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dimarts, 30 de juny de 2015

Brujas

Brujas es sin duda una de las ciudades más bellas de Bélgica, y una de las más visitadas de Europa en relación a su tamaño: aproximadamente 4 millones de visitantes por año frente a sus 60,000 habitantes. Conocida como "la Venecia del Norte", muchos esperan encontrar una ciudad con canales en vez de calles. Craso error. Por supuesto que hay bellos canales, pero ni mucho menos en todas las calles. De hecho, se le llama así (desde hace siglos) debido a que Brujas era la ciudad contraparte de Venecia en el norte para redistribuir mercancías llegadas de la ruta de la Seda por el norte de Europa y enviar las mercancías de la Liga Hanseática a Venecia y desde allí, redistribuirlas por el sur de Europa y hacia Oriente. Numerosos comerciantes venecianos e italianos en general tenían lujosas residencias en Brujas, donde pasaban largas temporadas.

Un buen punto para empezar una visita a Brujas es bajo la estatua de Van Eyck, diplomático y pintor de referencia del primitivismo flamenco. En este lugar se situaba el antiguo puerto principal, donde llegaban mercancías de todo el norte de Europa para descargarse. Los barcos cargaban entonces mercancías hechas en Flandes, en el sur de Europa o incluso lugares más lejanos. Este gran canal que servía de puerto tiene al lado la casa donde se pagaban los impuestos, bellamente decorada, así como la casa de las justas, con un torreón, donde los más ricos ciudadanos organizaban duelos. Allí se encuentra aún la estatua del oso blanco, símbolo de Brujas, ya que se dice que antes de la fundación de la ciudad vivía un oso blanco en los alrededores de la ciénaga. Una plazoleta al lado, llamada Biskjaier, recuerda donde se localizaba la residencia de los vizcaínos, diferente a la del resto de españoles, que encontraban en la calle de los españoles, Spanjaardstraat.

Unos pasos siguiendo la calle Academistraat, alejándonos del antiguo puerto, encontraremos el lugar donde se fundó la primera Bolsa del mundo, en la taberna de la familia De Beurze. Al lado está el magnífico edificio donde se reunían y alojaban los genoveses, de estilo gótico tardío.

Siguiendo por la calle Vlamingstraat veremos muchas tiendas e incluso una de las casas más antiguas de la ciudad, con la fachada de madera. Si queréis hacer una parada, os recomiendo el salón de té "Prestige" donde podréis degustar bollería recién hecha, pasteles y quiches caseras con un personal muy amable. El lugar perfecto para hacer un brunch, aunque algo cursi, eso sí.

Siguiendo por esta calle llegaremos al corazón de la ciudad: el Markt, la plaza mayor, donde se encuentra el icónico Belfort, el enorme campanario civil con el que los ricos comerciantes mostraban su poderío ante los campanarios de las iglesias. Es un poco caro subir y casi siempre hay largas colas, pero vale la pena ascender sus 365 escalones para admirar la ciudad desde las alturas. Además,  a mitad de trayecto podremos ver el carrillón, sus engranajes y sus 47 campanas. Bajando de nuevo a la plaza veremos las coloridas casas de cada uno de los antiguos gremios de la ciudad. Si llegáis a mediodía escucharéis el himno de la Unión Europea tocado por el carrillón, aunque durante el día suenan diferentes canciones internacionales, al gusto del campanero.

Continuad por la peatonal Breidelstraat hasta llegar a Burg, la plaza del ayuntamiento, donde el imponente edificio municipal domina las vistas, gracias a las decenas de estatuas de los condes y condesas de Flandes. Especialmente remarcable es el salón gótico, situado en su primer piso, con su techo ricamente policromado. Saliendo a la plaza de nuevo, dad un vistazo  a la bellamente decorada capilla de la Santa Sangre, donde se encuentra una de las reliquias más curiosas de la Cristiandad: una botella que contiene sangre de Jesucristo. Finalmente, dirigíos al hotel Crowne Plaza de la esquina, donde podréis visitar los sótanos: allí están las bases de la antigua catedral, destruída tras la revolución francesa así como vitrinas con restos de objetos encontrados durante la construcción del hotel. Si luego bajáis por la pequeña callejuela Blide-Ezelstraat que atraviesa un puente del edificio municipal llegaréis hasta el mercado del pescado de mar (cubierto y organizado) y el de pescados de río, que en realidad es una plazoleta donde también se vendían las pieles curtidas. De allí, seguid por Dijver, pasando el histórico edificio del Colegio de Europa hasta llegar hasta el jardín Arenshoft que cuenta con un pequeño puentecito donde muchísimos jóvenes de la zona se dan su primer beso. Tmbién se encuentra allí la estátua de Joan Vives, el humanista valenciano que estudió y trabajó en Brujas parte de su vida. Si continuáis paseando, llegaréis hasta la iglesia de Nuestra Señora (Onze-Lieve-Vrouw) donde se encuentra la célebre Madonna de Miguel Ángel. Finalmente si seguís por le sur llegaréis hasta el bello Beguinage, rodeado de canales y pequeños prados (floridos en primavera) donde habitan patos y cisnes.

En todo este recorrido poned especial atención a las decenas de carruajes tirados por caballos que no cesan en sus recorridos por la ciudad, así como a los ciclistas, muchos de los cuáles serán estudiantes del Colegio de Europa con prisas para llegar a alguna clase o a la cantina antes que la cierren.

El recorrido en barca por los canales, aunque corto (menos de 30 minutos), es muy recomendable para tener una perspectiva diferente de la ciudad, Se pueden tomar por ejemplo desde el puente con el santo en Huide-vettersplein. Por cierto, esta zona de confluencia de varios canales es perfecta para una fotografía, gracias a las maravillosas vistas del Belfort junto con el gigantesco sauce llorón y las decenas de casas tradicionales que se amontonan alrededor de esta zona de agua. Finalmente, algo alejado de este circuito turístico, en el barrio de Santa Ana, se levanta una de las iglesias más raras de Brujas, construída en el siglo XV por la rica familia Adornes: la Jeruzalemkerk. Por fuera destaca su campanario acabado en madera con una esfera verde y medias lunas y estrellas doradas en las puntas. El interior es bastante macabro, recordando el Santo Sepulcro situado en Jerusalén, por lo que hay numerosas calaveras en piedra y una efigie del cadáver de Cristo en la capilla inferior. En mitad de todo está la tumba del patriarca de la familia, Anselm Adornes, en mármol negro, donde se dice que solo se encuentra su corazón, que fue lo único encontrado tras su asesinato en Escocia en 1483.

Si hablamos de museos, en Brujas hay muchos. Si sólo tuvierais tiempo o ganas de visitar uno, el  imprescindible es el Groeningemuseum, con once salas que acogen obras de los principales artistas locales de todas las épocas o que fueron compradas por notables locales, destacando las salas dedicadas al primitivismo flamenco donde admirar la "Virgen del canónigo van Der Paele", de Van Eyck (que me recordó muchísimo a "la Verge dels Consellers" de Lluís Dalmau), o el bien pintado desuello de"el rey Cambises y el juez" de Gerard David. También hay sendos lienzos surrealistas de Magritte y Delvaux. Mi cuadro favorito fue "el Juicio Final" de El Bosco, donde el autor despuntaba inicios de surrealismo ya en el siglo XV, y que me recordó a su otro magnífico cuadro "el Jardín de las Delicias".

Finalmente, os recomiendo alquilar bicicletas un día para recorrer los llanísimos campos que separan Brujas del mar, pedaleando a la orilla de los enormes canales bordeados de esbeltos árboles y visitando pueblecitos con encanto como Damme. Llegaréis hasta el mar a la pija Knokke, las bellas dunas de De Haan o el icónico Pier de hierro fundido de Blankenberge, donde celebré una de mis últimas fiestas como estudiante del Colegio de Europa.

Respecto a donde comer y beber, reservo los consejos para la próxima entrada, aunque como adelanto, no podéis dejar de probar dos cervezas locales; "Garre" y "Brugse Zot". Aviso que esta entrada es sólo un simple esbozo. Tras diez meses de vida en esta pequeña ciudad, podría pasarme horas escribiendo sobre Brujas. De todas formas, todo el centro histórico está catalogado como patrimonio de la humanidad UNESCO, así que simplemente callejear y perderse por sus bellas calles y canales bastará para disfrutar de un bello día.

dimarts, 23 de juny de 2015

Blegny Mine

Revisando la lista del patrimonio de la humanidad UNESCO en Bélgica, me dio cuenta que uno de los puntos más destacados son los cuatro sitios mineros mayores de Valonia, una región que vivió un gran desarrollo hace varias décadas gracias a la industria del carbón. La importancia socioeconómica que tuvo esta industria para Bélgica es incuestionable. Casi toda la fuente de energía que hizo posible la revolución industrial fue el carbón. De ahí mi interés por conocer la historia de la obtención de esta materia prima. Así que tomando el tren en Brujas llegamos hasta Lieja, la ciudad más grande de Vallonia. 

Lo primero que nos recibió fue la magnífica estación de Liège-Guillemins, diseñada por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava. Todo en ella me transportó a la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia, tanto sus acristaladas estructuras de hormigón blanco como sus interiores futuristas. Preciosa. Tras varias fotos hicimos el intercambio de tren hasta llegar a Liège-Palais y allí tomamos el bus número 67 de la compañía pública TEC, en la estación situada en la cercana rue Léopold. Tras casi cincuenta minutos bajamos en una parada en mitad del campo cerca de Trembleur (indicad al conductor que os avise de cuando haya que bajar para visitar Blegny Mine).

Una vez allí, tras caminar un poco (la mina es perfectamente visible gracias a su alta torre) nos dirigmos a las taquillas para comprobar los diferentes horarios de las visitas (en francés o en holandés) aunque también hay audífonos en inglés y alemán. Sin embargo, es mucho mejor escuchar a los antiguos mineros, que son los que guían a través de la mina, ya que cuentan sus historias y experiencias personales.  Tras comprar dos billetes para la visita de la una de la tarde, nos fuimos a la cantina anexa a comer. Recomiendo encarecidamente que pidáis las boulets ligeoises, un plato típico de Lieja que son como albondigones caseros deliciosos. Además viene acompañado de patatas fritas caseras al estilo belga y ensalada, con lo que es suficiente. 

Tras la comida, nos dirigimos a la entrada donde nos recibió un amable minero jubilado llamado Antonio, nacido en Portugal, que hablaba francés con un clarísimo acento luso. Lo primero que hicimos fue ver un breve documental acerca de la importancia del carbón para la revolución industrial así como los procesos geológicos que llevan a su formación. Tras ello, Antonio nos acompañó al cuarto donde se cambiaban los antiguos mineros para ponernos un blusón y un casco, evitando así golpes o manchas en la mina. Ya pertrechados nos dirigimos al ascensor de dos pisos que nos introdujo a más de 100 metros bajo tierra a gran velocidad. Uno de los pasillos de la mina Blegny se abría ante nosotros, de forma semiovalada con las paredes sujetas con arcos metálicos y vigas de madera. Una estecha vía recorría el centro del pasillo, ahora seco pero que cuando la mina estaba en operación solía estar lleno de agua. De vez en cuando nos ibamos topando con vagones llenos de carbón o máquinas a motor diésel, ya en desuso.

Durante la visita, Antonio fue explicando el proceso de obtención del carbón. De vez en cuando activaba algunas máquinas o instrumental (como el extractor de humo o los taladros) para mostrar lo terrible de la situación de trabajo en la mina. De hecho, la sordera es una de las principales enfermedades que afecta a los mineros. Tras visitar el primer túnel, bajamos por una larguísima escalera hasta uno aún más profundo donde nos explicaron como los niños trabajaron en las minas hasta que el trabajo infantil se prohibió. Antonio nos contó su caso personal cuando comenzó a trabajar a los 14 años como minero en Portugal.

La visita acababa en la parte más alta de la mina, elevada, donde se seleccionaban los trozos de carbón, en una sala presidida por una Santa Bárbara, patrona de mineros, bomberos, marineros y demás oficios peligrosos. La visita acaba con un corto espectáculo audiovisual muy moderno que no hace demasiada gracia a los mineros. En palabras de Antonio: "no necesitamos el reconocimiento de nadie, nosotros ya sabemos lo que hemos sufrido".

Me fui de Lieja sin poder visitarla de forma apropiada ni comerme uno de sus típicos gofres, pues nos fue imposible encontrar uno. Sin embargo, espero volver pronto a Valonia y a esta ciudad puesto que son aún muchas las cosas que me quedan por descubrir allí. 

divendres, 5 de juny de 2015

Gozo

Toda visita al archipiélago maltés que se precie no puede ignorar pasar, al menos un día, en Gozo, la segunda isla del país. Una de las formas más rápidas de llegar es alquilando un coche para llegar a la terminal de ferries de Cirkewwa. De ahí, uno puede subir el coche al barco. Tras un corto trayecto se llega al puerto de Gozo.

Empezamos por Victoria, la capital de la isla, desde cuya ciudadela se puede atisbar la casi totalidad del territorio. La historia de Gozo está plagada de invasiones de todo tipo: corsarios, sarracenos... en numerosas épocas los locales fueron sometidos a la esclavitud. Es por ello que en 1565, tras un gran asedio, los caballeros de la Orden decidieron poner punto y final a la situación fortificando la Ciudadela para dar protección a la población. De hecho, hasta 1637 fue obligatorio por ley para todos los ciudadanos pasar la noche puertas adentro por su seguridad.

Con el Mediterráneo pacificado, la población empezó de nuevo a asentarse en los alrededores de la ciudadela y así nació Rabat, que en maltés, al igual que en árabe, significa "lugar fortificado". Lo cierto es que la imponente ciudadela, que domina parte del paisaje de la isla es digna de visitarse, especialmente su plaza de la catedral, toda de color de la arenisca de las rocas que forman el suelo y las construcciones circundantes, así como las empinadas escalinatas del templo religioso.

Nosotros, paseamos por sus murallas admirando los campos, montañas y el mar. Destacan las vistas de la imponente iglesia de Xewkija, y su enorme cúpula. Algo despistados, acabamos en nuestro recorrido por las murallas acabamos entrando por error en una zona en construcción con varios obreros mirandonos con cara de incredulidad. Por cierto, las callejuelas de la ciudad baja también tienen gran encanto.

Para almorzar nos dirigimos al pequeño pueblecito de Xlendi, situado en una cala rocosa, donde hay un restaurante muy popular: The Boat House. Además de las relajantes vistas, destaca su amplia carta con numerosos platos tradicionales malteses centrados en los productos del mar, empezando  por las pastas. Pedimos los raviolis rellenos de langosta, bastante sabrosos. Pero antes nos sirvieron unos pequeños entrantes de cortesía, con la típica mantequilla de ajo incluída. Como primer plato pedimos el tradicional queso de Gozo frito servido con una buena ensalada aliñada con chutney de mango. Me llamó mucho la atención la amabilidad del servicio así como la calidad y frescura de sus productos.


Una vez satisfechos, continuamos rumbo hacia uno de los puntos más turísticos de Gozo: la famosa ventana azul o "azure window", una bella formación natural rocosa en forma de arco situada en la bahía de Dwejra. Las combinación del luminoso sol Mediterráneo con el color de la roca y el azul intenso del mar es impagable. Aunque oficialmente está prohibido subirse debido al riesgo de caídas (y así se indica en numerosos carteles), nosotros hicimos caso omiso y nos adentramos un poquito en la cima del arco para disfrutar de las bellas vistas y hacernos algunas fotos. 

La visita acabó en las salinas de Qbajjar, mucho menos frecuentadas por el turismo que la ventana azul. De hecho, nosotros estuvimos totalmente solos, disfrutando de esta construcción de la época romana. Al subir la marea, una serie de canales colocan el agua en diferentes balsas de muy poca profundidad (menos de 20 centímetros) en las que el agua pasa el día y se va evaporando debido al calor del sol, quedando en el fondo los cristales de salmuera de los que se obtiene la sal. A esa hora de la tarde era impresionante admirar el fortísimo oleaje que sacudía con fuerza la rocosa costa y disfrutar del contraste tan bello entre estas salinas y el Mediterráneo. Debido a la erosión de siglos, el fondo de estas balsas artificiales es enormemente suave al tacto. Fue una experiencia muy relajante.


Gozo es más rural y natural que la isla de Malta. Un viaje al país quedará cojo si no conocéis esta isla, que incluso tiene un Ministerio entero dedicado a su gestión. Un último consejo, no os metáis en caminos no asfaltados aunque los GPS os lo digan.  Nosotros nos perdimos en varias ocasiones y en una casi derrapamos y acabamos en un barranco debido a la estrema estrechez de dichas vías. Lo mejor es no salirse de las carreteras asfaltadas. Así que desconectad el GPS y seguid las señales o preguntad a los locales. Os irá mejor. 

dimarts, 5 de maig de 2015

Malta

Llegada al archipiélago maltés.

Malta, el segundo país más pequeño de la Unión Europea, es un archipiélago compuesto de tres islas principales y varios islotes, presididas por la principal isla, que también se llama Malta. Allí aterricé con la compañía Air Malta, por cierto, bastante eficiente, con asientos muy cómodos y un aceptable servicio a bordo. Al llegar al aeropuerto tomé uno de los buses, que tardó más de una hora para recorrer los escasos 12 kilómetros a los que se encontraba mi destino: la bahía Spinola. La estrechez de la mayoría de calles y carreteras del país así como a los problemas de tráfico que sufre la isla crean contínuos atascos, impidiendo una circulación a mayor velocidad.

Ese día fue tranquilo: conocí el barrio de Saint Julian´s con sus turísticas bahías de Spinola, Balluta y Exiles, caminando por el paseo marítimo, jalonado de altos edificios de apartamentos así como de todo tipo de locales donde comer. Esa tarde nos recorrimos todo el paseo marítimo hasta el barrio de Sliema, observando la belleza del Mediterráneo, pero sufriendo el fortísimo viento de aquel final de marzo. Llegamos hasta el centro comercial The Point, donde justo al lado hay una pasarela peatonal desde la cual disfrutar de una magnífica panorama de la capital maltesa, La Valletta. De hecho, las mejores fotos de la capital se toman desde aquí.  

El paseo siguió por la bahía de Sliema donde encontramos una de las mejores pastizzerias del país: Mr. Maxims. Estos pequeños locales son recurrentes en toda Malta y allí se vende, entre otros productos, uno de los símbolos culinarios de la isla: los pastizzis de hojaldre recién hecho rellenos de ricotta o de crema de guisantes, especialmente sabrosos en este local. Y a tan sólo treinta céntimos de euro cada uno.

Sliema es la más turística e internacional de Malta junto con St. Julian´s. En estos barrios se encuentran restaurantes de cocinas de todo el mundo. De hecho, esa noche cenamos en el delicioso restaurante From Tokio to Seoul, que ofrece platos coreanos y japoneses a precios más que aceptables y que usa ingredientes de gran calidad. Allí probé también una CISK, la cerveza maltesa.

Dingli, Mdina y Mosta

El día siguiente lo dedicamos a explorar la isla de Malta en coche, empezando por los acantilados de Dingli. Aquí va mi primera recomendación: para conocer las islas bien lo mejor es alquilar un coche, ya que el transporte público en el país, aunque bueno, es bastante lento y no permite aprovechar bien los días. Aunque he de reconocer que al principio lo pasé bastante mal, ya que nunca había conducido un coche con el volante a la izquierda ni en un país en el que se conduce al revés. Las rotondas me confundían especialmente, pero por suerte mis "copilotas" fueron de gran ayuda. 

Ese día estaba el cielo nublado y el viento era aún más fuerte. Por eso, los acantilados se veían melancólicos con el Mediterráneo muy bravo al fondo. Hay allí una pequeña y sencilla capilla dedicada a Santa Maria Magdalena que sólo se usa una vez al año. La masiva presencia de edificios religiosos por todo el país es una de las cosas que primero llaman la atención al visitante. Orgullosamente católico, el archipiélago maltés cuenta con tantas iglesias como días tiene el año.

Tras el ventoso paseo al borde de los acantilados fuimos a comer a un restaurante tradicional maltés que cocina con productos que ellos mismos cultivan o cuidan en sus granjas, como las diferentes verduras, los quesos, los caracoles o el conejo. Se trata de Diar Il-Bniet, situado en la calle principal de Dingli. Pedimos todo para compartir: un medio conejo con la receta tradicional, una alcachofa rellena de atún, caracoles preparados a la manera de Dingli y una tabla de entrantes malteses que incluían quesos locales y unas salsas naturales. Todo regado con un delicioso y fresco vino blanco local. El servicio es amabilísimo y además, el restaurante cuenta con una tienda de productos tradicionales preparados o cultivados en las granjas del propio restaurante.

Para el postre nos dirigimos a la bella ciudad de Mdina, totalmente amurallada, y cuyas impresionantes puertas de entrada son dignas de una película de cabellería. En una de sus murallas se encuentra la popular casa de té Fontanella, donde se sirven deliciosos y espesos chocolates calientes especiados. Yo pedí en chocolate al aroma de naranja siciliana y estaba simplemente delicioso. Además, Fontanella ofrece una larguísima carta de tartas de todo tipo. Compartimos tres pedazos diferentes: la tres chocolates, la de zanahoria y la de galleta Maria, siendo esta última la más buena.

Tras el dulce postre nos dimos un paseo por Mdina, considerada una de las ciudades más bellas del país. Desde sus murallas se puede ver casi toda la isla. De hecho su situación estratégica en una colina fue decisiva en su elección como primera capital. Mdina significa "ciudad" en árabe. Conocida como la ciudad silenciosa, sus calles empedradas están flanqueadas de gigantescos palacios e imponentes iglesias, presididas por la catredral de San Pablo, cuyo suelo me llamó la atención al estar totalmente cubierto de losas fúnebres de los diferentes obispos que gobernaron esta diócesis, algunos de los cuales llegaron a cardenales. Por sus calles descubrimos también la capilla de Santa Úrsula, una de las primeras iglesias de la isla, que en ese momento estaba llena de pequeñas maquetas narran dola Pasión de Cristo, una tradición muy arraigada en Malta que se repite cada Semana Santa.

De allí nos fuimos a Mosta, una ciudad famosa por su gigantesca iglesia, que cuena con una de las cúpulas más grandes de la cristiandad. Personalmente es mi iglesia favorita del archipiélago. Su estructura circular es maravillosa y crea un espacio amplísimo, de gran solemnidad para las celebraciones eucarísticas. Esta iglesia se hizo famosa durante los bombardeos nazis a la isla (en aquel entonces una posesión británica). Una bomba atravesó uno de los plafones de la cúpula cayendo en mitad de una misa. Podría haber terminado en masacre pero no explotó y los malteses lo atribuyeron a un milagro. La bomba se desactivó y desde entonces se expone en el museo de la iglesia. En la cúpula es visible el plafón reconstruído que la bomba atravesó, de un color ligeramente diferente al resto. En el exterior, la imponente cúpula se esconde tras una gigantesca portada neoclásica con dos campanarios. Un elemento común a las grandes iglesias maltesas, y que la de Mosta también tiene, es que siempre cuentan con dos relojes: uno que da la hora real y otro que está deliberadamente mal ajustado para dar una hora errónea. Esto se hacía tradicionalmente para despistar al diablo y evitar que se intentara colar a las misas.

La ruta de los templos megalíticos

Mi fiel obsesión de conocer los lugares declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO me llevó al día siguiente a visitar el Hipogeum de Hal-Saflieni, en Paola, un excelente cementerio prehistórico subterráneo. Sin embargo, las entradas estaban agotadas hasta mayo. Algo frustrado, decidí continuar mi ruta hacia los tres templos megalíticos de Tarxien. Situados al aire libre, los templos tienen todos la misma estructura: recámaras circulares que van disminuyendo de tamaños conforme nos internamos y que están conectadas por estrechos pasadizos. Construídos en piedra, se cree que se dedicaban a la veneración de los muertos. Aquí son interesantes algunos de los relieves en piedra que muestran figuras de animales domésticos esculpidos con gran calidad, así como los diseños en espiral de algunos altares.

En los alrededores de los templos hay restos de piedras redondas situadas a lo largo de los caminos. Esto llevó a los arqueólogos a concluír que las grandes piedras que forman la estructura de los templos se transportaron por encima de caminos de grandes piedras redondas que limitaban la fricción y facilitaban sobremanera el traslado de las mismas.

Continué la visita dirigiéndome hacia la costa, para visitar la famosa Blue Grotto, la entrada a una caverna marina a la cual ese día no iba ninguna barca debido al fuerte oleaje. Sin embargo, el paisaje mereció la pena. Mientras disfrutaba del mar me comí un delicioso pastel de espinacas y ricotta acompañado de una famosa Kinnie, el famoso refresco maltés, elaborado con naranja "chinotto", hierbas aromáticas y especias. Tiene un sabor agridulce que recuerda al sabor del Campari, aunque sin alcohol, siendo la bebida preferida de los malteses.

Tras esta tranquila, soleada y ventosa pausa, proseguí la ruta de los templos y me dirigí hacia el sitio arqueológico más importante de todos: los templos de Hagar Qin y Mnajdra en Qrendi. Este gran complejo situado en un paraje natural protegido es sin duda el mejor de todos los del archipiélago. Si solo queréis visitar uno, este es el que se debe elegir. La visita empieza en el moderno centro de bienvenida, con una película en 3D con efectos especiales incluídos, que sirve como introducción a la historia de estos templos. La visita continua en el moderno museo donde profundizar en los detalles de la construcción y usos de estos templos. Llama la atención una maqueta que permite proyectar luz artificial a modo de sol para ver como los rayos del astro rey iluminan los interiores de los templos durante los solsticios y equinocios. Esta elaborada construcción y previsión demuestran los avanzados conocimientos matemáticos y astronómicos de la antigua civilización megalítica que habitó el archipiélago maltés.

A continuación se visita el primer gran complejo de templos de Hagar Qin, cuyas ruinas se encuentran actualmente cubiertas por una gigantesca carpa para protegerlo de las inclemencias del tiempo. Sobresale uno de los grandes megalítos usados en la construcción, de más de 20 toneladas. Los expertos aún se pregutan por las maneras en las que pudo ser transportado y elevado. También es pertubador el agujero elíptico perfectamente excavado en otra de las rocas que forman las paredes de una de las antiguas salas de templo, por el que entraba la luz del sol durante el solsticio de verano y la proyectaba en la pared. Las vistas del mar desde el templo, situado en una colina, son bellísimas.

La visita sigue por un recto camino que baja 500 metros hasta el complejo de templos de Mnajdra, también cubiertos por una gran carpa. En ellos se pueden ver puertas perfectamente talladas así como una decoración en la roca a base de miles de puntos que se dicen servían para contar el pasar del tiempo. El templo está construído encima de una plataforma artificial de roca también contruída durante el período megalítico.

Tras la belleza de los templos y del paisaje mediterráneo de Qrendi, el día acabó en el pueblo pesquero de Marxaslokk, lugar tradicional al que ir los domingos para poder comprar pescado fresco a buen precio o degustarlo en sus restaurantes especializados. Allí pude admirar las típicas barcas maltesas de colores con los dos ojos de Isis, símbolo traído por los fenicios y que aún hoy los pescadores usan para protegerse de la mala suerte. Finalmente, nos fuimos a dormir pronto porque al día siguiente teníamos excursión a la segunda isla del país: Gozo. 

La capital de los Caballeros Templarios

Tras un fantástico día en Gozo, el final de mi visita a Malta lo dediqué a su gloriosa capital: La Valletta. Accedimos a la bella ciudad amurallada por la espectacular Triq Ir-Repubblika, la calle principal, donde lo primero que uno se encuentra es el nuevo y modernísimo edificio del Parlamento maltés, que estaba a punto de inaugurarse. Continuamos por la calle, jalonada de palacios, edificios de época y grandes instituciones como los tribunales de justicia o el bellísimo palacio del Gran Maestre de la Orden de los Caballeros Templarios, ahora sede de la presidencia de la República. Al ser día festivo estaba cerrado y no pude entrar a visitar sus solemnes estancias. Me conformé con admirar su fachada exterior, donde destacan las serie unidas de balcón tradicional maltés, que consiste en una estructura de madera cerrada que sobresale del muro, pintado de diferentes colores, en este caso en color verde.

Paramos un rato a descansar en la soleada terraza del Cafe Cordina, en la plaza de la biblioteca nacional, el lugar con más solera de Malta para tomarse un té o café acompañado de algún dulces: tienen una variedad enorme. A mi me encantó el budín maltés. Antes de irnos, entramos al interior del elegante café para ver los frescos que resumen la historia del país, destacando el último, que se pintó con motivo de la entrada de Malta en la Unión Europea y muestra una alegoría de ello. 

Seguimos paseando por las bellísimas y decadentes calles, llegando hasta la Concatedral de San Juan, muy fea por fuera pero bellísima por dentro. Sin embargo, la iglesia más impresionante de la ciudad fue reconstruída hace muy poco: se trata de la basílica de Nuestra Señora del Carmen, cuya cúpula, auténtico símbolo del skyline de la ciudad, se construyó durante los años sesenta del siglo XX. Otro de los edificios que más me gustaron de la isla es el albergue de Castilla. Este edificio barroco es toda una joya arquitectónica. Antiguamente alojaba a los caballeros de la Orden de Malta provenientes de los Reinos de Castilla y Portugal. Actualmente alberga las oficinas del Primer Ministro. Su imponente y simétrica fachada refleja autoridad y poder, combinado con la serenidad que le dan sus contraventanas de madera pintadas de verde oscuro.

Y claro, si había un albergue de Castilla, tendría que haber uno de Aragón. De hecho, la Orden de Malta la fundaron ocho nacionalidades que aportaban caballeros y dinero: Castilla, Inglaterra, Auvernia, Alemania, Aragón, Francia, Italia y Provenza. Estas ocho naciones se representan en las ocho puntas de la cruz símbolo de la orden. Obviamente, no podía irme de Malta sin ver el albergue de Aragón. Finalmente, y tras mucho buscarlo, llegamos hasta la plaza de la Independencia, donde está situado. El albergue es ahora la oficina del vice primer ministro del país. El edificio es señorial pero muy sencillo y austero por fuera. En este palacete se alojaban los caballeros de la Orden de Malta provenientes de los territorios de la Corona de Aragón cuando se les destinaba a la isla. Me hacía ilusión ver el lugar en el que muchos caballeros valencianos pasaron largas temporadas defendiendo este pequeño pedazo del Mediterráneo. En esta serena y arbolada plaza, justo enfrente, está de la catedral anglicana de la ciudad, de estilo neoclásico.

La visita acabó en los jardines de Barrakka, que cuentan con las mejores vistas de todo el país: desde allí se avistan las conocidas como tres ciudades: Birgu (Vittoriosa), Cospicua (Bormla) y Senglea (Lisla), pegadas una a la otra y ocupando tres pequeñas penínsulas que se adentran en la bahía. Sus fuertes, iglesias y casas construídas en la piedra color ocre tan típica de Malta ofrecen una bellísima estampa. Si tenéis tiempo, tomad un pequeño "aquataxi" que os llevará a ellas, cruzando las aguas del puerto. Nosotros no lo teníamos, así que nos conformamos con disfrutar de las magníficas vistas y de paso tener un poco de vértigo al acercarnos a ver el altísimo ascensor con el que se baja hasta la orilla.

Fiesta en PaceVille

Malta es muy conocida también por su fiesta. Dos noches de mi semana en Malta las pasé de fiesta en PaceVille, un barrio con locales de alcohol barato y música comercial cuyo núcleo concentra muchísimas discotecas y bares que, al menos cuando yo fuí, siempre estaban llenas. El ambiente es sobretodo de adolescentes de todo el mundo más borrachos de lo que toca, aunque por supuesto también hay gente normal. Pero no esperéis sofisticación, porque no la hay. Si hay algo que no me gustó fue que los locales están a tope de humo de cigarrillos, ya que nadie respeta la prohibición de fumar en el interior de los locales.

Alrededor de PaceVille hay también una multitud de bares donde tomarse entre amigos una de las famosas tablas de chupitos a precios de risa. Eso sí, cenad fuerte antes para que no os sienten mal. Además de la oferta internacional que señalaba al principio, hay muchísimos restaurantes de comida italiana o maltesa sin pretensiones, como el famoso The Avenue, con decenas de salas y un menú para todos los gustos. Recomiendo la pizza maltesa, con salchicha tradicional, berenjena siciliana, cebolla, mozzarella y queso de Gozo. El restaurante siempre está lleno. Por algo será.

Malta es un país curioso, que sorprende nada más llegar por su extraña lengua, un dialecto del árabe escrito con alfabeto latino y muchas influencias del siciliano y del inglés. Para los turistas es un destino perfecto, no sólo por sus razonables precios sino por la combinación de lugares históricos, gastronomía y fiesta que ofrece. Perfecto para pasar, al menos, una semana. Eso sí, alquilad coche. 

dijous, 2 d’abril de 2015

Servicios de las aerolíneas para nómadas

La competencia entre líneas aéreas es cada vez mayor. La aparición de las nuevas compañías low-cost, especialmente en Europa y el Sudeste Asiático, además de nuevas líneas aéreas de calidad y a precios competitivos provenientes de los países del Golfo, han creado una tendencia global de bajada general de precios y aumento espectacular de las conexiones aéreas. Cada vez es mas barato y fácil y de un lugar a otro del planeta con algunas excepciones, como el gran vacío de conexiones directas entre América Latina y África o Asia.

En este contexto de alta competencia, las líneas aéreas agudizan el ingenio para atraer al viajero, ya que las estrategias de precio ya no son la única manera de atraer nuevos clientes, debido como he mencionado a la bajada generalizada de tarifas. Algunas compañías, como Turkish Airlines, además de ofrecer el mayor números de conexiones (a los cinco continentes desde Estambul), también garantizan que, en caso que la espera entre vuelo y vuelo de conexión en el aeropuerto se haga lo menos pesada posible. ¿Cómo? En este caso han puesto en marcha el programa touristanbul con el que es posible unirse a un tour gratuito por la ciudad de Estambul en el caso que

A) El tiempo de espera entre aviones sea de mas de seis horas y

B) al menos seis horas transcurran entre las 9am y las 12pm o las 12pm y las 6pm, siendo ambos horarios los de los tours de la mañana y la tarde respectivamente, habiendo incluso un supertour disponible también para los que tengan que esperar entre las 9am y las 6pm.

Los tours ofrecen visitas a los puntos mas importantes de Estambul con explicaciones ofrecidas en inglés  por un guía profesional. Simplemente hay que dirigirse a la ofician de los tours en el aeropuerto, mostrar los billetes de transfer de Turkish Airlines media hora antes del inicio de cada tour (8.30 y 11.30am). La única excepción son los miembros del programa Miles&Smiles que pueden unirse incluso durante esa media hora final.

El servicio es tan completo que incluso los precios de las entradas a los monumentos o atracciones los ofrece la compañía de forma gratuita. Sin duda, mucho mejor pasar ese tiempo descubriendo las maravillas de la mágica Estambul que malgastar esas horas en el aeropuerto.

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Otra buena iniciativa que acaba de aparecer es el "extended stopover" de Icelandair en Islandia. Uno de los grandes problemas que enfrenta esta compañía aérea es que están fuera de las tres grandes alianzas existentes y por tanto volar con ellos no permite acumular millas. Sin embargo, los estrategas de la compañía han sabido convertir esta debilidad en una fortaleza poniendo en valor una posibilidad muy interesante que la compañía ofrece desde hace mas de cincuenta años pero que pocos conocen:

SOME AIRLINES GIVE YOU MILES. ICELANDAIR GIVES YOU TIME.

Con esta genial campaña de publicidad Icelandair recuerda la posibilidad de aprovechar un vuelo transatlántico para conocer Islandia sin ningún coste extra. En efecto, en nuestros vuelos entre Europa y Norteamérica en los que hay que intercambiar el avión en Reykjavic se puede pasar en Islandia hasta un máximo de siete noches sin ningún coste adicional antes de proseguir nuestro viaje en el siguiente vuelo a un lado u otro del Atlantico. Por tanto, podemos conocer Islandia aprovechando un viaje de negocios o placer entre ambos continentes. Icelandair ofrece otras ventajas adicionales, como la facturación gratuita de dos maletas.

En cualquier caso, bravo por Turkish Airlines e Icelandair, por abrir nuevas opciones a todos los que amamos conocer nuevos lugares y aprovechar el tiempo al máximo.

dimarts, 24 de març de 2015

Ginebra

La ciudad del jet de l'eau

Hace ya ocho años que fui a Ginebra para pasar la Nochevieja en uno de los encuentros europeos de la comunidad de Taizé. El 30 de diciembre de 2007 toqué la famosa verja que separa el jet de l'eau (símbolo de la ciudad por excelencia) de los visitantes. Dicen los lugareños que quién toca la verja volverá a Ginebra. El precio a pagar es la cantidad de agua que te cae encima hasta que llegas a tocarla, sobretodo si hay viento, ya que el gigantesco chorro salpicará por todo lado. El caso es que volví. Allí pasé los primeros días de marzo de este 2015 en un viaje de estudios del master que actualmente curso en el Colegio de Europa en Brujas.

Ginebra es una ciudad complicada para el turista joven. A primera vista parece que no hay mucho que hacer y las pocas actividades interesantes requieren dinero. Mucho dinero. Con la revalorización del franco suizo -debido a una decisión de su Banco Central- los precios son más elevados que nunca para todo aquel que llegue con euros. 

Sin embargo, hay bastante cosas que ver y hacer que no requerirán de un excesivo desembolso económico. Lo primero de todo es darse un paseo por las orillas del lago Léman. Las tardes soleadas de principios de marzo que pudimos disfrutar eran perfectas, ya que la temperatura era muy agradable y además se divisaban las altas motañas de los Alpes cubiertas de nieve. Cuando lleguéis a los alrededores del jet de l'eau, recorred los pequeños caminos de madera que atraviesan el lago hasta acercaros lo más posible al surtidor. Eso sí, llevad un chubasquero ya que es más que probable que acabéis empapados. Todo sea por tocar la verja blanca y de paso ver el chorro de agua de 140 metros de alto lo más cerca posible.

Fondues y otros básicos de Ginebra 

En la otra orilla frente al chorro se encuentra el restaurante, baños y sauna de Les Bains des Pâquis, donde se sirven tradicionales fondues en mesas para grupos. No os lo perdáis: goza de buenas vistas del lago y un ambiente relajado, perfecto para una cena informal entre amigos. En marzo aún hacía frío pero si vais en verano hay unas piscinas naturales en mitad del lago perfectas para darse un chapuzón y broncearse. 

Respecto a paseos urbanos, la rues de la Conféderation, du Marché y de la Croix d'Or son clásicos, donde están numerosas tiendas, chocolaterías, relojerías y demás productos típicos suizos. Muy cerca está la catedral de San Pedro, el elegante Gran Teatro o la imponente universidad de Ginebra con su promenade des Bastions. Cruzando el río Arve se encuentra el barrio de Carouge, que nos alejará de la ciudad y parecerá que estemos en un pueblecito en mitad de las montañas. El punto en el que se cruzan los ríos Ródano y Arve también es muy bonito por el cambio de colores que se observa en la confluencia de las aguas. Finalmente, un paseo por el jardín botánico -frente a la OMC- es también súmamente recomendable por la gran colección de plantas y el bello diseño paisajístico. 

Una ciudad muy internacional

Durante mi visita tenía parte del tiempo marcado por eventos, que empezaron con visitas y charlas a la Delegación de la Unión Europea ante la ONU y la Organización Mundial de Comercio. Al día siguiente tuvimos una cena-cóctel en la insulsa residencia del amable embajador de Francia antes la ONU y la OMC, que nos recibió muy bien. Las vistas del jardín de la residencia al lago Léman, sin embargo, eran preciosas, especialmente en una noche de luna llena como aquella. Después continuamos la velada en la Brasserie des Halles de l’Ile, que recomiendo encarecidamente por su bella situación en una pequeña isla en mitad de las rápidas aguas del Ródano. Además, su elegante ambiente cuando se transforma en un lugar de copas es estupendo.

A la mañana siguiente tuvimos la suerte de disfrutar de otro cóctel esta vez en la maravillosa y acristalada terraza de la Organización Mundial de la Meteorología (WMO). El día era soleado y desde allí hay unas vistas magníficas del blanco Palais des Nations, del lago Léman con el jet de l'eau, de la ciudad en general rodeada de los Alpes nevados... Intentad subir a la terraza de esta edificio si tenéis la oportunidad,

Otro de los puntos que vale la pena ver es la place des Nations, donde se encuentra el antiguo edificio principal de la Liga de las Naciones, el Palais des Nations, ahora sede europea de la ONU. Allí están en varias filas todas las banderas de los estados miembros. Además, en mitad de la plaza hay una gigantesca estatua de madera de una silla con una de las patas arrancadas. Simboliza el horror y la crueldad de las minas antipersona, una de las grandes lacras creadas por la humanidad. Son armas creadas no para matar, sino para hacer más difícil y cruel las vida de mucha gente y colapsar los sistemas sanitarios de las zonas en las que se colocan. Por desgracia aún hay miles de minas en el mundo. En 1999 entró en vigor el Tratado de Ottawa, en el que sus firmantes se comprometen a no usar, desarrollar, fabricar, almacenar o comerciar minas antipersona. Sin embargo, países tan importantes como Estados Unidos, China, Rusia o la India siguen sin firmar dicho tratado y por tanto, siguen fabricando y vendiendo minas antipersona. 

Ese día pudimos visitar el imponente Palacio de las Naciones y sus diferentes salas de reuniones que también están abiertas al turista en general: muy recomendable para una mañana. La arquitectura de estilo neoclásico, con gigantescos pasillos e inmensas escaleras, tiene una clara influencia de la arquitectura fascista de los años 30, donde claramente se observa el toque de los arquitectos italianos. El mármol de Carrara utilizado en numerosas columnas fue, de hecho, donado por Italia. Otra de las salas interesantes es la Sala de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones, en la que durante nuestra visita se celebraba la 28 sesión del Consejo de Derechos Humanos (que pudimos escuchar durante una hora). La impresionante cúpula del plenario fue diseñada por el artista catalán Miquel Barceló y donada por el gobierno español. La obra es una metáfora de lo que representan las Naciones Unidas, una especie de cueva barrida por olas y miles de afiladas estalactitas de diferentes colores y formas, como las opiniones y visiones que aquí se escuchan.

El último día dedicamos la mañana a visitar el CERN, uno de los lugares más fascinantes de Europa. Allí nos explicaron los orígenes de esta organización internacional y de qué estudios se realizan aquí, siendo el más importante el colisionador, a casi la velocidad de la luz, de protones, que experimenta para obtener partes aún más pequeñas de la materia y entender de qué se componen las cosas y cuál es el origen del universo. Pudimos ver el primer acelerador de partículas que allí se fabricó -pequeño comparado con el actual colisionador de partículas subterráneo de 27 kilómetros- así como una de las salas de control donde se toman fotografías de las colisiones. Un amable informático nos guió por el complejo y nos ofreció una interestantísima presentación. Esta visita está abierta a los turistas por lo que la recomiendo encarecidamente. La elegante cúpula de madera de la sala de eventos llama mucho la atención.

Finalmente, esa tarde fuimos al Comité Internacional de la Cruz Roja, donde tras una presentación del impresionante trabajo que esta organización realiza, pudimos visitar el nuevo museo de la Cruz Roja, muy didáctico e interesante. Personalmente me marcó la colección de objetos realizados por presos en todo el mundo que fueron regalados a los asistentes de la Cruz Roja que visitan las prisiones para evaluar las condiciones de detención y el trato a los reclusos. Impresiona la gran calidad de las obras que estos presos realizaron con latas, madera o incluso pastillas de jabón.

En general, Ginebra es una ciudad muy tranquila, con algo de ambiente por el barrio de Pâquis, debido a su gran variedad de restaurantes de todo el mundo así como bares, pero tampoco es gran cosa. Sus altísimos precios me hacen desaconsejar su visita por el momento y esperar a que mejore el tipo cambiario.

dimarts, 17 de febrer de 2015

Viajeros urbanos

El otro día descubrí en El Viajero de EL PAIS una sección muy interesante: Viajeros urbanos. Se trata de una red de más de 150  urbanitas que se toman su vida en su ciudad como si estuvieran allí de viaje permanente. Eso les hace ser más curiosos y disfrutarlas al máximo. Por eso, comparten en sus espacios diferentes entradas donde recomiendan los restaurantes más de moda, las mejores terrazas, monumentos curiosos, actividades interesantes, trucos para ahorrar... hay de todo. 

Es interesante para todos los públicos, porque combina información novedosa o curiosa que interesará a los propios habitantes de dichas ciudades y a la vez también hay entradas con información general o útil para viajeros que visiten dicha ciudad por primera vez, como paseos por los lugares básicos o hoteles curiosos a precios asumibles. 

La variedad de destinos es grande, pero me sorprenden muchísimas carencias, como por ejemplo Miami o a menor escala, Ciudad de Panamá. Personalmente he estado dando un vistazo a algunas de las ciudades en las que he vivido y encuentro grandes diferencias: por ejemplo, Madrid, París o Valencia cuentan con numerosas entradas y muy interesantes. De hecho, he descubierto muchos locales que no conocía de mi propia ciudad. Sin embargo, otras ciudades están bastante poco explicadas o de manera superficial, como por ejemplo Manila. De todas maneras, os invito a explorar la sección y las diferentes ciudades presentes por vosotros mismos. ¿Qué pensáis?