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divendres, 20 de febrer del 2026

Véneto

Véneto 

El Véneto es una región italiana con gran personalidad y de un gigantesco interés. Su rica historia ha dejado un conjunto de ciudades y pueblos bellísimos, cargados de arte, cultura y gastronomía. Más allá de la maravillosa Venecia, recomiendo visitar otras joyas como Padua o Verona; y espero poder volver para visitar también Vicenza y Treviso, entre otras localidades.

Padua

Esta ciudad véneta ofrece animadas plazas con mercados, la segunda universidad más antigua del mundo, el primer jardín botánico de la humanidad, la obra maestra de Giotto y sobretodo, la gigantesca basílica del siglo XIII en honor a San Antonio de Padua. Además, como un amigo es de allí, aproveché para visitarle unos días y descubrir esta bella ciudad.

Además de pasear por su agradable centro histórico, la joya de la corona de la ciudad es la capilla Scrovegni. En ella, Giotto pintó su obra maestra a principios del siglo XIV: 38 escenas bíblicas que transformaron la pintura a final de la Edad Media y abrieron el camino a las nuevas técnicas del Renacimiento. El realismo, las emociones y sobretodo el poder de los colores anticipaban la revolución artística que vendría décadas después. Para visitarla hay que comprar la entrada con 72 horas de antelación como mínimo (es decir, tres días) y elegir la franja horaria en la que hacerlo, ya que solo se puede entrar a la capilla en turnos de 30 minutos. Si por lo que fuere os olvidasteis o no lo planificasteis, acudid de todos modos a las taquillas a partir de las cinco de la tarde por si quedaran algunas entradas sin vender. Yo tuve suerte.

La característica más llamativa de la capilla es su azul cobalto plagado de las famosas estrellas que pintó Giotto y que hoy son un símbolo de la ciudad. De hecho, hasta el tapizado de los asientos de los tranvías tienen este estampado. Además de las 38 escenas bíblicas, la capilla está presidida por un gigantesco fresco representando el Juicio Final, con el cielo y el infierno, destacando la representación de Satán y el hecho de que uno de los condenados sea un Papa (se distingue por su mitra papal). Lo que nunca desveló Giotto fue a que Papa se refería.

Además de la capilla, Padua también es sede de gigantescas iglesias, destacando la enorme basílica de San Antonio, de estilo románico, con enormes cúpulas bizantinas y campanarios que recuerdan más bien a minaretes islámicos. Se alzó para acoger las reliquias del Santo, expuestas en la capilla más grande, destacando su lengua incorrupta, su quijada y sus cuerdas vocales. Cientos de devotos de toda la Cristiandad abarrotan la basílica cada día para pedirle al Santo, en cuya tumba se amontonan fotografías de las personas agradecidas por haber cumplido con sus peticiones. En las pastelerías cercanas degusté el dulce del Santo, compuesto por una base de hojaldre crujiente rellena de mermelada de albaricoque, naranja confitada y cubierta con bizcocho de almendras.

Finalmente, Padua cuenta con la segunda universidad más antigua del mundo. Y de hecho, su jardín botánico es el primero de la historia, creado en 1545. Por ello, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Ha conservado su trazado primigenio formado por un terreno circular, símbolo del mundo, rodeado por un anillo de agua. Cada zona cuenta con distintos tipos de plantas: alimentarias, venenosas, curativas... Con el correr del tiempo se le fueron agregando pórticos ornamentales y balaustradas así como instalaciones de bombeo de agua e invernaderos. El jardín sigue cumpliendo su función original de centro de investigación científica. Desde hace unos años se le ha añadido una gran zona nueva compuesta por un macro invernadero dividido en cuatro zonas, en las que a través de mecanismos de temperatura y humedad se recrean las condiciones de entornos tropicales, subtropicales o áridos, para albergar aún más variedades botánicas y permitir a los estudiantes universitarios aumentar su conocimiento de las mismas. Disfruté mucho visitando estas instalaciones didácticas, así como los antiguos invernaderos en los que tienen una colección de plantas carnívoras.

Finalmente, paseamos por la ciudad, disfrutando de sus bellas plazas como la dei Signori, della Frutta y della Erbe, en esta última con el bello Palacio de la Razón, su mercado de productos locales en los bajos y el célebre Bar Nazionale, en el que degustar diferentes variedades de tramezzino, que son sándwiches que por el corte realizado se presenta de forma triangular al que se les ha quitado la cáscara tostada. Allí los rellenan tanto de lo tradicional en el norte de Italia así como de elementos de temporada como la achicoria roja o la alcachofa, acompañados de jamón dulce o mortadela boloñesa, entre otros. Y para beber, nada mejor que un Aperol Spritz, cóctel con el Aperol como protagonista, licor a base de naranja amarga y ruibarbo, producido en la propia Padua.

Vale la pena visitar también el Prato della Valle, la plaza más grande de Italia, con una isla verde en el centro rodeada por un pequeño canal bordeado por dos anillos de estatuas de personalidades italianas.
Una de las cenas fue en la Enoteca dei Tadi, restaurante que ofrece comidas y vinos del Véneto y las regiones vecinas. Cocinan con calidad y su personal fue muy amable. Cuenta con una variedad de vinos buenísimos: nosotros probamos un vino tinto de Verona estupendo. Cómo entrante un queso frito del Friuli acompañado de speck del Tirol. Como plato principal pedimos bacalao, la especialidad del Veneto, en este caso a la vicentina (con una salsa de leche, cebolla y ajo) acompañado de polenta a la parrilla.

En casa de mi amigo Andrea probé el baccalà mantecato, la forma de preparar el bacalao de la región, cocinado y reducido a crema con abundante aceite, ajo y perejil. Finalmente, fui a una pizzería de Padua buenísima: Da Pino, con un gran ambiente y un servicio impecable. Su carta de pizzas ofrece una lista que cambia con cada temporada según los ingredientes disponibles. Como era invierno, servían unas pizzas con la alcachofa como punto central y otras con radicchio (achicoria roja), de las que pedimos una acompañada de casatella, un queso de Treviso. Y para beber, cervezas artesanales de la región del Véneto.

Verona

Brevemente, en un intercambio de más de dos horas en la estación de Verona, también pude visitar su principal arteria, el elegante Corso Porta Nuova, así como la Piazza Brà, presidida por la arena de Verona, un enorme anfiteatro romano. 

Allí compré uno de los deliciosos pandoros tradicionales veroneses y probé la torta rusa de Verona en la histórica pasticceria Barini. Esta torta fue inventada por un chef italiano de repostería que trabajaba en Odessa. Se compone de un corazón de almendras trabajadas muy finas combinadas con azúcar recubierto con un hojaldre fresco preparado a mano. Volveré a esta ciudad para explorar su centro histórico, especialmente las casas de Romeo y Julieta.