Macedonia del Norte es un país, en general poco visitado. Y su capital, aún menos, ya que la mayoría de turistas se concentran en el lago de Ohrid, que también visité y más adelante en esta entrada os cuento. Aún así, Skopje es una ciudad curiosa y compleja donde la herencia griega, romana, bizantina y otomana se mezclan con un pasado comunista, la reconstrucción brutalista de la ciudad en los años 60 tras un devastador terremoto y un presente complejo de reimaginación (y construcciones) neoclásicas kitch.
Nosotros nos quedamos al lado de la Plokstad Makedonija, una enorme plaza epicentro del plan Skopje 2014, que acabó siendo un conjunto de edificios carísimos y 40 estatuas de un gusto dudoso que lleva a muchos a referirse a Skopje como "Las Vegas europea". Una estética neoclásica y barroca que nunca existió con materiales de mala calidad dan una apariencia a toda la zona reformada de parque temático, con un arco del triunfo de dudoso gusto, estatuas gigantes de Alejandro Magno, Filipo y su madre Olimpia así como de otros héroes nacionales macedonios que nunca pisaron Skopje... y una flota de buses de dos pisos rojos que tratan de imitar a los de Londres pero que tampoco llegan a la calidad de aquellos. En cualquier caso, interesante de ver si se olvidan los 700 millones de euros que se malgastó en la broma y que acabaron con el primer ministro responsable de esto exiliado en Hungría. Varios de estos nuevos edificios albergan museos a los que no nos dio tiempo a entrar.
Más allá de la curiosidad de su barrio-escenario, cruzad el bello puente de piedra (de época bizantina) y recorred la agradable Carsija, antiguo barrio otomano, con su bazar de sinuosas calles, teterías, mezquitas, restaurantes tradicionales, caravanserais, un hammam, anticuarios y tiendas de artesanía. Comimos en una de sus plazas arboladas, al lado de una fuente, en un restaurante que hacía el tradicional tavce gravce, un guiso de judías blancas con cebolla y hierbas cocinadas en recipiente de barro en horno de leña y acompañadas de lukanci, la salchicha de cerdo con pimentón típica, y una sopska salata, de tomate, pepino y cebolla cubierta de queso blanco rallado. El barrio lo preside la enorme fortaleza Tvrdina Kale, de época romana, y desde cuyas murallas se puede disfrutar de una preciosa vista de la ciudad. Y muy cerca está la serena mezquita de Mustafa Pasha, rodeada de un hermoso jardín de rosas y que recuerda, tanto en su interior y exterior a Estambul. O la escondida iglesia Sveti Spas, enterrada a 2 metros bajo tierra según regulaba la norma otomana.
Para entender la cara comunista de Skopje, hay que saber que en 1963 hubo un terremoto que destruyó el 65% de la ciudad y en el que fallecieron más de 1000 personas y hubo miles de heridos. Donde más visible se hace esta tragedia es en la antigua estación de trenes de piedra, que se dejó medio derruida y con el reloj parado en la hora a la que se produjo el terremoto y que ahora alberga el museo de la ciudad. La respuesta internacional fue ejemplar, con países de todo el mundo colaborando (incluyendo estadounidenses y soviéticos) capitaneados por la ONU. El arquitecto Kenzo Tange, responsable de reconstruir Hiroshima, lideró el proyecto y aún quedan muestras sublimes de esa época, como la impresionante sede de los Correos Macedonios, que aunque que quemó en 2015, mantiene su estructura de cemento brutalista que tanto me recordó a Brasilia.
Por otro lado, también vale la pena pasear por Debar Maalo, el nuevo barrio de moda, lleno de árboles, bares y restaurantes que se alternan con embajadas y galerías de arte. Aquí hay varios buenos restaurantes donde degustar las carnes macedonias acompañadas de ajvar, la tradicional salsa dulce de pimiento rojo balcánica, así como los quesos frescos o fritos locales. No muy lejos está la futurista Casa de la Madre Teresa de Calcuta, un edificio de arquitectura peculiar construido encima de los restos de la iglesia donde fue bautizada la ciudadana de Skopje más internacional. En ella hay fotos y objetos de la Santa, y en el segundo piso una capilla de vidrio cubierta de filigrana de hierro siguiendo la tradición macedonia.
No os asustéis por las manadas de perros abandonados comunes en la ciudad. Son inofensivos siempre que no vayas en bici (que les pone nerviosísimos) o se topen con perros de otra banda. En ese caso, mejor no os pongáis por el medio.
Kosovo, el país más joven de Europa
Una excursión de un día muy sencilla y agradable desde Skopje es el pequeño país de Kosovo (o provincia serbia según la propia Serbia, Rusia, España o Brasil, que aún no reconocen a esta república balcánica). El caso es que los Estados Unidos de América y sobre todo la UE y Turquía, sí les reconocen y apoyan de forma decidida a consolidar sus estructuras de Estado y crecimiento económico. Alquilad un coche y pagad el suplemento para poder cruzar a Kosovo, y poder así ver varias cosas con flexibilidad.
Tras un facilísimo cruce de fronteras, recorriendo sus nuevas y fabulosas autopistas, llegamos al enclave serbokosovar de Gracanica, monasterio fundado en 1321 por el rey serbio Milutin, en cuyo centro se sitúa una bellísima iglesia con impresionantes pinturas medievales. Está prohibido hacer fotos del interior, que son espectaculares, testimonio del apogeo de la cultura eclesiástica bizantino-románica de la región balcánica entre los siglos XIII y XVII, y mezclan las influencias del arte ortodoxo oriental y las tradiciones del arte románico occidental. Este estilo ejerció una influencia decisiva en el arte balcánico de épocas posteriores. Durante nuestra visita se celebraba una boda con música folklórica serbia, todo el mundo muy arreglados y una gran bandera serbia ondeando en el grupo familiar. Para los serbios, Kosovo es la cuna de la identidad serbia y sus monasterios donde surgió su Iglesia. Curiosead por la tienda de alimentos donde se vende todo tipo de productos orgánicos así como dulces caseros serbios conservados en neveras.
A unos minutos en coche se encuentra la reserva de osos de la ONG Four Paws, en mitad de un bosque a orillas de un lago. Allí vimos muy de cerca a varios osos pardos rescatados de restaurantes de toda Europa donde los tenían en jaulas de exhibición, que se recuperan en recintos espaciosos, semi-boscosos y en algunos casos, con otros osos. Mientras que a algunos se les ve felices en sus recintos, otros dan vueltas alrededor de las verjas o en las puertas abiertas de sus habitáculos cubiertos, mostrando traumas y necesidad de estar cerca de humanos. Por cierto, su tienda cuenta con souvenirs de alta calidad. También hay un restaurante vegetariano pero los fines de semana está a tope (o eso nos pasó a nosotros).
Pero si los serbios nacieron en Kosovo, fueron derrotados y expulsados por los otomanos en 1389, tras los que se produjeron 500 años de islamización parcial y además, la población albanesa se convirtió en mayoritaria. Sin embargo, el el siglo XX, Kosovo volvió a ser parte de Serbia como una provincia más, dentro de Yugoslavia. Y a su capital llegamos, Pristina, y dejamos el coche en un céntrico parking. Se trata de una ciudad mediana de atractivo cuestionable, pero en plena ebullición. La peatonalización del céntrico bulevar Nëne Tereza ha revitalizado todo su centro que va transformándose poco a poco. Pero aún se ven heridas de los conflictos entre serbios y albanokosovares que empezaron en los 80. Optamos por un tour guiado para entender mejor esta joven ciudad, y empezamos por la estatua de Ibrahim Rugova, intelectual y político que lideró la resistencia a los serbios creando escuelas en albanés y estructuras propias en la sombra sin violencia: buscaba la independencia pero sin guerra. Sin embargo, la creciente violencia de los cuerpos y fuerzas de seguridad yugoslavos (formados mayoritariamente por serbios) hacen que una parte de los albanokosovares se agrupen en el Ejército de Liberación de Kosovo para defenderse de la limpieza étnica que empezó expulsando a miles de personas de sus hogares, incluyendo miles de violaciones a mujeres y asesinatos en general. Una conmovedora estatua hecha a relieve de más de 2000 círculos que sobresalen recuerdan a estas víctimas en el Parku Heroinat. Y las flores y ramos que se acumulan a los pies muestran que sus familias no las han olvidado. Para evitar que el conflicto escalara como el de Bosnia, la OTAN bombardea Serbia, pese a no contar con mandato de la ONU, y Serbia acaba retirando sus fuerzas de Kosovo que, esta vez sí, queda bajo mandato ONU. Soprende ver los nombres de calles o bulevares: desde Avenida George Bush hasta Bulevar Bill Clnton o calle Madeleine Albright. Los kosovares están profundamente agradecidos a las administraciones estadounidenses que hicieron posible su independencia, que declararon unilateralmente en 2008 y ya han reconocido 115 países. Lo curioso es que la mayoría hubiera querido unirse en una Gran Albania, pero eso hubiera sido inaceptable para el 8% de población serbia y para toda la vecindad, así que optaron por un Estado plurinacional que reconoce gran autonomía a la minoría serbia.
Tal vez el mayor atractivo de la ciudad, más allá del mura del Dua Lipa (que viene todos los años al Sunny Hill Festival que ella creó) sea la impresionante biblioteca nacional, de 75 cubos de hormigón coronados por 75 cúpulas transparentes y cubierta de una filigrana metálica muy artística.
Ohrid
De vuelta a Macedonia, y más allá de las curiosidades de Skopje, el auténtico polo turístico del país es Ohrid, lago de agua dulce de más de tres millones de años, que alberga numerosas especies endémicas de vegetales y animales acuáticos que datan de la Era Terciaria. Su belleza es impactante, sobre todo por sus aguas transparentes e impecables. Nosotros hicimos la ruta por carretera parando a medio camino en la bulliciosa ciudad de Tetovo, enclave albanomacedonio que cuenta con la famosa mezquita de colores, con un exterior e interior coloridos que parecen sacados de las mil y una noches.
Como en la parte final del viaje me encontraba regular del estómago no pude probar la famosa trucha de Ohrid así que queda pendiente para una futura visita. Lo que sí pude visitar fue el famoso monasterio de San Naum, que lo fundó como centro educativo para poder facilitar la evangelización con el nuevo alfabeto cirílico. Dentro del monasterio está la bella iglesia con frescos que invitan a la reflexión y la tumba de San Naum, donde si uno pone la oreja aún se escuchan los latidos amortiguados del santo. Lo que sí o sí veréis al salir son las impresionantes vistas del lago. Se puede pasear por sus jardines mientras los pavos reales despliegan sus bellas colas para disfrute de los turistas que los fotografían sin piedad. Los terrenos los cruzan las aguas del lago Prespa, que desembocan aquí con fuerza en el lago Ohrid, cristalinas, permitiendo ver claramente el fondo en lugares incluso de más de tres metros de profundidad.
Nosotros nos quedamos en la ciudad de Ohrid, concretamente en su agradable casco antiguo, de calles empedradas y casas tradicionales. Y aunque tuvimos la mala suerte de que hiciera fresco y lloviera gran parte del tiempo, pudimos aún así disfrutar de las vistas y monumentos. Lo que más me gustó fue el paseo marítimo, construido como pasarela de madera encima del mar y al lado de los acantilados y que serpentea hasta el pueblo de pescadores de Kaneo, perfecto para el atardecer y llegar hasta la serena iglesia de San Juan de Kaneo del siglo XIII, situada en un acantilado frente al mar y edificio más fotografiado de Macedonia. Sentarse en los bancos de su jardín y observar la puesta de sol, el lago y las estrellas que van salpicando el cielo es tremendamente recomendable.
La parte más alta de la ciudad está presidida por los restos de una fortaleza medieval en cuyo interior se encuentra el teatro griego, que aún se usa hoy en día. En abril estaba bastante tranquilo todo, pero estoy seguro que las callejuelas y calas de la ciudad bullen en verano. Habrá que volver a comprobarlo.
IMPRESCINDIBLES
ComerTavce gravce con lukanci, en la Carsija
Beber
Tavce gravce con lukanci, en la Carsija
Beber
Café turco en las cafeterías de Pristina.
Escuchar
Hallucinate de Dua Lipa.
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