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dilluns, 27 de juny del 2022

Hamburgo

La ciudad libre y hanseática de Hamburgo

Como tenía a mi amiga Marta viviendo en Hamburgo, aproveché para visitarla y de paso conocer esta parte del norte de Alemania y visitar algunos de los patrimonios de la humanidad reconocidos por la UNESCO que hay por allí.

Lo primero que me sorprendió de la ciudad hanseática fue su excelente sistema de transporte público, incluyendo el del aeropuerto, donde tomé el metro hasta el elegante barrio de Winterhude, donde Marta vivía frente a un precioso canal: el Alster. Su agradable barrio cuenta, además, con el gigantesco Stadpark, donde además de moderno planetario (situado en un depósito de agua restaurado), ofrece un biergarten al lado de un lado lleno de patos y cisnes. Pese a ser mayo hacía bastante fresco, pero aún así, disfrutamos de la terraza tomando cerveza alemana, currywurst y pretzels. Pasear por sus arbolados bulevares y ver sus preciosas mansiones o a la gente navegar en piragüas o lanchas es un verdadero placer.

Más tarde fuimos al barrio portugués, situado frente al río Elba, donde se apelotonan decenas de tabernas que ofrecen platos de la gastronomía lusa. Y acabamos saliendo de fiesta por la mítica avenida Reeperbahn, donde actuaron los Beatles antes de saltar a la fama. Y donde aún se celebran cientos de despedidas de soltero/a de toda Europa.

Al día siguiente nos dedicamos a ver la parte más turística de la ciudad. Tomamos de nuevo el metro, por cierto, inaugurado en 1912 y el segundo más antiguo de Alemania tras el de Berlín. Las entradas art-deco de muchas de sus paradas son preciosas. Y llegamos a Landungsbrücken, donde se encuentran los muelles peatonalizados del enorme puerto de la ciudad. Imitamos a los locales y nos comimos un fischbrötchen, el desayuno tradicional de la ciudad. Se trata de un bocadillo de pescado o marisco acompañado de cebolla, pepinillos, remolacha y salsa de rábano. Opté por el más tradicional: el de arenque. 

Saciados, tomamos el bote 62, que recorre los principales puntos del puerto, el tercero de Europa tras Rotterdam y Amberes. Situado a 100 km de mar Báltico, la inmensidad de este río permite que entren barcos gigantescos y da la sensación de estar al lado del océano, también en parte por la gran  cantidad de grúas que cargan y descargan contenedores en los buques. Ese día había hasta un enorme crucero amarrado.

El paisaje también nos permite disfrutar de preciosos edificios contemporáneos que bordean el río, así como de la famosa "playa" de Hamburgo: Blankenese, donde se amontonan las mansiones de la élite local. Hamburgo es la ciudad con el mayor número de millonarios de Europa. Por cierto, Merkel se ha mudado a esta playa para su jubilación.

El centro de Hamburgo

Seguimos la visita en la plaza mayor de la ciudad, frente al enorme Rathaus, que es a la vez el ayuntamiento y la sede del gobierno regional, ya que Hamburgo, como ciudad libre, no forma parte de ningún Länder y envía a senadores propios al Bundestag. Su alcalde también es su presidente, y ejerce a la vez competencias municipales y federales, como la educación o la sanidad. Solo existen otras dos ciudades-estado en Alemania: Berlín y Bremen.

El Rathaus es un precioso edificio de 1897, ya que el original se quemó en 1842. Es habitual ver bodas allí, algo que no sorprenderá a nadie. Lo que sí nos sorprendió fue otra tradición: justo en ese momento había en la plaza un grupo de amigos llevando a cabo un ritual local: si cumples 30 años y sigues soltero, tus amigos lanzarán cientos de tapones de botella al suelo de la plaza mayor y te harán recogerlos con una mini escoba. Además, todo paseante podrá contribuir a esparcir los tapones, algo que hacían los niños con mucho empeño. 

Seguimos paseando y llegamos a San Pedro, situada en una mínima colina y que se mantiene como la iglesia más antigua de la ciudad, construida con una mezcla de ladrillos rojos y quemados (es decir, negros). Otra de las iglesias que nos topamos fue la de San Nicolás, de la que solo quedan unos restos así como el alto campanario al que se puede acceder en ascensor. Esta iglesia se mantiene destruida como memorial a las víctimas tanto del nazismo como de los bombardeos aliados que arrasaron Hamburgo. En este caso fue la aviación inglesa, que dejó esta torre en pie (y muchas otras torres) como guías para su bombardeos. Pero la iglesia que más me gustó fue la de San Miguel: una preciosidad del barroco alemán de techos blancos y decoraciones en oro, así como un impresionante órgano.

Paramos a comer en Hofbrüa: una cadena de comida bávara muy famosa. Sirven cantidades enormes: pedimos un codillo gigante y jugoso acompañado de sauerkraut y knödel, una especie de masas de patata al vapor. También pedimos kasespatzle: pasta alemana con queso emmental fundido y cebolla seca. Rico pero llena muchísimo. Éramos dos pero con toda esta comida podría haber comido una tercera persona.

Seguimos paseando hasta llegar a una zona con numerosos canales: el área de Speicherstadt y el barrio de Kontorhaus. Curioso que Hamburgo tiene 2252 puentes: más que  Londres, Ámsterdam y Venecia juntas. Llegamos a los edificios para almacenes portuarios del área de Speicherstadt. Estos se fueron construyendo progresivamente desde 1885 hasta 1927 en los terrenos de un grupo de islas angostas del río Elba y, después de las destrucciones ocasionadas por la Segunda Guerra Mundial, se reconstruyeron parcialmente en el periodo 1949–1967. 

Con sus quince enormes almacenes y seis edificios anexos bordeados por una red de canales cortos, Speicherstadt es uno de los conjuntos históricos de depósitos portuarios más vastos del mundo. Por ello, fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En sus aledaños se halla el barrio de Kontorhaus, que ocupa una superficie de más de cinco hectáreas donde se hallan, además del notable edificio de arquitectura modernista denominado Chilehaus (Casa de Chile), seis vastos conjuntos de oficinas construidas entre 1920 y 1940 para albergar las sedes de empresas dedicadas a actividades portuarias y mercantiles. Estos dos barrios ilustran a la perfección las repercusiones del rápido desarrollo del comercio internacional a finales del siglo XIX y principios del XX. Chilehaus es un impresionante ejemplo del impresionismo del ladrillo.

En uno de estos almacenes se encuentra Miniatur Wunderland, el mayor complejo de maquetas de trenes del mundo, en la que me tiré más de cuatro horas de visita. Me encantaron todas las maquetas y la posibilidad de interactuar con ellas. Aunque, en este sentido, quizá haga falta algo más de organización para hacer la visita más fluida. Por ejemplo, en Suiza, hay una pequeña fábrica de chocolates Lindt que va soltando pastillas de chocolate de verdad y había una niña acaparándolas durante un buen rato...

De todas las maquetas, la que más me gustó fue la de Río de Janeiro con sus tranvías, teleféricos, diferentes barrios y hasta el Sambódromo en miniatura que me hipnotizó. Por no hablar del aeropuerto de Hamburgo, que es tal cual, incluso con aviones despegando y aterrizando. Las maquetas de Roma y Mónaco también me tuvieron cautivado muchísimo rato.

Tal vez la más chapucera era la maqueta de Estados Unidos: personalmente pienso que haría falta rehacerla mejor. Pero en cualquier caso, el hecho de que se haga de día y de noche en todas las maquetas, y los cientos de detalles presentes, hacen de esta visita algo obligado si se pasa por Hamburgo.

Al final de este barrio industrial se encuentra el que tal vez sea el símbolo de la ciudad: la Filarmónica de Hamburgo. Esta enorme mole con una base de ladrillo rojo, y una estructura de cientos de cristales hechos de forma individualizada y a prueba de granizo es una auténtica proeza y belleza arquitectónica. Odiada y amada por igual por los locales, cuenta con una de las mejores acústicas del mundo. Esta vez me limité a subir a la terraza, de acceso gratuito, para disfrutar de sus vistas y ver un poco mejor su arquitectura por dentro.

La zona nueva de Alemania, también en los alrededores del río Elba y sus canales, cuenta con enormes edificios de oficinas y residenciales. Hamburgo es una gran capital de los medios de comunicación alemanes, con canales de televisión regionales como la NDR, la editorial Gruner + Jahr y las redacciones de los periódicos Der Spiegel y Die Zeit.

Muy cerca del ayuntamiento se encuentra el Binnenalster, un precioso lago artificial con un chorro de agua rodeado de bellos edificios y donde habían grupos de escolares practicando la vela en pequeños barquitos. Otro agradable lugar para dar un paseo es el florido Blumenpak, especialmente por su jardín japonés con la torre de telecomunicaciones al fondo. Me sentí de vuelta en Tokyo. Aunque lo mejor de este jardín es el parque de juegos para niños con presas, excavadoras y pistolas de agua. Impresionante. Ahora entiendo como consiguen tener tantos buenos ingenieros en Alemania.

Lüneburg

Otro atractivo de Hamburgo son las excursiones de un día que se pueden hacer. Lüneburg está a tan solo un tren de algo menos de cuarenta minutos del centro de la ciudad. Esta ciudad medieval cuya economía creció por su madera, minería y sal, es ahora un lugar muy visitado por no haber sido a penas destruida por los bombardeos aliados. Es, por tanto, un buen ejemplo de ciudad alemana medieval situada a orillas de uno de los afluentes del Elba. 

Sus icónicas casitas de ladrillos con los diseños ovalados de sus ventanas son preciosas. Su ayuntamiento, curiosamente, tiene una fachada barroca que se le añadió en 1720. Además, se mantiene una grúa medieval aún operativa en su pequeño puerto fluvial. También hay varios ejemplos de arquitectura industrial del XIX, como la antigua fábrica situada al lado del río. También cuenta con preciosos ejemplos modernistas, como su torre del agua de 1907.

Lüneburg tiene la segunda proporción de bares por metro cuadrado y por residentes en Europa después de Madrid, por lo que se puede aprovechar para degustar la gastronomía de la Baja Sajonia en su cervecería más antigua: Krone. La camarera que nos atendió fue amabilísima. Pedimos unos entrantes: 6 frikadellen con mostaza y una tapa de arenque ahumado en salsa de yogur, cebolla y manzana. De principales optamos por un plato de fiambres de la región (incluyendo la famosa salchicha cruda) y por otro un plato de labskaus: una pasta de carne en salazón, patatas, remolacha y cebolla, acompañada de rodajas de remolacha en conserva y un filete de arenque marinado. Y de postre, un buen apfelstrudel en salsa de vainilla.

Por cierto, Lüneburg también es famosa por haber sido aquí donde se sucidió el jerarca nazi Himmler.


La ciudad hanseática de Lübeck

Otro de los destinos para una excursión de día desde Hamburgo, y a menos de 45 minutos en tren es Lübeck, la antigua capital y ciudad reina de la Liga Hanseática.

Lübeck fue fundada en el siglo XII y hasta el siglo XVI fue la principal metrópoli comercial de la Europa Septentrional. Actualmente sigue siendo un importante centro de comercio marítimo, sobre todo con los países nórdicos. Pese a los daños sufridos durante la Segunda Guerra Mundial, se ha conservado la estructura de la ciudad antigua con sus mansiones señoriales de los siglos XV y XVI, sus iglesias, sus depósitos de sal y sus monumentos públicos como la famosa puerta fortificada de Holstentor, construida en ladrillo.

De hecho, nada más llegar a la estación de tren, me dirigí a la oficina de turismo frente al Holstentor. Allí me dieron un mapa muy útil con un recorrido para ver lo más bonito del centro histórico de la ciudad, patrimonio de la humanidad por la UNESCO desde 1987. 

Empecé el recorrido por la entrada de Holsten, el símbolo de la ciudad: se trata de una puerta medieval de ladrillos rojos y torres gemelas por la que me adentré centro. Seguí luego a la derecha, recorriendo el margen del canal hasta llegar a la imponente catedral, de tres naves, una de las catedrales en ladrillo más grandes de Europa. Los diferentes barrios de la ciudad me recordaron muchísimo a Brujas.

Continué por el barrio de Santa Ana, donde vi la antigua sinagoga y seguí hacia el norte, para ver la casa de Günter Grass y luego la de Willy Brand, que ahora ocupa su fundación. Brandt, canciller socialdemócrata de la República Federal Alemana entre 1969 y 1974. Militante socialista desde 1930, tuvo que exiliarse a Noruega con la llegada de los nazis al poder. Allí se nacionalizó y trabajó como periodista, cubriendo la guerra civil española. Tras el fin de la II Guerra Mundial volvió a Alemania donde ganó la alcaldía de Berlín occidental en 1957, por lo que vivió la crisis que supuso la construcción del muro. Después fue ministro de exteriores hasta llegar a canciller. Su conocida "Ostpolitik" de acercamiento a la RDA comunista y el resto de países del este le catapultó a la historia y contribuyó a que, en 1971, recibiera el premio Nobel de la paz por su lucha por una Europa unificada y su mejora de las relaciones con la RDA, Polonia y la URSS. Por todo ello, visitar la casa em pareció muy interesante: documentos, libros, vídeos y objetos personales se exponen siguiendo la línea temporal de su vida para entender mejor a Brandt.

Siguiendo hacia el norte llegué al precioso hospital del Espíritu Santo, una de las primeras instituciones benéficas de Europa, fundada en el siglo XIII, donde se cuidaba de enfermos y mayores en la Edad Media. Su fachada es inolvidable. Seguí paseando hasta llegar al bonito Burgtor (otra de las entradas a la ciudad) y disfruté de las bonitas vistas desde el puente de enfrente. Aún quedan trozos de las murallas que antaño rodearon Lübeck.

Como las casas de la ciudad no suelen superar los tres pisos, los impresionantes campanarios de las iglesias despuntan, destacando el de la iglesia de San Jacobo. Bajando hacia la plaza mayor se llega hasta la casa de otro Premio Nobel de la ciudad, Thomas Mann. Al lado se encuentra la preciosa iglesia de Santa María, que sirvió de ejemplo arquitectónico a muchas iglesias de las ciudades de la Liga Hanseática.

Llegué al ayuntamiento de Lübeck, buen ejemplo de mezcla de estilos arquitectónicos con elementos góticos, renacentistas y barrocos, que se mezclan de forma mágica. La plaza estaba llena de puestos de comida de todo el mundo. Sin embargo, no podía dejar de probar el café Niedergger, un local histórico de la ciudad por sus deliciosos mazapanes, que compré. Además, me quedé para probar su famosa Nusstorte: pastel de nuez de mazapán Niederegger cubierto de crema fina de avellanas y una jugosa capa de mazapán. Y antes pedí una Ofenkartoffel (o patata seleccionada asada con salsa de cebollino) acompañada de ensalada y salmón. 

Tras la comida, subí al segundo piso donde se explica la historia del fabricante a través de carteles, objetos y vídeos. Lo más curioso son las 12 estatuas a tamaño real de personas remarcables en la historia de la ciudad hechas enteramente de mazapán.

Finalmente, llegué a la imponente iglesia románica de San Pedro, ahora desacralizada, que es un centro de convenciones y exhibiciones. Su interior, blanco impoluto, alberga exposiciones temporales. También encontramos una tienda de recuerdos y un restaurante. Pero lo más impresionante es el estupendo mirador de su torre, que ofrece una de las vistas más bonitas de la ciudad, y al que accedí por ascensor previo pago. Las vistas fueron la mejor despedida de esta ciudad, que me brindó un precioso día soleado para recorrerla.

dilluns, 20 de juny del 2022

La comarca de la Vera y el valle del Jerte

La Extremadura más verde

Extremadura, junto con Cantabria, era una de las dos Comunidades Autónomas españolas que me quedaban por visitar. Y decidí descubrirla a través de una de sus zonas más bellas: las comarcas de la Vera y del valle del Jerte. Regadas por afluentes que caen de sus montañas hacia ambos ríos que discurren por sendos valles, estas comarcas son verdes y generosas en la producción de frutas y hortalizas. Desde los famosos espárragos y el 80% del tabaco español surge de la comarca de la Vera. Y por supuesto, el famoso pimentón de la Vera. Del valle del Jerte vienen más de la mitad de las cerezas del país, y sin duda, las más famosas. Productos de calidad de una tierra excepcional.

Por tanto, las comarcas son perfectas para hacer rutas, disfrutar de una gastronomía deliciosa y descubrir patrimonio histórico destacable. Y todo a unas horas en coche de Madrid, perfecto para una excursión de fin de semana.

La Vera

Al llegar el viernes, nos instalamos en Jarandilla de la Vera, en el hotel Don Juan de Austria, una buena base para descubrir la Vera y el Jerte. El hotel cuenta con un spa estupendo para las frías tardes de invierno o principios de primavera. Y pese a que las camas son muy cómodas, las habitaciones son algo pequeñas, especialmente los baños. El de nuestra habitación, además, no tenía pared, sino una enorme cristalera que hacía complicada la privacidad. Tenedlo en cuenta.

El restaurante del hotel también es bueno. Como llegamos tarde y queríamos aprovechar el spa del hotel, cenamos allí y no está mal. Pedimos torta del casar con pimentón de la Vera, ensalada de perdiz en escabeche y otras delicatessen. El desayuno bastante completo, con cosas para todos los gustos y muchos alimentos y productos de proximidad salados, como el queso fresco de cabra o la cachuela (un untable de hígado de cerdo frito en manteca de cerdo con ajo, pimentón, comino y laurel), así como los dulces de la zona: perrunillas o pestiños. Y respecto al spa, lo único malo es que son muy estrictos con los tiempos en cada parte del mismo y no hay privacidad puesto que hay varias personas a la vez usando cada una de las estaciones del mismo: piscina de agua fría con chorros, jacuzzi, sauna turca, sauna finlandesa y, finalmente, duchas aromaterápicas y bifásicas (de chorros calientes y fríos alternativamente).

La gran atracción turística de la Vera es el monasterio de Yuste, un humilde complejo monástico donde se alojó Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico tras abdicar la Corona en su hijo Felipe II en 1557. Se encuentra en Cuacos de Yuste, una población a pocos minutos en coche de Jarandilla. Allí, justo antes de llegar al monasterio, encontramos un monumento presidido por Carlos I y donde le acompañan personajes clave de su reinado, como Cortés, Pizarro, Bartolomé de las Casas o la Malinche.

Pese a que los monjes jerónimos siguen residiendo allí (solo que en este caso son todos polacos), se pueden visitar la mayoría de sus instalaciones, incluyendo los preciosos patios gótico y plateresco respectivamente. El plateresco tuvo tres pisos (algo insólito) pero ahora solo tiene dos porque se hundía y tuvieron que quitarle peso. La iglesia también vale la pena, sobre todo por el escudo imperial que corona el altar. De hecho, el bello altar se hizo tras la muerte de Carlos I. Lo encargó su hijo, Felipe II, a Juan de Herrera, arquitecto de El Escorial.

Y por supuesto, hay que pasearse por las humildes estancias reales, con la habitación, sala de estar y despacho del emperador abdicado. Uno se imagina al ex emperador leyendo correspondencia desde su butaca especial para sostener su pierna con gota situada hacia el jardín para disfrutar de las vistas de los jardines, por cierto también deliciosos, especialmente el agradable estanque donde Carlos I pescaba. 

Tras visitar el monasterio, nos adentramos por la pintoresca carretera que lleva a Garganta de la Olla, atravesando bellísimos paisajes boscosos. No muy lejos está el Villa Xarahiz Restaurant, con una carta llena de sorprendentes y originales recetas con productos de la Vera. Para beber pedimos la cerveza de cerezas "Cerex", hecha en Extremadura. Empezamos con una alcachofa confitada con hígado de bacalao y alioli negro muy rica, siguiendo con una original ensalada de queso fresco y peras infusionadas en oloroso con lascas de foie y nuez de macadamia, que nos dejó algo más indiferentes.

De principal pedimos cabrito verato asado a la mantequilla con salsa agridulce de frambuesas y pimentón, que estaba bueno pero no sorprendente. También pluma ibérica de bellota con revolconas y torta del Casar, que le fallaba el hecho de tener mucha grasa la pluma. Lo mejor de todo fue el solomillo de venado con foie en hojaldre con setas y trigueros en salsa de membrillo. Delicioso. Y de postres: las peras especiadas al azafrán con crema de naranja y el sorbete de frutos rojos de la Vera al vermut artesano. Muchísimo mejor el primero.

Finalmente, y de vuelta a Jarandilla de la Vera, además, hay que visitar su precioso parador nacional. Se trata de un palacio-castillo del siglo XV en el que residió varios meses Carlos I mientras construían sus habitaciones en el monasterio de Yuste. Su patio es bellísimo, y su sala de estar con el agradable balcón, impresionante. Además, su restaurante es un excelente lugar para probar los ingredientes y recetas de la zona. Nosotros cenamos allí la segunda noche, empezando con unos bocados de pimiento y espuma de torta del Casar cortesía del parador. De primero pedimos una casera sopa de judías verdes con pan de Guijo y crujiente ibérico. Y de segundo, yo pedí presa ibérica 100% raza autóctona con pastel de patata y manzana. Y de postre, unos deliciosos repápalos con leche, canela y anís. Para beber pedimos vino tinto de Extremadura. Lugar espectacular tanto por la comida, el ambiente y el amabilísimo y super eficiente servicio.

Valle del Jerte

Y si la Vera nos ofrece una gran gastronomía y monumentos históricos clave, el valle del Jerte nos conquistó por sus paisajes. Un mar de flores blancas nos esperaba al bajar en coche de la sierra de Tormantos. En abril los encontraréis en flor, todas blancas o rosáceas pálidas, siendo polinizadas por abejas para convertirse así en jugosas cerezas en mayo. Nosotros aún vimos algún que otro árbol pelado, cosas del cambio climático.


Optamos por hacer una de las rutas más bonitas: la de las cascadas de la garganta de las Nogaleas, de no más de dos horas, recorriendo senderos alrededor de varias caudalosas cascadas, provenientes de las nieves que aún permanecían en las cimas de las montañas (pese a ser ya abril) que regaban generosamente este bonito valle, cuyas laderas han sido casi todas transformadas en bancales para cultivar cerezos.

Tras la ruta, en el pueblo de Jerte disfrutamos de una alegre feria de productos artesanales de la zona, con quesos, embutidos y mermeladas (muchas de cereza, claro). Su plaza de la Constitución, con casas de piedra y balcones de madera, y una fuente en un lado, es también muy representativa de la arquitectura de la región.

Almorzamos en el restaurante "La Cabaña del Jerte" que pese a tener un servicio algo lento (entendible, porque el restaurante estaba a tope), sirve algunos platos especialmente deliciosos, por lo que vale la pena ser pacientes. El gazpacho de cereza está espectacular. 100% recomendable y probablemente uno de los mejores que he probado en mi vida. El zorongollo extremeño también nos gustó, mientras que la trucha de las gargantas en escabeche no nos hizo tanta gracia. En cambio, los huevos rotos con picadillo del Jerte estaban buenísimos. Otro consejo: evitad los postres.

En definitiva, esta verde zona de Extremadura es un lugar perfecto para descansar un fin de semana o incluso para pasar varios días: rutas, comida e historia os esperan. En mi caso, una agradable sorpresa descubrir Extremadura por una de sus zonas más verdes y bellas.

dilluns, 30 de maig del 2022

El eje cafetero colombiano

La Colombia que todos nos imaginamos

La película "Encanto" de Disney ahora y las telenovelas antes, pero sobre todo las novelas de Gabriel García Márquez siempre, han configurado la imagen que tenemos de Colombia los que no habíamos podido visitarla antes. Pero eso es solo un parte de Colombia: la parte que la define como la tierra que produce el café, siendo Colombia el segundo mayor productor del mundo tras Brasil.

Y eso es el eje cafetero, que lo componen tres departamentos colombianos: Caldas, Quindío y Risaralda. De hecho, en estos departamentos se produce el 10% del café mundial. Una visita a Colombia no puede dejar de lado esta zona, porque es la Colombia que todos nos imaginamos. 

Para llegar a la zona, lo mejor es tomar un avión hasta los aeropuertos de Manizales, Armenia o especialmente Pereira, el mejor conectado. Y esto nos llevará a disfrutar de un ejemplo excepcional de paisaje cultural sustentable y productivo único, que representa una tradición que representa un símbolo poderoso tanto a nivel nacional como para otras zonas cafetaleras del mundo. Estos paisajes son reflejo de una tradición centenaria consistente en cultivar en pequeñas parcelas de bosque alto y del modo en que los cafetaleros adaptaron el cultivo a las condiciones difíciles de la alta montaña. Son paisajes con tanta personalidad que la UNESCO los ha declarado patrimonio de la humanidad.

Las zonas urbanizadas, en su mayoría pueblos situados en las cumbres de las colinas, se caracterizan por una arquitectura creada por los colonos procedentes de la región de Antioquia, de influencia española. Como materiales de construcción se utilizaron materiales tradicionales, tales como tapia, bahareque (cañas trenzadas) para los muros y tejas de arcilla para los tejados. Algunos de estos materiales persisten todavía .

Yo opté por el aeropuerto de Pereira, una ciudad sin apenas turistas, pero que permite conocer una típica ciudad media colombiana muy agradable. Luego, de la estación de autobuses de Pereira tomamos un autobús directo a Salento. Nos esperaban cuatro días en el corazón cafetero de Colombia.

Salento

Situada en mitad de boscosas montañas, Salento basaba su economía en el cultivo del café y la pesca de truchas de río. Ahora, el turismo se ha convertido en un gran motor económico que está haciendo crecer a este pueblecito paisa. Cada vez son más los que acuden a disfrutar de sus coloridas calles. Pero sobre todo, su cercanía al valle de Cocora es lo que ha convertido a este en un lugar imprescindible.

El eje central es la calle Real (o carrera 6), vía principal que sale de plaza Bolívar, llena de tiendas de recuerdos y restaurantes de todo tipo. Al final de la calle hay unas escaleras que suben al Alto de la Cruz, desde donde ver el paisaje y el propio pueblito.

Salento, al estar lleno de turistas de todo el mundo, cuenta con una gastronomía razonable, incluyendo restaurantes italianos o vegetarianos; así como una pequeña oferta de ocio. Por ejemplo, en el bar "Los Amigos" se puede jugar al "tejo", el juego del interior colombiano más famoso. Se trata de lanzar pesados discos metálicos sobre bolsitas de pólvora situadas en una cancha de madera rellena de arcilla fresca con agujeros metálicos. Si consigues explotar uno te dan 6 puntos, si tocas uno pero no explota, 3 puntos... y así varias reglas. El objetivo es llegar a los 21 puntos para ganar. Más divertido aún si se hace en grupo. No os asustéis con las explosiones de los petardos y cuidado no os caiga alguno de los pesados discos metálicos en los pies.

Para comer algo, de noche lo mejor es ir a la plaza Bolívar y toma algo en los puestos ambulantes con bancos en mitad de la plaza, sobre todo una tradicional trucha preparada de varias maneras o un delicioso gran patacón con varios ingredientes posibles por encima.

La otra posibilidad recomendada, en este caso para el almuerzo, es la Rola, en la calle 5 de Salento, un local humilde pero estupendo, donde una señora de Bogotá os servirá el menú del día por algo menos de 4 euros: sopa casera y un plato de arroz, ensalada, maduro y una carne deliciosa.

Los desayunos suelen servirse en los hoteles en los que os quedéis, a base de arepas calientes con huevo acompañadas de delicioso "pan de bono", a base de fécula de maíz, junto con almidón de yuca fermentado, queso y huevo: exquisito.

Salento se utiliza como base para descubrir las maravillas de la región. Nosotros visitamos el valle del Cocora, una finca cafetera y el pueblo cercado de Filandia. Para desplazarse por aquí, o se alquila uno un coche o toca montarse en uno de los todoterrenos de la II Guerra Mundial, muy baratos y con muchísimas conexiones entre pueblos y lugares turísticos. Los Jeep "Willys" se usan para llevar turistas de arriba abajo, pero también cerdos, muebles, frutas y sobre todo, sacos de granos de café. Eran modelos sobrantes de la II Guerra Mundial que Estados Unidos envió aquí en los años 50, donde los vendieron con espectáculos itinerantes en plazas de pueblo. Los vendedores subían y bajaban las escaleras frente a las iglesias con estos vehículos. En los viajes siempre se va incómodo y apretado, pero es toda una experiencia.

Finca cafetera El Ocaso

Es obligatorio visitar una finca cafetera si estamos por la zona. Colombia es el tercer mayor exportador de café del mundo y el único gran productor que solo produce café arábigo. 

Los jesuitas trajeron este cultivo en el siglo XVIII, al ver que las condiciones eran ideales, por estar cerca del ecuador y permitir cultiva a gran altura, donde los granos maduran más despacio, lo que produce un grano más duro y denso, con un sabor más consistente al tostarse. La frecuente lluvia permite que los arbustos estén casi siempre en flor, permitiendo recoger dos cosechas anuales, cuando es especialmente interesante visitar el eje cafetero: la primera es en abril y mayo, y la segunda entre octubre y diciembre.

Nosotros optamos por la finca "El Ocaso", en la vereda Palestina, a unos veinte minutos en coche desde Salento. En esta finca muestran qué es lo que hace único al café colombiano y además, permite entender mejor el duro trabajo que implica poder degustar una buena taza. Todo café colombiano debe recogerse a mano, y así lo haréis también en una parte del recorrido, donde aprenderéis a recolectar los granos maduros con un cesto tradicional colgado.

Se empieza por la plantación: desde la semilla y los brotes hasta la recolección; y se sigue en el separado del grano y la cáscara, el secado (o tostado, depende del tipo de café que se busque) y finalmente el molido y su preparación para degustar. El guía lo explica todo mostrando esquejes, pequeños brotes, y luego los enormes arbustos con semillas (ya que fuimos en la primera época de recolección del año).

La preparación tradicional fue con el típico "calcetín" o filtro de tela donde se pone el café molido y se va echando poco a poco el agua a 90 grados para conseguir el sabor perfecto. Estaba muy rico, honestamente. Luego venden café tanto en grano como molido. Aprovechad y comprad, ya que luego es más caro en aeropuertos.

El valle del Cocora

Cocora es, sin ninguna duda, el paisaje más bonito del país. No por casualidad los billetes de más valor tienen este paisaje estampado. Por todas partes se ven los árboles nacionales de Colombia: las famosas palmas de cera, el tipo de palmera más grande del mundo, que llega hasta los 60 metros.

Hoy en día está bastante organizado. Los "Willy´s" os dejarán al lado del acceso al sendero. Tras pagar la entrada (ya que el valle es privado), podréis pasearos durante algunas horas para disfrutar de estos bellos y fotogénicos paisajes. Hay incluso un bosque de colibríes que no vimos porque las fuertes lluvias habían dejado incomunicado el camino que lleva hasta el mismo.

Aún así, pasear por sus montañosos senderos es una maravilla que no deja indiferente a nadie. Lo único malo es que se encuentran en peligro de extinción estas palmas por la presión humana y de ganadería en la zona, que hace que muchas palmeras no pueda crecer y sean arrancadas al inicio. Mi consejo para minimizar vuestro impacto sobre el valle: no utilicéis caballos e intentad no saliros de los senderos establecidos.


Filandia

Finalmente, a media hora en "Willys" de Salento se encuentra esta localidad cafetera tradicional, preciosa también. Tanto, que aquí se grabó la reciente telenovela "Café con aroma de mujer".

Además de sus casitas de colores y su bella plaza principal, también ofrece varias actividades, como el centro de interpretación de la cestería de Bejucos. Uno de los símbolos de este pueblo son los cestos tejidos que antaño usaban los recolectores de café. El museo explica los materiales, los tipos de cestos y el proceso de elaboración, por un precio simbólico. Los jóvenes están rescatando la tradición y ahora, además de los tradicionales cestos, también hacen preciosas lámparas y muchos otros objetos decorativos de gran calidad que encontramos en su tienda.

La otra gran atracción es una impresionante estructura de madera contemporánea de 19 metros perfecta para admirar el paisaje en lo alto de una colina tras caminar unos minutos desde el centro. Sobre todo lo que más veréis son paisajes de cultivo de café.

Finalmente, ninguna visita a Filandia puede acabar sin almorzar o cenar en Helena Adentro. se trata de un agradable local de cocina colombiana fusión. Dirigido por un chef de Filandia y su pareja australiana, este moderno restaurante es el mejor del Eje Cafetero sin ninguna duda. Ofrece platos colombianos presentados de manera innovadora, y siempre usando ingredientes frescos de granjas locales y gran calidad, reinventando recetas de la zona.

Sus bebidas naturales son muy creativas, como su limonada con sirope rosa de albahaca y zumo de lima. O su lulada: con zumo de limón, sirope de lulo y trozos de lulo. De entrante pedimos las deliciosas croquetas de yuca y las marranitas: una especie de panes hechos a mano con masa de maíz, rellenas con pierna de cerdo cocida lentamente con vino blanco, hierbas, ajo y cebolla, salsa de mayonesa casera, perejil, un toque de hogao y queso fresco de Filandia.

Seguimos con cuatro deliciosas costillas glaseadas con ron, limón, panela orgánica y salsa de soja, encima de arepas fritas con picadillo de tomates verdes, cilantro y limón, con una salsa al lado de remolacha en escabeche con cebolla morada, y un toque de chile.

También pedimos chuleta de pollo apanada con pan de yuca, pasta de tomate agridulce, queso crema para gratinar y papas con mayonesa casera, acompañada de un encurtido de pepino y zanahoria. Acabamos con unos suspiros quebrados caseros con maracuyá y crema de leche; y una buena taza de chucula caliente, una bebida a base de siete granos: haba, arveja, cebada, trigo, garbanzo, maíz y lenteja. Tras ser tostados y molidos, se mezclan con un melado que se prepara a partir de agua y panela, y se le agrega chocolate amargo, canela y clavo. Se bebe acompañada de queso fresco de Filandia.

Acabamos a tope pero es que el menú era tan interesante que quería dejarme las mínimas cosas sin probar. Lo único malo es que la comida tarda mucho en salir, deberían organizar mejor la cocina o reducir la carta.

Por tanto, merece mucho la pena visitar la región: tanto por sus paisajes como por sus gentes. Tanto por su comida como para descubrir la cultura del café y el resto de sus tradiciones. Me faltó visitar el parque nacional de Las Nieves o ir a los termales de Santa Rosa de Cabal, a los que intentaré ir cuando vuelva a Colombia. 

dilluns, 9 de maig del 2022

Medellín

Medallo

Medellín, o "Medallo", como le llaman los paisas,la ciudad de la eterna primavera, fue la que me dio la bienvenida a Colombia. Y la verdad es que me encantó. Situada en un valle en mitad de la cordillera de los Andes, Medellín es una ciudad dinámica, con una gran oferta cultural, de restauración y de ocio. Medellín es la segunda ciudad de Colombia, pero la primera en innovación, amabilidad y clima. Por eso opté por entrar a descubrir este fascinante país por aquí. Y no me equivoqué.

El valle lo atraviesa el río Medellín, del mismo nombre, y 53 afluentes descienden las montañas hasta llegar a él, creando muchas quebradas que la ciudad ha transformado en frondosos parques tropicales. Yo me quedé al lado de uno del ellos: el parque de la Presidenta, atravesado por un caudaloso afluente con cascadas con cuyo sonido me dormí las cuatro noches que pasé en la capital antioqueña. 

Opté por el hotel Dann Carlton Medellín, cómodo y bien situado en el Poblado. Quizá hay algo de ruido tanto por el río que pasa al lado con fuerza (ventanas climalite ayudarían), pero las vistas y la comodidad de la cama compensan. El desayuno está bueno y es bastante completo, pero no es el que uno espera de un hotel de cinco estrellas, ni por variedad ni por calidad. Cuenta con una piscina y gimnasio agradables, aunque al gimnasio le vendría bien una reformita.

El Poblado

Por tanto, me quedé en el Poblado, uno de los lugares donde más abunda la vegetación, con calles arboladas frecuentes y bellos parques creados por el gobierno municipal como herramienta para restablecer la confianza entre los ciudadanos y construir una paz sólida y duradera. Por ejemplo, el propio parque de La Presidenta, al lado de mi hotel, muy agradable con su cascada, o el parque de la bailarina, con unas preciosas vistas de la ciudad desde su mirador y una infinidad de árboles frutales.

El Poblado también es relevante porque fue aquí donde primero intentaron instalarse los españoles cuando llegaron a estas tierras. Sin embargo, debido a los problemas de convivencia con los nativos, acabaron trasladándose unos kilómetros más lejos, donde se fundó Medellín. En cualquier caso, el Poblado pasó de ser un lugar de haciendas al barrio más exclusivo de la ciudad a mediados de siglo XX. Se cree que sus primeros pobladores fueron judíos huyendo de la Inquisición. El hecho de que los pobladores de esta región cultivaran ellos mismos la tierra y fueran autosuficientes hizo de los paisas muy diferentes al resto de Colombia, donde las tierras las cultivaban esclavos traídos de África.

Para los foodies, el Poblado es el paraíso, empezando por la heladería "Amor-acuyá", que sirve helados de calidad con toque tropical. A esta vine recomendado por mi guía en el free tour de Poblado y la verdad es que me encantó. Amor-acuyá es el propio sabor imperdible que aúna el toque dulce y áspero de la fruta de la pasión con nata y un chocolate blanco colombiano con un 65% de cacao, que mezcla en una misma cucharada lo mejor de lo dulce y lo amargo. Quedó en el podio de los tres mejores helados del mundo hace unos años. Además, tienen otros sabores e incluso helados veganos con leche de coco que están riquísimos. 

Otro sitio imperdible es el Kai Restaurant, un vegetariano con opciones súper sabrosas del chef Barrientos. Nosotros pedimos un hummus de remolacha que venía acompañado de cítricos y otros vegetales seguido de un bol con arroz trufado y muchas otras verduras y legumbres deliciosamente preparadas. Para beber pedimos un kombutcha casero delicioso y de postre una torta de la casa con mantequilla de cacahuete y chocolate. Servicio de 10 y los ingredientes de primera.

Pero sin duda, si hay un restaurante al que ir si o si es Carmen, una joya gastronómica. No por casualidad es uno de los 50 mejores restaurantes en América Latina. Excelente ambiente y comida. Además de contar con un servicio súper amable y rápido. Pedí su exquisito ajiaco a base de delicioso pollo orgánico frito con una original crema de patatas de los Andes cubierta de especias, acompañada de huascas y maíz nativo. Y de postre el sabroso 7 leches: una pequeña tarta de suero de búfalo, leche de coco, nueces y haba tonka, acompañada de helado de yogurt ahumado y un miguelucho. Una pena que no volví a probar otras exquisiteces de su menú. Reservad con unos días de antelación.


En Poblado también hay mucha fiesta, especialmente a lo largo de calle 10, en barrio Provenza o en el parque  Lleras. No podía ser de otra manera en la ciudad natal de Maluma, Juanes, J Balvin o Sebastián Yatra.

Finalmente, a los que os guste la moda de calidad y el diseño, pero no os guste dejaros el sueldo en ello, Poblado es un sitio perfecto para hacer algunas compras. Las mejores marcas de moda de Colombia (y de Iberoamérica) son de Medellín, famosa por sus diseñadores e industria. La mayoría de marcas locales cuenta con boutiques en carrera 37 (conocida como Vía Primavera) harán las delicias de todo el que aprecie la moda y complementos de diseño con materiales de alta calidad y precios razonables (gracias al cambio del peso al euro).

Centro

Pero si es Poblado si barrio más inn, el origen de la ciudad se encuentran en el parque de Berrío, con iglesias barrocas que me recordaron mucho a las de Rio de Janeiro. Medellín se fundó con el nombre de una población ya existente en Extremadura (España) por Don Pedro Porto Carrero y Luna, conde de Medellín y presidente del Consejo de Indias de España, pese a que colonos ingleses posteriores intentaron cambiarle el nombre por el de New London (sin éxito). La ciudad, pese a fundarse 1616, no fue hasta principios del siglo XX cuando vivió un auténtico boom gracias a la inauguración del ferrocarril y al auge de exportaciones del café y de minerales. Con esas ganancias, la incipiente burguesía local invirtió en industrias textiles que aceleraron el crecimiento de Medellín y la llenaron de altos edificios art-decó, grandes almacenes, hoteles, cines y teatros.

Sin embargo, en los años 80, la ciudad se sumió en una espiral de violencia, drogas y corrupción por culpa principalmente de un hombre: Pablo Escobar, finalmente tiroteado por la policía en 1993 mientras trataba de huir. Durante los 80 y parte de los 90, Medellín pasó a ser la capital mundial del tráfico de la cocaína y por tanto, la ciudad más peligrosa del mundo. El turismo desapareció.

Sin embargo, esta terrible era llegó a su fin, y para celebrarlo, el artista local, Fernando Botero, regaló a la ciudad la icónica escultura de su paloma de la paz. Sin embargo, en 1995, durante un festival de música en el parque de San Antonio, un terrorista lanzó una bomba en una mochila bajo la estatua, matando a 28 personas e hiriendo a más de 200. Fue entonces cuando los habitantes de Medellín se dieron cuenta que Escobar no era la única persona que había estado tras los años oscuros de la ciudad.

La estatua quedó destrozada (y así sigue para recordar el terrible acto). Al lado se puso un cartel con la portada del periódico "El Colombiano" en grande para recordar este hecho. Además, Botero hizo una nueva estatua que también se colocó al lado de la destrozada, como símbolo de la resiliencia del pueblo de Medellín. Son muchas otras las estatuas callejeras del artista, tanto en esta plaza, como en la plazoleta de las esculturas frente al Museo de Antioquia. Es una pasada disfrutar gratis de tremendas obras de arte. Uno de los legados de la época de violencia y ajustes de cuentas son las imágenes de la Virgen de la Candelaria que hay en muchos parques y en cada estación de metro, colocadas por ser el único elemento que respetaban los narcos: donde había presencia de la Madre de Dios, respetaban ese espacio y no ponían bombas ni usaban armas.

En las callejuelas del centro uno encuentra vendedores ambulantes con todo tipo de frutas tropicales así como jugo de caña fresco con limón: delicioso. Pero tampoco podemos perdernos locales icónicos, como la casi centenaria pastelería Astor, en la calle Junín, fundada por un suizo que se mudó a la ciudad en 1930 y que ofrece los mejores chocolates y pasteles de la ciudad, destacando sus "morritos": unos bizcochitos cuadrados recubiertos de chocolate y con formas de animales.

Precisamente la calle Junín, ahora bastante decadente, fue la calle de moda de la ciudad, donde los grandes teatros y cafés reunían a la juventud de los años cuarenta y cincuenta para encontrarse y divertirse. Parte de esa grandeza aún se puede percibir en la pastelería Astor, precisamente. Aún hoy, las abuelas traen a sus nietos a merendar aquí, recordando los años en los que ellas venían cuando eran jóvenes.

El centro de Medellín también cuenta con una moderna zona de edificios gubernamentales donde se mezclan los estilos brutalista y contemporáneo. Del brutalismo, la gobernación de Antioquia, gigantesca mole de cemento gris, destaca junto con el retorcido e impresionante monumento a la raza. De lo contemporáneo, el llamado edificio de los palitos amarillos, el rascacielos que alberga las oficinas de la alcaldía de Medellín. Frente al mismo encontramos la llama eterna a la memoria de los periodistas asesinados en la región por decir la verdad, lista cuya placa aún tiene espacios vacíos porque las muertes siguen, por desgracia. O el parque de los pies descalzos, una de las primeras iniciativas para hacer la ciudad más amigable, donde poder caminar descalzo por arena, agua y finalmente, un calmado bosque de bambús: todo en mitad de la agitada ciudad.

Otro barrio icónico es Miraflores, con su elegante plazuela de San Ignacio, donde viejecitos juegan al dominó mientras la bella fachada barroca de la iglesia los mira. No muy lejos se encuentra la Placita de Flórez, el famoso mercado de flores, mascotas, plantas y también alimentos de la ciudad. No muy lejos también está el Museo Casa de la Memoria, un pequeño y moderno centro en el que aprender más sobre el origen histórico y geopolítico de los conflictos que tanto sufrimiento han causado a la ciudad: narcotráfico, guerrillas, paramilitares, violencia estatal, asesinatos a periodistas y líderes sociales, corrupción... la memoria de los miles de desaparecidos sigue presente. Lo más desgarrador son los vídeos de las víctimas a tamaño real con sus vivencias. Tuve la suerte de visitar el museo el 9 de abril, día nacional para la memoria y solidaridad con las víctimas del conflicto armado. Por ello, en el patio del museo, además de venderse todo tipo de productos artesanales realizados por antiguos guerrilleros ahora reinsertados en la sociedad, también habían reuniones de familiares de desaparecidos (miles de colombianos siguen desaparecidos. la mayoría a causa del ejército y policías colombianas). Los familiares siguen pidiendo respuestas.

Comuna 13

Pero si hay un lugar donde apreciar de verdad el gran cambio urbanístico de la ciudad para dejar atrás sus años de plomo, ese es Comuna 13, uno de los barrios más peligrosos del mundo hasta hace unas décadas. Llena de guerrillas, traficantes de droga y paramilitares, la Comuna 13 era un lugar al que los ajenos al barrio no podían poner un pie, a riesgo de recibir un balazo. Para resolver esta situación, el Estado colombiano utilizó la violencia como remedio, con operaciones militares y policiales, en la que destaca la terrible "Operación Orión" en 2002, cuando las fuerzas de seguridad, con el apoyo de paramilitares, barrieron el barrio durante dos días ejecutando allí mismo a más de 200 personas. Si bien es cierto que ello acabó con la presencia de las guerrillas de las FARC y el ELN, la violencia siguió incrustada en el barro, pues a las guerrillas les sustituyeron bandas menores de narcotraficantes, igualmente violentas y mucho más fragmentadas.

Fue entonces cuando las autoridades públicas se reuniones con líderes sociales, dejando atrás el modelo de represión policial, y diseñaron un nuevo modelo para pacificar la zona. Se trataba de reformar el barrio, mejorar sus comunicaciones, resignificar el arte callejero hacia una cultura de paz y expandir el acceso a la educación y el empleo para todos.

Ahora el turista puede pasear tranquilamente y ver como ha cambiado todo: lo más visible son las cómodas escaleras mecánicas, que ahorran mucho esfuerzo y sudor en subir las empinadas calles del barrio; las escuelas de música que se fomentaron han generado una serie de bandas de hip-hop que bailan por los diferentes rincones y parques; las galerías de arte son frecuentes y muestran impresionantes grafitis, muchos incluso con luces fluorescentes; y no sólo, el arte urbano aparece por todo lado; antiguos basureros se convirtieron en parques con grandes toboganes (no os perdáis el icónico parque Sergio Céspedes, explicado por algún local), en campos de fútbol o en terrazas arboladas con bancos. 

Mientras descubrís la Comuna 13, no dejéis de probar el famoso "mangobiche", un dulce perfecto para combatir el calor de la ciudad muy típico del barrio: trozos de mango helados en forma de polo que se comen hundiéndolos de tanto en tanto en un vaso de limonada. 

Además de parques, arte urbano y educación, el transporte ha sido otra de las claves en la transformación de la ciudad. Metro Medellín ha creado una red de líneas de metro elevado, autobuses rápidos, tranvías y lo más icónico: el metrocable, uno de los primeros teleféricos de transporte masivo del mundo fuera de estaciones de esquí. Estas líneas conectan con estaciones de metro para facilitar el acceso a vecindarios situados en altas colinas (los de menor renta), expandiendo la igualdad en la ciudad. Al acercar a los vecinos y los barrios, la violencia en la ciudad cayó de forma exponencial.

Para visitar el barrio os recomiendo un guía local, que os explicará las curiosidades de los habitantes y muchos rincones en los que no nos fijaríamos a simple vista. Se pueden reservar por Internet o yendo por la mañana a la parada de metro de San Javier, donde empiezan la mayoría de tours.

Guatapé

Desde Medellín vale la pena dedicar un día a visitar Guatapé. Hasta hace pocos años era imposible aventurarse a estas zonas rurales debido a la fuerte presencia de guerrillas. Desde 2006 se solucionó eso y ahora miles de colombianos y extranjeros abarrotan la bella región y disfrutan de ella.

Los frecuentes y baratos servicios de autobuses conectan la estación central de Medellín con la región. En muchas de las cantinas de carretera en las que para el autobús podréis disfrutar de un desayuno típico: arepas de choclo cocinadas en parrilla al carbón acompañadas de queso fresco y mantequilla.

Su atracción principal es la piedra del Peñol y sus 659 escalones. Este monolito de granito sigue siendo de propiedad privada, por lo que el acceso al mismo es de pago. Tras subir las escaleras construidas en una fisura de la roca, tendréis unas vistas de la bonita región salpicada de lagos artificiales, creados tras la construcción de una presa a finales de los años 50. Hacedlo mientras disfrutáis de un refrescante salpicón de frutas en zumo de sandía. Los lagos han generado una industria de los deportes de agua o incluso la pesca. Y han atraído a cientos de antioqueños que se han construido sus segundas residencias alrededor de estas aguas nuevas.

El antiguo pueblo colonial de Guatapé ahora cuenta con un agradable paseo marítimo que da la sensación de llevarnos al mar. Allí, decenas de terrazas ofrecen la tradicional bandeja paisa para el almuerzo, con arroz, frijoles, maduro frito, huevo frito, aguacate, carne molida, chorizo y chicharrones.  Y por supuesto, truchas del lago fritas al ajillo acompañadas de patacones. Tras el almuerzo, pasear por sus coloridas calles y animada plaza mayor es muy agradable. El pueblo es famoso por los bajorrelieves de sus casas, decoradas con formas geométricas de alegres colores.


También podéis acabar el día con una copa en el bello complejo Charlee Luxé, un hotel en mitad de la selva con una terraza maravillosa al borde de uno de los entrantes del lago donde se junta la gente guapa de Medellín un fin de semana. Aquí solo se puede lugar en transporte privado y lo descubrimos gracias a un amigo que nos llevó. Un lugar maravilloso para acabar una jornada descubriendo Guatapé.

dilluns, 21 de març del 2022

Ávila


Tierra de cantos y de santos

Ávila es una pequeña ciudad a poco más de hora y media de Madrid en coche o tren, siendo una escapada perfecta para los que viven en la capital española, tanto para un día como para pasar una o dos noches en este lugar declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. 

Fundada en el siglo XI para proteger los territorios castellanos contra los musulmanes, Ávila ha preservado la austeridad y pureza de líneas de su arquitectura medieval, de la que son muestras notables la catedral gótica y las murallas, que con sus 82 torres semicirculares y nueve puertas monumentales son las más completas de España.

De hecho, la imagen más característica que uno se encuentra al acercarse a Ávila son precisamente las famosas murallas, de dos kilómetros y medio de largo. Es una de las pocas ciudades del mundo que aún las conserva rodeando completamente su casco histórico. Además, se pueden apreciar bien porque Ávila es la capital de provincia española más alta: se encuentra a más de 1,100 metros de altura. 

Ávila también es famosa por albergar la sede de la Academia Nacional de Policía, y allí pasan largos meses todo el que aprueba las oposiciones a este cuerpo nacional, formándose para poder iniciar su servicio público. Asimismo, Ávila es la ciudad en la que vivió la mayor parte de su vida el ex presidente Adolfo Suárez

Nosotros empezamos la visita entrando por la pequeña puerta del Carmen, por la que nos adentramos a su ciudad vieja, y tras llegar a la plaza frente a la catedral, empezamos un tour guiado que nos llevó por los principales lugares de la ciudad, empezando por la plaza del mercado grande, a los pies de la puerta del Alcázar, una de las más bonitas. Accedimos a la plaza de Adolfo Suárez (con estatua a escala real y a pie de calle del ex presidente) y empezamos la visita, disfrutando de los palacetes del siglo XVI que abundan por la ciudad, testigos de cuando esta floreció como centro comercial de granos y lana.


La ciudad de Santa Teresa de Jesús

A través de calles y anécdotas llegamos al actual monasterio que alberga parte de la antigua casona abulense en la que nació Teresa Cepeda, en el seno de una rica familia de mercaderes de origen judío. Santa Teresa es clave por ser la primera mujer en la historia considerada Doctora de la Iglesia Católica. Y ello por sus abundantes escritos místicos, de gran calidad dentro de la literatura de la época.

La mayoría de peregrinos que llegan a la ciudad empiezan su visita por la habitación en la que nació la santa, ahora dentro de la iglesia de un convento de la orden de los Carmelitas. Esta iglesia la pagó el Conde-Duque de Olivares, favorito del Rey Felipe IV. A lado de la habitación, típica de una buena familia abulense de la época, se encuentra la capilla con la estatua más famosa (y realista) de la santa, la que sale en procesión durante sus fiestas. La capilla está ricamente decorada y es fácil encontrar a devotos rezándole a Santa Teresa, por lo que es recomendable guardar silencio durante la visita.

Santa Teresa fundó decenas de conventos nuevos de su orden, las carmelitas, y emprendió reformas que llevaron a una vuelta a los orígenes de las enseñanzas de Jesucristo, evitando la opulencia y llevando una vida sencilla, al punto de incluso pedir que se desprendieran hasta de los zapatos. De ahí que desde ese momento se les conociera como a los Carmelitas Descalzos.

La santa es omnipresente en la ciudad. Al lado de la capilla hay una tienda de recuerdos con sus libros y otros elementos, además de un pequeño expositor con reliquias de Santa Teresa, incluyendo uno de sus dedos. Además, en todos los hornos de la ciudad se encuentran las deliciosas yemas de Santa Teresa, el dulce más típico de Ávila.

La visita siguió por la bonita y porticada plaza del mercado chico, donde se encuentra el edificio del ayuntamiento, y acabó de nuevo en el exterior de las murallas, en el parque de San Vicente, antiguo cementerio de la ciudad durante época romana, y muchas de cuyas lápidas se utilizaron en la construcción de la muralla medieval. De hecho, si os fijáis en esta parte de la muralla, veréis algunas de esas lápidas incrustadas en la misma. También vimos desde fuera la bellísima iglesia románica de San Vicente.

Chuletón, judiones y patatas revolconas

Para la comida, fuimos para probar la gastronomía abulense al Parador Nacional. Situado en el antiguo Palacio de Piedras Albas, esta fue la casa del Corregidor Juan de Henao, Gentil Hombre de la Casa Real de Castilla. Aunque ha sufrido muchas modificaciones, conserva la estructura del patio y la escalera. Tanto en su exterior como en el interior pueden verse como decoración varios escudos heráldicos. A finales del siglo XIX, su propietario, el Marqués de Benavites, miembro de la Real Academia de la Historia, reformó el palacio y mandó levantar el torreón para instalar en él su gran biblioteca personal.

Respecto al menú degustación, la verdad es que estaba regular: de los entrantes, típicos solo eran las patatas revolconas con torreznos crujientes. Las alubias no estaban mal, pero creo que no eran judiones de El Barco: la receta era de judías blancas de Indias con bacalao. Respecto a las carnes, el lomo de ternera estaba algo duro y sabor fuerte. Menos mal que pedimos el chuletón de avileña negra ibérica a la brasa de carbón: eso sí estaba excelente de sabor, textura, calidad y asado. El postre no era típico (aunque estaba bueno, eso sí): natillas del convento con helado de hierbaluisa. El vino, delicioso. Quizá algunos retoques como hacer más típico el menú o incluir postres como las yemas de Santa Teresa o los hojaldres de San Juan de la Cruz lo harían mucho más atractivo.

La impresionante catedral de Ávila

Una vez saciados, continuamos la visita por la catedral, que es también una fortaleza. De hecho, parte de sus paredes la forman las murallas de la ciudad. Se empezó a construir en estilo románico, siguiendo el diseño de un arquitecto francés, usando una preciosa piedra alejandrina de una cantera cercana, de colores blanco y rojo. Toda la parte del altar y el deambulatorio tienen, por tanto, unos preciosos toques rojos y blancos que hacen que esta parte de la catedral sea realmente bonita.

El resto de la catedral se acabó en estilo gótico temprano, con la piedra caliza gris tan característica en toda la ciudad, abriendo grandes ventanales que hacen de la catedral un gran espacio luminoso incluso en días nublados. Dentro de la catedral también encontramos numerosos elementos renacentistas, como relieves y estatuas de mármol de gran calidad y realismo. Destaca la tumba del obispo "Tostado", con unos ropajes que parecen reales.

La catedral cuenta con unas salas de exposiciones con varias reliquias y obras de arte, incluyendo una enorme custodia de plata que se saca en procesión durante el Corpus Christi. También se puede visitar el claustro, donde todas las miradas se dirigen a la tumba del ex presidente Adolfo Suárez, que vivió gran parte de su vida en Ávila. Este hombre, que presidió el gobierno de España durante la transición de la dictadura a la democracia, dirigió el desmontaje de una dictadura y su transformación en una democracia, de la ley a la ley, legalizando el Partido Comunista o el divorcio y haciendo frente al fallido golpe de Estado de 1981. "La concordia fue posible", reza su lápida como epitafio. Suárez se encuentra enterrado junto a su mujer. 

Aquí acabamos esta corta pero interesante visita a la ciudad amurallada. Además de su casco histórico, también fueron declaradas patrimonio de la humanidad las iglesias extramuros de Ávila, que solo pude ver brevemente desde fuera. Prometo volver para visitarlas y de paso, comerme unas buenas yemas de Santa Teresa.

divendres, 14 de gener del 2022

Tarragona y alrededores

Tarragona

La ciudad de Tarragona suele pasar desapercibida en el turismo de la península Ibérica. Y sin embargo, cuenta con una excelente gastronomía, playas agradables, y sobre todo, un conjunto arqueológico declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Además, los alrededores de la ciudad ofrecen paisajes únicos, monumentos de gran belleza e importancia histórica, una gastronomía de diez e incluso uno de los complejos de ocio más grandes de Europa.

Tarraco, la actual Tarragona, fue una ciudad administrativa y mercantil de gran importancia en la Hispania romana y centro del culto imperial para todas las provincias de la Península Ibérica. Fue dotada con soberbios edificios, parte de los cuales han sido descubiertos gracias a una serie de excavaciones excepcionales. Pese a que la mayor parte de los vestigios visibles sean fragmentarios y se hallen preservados bajo construcciones más recientes, ofrecen una imagen impresionante de la grandeza de esta capital provincial romana.

Como los restos son difíciles de apreciar si un buen guía, os recomiendo al menos hacer un tour de un par de horas por la Tarraco romana para entender mejor como fue la ciudad, la importancia que tuvo, y como eran los edificios, que ahora son ruinas, en su época de esplendor. También existe una aplicación gratuita en la web de turismo de Tarragona que os permitirá ver, a través de vuestros móviles, las calles tal y como son ahora, y tal y como fueron en época romana.

Nosotros empezamos la visita guiada en el bello Portal de Sant Antoni, una puerta de entrada barroca en una muralla que tiene partes romanas y medievales también. Me recordó mucho a las ciudades italianas. De ahí pasamos a las callejuelas del centro histórico donde recorrimos la calle de Santa Tecla hasta el bello hospital gótico homónimo, y llegamos hasta la catedral, situada en el antiguo templo a Augusto. Aún se ven restos de dicha época. Luego seguimos por varias calles hasta la plaza del Forum y visitamos la antigua judería, donde se han descubierto restos de casas y de una antigua sinagoga. En la calle de la Merceria vimos una de las tiendas en operación más antiguas de Europa, Casa Corderet, que sigue vendiendo velas desde 1751. De hecho, en su almacén se escondieron decenas de tarraconenses para evitar ser asesinados por las tropas de Napoleón. Y también acogió de nuevo a cientos de personas escondidas durante la Guerra Civil española.

Los restos romanos se observan por doquier: arcos, tumbas usadas como piedras para construir casas, pedestales... pero los más impresionantes son la torre del Pretor, el circo y el anfiteatro. De hecho, un buen guía os enseñará los restos del antiguo circo donde se hacían las carreras de carros y podréis haceros una idea en la cabeza de su gran tamaño, tras ver parte de las gradas y de la arena que se han recuperado tras derrumbar edificios. La mayoría de estas gradas siguen ocultas en casas antiguas, aunque algunas se pueden admirar, como las de la nueva oficina de CaixaBank en la plaza de la Font. En el edificio de la antigua audiencia, en la plaza del Pallol, también podréis ver una preciosa maqueta de la Tarraco romana muy bien hecha.

Asomaos también al "Balcó de la Mediterrània", un bello paseo alto desde donde admirar el mar y la arenosa playa del Miracle. Desde allí también disfrutaréis de unas vistas de las ruinas del anfiteatro romano de Tarraco, muestra de la grandeza que alcanzó la ciudad. En ese anfiteatro también veréis los restos de una iglesia de planta de cruz latina construida por los visigodos en mitad del anfiteatro, en memoria de los cristianos allí martirizados.

Para comer, Tarragona ofrece una gastronomía de primera. Nosotros optamos por el restaurante Sadoll, situado en un bajo de decoración modernista. La atención  fue rápida y muy amable, y la comida de diez. Tienen un menú del día inolvidable. De entrantes pedimos una jugosa coca de espinacas y feta, las croquetas de pollo y setas, y el foie-gras caramelizado con compota de higos. De principales el ravioli XL de butifarra y alubias con tomate natural y allioli, así como la terrina de meloso de ternera con salsa de ratafía (un licor tradicional catalán) y cerezas. Y de postre, tanto la tarta de queso casera como la torrija con helado están espectaculares. Todo con ingredientes de primera y casero. No os defraudará.

Por cierto, nosotros nos quedamos en el hotel Astari, en plena vía Augusta, un moderno edificio en un barrio residencial de chalets y edificios bajos, tranquilo y limpio. Sus habitaciones son cómodas y agradables, con vistas al mar, y su personal muy amable y rápido en atender nuestras necesidades. Dormimos de categoría.

El Real Monasterio de Poblet

Además de los restos de la antigua Tarraco, los alrededores de la ciudad nos brindan un segundo lugar patrimonio de la humanidad: Poblet. En este sitio se encuentra una de las abadías cistercienses más grandes y completas del mundo. Edificado en torno a la iglesia levantada en el siglo XIII, el monasterio, impresionante por la severa majestuosidad de su arquitectura, cuenta con una mansión real fortificada y alberga el panteón de los reyes de la Corona de Aragón. Fue el Rey En Pere el Cerimoniós quien decidió que Poblet albergara dicho panteón real. Y por eso ordenó rodear al monasterio de murallas y construir a su entrada dos torres góticas fortificadas imponentes.

Al estar aún hoy en uso por monjes, el monasterio se mantiene muy bien. Algunas partes privadas no se pueden visitar, pero las más interesantes desde el punto de vista histórico suelen estar abiertas al público. Descargaos la aplicación gratuita del monasterio para hacer la interesante audio guía, que os lo explicará, estancia a estancia, su significado, usos y simbolismos. 

Básicamente el monasterio se divide en cuatro grandes alas que giran alrededor de un bellísimo claustro, en cuyo centro crecen hierbas aromáticas y medicinales. Cada lado del claustro se dedica a una parte del desarrollo humano según la regla de San Benito: la corporal, anímica, la espiritual y la social.

El ala corporal cuenta con la cocina (solo se puede visitar la histórica, ya que la que usan actualmente los monjes está fuera del recorrido) y el refectorio (ese sí de uso aún hoy) donde los monjes comen mientras uno hace la lectura de la Biblia. Lo interesante es que todos los monjes se turnan para cocinar, servir y limpiar en turnos de semanas. Los monjes de esta orden, siguiendo sus reglas centenarias, comen una vez durante el invierno y dos veces en verano.

El ala anímica contiene la biblioteca y la sala capitular, lugar en el que se reúnen los monjes para debatir citas bibliográficas o lecturas, enterrar muertos, ordenar a los nuevos monjes y sobre todo, elegir a los nuevos abades por votación democrática. En el piso superior está el antiguo dormitorio comunal, bella estancia donde se repiten los arcos, con una preciosa simetría que simboliza el camino que acaba en la luz. 

El ala espiritual está completamente ocupada por la iglesia del monasterio, que se comenzó como románica, se amplió con elementos góticos, y finalmente se le añadió el precioso altar renacentista de alabastro, así como una sacristía barroca e incluso, recientemente, elementos contemporáneos como el altar. que representa de forma conceptual a la Sagrada Trinidad. De la iglesia destacan tanto el mausoleo del las tumbas, al que se trasladaron los cuerpos de los reyes anteriores al Ceremonioso, y donde fue enterrado este así como sus sucesores. Para valencianos y baleares es especialmente emotiva la tumba de Rey En Jaume I "El Conqueridor", fundador de los reinos de Mallorca y Valencia.

Finalmente, el ala social, además de contar con un hospital para menesterosos o una hostelería, también alberga un Palacio Real construido por orden del Rey En Martí L’Humà, último rey de la Casa de Barcelona, nieto de Pere el Cerimoniós. Ahora alberga el museo del monasterio.

En definitiva, Poblet es una joya para todo apasionado de la arquitectura o la historia. Y por supuesto, para aragoneses, catalanes, valencianos, baleares o napolitanos que quieran entender mejor nuestro pasado. 

Una calçotada en Valls

A menos de veinte minutos de Poblet, en mitad del camino entre el monasterio y Tarragona, se pueden visitar un montón de sitios estupendos. Por ejemplo, si vais de noviembre a marzo, estaréis en plena temporada de calçots, las famosas cebollas dulces alargadas catalanas. Y además, estaréis muy cerca de Valls, lugar donde se descubrió la deliciosa formar de prepararlas a la brasa. Por tanto, nada mejor que disfrutar de una buena calçotada en su lugar de nacimiento.

Los calçots se asan con llama viva de sarmientos, y cuando están bien hechos se envuelven en papel de periódico hasta su consumo, para el que se presentan servidos en una teja, junto a una salsera que contiene la Salvitxada, la salsa donde untar los calçots, que también se llama popularmente salsa romesco. Esta salsa se hace a base de almendras, tomates, pimentón de la vera y ajos, entre otros ingredientes. Una calçotada también incluye carne a la brasa: la típica butifarra catalana y costillas de cordero. De postre se come una naranja, pero últimamente se ha introducido también la crema catalana.

Nosotros optamos por Cal Ganxo, una masía bellísima donde solo se sirven calçotades. Y eso se nota. Empezamos con los calçots preparados a la brasa acompañados de la salsa casera. El proceso de comer calçots es muy pringoso, sobre todo por que al pelarlos se os quedarán restos del quemado. Por eso os darán un baberito, así que comed tranquilos. Luego siguen con una selección de chuletas de cordero y butifarra catalana a la brasa, acompañadas de un plato de alubias tradicionales con alcachofas y morcillas catalanas. Todo regado con vino tinto de la comarca servido en un porrón de cristal. Luego llega la botella de cava brut nature para el poste: dulce naranja pelada y unos buenos platos de crema catalana casera acompañada de una carimanyola. Y cafés.  Todo en una preciosa masía iluminada por velas y un personal muy rápido y amable. 

Delta del Ebro

Como valenciano, tenía mucha curiosidad por visitar el Parque Natural del Delta del Ebro, espacio protegido situado en la desembocadura del río Ebro, el más caudaloso de la península. Es de hecho este río el principal responsable de este entorno, aportando los materiales arrancados de su cabecera para depositarlos aquí, en la conjunción con el Mediterráneo. Los sedimentos son por lo tanto, materiales provenientes de los Pirineos, el sistema Ibérico y la cordillera Cantábrica, lugares de donde nace el río. La cantidad de materiales sedimentados han creado una superficie de más de 320 km², en la que se han formado numerosos hábitats, con un delta en forma de flecha que penetra cerca de 22 km en el mar, creando así el tercer mayor delta del Mediterráneo tras el delta del Nilo y el del Ródano.

Su importancia creció a finales de siglo XIX cuando se planeó una repoblación del mismo con cultivadores de arroz provenientes de l´Horta Sud valenciana, expertos en estas tareas. De hecho, estos dejaron improntas clave, tanto en la arquitectura de la zona (aún se ven algunas barracas valencianas), como en el uso común del "lo" en el hablar. Asimismo, los repobladores de Algemesí también fueron los que introdujeron la costumbre de la "muixeranga", también conocida como de los "castellers", ahora una de las grandes tradiciones catalanas.

Empezamos visitando el cuco Poble Nou del Delta, con sus casas blancas y sus palmeras situado en mitad de campos de arroz. Y nos tomamos unas tapas en "Lo Pati dels Flamencs", un restaurante que prepara unas "coquines" a la brasa deliciosas (un molusco que en castellano se conoce como "pipas de mar") así como croquetas de pollo caseras.

Seguimos la visita en el cercano mirador del Pont del Través, que cuenta con dos torres de observación de madera desde las que ver a las diferentes aves que viven en este ecosistema único de cañaverales y arrozales. Los más curiosos son los flamencos, preciosos. Y finalizamos en la playa del Arenal. Hay muchas más playas pero estábamos en enero por lo que tampoco valía la pena. Tocará volver en meses más cálidos para disfrutar de este entorno único que nos recordó mucho a la Albufera valenciana.

Port Aventura World

Nuestra última parada estaba a quince minutos en coche de Tarragona: uno de los complejos de ocio más grande de Europa, Port Aventura World. Originalmente un solo parque temático, ahora cuenta con tres (uno de ellos acuático) y siete hoteles, además de un beach club, un centro de convenciones y un campo de golf. Además, se está construyendo un nuevo complejo de hoteles, restaurantes, casinos y tiendas de la marca Hard Rock Café. 

Port Aventura fue el primer parque temático de España. Y su atracción icónica era el Dragon Khan, que además fue la primera montaña rusa en el mundo con 8 loopings en 1995. Su precioso diseño  recuerda al de un dragón chino danzando por el cielo. Hasta 2012 dominaba el skyline del parque. Mediterrània, Polinesia, China, México y el Salvaje Oeste son las cinco zonas temáticas que componen el parque.

Nuevas atracciones se fueron sumando para animar a los visitantes a volver, así como un segundo parque temático, ambientado en el Caribe y 100% acuático. Finalmente, en 2012 se inauguró la nueva gran atracción del complejo: Shambhala, la montaña rusa más alta y rápida de Europa. Situada al lado del Dragon Khan, empequeñece a esta ya de por si gran montaña rusa. Y añade una zona a China ambientada en el Tíbet, con las implicaciones políticas que ello conlleva.  

Finalmente, en 2017 abrió el tercer parque del complejo: Ferrari Land, siendo el segundo parque temático de la firma, tras el que abrieron en Abu Dhabi. Este parque, ambientado en el norte de Italia, cuenta con la nueva atracción estrella del complejo: Red Force, ahora la montaña rusa más alta y más rápida de Europa. La atracción empieza con una aceleración de 0 a 180 kilómetros por hora en pocos segundos para lanzarte hacia una empinada vía que te llevará hasta los 112 metros de altura. Según el viento que sople ese día, podrás remontar la vía y disfrutar de la mayor caída en picado del continente en montaña rusa o caer hacia atrás de nuevo. La sensación es impresionante. De hecho, si escogéis ir en primera fila, os darán unas gafas de seguridad para protegeros los ojos de la enorme fuerza del viento al acelerar.

Los parques cuentan con decenas de atracciones para toda la familia y con tiendas y restaurantes, por cierto, siendo la gastronomía de estos últimos algo mejorable en mi opinión. Aunque también es verdad que la mayoría de visitantes no van precisamente a buscar gastronomía, no estaría de más tematizar mejor las comidas de cada zona y no ofrecer casi lo mismo en las cinco áreas temáticas.

La oferta hotelera del complejo tampoco está mal. Nosotros nos quedamos en el hotel Port Aventura, tematizado como una villa mediterránea. El hotel es perfecto si queréis pasar unos días en PortAventura World. Tiene acceso directo tanto a Port Aventura Park como a Ferrari Land. Sus habitaciones son amplias y cómodas, aunque a nosotros nos pusieron en una del extremo del hotel que obligaba a recorrer largos pasillos hasta llegar a ella.

En verano debe ser aún mejor por la gran piscina que tiene. El desayuno es variado y bueno pero dan poquísimo tiempo, a penas 40 minutos. Y tampoco nos dejaron escoger franja horaria, se nos impuso ir de 8 a 8:40 de la mañana. Obligar a madrugar en vacaciones en un hotel dedicado al ocio es un gran error. Finalmente, para la cena, había poca variedad: el buffet del hotel y un restaurante de comida italiana de gama media. El resto de restaurantes de los parques estaban cerrados. De nuevo, una de las asignaturas pendientes del complejo es diversificar y mejorar su oferta gastronómica. Quizá con la entrada de la nueva zona temática de Hard Rock Café esto cambie.

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En definitiva, Tarragona como ciudad, y sus alrededores, bien merece una visita de varios días. Con sus parajes naturales únicos, su excelente gastronomía, sus restos arqueológicos y patrimonio medieval, y con su oferta de ocio, no decepcionará a nadie. Yo lo tengo clarísimo: volveré para seguir descubriendo la zona.