La capital más alta del mundo.
Dos veces fui a La Paz, y dos veces me dio un mal de altura terrible tras la primera noche. No podía esperar menos siendo El Alto una de las ciudades más altas del mundo, a 4150 metros nada más y nada menos. Pero luego siempre me acostumbré y tanto mis primeras horas, como todas las siguientes tras mi día de mareo total, las pude aprovechar y disfrutar de todo lo que ofrece la capital boliviana. Y aunque es verdad que La Paz no es una ciudad especialmente bonita, tiene bastante que ofrecer.
Podéis empezar pidiendo un taxi para subir al mirador de Mallasilla y tener un primer panorama de la montañosa capital si el cielo azul lo permite. Y así, a pocos minutos, aprovechad para visitar el valle de la Luna, un espacio con formaciones geológicas increíbles, que ofrece un paseo guiado de algo más de media hora por intrincados espacios con algunas obras de arte interesantes.
Pero lo que más llama la atención a un europeo es recorrer la parte antigua de la ciudad: empezad por la bulliciosa plaza mayor de San Francisco, presidida por la bella iglesia colonial y convento homónimos. Asomaos el interior de la majestuosa iglesia donde admirar, entre otras curiosidades, un Cristo con unos pelos de verdad larguísimos.
Si salís y remontáis la calle Sagarnaga os encontraréis en mitad del famoso Mercado de las Brujas, con sus tiendas coloridas de ropa tradicional, souvenirs, plata de segunda mano que recomiendo curiosear, cafeterías y sobre todo, tiendas de brujería. Aquí hay desde fetos de llama o vaca modificados para las constantes ofrendas a la Pachamama que aún realiza la mayoría del pueblo boliviano; hasta elixires para atraer el amor, éxito, salud o dinero; o polvos para la fertilidad o poder mudarse finalmente a Europa o los Estados Unidos de América (literalmente así lo pone en las cajitas). También podéis aprovechar que una de las brujas os bendiga alguno de los amuletos que venden.Tras cargaros de amuletos, souvenirs y chocolate boliviano, volved a bajar hacia la calle Jaén y recorred esta mítica calle, uno de los pocos reductos urbanos en La Paz que conserva intacto su trazado e infraestructura del siglo XVIII. La calle estrecha y empedrada, flanqueadas por fachadas de colores vivos, balcones de madera tallada y faroles antiguos, ofrecen una ventana directa al pasado colonial de la ciudad. Aquí está la casa de Pedro Domingo Murillo, uno de los próceres más importantes de la independencia boliviana, y donde se gestaron las ideas libertarias de la revolución del 16 de julio de 1809 contra la corona española. También se le llama callejón de los museos porque concentra tres: el de Metales Preciosos Precolombinos, con valiosas piezas de oro, plata y cerámica de las culturas tiwanakota e inca; el Costumbrista Juan de Vargas, que narra la historia, tradiciones y costumbres paceñas a través de objetos antiguos y obras de arte; y el del litoral boliviano, enfocado en los acontecimientos históricos de la Guerra del Pacífico de 1879 por la que perdieron su costa frente a Chile.
Si seguís recorriendo esta zona llegaréis a la céntrica plaza Murillo, donde se encuentran la catedral, el palacio legislativo y el presidencial, este último con un enorme rascacielos acristalado añadido para concentrar oficinas gubernamentales allí.
El Alto y sus cholets.
Con el tráfico endemoniado que satura la ciudad durante la mayor parte de las horas del día, lo mejor es tomar la moderna red de diez líneas de teleféricos que desplegó Evo Morales durante su presidencia a lo largo de más de 33km. Pasa uno cada minuto en cada estación, reduciendo el tiempo de transporte entre diferentes puntos de la ciudad hasta un 70%: trayectos de una hora a 15 minutos. Y además, reduce la polución y la contaminación acústica. Recomiendo que lo uséis para subir hasta El Alto, para ver otras vistas de la ciudad y de paso conocer esta ciudad vecina a La Paz donde lo indígena está mucho más arraigado hasta el punto de aparecer una nueva subcultura artística y arquitectónica: los cholets. Estas casas vienen de mezclar las palabras chalet con cholo, y son edificios de una sola familia que cuentan con bajos comerciales, un primer piso con una gran sala de fiestas, pisos superiores de viviendas de alquiler y en la cima un "chalet" donde vive la familia propiedad del inmueble, con vistas panorámicas. Su mayor impulsor es el arquitecto Freddy Mamanil que comenzó a diseñarlos en el año 2000 para dar salida a los deseos estéticos de una nueva burguesía indígena enriquecida por el comercio que llevaba décadas instalada en El Alto. Cada uno tiene su temática: de Iron Man a Titanic pasando por Batman o Transformers, pero también hay otros más discretos. Precisamente en el de Iron Man, en sus bajos, hay una galería comercial donde ver expuestas polleras de gala, traje típico de las cholitas, que curiosamente tiene origen en la moda de la élite castellana del siglo XVIII que las locales copiaron.
Las vistas de La Paz desde aquí arriba son impresionantes, y recorrer el barrio con los teleféricos también lo es. Me quedé con ganas de ver el espectáculo de pelea de cholas, obviamente falsas, pero donde dicen que es gracioso ver a las señoras por los aires con sus faldas.Calacoto
Como las dos veces que estuve en La Paz fue por trabajo, me quedé en un comodísimo hotel en el barrio más pijo y seguro de la ciudad: Calacoto. Concretamente en el Hotel Casa Grande, que tiene una estupenda piscina interior y un gimnasio. Calacoto es un barrio agradable con librerías, restaurantes y tiendas de buen gusto como por ejemplo Walisuma, donde comprar recuerdos bolivianos de alta calidad. Por las mañana recomiendo tomarse una "salteña" (las deliciosas empanadas de carne chorreantes por su caldo caliente y sabroso, y de masa brillante y ligeramente dulce) recién hecha. Las mejores las hacen en una cadena que se llama "Paceña La Salteña" que cuenta con varias sucursales en la capital y en Calacoto hay una. Lo mejor es comerlas de 9h a 12h, como hacen los locales.
En el barrio hay una gran oferta gastronómica y parte de ella se concentra en un complejo peatonal llamado "El Bosque" con restaurantes de todo tipo como por ejemplo la Takumi Ramen House, con deliciosa comida fusión japonesa-boliviana. Aunque lo mejor son los restaurantes que hay en varias mansiones del barrio, liderando el mejor del país durante diez años consecutivos: Gustu (significa "sabor" en quechua). Todos los ingredientes de su menú provienen de Bolivia: desde los Andes a los valles pasando por la Amazonía. La diferencia es que los trabajan con técnicas modernas. Algunos de los platos de su menú degustación que me impactaron fueron la manzana de coco, con agua de coco fermentada; o la almohada de izaño con mayonesa de alga del Titicaca y cangrejo frito de Tarija. Y lo mejor son los postres: el milhojas crocante de açaí con helado de majo es inolvidable. O la paleta de cacao y mocambo, pariente cercano del cacao menos conocido de sabor más suave y dulce. No olvidemos que el cacao boliviano es considerado de los mejores del mundo.
Gustu ha escalado hasta el puesto 38 de los 50 mejores restaurantes de América Latina no por casualidad. Su fundador, Claus Meyer, también fue co-fundador del famoso Noma en Copenhague, y lo hizo precisamente por su amor al pueblo boliviano y su gastronomía, para ponerla en el mapa gastronómico global. Además, Gustu funciona también como escuela de cocina para jóvenes bolivianos en situación vulnerable, con el objetivo de generar impacto social.A la próxima vez que vaya a La Paz también probaré Ancestral o Arami, que me recomendaron varios amigos.
Excursión a Tiwanaku
A algo más de dos horas en coche de La Paz se encuentra Tiwanaku, capital del poderoso imperio prehispánico tiwanakota, pueblo protoaimara, que gobernó los Andes del año 400 al 1000 de nuestra era. Tiwanaku fue su centro espiritual, político y cultural. Los restos de sus pirámides, templos y estatuas son impresionantes, y se construyeron durante el apogeo de esta civilización entre los años 500 y 900 de nuestra era.
Su influencia se extendió por una vasta zona de los Andes meridionales y otras regiones adyacentes. Los vestigios de sus monumentos atestiguan la importancia cultural y política de una civilización netamente diferenciada de las restantes culturas prehispánicas de América. Nosotros negociamos un precio cerrado con un taxi, que además nos aconsejó parar brevemente en Laja (de camino) para comprar su famoso pan recién hecho. Estaba buenísimo. El recorrido de ida y vuelta por el alto boliviano es toda una experiencia: los paisajes, colores del cielo, gentes y llamas pastando son de película.
El núcleo de estas ruinas declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el año 2000 son la pirámide que servía de observatorio nocturno y que representaba el mundo celestial; el templo y observatorio solar que representaba el mundo terrenal; y el templo subterráneo con 170 estatuas de caras con rasgos de seres humanos de todo el mundo Andino, y representaba el inframundo. Os recomiendo pagar a un guía local para no perderos detalle.Son impresionantes los enormes tótems representando los líderes con sus bastones de mando. Pero lo más impresionante son sus avanzados conocimientos de física, matemática, ingeniería y arquitectura. Algunas de las piedras que aún se mantienen en las construcciones pesan más de 130 toneladas y sus uniones y encajes son tan precisos que no cabe ni una hoja de papel entre ellas. Las líneas de encaje son tan perfectas que hoy en día tan solo los láseres consiguen emular algo así.
Esta civilización controlaba también la física del sonido. Los altavoces de piedra que usaban para amplificar la voz de los sacerdotes como propaganda política en el templo del Sol, y que siguen ahí, aún funcionan perfectamente: impresiona la potencia que siguen dando a la voz de un adulto sin electricidad ni cables.
No dejéis de visitar el museo anexo, con estatuas de basalto extraídas de las ruinas y puestas a cubierto. Los gigantescos tótems de más de diez metros de altura impresionan, pero las de los pumas con las cabezas cortadas de guerreros también.IMPRESCINDIBLES
Comer
Salteña recién hecha en Paceña La Salteña.
Menú degustación en Gustu Restaurant.
Comprar
Amuletos de buena suerte en el Mercado de las Brujas.
Recuerdos bolivianos de alta calidad en Walisuma.
Leer
Felipe Delgado de Jaime Saenz.
Escuchar
Tango Illimani, de Nestor Portocarrero.
Ver
Cocalero de Alejandro Landes.
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