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dissabte, 1 de juny del 2013

Estambul - Sultanahmet


Una ciudad de ensueño

Napoleón Bonaparte dijo que si el mundo fuera un sólo Estado, Estambul sería su capital. En mi opinión de viajero, Estambul es una de las ciudades más agradables de las que he conocido. Fascina que, a pesar de contar con más de once millones de habitantes, Estambul permite andar por casi todos sus barrios, ya que el tamaño de sus calles suele ser pequeño. Su situación entre Asia y Europa le da un encanto especial por la mezcla de culturas, actitudes y arquitectura que la hace única. Los cientos de minaretes que esculpen su horizonte y las grandes masas de agua que la atraviesan acaban de darle esa magia única.

Mi primera vez en la antigua Constantinopla fue por motivos de trabajo. La empresa para la que empezaba a trabajar me alojó en un hotel situado en el corazón de Sultanahmet, el barrio más histórico de la ciudad. Aquí se encuentran a tiro de piedra la mayoría de principales monumentos de la ciudad, empezando por Hagia Sophia, que la tenía justo enfrente del hotel.


Basílica, mezquita y museo

Hagia Sophía o Aya Sofya, la iglesia del Sagrado Conocimiento, fue originalmente la mayor basílica de la cristiandad. Su construcción fue por orden del emperador Justiniano, tras el destrozo de las dos basílicas anteriores a manos de diferentes revueltas. El aquella época, el siglo VI, Estambul era Constantinopla, la capital del Imperio Romano en aquel entonces. Tras la conquista de la ciudad por parte de los otomanos, la basílica fue convertida en mezquita, siendo tapadas la mayoría de imágenes de estilo bizantino que la adornaban. La nueva mezquita se completó con la construcción de cuatro minaretes que dieron aún más esplendor al conjunto.

Con la revolución republicana de Mustafá Kemal Atatürk, la nueva república de Turquía que nacía tras la Primera Guerra Mundial inició un proceso de modernización y secularización que llevó, entre otras cosas, a que Hagia Sophia perdiera cualquier significado religioso y pasara a ser un museo. De esta manera, los restauradores pudieron sacar a la luz varios mosaicos cristianos que habían permanecido ocultos durante siglos. Esta agitada historia resultó en un edificio que mezcla elementos cristianos y musulmanes de forma impresionante combinados en sus espacios gigantescos con gran armonía arquitectónica. Aya Sofía impacta: la imagen de una Virgen con el Niño, por ejemplo, está escoltada por dos grandes medallones con frases del Corán en árabe antiguo. Durante su época como mezquita, todas las imágenes se taparon, ya que el Islam prohíbe la representación de animales o personas. Sólo se salvaron cuatro grandes imágenes bajo la cúpula principal, dedicadas a los ángeles. Gracias a una interpretación flexible del Islam, los ángeles pueden ser excluidos tanto del género persona como del animal, por lo que se permitió mantenerlos visibles en la mezquita.

Al salir, aún fascinado por tanta belleza, vi como empezaban a congregarse decenas de jóvenes manifestantes que pedían que Aya Sofya volviera a ser mezquita de nuevo. La cosa es que me había entrado hambre así que me dirigí a un restaurante cercano, el Buhara Kebab House, el mejor restaurante de Estambul según TripAdvisor. Allí pude degustar un delicioso sis kebap (brochetas de cordero) que venían acompañadas de varios entrantes. De poste, té turco y baklava, cortesía de la casa, algo muy habitual.


El Hotel Ottoman Imperial

Aquella primera vez me alojé una semana en el Ottoman Hotel Imperial, cuyo edificio se construyó a mediados del XIX para ser una “madrasa”, es decir, una escuela islámica. A mediados del siglo XX cayó en el abandono hasta 2005, cuando se reformó y pasó a ser un hotel histórico de lujo. Su restaurante, Matbah, es conocido por servir platos cocinados según las recetas que se conservan de la época de los sultanes, con especial preferencia por aquellas preferidas por Mehmet II.

Las habitaciones cuentan con todo lo necesario para una estancia estupenda en la ciudad, aunque lo mejor es su desayuno: todas las mañanas sirven todo aquello que implica un perfecto desayuno turco, incluyendo una variedad de olivas o el gran panel de cera y miel del que podremos tomar un pedazo y disfrutarlo con alguna de las delicias turcas que se ofrecen. Las estupendas vistas desde el salón donde se sirve el desayuno incluyen los minaretes de la Mezquita Azul, la cúpula de Hagia Sophia o las aguas del Cuerno de Oro.

Hipódromo, cisternas y la gran Mezquita Azul

Aquella tarde me dirigí al Hipódromo, ampliado por Constantino I en el año 325. Actualmente se encuentra a cinco metros bajo el suelo y sólo se pueden ver la "spina" (la barrera central que separaba el circuito) así como los dos obeliscos traídos de Egipto y la columna serpentina de metal.

Seguí el tour por la Mezquita Azul, que está enfrente. Esta es la única mezquita originalmente construida con seis minaretes en el mundo. Rezuma belleza y armonía en el exterior, con su gran cúpula y sus cupulitas. Atravesé su gigantesco claustro de acceso para admirar los interiores de la mezquita, decorados con diversos diseños gráficos en cerámica muy bonitos. Para entrar hay que quitarse los zapatos y ser respetuoso, especialmente si los fieles se encuentran en mitad de uno de los rezos.

Después visité las cisternas de la basílica, al lado de Hagia Sophia, que también fueron ordenadas construir por Justiniano para proveer de agua a la ciudad. El gigantesco techo se sostiene por más de 300 columnas de 9 metros de alto cada una. La serenidad que reina en el lugar, junto con la tranquilidad que da ver el agua almacenada y los silenciosos peces nadando se rompe por el gran número de turistas que abarrotan las pasarelas. Casi al final, podréis ver que dos pies de columnas son substituidos por la cabeza de Medusa, situada al revés. Según se dice la pusieron ahí para proteger las cisternas del mal. La leyenda dice que la Medusa transforma en piedra a todo aquel que la mire.

Tras tanta cultura, me decidí por dar un paseo a lo largo de la popular calle Ankara hasta llegar al puente Galata, lleno de familias y jóvenes paseando, abuelitos pescando o gente vendiendo zumos recién hechos de naranja y granada. En la otra entrada que tengo de Estambul os contaré mis visitas a la famosa y turística zona de Taksim, que se encuentra al otro lado del Cuerno de Oro.

Más mezquitas, pide y un gran hamam

Al otro día, con algo de tiempo libre, nos fuimos a explorar otra parte de Sultanamhet. Empezamos por la mezquita de Shezade, bella aunque algo más pequeña, construida originalmente para albergar el mausoleo de Suleimán el Magnífico pero que acabó siendo dedicada a uno de sus hijos, Shezade, muerto muy joven, cuyo mausoleo se encuentra en el jardín, junto el de diversos visires y altos cargos de la administración imperial de Suleimán. Pasamos cerca de los acueductos y del Gran Bazar, que ya estaba cerrado. Paseamos alrededor del barrio de Vefa, muy pobre pero con encanto. Cuando ya estaba anocheciendo, llegamos a la mezquita de Suleimán el Magnífico, una de las más bellas de la ciudad. Tras probar nuevas técnicas en la mezquita de Shezade, los arquitectos imperiales se dieron cuenta que podían hacer una cúpula aún más grande, que fue lo que hicieron en esta mezquita. Situada en la tercera colina, la mezquita de Suleimán domina el paisaje del Cuerno de Oro con su turbadora armonía arquitectónica exterior. Su interior en mármol es también bello, por la simpleza que destila. Las vistas desde la terraza de esta mezquita, con las cupulitas del Gran Bazar y la torre Gálata son preciosas. En el jardín trasero se encuentra la tumba del Sultán Suleimán, uno de los más importantes de la historia del Imperio Otomano, ya que durante su reinado se dobló el tamaño del imperio.

Algo hambrientos nos tomamos un par de pides (pizzas turcas) en la popular plaza de Beyazit y de ahí nos dirigimos a una de las experiencias más genuinas que se pueden tener en Estambul: visitar uno de los famosos hamam o baños turcos. Uno de los más antiguos de la ciudad es el Cemberlitas Hamami, al lado del Gran Bazar, en la calle Divanyolu. Fue diseñado por Mimar Sinan en 1584 por orden de Nurbanu Sultan, la esposa del Sultán Murad III con el fin de poder obtener fondos para financiar una mezquita cercana. Debido a su historia y sus asequibles precios para ser un hamam histórico,  decidimos meternos y conocer esta tradición heredada de los tiempos de los romanos.

Lo primero que se hace en un hamam es cambiarse en una de las salitas y ponerse una toalla de tela y las chanclas. La primera sala es de madera y está dedicada tanto a las salas de cambio (planta superior) como a un pequeño bar de zumos naturales de granada y naranja (planta inferior). Aquí se entra a los históricos baños, que se conservan tal y como se hicieron, empezando por la sala principal, el conocido como cuarto caliente, bellamente decorado con una enorme cúpula central y diversas cúpulas más pequeñas a los lados. Nos tumbamos en la gran zona central, de mármol, muy caliente. Tras sudar un rato en el húmedo ambiente, llegó uno de los trabajadores del hamam (hombres con hombres y mujeres con mujeres, de hecho la mayoría de hamams son separados) y con el guante que nos dieron en recepción empezó a frotarnos de forma contundente para exfoliar nuestra piel.

Tras esto, nos situamos en una de las bellas fuentes que hay alrededor de la gran sala para retirarnos el jabón y sudor con agua fría mediante unos recipientes metálicos muy bonitos. Luego pasamos a la sala donde tuvimos un masaje de casi una hora con aceite. Sólo lo recomiendo para los que resistáis porque puede ser bastante doloroso. Tras el masaje nos dimos una ducha para retirarnos el aceite y volvimos a la sala caliente para tumbarnos otra vez en la elevada zona central de mármol y relajarnos. Finalmente volvimos a las fuentecitas para tirarnos agua fría y retirarnos el sudor. Fuera de la sala nos cambiamos a toallas secas y nos vestimos en nuestra salita. Una experiencia curiosa pero que encuentro excesivamente cara. Lo mejor es la experiencia de estar relajado en la gran sala caliente, rodeado de los diferentes sonidos del agua y las fuentes y disfrutando de la bella e impresionante arquitectura que os trasladará a la época imperial cuando los sultanes reinaban desde Estambul sobre el inmenso Imperio Otomano.

Perdido en los bazares

Como estábamos muertos de sueño después de la experiencia, nos fuimos a dormir. Mi última tarde en Estambul la pasé visitando los diversos mercados, empezando por el Gran Bazar. Este es el mercado cubierto más antiguo y de los más grandes del mundo. Es divertido perderse por sus pasillos porque tarde o temprano te vuelves a situar, a pesar de sus más de 18 puertas y sus 65 calles. Sus techos, bellamente decorados, son casi siempre iguales. Y en las más de 4000 tiendas se encuentra desde ropa y zapatos a souvenirs, joyas o comida. Pero la verdad es que me gustó mucho más el bazar egipcio, también conocido como mercado de las especias, donde estas se venden a granel junto con hierbas, tés, frutas desecadas, aceites, esencias y delicias turcas de todo tipo. Ambos mercados fueron construidos en el siglo XVI y son todo un festival para los sentidos. También hay un pequeño bazar de los libros. Lo más curioso es que las calles que hay entre estos bazares también están llenas de comercios que abarrotan los bajos de los edificios generando un curioso aunque a veces estresante bullicio.

Por último, di un paseo por el elegante pero decandente barrio de Eminonu y recorrí el parque Gulhane, precioso, a los pies del famoso palacio de Topkapi que visité en mi segunda estancia en Estambul.

Topkapi 

Mi segunda vez en Estambul vine invitado por una amiga turca, que me alojó en su bonito loft de Rumeli Hisari, uno de los barrios más cotizados de la ciudad, con elegantes apartamentos y mansiones a lo largo del Bósforo. Desde las enormes cristaleras de su salón se veían enormes barcos de carga pasar por uno de los puntos estratégicos más importantes del planeta. Os hablaré más de esta zona de Estambul en mi otro post dedicado a la ciudad.

Esta segunda vez no iba a dejar pasar la oportunidad de visitar Topkapi, así que la mitad del primer día lo dedicamos a explorar los diferentes patios, pasillos y estancias que forman el antiguo palacio de los sultanes del extinto Imperio Otomano. Durante cuatrocientos años, 25 sultanes se sucedieron en el poder, residiendo aquí su gigantesca corte y administración central. Las entradas a los diferentes lugares son caras en conjunto, así que lo mejor es comprar el pase de tres días que da acceso a otros monumentos y museos de la ciudad, para ahorrar. La visita empieza por la puerta imperial, que dan acceso a un gran jardín. El edificio más llamativo de esta primera parte, semi-pública, es la iglesia de Hagia Irene, o la Santa Paz, la segunda iglesia más grande de la ciudad tras Santa Sofía. Actualmente desacralizada, sirve como espacio para conciertos, aunque aún se mantiene una gigantesca cruz en los mosaicos del altar así como inscripciones bíblicas en griego. Esta enorme iglesia formaba el conjunto del enorme santuario construido por el Emperador Constantino I, dedicado a los tres atributos de Dios: Sabiduría (Santa Sofía), Paz (Santa Irene) y Poder (Santa Dynamis). Durante el tiempo de los otomanos sirvió como almacén de armas y posterior Museo Militar. A pesar de que sus frescos y mosaicos ya han desaparecido (excepto el del altar), su magnificencia aún se aprecia bien. Por fuera Hagia Irene es como una Santa Sofía algo más pequeña. Seguimos hacia la segunda gran puerta de Topkapi, la de la acogida, con sus torres octogonales que dan acceso al patio de ceremonias, donde se efectuaban los actos más importantes del protocolo imperial. Al lado derecho están las cocinas, donde hoy en día se exhiben varias de las vajillas que se usaron en palacio. Al lado izquierdo se encuentra el bello edificio del Consejo Imperial, hecho casi todo de mármol, con decoraciones en pan de oro que refulgen. A un lado, el Consejo de Gobierno tomaba decisiones ejecutivas tras las oportunas deliberaciones. El sultán no podía estar presente pero tenía una ventana enrejada en la parte superior desde la cual podía escuchar, en secreto, las deliberaciones del Consejo. La sala de al lado es donde se sentaba el Consejo Consultivo, del que formaban parte expertos de diferentes materias venidos de diferentes provincias del Imperio y con diferentes religiones, a los que el Consejo Imperial preguntaba sobre cuestiones que afectaban a sus materias o a sus provincias, para asegurarse que siempre se tomaba la mejor decisión. Este gran edificio está coronado por la torre de la Justicia, punto más alto del palacio de Topkapi. En uno de los anexos hay una sala dedicada a exponer parte de la enorme colección de relojes, sobretodo europeos, con la que contaba el palacio.

Por uno de los lados accedimos a unas escaleras que desembocan en el edificio reservado a la Guardia Imperial, con sus dormitorios comunes, el hamam del que disponían así como la sala de descanso o incluso su propia mezquita. Seguimos la visita atravesando la tercera puerta: la de la felicidad, que da acceso al núcleo del palacio, y por ende del Imperio Otomano: el salón de audiencias o peticiones. El Sultán, sentado en su enorme y confortable trono (casi diría una doble cama King) recibía a embajadores extranjeros, escuchaba las sugerencias y peticiones del Consejo Imperial o se nombraba a generales como jefes de una determinada campaña militar. Por este patio también se accedía al laberíntico harén, zona privada donde vivían las mujeres, niños y los eunucos, criados castrados para evitar tentaciones. El único hombre adulto autorizado a entrar aquí era el propio Sultán, y aquí vivían sus esposas, madre, abuela, tías, hermanas y criadas. En esta pequeña ciudadela había de todo: una bella mezquita, dormitorios, cocinas, hamams, apartamentos privados para la familia directa del Sultán... hasta una piscina. Me encantaron los bellísimos comedores, con fuentes para refrescar el ambiente en verano y grandes chimeneas para el invierno, así como la elegante habitación del Sultán. Pero las salas más especiales son la de la biblioteca y la de estudios, donde los niños se educaban durante años con los mejores profesores del Imperio. Finalmente, el salón del trono deslumbra por su decoración que fusiona lo mejor de las tradiciones decorativas árabe, otomana, francesa, italiana y holandesa del siglo XVIII.

El cuarto patio, con tulipanes en mitad del jardín (símbolo del Imperio Otomano), cuenta con la farmacia, el gabinete médico, el vestidor y otros diversos edificios. Me faltaron por ver numerosas salas de Topkapi, pero teníamos sueño y hambre, así que decidimos parar y dirigirnos al restaurante Konyali, situado a los pies de una de sus murallas, con estratégicas vistas a las tres masas de agua que tocan Estambul: el mar de Mármara, el Cuerno de Oro y el Bósforo. Nos refugiamos del frío con esas maravillosas vistas mientras comíamos nuestra sopa de lentejas, nuestro plato de kofta y todo regado por el sorbete favorito de los sultanes: jengibre, remolacha, zanahoria, limón y perejil.

Toda la zona de Sultanahmet y este lado del Cuerno de Oro es sin duda la más importante de la ciudad desde un punto de vista turístico. Pero Estambul es muchísimo más al otro lado de esa masa de agua. Os cuento mis visitas a esas partes de la ciudad en mi siguiente post.

diumenge, 26 de maig del 2013

De fiesta en... Manila.

Con sus 12 millones de habitantes, Metro Manila cuenta con un panorma nocturno bastante regular.

Sin duda, el vergonzoso hecho de que un número demasiado alto de estos habitantes vivan en la pobreza frena cualquier tipo de desarrollo económico, y por supuesto, algo tan secundario como el clubbing se ve tremendamente afectado. Además del gigantesco número de habitantes en situación de exclusión socioeconómica, la creciente clase media cobra salarios irrisorios (entre 150 y 300 euros al mes) que impiden tomarse apenas alguna alegría de vez en cuando. 

Si a esto sumamos el bajísimo número de turistas que visitan la ciudad (a diferencia de las muy concurridas islas) pues tendremos como resultado un panorama de fiesta bastante limitado para una metrópolis de semejante tamaño y con población tan joven y fiestera. 

Dicho esto, he de decir que el panorama nocturno de Manila mejora a pasos agigantados y cada vez es más fácil encontrar locales con fiesta garantizada y de calidad cualquier dia de la semana. Esta entrada pretende dar una visión general y muy personal de la noche de Metro Manila para que todo aquel que visite la capital filipina o viva en ella, pueda tener una guía básica de donde bailar y beber durante las noches manileñas. Por supuesto, todo se basa en mi propia experiencia personal.

Una zona de fiesta muy de moda actualmente es el conocido como "The Fort", oficialmente Bonifacio Global City, un nuevo barrio ultramoderno, limpio y amplio de rascacielos acristalados. Lounges de primer nivel permiten empezar la noche para luego acabarla en un club de estándares internacionales. Respecto a los lounges, el más recomendable es Skye W - Lounge Bar en el terrado de un edificio de media altura, desde el que disfrutar de las vistas de los rascacielos de The Fort. Grandes aspas giran haciendo correr ligeramente el aire mientras potentísimos focos envían varios haces de luz al cielo. La música más del momento se combina con la chill out remezclada. El público, mayoritariamente de pie y alrededor de mesitas, bebe y charla en grupos y apenas baila. Está frecuentado por mucha gente guapa, joven y profesional con gran presencia de occidentales.  

Tras las copas en Skye, una caminata o un cortísimo trayecto en taxi sin salir de The Fort nos dejará en Prive - Luxury Clubbing, una discoteca mediana tirando a pequeña que siempre se llena los sábados, aunque abra desde el martes. Buen lugar para bailar, aunque demasiados asistentes se empeñen en hablar a pesar del altísimo volumen de la música. Es cierto que el DJ suele pinchar buena música club y del momento. Aun así, se abusa demasiado del Hip Hop y del R&B, en mi opinión. Para saber más sobre este club, os recomiendo mi entrada en THE PINOY LIFE (mi otro blog) pinchando aquí.

Aunque ya tiene casi tres años, Prive sigue siendo uno de los clubes de referencia en Metro Manila cualquier dia de la semana. Últimamente he tenido la ocasión de ir un martes (fiesta de Weekday Warriors) que estuvo bien pero tranquial y con público mayoritariamente filipino. Además, los jueves es ahora la Model´s Night, que se llena de gente y con gran presencia de occidentales así como de locales dedicados a modelar o al mundo de la moda, como fotógrafos, periodistas o diseñadores. Además, los jueves por la noche la gente baila muchísimo y se forman buenas fiestas. Los jueves es común toparse con algún famosillo que rápidamente subirá al VIP. Una de las veces que fui estaba allí Vice Ganda, el famoso presentador de It´s showtime. En definitiva, Prive es el lugar de referencia aún en la noche de Metro Manila, sobretodo de jueves a sábado, y cualquier acercamiento a la noche de la ciudad no puede dejar fuera en ningún caso a este local.

Al lado de Prive están surgiendo otros locales, como por ejemplo el genial Imperial, un local de techos altísimos y forma cuadrada donde, a pesar de que la música es variada, se abusa a mi gusto del hip hop y el rap. En consecuencia, el público asistente vestirá con ropas anchas y gorras. Muchísimos expatriados africanos y afroamericanos convierten este local en su centro de diversiones. Sin embargo, la fiesta es buena, suele estar lleno y además tiene un pequeño secreto que vale la pena visitar: el Imperial Ice Bar, un bar complemente de hielo donde hace un frío que pela, en concreto cinco grados bajo cero, en contraste gran con la cálida y húmeda calle. Aparentemente había que pagar pero las dos veces que estuve entré totalmente gratis. Antes de entrar os pondrán un grueso abrigo blanco con capucha. La verdad es que hace tanto frío que uno no aguanta más de diez minutos dentro. Hay sofás, mesas, la barra, estatuas... todo esculpido en hielo. Incluso los vasos para los chupitos están hechos de hielo. Vale la pena tomarse un chupito de vodka Imperial con mango, piña o lichi en un entorno helado. No olvidéis tomaros una foto.

Sin salir de The Fort, otro de los clubs que está en pleno apogeo, especialmente los sábados, es Hyve. Con una decoración en el techo ultramoderna, aunque menos espectacular en tamaño que Prive, Hyve bulle el fin de semana con público mezclado, tanto local como internacional entre el que se cuentan bastantes modelos. Con la música de más actualidad remezclada por DJs, muchas veces invitados que llegan desde fuera del país, Hyve ofrece una fiesta buena asegurada. La zona VIP, detrás de la cabina del DJ, es amplia y perfecta para observar la pista sin ser observado, ya que las potentes luces no dejan ver bien al que está arriba.

Otro club con buena música en the Fort es 7TH High. Modernísimo aunque algo pequeño. La pista de baile está rodeada de pantallas planas y un gran damero con luces cuadradas de todos colores recubre una amplia zona del techo, justo encima de la pista de baile. Suele estar frecuentado por jóvenes de todas nacionalidades, pero por debajo de los 25 años en muchos casos. Muchas de estas jovencitas suelen subirse al podium frente al DJ y bailar borrachas dando a veces un espectáculo algo bochornoso. Demasiado adolescente junto.


En Makati, ciudad más rica y occidentalizada de Filipinas, encontramos también interesantes lugares en los que pasar las cálidas noches de Metro Manila.

Uno de los núcleos de la fiesta en esta ciudad es el lujoso y tropical centro comercial Greenbelt. Numerosos bares permiten empezar aquí una larga noche de fiesta. Uno de los clásicos es Dillinger's 1903, pub al estilo irlandés modernizado donde tomar unas copas y charlar. Incluso tiene una zona VIP, con copas más caras, en la que podremos bailar algo. Para acceder aquí se hace a traves de la salida de emergencia. No hay ninguna indicación. Además, deberemos asegurarnos estar en lista una vez crucemos al pasillo secreto. La sala se llama Prohibition y es de las más elegantes y tranquilas de la ciudad, sin aglomeraciones y con buena música. Sin embargo, como dije, los precios son altos. El público es obviamente occidental o filipinos de clase media-alta. Últimamente está muy de moda.

Otros de los locales siempre llenos en este centro comercial es Café Havana, con su gran terraza donde ver a la gente pasar, tomarse un mojito y disfrutar de las canciones de música latina que suenan. Tal vez el mayor inconveniente sea que el público mayoritario sea gente mayor. Y me refiero a gente de más de 60 años. Además, abundan las prostitutas. Pero las tapas son buenas y es el mejor lugar en la ciudad para bailar salsa.

Para darse la fiesta en toda regla en Makati tendremos que entrar a Palladium, al lado de Greenbelt. Esta discoteca de estilo macro local ibicenco en pequeño y asociada a Amnesia Ibiza, cuenta con una pista en el piso -1 en la que empezar tomando algo, bailar y charlar, y con una espacio mucho más amplio y alto en en -2, con podium y muchas luces y pantallas por todo lado. Es una de las discotecas dónde más baila el público de todo Metro Manila. Fiestón en toda regla, con público algo más vulgar que en el resto de discotecas de la ciudad. Suelen frecuentarlo prostitutas de vez en cuando, al igual que pasa en Café Havana.

Ya fuera de la zona de Greenbelt encontramos otros locales divertidos en Makati. Uno de mis favoritos es Distillery, en Jupiter Street, muy pequeño pero muy divertido, con alguna gente bailando y siempre dispuesta a hablar. Además, cuenta con una zona acristalada donde encontrar todo tipo de alcohol y de todo el mundo. Desde vinos riojanos o sudafricanos a tequilas mexicanos exclusivos, rones de Nicaragua o incluso de Cuba (el famoso Havana Club) hasta licores de sabores tan poco comunes como el de rosa.

Algo más alejado del centro de Makati, cerca de la zona de la calle Padre Burgos, está el barrio rojo de la ciudad. Numerosos bares con espectáculos de prostitutas abundan en el barrio, así como otros bares de tipo más deportivo donde se emiten diversas competiciones (fútbol, Fórmula1, motos, baloncesto...). Más allá de estos locales, hay un lugar muy cerca donde poder seguir la fiesta hasta altas horas de la noche: Time. Situado en la avenida Makati, Time es un pequeño pero gran club para todos los que busquen algo de música house underground y también dance. Se siente realmente un ambiente "under" gracias al sistema de luces, a sus buenos DJ y a la estructura del lugar. Tiene tres pisos: el primero es donde está la pista de baile con la cabina principal del DJ y una barra. El segundo piso es un balcón alrededor de la pista de baile con una lounge y otra barra. Finalmente, el último piso tiene una terraza exterior con su propio bar y DJ. El público suele ser una mezcla de occidentales y filipinos modernos, con chicos y chicas por igual. Normalmente se llena a eso de las tres de la mañana.
Al lado de Time se encuentra Chihuahua, un local de música, comida y bebidas mexicanas.

Otro local estupendo, más por su público que por el local en sí, es Bond Urban Pub, conocido por sus míticas noches de modelos. Todos los martes se celebra esta noche aquí, herencia de la antigua noche que organizaba Tabu, antiguo nombre del local. Situado en mitad de Legaspi Village, Bond ofrece buenas fiestas martes, jueves y viernes, pero destaca la de los martes porque se convierte en un meeting point de todos los y las modelos de Metro Manila, destancando la presencia de brasileños y brasileñas. Las bebidas están bastante bien de precio en general y la música del momento suele ser muy divertida. Lo mejor de acudir un martes es que la gente está en bastante predisposición de hablar por lo que animados corrillos se forman dentro y fuera del local tanto de filipinos como de extranjeros. Aparentemente está todo un poco parado por Bond desde hace unos meses y las Model´s Night de la ciudad se celebran ahora los jueves en Prive, como ya señalé. Pero hay que estar antentos al próximo renancimiento del antiguo Tabu, Bond o como le quieran renombrar esta vez.

Otra de las zonas de fiesta se encuentra cerca del aeropuerto, en uno de los complejos de ocio más completos de la ciudad. Se trata de Resort's World, donde poder asistir a musicales de Broadway en su moderno teatro, jugarse los pesos en su casino, comprar productos de lujo, comer en originales restaurantes o tomar un copa para luego bailar hasta las tantas. Nada mejor que empezar una noche en Opus, una amplísima sala de fiestas donde tomar algo y bailar al ritmo de las canciones de más rabiosa actualidad. Elegante, con gente guapa y buena música, este local cumple las expectativas para el primer tramo de la noche. Sin embargo, a medida que lleguemos a horas más de madrugada  tendremos que movernos a Republiq, la gran discoteca del complejo. Bastante grande, con reservados a ambos lados y mucha gente bailando en la pista central, esta discoteca abusa de la música R&B y Hip Hop en muchas ocasiones. Pero la fiesta está asegurada, eso sí. Sus DJ y en ocasiones percusionistas en directo lo harán posible. Si tenéis la suerte de conocer a alguien importante en el mundo de la noche de Metro Manila podréis entrar al Cabana Club, zona privada de Republiq, una especie de mini-discoteca para gente cool, frecuentada por modelos, futbolistas y gente del mundo de la televisión. La música es muy parecida a la de Republiq pero aquí evitaremos aglomeraciones.


El público homosexual, o que busque presencia de travestis o drag-queens tendrá que poner rumbo a Malate, el barrio joven de clase media-baja de la ciudad de Manila. Justo detrás del paseo de Roxas, las calles paralelas bullen con diversos locales de calidad mediocre y músicas diversas para este tipo de público. Entre todos ellos destaca BED, por ser la discoteca más grande y moderna de todas. 

En BED se suele pinchar buena música en general. Cuenta con un gran espacio central donde bailar con un breve espectáculo de drag-queens a mitad noche los sábados. Muy animada es también su agradable terraza dónde poder charlar con el volumen de la música mucho más bajo. Es abrumador el público masculino que acude a BED aunque es bastante frustrante que casi nadie baile, a excepción de algún occidental perdido por ahí. BED cerró el pasado mes de abril y reabrirá en breve en la zona de Greenfield District.

Precisamente Greenfield es un destino que empieza a surgir ahora como lugar donde tomar algo e incluso bailar buena música pinchada por DJ. Este nuevo distrito de Mandaluyong cuenta con numerosos bares con terraza que se agolpan en las arboladas aceras y una pizzería se transforma varias noches (especialmente los fines de semana) en un pequeño club (una especie de mini Privé) con parecida decoración y DJ. Se trata de UNO Lounge con público bastante ecléctico, predominando filipino pero también grupos de occidentales residentes en el barrio. Suele frecuentarlo un público gay de vez en cuando debido a su política friendly, aunque también es zona de modernos de todo pelaje. Cuenta con una zona superior con mesas y con una inferior con donde está la barra, el DJ y la pista de baile con luces. Su música es de las mejores de la ciudad. De hecho, suelen traer a DJs de todo el mundo, especialmente los sábados, ya sean de Singapur, Brasil o Europa. Los precios son muy asequibles y si nos entra hambre mientras bailamos, las pizzas son muy baratas, buenas y recién horneadas. Además, el público suele ser simpático por lo que podremos hablar y conocer a gente nueva.

Ortigas es otra de las zonas en las que están surgiendo algunos locales. Debido a su gran presencia de oficinas de diversas empresas, muchos de sus jóvenes trabajadores deciden vivir por aquí o quedarse de fiesta tras salir del trabajo. De hecho, otra de las mecas de los bares gay de Manila está aquí mismo, en Ortigas. Se trata de O Bar, un moderno y amplio local de música electrónica de público 99% masculino y gay, especialmente los sábados por la noche. Suele estar siempre lleno y los espectáculos de drag queens son especialmente valorados por los asistentes. La música es siempre de rabiosa actualidad con algunos guiños al pop, especialmente a las Spice Girls, de vez en cuando.

Por supuesto, son muchos más los locales que hay en Metro Manila para salir de noche. Además, zonas con The Fort están en constante movimiento por lo que en breve habrán muchas novedades. Conociendo un poco seguro que podremos pasar una noche de fiesta en Manila sin gastar en exceso. 

dijous, 16 de maig del 2013

Banaue & Batad

Uno de los lugares a los que siempre quise ir en Filipinas y a los que no he ido hasta ahora son las famosas terrazas de arroz de la Cordillera, en tierras Ifugao. Recordé muy bien porque siempre posponía dicha excursión.

Llegar hasta ellas es muy pesado. Para empezar hay que tomar un incómodo autobús nocturno de Manila a Banaue que tarda entre ocho y once horas (depende del tráfico). Aunque barato, la parada queda en un barrio de Manila poco accesible y además, los buses son un auténtico congelador en este país. Y la vuelta, igual. Se tienen que tomar siempre desde Sampaloc Bus Terminal, en Lacson Avenue. La única compañía que opera hasta Banaue es Ohayami. El billete cuesta 450 PHP por trayecto.

Hasta aquí lo necesario para llegar a Banaue. Una vez allí, lo más recomendable es tomar un tricycle por 100 pesos persona que nos subirá hasta los miradores de la pequeña ciudad, desde los que ver sus famosas terrazas de arroz. Estas terrazas se diferencian del resto en el sentido que sus paredes son de barro y no de piedra, como si ocurre en Batad. Es interesante que durante el camino nos encotraremos a varios abuelitos Ifugao vestidos con las ropas tradicionales de esta tribu filipina. También hay varias tiendas de recuerdos tradicionales. Aunque lo más curioso son los "bulol", pequeñas estatuas en madera con figura humana, conocidos por ser los guardianes del arroz, y que se sitúan en las esquinas de las terrazas.

Luego, lo mejor es irse a Batad, tomando algún jeepney público o al menos, si es privado, que os deje buen precio. Normalmente son 150 pesos por persona. Batad es una pequeña aldea en el interior de la Cordillera, dónde no llegan los coches y casi ni la luz. Pero allí es donde están las terrazas de arroz más impresionantes, conocidas como el "anfiteatro".Y allí es donde podremos tener una experiencia más real de aislamiento.

Con suerte os dejarán en el último punto transitable, dónde hay algunos sari-sari (tiendas que venden un poco de todo, desde fruta y patatas fritas hasta bolsitas de champú o crema dental). Desde aquí hay casi una hora caminando, bajando las montañas hasta llegar al remoto valle. Cuando menos lo esperemos aparecerá ante nosotros el gran espectáculo que los Ifugao llevan cuidando desde hace 2000 años. Las terrazas de arroz de Batad escalan montañas tan altas y empinadas que desde antiguo se las conoce por aquí como la escalera de los dioses.

En mitad de las terrazas se encuentra la pequeña aldea de Batad, con diversas cabañas tradicionales Ifugao y una pequeña iglesia de latón. Recomiendo que os quedéis en una de las colinas, para disfrutar de las vistas del valle. Especialmente recomendable es Ramon´s Guesthouse, que ofrece auténticas cabañas Ifugao en las que dormir. A estas cabañas se entra con escalerita, están hechas enteramente de madera y cuenta con los techos triangulares tan típicos.

Sin embargo, no os hagáis ilusiones: aquí no hay duchas. Sólo mangueras de agua fría (tranquilo, el clima templado ayuda) y los sanitarios dejan bastante que desear. Están limpios pero son muy pequeños y casi siempre están mojados de agua. Pero bueno, es el precio por ver esta maravilla.

Cuando nosotros llegamos justo empezó a llover. Era muy agradable estar en la cabaña mientras oíamos el agua caer, sobretodo al dormir. Marta y Arturo decidieron hacerse un masaje que les ofrecieron algunas mujeres del pueblo. Según ellos, uno de los mejores masajes que han tenido.

Para comer, en la propia posada ofrecen platos recién hechos, casi todos a base de arroz y pollo. Especialmente buenos son la tinola (pollo con chayote y otras hierbas) o el delicioso pollo cocinado en hierba de limón. También preparan una pizza casera al momento, muy rara pero que está rica. Cuando pidáis tened paciencia... suelen tardar entre media y una hora en prepararlos.

Para desayunar, no os lo penséis: el café nativo es delicioso. Este buen sabor se explica porque el mejor café siempre es el de altura. Recién hecho, servido en una cafetera gigante con un pequeño colador, este café es la excepción en el triste panorama cafetero filipino. Lo mejor es acompañarlo con unos huevos revueltos con vegetales y arroz.

Tras tomar fuerzas con este desayuno es muy recomendable hacer la caminata hasta las Tappia Waterfalls, una cascada enorme escondida entre las montañas. Calculad una hora para llegar hasta allí. Es duro porque hay que subir y bajar un par de montañas que a primera vista parecen bajitas. Además, hay que atravesar las impresionantes terrazas de arroz y pasar por la aldea de Batad. En la aldea hay algunos locales de comida y si podéis, dad un vistazo a la curiosa iglesia metálica, abierta durante las eucaristías.
Tras la caminata a través de las terrazas, el pueblo y la montaña, os toparéis una bella cascada de 30 metros que se convierte en un bravo río. Allí, podréis optar por bañaros en sus aguas fresquitas (cuidado de no acercaros a la cascada, hay gran riesgo de ahogarse). También se puede tomar el sol en su pequeña playa de piedras.

La vuelta de Batad hasta la carretera es más dura que la ida, ya que es de subida. Hacedla con tranquilidad y veréis que no es para tanto. Varios jeepneys os esperan en los sari-sari. Lo mejor es juntaos con un grupo para pagar mejores precios, ya que son muchos los que llegan a pedir hasta 2500 pesos por jeepney.

Una vez de vuelta a Banaue, lo mejor es dirigirse a lo largo de la Main Road, donde hay diversos edificios de tres o cuatro plantas que hace a la vez de hostels así como de restaurantes. Muchos cuentan con terrazas agradables desde los que ver las terrazas de arroz de Banaue, como despedida antes de tomar el bus. La comida es bastante mediocre en general.

Me gustó mucho esta escapada, aunque tal vez hubiera añadido un día más en Sagada. Si me animo a volver a hacer el eterno viaje nocturno en bus volveré. Además, quiero oír los tradicionales "hudhud", los miles cantos que los Ifugao saben de memoria y cantaban a pleno pulmón mientras hacían las labores de los arrozales. 

dimarts, 14 de maig del 2013

Singapur

Singapur, pequeña ciudad-estado en el estrecho de Malaca, es única. Pasó de ser un villorio de pescadores a un puerto libre de la Compañía de las Indias Orientales gracias a Sir Thomas Stamford Raffles a principios del XIX. Tras el drama de la II Guerra Mundial y la invasión japonesa, el Partido de Acción Socialista de Lee Kuan Yew emprendió un rápido proceso industrializador y de regulación social bajo un único partido tras la salida de Malasia del Imperio británico. Singapur fue expulsado de la federación malaya en 1965. Sin embargo, los diferentes gobiernos más o menos bajo forma de dictadura policial consiguieron llevar a Singapur al nivel de actual: un auténtico hub mundial del turismo, los servicios financieros, los medios de comunicación o la investigación biomédica.

Nada más llegar del moderno aeropuerto nos fuimos a nuestro hotel, el Holiday Inn Atrium. Cuenta con una impresionante arquitectura y lo cierto es que nos pudimos alojar aquí gracias a Arturo. Como empleado de IHG dispone de precios más que asequibles para alojarse en los hoteles de la cadena más grande del mundo. El hotel estaba a diez minutos caminando desde la parada de MRT Outram Park, por lo que allí nos bajamos llegando del aeropuerto. El hotel parecía una nave espacial gigante en su interior.

Casualmente topamos con un pequeño "horno" chino: Tiong Bahru & Snack. Como teníamos hambre, paramos a comprar algo, con tan buena suerte que resultó ser uno de los mejores lugares de Singapur para tomar "siao mae", un delicioso tipo de ravioli chino al vapor. También tenían pastel de zanahoria, bolas de batata, rollitos de verdura fritos o deliciosos "pao" al vapor. Todo recién hecho y a buen precio. Está situado en Outram Road, junto un grupo de restaurantes de comida picante, típica de la región china de Sichuan.

Paseando por los muelles del río Singapur llegamos hasta el agradable Clarke Quay, una serie de antiguos almacenes que ahora se han convertido en un moderno centro comercial donde abundan lso locales de copas, con las calles cubiertas por sombrillas gigantes de diseño. A continuación llegamos a Boat Quay, un delicioso conjunto de casitas antiguas ahora restauradas con decenas de restaurantes de todo tipo. Lo bueno de estos paseos es que el arte se encuentra por doquier, ya sea debajo de los puentes que cruzan el río o en las estatuas que jalonan los muelles. Una de las que más llama la atención es el gordo pájaro del genial Botero. Al llegar a la bahía empezamos visitando uno de los puntos calientes para el turismo: Merlion Park. Aquí está situada la famosa escultura del león con cuerpo de pez que en los sesenta se convirtió en el símbolo turístico de esta rica ciudad Estado. Singapur significa "ciudad león" en malayo. Lanzándo agua por la boca, la escultura es fotografiada miles de veces por decenas de turistas. Hay una réplica más pequeña justo detrás.

Continuamos el paseo por la bahía, sorprendiéndonos de las maravillas arquitectónicas de todo tipo que la jalonan, a la cabeza, claro está, el grandioso hotel Sands by the Bay, del impresentable de Adelson. Las tres torres sujetan un alargado jardín con piscina, convirtiendo a este conjunto en uno de los edificios más impresionantes de la arquitectura contemporánea.

Como era la hora de cenar, nos dirigimos al interior del barrio financiero o CBD para comer en Lau Pa Sat Food Market, un hawker de estilo victoriano. En este mercado decimonónico restaurado se encuentran un conjunto de casetas de comida típica de Singapur a precios populares. De hecho, estos centros son una de las joyas de Singapur. El gobierno decidió hace unas décadas acabar con la comida callejera (en su lucha por lograr la limpieza perfecta) y juntó todos los puestos que abarrotaban la ciudad en diversos centros de comida (hawkers) donde los puestos son inspeccionados habitualmente por Sanidad, y cuentan con luz y agua. Además, hay sillas y mesas para que todo el que desee probar las diferentes especialidades lo pueda hacer de forma cómoda.

En este primer hawker cené "nyonya laksa", una sopa de especias que condensa la esencia de Singapur: técnicas y especias usadas por inmigrantes del sur de la India mezclado con los usados por los llegados desde la isla china de Hainan con ingredientes de Malasia. Esta sopa picante con noodles tiene además gambas, curry y unos pasteles fritos de pescado. Es deliciosa pero pica muchísimo. Fue necesario acompañarlo de un jugo de caña de azúcar con limón recién hecho, típico también.

Tras la comida, fuimos a dar otra vuelta por la bahía y nos quedamos a ver el show de láser, música y fuego que hay enfrente del famoso hotel de las tres torres. Era hipnotizante.

Al día siguiente nos levantamos prontito y fuimos en uno de los cómodos autobuses a desayunar en Little India. La comunidad india llega al 10% fruto de la inmigración tradicional que llega desde el sur de la India hasta Singapur. Fuimos a uno de los restaurantes veganos más famosos, el Ananda Bhavan, en el 58 de Serangoon Road. Está muy limpio, la comida es fresca y deliciosa y sus precios razonables. Pedimos idli, thali, dosa y roti, diferentes platos hindús donde predomina el famoso pan sin levadura. Especialmente delicioso era el de queso fundido. Sin embargo, cometimos el error de pedir que quitaran el picante, por los que el curry y las salsas picaban muchísmo y no nos dejaron desayunar a gusto. Suerte que pedimos nectar de rosas para acompañar. Tras el picante desayuno fuimos a visitar el templo hinduista más famoso de la ciudad, el Sri Veeramakaliamman, dedicado a la diosa Kali. Era mi primera vez en uno de estos templos y me sorprendió la variedad de dioses que cuenta el panteón hindú así como el miedo que transmiten muchas de esas imágenes. Las torrecitas de colores llenas de dioses me llamaron mucho la atención, así como los rezos que hacían los monjes a cada dios, los puntos rojos que muchos llevaban en la cara o el hecho que se repartiera comida vegetariana.

De ahí continuamos hasta el barrio musulmán o Kampong Glam, donde ver la gran mezquita del sultán, con su bella cúpula dorada. Atravesamos la famosa y peatonal Arab Street curioseando sus tiendas de recuerdos, restaurantes de comida de Oriente Medio y tiendas de perfumería tradicional.

Caminando hacia el distrito colonial llegamos al impolutamente blanco Raffles Hotel, antigua residencia del gobernador inglés. Este precioso edificio rodeado de un exhuberante jardín es ahora un hotel del lujo en el que probar el famoso Singapore Sling, cóctel que fue inventado en el Long Bar de este hotel. Admiramos los antiguos edificios del ayuntamiento y el parlamento así como el campo de cricket que hay en mitad del distrito. Es preciosa también la estructura que ha creado Sir Norman Foster para el nuevo edificio del Tribunal Supremo.

Nos dirigimos hacia la Esplanada para visitar el complejo de Theatres by the Bay, un precioso conjunto donde destacan las dos gigantescas cubiertas que imitan dos durianes colosales, fruta nacional de Singapur.

De ahí continuamos hacia Chinatown, núcleo de la comunidad china, que es mayoría en la ciudad, predominantemente llegada de o con antepasados de la isla de Hainan. Paseamos por la preciosa Telok Ayer Street, con sus bellas casitas restauradas donde pudimos ver el tempo Thian Hock Keng, de estilo chino, dedicado a los pescadores. Continuamos por Maxwell Road hasta llegar al mejor hawker de la ciudad: Maxwell Road Food Center. Lleno a rebentar me decidí por un arroz con pollo al estilo Hainanés: se trata de tierno pollo al vapor acompañado de un arroz ligeramente especiado acompañado de rodajas de pepino. De postre opté por unas "natillas de chocolate" hechas enteramente de soja.

Tras la comilona nos adentramos más en Chinatown recorriendo Pagoda Street con sus miles de puestos de recuerdos y visitando el templo de la reliquia dental de Buda. Aquí, entre miles de estatuas doradas de Buda se guarda un diente del famoso profeta. Numerosas ofrendas en forma de comida abarrotan el edificio. Por último, probamos una carne muy fina, desecada y recién asada que vendían en forma de lonchas. Es muy típica de Singapur y está deliciosa. Los mejores locales están a lo largo de New Bridge Road.

Seguimos paseando hasta llegar a Gardens by the Bay, el gran complejo ajardinado creado tras las tres torres del Sands. Aquí destacan los dos invernaderos que protegen la zona de flores así como la del bosque brumoso, que contiene incluso una cascada en su interior. Su moderno diseño acristalado con pilares blancos que sujetan los cristales es bellísimo. Ya había oscurecido y por eso empezó el espectáculo diario de Garden Rhapsody, gratuito, a las 7.45 y 8.45pm, en el que los "super-árboles" se iluminan al ritmo de las diferentes músicas en un espectáculo sin igual.  Luego fuimos a dar una vuelta por Shoppes at the Sands, el moderno centro comercial frente a the Sands, lleno de tiendas de lujo, con un canal por la mitad que se puede recorrer en barca y dónde destaca la gigantesca tienda de Louis Vuitton, situada en mitad de la bahía en un moderno edificio acristalado al que se accede por una pasarela. En el paseo marítimo también destaca el bello Museo de las Ciencias, blanco y con forma de flor.

Al día siguiente decidí empezar bien temprano con un típico desayuno de Singapur. El mejor lugar dónde hacerlo es en cualquier local de la franquicia Ya Kun Kaya Toast. Aquí sirven desde hace décadas la famosa tostada kaya, rellena de un dulce singapurense típico hecho de huevos, azúcar, leche de coco y mermelada de pandan (una fruta del sudeste asiático), además de mucha mantequilla y, a veces, queso derretido. Estas tostadas se acompañan de un café dulce y unos huevos pochados. Nada más típico para empezar el día en Singapur.

Tras el desayuno fuimos hasta Sentosa Island, cruzando a pie su puente peatonal. Esta gigantesca isla fue urbanizada a más no poder y cuenta con decenas de opciones de ocio. Como ya habíamos estado en los dos parques que Universal Studios tiene en Orlando decidimos no entrar en el que hay en Singapur y optar por visitar Adventure Cove, el parque acuático de la ciudad, aprovechando el buen tiempo. Sin embargo, nos decepcionó un poco por ser muy pequeño y las atracciones poco emocionantes. Pero estuvo curioso. Cuenta con varios toboganes gigantes en los que lanzarse en lanchas de dos en dos y con un río que recorre todo el parque en el que avanzar en un flotador. Uno de los tramos está cubierto por un acuario gigante y en otro podremos admirar diversos tipo de manta-raya. Aunque la atracción más sorprendente es un recorrido en una piscina gigante de agua marina con gafas de snorkel en la que podremos admirar más de veinte tipos de peces tropicales viviendo entre rocas y arena de forma cómoda.

Un poco quemados salimos al encuentro de Sebas, que había decidido visitar el parque temático de Universal y allí había conocido a un simpático hindú que vivía en Nueva Zelanda. Decidimos comer en la Malaysian Food Street, un complejo que imita una calle con puestos callejeros de todo tipo. Me decidí a probar otro plato típico: el Kway Teow frito. Se trata de unos noodles de arroz tipo tagliatelle cocinados con salsa de soja y belachan (una pasta de gambas), zumo de tamarindo, brotes de soja, cebollino chino, gambas a la plancha y salchicha china. Todo cocinado en wok. Exquisito.

Para bajar la comida fuimos a pasear por las playas artificiales que hay en Sentosa, muy conseguidas, y de paso vimos un simulador de caída libre, que cuenta con pontentísimos ventiladores capaces de sujetar a personas en el aire. En Singapur, el que se aburre es porque quiere.

Gracias a Sebas y su facilidad para hacer amigos, pudimos conocer la maravillosa piscina del piso 57 del hotel Sands by the Bay de noche. Efectivamente, el hindú se alojaba en una de las habitaciones del famoso hotel, por lo que nos invitó a bañarnos en la grandiosa infinity pool del hotel en mitad del Skypark, único parque arbolado en un piso 57. Fue una experiencia única. Los visitantes no tienen acceso de ninguna manera a esta piscina, ya que está reserva en exclusiva a huéspedes del hotel y sus invitados.

La arquitectura interiore de estos tres edificios es maravillosa, semejante a una ópera, ya que los pasillos van situándose de forma escalonada, siguiendo la curvatura de las torres. Y en la cima, bañarse en la piscina es algo maravilloso, sobretodo disfrutando de las impresionantes vistas de los rascacielos de Singapur en plena bahía.

Finalmente, el último día fuimos a la noria gigante, el Singapore Flyer, la noria más grande del mundo. Primero te hacen pasar por una serie de salas donde se explica de forma lúdica cómo funciona una noria así como las principales características de esta noria frente a otras del mundo. Luego te suben en una de las cientos de cápsulas en las que caben hasta 35 personas y empieza el recorrido en el que podremos admirar toda Singapur de forma genial. Vale la pena si se compra en promoción, ya que el precio habitual es algo elevado.

Tras la noria subimos en un barquito que nos llevó desde Clarke Quay por todo el río Singapur y por la marina, con un vídeo explicativo de los principales hitos arquitectónicos de la ciudad así como su historia. No estuvo mal.

Para comer, ese día fui al hawker de Newton Circus, especializado en mariscos. Allí probé el Hokkien Prawn Mae frito, preparado con noodles amarillos, huevos, ajos, salsa de soja, brotes de soja, gambas y sepia. Para aderezarlo se le puede exprimir un poquito de lima por encima y los que amen el picante le podrán poner la salsa de chile que viene en un lado.

Me dispuse a pasear por la comercial Orchard Road, admirando la arquitectura de muchos de sus centros comerciales, impactante, especialmente un cristal gigante que transmite cambios de colores y que cubre un edificio entero. La tarde se estaba poniendo fea así que decidí meterme en el Museo Nacional de Singapur. A partir de las 6 de la tarde sus Living Galleries son de acceso libre, así que las curiosée, especialmente las dedicadas al cine de Singapur (con influencias malayas, chinas, estadounidenses e hindúes), a la moda y sobretodo, a la comida, gran pasión nacional.

Mi viaje acabó volviendo rápidamente al aeropuerto en el eficiente MRT. Cómo tenía mucha sed me compré de camino una bebida isotónica en lata que empecé a beber frenéticamente en el andén. Sin embargo, un grupo de hindúes me empezaron a mirar con cara rara e incluso empezaron a hacerme gestos. No sabía que querían pero rápidamente recordé que en el metro estaba prohibido comer y beber. La multa es de 500 dólares de Singapur. No en vano la llaman "la ciudad de las multas". Inmediatamente escondí la lata y les di gracias por avisar. Menudo disgusto si me llegan a multar antes de abandonar tan preciosa y agradable ciudad.

dimarts, 23 d’abril del 2013

Trip Advisor

Una de las páginas de viajeros que más está creciendo en público y en confianza actualmente es Trip Advisor. Y no por casualidad. Su modelo democrático, en el que cualquiera puede publicar una opinión sobre un hotel, restaurante o lugar, y darle nota, otorga fiabilidad. 

La publicidad, falsos reportajes y otros engaños están llenando Internet por lo que el modelo de Trip Advisor se hace más confiable y atractivo para todo viajero independiente. Un modelo dónde la puntuación, el ranking, las opiniones e incluso las fotografías salen del propio público.

Siempre que nos alojemos en un hotel, comamos en un restaurante o visitemos una atracción es muy recomendable que le demos nota y escribamos brevemente nuestra opinión en Trip Advisor. Tras un proceso de verificación, el equipo de esta web lo autorizará y publicará, para que todo futuro viajero esté más informado.

Además, los dueños de hoteles y restaurantes pueden decir que piensan acerca de las opiniones publicadas y dar su punto de vista, otorgando más información aún a los futuros visitantes y creando un diálogo abierto. 

En el tema de las fotografías, los dueños pueden publicar las fotos oficiales, mientras que los visitantes también publicamos fotos independientes, por lo que el futuro viajero puede comparar imágenes de forma veraz.

Según la puntuación final que demos a los lugares que visitemos, el restaurante u hotel se situará en una determinada posición en la ciudad o región en la que se ubica. De hecho, es muy útil antes de viajar a algún lugar, consultar el ranking de restaurantes y hoteles el Trip Advisor de dicho lugar, para elegir siempre los mejores lugares, que nunca tienen porqué ser los más caros.


Actualmente todo el que tenga un negocio en el mundo de la restauración o la hostelería no puede en ningún caso descuidar su presencia en Trip Advisor. Es clave que los dueños de estos negocios gestionen las opiniones y les den respuesta siempre, tanto si son negativas como si son positivas. En todo caso, deben ser honestos y si hay numerosas críticas negativas, ponerse manos a la obra para corregir dichos fallos.

En definitiva, Trip Advisor es una página imprescindible para todo nómada. Se trata de ofrecer vuestra sincera opinión y puntuaciones para ayudar a futuros viajeros o visitantes a tener la mejor de las experiencias posibles.

dilluns, 22 d’abril del 2013

Día de la Tierra 2013

Hoy, cómo todo 22 de abril, es el Día de la Tierra. Esta celebración la promovió el senador estadounidense Gaylord Nelson, para crear conciencia del problema de superpoblación del planeta, de la excesiva contaminación y la necesidad de conservar la biodiversidad. El senador Nelson organizó a cientos de universidades, escuelas y comunidades de todo tipo para manifestarse en Washington a favor de la creación de una agencia ambiental. La presión social tuvo éxito y el gobierno de los Estados Unidos creó en los setenta la EPA o "Environmental Protection Agency", la Agencia de Protección Medioambiental.

Ahora que vivo en Manila soy más consciente que nunca de los riesgos a los que lleva el crecimiento insostenible: ciudades inhumanas donde respirar es tragar humo tóxico, dónde todo es gris y dónde la naturaleza es anecdótica. Miles de personas se agolpan en insuficientes transportes públicos y centros comerciales, que por cierto consumen cantidades ingentes de energía sólo para mantenerse refrigerados.

Por eso, es necesario crear conciencia ambiental, y seguir recordando pequeños gestos que si todos vamos asumiendo podemos contribuir a grandes cambios, como llevar siempre bolsas de tela para evitar las criminales bolsas de plástico, reducir nuestro consumo de envases innecesarios o controlar nuestro gasto eléctrico.

Aquí os dejo una bella fotografía que tomé en el Parque Nacional de Khao Yai, la primera zona protegida de Tailandia, que tomé en mi reciente viaje al antiguo Siam. Se trata de la cascada de los elefantes, ya que por aquí suelen cruzar familias enteras de paquidermos en sus rutas en busca de comida. Yo no tuve la suerte de ver ningún elefante, pero el paisaje valió la pena.

Esta selva es además Patrimonio de la Humanidad, según la UNESCO. Y no es para menos. La variedad de flora y fauna es increíble. Se trata de una de las junglas subtropicales más grandes del continente asiático. Incluso tigres viven en estas tierras. Son lugares como este por los que vale la pena empezar una nueva era de crecimiento sostenible, en el que las sociedades humanas podamos progresar en armonía con los ciclos naturales que existen en la Tierra.

Qué paséis un buen Día de la Tierra.


dimarts, 16 d’abril del 2013

Bangkok

La primera sensación que tuve de Bangkok fue de ser una ciudad con muchos árboles. Casi todas las calles eran arboladas, lo que se agradece mucho. La capital de Tailandia es, además, una ciudad bastante limpia aunque su tráfico es siempre horrible. No obstante, numerosos puntos de la ciudad están conectados ya sea por su única y eficiente línea de metro o por sus tres rápidas líneas de Skytrain, con lo que no siempre nos veremos atrapados en los atascos eternos de sus calles y avenidas.

Llegamos en tren desde Ayutthaya a la gran estación de Hualamphong, de estilo europeo. Desde allí, llegamos en transporte público hasta la parada de Skytrain de Surasak, ya que en dicha calle se encontraba nuestro hostel: el Saphai Pae. Por cierto, uno de los mejores hostels de mi vida. Ocupa un edificio entero de cinco plantas y ofrece todo tipo de habitaciones, limpias, frescas, con camas grandes y cómodas a muy buen precio. Los baños comunes son cómodos, amplios, modernos y muy limpios. Pero lo mejor es el restaurante que hay en el interior, el Bangkok Dining, que ofrece una amplia variedad de tradicionales platos thai a precios razonables y todo de buena calidad Allí cenamos varias noches diversas delicias de la cocina tailandesa.

Una vez instalados nos fuimos a dar una vuelta por la cercana avenida Silom, uno de los núcleos de la marcha nocturna de la ciudad. La verdad es que Bangkok recuerda mucho al urbanismo de cualquier ciudad europea, con bajos comerciales y edificios de apartamentos no demasiado altos en general. Andando por esta avenida vimos desde fuera un curioso y colorido templo hindú. Nos encontramos también con el animado mercadillo nocturno de Patpong. Estas calles son famosas por ofrecer los shows que los turistas siempre buscan. En efecto, se trata de los típicos "ping-pong" shows dónde, además de ver a mujeres desnudas lanzando bolas de ping-pong desde sus vaginas, harán todo tipo de excentricidades como sacarse cuchillas realmente afiladas de su interior, sacarse pañuelos, fumar con su vagina, tocar trompetines soplándo por su vagina e incluso lanzar afilados dardos con sus vaginas que harán explotar globos que nosotros mismos sujetaremos. Todo eso mientras desfilan cientos de ellas completamente desnudas en las barras de las decenas de bares a pie de calle.

Tened cuidado con las estafas, ya que suelen haber buscadores que ofrecen entrar gratis a estos locales y cervezas a 2 o 3 dólares. Sin embargo, a nosotros nos pasó que al salir, varias chicas bloquearon la salida y el gerente nos informó que habían un coste de la entrada de 40 dólares. Obviamente, dicho coste no había sido señalado por el buscador que nos llevó hasta allí por lo que nos negamos en redondo a pagar dicha cifra. Tras varios minutos de discusión, amenazamos con llamar a la policía, con lo que todo se resolvió. Repito, tened cuidado, las estafas abundan.

El equivalente de estos espectáculos pero con hombres se encuentra en las calles cercanas de Soi Pratuchai. Además de estos espectáculos también hay varios bares de buena música en directo en estas calles. Sea como fuere, es un lugar muy curioso al que hay que ir una vez en la vida. Lo bueno es que está en un barrio central de Bangkok con mucha gente y bastante sensación de seguridad.

Al día siguiente nos levantamos temprano. Queríamos aprovechar para conocer el centro de la ciudad. Por eso, tomamos un ferry público al lado del puente Saphan Taksin y recorrimos el movido Mae Nam Chao Phraya, el gran río de la ciudad, siempre lleno de barcos con templos de todo tipo a ambos lados. Bajamos en la parada más cercana al Ko Ratanakosin, el área amurallada donde se concentra el Palacio Real, templos reales y diversos ministerios. Antes, pasamos por fuera del Wat Pho, el templo más antiguo y grande de Bangkok. Aquí se encuentra un gigantesco Buda reclinado que pudimos admirar desde fuera. Seguimos bajo el sol hasta llegar a la entrada del recinto real. Allí, tras vestirnos convenientemente con ropa larga que prestan, y tras pagar la cara entrada, accedimos al complejo de templos reales, muy bello, en el que destaca el Wat Phra Kaew, también conocido como el templo del Buda de jade, con paredes forradas de oro y joyas y suelos de mármol comodísimos (hay que descalzarse). En su interior se encuentra uno de los Budas más reverenciados de Tailandia. Fue secuestrado por fuerzas de Laos para volver posteriormente a Tailandia. 

Los murales interiores de esta capilla muestran la versión tailandesa de la historia épica hindú del Ramayana. Asimismo, en las columnas se narra la vida de Buda. El conjunto impresiona y da una sensación de gran serenidad. Aunque el calor del exterior y el gran número de turistas puede llegar a saturar. Es impresionante también una gigantesca maqueta a escala hecha de piedra de Angkor Watt que hay en una de las plazoletas de este conjunto de templos.

Dejando atrás la zona de templos llegamos al jardín frente al Gran Palacio, un curioso edificio que mezcla de elementos occidentales con tailandeses generando un resultado sorprendente. Normalmente sólo se usa para ceremonias de coronación, especialmente los salones anexos, esos sí, de total estilo tailandés. En estos salones del trono estaba prohibido hacer fotos pero yo pude llevarme una a escondidas que aquí os dejo.

Saturados de la realeza tailandesa, decidimos cerrar nuestra visita al complejo real con una fugaz visita al moderno museo del vestido, situado en otro de los bellos palacetes. A pesar de que la explicación sobre cómo se elabora la seda tailandesa es interesante, y de que numerosos vestidos usados por la Reina sorprenden, lo cierto es que el museo destila un excesivo tufo propagandístico hacia la actual esposa del monarca tailandés.

A las puertas de la blanca muralla que separa el complejo real de la ciudad tomamos un tuk tuk rumbo a la famosa Khao San Road. A toda velocidad y en ocasiones a contra dirección, sorteamos el caótico tráfico de Bangkok hasta llegar a esta calle, llena de mochileros de todo el mundo donde se puede curiosear en su mercadillo, sorprenderse con los centenares de hostels disponibles o comerse un buen Pad Thai recién hecho a precio de risa. Este plato, normalmente a base de arroz o de tallarines de harina de arroz se saltea en wok con diversas verduras y huevo. También suele llevar gambas o carne y se puede hacer picante a elección del consumidor. Lo mejor son los cacahuetes rallados que lleva por encima.

Como hacía demasiado calor, decidimos volver en taxi al hostel, atravesando las diversas avenidas de la ciudad, enormes y arboladas. Pasamos también por el barrio de los Budas, donde decenas de establecimientos venden figuras de Buda de todos los tamaños y materiales, siendo que las más grandotas están en las aceras.

El penúltimo día en Bangkok lo dedicamos a visitar el mercado de Cha Tu Chak, uno de los más grandes del mundo. Pasamos por el monumento a la Victoria, situado en una gigantesca rotonda que deja claro que Bangkok es una gran ciudad. Una vez en el mercado, nos zambullímos en un mar de zapatos, camisetas, estatuas, ambientadores de todo tipo, mascotas, comida, flores... es increíble la cantidad de productos disponibles que hay.

Posteriormente no dirigimos a la moderna zona alrededor de la avenida Siam, llena de luces, neones y modernos centros comerciales. Tras descansar un rato nos dirigimos al Hotel Lebua. En la última planta de la impresionante State Tower se encuentra el Tower Club, siendo el bar al aire libre más alto del mundo. Este lounge es muy famosos porque apareció el la película "Resacón en Bangkok". Lo cierto es que impresiona bastate. Lo preside todo su cúpula dorada, bellamente iluminada. El aire de esas alturas azota fuerte en determinados puntos del bar. Un bellísima vista de todo Bangkok rodea la fiesta mientras un elegante grupo de música ambiental tocaba canciones míticas y su vocalista las cantaba. Había una zona con mesas y otra para bailar, con la barra sirviendo elegantes cócteles. Una fuente en la mitad acaba de redondear la elegancia y buen gusto presentes en esta zona.

Mi último día en Bangkok lo dediqué al mercado flotante de Damnoem Saduak, uno de los más populares. Allí, tras dos horas en furgoneta desde Bangkok llegamos a un embarcadero. Subidos en una de esas barquitas llegamos hasta el mercado, donde centenares de puestos al borde del río nos ofrecían sus productos. Lo cierto es que nos decepcionó bastante en el sentido que estaba demasiado enfocado hacia turistas y había perdido parte de su encanto original. Nosotros buscábamos un mercado verdadero, de frutas y verduras, y no aquel esperpento lleno de souvenirs de todo tipo. Por supuesto, también habían frutas, verduras y comida cocinada en los barcos que estaba deliciosa. Aunque no era lo que me esperaba, tampoco estuvo mal. Probamos bastates comidas tradicionales entre barca y barca.

En el camino de vuelta a Bangkok paramos en el templo de Nakhon Pathom Phra Pathom Ched, impresionante, con un gran "chedi" (torre acampanada) que fue construída recubriendo el antiguo Chedi. Pudimos ver como los fieles donaban pequeñas cantidades para obtener barritas de incienso que ofrecer a Buda así como papelitos de oro que pegar a las estatuas.

Bangkok me pareció una ciudad en toda regla, con muchísimas cosas para divertirse. Tal vez turísticamente no tenga tanto como pensamos. De todas formas, lo que nos mató a nosotros fue el calor insoportable y pegajoso que nos quitaba las ganas de ver cosas. No creo que Bangkok deba ser un destino en sí mismo, y menos para los que tengan que tomar un vuelo transoceánico para visitarla.

Me gustaría volver a Tailandia, pero esta vez al norte, a Chiang Mae. Todo el mundo me ha dicho que es lo mejor del país sin duda.