Cercar en aquest blog

dimarts, 7 de febrer del 2012

Universal's Islands of Adventure

Si vais a Orlando con un grupo variado de gente, o si sois todos jóvenes, y solo podéis ir a un parque, la elección está clara: los parques de la Universal. Y si solo se puede entrar a uno entonces lo mejor es entrar a Islands of Adventure. Tiene atracciones de todo tipo y para todos los gustos, muchas de última generación. La ambientación está muy conseguida y hay varios espectáculos entretenidos. Y además, es casi seguro que entre los que vais se encuentra algún loco de Harry Potter o de Jurassic Park, y se lo pasará muy bien en la zona respectiva.

La entrada simula algo parecido a un pueblecito árabe antiguo, con esa tematización tan curiosa que caracteriza a los estadounidenses, por supuesto alejada de la realidad. Tras llegar al gran lago, lo mejor será girar a la izquierda y empezar por la zona temática dedicada a los Super Héroes de Marvel. La primera gran atracción del parque se alzará ante nuestros ojos, con sus raíles color verde nuclear. Se trata de la “Incredible Hulk Coaster”, en la que, tras la cola en la que podremos aprender la historia de cómo el Doctor Bruce Banner se convirtió en el increíble Hulk (si es que no nos la sabemos), la atracción simulará que nos metemos también en un tubo que nos someterá a ciertos rayos gamma que nos harán mutar en Hulks. Empezaremos a subir la rampa por el supuesto tubo nuclear y sin previo aviso aceleraremos de golpe, pasando de 0 a 70km/hora en sólo dos segundos y cayendo en picado por la primera rampa y dando un gran looping. Y el resto, pues una montaña rusa típica bastante fuerte y entretenida.

Si aún tenéis ganas de más emociones fuertes, continuad andando y dirigíos hacia las dos torres metálicas gemelas que veréis enseguida: la “Doctor Doom’s Fear Fall”. Se trata de la típica atracción en la que nos lanzarán hacia el cielo a gran velocidad y luego nos dejarán caer, pero más despacio. Sólo da miedo el primer lanzamiento a toda velocidad hacia arriba. Luego es muy suave, por lo que recomiendo subir para admirar las vistas del parque. Volved de noche.

Paseando por la calle jalonada de tiendas que parecen sacadas de cómics de acción nos encontraremos con una de las mejores atracciones del parque según muchos visitantes: “The Amazing Adventures of Spiderman”. Nos adentraremos en las muy bien recreadas oficinas del periódico de este héroe, donde veremos que la ciudad de Nueva York vive en el caos debido al ataque conjunto de todos los miembros del conocido como “Sindicato del Crimen” capitaneados por el doctor Octopus. Y lo que es peor, la Estatua de la Libertad ha sido robada. El director del periódico, y jefe de Spiderman, nos enviará en unos vehículos prototipo equipados con cámaras, para que filmemos, fotografiemos y narremos todo lo que está pasando en la ciudad, con el grave peligro que eso implica. A partir de aquí, y ataviados con nuestras gafas 3D, recorreremos las calles neoyorquinas, las cloacas e incluso escalando los rascacielos al ser lanzados por los diferentes villanos y salvados una y otra vez por Spiderman. Efectos de todo tipo nos harán vivir un recorrido trepidante. La recomiendo encarecidamente.
Por último, nada mejor que dar un vistazo a la Comic Book Shop . Aquí encontraremos una enorme variedad de cómics de todos los superhéroes representados aquí, desde los X-Men hasta Spiderman o Hulk y muchos más personajes del universo Marvel. Además de otros objetos de coleccionista como muñecos, cartelería, disfraces y mucho más.
La zona en la que entraremos si seguimos caminando es el lago de los dibujos animádos o “Toon Lagoon”. Además del paseo de los dibujos, con tiendas de recuerdo de Betty Boop, Popeye, Viky el Vikingo y otros personajes, además de restaurantes y heladerías, encontraremos las dos atracciones de agua más divertidas del parque. Aprovechad el mediodía para subir, puesto que es cuando más calor hace y así nos refrescaremos y luego tendremos tiempo de secarnos al sol mientras seguimos nuestra visita. Si no podemos resistir estar mojados ni un segundo más, entonces por cinco dólares hay enormes máquinas en las que podremos meternos varios y nos secaremos en una combinación de aire caliente y potentes luces rojas calentadoras.

La primera atracción está dedicada a Popeye y es la “Bilge-Rat Barges Popeye and Bluto’s”. Subidos en las típicas barcas redondas, recorreremos unos rápidos en los que se recrea la típica historia en la que Bluto secuestra a Olivia y Popeye se mete en un lío hasta que por fin se toma sus espinacas y consigue salvarla y castigar al malvado. La decoración es muy bonita y las mojadas están garantizadas, con risas incluidas.

La otra atracción es la “Dudley Do-Right’s Rip Saw Falls”. Es la típica atracción de tronquitos, muy bien ambientada en unos dibujos del lejano oeste, en la que varias caídas (sobretodo la del final) que es altísima. Las mojadas están garantizadas también.

Por último, además de hacernos fotos con actores que imitan estupendamente a Popeye y Olivia, es curioso que nos dirijamos a unos de los shows que se ofrecen en el Matt Hoffman’s Agro Circus, un enorme escenario con cientos de gradas donde ver el show de este famoso acróbata, dónde los más aficionados a los patines, skates, y demás lo pasarán de miedo. También expertos en las pequeñas BMX harán peligrosas acrobacias y sobretodo, tres motoristas se meterán a la vez en una bola de hierro. Increíble.
La siguiente zona en la que nos adentraremos emocionará a más de uno: Jurassic Park. Traspasar sus enormes puertas con llamitas nos adentrará en una jungla en la que los sonidos de la película nos envolverán, sobretodo su conocida banda sonora. Veremos las vallas de las jaulas de dinosaurios, con las lucecitas de seguridad parpadeando, y jeeps, cafeterías, un Tyranosaurux Rex asomando… Los niños se lo pasarán de miedo excavando y encontrando falsos huesos de dinosaurio, así como subiendo a los Pterodáctilos con los que “sobrevolarán” partes del parque. Los más fans de la película y el mundo de los dinosaurios, se quedarán sorprendidos en el “Discovery Center” que recrea muy bien aquel moderno edificio de entrada al parque, con modelos de dinosaurios enormes, información biológica y una moderna cafetería así como tiendas de recuerdos bastante originales.

Pero la gran atracción de esta zona es la “River Adventure”, dónde nos adentraremos en otras modernas instalaciones que nos llevarán a barcas que, a través de un río, nos muestran a diversos dinosaurios en sus hábitats (aunque se nota demasiado que son robots). Sin previo aviso, nos desviaremos hacia una zona en principio prohibida, debido a un supuesto fallo en la seguridad que ha dejado abierta la jaula de los dinosaurios carnívoros. Allí veremos varios de estos especímenes, además de una lancha estrellada, mientras oiremos por los altavoces de seguridad que “una barca con visitantes se ha metido en una zona muy peligrosa”. De repente nuestra barca estará montando en un supuesto hangar de reparación donde un gran dinosaurio nos acecha. El gran Tyranosaurx saldrá de improviso y cuando parece que nos va a comer una altísima rampa nos hará caer y salpicarnos, dándonos un buen susto. Una atracción curiosa cuanto menos.

La siguiente zona temática que nos espera es sin duda la estrella del parque: The Wizzarding World of Harry Potter. A cualquier hora está a reventar, por eso lo mejor es ir como a las dos de la tarde, después de pasada la mañana, evitando a la marabunta de gente de las primeras horas. A esa hora, la gran mayoría de visitantes ya han comido, por lo que podremos pasear por Hogsmeade hasta toparnos con el mítico local “Las Tres Escobas” (The Three Broomsticks), dónde los alumnos y profesores de Hogwarts se codean con los habitantes del mágico pueblo para tomar algo. Ya no habrá tanta gente, y podremos dirigirnos al mostrados para pedir alguna de las apetitosas opciones de comida típica inglesa, como los fish&chips, los pasteles de carne o un plato con estofado de ternera y puré de patatas delicioso. Y no lo dudéis, acompañad vuestra comida con una refrescante cerveza de mantequilla, la bebida estrella del local. La mayoría coincidimos en que era tal y como nos la imaginábamos en los libros. El ambiente del local es total, con sonidos y decoración que nos trasladará al mágico mundo creado por Rowling. Incluso en la azotea se ven las sombras de escobas que barren solas.

Sí solo queréis tomar algo, nada mejor que hacerlo en el “Cabeza de Puerco” (Hog’s Head), pub donde los jóvenes magos charlan las tardes de invierno libres que les quedan. Por las calles también hay puestos de cerveza de mantequilla así como de zumo de calabaza, muy fresquito y nutritivo.

Una vez satisfechos, lo mejor es dirigirse al castillo de Hogwarts, que parecía tan imponente de lejos pero que al acercarnos nos daremos cuenta del increíble efecto óptico conseguido. Las colas suelen ser largas porque esta es la atracción más buscada: “Harry Potter and the Forbidden Journey”. Y aunque las colas son largas, estoy convencido de que a los fans de este mago no les importará recorrer mientras las diferentes estancias del famoso colegio, empezando por los invernaderos de la profesora Sprout, con mandrágoras gritonas y todo. Luego atravesaremos estancias tan míticas como el aula de la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras, dónde Harry, Ron y Hermione nos contarán sus peripecias con un magnífico sistema de hologramas. Otra de las zonas que nos impactarán es la de las escaleras, con los cuadros que cobran vida, hablándonos y moviéndose. Son impactantes, ya que se notan las pinceladas y el óleo, por lo que en absoluto parecen pantallas. El cuadro de la famosa “Señora Gorda”, puerta de la sala común de Gryffindor nos llevará a esta misma sala, y de ahí seguiremos por otros pasillos hasta llegar al despacho del profesor y director de Hogwarts, Albus Dumbledore. Incluso nos encontraremos con el "Sombrero Seleccionador", que nos contará alguna que otra cosa. Tras la larga pero perfectamente ambientada cola, nos subiremos en sillas de estilo gótico-mágico, como sacadas de un coro de iglesia antigua, en la que a través de pasillos llenos de efectos de última generación nos trasladaremos en los lomos de una escoba voladora a un partido de Quidditch, para luego escapar de los dementores, alrededor del castillo y del Bosque Prohibido, y también de las acromántulas así como de un enorme dragón. Es un simulador estupendo.

Tras salir del simulador podremos curiosear en la amplia tienda de recuerdos, “Dervish & Banges” dónde podremos adquirir la indumentaria de las cuatro casas del colegio, incluyendo bufandas, gorros, corbatas, capas, toallas, banderitas… además de otros muchos productos entre los que destaca el curioso “Mapa del Merodeador”. Justo a la salida, enfrente, se encuentra el Bosque Prohibido con una pequeña montaña rusa para toda la familia “Flight of the Hipogriff” dónde subirnos en vagones con forma de hipogrifo y volar a través de los árboles y la cabaña de Hagrid, incluso topándonos con el Ford Anglia estrellado de los Weasley, que aún se mueve.

Bajando de nuevo hacia Hogsmeade hay una zona dónde alternativamente podremos ver al coro de Hogwarts, con alumnos de las cuatro casas, cantando algunas de las canciones más populares entre los magos, incluyendo el popular himno del colegio. Otra de las actuaciones son los bailes de presentación de los alumnos de Durmstrang y las alumnas de Beauxbatons. Luego nos podremos hacer fotos con ellos, vestidos en sus uniformes. Pero no os retraséis mucho porque os espera la atracción más fuerte de esta zona: el “Dragon Challenge”. Entraremos a través de diferentes tiendas de campaña mágicas en las que reposaban los candidatos al torneo de los Tres Magos. En una de ellas podremos admirar la codiciada Copa de los Tres Magos y por último, llegaremos a una gran gruta donde deberemos elegir si queremos montar al Bola de Fuego Chino o al Colacuerno Húngaro. Elijamos el que elijamos, saldremos a dos grandes montañas rusas entrelazadas del tipo de las que los vagones van colgados del raíl y uno va con los pies colgando. Cuentan con caídas muy fuertes y varios loopings, y el hecho de no poder ver hacia donde nos dirigimos, nos provocará grandes mareos. Lo mejor son las estupendas vistas desde lo más alto de la atracción, antes de la primera gran caída.

Una vez vistas las tres atracciones de esta área, lo mejor es, ahora sí, darse una vuelta por las tiendecitas del nevado pueblo, especialmente por Honeydukes. Allí encontraremos las míticas “grageas de todos los sabores Berttie Bott”, junto con plumas para escribir de azúcar, “sangriruletas”, calderos de chocolate esponjosos, regaliz extra largo, y las míticas ranas de chocolate, cada una con cromo incluido, de esos de magos y brujas famosos que se mueven. A mí me tocó Helga Hufflepuff.
También es curioso entrar a Zonko’s, tienda de bromas por excelencia de los jóvenes magos y brujas, donde comprar una oreja extensible para espiar lo que los demás dicen, yoyós chillones o los famosos pollos de goma y muchísimas cosas más por las que merece la pena curiosear.

La tienda de artículos de Quidditch tiene los bates, y los tres tipos de pelotas que se usan en este juego. En la lechucería encontraremos peluches de estos simpáticos animales. Y en la librería, además de los libros y películas de Harry Potter, tendremos a nuestra disposición material de papelería y también al Monstruoso Libro de los Monstruos, que intentará modernos si lo abrimos. Los escaparates de todas estas tiendas son también geniales, sobre todo el de esta librería, donde entre otros, están los libros del famoso Gilderoy Lockhart, con fotos del mismo donde se le ve haciendo todo tipo de estupideces.

Pero el local más mágico es, como no, Ollivander’s. Cada 10 minutos, un grupo de adultos y niños van entrando (por turnos) para asistir a una representación de la mítica escena que vivió Harry Potter la primera vez que fue a esta tienda y tuvo que elegir varita. Ollivander’s en persona elegirá a uno de los niños presentes para ir probando con él diferentes varitas que fundirán una lámpara o tirarán cosas de las estanterías hasta que por fin una de esas varitas le hará iluminarse y saldrá aire que moverá sus ropas y pelo. La escena y la ambientación están tan bien hechas, que se me pusieron los pelos de punta. Lo mejor son los cientos de varitas en sus cajitas alargadas de colores oscuros que se amontonan en las paredes. Parecería una zapatería antigua, pero con cajas de cartón mucho más estrechas y alargadas, con el tamaño adecuado para guardar una varita. Más de 30 modelos, con diferentes maderas, longitudes, anchuras y núcleos, nos esperan. Aunque los 30 dólares que cuestan frenan hasta al más freak.

Antes de salir de esta zona, no olvidemos la preceptiva foto con la enorme y escarlata máquina a vapor del Expreso de Hogwarts, parado en el andén 9 y ¾ de Kingscross.

Ya más hacia el sur entraremos en la zona del Lost Continent, donde decoraciones que nos trasladarán a la Atlántida, con un pueblito de inspiración fenicia donde un herrero nos confeccionará monedas personalizas o dónde podremos adivinar nuestro futuro con una lectora de manos. Incluso hay latas con almejas reales que podremos abrir para coger la perla que tantos años les costó generar. En medio de este mercado está la conocida como “Mystic Fountain”, una fuente que habla y que tira chorros de agua en momentos inesperados y hacia lados extraños.

Tenemos que estar atentos a los horarios del show de “The Eight Voyage of Simbad”, para asistir a una mega representación teatral en que varios actores revivirán una historia “a la americana” donde las peleas, persecuciones, explosiones, saltos, disparos y todo tipo de efectos especiales harán las delicias del público. El escenario es enorme e incluso hay una zona del graderío donde se avisa de antemano que el que se siente allí se expone a mojarse.

Otra de las atracciones espectáculo de esta zona es “Poseidon’s Fury” en el que adentrándonos al viejo templo de Poseidón, un supuesto arqueólogo nos explicará la historia de este dios y su antiguo sacerdote, con el menor contenido pedagógico posible. Tras pasar por algunas salas y encontrarnos con el antiguo tridente divino, nos internaremos en las profundidades marinas, a un gran templo bajo el mar donde el antiguo sacerdote nos exigirá que le demos el tridente para conseguir poder. Sin embargo, Poseidón también hará escena y se vengará de la traición de su antiguo sacerdote. Se iniciará una lucha titánica con fuego y grandes cantidades de agua. Está bien porque las imágenes se proyectan en grandes cortinas de agua y porque, cuando todo pase, las luces se apagarán y en pocos segundos pasaremos de estar en una enorme cueva supuestamente submarina, a una pequeña habitación.

Enfrente de esta última atracción se encuentra el Mythos Restaurant, con un excelente diseño interior a modo de gruta submarina con extraños muebles supuestamente sacados de la civilización atlántida, y con una carta de comida fusión a precios muy razonables. No en vano ha ganado en repetidas ocasiones el premio mundial a "mejor restaurante en un parque temático".

Finalmente se encuentra una zona que gustará a los más pequeños: la dedicada a Seuss, el famoso “Cat in the Hat”. Tiene varias atracciones divertidas y bonitas para los peques. Nosotros sólo nos subimos en una que se llama “One fish, two fish, red fish, blue fish”. Esta atracción nos sube en vagones de seis personas cada uno que nos llevan alrededor de un cuento en el que unos gatos revoltosos destrozan una casa hasta que llega el famoso Gato del Sombrero y poner orden, reparando y limpiando todo para cuando los padres llegan. Está graciosa por la bonita decoración y la risa que dan los giros tan bruscos que da.

De aquí ya volveremos de nuevo a la entrada, donde podremos comprar algún recuerdo de última hora que nos hayamos olvidado. Si aún os quedan fuerzas, queda aún otro parque temático (el Universal’s Studios), además del Universal City Walk… pero esto os lo cuento en la próxima entrada.

dimarts, 31 de gener del 2012

Busch Gardens

La Florida se caracteriza por ser uno de los lugares del mundo con más parques temáticos por habitante. Pero si se pregunta entre los fanáticos de este tipo de recinto, son muchos los que nos dirán que su favorito es uno situado cerca de Tampa, algo alejado de la congestión de parques que se da en Orlando. Se trata de los Busch Gardens.

Este parque intenta transportarnos al continente africano mezclando grandes atracciones en un enorme zoo sin jaulas y una vegetación exhuberante. La entrada, supuestamente ambientada en Marruecos, cuenta con los servicios típicos de un parque temático. De hecho, en un mal imitado restaurante marroquí, el Zagora Café, fue donde desayunamos, aunque nada de comida árabe, ya que sólo ofrecía desayuno estadounidense. El edificio mejor imitado de esta zona es el Gran Teatro, muy similar al que encontraremos en Marrakech. Pero lo mejor es continuar hacia la izquierda, entrando en la zona del parque dedicada a Nairobi, donde nos encontraremos con una pequeña jungla jalonada de cascadas, grutas y senderos donde podremos observar hasta cinco tipos diferentes de simios: desde orangutanes a chimpancés, pasando por los graciosos monos. La separación está hecha de una forma sutil, con barrancos o ríos. Y su hábitat bastante bien imitado es lo suficientemente grande como para que estos simios vivan más o menos a gusto.

Tras observar a nuestros primos hermanos, recomiendo apresurarse un poco para dirigirnos a la que es ahora la atracción estrella del parque por estar inaugurada hace solo unos meses: Cheetah Hunt, o "la caza del guepardo". Esta montaña rusa intenta imitar la rápida aceleración que un guepardo hace cuando se prepara para cazar. De hecho, es uno de los animales más veloces del mundo. Y lo que hace esta atracción es situarnos a los lomos de uno de estos felinos y hacernos sentir la aceleración instantánea gracias a un sistema magnético que nos lanza a más de 100 km por hora en una recta, haciendo a los vagones subir una cuesta sin ningún tipo de ayuda y luego lanzándonos a toda velocidad a través de unos cañones. Es una de las montañas rusas más largas en las que yo me haya subido. El momento del primer lanzamiento es tan fuerte que hay unos segundos en los que sentiremos algo parecido a la gravedad cero. Además, su excelente diseño técnico hace que los vagones circulen con absoluta precisión, deslizándose por los raíles, haciendo que las vibraciones desaparezcan y la experiencia sea muy satisfactoria.

Tras bajar de la atracción, podremos ver un espacio alargado donde viven algunos guepardos. Nunca había visto en directo a estos rápido felinos, y aunque son bastante impresionantes, sigo prefiriendo la majestuosidad de los tigres.

Además de la selva, la zona de Nairobi cuenta con una enorme casa colonial blanca, de madera, estilo victoriano muy común en la África del Imperio Británico. En su interior se encuentra uno de los mejores restaurantes del parque, el Crown Colony Restaurant, con una ambientación que nos trasladará a aquellas casas donde funcionarios imperiales mostraban las cabezas disecadas de todo animal africano cazado.

La siguiente atracción en nuestro camino será Montu. Internandonos en la zona de Egipto, algo mal ambientada, nos la encontraremos. Se trata de una impresionante montaña rusa de las que vas colgado de los raíles, por lo que además de impresionar mucho, marea de una manera extraordinaria, al no poder predecir nunca que ritmo seguimos. Otra de las gracias presentes en Egipto es la tumba de Tutankhamón, realmente muy mal imitada. Estoy seguro que cualquier egiptólogo la encontrará grotesca. Creo que en esto,el parque debería dar un poco más de calidad a esta atracción dotándola de mayor veracidad y valor educativo.

Siguiendo hacia el norte, veremos a horas determinadas como se alimenta a los elefantes, pudiendo incluso acariciar sus trompas, supervisados por sus cuidadores. A continuación, llegaremos al animado pueblecito de Timbuktu, donde entre otras muchas atracciones infantiles nos encontraremos una de las primeras montañas rusas con looping de la historia: Scorpion. De hecho, es una de las tres montañas rusas de este tipo que existen en el mundo por lo que aficionados a estas atracciones de todo el mundo vienen a los Busch Gardens para poder montarse en este modelo que en su momento fue toda una novedad. Tal vez su pequeño tamaño quite muchos miedos, pero no os equivoquéis. Es muy fuerte y genera muchísimo mareo por sus caídas circulares y sobretodo su pequeño looping. Sin duda, esta es una de las grandes joyas ocultas del parque, tanto por la sopresa que nos llevaremos al subir, como por el valor histórico y técnico que posee.

Al norte de Timbuktu se encuentra otra pequeña montaña rusa: Sand Serpents. Más para familias que para jóvenes, aunque también sirve para quitarse el mareo de la fuerte Scorpion. Se trata de la tradicional montaña rusa de vagoncitos que van dando pequeñas caídas y fuertes giros a cada esquina de la vía. Risas garantizadas.

Más al norte aún nos adentraremos en la espesa, verde y llena de água zona del Congo. Aquí se encuentra una de las atracciones acuáticas más populares, además de la típica montaña rusa metálica con loopings: Kumba. De hecho, cuenta con uno de los loopings más largos del mundo. Respecto a las atracciones de agua, no os podéis perder los Congo River Rapids, unos rápidos fuertes y contundentes, con grandes cantidades de agua y obstáculos, destacando la enorme cascada final. Las otras atracciones de agua están más al sur, en la zona conocida como Stanleyville. La segunda de las atracciones de água es el Tangayika Tidal Wave. Empieza como un agradable paseo en barca por un río africano, lleno de vegetación y animales alrededor. Luego nos internamos en mitad de un poblado abandonado, donde algunas inscripciones nos detallan lo que nos espera: unas enormes cascadas al final del río. La tremenda caída es alta y divertida. Por último, no olvidéis probar las Stanley Falls Flume, la típica atracción "de tronquitos" donde las caídas son también muy altas e impresionantes. Lo mejor es hacer estas tres atracciones a la vez y en horas centrales del día, cuando el sol más aprieta. De esta manera nos refrescaremos, nos mojaremos de una vez y nos podremos secar al sol para poder seguir la visita al parque fresquitos de cara a la tarde.

Entre la zona del Congo y la de Stanleyville se encuentra Jungala, pero esta no es más que un área de atracciones y juegos infantiles que los jóvenes podremos saltarnos sin problemas. De hecho, tras subirnos en las dos atracciones de água de Stanleyville, nada mejor que empezar la cola para la montaña rusa más fuerte de Busch Gardens: la impactante SheiKra. Ya los vagones se salen de toda convencionalidad, siendo de varias personas por fila, y la primera fila más bajita que la segunda y tercera, como si de una pequeña grada rodante se tratara. Es la montaña rusa más alta del parque y cuando sube hasta el final da un poco de vértigo. Lo peor es cuando antes de la primera caída te dejan colgando frente a ella, en posición vertical, durante unos segundos. La angustia de ver la gran altura y verticalidad de la caída (una de las pocas caídas a 90º del mundo) asusta bastante. La sensación es increíble y los giros alucinantes. Hay una parte en la que parece que nos estrellemos contra un edificio en ruinas y en realidad nos internamos en un largo túnel para salir a un lago en el que un espectacular efecto hará parecer que estamos deslizándonos a gran velocidad por encima de las aguas, salpicando sin control a todo el que esté paseando cerca. Esta es, sin duda, la atracción más fuerte del parque.

Tras el tembleque que nos dejó ShreiKra, nos dirigimos hacia un restaurante cercano, el Zambia Smokehouse, especializado en comida a la barbacoa. Habían costillas de cerdo, pollo, chuletas y salmón a la parrilla, que es lo que yo elegí, acompañado de patatas al horno y ensalada. Y de postre, nada mejor que una tarta de manzana recién hecha.

Después, sólo nos quedará atravesar la zona del Sesame Street Safari of Fun (muy infantil), para entrar en la última zona del parque: los Bird Gardens. Aquí encontremos un gran número de especies aviares, destacando por encima de todo el lago con decenas de rosados flamencos. En esta zona, lindando con Marruecos, está la última montaña rusa del parque: la típica de madera. Se trata de Gwazi. Antes de montar, tenemos que elegir entre el tigre o el león, ya que se trata de una carrera entre los dos trenes a través de dos recorridos diferentes que se cruzan en varios puntos. Y sinceramente, a pesar de su bonito diseño con troncos y circuitos intricados, no vale la pena subir por la excesiva vibración de los vagones que nos dejarán muy incómodos y con un fuerte dolor de cabeza.

Si en algún punto del recorrido os apetece descansar, nada mejor que tomar el Serengeti Railway, un tren tirado por una locomotora réplica de aquellas que atravesaban las praderas africanas en tiempos coloniales. De hecho, pasaremos a través de grandes espacios que imitan la sabana, con jirafas, rinocerontes, elefantes, hipopótamos, cebras, antílopes, leones... etc. Los niños serán los que más disfruten estos recorridos. Aunque también son útiles para desplazarnos de una zona a otra del parque, gracias a sus diferentes estaciones.

Otro de los medios de transporte alrededor del parque es el Skyride, un teleférico muy bonito con el que también podremos dar un vistazo general al parque y apreciar unas panorámica bastante bonitas. Este recorrido lo recomiendo encarecidamente a todo el mundo.

Este parque es ideal para todos los amantes de las montañas rusas, puesto que cuenta con una enorme variedad de tipos y clases de esta atracción. Además, si vais con niños, estos se lo pasarán pipa con todas las atracciones infantiles que existen y observando a la enorme colección de animales con los que cuenta Busch Gardens. Especialmente recomendable es contratar el Safari por el Serengueti, muy bien recreado. Este parque temático es sin duda una elección perfecta para todos aquellos que busquen un parque en el que lo importante sean las atracciones fuertes y no la tematización. Eso sí, los expertos en Estudios Africanos se tirarán de los pelos con cada una de las incorrecciones y barbaridades histórico-geográficas que se cometen en este parque, supuestamente dedicado a África. Mi barbaridad favorita es meter canguros en la zona dedicada al Congo. Imperdonable.  

divendres, 27 de gener del 2012

Kennedy Space Center

El Centro Espacial Kennedy de cabo Cañaveral es uno de los lugares que se deben visitar si se vive en la Florida. Por más de 50 años este centro ha sido uno de los lugares clave en la exploración espacial. Y al fin y al cabo, fue desde estos humedales ahora propiedad de la NASA desde donde partieron los primeros hombres que pisaron la Luna.

El parque está muy tematizado, casi convertido en una atracción. Llegamos a hora de la apertura, pagamos en las taquillas (muy parecidas a la de cualquier parque temático de Orlando) y empezamos por visitar el enorme cine IMAX con gafas en 3D donde la voz de Tom Cruise nos iba explicando los pormenores de la construcción de la Estación Espacial Internacional así como los viajes de algunos de los astronautas que pusieron en marcha este impresionante proyecto. Impresiona verles en el espacio saliendo de la Estación para fijar algún elemento o cuando van por dentro haciendo los estudios requeridos o en sus actividades cotidianas como dormir, lavarse o comer. Es muy curioso verles en acción en gravedad cero. ¡Sobretodo tras abrir una bolsa de M&M!

Acabado el documental en gran formato, caminamos hasta un parque donde un simpático señor explicaba la historia de los diferentes cohetes que allí se encontraban, muchos de ellos altísimos. El dato más interesante es el de cómo la tecnología balística militar fue la que derivó en los cohetes necesarios para impulsar elementos como los satélites y luego a las personas para salir al espacio superando la enorme atracción de la gravedad terrestre. También había alguna de las cápsulas en las que los primeros hombres lanzados al espacio (es decir, fuera de la atmósfera) viajaron, y en las cuales uno se puede meter para apreciar el reducido espacio en el que tenían que aguantar largas horas, primero a que les lanzaran, colocando esas cápsulas con ellos dentro en las puntas de los cohetes, y luego dando vueltas a la Tierra hasta dirigirlos de nuevo a la superficie terrestre y caer en medio del océano a grandes velocidades con paracaídas monstruosos. Dicho esto, fueron los rusos los primeros en enviar un hombre al espacio, tal y como los estadounidenses recuerdan con su orgullo ligeramente herido.

Tras el instructivo paseo, nos metimos en un aula en la que un interesante catedrático sevillano de Físicas impartió una clase magistral sobre la misión Curiosity, dirigida a explorar Marte. Esta misión lanzó a finales del pasado noviembre al robot más grande que jamás haya pisado la superficie marciana, con el objetivo de extraer datos fundamentales que permitirán avanzar en la carrera por llevar humanos hasta el planeta vecino. Fue una charla instructiva y amena. La lástima fue no haber estado presente en el lanzamiento del cohete con el robot, que se produjo días después. Si alguna vez vuelvo al cabo Cañaveral, será para ver un lanzamiento. Estoy seguro que debe ser impresionante.

El siguiente paso en nuestra visita era acudir a la famosa “experiencia de lanzamiento”, en la que un simulador nos dará la sensación de ser lanzados al espacio desde uno de los famosos Shuttles que tanto utilizó la NASA en sus misiones a la Estación Espacial Internacional. Sientan al público en una recreación del lanzador, te abrochan bien, y ponen el lanzador hacia arriba, simulando los sonidos, luces y sobretodo la vibración y el efecto subida del cohete. Luego se estabiliza intentando simular la navegación en el espacio abierto y por último, se abren las compuertas pareciendo verse la Tierra. Personalmente, me decepcionó bastante, la verdad.

De ahí nos fuimos a tomar algo para comer y pasamos por una placita donde una enorme bola de granito de más de nueve toneladas que muestra el mapa del cielo visto desde la Tierra. Esta pesada bola gira debido a que está colocada encima de un chorro que distribuye agua por toda su base haciendo que sea fácil moverla. Luego cogimos un bus que nos llevó por todo cabo Cañaveral enseñándonos los famosos hangares donde se construían los shuttles (altísimos), la famosa carretera por donde enormes plataformas rodantes trasladaban los cohetes, las tremendas áreas de lanzamiento, llenas de torres de hierro. Desde una de las plataformas de observación se puede ver todo el cabo, con sus más de diez plataformas de lanzamiento, que parece un auténtico paisaje militar.

El autobús también para en un gran hangar dedicado a las misiones Apollo, donde el cohete más grande del mundo está colocado sobre pilones a lo largo del hangar, apreciándose el tamaño del mismo de una forma increíble. Gracias a este tremendo desafío de la ingeniería balística se pudieron hacer los viajes a la Luna, ya que en estos tremendos cohetes cabían grandes cantidades de combustible necesario para llegar y volver de nuestro pequeño satélite. En un museo anexo encontramos desde trocitos de rocas lunares hasta periódicos de todo el mundo de la época en la que Neil Amstrong dio el primer paso en la Luna. También hay una sala donde se explica más o menos a través de imágenes y montajes la historia de las misiones espaciales, dando énfasis en todos los hombres y mujeres que perdieron la vida en lanzamientos fallidos.

Acabamos la visita en una de las tiendas del hangar del Apollo, probando el curioso helado deshidratado que se llevan los astronautas al espacio y comprando una sopa que se cocinó en honor a los primeros hombres en la Luna. Tras esta visita, es necesario coger el coche y dirigirse a otro de los espacios turísticos del cabo Cañaveral, incluidos en la tarifa general. Se trata del USA Astronaut Hall of Fame, donde todos los astronautas estadounidenses tienen una placa con sus datos, y donde un enorme museo muestra de forma amena las diferentes misiones que permitieron llevar a cabo la exploración espacial. Objetos curiosos, trajes de astronautas, pequeños simuladores, “los olores de la Luna, los controles de la base de Houston, y un simulador de gravedad cero (estropeado para mi desilusión) son algunos de los elementos que conforman estas instalaciones. Nosotros lo visitamos un día diferente del que visitamos el Kennedy Space Center. No quisimos morir de sobredosis espacial.



diumenge, 4 de desembre del 2011

90 horas en Georgia

Mi primer Thanksgiving, o día de Acción de Gracias, lo he pasado en el estado de Georgia, el vecino del norte de Florida, dónde vivo este año. Esta fiesta recuerda la ayuda que los nativos prestaron a los europeos que llegaron en el Mayflower al Nuevo Mundo, huyendo de la persecución religiosa en el Viejo Continente. Al año siguiente, como agradecimiento a la ayuda prestada, los recién llegados organizaron una cena para dar gracias a los indios. Por eso, cada 24 de noviembre las familias estadounidenses se reúnen alrededor de un enorme pavo que tarda horas y horas en el horno (el de la familia que me invitó tardó seis horas en hacerse). También asan a la parrilla un jamón enorme, preparan verduras, la típica gelatina de arandanos, salsa de setas y, al estar con sureños, los omnipresentes mac & cheese, una especie de fideos pequeños y acaracolados con tres tipos de quesos fundidos (uno de ellos con pinta bastante insana y grasienta, pero sabroso igualmente). Básicamente se reúnen familiares y amigos en las casas para pasar el día juntos, bebiendo algo y picando mientras el pavo se hornea y se preparan el resto de ingredientes. Cuando por fin está todo preparado y la gente satisfecha llega la hora de los postres: el típico pastel de calabaza caliente con una bola de helado de vainilla encima. Y algunos chupitos para digerir bien todo.

Las tradiciones siguen cuando miles de familias se dirigen minutos antes de medianoche a tiendas como BestBuy o Wal-Mart para la apertura del conocido como Black Friday, llamado así porque todas las tiendas cosiguen con estas rebajas pasar sus cuentas de color rojo a negro. Televisores de pantalla de plasma por 250 dólares vuelan, y miles de artículos, fundamentalmente de electrónica y perfumería están muy baratos. Fue curioso ver las larguísimas colas para entrar en las tiendas, los atascos de coches, y la cantidad de gente comprando a las dos de la mañana. Yo aproveché y compré una memoria SD para mi cámara a mitad de precio.

Tras este curioso ritual de consumismo yanqui, nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos despertamos pronto para descubrir la capital no oficial del conocido como "Sur": Atlanta. En efecto, desde hace un par de décadas esta ciudad de Georgia crece como la espuma. Varias empresas multinacionales como UPS o Coca-Cola tienen su sede social aquí. Además, cuenta con el aeropuerto más grande del mundo y es sede también de Delta, una de las compañías aéreas más importantes de EE. UU., que ha convertido a Atlanta en el punto de conexión de miles de vuelos nacionales e internacionales. Por último, haber sido capaz de celebrar los Juegos Olímpicos de 1997 da la talla de la gran capacidad financiera y organizativa de la ciudad. Y no olvidemos que lleva años difundiendo una particular manera de ver el mundo y de contarnos lo que pasa a través de su canal más internacional: CNN. 

Empezamos a conocer Atlanta por la Stone Mountain, el bloque de granito más grande del mundo. La subimos y la bajamos, rodeados del agradable olor que desprenden los cientos de pinos que crecen en este parque natural. El día era magnífico, soleado, sin una nube y con cientos de personas paseando por allí. Desde la cima se podía observar toda la planicie central georgiana, profundamente boscosa, y sobretodo el skyline de Atlanta y las ciudades que la rodean, especialmente Marietta. Precioso. Esta enorme roca tiene además el perfil de diversos generales secesionistas de la época de la Guerra Civil estadounidense, a los que se recuerda en determinados espectáculos de luces y láseres que se celebran en verano. Los habitantes de esta ciudad no olvidaran nunca que el Ejército del norte, durante la Guerra Civil, quemaron la ciudad entera. Sigue existiendo el recuerdo a lo que fue la Confederación entre amplios sectores de la población, por extraño que parezca. 

Tras un primer contacto con la naturaleza, nos fuimos al centro de la ciudad, donde lo primero en la agenda era The World of Coca-Cola, tal vez una de las atracciones más populares de la ciudad. Por apenas 16 dólares podremos explorar la mayor colección de objetos de esta marca de refrescos: desde el primer coche a motor que distribuyó los botellines (por cierto en Buenos Aires), hasta la máquina distribuidora de Coca-Cola y Sprite instalada en la Estación Espacial Internacional, pasando por el mostrador de la farmacia dónde por primera vez se sirvió un vaso de Coke por sólo 5 centavos, con propiedades medicinales, especialmente contra el dolor de cabeza.

En esta exposición se explica como John Pemberton, un modesto farmacéutico de Atlanta, llegó a vender por pocos dólares su invento, y cómo otros farmacéuticos fueron los que consiguieron popularizar la famosa bebida, utilizando mediadas de marqueting innovadoras para aquel momento. La primera fue publicar cupones para probar un vaso de Coca-Cola gratis. Con ello, se aseguraron que miles de personas sabían el sabor del producto, y la mayoría lo volvieron a comprar. Pero sin duda, la mayor innovación de esta empresa fue su campaña navideña de los años treinta, dónde reformuló la imagen de Santa Claus, pasando de un viejecito mal vestido, encogido y enfermizo, a ser el risueño y barbudo gordinflón vestido de rojo que todos hoy conocemos: invento de los expertos de la empresa.

Otras de las curiosidades son los expedientes de la multinacional cuando decidió cambiar la receta original y pasar de Coca-Cola a Coke. Esto fue en 1985 y se debió a que miles de tests entre consumidores determinaron que la nueva receta gustaba más que la antigua y también que la Pepsi. Sin embargo, la compañía no contó con la nostalgia de millones de clientes que se movilizaron incluso judicialmente para que se comercializara de nuevo la receta original. Finalmente, la empresa decidió comercializarlas juntas: New Coke y Coca-Cola Classic. Pocos años después, New Coke despareció.

Lo siguiente que nos muestran es un ejemplo de una factoría moderna, con los robots funcionando en un proceso de fabricar Coca-Cola (en este caso a muy pequeña escala), donde podemos observar desde el lavado de botellas con agua hirviendo a presión, la mezcla del sirope con el água carbonatada, hasta su relleno del famoso líquido, su etiquetaje y el cierre de la chapa. Al final del proceso un sonriente empleado nos regalará uno de esos botellines recién fabricados etiquetados con el logo del museo.

También hay una película 4D con curiososos efectos especiales que hará las delicias de los más jóvenes, con cero interés educativo (eso es cierto) pero mostrándonos de una manera muy impresionante las maneras de distribuir la Coca-Cola por todo el mundo: desde los callejones estrechos de Saint-Tropez hasta las humeantes callejuelas de Beijing, pasando por las montañas nevadas de Noruega hasta las remotas islas Filipinas pasando por los caudalosos ríos africanos. El mensaje que la multinacional lanza es claro: por muchas culturas que existan algo nos une a los humanos: el placer de disfrutar de una Coca-Cola.

La colección de objetos artísticos realizados con latas, botellas y chapas de Coca-Cola, así como utilizando su logo, es también curiosa, en especial la colección de cartas enviadas por miles de consumidores asociando esta bebida a recuedos positivos de sus vidas o las joyas hechas con latas. También hay una gran sala de proyecciones para ver todos los anuncios que la compañía ha realizado en televisión y cine a lo largo de las últimas décadas.

Aunque sin duda, la parte que más éxito tiene es la zona de cata, con pilares dedicados a cada continente en el que decenas de dispensadores de refrescos ofrecen la oportunidad a los visitantes de probar refrescos que la compañía produce en diferentes países: desde la Fanta de piña de Grecia a la de kiwi y fresa de Tailanda, pasando por el refresco de manzana y zanahoria del Japón, el té de menta burbujeante de Djbuti, el Nestea ultrarrefrescante (efecto hielo) de China, muy diferente del suave Nestea Pêche blanche francés, o la Inka Kola del Perú. El final era una zona acristalada con vistas a Atlanta con decenas de dispensadores con todos los productos más tradicionales, desde la Coca-Cola de toda la vida pasando por todas sus variantes: ya sea Light, Zero, Cherry Coke, de vainilla, la que tenía limón o el curioso TAB. Y muchas más. Personalmente acabé con el estómago algo revuelto, tras la mezcla de cientos de refrescos, la mayoría gaseosos. Pero fue una curiosa experiencia.

La visita acaba por la gran tienda, dónde podremos comprar casi cualquier cosa relacionada con la popular marca. Lo que no son tan populares son los precios. Pero curiosear es gratis.

Tras tal bombardeo de publicidad corporativa deambulamos por el parque Olímpico, donde una preciosa fuente en el suelo forma los famosos cinco círculos símbolo de las Olimpiadas. Luego pusimos rumbos unas calle al sur para dirigirnos al hotel más alto del hemisferio occidental: el Peachtree Plaza. Cuenta con un restaurante giratorio y unos pisos más arriba, con un agradable lounge, también giratorio, donde nos tomamos algo mientras disfrutábamos de las increíbles vistas nocturnas de Atlanta y sus alrededores. La noche la terminamos en el Hard Rock Café Atlanta, dos calles más allá, tomando tomates verdes fritos como entrante, algo muy sureño.

Quedaba mucho por hacer en Atlanta: desde visitar el Acuario más grande del mundo hasta la Casa-Museo de Martin Luther King. Y por supuesto, hacer el tour por los estudios de CNN. Sin embargo, el tiempo apremiaba y tocaba volver a la Florida, haciendo parada de una noche en la colonial Savannah. Visto el interior de Georgia, tocaba ver algo de su bonita costa.

Y así, llegamos a la antigua capital de este Estado sureño. Alrededor del río homónimo, en mitad de un pantano y con calles llenas de robles centenarios cubiertos de musgo negro que cuelga de las ramas, esta ciudad es una gran colección de espléndidas mansiones colocaldas en perfecto orden. No en vano, es la primera ciudad planificada de EE. UU., con calles rectas, y plazas cada cinco avenidas. De hecho, sus 21 placitas son lugares frondosos con muchísimo encanto, cubiertos de los robustos árboles y siempre con alguna bonita estatua o fuente en el medio.

Y ya más hacia el puerto, las calles se estrechan y encontramos decenas de restaurantes de mariscos y pescados recién capturados en el Atlántico. Como por ejemplo en el tradicional, ruidosa y algo cara Shrimp Factory, un lugar dónde saborear las decenas de recetas típicas del lugar, como las excelentes gambas con carne de cangrejo y arroz de la Georgia. Y de postre nada mejor que ir a una de las decenas de tiendas de dulces artesanales de al lado para degustar una especie de galleta de nueces con chocolate y dulce de leche mientras se pasea admirando la preciosa arquitectura de la ciudad.

Ciertamente la neblina y los musgos cayendo de los árboles dan un aspecto tétrico durante la noche. Vale la pena acercarse al céntrico cementerio mientras se oyen las campanas de alguna cercana iglesia y los caballos trotan haciendo un ruido típico en los adoquines de las antiguas calles, arrastrando carros llenos de turistas a los que les explican los diferentes momentos históricos de la ciudad. Más curiosos aún son los coches fúnebres llenos de gente de pie en el maletero, lugar dónde normalmente van los ataúdes. No en vano, se cree que la ciudad está encantada. 

Al día siguiente, con la luz del sol, la ciudad cambia muchísimo, transmitiendo alegría. Pusimos rumbo a uno de los cafés más populares: The Goose Feathers, dónde los lugareños disfrutaban de su brunch dominical. Y lo mismo hicimos. Un buen croissant relleno, a la sureña, con los famosos huevos pochados, jamón dulce, queso cheddar fundido, salsa holandesa... delicioso. Un paseo diurno por las mansiones más relevantes de la ciudad, especialmente por la conocida como Ginger Bread, amarilla, de madera, con su porche y sus terrazas, nos trasladará a los primeros años de vida de los Estados Unidos. Fue la riqueza del algodón la que trajo el esplendor a Savannah, y los antiguos almacenes nos lo recuerdan.

Una de las grandes curiosidades de Savannah es que en uno de sus parques fue dónde se rodaron partes de la popular película Forrest Gump. Un último paseo por la calle mayor, Broughton Street, con sus decenas de tiendas y restaurantes, decorada de Navidad, con la cúpula dorada del ayuntamiento, fue la despedida de Georgia, poniendo rumbo de nuevo al Estado dónde tengo mi hogar estos meses: la Florida.  

diumenge, 20 de novembre del 2011

1000 places to see before you die. 2nd edition.

Todos los lugares del mundo merecen visita. Sin duda, en todo lugar hay algo destacable que visitar, probar o recorrer. Es común oir comentarios de "no se me ha perdido nada en..." o "en tal sitio no hay nada que ver". Cualquier nómada sabe de sobra que son generalizaciones falsas y hasta cierto punto despectivas pero que sobretodo muestran una ignorancia sonrojante para la persona que se atreve a decir tales estupideces.

Uno de los libros que desmontan estas actitudes tan simplistas ante el mundo es "1000 places to see before you die". En especial, la segunda edición, la cuál he tenido la enorme suerte de recibir en casa el mismo día de su lanzamiento, gracias a Amazon.com (ventajas de vivir en USA).

Si la primera edición de "1000 sitios que ver antes de morir" ya era una brújula interesante para cualquier loco que tuviera como propósito conocer cuantos más rincones de este planeta mejor, con esta segunda edición (de momento sólo disponible en inglés), la famosa periodista de viajes del New York Times, Patricia Schultz, ha remodelado su famosa "lista" vital para reordenar lugares, agrupando algunos de ellos, eliminado otros e incluyendo muchos más. Pero siempre manteniendo el espíritu de 1000 sitios. Ni uno más.

200 entradas totalmente nuevas hacen que el libro cubra una mayor variedad de lugares y se acerque más a esa lista perfecta que por desgracia, nunca se logrará. Además, 28 países que no aparecían en la pasada edición surgen en la segunda, dejando tranquilos a los millones de habitantes de esos lugares que cuando ojearon la primera edición se indignaron tras constatar que la periodista no consideraba ningún lugar de sus Estados como digno de aparecer en su famosa lista. Tal y como Schultz explica, en muchos casos se trataba simplemente que nunca había podido visitar dichos lugares, como le pasó con Ghana, Corea del Sur o Nicaragua. En otros casos, aún formaban parte de la extinta URSS cuando publicó su primer libro: Estonia, Ucrania, Eslovaquia...

Un aspecto interesante son las útiles reagrupaciones de antiguas entradas que ha realizado fusionándolas en una, cuando la autora ha considerado que todo se localizaba a pocos kilómetros y por tanto podían visitarse a la vez en un día o dos.

La lista incluye entradas que pueden ser ciudades (Buenos Aires), regiones (el Loira), pueblos (Lucca), monumentos clave (la Alhambra), restaurantes famosos (Joe's Stone Crab), hoteles singulares (el Taj Mahal Palace Hotel), barrios concretos (el Bund), eventos míticos (Mardi Gras de Nueva Orleans), museos (el de Arte Islámico en Doha), parques nacionales (las Blue Mountains), playas (las de Bali), islas (las Baleares), plazas (la Grand Place)... y mucho más.

Un libro por tanto, imprescindible en la mesilla de noche de cualquier viajero, sea nómada o sedentario. Desde luego, para los nómadas se convertirá en su nuevo libro de cabecera, en una guía fresca y agradable de qué lugares imprescindibles tiene que visitar, sin importar en el punto del globo en el que se encuentre. El único "pero" encontrado es que tal vez los precios de algunos restaurantes y hoteles sean algo elevados y escapen al poder adquisitivo de muchos jóvenes como yo, entusiasmados con seguir los pasos de esta periodista. Pero como el título bien señala, son lugares que hay que ver una vez en la vida. Así que ahorremos todos para empezar a tachar lugares de la lista. Ninguno os defraudará.

No puedo resistir finalizar esta entrada señalando que la señora Schultz salda una gran deuda con los valencianos al incluir a nuestro Cap i Casal en sus "1000 sitios...". Y además lo hace a bombo y platillo, afirmando que Valencia es la ciudad "mediana" más dinámica del mundo y destacando lugares como el modernista Mercat Central (el mercado de productos frescos más grande de Europa), nuestra vanguardista Ciutat de les Arts i les Ciències, la famosa paella que disfrutó Hemingway en La Pepica o tal vez una más actual en Ca' Sento. Por último, destaca el festival Eclèctic y por supuesto Les Falles, una de las fiestas más completas de nuestro mundo. Cualquier valenciano que lea esta entrada notará de inmediato el rigor que exhala el resto del libro, especialmente cuando la periodista demuestra su profesionalidad explicando claramente que es una paella, diferenciándola de los arroces que en USA (y en muchas otras partes por desgracia) aún se les sigue llamando con el nombre del plato más valenciano. Conejo, pollo, garrofó, bajoqueta y en ocasiones caracoles. Eso es todo lo que lleva la paella valenciana señores. El resto, como Schultz informa, son "arroces".  

diumenge, 6 de novembre del 2011

La costa tica del Pacífico: provincia de Puntarenas

Costa Rica tiene conexión con el mar Caribe y con el océano Pacífico. Y sin ninguna duda, los ticos prefieren las costas oceánicas por tener playas más naturales y por ser, en general, poblaciones de una cultura más cercana a la del Valle Central.

Sin duda, las playas y parques nacionales del Caribe tienen en muchos casos el adjetivo de paradisíacos, pero la cultura caribeña (muy diferente al resto del país) se nota como ajena para la mayoría de costarricenses. Además, los niveles de inseguridad son más altos en estas zonas. Del Caribe tico ya hablaré en otra entrada, cuando tenga la oportunidad de conocerlo personalmente. Por ahora centrémonos en lo que conocí: lugares de la provincia de Puntarenas

El primer lugar al que fuimos fue hacia el norte de esta alargada provincia costera, es decir, el sur de la península de Nicoya. Para llegar hasta aquí desde San José, la manera más rápida es coger el ferry de Puntarenas a Páquera, para ahorrarnos bordear en coche o bus el golfo de Nicoya, teniendo que recorrer cientos de kilómetros al norte, para después volver a bajar. Además, el ferry no suele ser caro y su ticket está incluido si vamos en bus. Durante el trayecto, además de las molestas gaviotas, no olvidéis dar un vistazo de vez en cuando al agua, pues grandes tortugas nadan siguiendo al barco de vez en cuando, y es muy bonito verlas.



En efecto, mi primer baño en el océano Pacífico, con 25 años, lo hice en las remotas playas de Santa Teresa y Malpaís, paraíso surfista, donde decenas de jóvenes occidentales y suramericanos acuden para instalarse y empezar una vida bohemia como instructores de surf, profesores de español, camareros, recepcionistas, o todo a la vez. Las carreteras sin asfaltar y los pocos autobuses que llegan aquí cada día, garantizan la tranquilidad de este lugar, máxime cuando la primera línea de playa no tiene apenas construcciones, o como mucho tal vez alguna cabaña que otra de un piso que en ningún caso rebasa la altura de las palmeras cocoteras.

Rabiosamente salvajes, estas playas ofrecen arena con troncos y hojas de palmera esparcidos por la arena, además de cangrejitos semi transparentes totalmente inofensivos. El océano es cristalino, con pececitos y sobretodo, fortísimas olas que nos empujarán para la costa en el mejor de los casos o hacia las profundidades, teniendo en este último caso que tener mucho cuidado con la, en ocasiones mortífera, resaca.

Es la tremenda fuerza de este oleaje lo que convierte a este lugar en perfecto para surfear en cualquier época. Y sentirlas en la propia piel, aunque sea como simple bañista, es una experiencia total, es sentir la fuerza de la naturaleza en uno mismo. Lo remoto y natural del lugar también han atraído a algún que otro hippy, convirtiendo el destino en un lugar donde tomar clases de yoga y relajarse al máximo. El destino es además número uno para parejas aventureras que quieran casarse, como ya demostraron la top brasileña Giselle Bundchen y su novio en 2009, o cientos de parejas de todo el mundo, surfistas muchas veces, que acuden a esta "meca" a casarse en la playa.

Todo esto hace al panorama gastronómico del lugar muy variado, gracias a la mezcla de jóvenes emprendedores aquí presentes. Desde comida libanesa y kosher, a sushi fresquísimo, platos vegetarianos, pizza y pastas excelentes ( hechas por italianos), y comida española. Y por supuesto, las sodas ticas, aquí especializadas, como no podía ser de otra manera, en "casados" de pescado y marisco fresco. Respecto a estas últimas, una de las mejores (aunque ligeramente más cara que el resto) es la Soda Piedra Mar, donde sirven generosas raciones de pescado y marisco cocinados a al tica. El pescado al ajillo y perejil, o las gambas a la parrilla son excelentes.

Otra recomendación que no puedo dejar de hacer es la pizzería Tomate, con un romántico patio ajardinado lleno de mesitas iluminadas por pequeñas velas. Las pizzas aquí son simplemente excelentes, totalmente equiparables a las que probé en Roma, Cagliari o Pisa.

Como curiosidad, pasé el 14 de septiembre, día nacional de Costa Rica, en estos pueblecitos surferos. Aquí fue donde vi como se celebraba el orgullo costarricense, viendo a cientos de niños ticos con sus faroles (construcciones caseras de las más diversas formas, aunque predominando las casitas, con una velita dentro), celebrando el día de la independencia, cantando a las 6 en punto de la tarde el himno de Costa Rica, y desfilando por la calle mayor con la banda y las majorettes, seguidos de la procesión de niños con sus faroles. Y por supuesto, miles de banderas nacionales en casas, negocios, farolas, coches... Mientras que en el resto de Centroamérica son desfiles militares lo que se celebra estos días, en Costa Rica son miles de niños los que desfilan orgullosos con sus uniformes escolares, mostrando así este país cual es el verdadero "ejército" en el que invierten sus fondos: en sus futuros ciudadanos y en su educación.
---------

El siguiente lugar al que fuimos, también al sur de la península de Nicoya, fue Montezuma. O Montefuma como es cada vez más conocida. En efecto, la proliferación de fumadores de marihuana que acuden a este pueblito es cada vez mayor. Más desarrollado que Santa Teresa, aún así Montezuma guarda ese espíritu surfero, hippy y de yoga de toda esta zona. La comida vegana y los locales basados en la cultura new age abundan. Tal vez la cercanía a Cabo Blanco (primer parque nacional del país) hiciera de Montezuma en los años 70 el destino para todo amante de la naturaleza y ecologista. Preciosas playas y miles de actividades relacionadas con la jungla nos esperan. Para alojarse, la opción económica mejor situada es El Pargo Feliz, un albergue situado en una preciosa casa de madera de dos pisos enfrente del mar. Pero estaba lleno, así que fuimos al Hotel La Aurora, también céntrico, barato y en buenas condiciones. 

A pesar de la proliferación de restaurantes de comida fusión abiertos por decenas de jóvenes chefs procedentes de todo el globo, al ser temporada baja la mayoría estaban cerrados, así que cenamos en una bonita soda construida con madera y vistas al bravo mar, donde probé la langosta por primera vez, aprovechando que aquí abundan y son baratas (15 euros dos langostas acompañadas de puré de patatas y verduritas al vapor). Es un manjar exquisito, pero no creo que merezca la pena gastarse las fortunas que cuestan en otros puntos del globo, como en los restaurantes madrileños por ejemplo.

------

Tras tanto relax buen rollero, alternativo y verde, nos dirigimos a Puntarenas, capital homónima de la província, que por cierto ofrece un modelo turístico totalmente diferente al narrado arriba. En efecto Puntarenas es cero cosmopolita, totalmente de turismo tico y familiar, con playas mediocres y cientos de chiringuitos en su agradable paseo marítimo. El hecho de ser la playa más cercana a la capital la hace muy popular entre algunos josefinos. Pero se nota que es un lugar venido a menos, decadente, dónde solo se ven niños y jubilados, con ese encanto de los lugares que en algún día fueron populosos. Tras el desvío de los principiales cruceros al puerto Pez Vela Marina en Quepos, cientos de kilómetros al sur, el turismo no ha dejado de caer en Puntarenas.

Aún así, pasar unas horas en esta curiosa ciudad turística permitirá al visitante apreciar los gustos vacacionales de playa de la clase media del Valle Central. Pequeños y anticuados hoteles en primera línea de playa con piscinas se disponen en hilera frente a un paseo marítimo larguísimo con chiringuitos vintage  enormes. Una de las cosas que todo turista aquí debe hacer es tomarse un "Churchill", uno de los postres más raros que yo haya probado. Esta viscosa copaza parece sacada de una escena de Star Wars, debido a su color chillón rojo y morado. Básicamente consiste en hielo picado, helado de colita, helado de tutti-frutti (más de tutti que de frutti, sobretodo en lo referido a colorantes artificiales), mezclado con sirope y leche. Si así ya es empalagosamente dulce, olvidé decir que se corona de abundante leche condensada (que lo hace aún más pegajoso) y leche deshidratada en polvo (sí, sí, no os asustéis). Lo cierto es que está bastante bueno, pero es imposible describir a qué sabe. Sentir los tropezones de leche en polvo, seca, junto con la pegajosa leche condensada y el extraño sabor a colita no tiene precio. Como dicen desde Lonely Planet, de lo que estoy seguro es que su sabor no se parece en nada que exista en la naturaleza.

Además de este extraño helado, los puestos ofrecen otras comidas tan sabrosas como insanas véase los perritos calientes o las salchipapas (perritos calientes en lonchas, fritos, con patatas fritas y queso fundido por encima con ketchup y mahonesa). Y todo rodeado de cientos de alargadas mesas y típicas máquinas recreativas de otros tiempos. Nada que ver con los platos veganos de Montezuma.

------

Cientos de kilómetros al sur de Puntarenas se encuentra el ParqueNacional Manuel Antonio, sin duda, una de las atracciones turísticas más importantes del país. Para bajar hasta allí por carretera, pasaremos por paisajes interminables de cultivos de palma, de las que se saca su famoso aceite.

Con su entrada en el pequeño pueblo de Manuel Antonio, este Parque Nacional es impresionante por la variedad de fauna tropical que observaremos prácticamente sin esforzarnos. De pequeños monos carablanca, saltarines y juguetones, a iguanas que intentar robar comida, cocodrilos inmutables en sus charcas, coatíes más atrevidos aún que las iguanas, loras (unas serpientes venenosísimas, atención en los senderos, ¡a nosotros se nos cruzó una!), perezosos colgados en sus árboles (cambiando de ramas de una forma exasperantemente lenta), mariposas enormes de vivos colores...

Llegar en temporada baja fue un gran acierto para poder disfrutar del parque sin los ríos de turistas que normalmente lo inundan. Su red de senderos es impresionante, y las vistas de la bahía desde la montaña, inolvidables. Pasear por medio de la jungla, escuchando sus sonidos es algo mágico, sobretodo a la caída del sol, cuando los congos (monos aulladores) empiezan a dar sus alaridos, como sacados de la película "King Kong" o "The Lost World". Las paradisíacas playas del parque merecen tumbarse en ellas y disfrutar de los salvajes paisajes, la arena impecable y las aguas turquesas. Cuidado con los robos de comida, mochilas o cámaras de fotos. Y no me refiero a las personas. Coatíes a la vista.

Dejando la a veces peligrosa fauna, y metiéndonos en la flora, en Manuel Antonio hay que tener también mucho cuidado con los manzanillos, árboles de fruta venenosa, parecida a la manzana, cuya sávia es tóxica. Son árboles preciosos, pero nada de probar su fruto.

Y tras un día de playas vírgenes, senderismo, flora y fauna, nada mejor que darse una buena ducha y explorar el panorama gastronómico del este cosmopolita lugar, lleno de grandes restaurantes con vistas al mar en la carretera que une Manuel Antonio con Quepos, dada la gran afluencia de turismo nacional e internacional que inunda estos lugares. Asimismo, hoteles de gran calidad abundan y algunos clubs destacan, convirtiéndo a Manuel Antonio en destino de fiestas para josefinos que quieran hacer una escapada de fin de semana.

Uno de los locales míticos es "El Avión", un restaurante enorme en una casona de madera sin paredes con vistas al mar en la que el bar está situado en el interior de un avión Fairchild C-123 del año 1954. Este artefacto tiene muchísima historia, ya que en 1980 fue comprado por el gobierno de USA para la contra nicaragüense. Sin embargo, nunca salió del hangar en el que se encontraba en San José, puesto que el avión hermano fue derribado por el ejército nicaragüense cerca de la frontera. El escándalo Irán-Contra saltó a la luz y el gobierno de EE.UU., junto con Oliver North tuvieron que frenar todas las operaciones. Así que el segundo avión con el que se pensaban pasar armas a los contras se quedó olvidado hasta que Ollie, dueño del local de Manuel Antonio, lo adquirió por 3000 dólares y ahora yace como si hubiera tenido que aterrizar forzosamente frente a la carretera.

Además de estas curiosidades, y un menú lleno de recortes de periódicos del momento en el que saltó el escándalo y en los que aparece el famoso avión, los platos aquí son exquisitos, y los cócteles también, como la deliciosa piña colada. Especialmente recomendable es la pasta, de sabor suave y siempre al dente, así como los platos de marisco. Un estupendo lugar para relajarse, disfrutar de la gastronomía, del sonido del mar y, porque no, de una buena conversación. 

------

Me queda aún mucho por conocer de esta pequeña república centroamericana. Desde parques nacionales tan importantes como Monteverde, Tortuguero o Corcovado, a las playas de Guanacaste o las de Puerto Viejo. Habrá que volver a este paraíso natural. Pero a la próxima, en temporada seca.