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dimarts, 26 d’abril del 2011

La Rioja

La tierra con nombre de vino ha sido uno de mis destinos de esta Semana Santa de 2011. En efecto, esta es la primera vez que estoy por el norte peninsular. La incursión empezó en Logroño, una ciudad que me sorprendió y para bien. La capital riojana destaca nada más llegar por su limpieza, tanto en las calles como en las fachadas, que parecen todas recién pintadas. Su casco antiguo tiene callejuelas con encanto y la calle Portales (soportalada como su nombre indica) ofrece unas tardes muy animadas por las decenas de paseantes que la alegran. Templos como la imponente catedral de Santa Maria la Redonda (donde está la tumba del general Espartero, casado con una riojana) o la románica iglesia de San Bartolomé son muy recomendables. También es muy curiosa la torre de la parroquia de Santa Maria de Palacio, con forma de enorme corona imperial.

La fuente de los riojanos ilustres nos ilustrará con alguna curiosidad como que Sagasta era de La Rioja alta. Y con paseíto por el agradable parque del Espolón llegaremos hasta el moderno ayuntamiento del arquitecto Moneo.

Es muy agradable también la zona de alrededor del antiguo convento y ahora Parlamento riojano, con restos de la antigua muralla de la ciudad al lado. Muchos, desde una mirada simplista, pueden pensar que esta olvidada región no es más que un invento político de algunos círculos  elitistas de Logroño. Sin embargo, unos días conociendo la tierra del vino serán más que suficientes para que el visitante se convenza de la especificidad riojana.



Si bien es cierto que su bandera e himno fueron inventados hace pocas décadas, no se puede olvidar que surgieron como respuesta del pueblo riojano ante la dictadura y la falta de libertades. La ciudadanía hizo suyos estos símbolos para solicitar libertad y una autonomía que garatizara el autogobierno democrático de estas tierras. Como solían decir a principios de los 80, La Rioja existía, pero no era.

Dejando la política y los paseos a la luz del sol por la capital riojana, lo cierto es que las mayores sopresas que nos ofrece Logroño surgen cuando cae la noche. Toda salida debe empezar obligatoriamente por la calle Laurel, tal vez la más famosa de la ciudad. No es más que una simple calleja peatonal sin demasiado estilo, prolongada por la travesía de Laurel. Es la concentración de bares de sus bajos lo que le da la fama. Todo gourmet quedará fascinado por la calidad y variedad de tapas que encontramos. El secreto reside en que cada local está especializado en una o unas pocas tapas o pintxos. Por ejemplo, el Bar Soriano está especializado desde hace 30 años en su tapa de delicioso champiñón coronado por una gamba. Los carnívoros quedarán encantados en Lorenzo, con sus tapas-bocadillito tío Agus, rellenos de carne de cerdo con una salsa secreta que en algunos bocados nos recordará al tomillo y en otros al limón. Y la Taberna del Laurel cuenta con unas buenas patatas bravas y con unas grandes brochetas de jugosos gambones asados con trozos de piña.

Pero si las tapas os parecen deliciosas, imaginaos tomarlas entre amigos en las diversas mesas que salpican esta calle y callejón, aprovechando la agradable temperatura primaveral y con una copa de buen vino riojano en la otra mano. Tapear de bar en bar en la calle Laurel es, sin duda, la manera más logroñesa de empezar bien la noche.

Alguna copita en los modernos locales de las calles cercanas nos empezará acercando al dinamismo nocturno de esta pequeña ciudad que acabará por sorprendernos del todo cuando traspasemos el ultramoderno hall del Casino y entremos a su discoteca, digna de la noche de cualquier capital mundial. Una decoración adecuada, varias barras, un DJ en lo alto, zona VIP, una iluminación aceptable y un excelente sistema de sonido junto con una mezcla de música de rabiosa actualidad hacen que cualquier noctámbulo cosmopolita se sienta más que cómodo bailando en este céntrico local logroñés. 


 Es curiosa la mezcla de personajes que pueblan esta discoteca. Desde pijas y pijos de manual dignos de Moma56 a chicas en vaqueros y zapatillas pasando por maduras con ganas de fiesta o señoras que toman una copa tras una cena de compañeros de trabajo. Modernos con pinta de acabar de llegar de Malasaña, Chueca o el Gaixample bailan junto a aburridos señores que esperan a que las compañeras de trabajo con las que vienen se cansen de bailar. Barbies de piernas tan interminables como su pelo y bronceadas de anuncio lucen increíbles tacones al lado de cuarentonas vestidas de blanco como si estuvieran en la fiesta Flower Power. Y garrulos de pueblo comparten barra con chicos en camisa de pelo y patillas largas dignos de cualquier convención del PP.

Tal vez el único "pero" sea que cierra a las 4. Sin embargo, la fiesta sigue, el ambiente en la calle es enorme y hay otros locales que abren hasta las 6, como la sala Norma, situada en un antiguo teatro. Lo cierto es que Logroño tiene una noche bastante interesante y movida.

Pero la capital riojana no es toda La Rioja. Hace falta recorrer sus paisajes de viñedos, sin perder de vista el Ebro, para entender y conocer bien esta tierra. Recorrer en coche sus carreteras es una gran experiencia. De pueblo en pueblo y de bodega en bodega. Lugares históricos e incluso Patrimonio de la Humanidad-UNESCO nos esperan en sus valles y montañas.

San Millán de la Cogolla, por ejemplo, con sus monasterios de Suso y Yuso, nos transportarán mil años atrás con las primeras palabras en lenguas castellana y vasca que un monje anónimo escribió. Observamos en estas dos lenguas algunas notas aclaratorias en el borde de textos escritos en latín. Cualquier hablante del castellano o del euskera debe viajar, al menos una vez en la vida, a este lugar, para sentir los parajes donde por primera vez alguien escribió palabras en estos idiomas.



Además, la arquitectura de estas dos estructuras religiosas es preciosa. La recomendable visita guiada por el monasterio de Yuso nos llevará a una iglesia maravillosa, a ver enormes libros originales de canto gregoriano, a la capilla donde están los restos de San Millán (y algunas de las exquisitas tabletas talladas en marfil que narran la vida de este santo) así como la sacristía, conservada con su secular pintura original.

Santo Domingo de la Calzada, punto clave en el camino de Santiago, cuenta con dos Paradores nacionales increíbles. La recepción del parador de Santo Domingo Bernardo de Fresneda con sus ambiente noble y sus enormes y cómodos sofás, está muy bien para tomar un café o té con pastas entre amigos. Por otro lado, los restaurantes de este pueblo son un buen lugar donde comer unos buenos caparrones con su choricito, morcilla y guindillas troceaditas encima. Pero lo que más llama la atención del visitante es su catedral, en la que dentro sigue habiendo un corral con una gallina y un gallo vivos, en recuerdo del milagro de Santo Domingo de la Calzada, donde la gallina cantó después de asada.

A diez minutos de Logroño encontramos Fuenmayor, villa natal del almirante que inventó al bandera española. Es un agradable pueblecito jalonado de palacetes renacentistas y barrocos.

A pesar de tanta cultura, arquitectura, gastronomía e historia, La Rioja es mundialmente conocida por sus excelentes vinos. Es por esto que las visitas a las bodegas se hacen imprescindibles. Hay muchas y de todo tipo, pero las más impresionantes son aquellas casas que han apostado por arquitectos de prestigio y por convertir las visitas a las bodegas en toda una experiencia.

El ejemplo paradigmático se encuentra en Elciego, un pueblecito de la Rioja alavesa donde las bodegas Marqués de Riscal confiaron al inglés Frank Gehry, autor del Guggenheim de Bilbao, la ampliación de sus bodegas para modernizarlas y también transformarlas en un auténtico resort del vino. Además de las bodegas antiguas y modernas que nos impresionarán y enseñarán como se hace el vino, la estructura que nos quitará la respiración será el hotel de lujo. Enormes láminas de titanio de formas imposibles y colores metálico, burdeos y oro nos recordarán a las botellas de la casa en un enorme edificio que, en mitad del valle y rodeado de viñedos, refleja la luz solar y la envía a todos los puntos del valle, como si de un faro se tratara. Aquí se han alojado últimamente, entre otros, Brangelina.


Lo mejor de la visita guiada a las bodegas Marqués de Riscal es la pequeña degustación e introducción a la enología en un moderno saloncito al final del recorrido. Cualquier apasionado del vino quedará encantado.

Cercas de estas bodegas de encuentra Laguardia, una preciosa población situada en la cima de una colina con unas vistas increíbles. Rodeada por una muralla, cuenta en su interior con una maraña de callejas que nos llevarán a tiempos medievales, con tiendecitas tradicionales y una calma eterna. Alguna de las sorpresas que nos esperan en sus placitas son la escultura metálica del artista vasco Koko Rico, formada por una colección de calzado y bolsos situados de forma desordenada.

Otras bodegas muy llamativas son las Ysios, obra del arquitecto valenciano Santiago Calatrava. Su simetría y uso de los materiales (con el fallo de la madera que se pudre) son impresionantes. El arquitecto ha integrado perfectamente su enorme obra tanto con los viñedos que se extienden delante de la misma como con la imponente sierra que cierra el paisaje unos kilómetros detras.



Nájera, antigua capital navarra, es también paso obligado para los peregrinos con rumbo a Santiago, y cuenta con el Monasterio de Sanata María la Real, con antiguas reinas enterradas allí.

Y pequeños pueblitos como Clavijo destacan por su castillo, en ruinas pero con unas vistas espectaculares. Desde esta antigua fortaleza árabe se apareció Santiago Matamoros, propiciando la victoria cristiana en una de las batallas más importantes de la Reconquista.

La Rioja es, tal vez, uno de los secretos mejor guardados de España. Os aseguro que pasar una semana en estas tierras, que ni son vascas ni castellanas, os dejará unos recuerdos impagables.

dimarts, 12 d’abril del 2011

De restaurantes por Madrid...


Muchos conocen Madrid como ciudad eminentemente castiza, a pesar sus varios millones de habitantes. Sin embargo, la capital española es también una ciudad cosmopolita y su  gran su oferta gastronómica así lo demuestra. La cantidad y calidad de sus restaurantes basados en las diversas cocinas del mundo están garantizadas.

Si lo que buscamos es comida mexicana, encontraremos mucho donde elegir. Tras probar varios, destaca sin duda el Tepic, un local desenfadado, joven y con un diseño a la última, por supuesto con detalles como cactus o una enorme foto mural de un vagón de metro del DF. Los precios son normales, y la carta sencilla pero completa, con todo lo que uno espera encontrar en un restaurante mexicano y alguna sorpresa más. Por lo que hace a los entrantes, la Flauta de chicharrón de queso será un buen comienzo.

Los tacos, como plato principal, se encuentran dividos entre los que llevan queso y los que no. El Acapulco Tropical con queso es particularmente sabroso, jugoso y con el toque de frescura de la piña cocida. Los vegetarianos verán satisfecho su apetito con los tacos sin carne. También hay enchiladas gratinadas, para todo el que busca, y con razón, ese toque picante. Por último, en postres destaca el Tres Leches, muy típico mexicano. Un esponjoso bizcocho circular a base de leche evaporada que se os quedará pequeño.


Y para beber, además de la excelente carta de tequilas disponible, encontramos la famosa michelada, típica cerveza mexicana con lima verde natural y el borde del vaso rodeado de sal. Para los más auténticos está la "michelada Tepic", con chile tanto mezclado con la cerveza como triturado y situado en el borde del vaso. Todo un reto para los no habituales.

El personal, mexicano en su mayoría, es amable y eficiente, y además suelen recomendar platos según el gusto de cada comensal. También suelen animar a compartir, algo que acentúa el carácter desenfadado y amigable del lugar. Sin duda este urban mex (tal y como se definen) no decepciona.

En cuanto a la comida italiana, no hay duda: Ouh... Babbo! es el mejor restaurante italiano de Madrid en relación calidad/precio. La atención personalizada, los ingredientes totalemente importados de Italia y el trato excelente son claves para convertir a este lugar en obligatorio para todos los amantes de la gastronomía del país de la bota. El dueño es el actor hispano-italiano Bruno Squarcia, y es el quien nos aconsejará personalmente. Su cara nos sonará de las series  Al salir de clase o Yo soy Bea

En este restaurante la carta varía cada cuatro meses, adaptándose a los ingredientes de cada temporada, lo que nos garantizará la frescura y calidad de los mismos. Las pastas, antipasti, carnes, pescados y ensaladas son estupendos, pero el núcleo alrededor del cual gira la carta son las pizzas.

En Ouh... Babbo! las pizzas se cuecen en un auténtico horno de leña napolitano y esán hechas con ingredientes especialmente traídos desde Nápoles. En este restaurante tienen muy claro los orígenes de la pizza y por tanto se ciñen a la receta tradicional, con pizzaiolos napolitanos trabajado en sus cocinas. La masa es increíble, así como el queso mozzarella utilizado, pero lo mejor son los pomodorini, los típicos tomatitos secos con ese sabor tan potente. En la respetable carta de vinos encontrarmos toda la variedad de caldos y licores que encontrariamos en cualquier local medio de las calles de la capital del sur italiano.

Y si preferimos adentrar nuestro paladar en los ritmos caribeños, no muy lejos de la estresante puerta del Sol encontramos un lugar donde relajarnos con música cubana en directo: La Negra Tomasa, donde arroz, frijoles y carne de cerdo reinan, dejando un hueco al marisco presente en el Cojimar, plato a base de arroz, camarones en salsa de tomate especiada y rodajas de banano fritas como condimento. 

Otro de los puntos fuertes del local son los grandes batidos de frutas naturales, que suelen tomarse acompañando la comida principal, siguiendo las costumbres americanas. Y como final feliz, los postres cubanos, básicamente compuestos de huevo, arroz y leche, destacando por encima de todos el dulce de coco, compuesto por leche de este fruto tropical azucarado con trocitos blancos de la fibra del coco y una bola de queso crema en mitad de la copa. Y por supuesto, aquí el personal sirve, según ellos, los mejores mojitos de Madrid.

Es curiosa la cantidad de detalles que adornan el restaurante. Las propias camareras llevan aún el tradicional vestido de la Cuba tradicional, aunque la iconografía castristas y del Che abunden. Y si teneis la suerte de toparos con la dueña del local, la señoraTomasa, os pasará consulta de cartomancia cubana a cambio de la voluntad. 

El África negra también ocupa su hueco en el panorama gastronómico de la capital. El Restaurante Senegalés, situado en el corazón de Lavapiés, es uno de los restaurantes donde degustar la consistente y sabrosa comida del país africano. Siguiendo las pautas de consumo de la región, enormes platos para compartir son servidos en medio de las mesas, a base de arroz y trozos de mandioca y cerdo en la mayoría de ocasiones. Es verdad que la carta es poco variada, pero aún así, la comida es auténtica y deliciosa. En el África subsahariana no hay primeros y segundos platos, sino que se como todo a la vez en la misma fuente.

Un plato cada dos bastará. Y no olvideis pedir una de las bebidas de la carta, de nombres imposibles de recordar, pero con sabores que no olvidaréis jamás. Muy dulces y a base de frutas autóctonas del Senegal, estos líquidos nos trasportarán a las selvas y bosques de la zona, y a los aromas de aquellas enormes flores de colores que crecen en las tierras fértiles del África tropical. 

El local es sencillo pero muy auténtico. Además, la amabilidad de los camareros es impagable. Un ambiente relajado donde comer mucho por precios muy bajos rodeados de parte de la comunidad senegalesa de Madrid. Al lado hay una tienda de productos africanos importados, para los que se quedan con ganas de más.

Y sin dejarnos Asia de lado, Japón ocupa un lugar clave en muchísimos restaurantes madrileños. Curiosamente muchos de los dueños de restaurantes japoneses suelen ser chinos. Anécdotas aparte, uno de los japoneses más auténticos de la capital es el Nagoya, muy próximo a la plaza de Olavide. A mediodía suele tener un menú a precios muy asequibles, en especial la caja bento, tan tradicional, con su sopa de miso calentita para empezar. Después llegará la caja de cerámica, con una degustación de sushis, sashimi, maki y tempura. Y no faltará la sempiterna salsa de soja o la bolita de picante wasabi. Además de los bento, otra opción para los más carnívoros es pedir los kami yakisoba (tallarines con crujiente pato y salsa teriyaki).

Desde Lonely Planet afirman que este es el mejor japonés de Madrid. Desde luego, es muy recomendable para todo amante de esta cocina. Pero si lo que buscamos es mayor sofisticación, sin dejarnos la cartera por el camino, Sukothay (en la Castellana) es cita obligada para los amantes de la cocina oriental. De fusión tailandesa y japonesa, también cuenta con dos cartas diferenciadas de estas dos gastronomías. Además de gran variedad de tés y una amplia bodega.
 
La decoración del lugar se inspira en el lujo asiático y es especialmente recomendable acudir a cenar. Su tenue iluminación es excelente y su servicio exquisito. Del lado tailandés, el Gai satay (mini brochetas de pollo con la deliciosa salsa de cacahuetes) es un entrante excelente, aunque el Kaek gung tampoco se queda atrás (deliciosa tempura de langostinos y cangrejo). El Ped Makarm Sapparot (magret de pato con pok choi y salsa de piña y lima) también es muy recomendable.

La calidad de los sushis es también notable: de hecho, si preferimos algo más rápido o informal, en la entrada hay una barra de sushi. Destacan los buenísimos makis tempurizados, calentitos y con el alga nori crujiente. Y el sashimi ceviche nos trasladará a los sabores cítricos resultantes de la gran comunidad japonesa que desde hace décadas reside en Perú.

Desde luego, esto solo es un botón de muestra de los muchísimos restaurantes internacionales con los que cuenta Madrid, pero por ahora estos son mis favoritos. Aunque lo mejor de ellos, claro está, es cn compañía de quién los disfrutas. Os dejo las direcciones, por si acaso:

Mexicano - Tepic
Calle Pelayo, 4. Metro Chueca.

Italiano – Ouh... Babbo!
Calle Caños del Peral 2, Metro Ópera.

Cubano - La Negra Tomasa
Calle Cádiz, 9. Metro Sol.

Senegalés – Restaurante senegalés
Calle Amparo esquina calle Sombrerete. Metro Lavapiés.

Japonés – Nagoya
Calle Trafalgar, 7. Metro Bilbao

Tailandés / Japonés – Sukothay
Paseo de la Castellana, 105. Metro Santiago Bernabéu.

dijous, 10 de març del 2011

Segovia

Lo primero que hay que saber si se quiere ir a Segovia es el modo de llegar. Y es importante, yo me lo he aprendido y bien. Si vais desde Madrid, un consejo: optad por el autobús. No optéis por el tren. Es verdad que en media hora te plantas en la estación Segovia-Av.Guiamar. Pero luego, se tarda otra media hora más para  llegar al centro de esta pequeña ciudad castellano-leonesa. La estación, situada en medio de la nada, no cuenta con taxis, y los autobuses sólo salen hasta que se llenan, por lo que hay que esperar bastante. Por el contrario, si se opta por el bus desde Madrid, aunque tarda una hora en llegar, la estación de autobuses está en pleno centro, a sólo diez minutos del famoso acueducto romano.

Y es esta estructura (el acueducto) la principal atracción de Segovia. Sin duda, una enorme obra maestra de la ingeniería. Después de un buen número de siglos sigue en pie y sin cemento. Impresiona ver como los magníficos arcos fueron construidos para llevar agua de la sierra a la ciudad. Y por supuesto, es una foto obligada.



Pero ni mucho menos se acaba aquí todo lo que esta pequeña ciudad nos puede ofrecer. De hecho, subiendo las escaleras a la parte izquierda del acueducto nos adentraremos en el antiguo barrio noble de la villa, enmurallado. Antiguos palacios color terracota nos esperan, con placitas que aparecen al girar la esquina donde de vez en cuando nos toparemos con iglesias románicas de muros enladrillados.

Una de estas plazas, tal vez la que guarda más encanto, es la de San Martín, con sus desniveles y su preciosa iglesia. Pero la plaza más importante es, claro está, la Mayor, desde la que apreciar la suntuosidad de los arbotantes de la parte trasera de la gran catedral. Dedicada a Nuestra Señora de la Asunción y a San Frutos, este templo es conocido por ser la última gran catedral gótica construida en el mundo, erigida en el XVI, cuando en el resto de Europa la corriente renacentista ya era común. Por eso, y a pesar de tener todos los elementos góticos, la catedral es muy luminosa y amplia, profusa en decoración del último gótico castellano (el flamígero). Además, se descubren ciertos detalles decorativos del primer renacimiento plateresco que llegó a la región. En cualquier caso, nos encontramos ante un templo magnífico, conocido en algunos círculos como la Dama de las Catedrales.



Tras explorar la gran construcción gótica y pasear por su soleado claustro, bajamos por la calle Real, flanqueada de antiguos palacios nobles, y nos dirigimos al Mesón de Cándido para la comida, el restaurante más famoso (y más turístico) de Segovia, donde probar el famoso cochinillo asado. Sinceramente, este tipo de carne, a pesar de ofrecer un sabor delicioso, tiene una textura pastosa que no la hace nada apetecible, especialmente la capita de grasa que recubre los trozos. Es curiosa la corteza, crujiente y sabrosa, pero excesivamente pesada. Y además, el hecho de que lleven al medio del salón al cochinillo asado en la fuente de cerámica, y lo despedacen delante de tus narices, aún hace más complicada la ingestión del plato segoviano por excelencia.

Pero no hay que limitar la gastronomía de la villa a este plato. Muchos otros la distinguen y para hacerles el honor pedimos también setas a la segoviana (plato de sabor delicioso pero de textura excesivamente viscosa) y una tabla de quesos de la región, excelentes por cierto. Y de postre, el famosísimo ponche segoviano, un delicioso pastel ligeramente alcoholizado a base de yema, bizcocho y almendra.

Tras esta comilona, y un reparador sueñecito en el césped del pequeño parque delantero de la catedral, continuamos hacia el Alcázar, sin duda la gran sorpresa que Segovia guarda para sus visitantes. Un enorme castillo del que, todos dicen, se inspiró Walt Disney para crear el de su logo. Allí vivió Isabel la Católica. A pesar de que el edificio original se perdió en un incendio, y que el actual edificio es una restauración del siglo XVIII, sigue siendo impresionante, tanto por los interiores como por los paisajes que se disfrutan desde el gran torreón central. A un lado, el barrio viejo color terracota con la catedral destacando. Al otro, las llanuras amarillas castellanas con algunos pequeños pueblos y sobretodo la inusual iglesia templaria de la Vera Cruz, que queda pendiente para una próxima visita. De los interiores del Alcázar destaca el salón del trono, otra reproducción que nos transporta a los tiempos de Isabel y Fernando, con el emblema de este matrimonio inscrito en las telas del baldaquín "Tanto Monta, Monta Tanto".



Al finalizar la visita, vuelta de nuevo a la plaza mayor, y parada en Limón y Menta, la confitería donde probar el mejor ponche segoviano. Mucho mejor que el de Casa Cándido, por cierto. Tras la merienda, hicimos una corta incursión a la Iglesia de San Miguel, en una de las calles que salen de la plaza mayor. A pesar de su humildad exterior, esta iglesia tiene una riqueza interior que hay que ver, especialmente sabiendo que fue aquí donde se coronó a la reina Isabel I de Castilla.

Segovia es, en defintiva, una ciudad cargada de historia, cuyas iglesias y palacetes deslumbran, con un castillo de cuento y con el que tal vez sea el acueducto mejor conservado del antiguo Imperio Romano. Una excursión perfecta para un soleado día de finales de invierno.  

dissabte, 12 de febrer del 2011

De fiesta en.... Florianópolis.

Siempre digo que cuando viajo me gusta ir a un supermercado y a una discoteca del lugar. A veces lo consigo y otras no, pero creo que es una de las maneras de conocer de forma más genuina la vida de los locales. Así, intento tomar el pulso a la rutina de los jóvenes escapándome del típico recorrido turístico.

En el blog, de vez en cuando, haré un repaso a los lugares dónde he tenido la oportunidad de salir de fiesta y daré mis opiniones particulares. Por eso, cualquier corrección, comentario o puntualización serán bien recibidas.

Empezaré esta serie de entradas por la capital de la fiesta veraniega del cono sur: Florianópolis. Situada en una isla, también fue calificada como The party destination of the world de 2009 según el New York Times. Más conocida como Floripa, se ha convertido en el lugar donde familias y grupos de jóvenes de São Paulo y todo el sur de Brasil, de Buenos Aires y también de Uruguay, fundamentalmente, acuden e tropel a sus playas. Es cierto que llegué cuando el verano estaba acabando, así que voy a dar una visión diferente, la que no ofrecen las guías, pero no por ello menos apasionante. El hecho de que una buena universidad pública de Brasil tenga su campus en Floripa, llena a la ciudad de jóvenes con ganas de algo que hacer los fines de semana. La UFSC (Universidade Federal de Santa Catarina) con sus casi 40 000 estudiantes genera un enorme dinamismo en Floripa. Además, la presencia de otras universidades como la pública UDESC (Universidade do Estado de Santa Catarina) o la universidad privada UNISUL, junto con otros centros privados menores, elevan la cifra de estudiantes que dinamizan la vida nocturna de la ciudad fuera de la temporada alta.

Dejando de lado la locura de los meses veraniegos de diciembre, enero y febrero, Florianópolis recupera su marcha nocturna habitual, que es la que yo tuve la oportunidad de descubrir y sobretodo, disfrutar.

El núcleo del inicio de cualquier noche de fiesta joven empieza en el campus de la UFSC, en el popular barrio de Trindade. Las diversas facultades organizan en sus jardines los que yo llamo "botellones legales" donde venden alcohol a bajo precio. Destacan las famosas cervejadas donde cada cual paga una pequeña cantidad por comprar una jarra y, con ella, tiene derecho a rellenarla de cerveza todas las veces que quiera. Estas fiestas suelen empezar a las 21 horas y a las 00.30 ya recogen las cosas. Es entonces cuando los estudiantes se dispersan a los diferentes locales de la isla. Empezaré con los del norte.

De hecho, uno de los primeros lugares a los que fui nada más llegar a la ciudad fue al Life Club, una terraza de verano situada en mitad del interior norte de la isla, en medio de campos. Un suelo de madera hace de zona de baile, con varias carpas blancas de diseños y formas estilosas que la cubren. Además, dispone de un escenario donde normalmente actúan bandas en directo. La música suele ser muy brasileña, con sambafunk o sertanejo (pop-folk universitario brasileño). Sin embargo, ocasionalmente, el DJ pincha alguna canción comercial. El precio de la entrada y bebidas es medio, el dress code informal y el ambiente básicamente de jóvenes universitarios, ya que habitualmente se hacen fiestas de las diversas facultades. Yo fui a la fiesta de los farmaceúticos, conocida como la Xaropada. Normalmente todos los viernes hay fiestas organizadas por los estudiantes de las diferentes facultades de las universidades de la ciudad. Por cierto, sólo se puede ir en coche o en las furgonetas que organizan las facultades y salen desde el campus universitario de la UFSC.

Más al norte, en la costa de la zona más pija y cosmopolita de la ciudad, Jurerê Internacional, se encuentran algunas de las macrodiscotecas de Florianópolis. Aquí veranean Andrea Casiraghi, entre otros y esto se nota, no sólo en los cochazos que circulan, sino también en el alto nivel de los locales nocturnos. La prestigiosa cadena internacional de las cerecitas poseé una sucursal allí: PACHA-Floripa. Cuenta con una gran sala equipada con todos los adelantos técnicos en materia de sonido, luces y efectos especiales, que además del humo destacan las lluvias de papeles dorados, por ejemplo. Además, la enorme terraza, y sobretodo la explanada con el enorme escenario preparado para actuaciones internacionales (Moony acababa de dar un concierto hacía un mes) convierten a esta sucursal de la cadena española en una de las discotecas de referencia de la ciudad. El edificio y todos sus espacios están hechos imitando la roca encalada de blanco, en un ambiente que nos traslada a Ibiza. Los precios, tanto la entrada como las copas son elevados, en especial para nosotros los hombres. La manía de cobrar más a hombres que a mujeres es una práctica habitual es numerosas discotecas brasileñas. El dress code es más elegante de lo habitual y además de universitarios, también abundan los grupos de turistas tanto del propio Brasil, como argentinos y uruguayos, y de jóvenes no universitarios (véase las jovencitas trabajadoras en tiendas de ropa de la ciudad o las modelos). La música es excelente, siguiendo la política musical de la cadena internacional, con algunas canciones comerciales remezcladas por sus Djs y mucho house. Tuve la oportunidad de ir a la fiesta de reapertura, en abril, con los Djs sudafricanos Goldfish. Dispone de un enorme parking de pago y también se puede llegar en autobús.



Al lado de PACHA se encuentran otras macrodiscotecas, más caras aún y a las que no tuve oportunidad de ir. Definitivamente, Jureré Internacional es sinónimo de fiestas caras en macrodiscotecas. Simplemente citar el P12, con sus fiestas en la piscina conocidas en todo el país.

Otro de los núcleos de la fiesta está en Lagoa da Conceição, un pueblos situado al borde del lago que ocupa la mitad de la isla. En la calles centra se encuentran diversos locales con música comercial, pop-rock y sertanejo. Un ambiente jóven y desenfadado predomina y los precios suelen ser medios o bajos. Fui a varias fiestas en casas de amigos pero no tuve la oportunidad de salir por allí de fiesta, aunque todo el mundo citaba un local: el John Bull.

Pero es el centro de la ciudad de Floripa, donde yo vivía, la zona de fiesta que pude conocer más a fondo. A pesar de la buena conexión por autobuses y taxis, el problema es que tal vez los locales están excesivamente dispersos por lo que no hay ninguna zona del centro de la ciudad que se pueda calificar propiamente de fiesta.

El barrio del centro donde se situaba mi apartamento, en Beira-Mar Norte, se encuentra otra de las discotecas más chics de la ciudad: El Divino Lounge-Florianópolis. Situada en la avenida enfrente del mar, esta sucursal de la famosa discoteca ibicenca compite con PACHA por traer a Floripa a los mejores Djs internacionales (Robin S estuvo en mayo, por ejemplo). Situada en un antiguo edificio de principios de siglo XX restaurado y pintado de blanco, El Divino cuenta con diversos espacios. Al principio, la fiesta se articula alrededor del patio central ajardinado, con numerosos sofás y varias barras, así como una pequeña salita de baile en uno de los laterales. En otro de los laterales, una gran puerta da acceso a la sala de baile principial, con numerosos espejos y con una iluminación y acústica excelentes, que abre a lo largo de la noche. En la parte delantera de la discoteca existe una terraza en frente del mar con un agradable sushibar. Con precios también muy altos, aún más para hombres, el sistema de consumo es de una tarjeta en la que se te van cargando las consumiciones y cuyo total debes pagar al salir. Recomiendo las caipirinhas de fresas naturales, son bastante buenas.



Gente guapa, empresarios de cierta edad de la ciudad y modelos con piernas tan interminables como su insolencia son el público habitual de esta discoteca. Los cochazos en su parking nos dan pistas sobre el ambiente que nos encontraremos en el interior. Sin embargo, la excepción la marcan los miércoles, cuando tiene lugar la fiesta semanal llamada Quartaneja, un juego de palabras en portugués entre miércoles "quarta" y "sertanejo", el popfolk universitario de Brasil. Al tocar una banda en directo de este tipo de música, el público que abarrota El Divino los miércoles son jóvenes estudiantes, y por tanto, el dress code tan elegante que domina el resto de días baja, para situarse a un nivel medio, al igual que los precios. Es curioso el fuerte cambio de ambiente que se produce los miércoles del resto de días. En definitiva, El Divino es uno de los musts de la fiesta de Floripa, y sin ninguna duda, el club más chic del centro.

Más en el centro, al lado de la avenida Gamma d'Eça encontramos uno de los locales del momento: el alternativo Jivago Lounge, que a pesar de su pequeño tamaño ha conseguido situarse entre los lugares principales de la escena nocturna de la ciudad. Cuenta con el staff más simpático de la ciudad y con una relación calidad/precio excelente. Con sus dos pisos, tiene una zona de mesas y barra para poder hablar, además de un pequeño jardín-terraza con mesas a cielo abierto donde los fumadores calman su ansiedad y los que no lo somos aprovechamos para socializar. Por último, en el segundo piso está la segunda barra, el DJ y la pista de baile, con una pequeña zona de sofás. El Jivago abre jueves, viernes y sábados, y hay que estar atento al día que elegimos para acudir, ya que los ambientes que encontraremos serán muy diferentes.

Los jueves funcionan la fiestas Plastique, en las que normalmente son competiciones entre Djs amateurs los que pinchan, con los Djs de la casa alternándose para dinamizar la fiesta. Lo que más suena son remezclas de la música comercial del momento junto con algo de house y dance. El público es joven, universitario y de un nivel intelectual ligeramente superior al resto de clubs de la ciudad. Eso se nota en las conversaciones de la terraza, donde por cierto es mucho más fácil interactuar con el resto de asistentes, a diferencia de otros lugares donde cada grupo va a la suya. En general, gente con ganas de pasárselo muy bien, sin muchas pretensiones, de mentalidad abierta y un dress code casual con detalles originales.

Por el contrario, los viernes se celebran las fiestas Upper Club, con música de Madonna, Lady Gaga, David Guetta, Kate Perry y Ke$ha sonando. No hará falta ser un as para darse cuenta del público mayoritario en estas fiestas: modernos de todo pelaje, gays pijos, lesbianas femeninas, bisexuales fiesteros y algunos heteros con ganas de pasárselo bien. El viernes sube, por tanto, ligeramente el dress code del Jivago y el ambiente amigable de los jueves baja ligeramente al encontrarnos con gente más altiva, aunque sin llegar nunca a las cotas de imbecilidad de El Divino. Normalmente acude un DJ invitado, y los traen de diversas ciudades de Sudamérica. Incluso han llegado a invitar a algún norteamericano, por lo que la calidad de las remezclas es alta.



Por último, los sábados encontramos las fiestas Convida y también las Pop Up, dependiendo del fin de semana. En estas fiestas, el Jivago normalmente se tematiza y ofrece descuentos a todo aquel que acuda a la fiesta disfrazado o vestido de una determinada manera, según la tematización de la que se trate. Normalmente pinchan los Djs residentes y la música es una mezcla de la de los jueves y los viernes. Por eso, su público también lo es. Sin duda, los sábados son un resúmen de lo que es este local los jueves y viernes.

Siguiendo en el centro, y a dos pasos del Jivago Lounge, encontramos una macrodiscoteca de dos pisos con pista móvil, que va dando vueltas, y otra sala más pequeña. Se trata del Concorde Dance Club y cuenta, como digo, con dos ambientes. El de la sala grande tiene una música típica de un gran club londinense con house, electro-dance y algunas remezclas. En la pequeña, encontramos música más comercial. Además del suelo móvil (que anima mucho la pista de baile) y del que es sin duda el mejor equipo de luz y sonido de Floripa, la caracterísitica principal de la popularmente conocida como "Conca" es su público mayoritariamente LGTB y mayoritariamente masculino. De todo tipo, clases y para todos los gustos. No por causalidad, Floripa es la capital veraniega gay de Brasil, y la segunda ciudad más friendly sólo superada por la megalópolis del país que es São Paulo.

Aparte de ser, por tanto, la catedral nocturna del ambiente homosexual de la ciudad, el Concorde es, como su nombre dice, un club de baile. Porque si lo que se busca es bailar hasta el amanecer, este es sin ninguna duda el local donde su público baila más y donde la calidad de la música alcanza las más altas cotas. Los precios suelen ser medio-altos y el dress code varía desde las camioneras de camisas a cuadros a los gays más pijos y repeinados, pasando por los ciclados descamisados. Por tanto, al Concorde cada uno va como le apetece. 

Por último, citar que los primeros viernes de cada mes, Concorde hace una fiesta para lesbianas, de gran éxito, donde los hombre pagan una barbaridad más para entrar. El resto de viernes y todos los sábados, como digo, el 70% del público es masculino.


También a un corto paseo del Jivago Lounge, encontramos uno de los locales que en los últimos meses están situándose también como su competencia directa. Se trata del 1007-Boîte Chic. Es un club de alterne reformado, convertido ahora en un espacio que quiere competir con el Jivago. Busca captar un público similar, pero con una música que, a pesar de ser comercial también, prefieren alternarla con pop-rock, frente al dance y house del Jivago. Como herencia de su condición de puticlub, la entrada es pequeña y discreta, con una escalera que nos lleva a una pista de baile subterránea rodeada de grandes espejos, las barras y un pequeño podium con una barra de baile, donde antiguamente se desnudaban las strippers. Otro de los puntos fuertes del 1007 es su terraza donde socializar, pero sobretodo, con sus increíbles vistas al gran puente Hercílio Luz, que une la isla de Santa Catarina con el continente americano, y que es símbolo de la ciudad de Florianópolis. El ambiente, por tanto, es parecido al del Jivago pero con menos sofisticación en todos los sentidos.

Y también muy cerquita del 1007 está el local más grande del centro de la ciudad: el Floripa Music Hall. Se trata de una antigua nave industrial recuperada y por eso el club es un gran espacio cuadrado con unos balcones VIP en el segundo piso que se asoman a la enorme pista de baile principal, donde incluso se celebran conciertos y actuaciones. Precios medios, ambiente joven universitario sin pretensiones y música que varía de la comercial sin mezclar, pasando por el pop-rock y con mucho sertanejo también. Cuenta con una terraza pero es excesivamente estrecha y casi no tiene vistas al puente, por lo que normalmente solo hay gente que sale rápidamente para fumar y volver a meterse. Uno de los puntos fuertes, en mi opinión, es la gran sensación de amplitud que nos ofrece el local, y sobretodo, la cercanía a la central de autobuses urbanos de la ciudad, que facilita su acceso de una manera determinante.



Justo al otro extremo del centro, bastante alejado de todo y en medio del aburrido y por las noches solitario y peligroso barrio administrativo de la ciudad, encontramos el Mix Café Club, donde está la Feria de Muestras de la ciudad, el Parlamento del Estado de Santa Catarina así como los altos edificios del gobierno del Estado catarinense. Esta discoteca es tal vez, uno de los lugares más sórdidos de Floripa. En la puerta, la fila es atendida por una famosa travesti local, que gastará bromas a todo el que pille. El interior se divide en una zona inferior con música a bajo volumen y la barra, y el alargado piso de arriba, donde la música house, electro y techno, junto con comercial remezclada, suena fuerte mientras el público baila sin parar. Diversos podiums en el piso de arriba, junto con un escenario son utilizados por varios gogós femeninos y masculinos en ropa interior. El dress code es muy bajo, cutre en ocasiones, bastante favelero. Y el público está compuesto desde chicas fáciles a garrulos sin camisa, travestis, chavalines de las zonas más pobres de la ciudad... En definitiva, el lado de la ciudad más canalla y decadente se muestra en el Mix.

Por último, no puedo cerrar este panorama nocturno de la capital catarinense sin citar uno de sus locales más auténticos: el Sambaqui. Situado en el pequeño pueblo de pescadores de Santo Antônio, en la costa norte de la isla, ofrece samba en directo a buen precio. Se trata de una pequeña casa integrada en el pueblo, blanca y con techos formados por vigas de madera y tejas en el exterior donde grupos de samba tocan junto con una o dos cantantes que no paran de animar la noche. Y su terraza situada en la misma playa, aprovechando el antiguo embarcadero, convierten a Sambaqui en un sitio donde aprender a moverse al ritmo de este baile tan carnavalesco mientras la brisa del mar nos acaricia y el ruido de las olas diluye las notas de samba que se escapan del interior del local. Cervezas y refrescos a buen precio completan la oferta. Gente simpática de todas las edades, pero sobretodo lugareños, son el público habitual. No hay dress code, pero se recomienda ir cómodo. Tal vez, su único inconveniente sean las dificultades y lejanía del transporte público, sobretodo si se va de noche. Por tanto, si se busca samba en un ambiente genuino, este es el lugar.



Seguro que me dejo muchos bares que no he tenido la oportunidad de conocer en estos seis meses, pero esta es mi personal panorámica de la fiesta nocturna durante el curso universitario en Florianópolis. Estoy convencido que durante el verano, con la marcha de muchos estudiantes a sus respectivas ciudades de orígen y la masiva llegada de turistas que triplican la población de la ciudad, el ambiente y oferta nocturna varía mucho. Si vuelvo en verano, os lo cuento.  

dissabte, 5 de febrer del 2011

Alcalá de Henares

El pasado sábado fui con algunos amigos de Valencia y con una de mis compañeras de piso a Alcalá de Henares. Esta bonita ciudad (su centro histórico para ser más exactos) es patrimonio de la humanidad-UNESCO. Por ello, a pesar del frío, la lluvia y el granizo, la visita fue muy provechosa.

Llegamos allí a mediodía, empezando la visita a la bonita plaza Cervantes, donde se encuentra el ayuntamiento decimonónico y desde la que se ven las torres de la universidad. Es curioso el hecho de que la parte de la plaza que antiguamente dependía del "Concejo" está soportalada, para poder acoger las tiendas del antiguo mercado semanal. Sin embargo, la jurisdicción diferente de la que gozaba la antigua Universidad Complutense, que funcionaba casi como un pequeño estado, hizo que la parte izquierda de la plaza no fuera soportalada, por decisión universitaria. Otra de las cosas que nos llamó la atención fue la gran presencia de cigüeñas, y de sus enormes nidos, situadas en los campanarios de la ciudad. Era curioso el claqueteo que hacían con sus grandes picos.

Bajando por la también soportalada, empedrada y muy castiza calle Mayor, llegamos a la bonita catedral gótica, dedicada a los niños Santos Justo y Pastor. Es muy agradable pero tiene un enorme órgano contemporáneo que, en mi opinión, destroza la continuidad histórica del edificio.


Volvimos de nuevo a la calle Mayor, buscando ya locales donde degustar las tapas por la que es famosa esta ciudad. Normalmente una cerveza o refresco cuesta unos 2'50€ incluyendo una magnífica tapa que la acompaña. Y creedme que son enormes, de gran calidad y deliciosas. El primer local al que fuimos, El Baserri, muy castizamente ambientado y situado en mitad de la calle mayor, ofrecía varias tapas de calidad y decidimos pedir varias para ponerlas en el medio y compartirlas. Cremosa morcilla de León, delicioso chorizo al vino del Bierzo, sabrosa rosca de jamón, jugoso bollo preñado, ricas migas, crujientes calamares, excelente lacón a la gallega... estas fueron algunas de las delicias que pudimos degustar.

El Indalo es el segundo local al que fuimos, muy conocido tal y como mostraban las fotos del dueño con diferentes personajes del famoseo español. Lo cierto es que estaba a rebentar y encontramos una mesa después de esperar un rato. Chipirones a la andaluza y un pincho moruno con patatas fueron las dos tapas que pude degustar aquí.

Y por si con esto no tuviésemos poco, faltaba el postre. Rosquillas de Alcalá, a partir de un suave hojaldre dulcemente glaseado y Costrada, una especie de merengue con crema en la base y pedacitos de almendra por encima. Esto nos lo tomamos en el horno de la plaza Cervantes, justo antes de dirigirnos a la Oficina de Turismo, desde donde salía el guía que nos haría una visita al casco histórico de la ciudad.

Empezamos viendo una antigua residencia estudiantil del Renacimiento, sobria pero interesante, para pasar a dos iglesias de la ciudad. La de Santa Úrsula no me impresionó demasiado, excepto por el báculo del cardenal Cisneros expuesto en el pequeño museo anexo. Se trata de una pieza de arte nazarí, arrebatada por el prelado tras la conquista de Granada. Portar esa vara de mando dejaba claro a los habitantes de Granada quién era el nuevo dirigente del poder.

Recorrimos la calle de Santiago, abierta por el cardenal Cisneros paralela a la calle Mayor para desatascarla, y de paso derrumbar decenas de casas de la morería. El nombre de la nueva calle no fue casual... Santiago apodado "Matamoros". Para acabar de redondear esta humillación a los musulmanes que vivían en Alcalá, su mezquita fue destruida y sus restos utilizados para construir una nueva iglesa destinada, adivinen... a Santiago, efectivamente.

Llegamos al Palacio Arzobispal, antiguamente uno de los grandes palacios de Europa pero que fue en gran parte destruido por un incendio durante la época de la Guerra Civil. Aún así, los edificios que quedan guardan parte de su antigua majestuosidad y uno puede llegar a imaginarse la suntuosidad del lugar del que hizo su residencia habitual el todopoderoso cardenal.


Anexa al palacio encontramos, en una agradable plaza cubierta por grandes árboles, la iglesia de San Bernardo, construida en tiempos de la Contrarreforma, y concebida para realizar las nuevas ceremonias barrocas donde la Iglesia Católica buscaba priorizar el hecho de sorprender y conmover más que difundir de forma razonada el mensaje de Cristo.

Su forma ovalada, inapreciable desde el exterior, es una de las primeras sorpresas con las que nos topamos al entrar. Es uno de aquellos lugares que tal vez no nos sorprenderían si los visitáramos sin más, pero tras las explicaciones del guía, que consiguió meternos en aquellas suntuosas ceremonias barrocas, con los enormes coros, la división del público, los pétalos de flores, la neblina causada por el incienso y los juegos con la luz del sol. Sólo por esta explicación, recomiendo encarecidamente a cualquiera que visite Alcalá que pague los 6 euros que cuesta la visita guiada. Salen a las 12 y 1as 16.30 desde la Oficina de Turismo de la plaza de Cervantes.

Detalles de callejuelas y de palacios nos llevaron hasta la antigua casa de Cervantes, donde visitamos reproducciones de cuartos de aquellos tiempos. Aunque la mayoría de muebles son reproducciones o de otra época, sirven para hacernos una idea de como vivió el escritor en castellano más universal.

Por último, acabamos la visita en la genial Universidad de Alcalá, antigua Universidad Complutense. Creada por el cardenal Cisneros, esta institución tuvo su gran época en los siglos XVI y XVII, estudiando allí grandes genios de la época como Lope de Vega, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, Tirso de Molina, Gaspar Melchor de Jovellanos, Quevedo, Calderón de la Barca... etc. Este ambiente dio esplendor a la ciudad de Alcalá.

Los edificios del claustro, la portada, los colegios mayores y menores... etc. Lugares de una belleza admirable. Aunque sin duda, el mayor atractivo es el Aula Magna, lugar donde anualmente los reyes de España entregan el prestigioso Premio Cervantes de Literatura. Además del detalle de sus techos y sus preciosos suelos, lo más impresionante es la explicación del guía de como era el exámen final de la Universidad de Alcalá en la época de su mayor gloria: duraba días, todos los profesores hacían una pregunta (a cuál más difícil)... y muchos otros detalles que aterrarían a cualquier estudiante actual. Las celebraciones a los aprobados y castigos a los suspensos son también sorprendentes. Si queréis saber exactamente en qué consistían estos exámenes, os invito de nuevo a acudir a Alcalá de Henares y hacer su visita guiada.

Antes de volver a Madrid nos dirigimos al convento de las Clarisas de San Diego a comprarles sus famosas almendras de Alcalá (garrapiñadas) que hacen las monjas. Al ser un convento de clausura, los paquetitos o cajas te las entregan por el típico torno. No os olvidéis de probarlas o de llevarlas a alguien como recuerdo.

Sin duda, Alcalá de Henares es una joya que descubrir al lado de Madrid.

dilluns, 31 de gener del 2011

Lisboa y Sintra

Alfama

Empezamos el sábado subiendo en el famoso tranvía 28, que recorre el popular barrio de Alfama, traqueteando por las empinadas callejuelas. Nos dejó en el miradouro da Graça, desde donde el Tajo parecía mar... Tras escalar un par de callejas empinadas nos plantamos ante la entrada del Castelo de São Jorge, donde entramos y lo recorrimos admirando el panorama lisboeta agazapados en sus almenas. Desde luego, son las mejores vistas de la ciudad. 

Procedimos a descender, parándonos a mitad para entrar y admirar la , es decir, la catedral de la ciudad, una de las pocas catedrales románicas que conozco hasta el momento, y que me sorprendió. Admiramos la alta bóveda de cañón y los pequeños ventanucos con columnitas románicas que convierten a este lugar sagrado en un espacio oscuro e intimista. Normalmente las catedrales que visito son básicamente góticas o barrocas, de ahí mi sorpresa. 
Volvimos a las necesidades terrenales buscando algo rápido que comer al Rossio, donde personalmente opté por un sandes misto (bocata caliente de jamón y queso).

Belém

Teníamos prisa para llegar a Belém, antiguo pueblo ahora anexado a Lisboa. Y tras un recorrido en otro tranvía, esta vez igual de moderno que los de València, llegamos enfrente del célebre Mosteiro dos Jerónimos, lugar donde se firmó el actual Tratado de Lisboa el pasado 2007 así como la adhesión de Portugal a la UE en 1986. El blanco edificio de gótico manuelino es precioso, así como su majestuosa iglesia, donde pude ver las tumbas de dos de los portugueses más célebres: el poeta Camões y el navegante Vasco da Gama.

Dirigiéndonos hacia el río, y aprovechando que el sol salía por primera vez durante nuestro viaje, llegamos al Padrão dos Descobridores, gran escultura de los años 60 que imita la forma de las antiguas carabelas y donde están estatuas de los principales navegantes portugueses que recorrieron todos los océanos llevando la gloria al antiguo Imperio Portugués, presente en todos los continentes.

Tras las fotos pertinentes, continuamos recorriendo los muelles deportivos de Belém hasta llegar a la que es, en mi opinión, el auténtico símbolo de Lisboa: la torre de Belém, patrimonio de la humanidad – UNESCO. Recorrí sus pétreos salones, y salí a sus balcones para admirar la enormidad del Tajo. Hacía un sol espléndido pero también un fuerte viento. Las funciones defensivas de esta preciosa torre quedan muy claras tras ver sus sólidos interiores. 

Tras la visita y las fotos, seguimos paseando por el borde del río y nos dirigimos hacia la Antiga Confitaria, el templo de uno de los dulces más sutiles de la gastronomía lusa: los pastéis de Belém. Son deliciosos pasteles con base de hojaldre y cubiertos de una suave crema ligeramente tostada en su parte superior pero líquida en el interior y cubierta con un poco de canela, que cada comensal se espolvorea al gusto. Lo curioso de este local no es solo su gran tamaño sino el hecho de que sirven los pastéis recién hechos, aún calentitos, lo que los hace aún más deliciosos. Además, es el único local del mundo que los sirve, en una receta que solo conoce tres personas a la vez en cada momento, y que no pueden viajar ni comer juntas nunca. Cuando una fallece, inmediatamente las otras dos transmiten la receta a una tercera persona nueva.

Si os fijáis, el resto de pasteles de la ciudad se les llama "pastéis de nata", ya que sólo se puede llamar "pastéis de Belém" a los que salen de este tradicional local, que además no hace envíos al extranjero ni tiene ninguna otra sede. Por tanto, aprovechad para degustar esta deliciosidad única.

Bairro Alto

Tras esta merienda, el padre de Pedro nos recogió a las puertas de los Jerónimos y nos dirigimos a casa para descansar y ducharnos. Tras ello, volvimos en coche con la hermana de Pedro y su novio de nuevo a Lisboa. Aparcando en la plaza de los Liberadores y visitando el impresionante Hard Rock Café Lisboa, remontamos el Bairro Alto para encontrarnos con el resto de amigos con las que cenaríamos. Anna e Isabella estaban allí, dos italianas que conocimos también en Floripa. 

Fuimos a cenar al restaurante Cerqueira, que a primera vista no parecía muy atractivo, pero que servía platos excelentes con ingredientes frescos. Como en cualquier tasca portuguesa, las fuentes de arroz, de ensalada y de patatas fritas eran omnipresentes. Pedimos también vinho verde. Yo pedí un salmón a la parrilla exquisito. Y todo a un precio ridículo. Lo encontraréis en la calçada Santana 49. Tras acabar la cena empezamos la fiesta en el miradouro de São Pedro de Alcântara, con unas vistas nocturnas del castillo preciosas. Y de allí nos adentramos en las callejuelas del barrio más marchoso de la ciudad, llenas a reventar de gente tomando copas. De bar en bar y de calle en calle llegamos a un local donde los amigos lisboetas de una amiga de Porto de Magali nos invitaron a su pequeño salón VIP, donde no pasé mucho tiempo pero que me vino bien para dejar el chaquetón, bufanda y suéter. También las bebidas tenían un precio muy asequible. Cuando cerraron, seguimos deambulando hasta acabar en una pequeña y sórdida discoteca llamada Copenhaguen en la que no duramos mucho. Al acabar la fiesta, y tras juntar a todo el mundo (algo complicado en Bairro Alto) volvimos a casa a dormir.

Sintra

Y llegó el último día, domingo. Me levanté temprano para coger el tren y plantarme en pocos minutos en la tranquila y verde Sintra, un pueblito cercano a Lisboa donde veraneaba la Familia Real portuguesa. Como tenía poco tiempo, me dediqué a callejear un rato y a visitar el Palácio Nacional, un edificio construido a pedazos pero con mucho encanto. El salón de las urracas y el de los cisnes destacan, pero sobre todo, las dos enormes chimeneas en forma de cono de las antiguas cocinas, símbolo por excelencia de Sintra.

También aproveché para comprarme un travesseiro en Casa Periquita, local famoso en todo Portugal por hacer los dulces típicos de Sintra. Con forma de almohadón alargado, tal y como refleja su nombre portugués, se trata de una obra maestra de la repostería formada por decenas de finas capas de un finísimo y tierno hojaldre relleno de una crema caliente semi-líquida. También compré en A Fábrica das Verdadeiras Queijadas de Sapa sus famosas queijadas, un dulce también típico con una base dura y un relleno de queso dulce muy rico. 

Tras los húmedos y verdes bosques de Sintra volví a casa de Pedro para comerme el delicioso almuerzo dominical que su familia nos ofrecía. Empezamos con un calentito y típico caldo verde, seguimos con embutidos y quesos portugueses y como plato central, como no, bacalhau, esta vez con una crema de quesos fundidos y espinacas, coronado por gambas. Regado todo con vino alentejano, claro. Y para acabar, otra deliciosidad casera: unos cuadraditos de chocolate con una masa de almendras. Dando las gracias por la comilona, nos dirigimos de nuevo a Lisboa para ir al Museu Calouste-Gulbenkian. Esta institución fue fundada por un rico magnate armenio que se instaló en Lisboa y tras una vida de coleccionar objetos de arte de todos los rincones del mundo y de todas las épocas, los donó en herencia al Estado portugués. Por desgracia, solo nos dio tiempo a ver el ala de arte contemporáneo, ya que cerraban a las 18 y llegamos a las 17.15. En fin, será una excusa para volver a la capital lusa.

Oriente

Tras este rato de cultura, nos fuimos al Oriente, el barrio más cosmopolita de la ciudad, resultado de la remodelación urbanística llevada a cabo con motivo de la Expo de Lisboa. Se trata de un lugar de amplios y modernos jardines junto al Tajo, con un teleférico que discurre paralelo al río y varios de los antiguos pabellones, reconvertidos ahora en centros comerciales, cafeterías, discotecas, palacios de deportes o de congresos, en la Feria de Muestras de Lisboa... etc. La verdad es que está todo muy cuidado y bien aprovechado. El edificio que más me gustó fue la Estación de Oriente, realizada por Calatrava, arquitecto de mi tierra. Es toda blanca y con formas angulosas que dan un aspecto magnífico a este núcleo de las comunicaciones lisboetas.

Como mi vuelo iba a salir ya, me despedí de todos, contento de haber pasado esos días con mis amigos del intercambio en Brasil y cogí un taxi rumbo al cercano aeropuerto. 

Vuelta a Belém

Tuve la oportunidad de volver a descubrir Belém al visitar a Carol en mayo de 2022, que vivía en un maravilloso ático desde el que disfrutar de unas increíbles vistas del barrio. En esa visita aproveché para hacer una visita guiada que me llevó a descubrir nuevos rincones del barrio como el Palacio Presidencial o el pabellón tailandés. Me encantó visitar el museo de los presidentes, muy ilustrativo y lleno de regalos oficiales que han ido recibiendo los diferentes mandatarios desde países de todo el globo. También había una interesante exposición de Maria de Lourdes Pintasilgo, primer mujer que llegó a primera ministra portuguesa y candidata frustrada a la presidencia del país. Los jardines del palacio presidencial son preciosos.

En lo alto del barrio no os perdáis la bellísima iglesia da Memória, mausoleo del Marqués de Pombal. Ni el jardín botánico: una auténtica delicia para un paseo dominical informal. Por cierto, que en esta segunda visita a la ciudad también fui al pueblito turístico de Oeiras, a ver la famosa heladería de nuestro amigo Pedro, donde nos invitó a probar todas sus espectaculares creaciones. No os perdáis Don Pavili: no por casualidad declarada mejor heladería de Portugal por la Cámara de comercio italiana.

Asimismo, también visité otras zonas que no conocía de Lisboa, como el nuevo Time Out Market de Lisboa, con puestos de comida espectaculares. De ahí cruzamos a Cacilhas, a través de agradable ferry que cruza el Tajo. Allí comimos en su céntrica y peatonal rua Cândido dos Reis, donde abundan los restaurantes de pescado y marisco. Elegimos el Solar Beirao, donde nos sirvieron auténticas exquisiteces.