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dimarts, 28 d’abril del 2026

Arabia Saudita

El Reino no tan hermitaño

Desde que viví en el Golfo Pérsico siempre me había generado interés Arabia Saudí. Un país fascinante, cuna de una de las lenguas más habladas del mundo y de una de las grandes religiones, estaba cerrado al turismo de ocio y cultura, y solo se podía ir por negocios o por turismo religioso si se era musulmán. Todo esto cambió en 2019 cuando el Príncipe Heredero, tras el golpe de Estado en el que encarceló a varios de sus familiares y sus corruptos amigos, se convirtió, de facto, en la persona más poderosa del país: Mohammed Bin Salman, más conocido como MBS. Poco a poco fue abriendo el país, permitiendo a mujeres conducir, quitando poder a la policía religiosa para relajar la obligatoriedad de cubrirse el pelo, permitiendo que se abrieran cines y que se pudiera poner música en público. Y abriendo el país al turismo internacional de ocio y cultura.

Así que, finalmente, en 2026, pude descubrir el país donde nació el Islam, que está viviendo un proceso lento pero constante de transformaciones socioeconómicas: moviéndose de un extremismo wahabita hacia una mayor apertura social. Y de una dependencia casi total del petróleo a una diversificación de la economía que busca hacer crecer a sectores como el financiero, el de los transportes, el tecnológico o el propio turismo.

Medina

Aterrizamos desde Mascate directamente en Medina, o "La Ciudad" en árabe, segundo lugar más santo del Islam tras La Meca y que ha sido completamente transformada en las últimas décadas: de su antiguo centro histórico solo quedan algunas mezquitas porque el resto fue demolido y se construyeron grandes ampliaciones de la mezquita del Profeta. A su alrededor, hay grandes espacios abiertos rodeados de hoteles y centros comerciales todos de la misma altura y apariencia similar. Como la mezquita está prohibida a los no musulmanes, os recomiendo reservar habitación con vistas a la misma para al menos dar un vistazo y relajarse mirando a las miles de personas que se mueven por sus enormes patios. Nosotros optamos por el Pullman Zamzam Madina. En cualquier caso, también podéis hacer la gran caminata de rodearla, viendo sus diez minaretes, sus enormes sombrillas (plegadas y desplegadas) y las cúpulas (la más antigua es la de color verde, construida por los otomanos, y bajo la cuál está enterrado el Profeta Mahoma y los dos primeros califas). El recinto puede acoger hasta un millón de fieles rezando y no cierra nunca. Miles de creyentes entran al día para ofrecer la paz (Salam) al Profeta, ya que en el Islam no se puede rezar a ninguna persona: solo a Dios (Alá).

La ciudad de Medina es especialmente hospitalaria, por siglos de historia acogiendo a peregrinos, y un punto de entrada interesante al país ya que fueron sus habitantes quienes acogieron al Profeta en el año 622 cuando fue expulsado de La Meca, tras oponerse a prácticas idolátricas y difundir el monoteísmo. Medina se llamaba Yathrib y allí le invitaron aceptando su liderazgo espiritual y político. Ese año se produjo entonces la "Hégira" o primera expansión del Islam con la creación de ese primer Emirato islámico. Por eso los medinenses se jactan de ser los más hospitalarios de la ya muy hospitalaria Arabia Saudí.

Tras respirar el ambiente religioso con musulmanes de todo el mundo y curiosear por los centros comerciales cercanos (había uno con carteles de todos los profetas que reconoce el Islam, desde Abraham a Mahoma incluyendo a los reyes David y Salomón o a Jesús), optamos por cenar en un restaurante uzbeko bastante rico, rodeados de peregrinos de dicho país. Al día siguiente volvimos a ver el ambiente matutino y luego, un medinense amigo nos enseñó otros lugares de la ciudad, como una parte histórica que se está restaurando y convirtiendo en lugar de moda para restaurantes y cafés alternativos con galerías de arte; así como la antigua estación otomana que unía Medina con Damasco. Se presentó como facilitadora del peregrinaje pero en realidad era un gran negocio de los otomanos con los alemanes financiado por el Deutsche Bank y construido por Siemens. Y el objetivo real era facilitar el movimiento de tropas otomanas en el mundo árabe y de paso intentar cohesionar mejor económicamente todas esas provincias.

También fuimos a la mezquita de Quba, la primera de la historia, que el Profeta y su comunidad construyeron tras la Hégira. Originalmente fue un edificio sencillo de adobe y hojas de palmera, con un patio abierto rodeado de columnas de madera. Ahora es una mezquita blanca de estilo otomano y rezar allí equivale a recibir la recompensa de una peregrinación completa (Hajj). Allí si que entramos porque se permite a no musulmanes visitar con respeto y sin fotografiar su interior. Luego la policía religiosa nos interrogó en una sala para asegurarse que no tomamos fotos ni vídeos, pero siempre con respeto.

Yeda: Puerta de La Meca

Tras un road trip por el desierto rocoso de varias horas llegamos a la agradable Corniche de Yeda, con una temperatura mucho más elevada que en Medina. Se le sigue considerando la ciudad más cosmopolita del país. Pese a estos seis años de apertura, he de decir que el ambiente sigue siendo muy tradicional, con mujeres tapadas hasta la cara, aunque ya se ven de vez en cuando algunas que ni siquiera se cubren el velo. Su paseo marítimo a medianoche bullía con familias y grupos de amigos dando vueltas a pie, en triciclos o en bicis. Además se ve a gente rezando en algunos de los parques: el respeto a los cinco rezos diarios está bastante extendido. Las cafeterías rebosaban en gente, compitiendo entre ellas por el mejor café de especialidad o la creación más interesante. Saudí es un país seco igual que Kuwait o algunos Emiratos, por lo que el alcohol está prohibido: las opciones populares son el café y la shisha en restaurantes turcos o libaneses. Me hizo gracia un complejo de drive-thru con pequeñas sucursales de todas las principales cadenas de cafeterías del país compitiendo para atraer la atención con recreaciones de tazas o cafeteras gigantes. Nosotros seguíamos obsesionados por el café de azafrán, mucho más difícil de encontrar aquí que en Omán. Luego cenamos al lado en un sitio tan típico que solo tenía la carta y la cartelería en árabe: Al Muallimisa, una cadena que sirve platos de carne, arroz y verduras siendo su especialidad el hígado de camello salteado, muy típico para desayunar en esta región de la península, y que nosotros lo pedimos para cenar acompañado de ensalada y hummus.

Al día siguiente nos fuimos a uno de los beach club que pueblan el paseo para disfrutar de la playa, donde turistas occidentales en bikini conviven con las mujeres locales que entran en el mar con sus túnicas, cubiertas cara y todo, vigilando a sus hijos chapoteando. Si vais en enero a la península arábiga hará temperaturas agradables pero fresquitas excepto en Dubai y Yeda donde si será posible tener el suficiente calor durante determinadas horas del día para bañarse en el mar. Pero antes desayunamos en el chic Eng Café, en su terraza elevada frente al mar. Aquí su carta combina desde bollería occidental recién hecha hasta platos regionales como el masoub, que son plátanos machacados con pan, miel y dátiles y queso rallado por encima. Luego nos tumbamos en la playa y nos bañamos varias veces en las agradables aguas del Mar Rojo hasta que el sol, de color sangre, se puso entre las aguas: tocaba ir a la vieja Yeda, el motivo principal de nuestra visita.

Situada en la costa oriental del Mar Rojo, Yeda se convirtió a partir del siglo VII en una importante ciudad portuaria por la que transitaban las mercancías llegadas por las rutas marítimas comerciales del Océano Índico con destino a La Meca. También se convirtió en el puerto de llegada de los peregrinos musulmanes que viajaban por mar para dirigirse a esta ciudad santa. Gracias a esa doble función, Yeda llegó a ser un pujante centro urbano multicultural, 

Ese pasado glorioso se ve paseando por su centro histórico al caer el sol en enero, que es una delicia, con temperaturas agradables, iluminación preciosa y un ambiente animado, más calmado en algunas calles y más ajetreado en otras, sobre todo las más centrales del zoco Al Awi. Entramos por una de las puertas históricas de Al Balad, la antigua ciudad vieja amurallada, y empezamos a fascinarnos con las elegantes construcciones tradicionales en forma de casas-torres edificadas a finales del siglo XIX por los mercaderes pudientes de la ciudad que las construyeron con rocas coralinas del Mar Rojo y maderas exóticas, con influencias y técnicas artesanales importadas de las rutas comerciales del océano Índico. El ministerio de cultura está a tope con la restauración de estos edificios: habían varios en obras. Sus bellos balcones permitían ver la calle sin ser vistos desde el exterior, garantizando esa privacidad doméstica tan querida en el mundo árabe.

En las calles se ven a muchos grupos de mujeres jóvenes de las cuales algunas ya no llevan velo y muchas ni siquiera abaya, algo imposible antes de 2017 donde era obligatorio y además no podían salir a la calle sin su esposo, padre, hermano o tío. También había música (algo imposible antes de ese año). En el zoco conviven locales de toda la vida que venden ropa y zapatos tradicionales junto a tiendas de somalíes que hacen jabones artesanales, artistas saudíes, yemeníes que venden perfumes, especias o dátiles así como bangladesíes con sus zumerías o tiendas de fruta y alimentación.

Paseamos también por el cercano parque del lago Al-Arbaeen para admirar el conjunto de estatuas de artistas punteros del siglo XX, incluyendo una auténtica de Miró. Y no os vayáis de Al Balad sin visitar su nuevo Museo del Mar Rojo, donde a través de artefactos históricos artesanales y obras de arte contemporáneo explica de forma dinámica las realidades sociales, económicas, históricas y biológicas de este mar tan especial.

AlUla: la perla de Saudi

Dejamos Yeda con un avión destino a Al Ula, la gran referencia de la apertura turística de Saudi, con la que buscan diversificar el actual turismo religioso de Meca-Medina y forjar una nueva narrativa nacional que ensalce su pasado pre-islámico y nabateo.

Llegamos a su casco viejo de casas y mezquitas de adobe que tienen más de 800 años. Gran parte del mismo se ha recuperado para tiendas y hoteles boutique mágicos. De hecho, nosotros nos quedamos en el increíble Dar Tantora, que ha recuperado calles, patios y casas del casco viejo que son ahora habitaciones, comedores y terrazas con vistas al oasis inolvidables. De hecho, su entrada es la antigua plaza Tantora de Al Ula: Tantora es un antiguo reloj solar de piedra y barro cuya sombra indicaba turnos de riego, así como el inicio del invierno, el verano, la siembra o la cosecha. El hotel busca respetar al máximo el entorno por lo que limita al máximo el uso de electricidad: sus pasillos y habitaciones se iluminan con 1800 velas que se reponen cada día. Es como un sueño pasar la noche allí, viajando en el tiempo entre un mundo árabe místico y misterioso. Y lo mejor es que desde las terrazas de cada habitación se puede disfrutar de un cielo tachonado de estrellas. En Dar Tantora han recuperado decenas de puertas que se pintaban para recepciones de bodas y así se quedaron. Estos diseños y pinturas también se recrean en "A place for remembrance", un museo que explica la vida y tradiciones de este oasis. Cada callejón del casco antiguo está cuidado al detalle: en muchos hay jarros de barro tradicionales colgados del techo o platos de orfebrería que refulgen con la luz mañanera.

Tras el buenísimo "check-in" con perfumes, café árabe (infusionado con cardamomo y clavo) y dátiles, nos fuimos directos a ver  la puesta de sol desde la impresionante roca del Elefante. La luz es mágica en un paisaje que parece sacado de otro planeta. Además, los cafés se han hecho de forma muy respetuosa con el paisaje, poniendo círculos de sofás enterrados en la arena con hogueras en el medio que le dan un toque chic y a la vez misterioso. Luego nos fuimos al mercado de los campesinos de Al Ula, algo "fake" y que parece más de un parque temático, pero lleno de cítricos por ser temporada, y donde probé por primera vez unas naranjas mini que se comen con piel y todo (kumquats) y unos limones dulces inolvidables que nunca había probado.

Luego fuimos a cenar al restaurante del hotel, Joontos, que celebra la cocina saudí con ingredientes de cada estación de Al Ula y toques españoles: es cocina de oasis a un ritmo tradicional, sin prisas, velas y música tenue. Desde una patatas harra a la brava hasta un mango con azafrán para beber y tomates deshidratados con queso de cabra como ensalada. A la mañana siguiente, desayunos allí, ya con sol, unos fabulosos huevos a la marroquí, un azafrán latte, frutas orgánicas del oasis y un pan recién horneado increíble. Luego usamos su gimnasio cool y descansamos en su agradable piscina con vistas.

Seguimos visitando los tesoros de Al Ula, esta vez Maraya (espejos en árabe): un auditorio de última generación donde la arquitectura contemporánea se fusiona con el paisaje. El edificio es como un espejismo en el desierto que refleja sus alrededores. Solo que en este caso es real. Tras algunas fotos y atravesar un valle surrealista llegamos al primer sitio patrimonio de la humanidad de Arabia: el sitio arqueológico de Al Hijr – Madain Salih

Conocido en la antigüedad con el nombre de Hegra, es el sitio de la civilización nabatea mejor conservado al sur de Petra (Jordania). Comprende una serie de tumbas monumentales con fachadas ornamentadas, que se hallan en buen estado de conservación y datan de los siglos I a.C. y I d.C, con medio centenar de inscripciones del periodo prenabateo y algunas pinturas rupestres que han facilitado a los historiadores conocer mejor esta civilización. Sus pozos y sus 111 sepulturas monumentales, entre las que figuran 94 ornamentadas, son una muestra excepcional de las realizaciones arquitectónicas de los nabateos y de su dominio de las técnicas hidráulicas.

Muchas de las rocas parecían naves espacial en las que habían excavadas tumbas de una belleza única con las dos escaleras tradicionales en la cima que representan el camino al cielo. Estas tumbas eran de familias que las usaban durante generaciones. La más impresionante es la enorme tumba solitaria inacabada con cuatro columnas (las demás solo tienen dos), y nunca se acabó porque su dueño nunca regresó ya que falleció lejos de Hegra. Toda una lección de que por mucho que planifiques, la vida siempre da sorpresas.

En su centro de interpretación hay una exposición sobre Hinat, una mujer muy importante de la sociedad nabatea que murió con cuarenta años, de la que se ha estudiado su cuerpo, cubierto en su tumba por arena del desierto que lo mantuvo intacto, así como ocultas las riquezas frente a los saqueos del resto de tumbas. Además de Hinat, habían 80 cuerpos en la tumba que construyó para ella y sus descendientes. La reconstrucción de su cara que hay es impresionante.

Luego fuimos a cenar a Somewhere, uno de los restaurantes chulos que están abriendo el Al Ula, decorado al estilo fusión California-Saudi, con platos libaneses contemporáneos usando ingredientes del oasis. Después fuimos a dar un paseo por la calle principal de la vieja Al Ula, que por la noche está a rebosar de turistas y locales yendo arriba y abajo curioseando en sus tiendas de comida tradicional, ropa a la última y artesanías. Han recuperado hasta las antiguas máquinas distribuidoras de Pepsi de los años 60.

Finalmente hicimos la experiencia de "Hegra After Dark" por la que volvimos al sitio patrimonio UNESCO en coche de caballos bajo un cielo negro tachonado de estrellas brillantes. Allí, en una plaza con varias tumbas, reconstruyen un antiguo mercado nabateo teatralizado con actores que sirven comida típica, realizan caligrafía nabatea y talleres de costura o incienso, mirra y otras especias. En el maquillaje nabateo puedes quemar y picar una resina que usaban para maquillarse los ojos. Luego los actores contaban historias en la plaza alrededor del público sentado al que nos servían comida y bebida. Los árabes son contadores de historias y poetas. Al fin y al cabo de aquí son los cuentos de las 1000 y unas noches. Luego llegaron nuevos mercaderes con unos camellos a los que pudimos acariciar. Toda una manera diferente de vivir este patrimonio maravilloso.

El último día en Al Ula visitamos Desert X 2026, que justo se acababa de inaugurar: se trata de una bienal de arte contemporáneo en mitad de un wadi, que por cierto es precioso, toda una maravilla natural de grandes cañones en mitad del desierto en los que se ponen las esculturas e instalaciones. Me impresionó mucho una estatua de artistas daneses y saudís gigante que era móvil (pero difícil de mover). O las estatuas de las ondas sonoras de un poema en inglés elaboradas con arena compactada de una escultora yemení. O el minarete con forma de flecha que nos recuerda del peligro de convertir a la religión en un arma. Nunca había disfrutado de una bienal de arte contemporáneo instalada en un sitio tan especial. Además, conocimos a artistas, curadores y críticos muy interesantes, aprovechando esa calma y tranquilidad que solo el desierto puede dar.

Nos despedimos de Al Ula desde su impresionante mirador en lo alto de una montaña, al que subir en coche, con vistas a este inolvidable oasis y wadi que conecta la península arábiga con el norte del mundo musulmán, y que ha sido lugar de descanso de peregrinos durante siglos.

Riad, capital de los Al Saud

Acabamos nuestro tour árabe por la capital del país y nos quedamos enfrente de su gran símbolo, la torre del Reino, un rascacielos de 300 metros de altura y 77 pisos, con residencias, hoteles, oficinas y un gran centro comercial de lujo. Se le conoce también como el abre-botellas gigante y lo más distintivo es su SkyBridge, un puente sin nada debajo en lo alto de la torre desde la que observar como Riad ha pasado de tener  medio millón de habitantes en 1960 a los 8 millones que acoge hoy. Daba un poco de vértigo caminar por ese puente a 300 metros sobre el suelo. Por cierto, el su fancy food court hay que pagar solo por entrar y entre sus puestos de comida hay música de DJ en directo y grupos de saudís arreglados viendo y dejándose ver.

Riad tiene distritos agradables por los que pasear: desde disfrutar del futuro en el distrito KAFD, con su mezquita ultramoderna y blanca o la estación de metro más bonita del mundo diseñada por Zaha Hadid, y tomar un brunch cerca en los diferentes locales de moda; hasta descubrir su pasado en el distrito de At Turaif en ad Dir’iyá, donde empezó todo. En esta ciudadela, la casa Saud acogió al erudito al-Wahhab, que concluyó que muchas prácticas del Islam de su tiempo, como la veneración de santos, tumbas, amuletos se apartaban del monoteísmo puro, y predicó volver al Islam primitivo del Corán, rechazando cualquier intermediación de personas con Dios. Vamos, como Lutero. A partir de esta visión legitimizadora, los Al Saud empezaron a conquistar territorio de la península con esta población como capital, desde su ciudadela. Las familias Saud y Wahhab empezaron incluso a casar a sus miembros entre sí en una alianza que llega hasta hoy, cuando las reformas del príncipe heredero han redefinido este equilibrio reduciendo el poder del clero, pero sin llegar a romper el pacto fundacional.

En este distrito antiguo ahora muy bien restaurado y museizado, cenamos en uno de sus restaurantes, Takya, de comida saudi contemporánea, destacando las olivas marinadas en piel de naranja, la deliciosa ensalada de higos y mandarinas del oasis y o los ricos manti rellenos de calabaza. 

Riad me sorprendió por lo rápido que está creciendo y modernizándose, intentando quitarse ese sambenito de ciudad burocrática y aburrida. En general Saudi es un país que está mutando a gran velocidad y del que me dejé muchos patrimonios que ver. Espero que algún día, la Ciudad Santa de La Meca también pueda abrirse a los turistas respetuosos que queremos aprender algo más de la historia y ritos del Islam. También quiero volver para ir al MDL Beast, el gran festival de música electrónica de Riad y Yeda.

IMPRESCINDIBLES

Comer

Naranjas minúsculas con piel o limones dulces en el mercado de campesinos de Al Ula.

Comida fusión saudi-española en Joontos.

Masoub en Eng Café.

Hígado de camello salteado en Al Muallimisa.

Beber

Zumo de mango con azafrán en Joontos.

Escuchar

Marra Kalam de Dish Dash.

Aash Salman de Rashed Al Majed.

Jeddah keda  (popular).

Ver

Lawrence de Arabia de David Lean.

diumenge, 26 d’abril del 2026

Macedonia del Norte y Kosovo

Skopje, capital ecléctica

Macedonia del Norte es un país, en general poco visitado. Y su capital, aún menos, ya que la mayoría de turistas se concentran en el lago de Ohrid, que también visité y más adelante en esta entrada os cuento. Aún así, Skopje es una ciudad curiosa y compleja donde la herencia griega, romana, bizantina y otomana se mezclan con un pasado comunista, la reconstrucción brutalista de la ciudad en los años 60 tras un devastador terremoto y un presente complejo de reimaginación (y construcciones) neoclásicas kitch.

Nosotros nos quedamos al lado de la Plokstad Makedonija, una enorme plaza epicentro del plan Skopje 2014, que acabó siendo un conjunto de edificios carísimos y 40 estatuas de un gusto dudoso que lleva a muchos a referirse a Skopje como "Las Vegas europea". Una estética neoclásica y barroca que nunca existió con materiales de mala calidad dan una apariencia a toda la zona reformada de parque temático, con un arco del triunfo de dudoso gusto, estatuas gigantes de Alejandro Magno, Filipo y su madre Olimpia así como de otros héroes nacionales macedonios que nunca pisaron Skopje... y una flota de buses de dos pisos rojos que tratan de imitar a los de Londres pero que tampoco llegan a la calidad de aquellos. En cualquier caso, interesante de ver si se olvidan los 700 millones de euros que se malgastó en la broma y que acabaron con el primer ministro responsable de esto exiliado en Hungría. Varios de estos nuevos edificios albergan museos a los que no nos dio tiempo a entrar. 

Más allá de la curiosidad de su barrio-escenario, cruzad el bello puente de piedra (de época bizantina) y recorred la agradable Carsija, antiguo barrio otomano, con su bazar de sinuosas calles, teterías, mezquitas, restaurantes tradicionales, caravanserais, un hammam, anticuarios y tiendas de artesanía. Comimos en una de sus plazas arboladas, al lado de una fuente, en un restaurante que hacía el tradicional tavce gravce, un guiso de judías blancas con cebolla y hierbas cocinadas en recipiente de barro en horno de leña y acompañadas de lukanci, la salchicha de cerdo con pimentón típica, y una sopska salata, de tomate, pepino y cebolla cubierta de queso blanco rallado. El barrio lo preside la enorme fortaleza Tvrdina Kale, de época romana, y desde cuyas murallas se puede disfrutar de una preciosa vista de la ciudad. Y muy cerca está la serena mezquita de Mustafa Pasha, rodeada de un hermoso jardín de rosas y que recuerda, tanto en su interior y exterior a Estambul. O la escondida iglesia Sveti Spas, enterrada a 2 metros bajo tierra según regulaba la norma otomana.

Para entender la cara comunista de Skopje, hay que saber que en 1963 hubo un terremoto que destruyó el 65% de la ciudad y en el que fallecieron más de 1000 personas y hubo miles de heridos. Donde más visible se hace esta tragedia es en la antigua estación de trenes de piedra, que se dejó medio derruida y con el reloj parado en la hora a la que se produjo el terremoto y que ahora alberga el museo de la ciudad. La respuesta internacional fue ejemplar, con países de todo el mundo colaborando (incluyendo estadounidenses y soviéticos) capitaneados por la ONU. El arquitecto Kenzo Tange, responsable de reconstruir Hiroshima, lideró el proyecto y aún quedan muestras sublimes de esa época, como la impresionante sede de los Correos Macedonios, que aunque que quemó en 2015, mantiene su estructura de cemento brutalista que tanto me recordó a Brasilia.

Por otro lado, también vale la pena pasear por Debar Maalo, el nuevo barrio de moda, lleno de árboles, bares y restaurantes que se alternan con embajadas y galerías de arte. Aquí hay varios buenos restaurantes donde degustar las carnes macedonias acompañadas de ajvar, la tradicional salsa dulce de pimiento rojo balcánica, así como los quesos frescos o fritos locales. No muy lejos está la futurista Casa de la Madre Teresa de Calcuta, un edificio de arquitectura peculiar construido encima de los restos de la iglesia donde fue bautizada la ciudadana de Skopje más internacional. En ella hay fotos y objetos de la Santa, y en el segundo piso una capilla de vidrio cubierta de filigrana de hierro siguiendo la tradición macedonia.

No os asustéis por las manadas de perros abandonados comunes en la ciudad. Son inofensivos siempre que no vayas en bici (que les pone nerviosísimos) o se topen con perros de otra banda. En ese caso, mejor no os pongáis por el medio.

Kosovo, el país más joven de Europa

Una excursión de un día muy sencilla y agradable desde Skopje es el pequeño país de Kosovo (o provincia serbia según la propia Serbia, Rusia, España o Brasil, que aún no reconocen a esta república balcánica). El caso es que los Estados Unidos de América y sobre todo la UE y Turquía, sí les reconocen y apoyan de forma decidida a consolidar sus estructuras de Estado y crecimiento económico. Alquilad un coche y pagad el suplemento para poder cruzar a Kosovo, y poder así ver varias cosas con flexibilidad.

Tras un facilísimo cruce de fronteras, recorriendo sus nuevas y fabulosas autopistas, llegamos al enclave serbokosovar de Gracanica, monasterio fundado en 1321 por el rey serbio Milutin, en cuyo centro se sitúa una bellísima iglesia con impresionantes pinturas medievales. Está prohibido hacer fotos del interior, que son espectaculares, testimonio del apogeo de la cultura eclesiástica bizantino-románica de la región balcánica entre los siglos XIII y XVII, y mezclan las influencias del arte ortodoxo oriental y las tradiciones del arte románico occidental. Este estilo ejerció una influencia decisiva en el arte balcánico de épocas posteriores. Durante nuestra visita se celebraba una boda con música folklórica serbia, todo el mundo muy arreglados y una gran bandera serbia ondeando en el grupo familiar. Para los serbios, Kosovo es la cuna de la identidad serbia y sus monasterios donde surgió su Iglesia. Curiosead por la tienda de alimentos donde se vende todo tipo de productos orgánicos así como dulces caseros serbios conservados en neveras.

A unos minutos en coche se encuentra la reserva de osos de la ONG Four Paws, en mitad de un bosque a orillas de un lago. Allí vimos muy de cerca a varios osos pardos rescatados de restaurantes de toda Europa donde los tenían en jaulas de exhibición, que se recuperan en recintos espaciosos, semi-boscosos y en algunos casos, con otros osos. Mientras que a algunos se les ve felices en sus recintos, otros dan vueltas alrededor de las verjas o en las puertas abiertas de sus habitáculos cubiertos, mostrando traumas y necesidad de estar cerca de humanos. Por cierto, su tienda cuenta con souvenirs de alta calidad. También hay un restaurante vegetariano pero los fines de semana está a tope (o eso nos pasó a nosotros).

Pero si los serbios nacieron en Kosovo, fueron derrotados y expulsados por los otomanos en 1389, tras los que se produjeron 500 años de islamización parcial y además, la población albanesa se convirtió en mayoritaria. Sin embargo, el el siglo XX, Kosovo volvió a ser parte de Serbia como una provincia más, dentro de Yugoslavia. Y a su capital llegamos, Pristina, y dejamos el coche en un céntrico parking. Se trata de una ciudad mediana de atractivo cuestionable, pero en plena ebullición. La peatonalización del céntrico bulevar Nëne Tereza ha revitalizado todo su centro que va transformándose poco a poco. Pero aún se ven heridas de los conflictos entre serbios y albanokosovares que empezaron en los 80. Optamos por un tour guiado para entender mejor esta joven ciudad, y empezamos por la estatua de Ibrahim Rugova, intelectual y político que lideró la resistencia a los serbios creando escuelas en albanés y estructuras propias en la sombra sin violencia: buscaba la independencia pero sin guerra. Sin embargo, la creciente violencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad yugoslavos (formados mayoritariamente por serbios) hacen que una parte de los albanokosovares se agrupen en el Ejército de Liberación de Kosovo para defenderse de la limpieza étnica que empezó expulsando a miles de personas de sus hogares, incluyendo miles de violaciones a mujeres y asesinatos en general. Una conmovedora estatua hecha a relieve de más de 2000 círculos que sobresalen recuerdan a estas víctimas en el Parku Heroinat. Y las flores y ramos que se acumulan a los pies muestran que sus familias no las han olvidado. Para evitar que el conflicto escalara como el de Bosnia, la OTAN bombardea Serbia, pese a no contar con mandato de la ONU, y Serbia acaba retirando sus fuerzas de Kosovo que, esta vez sí, queda bajo mandato ONU. Soprende ver los nombres de calles o bulevares: desde Avenida George Bush hasta Bulevar Bill Clnton o calle Madeleine Albright. Los kosovares están profundamente agradecidos a las administraciones estadounidenses que hicieron posible su independencia, que declararon unilateralmente en 2008 y ya han reconocido 115 países. Lo curioso es que la mayoría hubiera querido unirse en una Gran Albania, pero eso hubiera sido inaceptable para el 8% de población serbia y para toda la vecindad, así que optaron por un Estado plurinacional que reconoce gran autonomía a la minoría serbia.

Tal vez el mayor atractivo de la ciudad, más allá del mura del Dua Lipa (que viene todos los años al Sunny Hill Festival que ella creó) sea la impresionante biblioteca nacional, de 75 cubos de hormigón coronados por 75 cúpulas transparentes y cubierta de una filigrana metálica muy artística.

Ohrid

De vuelta a Macedonia, y más allá de las curiosidades de Skopje, el auténtico polo turístico del país es Ohrid, lago de agua dulce de más de tres millones de años, que alberga numerosas especies endémicas de vegetales y animales acuáticos que datan de la Era Terciaria. Su belleza es impactante, sobre todo por sus aguas transparentes e impecables. Nosotros hicimos la ruta por carretera parando a medio camino en la bulliciosa ciudad de Tetovo, enclave albanomacedonio que cuenta con la famosa mezquita de colores, con un exterior e interior coloridos que parecen sacados de las mil y una noches.

Como en la parte final del viaje me encontraba regular del estómago no pude probar la famosa trucha de Ohrid así que queda pendiente para una futura visita. Lo que sí pude visitar fue el famoso monasterio de San Naum, que lo fundó como centro educativo para poder facilitar la evangelización con el nuevo alfabeto cirílico. Dentro del monasterio está la bella iglesia con frescos que invitan a la reflexión y la tumba de San Naum, donde si uno pone la oreja aún se escuchan los latidos amortiguados del santo. Lo que sí o sí veréis al salir son las impresionantes vistas del lago. Se puede pasear por sus jardines mientras los pavos reales despliegan sus bellas colas para disfrute de los turistas que los fotografían sin piedad. Los terrenos los cruzan las aguas del lago Prespa, que desembocan aquí con fuerza en el lago Ohrid, cristalinas, permitiendo ver claramente el fondo en lugares incluso de más de tres metros de profundidad.

Nosotros nos quedamos en la ciudad de Ohrid, concretamente en su agradable casco antiguo, de calles empedradas y casas tradicionales. Y aunque tuvimos la mala suerte de que hiciera fresco y lloviera gran parte del tiempo, pudimos aún así disfrutar de las vistas y monumentos. Lo que más me gustó fue el paseo marítimo, construido como pasarela de madera encima del mar y al lado de los acantilados y que serpentea hasta el pueblo de pescadores de Kaneo, perfecto para el atardecer y llegar hasta la serena iglesia de San Juan de Kaneo del siglo XIII, situada en un acantilado frente al mar y edificio más fotografiado de Macedonia. Sentarse en los bancos de su jardín y observar la puesta de sol, el lago y las estrellas que van salpicando el cielo es tremendamente recomendable.

La parte más alta de la ciudad está presidida por los restos de una fortaleza medieval en cuyo interior se encuentra el teatro griego, que aún se usa hoy en día. En abril estaba bastante tranquilo todo, pero estoy seguro que las callejuelas y calas de la ciudad bullen en verano. Habrá que volver a comprobarlo.

IMPRESCINDIBLES

Comer

Tavce gravce con lukanci, en la Carsija

Beber

Café turco en las cafeterías de Pristina.

Escuchar

Hallucinate de Dua Lipa.

divendres, 20 de febrer del 2026

Véneto

Véneto 

El Véneto es una región italiana con gran personalidad y de un gigantesco interés. Su rica historia ha dejado un conjunto de ciudades y pueblos bellísimos, cargados de arte, cultura y gastronomía. Más allá de la maravillosa Venecia, recomiendo visitar otras joyas como Padua o Verona; y espero poder volver para visitar también Vicenza y Treviso, entre otras localidades.

Padua

Esta ciudad véneta ofrece animadas plazas con mercados, la segunda universidad más antigua del mundo, el primer jardín botánico de la humanidad, la obra maestra de Giotto y sobretodo, la gigantesca basílica del siglo XIII en honor a San Antonio de Padua. Además, como un amigo es de allí, aproveché para visitarle unos días y descubrir esta bella ciudad.

Además de pasear por su agradable centro histórico, la joya de la corona de la ciudad es la capilla Scrovegni. En ella, Giotto pintó su obra maestra a principios del siglo XIV: 38 escenas bíblicas que transformaron la pintura a final de la Edad Media y abrieron el camino a las nuevas técnicas del Renacimiento. El realismo, las emociones y sobretodo el poder de los colores anticipaban la revolución artística que vendría décadas después. Para visitarla hay que comprar la entrada con 72 horas de antelación como mínimo (es decir, tres días) y elegir la franja horaria en la que hacerlo, ya que solo se puede entrar a la capilla en turnos de 30 minutos. Si por lo que fuere os olvidasteis o no lo planificasteis, acudid de todos modos a las taquillas a partir de las cinco de la tarde por si quedaran algunas entradas sin vender. Yo tuve suerte.

La característica más llamativa de la capilla es su azul cobalto plagado de las famosas estrellas que pintó Giotto y que hoy son un símbolo de la ciudad. De hecho, hasta el tapizado de los asientos de los tranvías tienen este estampado. Además de las 38 escenas bíblicas, la capilla está presidida por un gigantesco fresco representando el Juicio Final, con el cielo y el infierno, destacando la representación de Satán y el hecho de que uno de los condenados sea un Papa (se distingue por su mitra papal). Lo que nunca desveló Giotto fue a que Papa se refería.

Además de la capilla, Padua también es sede de gigantescas iglesias, destacando la enorme basílica de San Antonio, de estilo románico, con enormes cúpulas bizantinas y campanarios que recuerdan más bien a minaretes islámicos. Se alzó para acoger las reliquias del Santo, expuestas en la capilla más grande, destacando su lengua incorrupta, su quijada y sus cuerdas vocales. Cientos de devotos de toda la Cristiandad abarrotan la basílica cada día para pedirle al Santo, en cuya tumba se amontonan fotografías de las personas agradecidas por haber cumplido con sus peticiones. En las pastelerías cercanas degusté el dulce del Santo, compuesto por una base de hojaldre crujiente rellena de mermelada de albaricoque, naranja confitada y cubierta con bizcocho de almendras.

Finalmente, Padua cuenta con la segunda universidad más antigua del mundo. Y de hecho, su jardín botánico es el primero de la historia, creado en 1545. Por ello, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Ha conservado su trazado primigenio formado por un terreno circular, símbolo del mundo, rodeado por un anillo de agua. Cada zona cuenta con distintos tipos de plantas: alimentarias, venenosas, curativas... Con el correr del tiempo se le fueron agregando pórticos ornamentales y balaustradas así como instalaciones de bombeo de agua e invernaderos. El jardín sigue cumpliendo su función original de centro de investigación científica. Desde hace unos años se le ha añadido una gran zona nueva compuesta por un macro invernadero dividido en cuatro zonas, en las que a través de mecanismos de temperatura y humedad se recrean las condiciones de entornos tropicales, subtropicales o áridos, para albergar aún más variedades botánicas y permitir a los estudiantes universitarios aumentar su conocimiento de las mismas. Disfruté mucho visitando estas instalaciones didácticas, así como los antiguos invernaderos en los que tienen una colección de plantas carnívoras.

Finalmente, paseamos por la ciudad, disfrutando de sus bellas plazas como la dei Signori, della Frutta y della Erbe, en esta última con el bello Palacio de la Razón, su mercado de productos locales en los bajos y el célebre Bar Nazionale, en el que degustar diferentes variedades de tramezzino, que son sándwiches que por el corte realizado se presenta de forma triangular al que se les ha quitado la cáscara tostada. Allí los rellenan tanto de lo tradicional en el norte de Italia así como de elementos de temporada como la achicoria roja o la alcachofa, acompañados de jamón dulce o mortadela boloñesa, entre otros. Y para beber, nada mejor que un Aperol Spritz, cóctel con el Aperol como protagonista, licor a base de naranja amarga y ruibarbo, producido en la propia Padua.

Vale la pena visitar también el Prato della Valle, la plaza más grande de Italia, con una isla verde en el centro rodeada por un pequeño canal bordeado por dos anillos de estatuas de personalidades italianas.
Una de las cenas fue en la Enoteca dei Tadi, restaurante que ofrece comidas y vinos del Véneto y las regiones vecinas. Cocinan con calidad y su personal fue muy amable. Cuenta con una variedad de vinos buenísimos: nosotros probamos un vino tinto de Verona estupendo. Cómo entrante un queso frito del Friuli acompañado de speck del Tirol. Como plato principal pedimos bacalao, la especialidad del Veneto, en este caso a la vicentina (con una salsa de leche, cebolla y ajo) acompañado de polenta a la parrilla.

En casa de mi amigo Andrea probé el baccalà mantecato, la forma de preparar el bacalao de la región, cocinado y reducido a crema con abundante aceite, ajo y perejil. Finalmente, fui a una pizzería de Padua buenísima: Da Pino, con un gran ambiente y un servicio impecable. Su carta de pizzas ofrece una lista que cambia con cada temporada según los ingredientes disponibles. Como era invierno, servían unas pizzas con la alcachofa como punto central y otras con radicchio (achicoria roja), de las que pedimos una acompañada de casatella, un queso de Treviso. Y para beber, cervezas artesanales de la región del Véneto.

Verona

Brevemente, en un intercambio de más de dos horas en la estación de Verona, también pude visitar su principal arteria, el elegante Corso Porta Nuova, así como la Piazza Brà, presidida por la arena de Verona, un enorme anfiteatro romano. 

Allí compré uno de los deliciosos pandoros tradicionales veroneses y probé la torta rusa de Verona en la histórica pasticceria Barini. Esta torta fue inventada por un chef italiano de repostería que trabajaba en Odessa. Se compone de un corazón de almendras trabajadas muy finas combinadas con azúcar recubierto con un hojaldre fresco preparado a mano. Volveré a esta ciudad para explorar su centro histórico, especialmente las casas de Romeo y Julieta.