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diumenge, 8 de juny del 2014

Djémila

Este sábado pasado estuve en Djémila, visitando la antigua Cuicul, que fue en su época una gran ciudad del Imperio Romano. Argelia está plagada de ruinas romanas y Djémila es uno de los mejores sitios. Además, está libre de las hordas de turismo nacional que ahogan las ruinas de Tipaza.

Desde Argel hasta Djémila contad aproximadamente tres horas y media para llegar. Lo más fácil es tomar la reluciente "Autoroute Est-Ouest", una de las grandes infraestructuras construídas recientemente en Argelia gracias al dinero del petróleo y el gas. La autopista conecta todo el país de Este a Oeste y sus principales ciudades en paralelo a la costa mediterránea pero por las montañas. Esta infraestructura es famosa en el mundo entero por haber sido una de las más caras de la historia: once mil millones de dólares.

Lo cierto es que en general la autopista es muy confortable y permite llegar mucho más rápido a las diferentes ciudades del país, así como aliviar los insoportables atascos que colapsaban las antiguas carreteras. Así que, a pesar de los tramos con agujeros, pasamos Setif y nos desviamos a la izquierda por la N77 en la salida de El Eulma, pero en dirección contratria. Hasta que llegamos a Djémila. Actualmente es un pequeño pueblo de la Kabylie argelina (la región más ferozmente resistente a Francia y característica por sus habitantes rudos y habituados a la vida montañesca). Pero en el siglo IV, tras su fundación a finales del siglo I, alcanzó grandes niveles de desarollo dentro de la estructura del Imperio Romano. 

Por eso vale la pena desplazarse hasta aquí, para poder recorrer las ruinas romanas. Construida a 900 metros sobre el nivel del mar entre dos torrentes, la antigua Cuicul se convierte en uno de los más bellos restos de ciudad romana que existen, además de uno de los pocos ejemplos de urbanismo romano adaptado a un terreno montañoso. Es por eso que la UNESCO decidió declarar estas bellas ruinas como Patrimonio de la Humanidad

Hay templos, viviendas, termas grandes y pequeñas, plazas, el anfiteatro, fuentes, un mercado, calles, un foro, basílicas, arcos del triunfo... uno no puede evitar trasladarse a esa época e imaginarse las pequeñas historias que sucedieron en sus estrechas calles adoquinadas. 

En el museo que hay a la entrada podremos observar algunos de los mosaicos más bellos que se conservan en el mundo, destacando el del rapto de Europa (que estaba situado en un gran comedor de la casa Europa, ahora en ruinas). Pero hay muchísimos más que os dejarán sin aliento. Son impresionantes, de una calidad excepcional. También hay numerosas estatuas rescatadas de los antiguos templos, mansiones o edificios públicos así como objetos personales de todo tipo, monedas, ánforas... etc. Es una lástima que en el museo no estén permitidas las fotos. Por eso no puedo mostraros ningún ejemplo de los bellos mosaicos que allí hay y que antes cubrían las masiones y edificios públicos de Cuicul.

Dedicad unas dos horas a las ruinas, recorriendo el bello Cardo Maximus (calle mayor) que estaba asoportalada (las decenas de columnas así lo prueban), explorando las grandes termas (donde me impresionaron mucho los excusados públicos (grandes bancos alargados con muchos agujeros que conectan a un sistema de alcantarillado) decorados con bellas estátuas de peces. Las grandes termas aún cuentan con salas donde los mosaicos se conservan casi igual que cuando se construyeron. La grandiosidad de sus salas, sobretodo la del gimnasio, demuestran la importancia que tuvo la ciudad en su época.

Otro de los edificios que mejor se conservan en el majestuoso Templo de Severus Septimus, en el Foro nuevo. Esta plaza es la más impresionante, no sólo por el templo y sus escalinatas, sino por el bello e imponente arco del triunfo de Caracalla, los pórticos, los restos de la basílica y por su empedrado. Este era el corazón de la ciudad nueva, que fue rápidamente poblada mayoritariamente por cristianos. A un lado, bajando por una de las calles se encuentra el impresionante anfiteatro con sus gradas y su escenario. Siguiendo el cardo maximus llegaremos hasta la ciudad vieja, donde vivian mayoritariamente las familias antiguas y adineradas, los paganos y los esclavos. Aquí se encuentra el viejo foro, donde estaba el gigantesco templo a Júpiter, del que solo quedan algunas columnas y el torso del dios (la cabeza está en el museo a buen recaudo). El viejo foro tiene aún los atriles donde los senadores de la ciudad daban sus discursos (con numerosas inscripciones en latín perfectamente conservadas) así como el altar de los sacrificios, donde aparecen grabados los animales a sacrificar a los dioses. 

En mitad de las casas del barrio viejo se encuentran también los bellos restos del templo de Venus y otros restos de un templo a otro dios que no se ha podido identificar. También el bellísimo mercado, con las mesas de sus antiguos puestos de frutas, carnes, especias o verduras con sus relieves y la mesa de las medidas en el centro. Diversas fuentes públicas, la antigua prisión, cementerios, casas y mansiones particulares y hasta termas de barrio nos aparecerán durante nuestro paseo por esta ciudad en ruinas. Finalmente, en la parte más alta, se encuentra el núcleo del barrio cristiano, el más nuevo, donde podremos ver las catacumbras de la antigua Catedral, muy bien conservadas, o la casa del antiguo obispo. 

Los guardas que recorren el reciento son muy amables y atenderán a cualquier pregunta que les hagáis. Es más, incluso os acompañarán durante vuestro recorrido charlando y explicandóos más o menos los diferentes lugares de las ruinas romanas. Y lo hacen de forma totalmente desinteresada. De hecho, al que nos acompañó, le intentamos dar una propina y la rechazó amablemente hasta en tres ocasiones.

Cuicul cayó en el olvido tras la ocupación bizantina y acabó de derruirse tras un terremoto que sepultó la ciudad bajo la tierra. Fue en 1910 cuando arqueólogos franceses empezaron las tareas de desentierre y reconstrucción para sacar a esta gran ciudad de nuevo a la luz. Tras la independencia de Argelia, los trabajos fueron paralizados y ahora la UNESCO se conforma con que el gobierno argelino mantenga limpia y vigilada la antigua Cuicul, actual Djémila. 

Sin duda, para todo el que viva una temporada en Argel, Djémila es una visita de un dia más que obligada. 

divendres, 30 de maig del 2014

Desde Argel

Tras casi un año en Ciudad de Panamá, el trabajo me trae ahora a Argel, capital del país más grande de África: Argelia. Aquí viviré durante unos meses, siendo esta mi primera experiencia laboral en África. Es la primera vez que vivo en el continente olvidado y la verdad es que aún me estoy acostumbrando: aquí todo funciona a otro ritmo. De Europa sólo nos separa un mar, pero las diferencias son gigantescas: es como estar en otro universo. Excepto en el clima: es mediterráneo, con cielos azules, gran luminosidad y temperaturas suaves, casi el mismo que el de mi Valencia natal. 

Algeria es un país que crece en riqueza gracias en parte a su petróleo, pero sobretodo, a su gas. Sin embargo, debido a su sistema cuasi socialista donde el Estado tiene una presencia fortísima, todo va mucho más despacio. El gobierno funciona a base de planes quinquenales y controla la gran mayoría de la actividad económica. Numerosos sectores están nacionalizados, incluídos casi todos los hoteles. Por todas estas razones, Algeria me recuerda en muchas cosas a Cuba. No hay apenas marcas extranjeras ni locales o tiendas de cadenas internacionales. De hecho, el primer centro comercial abrió hace solo un año y allí sólo se encuentran marcas locales con alguna excepción francesa o española.

De momento tengo tanto trabajo que apenas he podido descubrir nada. Ya he ido a Tipaza, una ciudad cercana famosa por sus mariscos pero sobretodo, por las ruinas de su antigua ciudad romana, Patrimonio de la Humanidad UNESCO. En breve os cuento como fue mi dia allí.

En general, Argelia no es un país turísticamente fascinante como lo puedan ser Marruecos, Tailandia o Brasil. De hecho, la famosa editorial Lonely Planet jamás ha publicado una guía del país (y hasta la vecina Libia tiene). Esto demuestra el escaso desarrollo del turismo que tiene el país. Argel es una ciudad enorme, de clima estupendo y con un gran encanto. Dispone de una población que sobrepasa los dos millones de personas. Pero vive adormecida, sin apenas ofertas culturales, nocturnas o de ocio y con un panorama de restaurantes estancado. Casi desconectada del día a día del mundo global. Y para colmo el tráfico es horrible, casi siempre y a cualquier horas las calles y avenidas están colapsadas. La gasolina a 20 céntimos de euro el litro junto a las facilidades que hubo de préstamos para comprar coche lo explica. Pero seamos positivos: la gente es amabilísima, muy acogedora y amable con los extranjeros ya que aquí somos algo que se ve muy poco.

En fin, pese a las muchísimas dificultades que encuentro y que no haya sido un país de mi elección, intentaré sobrevivir a estos meses y descubrir los lugares interesantes y bellos que encierra el país más grande de África. Por aquí os lo contaré todo, como siempre.


dissabte, 24 de maig del 2014

Bérgamo

Una joya al lado de Milán

Todo el que haya vivido o visitado Milán sabe que una excursión obligatoria en un día soleado será la vecina pequeña pero bellísima ciudad de Bérgamo, corazón de la Lombardía. A pesar de que la ciudad es conocida por el aeropuerto de Orio al Serio y casi todo el mundo la tiene como de paso, lo cierto es que su arquitectura e historia la hacen merecedora de una visita. Desde Milán es muy fácil llegar en tren si lo tomamos desde Milano Centrale.


Una vez se llega a la estación ferroviaria de Bérgamo, paseamos a lo largo del viale Giovanni XXIII, luego Viale Roma y finalmente Vittorio Emanuele II, por la agradable ciudad baja hasta llegar a la estación del tradicional funicolare que nos llevará hasta la ciudad alta, en concreto a la piazzetta Luigi Angelini.

Los casoncielli

Nada más llegar a la ciudad alta nos metimos en un local a disfrutar unos deliciosos casoncelli, el ravioli típico de Bérgamo, rellenos de una masa de carne picada de vacuno, salami, miga de pan, huevo, grana padano y diferentes hierbas aromática, con la pasta en forma de media luna. La salsa que los acompaña es a base de mantequilla con salvia, panceta y grana padano. De sabor contundente, nos llenó, ya que sus ingredientes contienen mucha grasa. 

Con las energías recargadas, nos dirigimos a dar una primera caminata por las empinadas callejuelas de la ciudad alta, que nos transportarán cientos de años atrás, a la época en la que Italia estaba dividida en decenas de reinos, ducados, repúblicas y ciudades-estado. Bérgamo pasó por manos milanesas, venecianas y austríacas. Finalmente, Garibaldi la reincorporó al nuevo Reino de Italia en 1859. Actualmente Bérgamo es conocida por su riqueza (las grandes y lujosas residencias así lo atestiguan) así como por su alto porcentaje de voto a la derechista Liga Norte, siendo uno de sus bastiones. 

Paseando por la Ciudad Alta de Bérgamo

Nos perdimos por las bellas calles, metiéndonos en antiguos seminarios y conventos, con apacibles claustros. Paseamos también por sus bellas murallas, construidas por los venecianos, y desde las que disfrutamos de unas maravillosas vistas de los Alpes nevados. Bérgamo es básicamente arquitectura renacentista, con numerosos elementos góticos en el interior de algunas de sus iglesias. Dando vueltas al azar por sus calles llegamos al corazón de la ciudad alta: la Piazza Vecchia, con el Palacio della Podestà, su Campanone y la torre del Comune presidiéndola, con el escudo de la Serenísima República Veneciada (el famoso León) grabado en piedra en la fachada del Palacio della Ragione (uno de los ayuntamientos más antiguos del mundo), así como el bello Palacio de la Biblioteca en el otro lado y la fuente de los sedientos leones. Artquitectos de todo el mundo y de todas las épocas han alabado la belleza de esta plaza. De hecho, para Le Corbusier, por ejemplo, la Piazza Vecchia de Bérgamo es la más hermosa de Europa.

Detrás, pasando por debajo de las arcadas del Palacio della Ragione, llegamos a la plaza contigua del Duomo, sonde se encuentran por un lado la bella catedral de San Alessandro, de fachada neogótica, aunque con estructura original románica. En el interior apreciaremos la decoración con mármoles de todos los colores Justo enfrente está el bello baptisterio del siglo XIV, separado. Y presidiendo la plaza se encuentra la capilla Colleoni, mandada construir por el capitán veneciano Amadeo Colleoni para guardar sus restos mortales así como los de su hija. La bellísima cúpula octogonal de la capilla así como su fachada de rombos a base de mármoles policromados y el rosetón le hacen competencia a la fachada de la catedral casi convirtiendo a la capilla en la auténtica protagonista de esta bella plazoleta. Por último, entre la catedral y la capilla, se encuentra la basilica de Santa Maria Maggiore, con un bellísimo interior abarrotado de gigantescas pinturas de santos e imágenes bíblicas. Mientras visitábamos esta plaza cargada de edificios religiosos nos encontramos con una pareja de recién casados haciéndose una sesión de fotos en un bello coche de época. 

A mitad tarde el hambre apareció de nuevo. En la via Bartolomeo Colleoni nos topamos con Il Fornaio, un local del que salia un delicioso olor y que exponía en sus escaparates pizzas cuadradas recién hechas de diferentes sabores. Entramos y yo me compré un trozo de la de mozzarella, que estaba buenísima. Y de postre una polenta e osèi, el típico postre de Bérgamo hecho a base de lo que ellos llaman como pan di Spagna (un bizcocho particular con chocolate) cubierto de polenta (una especie de mazapán a base de harina de maíz) y un chocolate en forma de pajarito. Lo podréis encontrar en todos los hornos de la ciudad.

De ahí visitamos el Palacio della Podestà, que tiene unas salas dedicadas a explicar la etapa veneciana de la ciudad de Bérgamo, y luego subimos a la torre cívica, conocida como el Campanone, para disfrutar de unas magníficas vistas de toda la ciudad y de la gran llanura lombarda así como de la cúpula y campanario renancentista de la capilla Colleoni. Por cierto, con la entrada combinada que se compra en este palacio podremos entrar a muchos más museos, conventos, el castillo y palacios con un paquete a 11 euros. Seguimos por la bellísma via Gombito, donde se encuentra la plazuela del Mercato della Scarpe, la bellísima y decimonónica pastelería Cavour o un antiguo mercado cubierto donde ahora se puede hacer un elegante aperitivo antes de la cena, al igual que se hace en casi todo el norte de Italia. 

Conventos y el castillo

Luego visitamos el convento de San Francesco, expropiado a la Iglesia en el siglo XIX y ahora sede de la fundación Bérgamo nella Historia donde hay exposiciones temporarias muy interesantes, además de contar con dos claustros muy agradables, uno de los cuales con unas relajantes vistas a los Alpes. Ese día se producía una exposición de arte contemporáneo de un bergamasco que a través de productos considerados como "basura" reproducía cuadros y esculturas inspiradas en la iconografía del África negra.

Finalmente acabamos yendo al castillo de la ciudad, la conocida como Rocca, donde se encuentran diversos artefactos militares incluído un tanque utilizado en el desierto del Sahara durante la Segunda Guerra Mundial. Entramos a ver otro museo, esta vez de la era de los siglos XVIII y XIX. Luego subimos hasta la cumbre del castillo, donde hay una pequeña capilla de estilo romano (ya que en esta cima nace la ciudad romana) y el torreón más alto. Mientras admirábamos esta perspectiva de la ciudad y el valle empezaron a sonar las campanas de todas las torres, creando un momento difícil de olvidar, con una gran bandera italiana ondeando al viento.

Como ya empezaba a anochecer, empezamos a descender a la ciudad baja, a través de la bella puerta de Sant'Aggostino, bajando por las murallas. Lástima que me quedé sin visitar la Academia Carrara (llena de cuadros de pintores estupendos) ni la Biblioteca, que estaba en obras. Bérgamo es una auténtica belleza, perfecta para pasar un dia soleado de primavera.


dijous, 8 de maig del 2014

Milán

Tras dos visitas a Roma, una a la espectacular isla de Cerdeña y otra ruta a través de Bolonia, Parma, Lucca y Pisa, mi quinto viaje a Italia fue para conocer su capital económica: Milán.

Leonardo Da Vinci, Vittorio Emanuele II y Ludovico Sforza

Toda visita a la ciudad tiene que empezar por su parte más importante: la plaza del Duomo, que es catedral en italiano.

La primera vez que estuve en Milán fue un soleado dia de finales de abril y la plaza lucía espectacular con la blanca catedral y la imponente Galería Vittorio Emanuelle II en uno de los lados. Antes de lanzarme a descubrir esta zona, me subí en el metro de "Duomo" para llegar a "Conciliazione" y llegar puntual a la iglesia y convento dominico de Santa Maria Delle Grazie, patrimonio de la humanidad UNESCO. El motivo de mi interés no era simplemente la bella iglesia, sino más bien el antiguo refectorio monacal donde se encuentra uno de los frescos más bellos del mundo: "La Última Cena" de Leonardo Da Vinci, conocido en italiano como "Cenacolo Vinciano". Es muy difícil conseguir entrada y se debe hacer por Internet con antelación de alrededor dos meses. Sin embargo, acudí a las taquillas esperanzado y justo faltaba una persona para el grupo de las 12.45 de la tarde. Así que pagué y obtuve mi entrada para ver tamaña obra maestra.

Como era pronto, me fui a dar una vuelta por el centro de Milán. Recorrí la impresionante Galeria Vittorio Emanuele II, primera galería comercial peatonal cerrada del mundo, construida en el siglo XIX y conocida como "la sala de estar" de Milán. Boutiques de lujo conviven con restaurantes, cafés y tiendas de toda la vida, cubiertas por la gigantesca cristalera y las decoraciones a base de mosaicos que representan los continentes y también los escudos de las principales ciudades de Italia. En una de las salidas me topé de frente con el famoso Teatro Alla Scala, de fachada sobria, y al que espero poder entrar y ver alguna obra en una futura visita. Frente al famoso teatro se encuentra la gran estatua de Leonardo Da Vinci, persona clave para la ciudad de Milán, donde vivió 17 años. Como tenía un poco de hambre, me dirigí a Peck, en via Spadari, a unos pasos al oeste de la plaza del Duomo. Peck es una visita obligada a Milán por ofrecer las mejores piezas de la gastronomía de la Lombardía en particular y de Italia en general. Tras curiosear por todas sus secciones, me compré dos panecillos especiales, un trozo de queso envejecido de Bérgamo y una loncha de una mortadela gigante. Me senté en mitad de la plaza del Duomo y mientras observaba la belleza de la fachada blanca de la catedral degusté estas delicias locales. La segunda vez que estuve en Milán, que fue en diciembre de 2016, sin embargo, decidimos ir al Peck Italian Bar, situado a una calle de la famosa tienda, donde sirven diversos platos en un ambiente informal pero a la vez moderno y chic. Pedimos una selección de fiambres de la casa que se fundían en la boca de lo deliciosos que estaban. También compartimos un arroz a la milanesa, un risotto amarillo que se cocina con salsa de tomates, cebollas,  ajos, vino blanco, mantequilla y azafrán. Como plato principal yo pedí las lentejas de Castelluccio con cotechino, que es una especie de morcilla de cerdo más jugosa y tierna. El camarero me recomendó dicho plato, muy típico de las fechas (estábamos en el penúltimo día del año). De postre no nos pudimos resistir a pedir el navideño panettone de la casa con crema de mascarpone al Grand Marnier. 

Pero retomando mi primera visita, tras mi incursión en la tienda Peck, me dirigí de nuevo a Santa Maria Delle Grazie, con mi tiquete. Tras una breve explicación, entramos al antiguo refectorio, donde sólo entran pequeños grupos cada cuarto de hora, y que está protegido con aire acondicionado. Allí me encontré de frente a frente con la famosísima "Última Cena", popularizada tras el éxito del best-seller "El Código Da Vinci". Acabado a finales del siglo XV, este fresco es una de las obras cumbre de Da Vinci, donde muestra la escena de la última cena con gran poder, humanidad y profundidad. De gran tamaño, lo primero que llama la antención es que los apóstoles están divididos en cuatro grupos de tres personas cada uno, en un guiño de Da Vinci a la Sagrada Trinidad. La obra capta el momento en el que Jesucristo anuncia que uno de ellos le va a traicionar. La paz de Jesús y la tranquilidad de Juan contrastan con las caras agitadas y convulsas del resto de apóstoles, en las que se puede apreciar como todos preguntan al Señor "¿Seré yo?". Es curioso como Judas Iscariote está representado en la oscuridad. Da Vinci utilizó como modelo para la cara del apóstol traidor a uno de los criminales más famosos del momento. 

Da Vinci realizó esta obra con yema de huevo y vinagre, pintando en pared seca, por lo que la pintura se empezó a deteriorar ya en fechas tempranas. A pesar de que sufrió ataques de bombas durante la Segunda Guerra Mundial y que las tropas de Napoleón la usaron como blanco de tiro, la obra se mantienen bien gracias a las sucesivas restauraciones. La perspectiva de la pintura es espectacular. Me cautivó durante los escasos quince minutos que nos permiten admirarla. Aunque está prohibido tomar fotos, pude tomar una discretamente con mi teléfono móvil. Justo en la pared de enfrente hay una representación de la crucifixión, de mucho menos valor artístico pero a la que también vale la pena dedicarle unos minutos. Al salir, la tienda con todo tipo de recuerdos de "La Última Cena" nos espera. Es agradable recorrer el convento, con sus claustros y su maravillosa iglesia renacentista, realizada por Bramante, con grandes ábsides semicirculares y una bella cúpula con forma de tambor rodeada de columnas.

Como ya tenía hambre, fuimos a comer la piadina (un tipo de pan plano típico de la Emilia-Romaña) rellena de jamón de Parma, arúgula y queso Squarcquerone, casi líquido, en la Piadineria Artigianale, en via Madalena, cerca de la parada de metro "Missori". Tras un paseo por la concurrida y peatonal via Dante, camino al bello castillo Sforzesco, me comí de postre tres deliciosas bolas de helado de stracciatella, fior de latte y zabaione, tres sabores muy italianos, cubiertos de chocolate fundido. Recomiendo los helados de Vanilla Milano: son totalmente artesanales, sin la grasa que hace abultados a otros helados para parecer más apetecibles. Se encuentran en la via San Giovanni sul Muro.

Tras la piadina, el helado y tanto caminar, me dirigí a hacer una siesta en la hierba a la sombra de un gran árbol a los pies de uno de los altos muros del castillo Sforzesco. Una vez me desperté, fui a visitar las obras y explicaciones del por aquel entonces futuro centro de recepción de la Expo Milano 2015. Proseguí mi paseo topándome por casualidad con el antiguo Palacio Real, con sus salas ahora llenas de exposiciones. Había una de diseño bastante interesante. El día acabó con un paseo por la via Montenapoleone, donde los diseñadores noveles abren sus tiendas rodeados de las boutiques de las primeras marcas italianas e internacionales. Y de ese ambiente pijo en extremo nos trasladamos a tomar una cerveza artesanal (ahora están también muy de moda en Milán) sentados en la plaza de las columnas de San Lorenzo, dieciséis columnas romanas del siglo III frente a la iglesia de San Lorenzo Maggiore, una de las más antiguas de la ciudad.

Festa della Liberazione 

Al día siguiente era la manifestación del 25 de abril, aniversario de la liberación, recordando aquel 25 de abril de 1945 cuando estalló una sublevación general partisana que liberó a la ciudad de los nazis, que habían ocupado Italia meses antes tras la rendición de Benito Mussolini ante los aliados. Acudimos a la manifestación que tradicionalmente recorre las calles de la ciudad para honrar a los partisanos que aún quedan vivos y rememorar tan señalada fecha, reivindicando las libertades y derechos conseguidos. La mayoría aplastante de participantes suelen ser de centro-izquierda o izquierdas. Incluso el alcalde de Milán, miembro del partido verde, participó de la marcha. Me llamó la atención que un amplio tramo de la manifestación estaba lleno de carteles pidiendo el voto para una coalición de izquierdas que apoyaría al griego Alexis Tsipras como presidente de la Comisión Europea. Primeros síntomas de que aquellas elecciones europeas fueron más europeas que nunca. Quién me diría por aquel entonces que Tsipras acabaría ganando las elecciones y siendo Primer Ministro de Grecia.

Tras la manifestación nos fuimos a dar una vuelta por la via Dante, siguiendo la tradición milanesa cuando hace un día soleado, y también por el parque Sempione, a los pies del magnífico castillo Sforzesco, iniciado por la familia Visconti en el siglo XIV pero varias veces ampliado y reconstruido mayoritariamente por la poderosa familia Sforza. De planta cuadrada, el castillo cuenta con una gigantesca e imponente plaza de armas rodeada de altísimos muros rojizos. Es una lástima que esta vez no lo pude visitar por dentro. Tengo especial interés en los antiguos aposentos privados de Ludovico Sforza, decorados por Leonardo Da Vinci.

Respecto del parque Sempione, al ser un día primaveral soleado y festivo, estaba abarrotado de jóvenes milaneses tumbados en la hierba, paseando o haciendo ejercicio. Acompañamos el paseo con un delicioso helado italiano. Después, nos dirigimos la lejano cementerio maggiore en tranvía, donde habían una serie de conciertos, mercadillos y actividades organizadas por grupos alternativos. Allí nos comimos una deliciosa pizza capricciosa. Está claro que la gastronomía italiana va mucho más allá de simplemente pastas y pizzas, pero no deja de ser cierto que como la pizza en Italia no se la encuentran en ningún sitio.

Aperitivo en Naviglio Grande

El sábado lo dedicamos a visitar la preciosa ciudad de Bérgamo que podéis leer si con un click en el nombre de la ciudad. Esa noche, al volver de nuestra excursión, nos duchamos y salimos a tomar algo por los locales a las orillas de Naviglio Grande, un canal artificial que se empezó a construir en el siglo XII y que atraviesa parte de Lombardía. La expansión hacia Milán se construyó para poder transportar el mármol y piedra con la que se construyó la catedral. También se utilizó para transporte de personas, bienes comerciales y incluso para canalizar agua de riego.

El barrio milanés alrededor de Naviglio Grande solía ser uno de los más pobres y peligrosos de la ciudad hasta que hace unos años se puso de moda como lugar de fiesta nocturna, galerías de arte, estudios independientes de moda y apartamentos bohemios. Elaborados graffitis y poemas escritos en cada muro decoran las calles y muchas casas antiguas tienen incluso proyecciones de vivos colores o video performaces muy elaboradas. Los bajos bullían con terrazas animadas llenas de locales y extranjeros por igual que disfrutaban de su aperitivo. Se trata de una costumbre muy arraigada en la ciudad donde poco antes de cenar uno va a tomarse una copa que incluye gratis acceso a un buffet (de calidades que varían según el local) con ensaladas, quesos, pastas, sandwiches, trozos de pizza, bruschettas, salami... Nos sentamos en una de ellas y pedimos unos cócteles para a continuación servirnos en platos un poco de todo. El aperitivo ha pasado ya a alargarse tanto que la mayoría de jóvenes, con presupuestos ajustados, aprovechan y ya no cenan. Es entretenido sentarse a charlar, más en una noche con temperaturas tan agradables como la que tuvimos, y ver a la gente pasar: desde modelos elegantes a turistas ruidosos, Naviglio Grande de noche es un hervidero de gente. De ahí nos fuimos de nuevo a las columnas de San Lorenzo, que estaban a reventar de gente, donde nos tomamos otro cóctel, que tradicionalmente se compra en uno de los locales de alrededor de la plaza y luego se toma sentado en la plaza.

En la segunda vez en Milán también fuimos a tomar algo al Naviglio grande, esta vez a un local donde no servían aperitivo sino diversos platos informarles como fiambres, quesos, risottos o pastas así como buenísimos cócteles. Me sorprendió, de nuevo, la amabilidad de todo el mundo y lo fácil que es entablar conversaciones con la gente que se encuentra en cada uno de los locales de esta zona de Milán. Esa noche también fuimos a la zona de Porta Nuova, el nuevo barrio de negocios de Milán, lleno de rascacielos acristalados y modernos edificios de apartamentos presididos por la altísima torre que acoge la nueva sede de Unicredit. Nos fuimos a una antigua calle cercana para entrar en la escondida y ajardinada terraza de 10 Corso Como a tomar un Negroni, un cóctel italianísimo que combina ginebra, Campari y vermú.

Museos, tiendas y librerías

Finalmente, el domingo salió lluvioso y gris. Por eso decidimos internarnos parte del día en uno de los museos que ofrece la ciudad. Elegimos la Pinacoteca Ambrosiana, fundada por el Arzobispo Federico Borromeo a principios del siglo XVII. Fundada como institución educativa gratuita para todo aquel con capacidades en pintura o escultura, el bello edificio alberga básicamente la colección privada del Arzobispo Borromeo, llena de copias de cuadros o esculturas famosas, como el Laocoonte o La Piedad de Miguel Ángel o La Última Cena de Leonardo Da Vinci. Hay también varios originales de pintores italianos y holandeses de rango medio entre los que destaca un retrato a un músico, cuadro original pintado por Leonardo Da Vinci que parece ser un auto-retrato del genio. Está también la Virgen del Pabellón de Botticelli y un Cesto de Frutas de Caravaggio. A mi me gustó particularmente una de las salas que tenía una escalera oval cuya pared estaba revestida de un mosaico donde estaba representado San Juan Bautista.

En la Biblioteca Ambrosiana del propio edificio, además de una gigantesca colección de libros de varios siglos, está la exposición donde se muestran algunas hojas del famoso Codex Atlanticus de Da Vinci, libro de anotaciones de más de 1,100 páginas donde el maestro escribió (en su tradicional manera de hacerlo al revés) y dibujó todas las ideas que se le venían a la mente, desde el diseño de nuevas armas hasta mecanismos para volar o nuevos instrumentos. Las diversas secciones del libro se rotan cada tres meses hasta 2015. Muchos de los diseños aquí mostrados pueden verse hechos realidad en el Museo Nacional de la Ciencia y la Técnica, también en Milán, y que en esta ocasión no me dio tiempo a visitar.

Después nos fuimos a dar una vuelta por la plaza del Duomo, donde pude entrar al interior de la catedral milanesa. De gigantescas proporciones, se trata de una de las mayores naves de la cristiandad. Destaca la armonía de las enormes proporciones aunque es muchísimo más impresionante por fuera, al estar recubierta de mármol rosa y contar con centenares de estatuas exteriores, siendo la más importante la Madonnina, estatua de la Virgen en cobre dorado, presidiendo todos los pináculos. En mi segunda vez en Milán decidimos subir a la terraza, ya que el día era soleado, y admirar las vistas de la ciudad así como la cuidada decoración de los techos de este imponente edificio. La mítica foto no podía faltar.

Luego nos dimos una vuelta por La Rinascente, el famoso gran almacén italiano, primero en abrir en Roma, y con una de sus sedes más visitadas aquí en Milán. Sus secciones de moda, productos del hogar y sobretodo su último piso dedicado a la comida es digno de pasearse. ¿Dónde si no puede uno comprarse un zapato de tacón de chocolate por 45€?

Finalmente acabamos en un lugar que me encantó: Open Milano. Situado en el viale Monte Nero, este innovador local ofrece una librería en la que se puede leer alguno de sus libros en los sofás, comprarlos, charlar, encontrarse con alguien, hacer algún trabajo en sus mesas o tomar un delicioso chocolate caliente tradicional con tartas caseras. Allí se presentan libros, se leen poesías o se realizan debates. Un espacio innovador de encuentro perfecto para una lluviosa tarde de domingo.

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Milan es una ciudad fea pero muy dinámica, con muchísimo que ver, hacer y comer. Y también comprar, por supuesto. Los fanáticos de la moda amarán la ciudad, los amantes del arte y la arquitectura de determinadas épocas tendrán su cuota de satisfacción así como los sibaritas del buen comer o los compradores de productos de calidad de todo tipo. El aeropuerto de Malpensa, por ejemplo, ofrece perfumes de las colecciones privadas de los diseñadores italianos Armani y Ermenegildo Zegna a precios mucho más baratos que en las tiendas habituales. Es cierto que me  siguen faltando muchísimas cosas que visitar de la ciudad y alrededores por lo que es casi seguro que volveré. Lo que no sé es cuando. 

dilluns, 28 d’abril del 2014

De restaurantes por ciudad de Panamá - Fusión

Tal y como prometí aquí viene la segunda entrada dedicada a la creciente escena gastronómica panameña. Esta vez dejo de lado la tradición y os presento mi guía personal de los restaurantes que presentan la comida panemeña con estándards internacionales, algunas veces de la mano de chefs que han aprendido directamente de los mejores del mundo.

Tántalo: un must de Ciudad de Panamá

Empezamos por uno de los puntos obligados en toda visita a la ciduad: Kitchen, del Hotel Tántalo, es uno de los restaurantes más sofisticados de Ciudad de Panamá, aunque a precios asumibles. Tiene una gran variedad de platos, muchos para compartir y construir una cena de "picar" entre amigos. A partir del concepto español de "tapa", Kitchen sirve una gran variedad caliente y fría a partir de ingredientes panameños. Destaca la calidad de los ingredientes usados así como la gran presencia de platos vegetarianos, todos deliciosos, como la pizza de quesos y crema de maracuyá. Recomiendo también el pulpo, buenísimo. Las carnes, de primerísima calidad, son también deliciosas, especialmente las preparadas con chutney de tamarindo. La decoración del lugar es muy artística e innovadora, y el ambiente con luz ténue y música chill out invita al diálogo. El público suele ser mitad panameño mitad expatriados o turistas. El restaurante cuenta con uno de los mejores servicios de Panamá.

Si se acude entre semana a almorzar, cuenta con un menú ejecutivo excelente muy barato con platos que llenarán al más comilón. Su burrito es espectacular así como los wraps de ensalada César con pollo. Todo acompañado de gigantescos y crujientes patacones. El desayuno también merece una visita, siendo sus omelettes con quesos deliciosas, el increíble bagel de salmón ahumado con crema de queso, alcaparras y tomates desecados o el típico desayuno panameño: un crujiente hojaldre con carne de ternera asada por encima y un huevo frito.

Comida panameña fusión

Pero sin duda, el mejor restaurante de comida fusión panameña en estos momentos es el Maito. A partir de la visión de las nuevas tendencias gastronómicas que aprendió en su estancia en Cataluña, el chef, Mario Castrellón, nos presenta su concepto propio de la comida panameña. Muy identificado con el Canal de Panamá, Castrellón está convencido que esta obra de la ingeniería desemboca en la mezcla de técnicas, influencias y sabores que identifican la mesa panameña.

Los ingredientes que utilizan en Maito son de primerísima calidad y eso se nota en el sabor. De hecho, se jactan de tratar directamente con campesinos para obtener siempre lo mejor. Además, cultivan varias especias y hierbas aromáticas en el jardín del restaurante para usarlas en sus platos. Personalmente me encantó la ropa vieja al achiote con pimientos del piquillo y salsa de queso de cabra. Las croquetas de jamón serrano saben a gloria también. Y la ensalada de queso de cabra es simplemente excelente. Por último, el postre Panamisú, la deconstrucción del tiramisú usando técnicas locales. Muy dulce pero vale la pena.

El propio Castrellón abrió también el restaurante Humo, también en San Francisco, basado en platos a la parrilla cocinados en leña, siendo sus hamburguesas o sus cortes cocinados al palo de nance bastante ricos. Se nota que utiliza ingredientes de primera calidad aunque en ningún caso supera a Maito.

Chefs revelación


Hernán Correa Riesen, ganador de varios concursos de cocina, ganó también en 2012 el premio a mejor chef en Panamá Gastronómica 2012. Con el dinero del premio se embarcó en la apertura de su restaurante familiar Riesen, donde crea sus maravillosos platos ayudado por gran parte de su familia. Eso se nota por el excelente y amigable servicio que recibiréis si os decidís a probarlo. Personalmente es uno de los restaurantes que más me ha gustado en Ciudad de Panamá. Al igual que Maito, en Riesen utilizan mayoritariamente productos locales, elaborando platos tradicionales de una manera totalmente novedosa y presentada de una forma innovadora. Con cantidades buenas y sobretodo un sabor, como ellos dicen, colosal.

El restaurante es pequeño y oculto en una especie de casa en mitad de El Cangrejo. El atentísimo equipo empezará sirviéndo un delicioso chupito de mojito casero de maracuyá. La carta, que cambia cada temporada según los productos locales disponibles, es clara y concisa: cinco entrantes, cinco primeros platos y cinco postres. La vez que fuimos contaban con creaciones tan deliciosas como los churros de yuca recién hechos para mojar en ropa vieja y salsa barbacoa, el hojaldre casero con puerco, el ceviche de pulpo con leche de tigre de maracuyá o un delicioso pato con puré de zapallo. Pero lo que más me gustó fueron los postres. Los helados caseros son de los mejores que he probado, incluído el de ron Abuelo, chocolate o limón. El flan de chocolate casero es también estupendo.

Sin duda, una parada obligatoria para todo aquel que quiera descubrir las nuevas tendencias de la nueva gastronomía panameña.

En el templo de la gran Cuquita Arias 


Cuquita Arias de Calvo es sin duda una de las chefs panameñas más populares. Cuenta con varios locales en la ciudad, entre los que se cuenta el popular Cuquita Cookita, donde poder tomar un almuerzo o merienda rápida con platos e ingredientes de la mejor calidad. Para todos los cocinillas, la chef también tiene un blog donde presenta nuevas recetas.

Sin embargo, su templo renombrado es el elegante restaurante SalSiPuedes, el en hotel The Bristol, tal vez uno de los más refinados de Panamá. Aquí, Cuquita presenta una carta donde presenta los platos más tradicionales de la cocina panameña de una manera elegante y sabrosa. Su sancocho es uno de los mejores, no solo por su sabor sino por la cuidadísima presentación. Consigue transformar un plato muy popular en algo digno de un restuarante elegante.

Otra de las curiosidades del menú es el cocodrilo a las salsas como entrante, bien jugoso. Recomiendo encarecidamente el carpaccio de portobelo. Los wontones rellenos de chorizo recogen y fusionan la herencia china y española con ingredientes locales (plátano verde y salsa de mango). Las patiburguesas con patacones sustituyendo al pan son también curiosas. Y la yuca trufada es estupenda. De postre, el cheesecake de Ferrero Rocher es imbatible.

Una alternativa curiosa: Manolo Caracol


Manolo Caracol es uno de los restaurantes más curiosos de la ciudad. El fundador y dueño es un andaluz que tras sus primeras experiencias con un restaurante en Colombia y otro en Panamá finalmente abrió este innovador lugar en Casco Viejo. Trabaja con fincas concretas de donde obtiene la mayoría de sus ingredientes, siempre frescos y locales.


Lo primero que llama la atención de este restaurante es que no hay menú. Cuando uno va a Manolo Caracol tiene que ir sabiendo que le espera una velada de diez platos a través de los cuáles explorar la gastronomía panameña de una manera sofisticada y siempre con ingredientes de temporada. Es por esto que nunca se sabe cuales serán los diez platos, aunque hay muchos que si son fijos. Lo único que nos preguntaran al sentarnos es que no comemos (alergias o si se es vegetariano).

Todo es fresco y recién cocinado, y los platos van saliendo a medida que nos vamos acabando el anterior. Algunos ejemplos de platos que nos servirán son la cazuelita de lentejas caseras, el pulpo con patatas, una deliciosa ropa vieja, pimientos rellenos de hongos y horneados y uno de los mejores ceviches de corvina que he probado nunca. Uno de los platos que más me llamó la atención fue el tuétano encebollado, cocinado directamente en el interior del hueso y servido como tal. El último plato que nos sirvieron fue una pequeña tabla de postres a cada uno, servida en un lámina de pizarra (el mineral) con tres pequeños postres tradicionales encima: crema de café fria, flan de la casa y un dulce de papaya.

Es necesario reservar con antelación ya que siempre está lleno de grupos de locales y turistas. Sólo sirve cenas. Todo estaba buenísimo por lo que recomiendo encarecidamente cenar en este local si se visita Panamá.

Estos son los restaurantes más innovadores que he tenido la suerte de probar en Ciudad de Panamá. Estoy seguro que hay muchas más sorpresas que nos guarda esta ciudad, cruce de ingredientes, recetas e ideas de todos los continentes.

Tántalo - Kitchen
Avenida B con calle 8, Casco Viejo
http://www.tantalohotel.com/kitchen.php

Maito
Calle 50 cruzando la vía Cincuentenario, San Francisco
http://www.maitopanama.com/

Riesen Restaurante
Calle Hercilia Lamela, El Cangrejo
http://www.riesenpanama.com/

SalSíPuedes
Avenida Aquilino de la Guardia, Marbella
http://www.salsipuedespanama.com/

Manolo Caracol
Avenida Central con calle 3, Casco Viejo
http://manolocaracol.net/

diumenge, 16 de març del 2014

La música nos hace viajar

No hay nada como viajar. Que os voy a contar yo. La experiencia de llegar a un lugar donde no has estado nunca es mágica. Esa sensación de estar perdido, de no concocer nada, ni sabores, ni olores, ni la estética, direcciones o incluso normas de educación. 

Sin embargo, algo tan potente como la música puede hacernos viajar, recordando lugares en los que estuvimos años atrás. A cada persona hay diferentes canciones que le recuerdan diferentes momentos y lugares. Sin embargo, existe bastante consenso en algunas canciones clave que a muchísimos nos transportan a ciudades ya antes visitadas o vividas. 

Un buen ejemplo es Rio de Janeiro. A Cidade Maravilhosa cuenta con algunas canciones que si o si nos transportarán de nuevo a sus playas y barrios a todos los que hayamos tenido la suerte de pasar un tiempo allí. ¿O es que la célebre canción Garota de Ipanema no nos hace pensar en las maravillosas puestas de sol desde Arpoador? Esta canción, la más famosa del género bossa nova, fue compuesta por Vinícius de Moraes y Antonio Carlos Jobim, siendo inspirados por Heloísa Eneida Menezes Paes Pinto, que pasaba siempre camino a la playa mientras ellos componían en el bar Veloso - actualmente bar Garota de Ipanema -  Aquí os dejo la versión mitad inglés, mitad portugués de mi querida Bebel Gilberto:


                                 "A beleza que não é só minha, que também passa sozinha"

Pero Rio no es solo bossa nova. ¿Como olvidar la samba? Este es el género que envuelve la ciudad en sus inolvidables carnavales. Una de las sambas más míticas es la Samba de Orly, compuesta en los años setenta, durante la dictadura militar de Brasil, por Toquinho, Chico Buarque y Vinícius de Moraes, en honor al aeropuerto parisino donde llegaban los refugiados brasileños. La letra tienen una profunda carga crítica a la dictadura y evoca la pena de muchos de los que tuvieron que huir. Aquí os dejo la versión, también de Bebel Gilberto - sí, soy un pesado - que hizo para la maravillosa película "Rio". 

"Vai, meu irmão, pega esse avião, você tem razão de correr assim desse frio, mas veja o meu Rio de Janeiro,  antes que um aventureiro lance mão."

Finalmente, una canción que está entre camino de la bossa nova y la samba, pero que no es ni una cosa ni la otra. ¿Cómo no pensar en nuestros paseos por la rua du Comerço o en las subidas al Pan de Azúcar cuando suena Mas que Nada? Esta canción la compuso Jorge Ben Jor y pronto se convirtió en un éxito mundial. En este caso os dejo la versión original, nada de versiones esta vez:

                     "Mas que nada sai da minha frente  pois o samba está animado e eu quero  sambar."

Y ahora viene París. Claro, mi ciudad favorita diréis muchos. Pero también la de muchísima gente. Y decenas de canciones transportan a más de uno a la ciudad de las luces y del amor. La primera seguramente es La vie en rose de Édith Piaf, sin duda la canción que nos llevará a la melancolía de un lluvioso y otoñal paseo por el Quartier Latin.

 "Quand il me prend dans ses bras, il me parle tout bas, je vois la vie en rose."

Y por supuesto, el acordeón, un instrumento tan parisino que hace que hasta el que no ha estado nunca evoque la Torre Eiffel, la catedral de Notre-Dame o la basílica del Sacré Coeur. Escuchar el Ballad de Paris, de François Parisi nos llevará a momentos como cuando uno el tren sale de la estación de metro de Passy y cruza el Sena hacia la de Bir-Hackeim en la línea 6 mientras aparece majestuosa la "Vieja Dama". 


¿Como no evocar las calles de Montmarte de noche, hasta llegar a las escalinatas y tener Paris a tus pies, cuando suena La Bohème de Charles Aznavour? Es imposible para todos los afortunados que hemos podido vivir un tiempo de nuestra juventud en la ciudad más bonita del mundo.

"La bohème, ça voulait dir on est hereux on était jeunes, on était fous, ça voulait dire on a vingt ans"

Y por último, una canción que siempre siempre me trae el olor a pólvora y las lágrimas de miles de valencianas y valencianos durante la Ofrena a la Mare de Déu dels Desemparats, les macletaes o la Cremà: el pasodoble Valencia, compuesto por el andaluz José Padilla y estrenado en el mítico teatro Olympia de París, haciendo millonario al compositor debido al aplastante éxito del pasodoble. Aquí os dejo la versión del gran Plácido Domingo:



"Valencia es la tierra de las flores, de la luz y del amor. Quisiera en la huerta valenciana mis amores encontrar"

¿Qué más canciones se os ocurren? En próxima entrada os hablaré de canciones que nos hacen viajar a otras ciudades como Nueva York o La Habana. Mientras tanto, viajemos con la música a París, Rio y Valencia. 

dijous, 6 de març del 2014

Bocas del Toro

La joya del Caribe panameño

Estos Carnavales 2014 los he pasado en el archipiélago de Bocas del Toro, la joya del Caribe panameño según numerosos medios locales.

La ida la hicimos en autobús desde Ciudad de Panamá – Terminal de Albrook – hasta la localidad bocatoreña de Almirante. Su asequible precio lo hace irresistible. Lo único malo es que no se pueden comprar los billetes de autobús online con lo que hay que estar en la terminal cuando salen a la venta para no quedarse fuera.Personalmente se me hizo rápido el trayecto ya que me dormí todo el camino. Pero es un poco pesado porque al llegar a Almirante hay que tomar un barco hasta Bocas del Toro – que también se me pasó rápido, la verdad-. 

Nos alojamos en Bocas del Toro, la capital del archipiélago homónimo, situada en una punta de isla Colón. En concreto en “Bocas Condos”. Se trata de un edificio lleno de apartamentos con cocina – bien equipada por cierto -. A pesar de ser temporada alta me parecieron precios más que asequibles para la calidad y limpieza que ofrecen. Además, están situados bastante cerquita de todo, especialmente de la calle tercera que es donde se concentran la mayoría de pequeños supermercados, restaurantes y bares. Aunque es verdad que el pueblo de Bocas del Toro es bastante pequeño y se puede recorrer de lado a lado en unos diez minutos.

Tras instalarnos en nuestro estudio nos fuimos a desayunar a Bocas Blended, por recomendación de una amiga. Se trata de un antiguo autobús reconvertido en cocina donde poder tomarse algo en la barra o en las mesitas y sillas que hay alrededor – incluido el techo del bus -. Allí sirven deliciosos wraps,  burritos, smoothies naturales y muchas cosas más. Mientras esperamos podremos escuchar a las cocineras hablando entre ellas en el “patuá” una lengua que derivó de una especie de “broken English”. Recomiendo muchísimo este lugar.

Ese día nos lo tomamos tranquilo porque hacía mal tiempo así que aprovechamos para pasear, ver el ambiente de Carnaval y recorrer algunos de los bares del pueblo. A la hora de la merienda fuimos a Fat Boy Treats, un pequeño local donde encontrar algunas delicias como sus donuts caseros recién hechos. En la calle, mientras, había un desfile de diablos, típico de Carnaval.

Cayo Carenero y Red Frog

Ese día también tomamos uno de los taxis acuáticos para cruzar donde Cristóbal Colón desembarcó en 1502:  Cayo Carenero. Está situado justo enfrente y fuimos para visitar el famoso Aqua Lounge, un bar de madera construido en mitad del agua. El bar cuenta con columpios sobre el agua y una gran cama elástica para saltar, además de piscinas interiores. Tras tomarnos algo allí, nos dirigimos de nuevo hacia Bocas del Toro para cenar y salir. Buscando restaurante – es difícil encontrar sitio para trece personas sin reservas en temporada alta – acabamos en Bocas Bambu, un gigantesco restaurante al aire libre con personal amabilísimo y un espectáculo de una banda de acróbatas del fuego bastante entretenido e impresionante. La comida es mediocre pero los precios son decentes.

Acabamos finalmente en Casa Animal, un gigantesco local que solo abre en determinadas fechas, como Año Nuevo o los Carnavales. Con suelo para bailar de luces, espejos que te deforman, una gigantesca terraza y DJ en directo, se forman buenas fiestas en este lugar con música variada: desde house a reggaetón pasando por reggae y pop-rock. Ese día no acabamos muy tarde.

Al día siguiente aprovechamos y nos levantamos pronto. Como algunos amigos habían alquilado la amplia Casa del Mar que incluye una lancha con la que recorrer las diferentes islas y cayos del archipiélago, fuimos con ellos a visitar la bahía de los delfines – donde vimos un delfín – y  el cayo Coral – con casitas de madera en mitad del agua donde sirven comida, además de aguas cristalinas y peces de todo tipo en sus corales -. Finalmente acabamos en la maravillosa playa de Red Frog. Esta playa es en realidad una propiedad privada por lo que hay que pagar entrada. En esta exclusiva zona hay un grupo de casas de alto standing. De hecho se accede a través de un amarradero y luego hay que caminar unos 15 minutos en una carretera que atraviesa el bosque. Lo único que no me gustó fue que estaba a tope de gente. Pero el paisaje era increíble. A diferencia de otras playas de Bocas, aquí hay olas constantes.

Ese día cenamos en casa y luego salimos al Tunga Bar en el Hostal Tungara, un pequeño local donde el DJ pincha música demasiado buena y moderna abundando el minimal. No paramos de bailar hasta que nos fuimos, no demasiado tarde la verdad.

Cayo Zapatillas & Isla Bastimentos

Al día siguiente tomamos de nuevo la barca para ir rumbo a cayo Zapatillas. Durante los trayectos en lancha disfrutaréis de los bellos cielos y los frondosos manglares que cubren numerosas islas del archipiélago. Aunque no hacía muy buen tiempo y llovió un poquito, finalmente logramos que salieran algunos rayos de sol. Este parque nacional es bonito pero ni mucho menos supera al archipiélago de San Blas. Pude hacer un poco de snorkel por sus alrededores y es bastante sencillo, aunque sí que se ven muchos corales y peces de diferentes tipos.

Ese día cenamos en The Firefly, un bonito restaurante situado en la costa de isla Bastimentos, a 7 minutos en taxi acuáticos de Bocas del Toro. Esta isla guarda más una esencia del Caribe remoto y es perfecta para una velada tranquila, de relax, alejada de ruidos y multitudes. The Firefly cuenta con una bella terraza decorada con tiras de luces de feria y espectaculares vistas al mar, especialmente durante los bellos atardeceres. Su cortísimo menú escrito en una pizarra y con ingredientes del día ofrece platos fusión Asiático-Caribeños con creciente importancia de la comida Thai y Malaya. Son todos tipo tapa por lo que será necesario dos por persona para cenar bien. Yo pedí un carpaccio de remolacha con sandía y queso de cabra de entrante y un filete de atún de segundo que estaba espectacular. Se deshacía en el tenedor. El curry verde también estaba muy bueno. Además, tienen varios cócteles que vale la pena tomar, como el “MARacuyá”, a base de ron, caña de azúcar y maracuyá natural. La vuelta en bote, ya de noche, también fue preciosa, con una suave brisa soplando mientras admirábamos el cielo salpicado de estrellas.

Esa noche – la última -  salimos de nuevo a Casa Animal. Estuvo muchísimo mejor que la primera vez. Y finalmente, bien entrada la noche, llegó el equipo de acróbatas de fuego de Bocas Bambu que empezaron un espectacular show en mitad del club. Un gran cierre de la noche en el archipiélago.

Al día siguiente observamos desde fuera, en el parque municipal, el tradicional “culeco” consistente en un camión cisterna cargado de agua que se lanza en mangueras al público asistente que baila y bebe. Tras tres días de fiesta nocturna no nos apetecía más fiesta y menos a pleno sol.

La vuelta la hicimos en avión. La diferencia con el autbús es brutal. Ahora bien, al ser Air Panama la única compañía operando vuelos locales se aprovechan y suben los precios ridículamente. 


¿Hay que ir entonces a Bocas del Toro? 

Bocas del Toro es efectivamente un gran destino. Sin embargo, el que se encuentre en Panamá y busque playas paradisíacas debe dirigirse a San Blas, mucho más cerca, barato y espectacular. El que busque snorkel mejor hará visitando el parque nacional de isla Coiba, donde con un par de gafas y desde la superficie podréis ver tortugas, peces de todos los colores, erizos de mar y varios tiburones.

Eso sí, los que busquéis un poquito de lo anterior pero también algo más de fiesta en la playa, entonces y sólo entonces, Bocas será vuestro destino.