora gestiona su amable hijo y al que es fácil encontrarse por allí. Se le considera el gran artista nacional del país y vale la pena descubrir su obra de estilo naif que mezcla cristianismo, simbolismo indígena, amor por la naturaleza y búsqueda de armonía social, transmitiendo paz, ternura, unidad y esperanza después de décadas de violencia. Se pueden adquirir originales de algunas obras así como facsímiles u objetos decorados con diseños que ahora copian artistas en el taller. Para los inversores en arte, es una oportunidad ya que los precios siguen siendo accesibles para un artista que podría revalorizarse en cualquier momento.

Finalmente, y del lado gastronómico, no me quise ir sin volver a comer pupusas, esta vez de arroz, en el Pupusódromo de Olocuilta, de camino al aeropuerto. Se rellenan de loroco, frijoles molidos, queso, pollo, carne... o de todo a la vez. Deliciosas. Aquí, además de la gran concentración de pupuserías, también se pueden ver las dos enormes planchas metálicas en las que se cocinaron las pupusas más grandes del mundo.

En fin, si vuelvo a El Salvador será ya para conocer su costa, según dicen excelente para surfear, y también sus pueblos coloridos como Suchitoto.

IMPRESCINDIBLES


Comer

Pupusas de arroz o maíz en El Pupusódromo de Olocuilta. 

Beber

Horchata salvadoreña en La Querencia.


Comprar

Obras de arte de Fernando Llort en El Árbol de Dios.

Escuchar

El carnaval de San Miguel de Paquito Palaviccini.

Ver

Salvador de Oliver Stone.