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dimarts, 2 de juny del 2026

San Marino

La república más antigua del mundo

San Marino es la república más antigua del mundo y un destino de gran belleza. De hecho, tanto su monte Titano como el centro histórico de la ciudad capital fueron reconocidos patrimonio de la humanidad por la UNESCO, aunque cuenta con ocho municipios más, siendo el más grande Dogana. Este microestado es un testimonio de la continuidad de una república libre desde la Edad Media con fortificaciones, torres, murallas, puertas y bastiones, así como una basílica neoclásica del siglo XIX, conventos de los siglos XIV y XVI, el Palazzo Publico del siglo XIX y el Teatro Titano, del siglo XVIII. Su centro histórico sigue habitado y los edificios protegidos preservan todas sus funciones institucionales.

San Marino nació en el año 301 cuando el cantero dálmata cristiano Marino de Rab huye de las persecuciones romanas y se refugia en el monte Titano. Allí fundó una pequeña comunidad cristiana independiente y de esa célula religiosa salió una comunidad política que aquí sigue 1600 años después. En 1243 San Marino empezó a tener dos jefes de Estado que cambian cada seis meses: los Capitani Reggenti, una rotación radical de poder que evitar por todos los medios la acumulación de poder. Como solo tienen 35,000 habitantes, y cada año cuatro personas son jefes de Estado, no es difícil para un sanmarinense presidir su país.

Aproveché mi visita a Rávena para hacer una excursión de un día en coche y visitar un nuevo país y un nuevo patrimonio de la humanidad. Por lo que tan pronto me adentré en el país, dejé el coche en el llamado parking 11 y cogí el teleférico que me subió a lo alto del monte Titano para descubrir su bella capital y los increíbles paisajes desde arriba. Tuve mala suerte que el tiempo era frío y lluvioso: pero en febrero y por tanto tampoco esperaba un tiempo mejor.

Recorrido básico por San Marino

Una de las primeras cosas que hacen todos los turistas es dirigirse a la Oficina de Información Turística del país y pedir que les estampen el visado turístico en su pasaporte por cinco euros. Es innecesario pero es un recuerdo al fin y al cabo. Además, en la oficina de correos de al lado venden monedas de euro acuñadas con motivos del país (y de curso legal) que se pueden comprar, así como sellos de diferentes tipos. Es buena idea también enviar postales desde un país tan curioso que cuenta con sus propios sellos. Si os interesa la numismática y la filatelia, el Museo de la Moneda y el Sello anexo a la Oficina de Turismo muestra doscientos años de historia de este país a través, precisamente, de sus monedas y sellos. Las callejuelas de la capital son preciosas aunque me sobresaltó un poco ver las vitrinas de algunas tiendas llenas de armas de fuego y grandes dagas, de venta mucho más sencilla aquí que en Italia.

Si solo podéis entrar a un monumento, recomiendo la primera torre, o Torre Guaita, del siglo XI, donde también hay una fortaleza y capilla y las vistas son sublimes. Si tenéis más tiempo, dad un paseo por el bonito parque hasta la segunda torre, la Cesta, más alta que la Guaita. Personalmente me hubiera gustado entrar al Palacio Público, en la plaza de la Libertad, sede de dos de los tres poderes del país: el Gran y General Consejo (legislativo) y los dos Capitanes Generales (ejecutivo, aunque luego los ministerios están en otros edificios). Pero no pude visitarlo porque había una acreditación de un embajador, al que vi llegar en uno de los pocos coches oficiales del país: un Audi negro con la banderita sanmarinense ondeando en el capó. Si vais en verano, se puede ver el cambio de guardia.

Otra atracción es el Museo estatal donde a través de artefactos históricos entender la historia de la república. O la galería nacional de San Marino al que le guste la escultura y pintura del siglo XX. Pude dedicar un rato a la basílica de San Marino, sin ningún aspecto particular ya que se hizo en el siglo XIX de estilo neoclásico, encima de una iglesia románica. Interesante para entender mejor la figura de este santo y fundador del país, y los que crean, venerar la estatua de San Marino.

La torta Tre Monti

No dejéis el país sin probar y comprar su dulce más típico: las tortas Tre Monti, un auténtico símbolo patrio comestible. Es una tarta crujiente y deliciosa que entusiasma a cualquiera que ame la combinación de chocolate y frutos secos. Consta de cinco capas de oblea circular muy fina, ligera y crujiente con un relleno entre capa y capa de crema de cacao y avellanas tostadas intensamente aromática. El toque final es su borde, que se corona con un denso glaseado de chocolate negro fundido. Al morderla, la textura es muy crujiente y el sabor recuerda a un barquillo artesanal de alta gama o a un bombón Ferrero Rocher gigante. Su nombre hace referencia directa a las Tres Torres de San Marino (Guaita, Cesta y Montale), las fortalezas medievales situadas sobre las tres cumbres del Monte Titano que aparecen en el escudo de armas del país.

Aunque se lleva haciendo de forma artesanal en las casas de la región desde el siglo XIX, su producción comercial comenzó formalmente en 1942 gracias a la histórica empresa familiar La Serenissima, donde os recomiendo comprarlas en su fábrica y tienda en Domagnano.

El resto de su gastronomía es muy similar al resto de la región italiana de Emilia-Romagna que lo rodea: tagliatelle al ragú, cappelletti in brodo o coniglio in porchetta.

IMPRESCINDIBLES

Comer

Torta Tre Monti de La Serenissima.


Escuchar

Libertas (Himno de San Marino).


Comprar

Sellos de correos y monedas de Euro de San Marino en el Ufficio Filatelico e Numismatico.


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