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dilluns, 27 octubre de 2014

Los mejores lugares a los que viajar en 2015

Como ya viene siendo tradición a finales de octubre, Lonely Planet acaba de sacar su tradicional lista de lugares que visitar, esta vez en 2015. Generadores de ansiedad por excelencia (sobretodo este año que ando escaso de presupuesto y tiempo), la editorial estadounidense nos propone una lista y sus razones para visitar determinados destinos este año. Y debo decir que me han sorprendido ya que proponen muchísimos lugares en los que nunca he estado. 

Empezando por las ciudades, de las 10 que proponen sólo he visitado una (y muy recientemente): Milán. Nada más y nada menos que en tercer lugar, sin duda el hecho que se celebre la Expo de 2015 influye en el ranking. Esta Expo tendrá como temática la gastronomía, por lo que es casi seguro que entre mayo y octubre me pase por la segunda ciudad de Italia para disfrutar de las últimas novedades de la gastronomía mundial, especialmente en el nuevo distrito de "comida futurista". Sorprendentemente la primera ciudad que visitar es Washington DC, en la que solo estuve un par de horas en su aeropuerto. Otras de las diez que más papeletas tienen para que las visite son Valletta y Viena, esta última porque, a parte de todo lo que tiene que ofrecer, celebra el festival de Eurovisión de este año. 

En países, Singapur encabeza la clasificiación. A mí personalmente me gustó muchísimo. Me parece una ciudad comodísima y vibrante. ¿La excusa para volver? En 2015 Singapur celebra su 50 aniversario como ciudad-Estado independiente. Un estado báltico, Lituania, se cuela en el tercer lugar, debido a su entrada del euro el año próximo así como por le magnífico centro histórico de Vilnius, declarado patrimonio UNESCO. Y en el cuarto lugar: Nicaragua. Lástima que no visité el país centroamericano cuando viví en Panamá. La culpa va para COPA Airlines y sus abusivos precios. En octavo lugar está mi querida Filipinas, un paraíso que cada vez más gente descubre, no solo por sus inolvidables islas (más de 7,100) sino por la increíble amabilidad y alegría de sus gentes, su gastronomía nada conocida pero deliciosa, fascinante y variada y sobretodo, por la curiosa mezcla social y cultural de esta antigua colonia española del Sudeste Asiático. Philippine Airlines acaba de obtener autorización para realizar vuelos directos a Europa, así que con probabilidad los precios de los vuelos a Manila bajarán aún más. Pero no puedo dejarme Serbia, Irlanda y Marruecos, que también están en la lista y que los tengo al alcance de un vuelo low cost. El primero es desconocido para mi, pero de los dos segundos ya conozco Dublín, Howth, Marrakech y Essaouira

Y en la lista de regiones, chocante es que no haya estado en ninguna. Especial rabia me da el hecho de que la número diez sea Macau, a la que estuve a punto de ir (con vuelo comprado y todo) pero que por causas laborales me perdí. Cabe destacar también que en el número uno se sitúa Galípoli, en Turquía, muy cerca de la antigua Troya. 

Otra de mis listas preferidas es la de cosas que hacer gratis este año, y hay dos que ya he podido disfrutar y que muero por poder hacer de nuevo y de manera frecuente: relajarse en las playas de Rio de Janeiro. Con las Olimpiadas de 2016, incluso el WiFi gratis ha llegado allí. La otra actividad presente es subirse en el gratuito Staten Island Ferry, desde el cual pude ver de lejos la famosa estátua de la Libertad así como el skyline del Bajo Manhattan. Hay otra que no hice por los pelos (tuve que cancelar dicho viaje por motivos laborales): el show de las luces de Hong Kong. Y hay otra que probablemente haré el próximo febrero: los museos Kengsinton en Londres, especialmente para ver los especimenes recogidos por Darwin.

Por supuesto, hay muchísimas otras interesantes listas, como por ejemplo la de las comidas más raras que probar en 2015, entre las que destacan el durian en Singapur (fruta que probé y no está tan mal) o el balut en Manila (un huevo con el embrión de un patito que nunca he tenido las ganas de probar). Asimismo, están los mejores destinos baratos, con Túnez en el número uno (donde aún no he ido) y Shanghai, Portugal y Uruguay en la lista (donde ya he tenido la suerte de ir).

De todas formas, lo mejor es que déis un vistazo vosotros mismos a las diferentes listas y saquéis vuestras propias conclusiones. Yo sólo sé que 2015 de momento me llevará a repetir Londres y Ginebra, además de tenerme viviendo en Bélgica hasta junio. Lo que venga después, aún no se sabe.



divendres, 10 octubre de 2014

Amberes

Amberes - o Antwerpen en neerlandés - es sin duda la ciudad más cosmopolita de Bélgica. Más de 170 nacionalidades se encuentran registradas en el Ayuntamiento de esta ciudad. La diversidad se nota nada más llegar, al pasear por sus calles. Por ejemplo, hay restaurantes de todo tipo: tailandeses, etíopes, nepalíes, mexicanos, vietnamitas o peruanos. Hay incluso una cadena de helados australianos presente en varias zonas de la ciudad. Este cosmopolitismo viene de lejos: de hecho, Amberes organizó los Juegos Olímpicos de 1920 y en 1928 inauguró el primer rascacielos de Europa, de 27 plantas.

Al estar viviendo en Brujas, lo más cómodo para llegar fue tomar el tren directo que une Brujas con Amberes y tarde algo más de una hora. La llegada a la estación impresiona. Según Newsweek, es una de las más bellas del mundo. Construida en 1905, la grandiosidad de su lobby nos dejó impresionados. 

Salimos y dando un agradable paseo remontamos por la animada Meir, una calle peatonal donde se encuentran las tiendas de ropa de las principales cadenas internacionales. No olvidemos que Amberes es una gran capital de la moda. Lástima que no nos dió tiempo a visitar su famoso "fashion district". 

Como era el dia de los monumentos abiertos en Flandes, nos topamos con que el normalmente cerrado al público palacio Paleis op de Meir estaba abierto. Este señorial edificio, construído en el siglo XVIII, sirvió como residencia oficial a Napoleón durante su estancia en la ciudad en 1811. Asimismo, fue residencia también de la familia real belga. Su gran salón de los espejos aún conserva una gran elegancia y grandeza barroca. 

Seguimos caminando hasta llegar a la Grooenplats, donde se encuentra la estatua del que tal vez sea ciudadano más famoso de Amberes: Pedro Pablo Rubens. Además, la impresionante catedral aparecía ante nosotros. Continuamos por un callejón hasta llegar a la triangular Handschoenmarkt, donde pudimos admirar la elegancia de la gran catedral de la ciudad, en neerlandés: Onze-Lieve-Vrouwekhatedraal, la más grande de los territorios de habla neerlandesa. En su interior, además de su grandiosidad arquitectónica, encontraréis cuatro obras maestras de Rubens, destacando el bello y gigantesco tríptico "La elevación de la cruz", una de las obras maestras del pintor con un gran movimiento, tensión, geniales claroscuros y un uso del color fascinante.

Tras la visita al bello templo, seguimos hasta llegar a la Grote Markt, con el bello ayuntamiento, con influencias arquitectónicas flamencas e italianas, lleno de banderas de todo el mundo y presidido por un elegante escudo de los Habsburgo españoles y una bella estátua de la Virgen María. Este edificio es patrimonio de la humanidad UNESCO junto con otras muchas torres de toda Flandes, como la propia torre de la catedral de Amberes, el belfroi de Brujas o Ypres o el campanario de Gante. 

En mitad de la plaza está la fuente de Silvio Brabo, el mítico legionario romano que mató a Druon Antigoon, un gigante. Cuenta la leyenda que este gigante controlaba la Escalda (la enorme entrada de mar que conecta Amberes con el Mar del Norte. Allí, obligaba pagar peaje a todos los capitanes de barco. Este problema se solucionó cuando el legionario Brabo mató al gigante, le cortó la mano y la arrojó al río. En neerlandés, lanzamiento de mano se dice "hand werpen" y de ahí deriva el nombre de la ciudad y su símbolo; una mano.

Tras el paseo por la bella plaza, nos hicimos fotos con uno de los antiguos "autobuses" de la ciudad que aún circulan - carros de dos pisos tirados por un percherón y decorados con publicidad del siglo XIX. Luego seguimos por la calle Hoogstraat, llena de restaurantes internacionales, hasta llegar a una de las grandes joyas de la ciudad: el Museo Plantin Moretus. Un primer dato señala su importancia: fue el primer museo en ser declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. ¿Porqué? Originalmente, esta bella y enorme casa-taller fundada por el impresor Christoffel Plantjin y luego heredada por su yerno Jan Moretus. Ambos fueron los pioneros en utilizar la imprenta de manera masiva - proto-industrializada- convirtiéndose en unos de los editores más importantes de la época. De hecho, en los talles podréis admirar las más antiguas prensas del mundo, así como una extensa colección de material tipográfico. Las bibliotecas contienen numerosas joyas, entre las cuáles se encuentra la Biblia de Gutenberg, la Biblia Regia en cinco idiomas del siglo XVI, numerosas pinturas y dibujos de Pedro Pablo Rubens así como numeros libros de anatomía, descripción de hierbas y manuales geográficos que en la época fueron auténticos tesoros, tanto por su gran calidad como por su altísimo valor económico e informativo. Por último, también podremos recorrer las bellas estancias de la mansión, incluyendo los elegantísimos salones - muchos de ellos con bellas bibliotecas y exhuberantes tapices -, la cocina, los pasillos y las habitaciones privadas, que aún huelen a piel, ya que las paredes están cubiertas de cuero de Córdoba - unas finas capas de piel de alta calidad decorada con motivos geométricos y florales así como escudos-. Esta decoración fue muy popular en Flandes durante el siglo XVII.

Tras tanta historia, cultura y arte, el hambre apareció. Así que entramos en De Groote Witte Arend, un restaurante de comida tradicional flamenca. Allí, en un ambiente muy confortable pedimos la cerveza local, llamada Bolleke Koninck, de un color ámbar y un sabor con cuerpo muy agradable. Con las cervezas nos sirvieron unas croquetas de patata de cortesía. Para comer, pedimos un delicioso plato de jugoso conejo con salsa a base de cerveza Westmalle - realizada por monjes trapistas en una abadía muy cerca de Amberes -. Como acompañante, nada mejor que el tradicional stoemp, un puré de patatas casero con trozos de jamón y queso y un delicioso toque de limón. 

Como ya era algo tarde, decidimos darnos prisa para poder visitar la Casa-Museo de Pedro Pablo Rubens, diplomático y el pintor más famoso del barroco flamenco. Sin embargo, en Bélgica todo cierra muy pronto, normalmente a las cinco de la tarde. Y el problema es que a las cuatro y media ya no nos dejaron comprar la entrada. Así que tocará volver para poder visitar esta casa-museo. 

Decepcionados por no haber podido visitar más cosas, nos compramos un helado australiano con sabor a crema de speculoos, la galleta belga por excelencia, a base de huevos, harina, azúcar moreno, canela, nuez moscada, jengibre, clavo, cardamomo y pimienta blanca. Degustando el helado llegamos a la bella estación y nos subimos en el tren para volver a Brujas. 

Amberes es además capital mundial del comercio de diamantes, Multitud de tiendas se agolpan en los alrededores de la estación. Este es uno de los últimos recuerdos que me llevé de una ciudad a la que sin duda volveré, para poder conocer sus otros museos, su barrio de la moda, y sobretodo, su afamada vida nocturna. 

diumenge, 28 setembre de 2014

Ostende

Ostende es una escapada perfecta desde Brujas. A menos de veinte minutos en tren, son numerosas las atracciones que la ciudad ofrece. Para empezar, el mar del Norte y su paseo marítimo con gigantescas torres de apartamentos, que a muchos nos recordará a Benidorm con bajas temperaturas. 

A pesar de que Ostende ofrece varios museos, nnosotros decidimos empezar por visitar el Atlantikwall, o mejor dicho, uno de sus tramos. De hecho, esta gigantesca infraestructura fue ideada por Adolf Hitler para proteger toda la costa Atlántica de la Europa ocupada: desde el sur de Francia hasta el Polo Norte noruego. Actualmente el tramo que se conserva está en mitad de las dunas del Domein Raversijde. Para llegar hasta allí tomamos el famoso tranvía de la costa - Kusttram - y paramos justo enfrentre (preguntad a los locales). Una vez allí, atravesad las dunas por un camino de madera y seguid las indicaciones hasta llegar.

Una vez allí, el complejo es bastante amplio por lo que recomiendo llevar calzado cómodo. En este tramo del Atlantikwall veréis bunkers, pasillos de ladrillo interminables (para evitar que la aviación enemiga avistara los movimientos de tropas). muchas baterías antiaéreas y cañones para hundir barcos enemigos.

En muchos de los bunkeres hay recreaciones de cómo era el ambiente a través de objetos reales así como de figuras de cera a escala real vestidas con trajes de soldado originales de la época. Podremos ver los puestos de control, los dormitorios, los baños, la enfermería o incluso la casa del general al mando, algo más cómoda. Los alemanes establecieron un estricto sistema para mantener todo este tramo de costa vigilado ya que temían una intentona de invasión europea por parte de ingleses y norteamericanos por mar. La visita dura algo más de dos horas y lo bueno es que la entrada incluye una audioguía que lo explica todo bastante bien. Personalmente pienso que este es uno de los lugares más interesantes de Bélgica donde poder experimentar lo que fue la II Guerra Mundial y la ocupación nazi. 

Tras la visita, salimos pasear por la gigantesca playa. Luego tomamos el tranvía de vuelta y paramos en el famoso paseo Alberto I, delante de la estatua del Rey Leopoldo II, con el cincuentero hotel Thermae Palace presidiendo la zona. Allí pudimos experimentar del ambiente del final de verano belga, con muchas familias disfrutando de uno de sus últimos paseos antes de la vuelta al colegio-trabajo. 

Pasando el paseo y llegando al muelle, también visitamos el pequeño mercado de pescado y marisco donde en los puestos se vendían las capturas del día, fresquísimas. Una agradable pescadera nos ofreció probar unas gambitas minúsculas, más pequeñas que una uña, frescas y crudas, que estaban bastante buenas.

Tras el agradable paseo nos dirigimos a almorzar - algo tarde - al Bistro't Zeezodtje, un agradable restaurante especializado en platos con pescado y marisco fresco. Al fin y al cabo Ostende es una ciudad costera. La pasta con almejas, gambas y pescado estaba deliciosa y la cantidad era enorme.

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Otra ciudad costera cercana es De Haan (el gallo), donde Albert Einstein estuvo viviendo una temporada. Además de las casas señoriales y de la coqueta estación de tren - del estilo belle-époque -, lo mejor es ir de noche para dar un paseo, sentarse a charlar en las bellas y altas dunas, sobretodo si hace luna llena, para disfrutar de la paz del paisaje y del cielo salpicado de estrellas mientras el frío viento del mar del Norte os refresca la cara con el relajante sonido de las olas de fondo.

dijous, 18 setembre de 2014

In Flanders Fields - Ypres

En conmemoración de los 100 años de la Primera Guerra Mundial (IWW), los alumnos de la actual promoción del Colegio de Europa fuimos a visitar los campos de Flandes donde tuvieron lugar algunas de las batallas más sangrientas de la contienda. Tras el estupendo verano de 1914, en septiembre miles de jóvenes europeos como nosotros se encontraron matándose unos contra otros sin saber bien porqué. La Primera Guerra Mundial se convirtió en una guerra de trincheras que se enquistó durante cuatro años y en la que ninguna de las dos partes avanzaba territorialmente hablando. 

Los campos de Flandes, y en especial los alrededores de Ypres, fueron algunos de los lugares donde más muertos hubieron, debido a la importancia estratégica del enclave. Los cuatro años de batallas convirtieron estos bellos campos en paisajes fangosos, arrasando pueblos, caminos y bosques. Sólo las bellas amapolas eran capaces de crecer durante la primavera en este paisaje infernal. Es por eso que son actualmente el símbolo de respeto por todos aquellos que murieron en el bando aliado, especialmente miembros del ejército británico y la Commonwealth, defendiendo la independencia de Bélgica respecto a la invasión del Imperio alemán.

El caso es que empezamos con una emblemática visita al cementerio Tyne Cot, el mayor cementerio de guerra de la Commonwealth del mundo, con casi 12,000 tumbas. Aquí se encuentran los restos de uno de los bunkeres. El terreno de este cementerio es propiedad de la Commonweatlh a perpetuidad gracias a un acuerdo con la Casa Real belga. Tumbas de australianos, escoceses, sudafricanos, indios o ingleses pueblan el lugar. Muchos de ellos ni siquiera tenían veinte años cuando murieron. 

A continuación visitamos la famosa colina 60 - Hill 60 -, triste lugar donde se usaron por primera vez en la historia de la humanidad las armas químicas, en concreto gas tóxico, por parte de los alemanes. Pero tuvieron tan mala suerte que cuando lo lanzaron, el viento giró en su contra y les volvió hacia ellos, matando a cientos de soldados del Imperio alemán. El paisaje lleno de cráteres actual no es ni mucho menos natural, sino que se ha dejado así para recordar como quedó toda la región: como un paisaje lunar, fruto a los intensos bombardeos durante cuatro años.

Seguimos después por las trincheras de Bayernwald, construídas por los alemanes, y que se reconstruyeron de forma extraordinariamente fidedigna. Allí pudimos experimentar por un momento las durísimas condiciones de los jóvenes soldados. De allí no podían salir más que de noche, debido a los intensos disparos que se sucedían por el día. 

Muy cerca de allí visitamos también uno de los cráteres más grandes, el llamado "Caterpillar hole". Estos cráteres gigantes fueron resultado de la estrategia de cavar túneles que atravesaran la zona de guerra que habían entre las trincheras para después colocar centenares de explosivos que se activaban cuando el enemigo osaba conquistar un par de metros de territorio. Actualmente está lleno de agua de las lluvias y alegremente cubierto de árboles. Pero aún así, no deja de ser una muestra más de la brutalidad de una guerra estúpida que se cobró la vida de millones de personas en una guerra de trincheras donde apenas avanzaban las posiciones. 

Acabamos la visita en Ypres, la ciudad por la que lucharon ambos bandos durante años en los alrededores. A causa de esto fue prácticamente arrasada y lo que se ve ahora es una recontrucción de los años veinte, realizada con fondos británicos y estadounidenses fundamentalmente. Fuimos hacia la preciosa Grote Markt donde se encuentra el espectacular Lakenhalle, edificio en el que se comerciaba con tejidos durante la época dorada de Ypres, ciudad que llegó a tener más habitantes que Londres en la Edad Media. Su impresionante campanario civil gustará a todos, incluso a los que ya hemos visto más de uno fruto de vivir en Bélgica. Pero es la puerta de Menin la auténtica protagonista de la ciudad. Aquí se encuentran grabados los nombres de los casi 55,000 soldados de la Commonwealth  muertos en las batallas de Flandes cuyos cuerpos nunca fueron encontrados. Esta gigantesca construcción preside cada día a las 20 horas el toque de silencio, establecido para recordar a los muertos de la Gran Guerra. Esta obra neoclásica se colocó en mitad de las históricas murallas   de trescientos años de antigüedad - construídas por el ingeniero francés Vauban.

Como se trataba del cien aniversario del inicio de las contiendas, tres estudiantes del Colegio de Europa depositaron una corona de flores durante el toque, en representación de toda la institución. En la actualidad, los jóvenes europeos convivimos, estudiamos y nos divertimos juntos, intentando aprender a construir una Unión Europea mejor. Todo muy diferente a la situación de hace cien años, cuando jóvenes alemanes, franceses, británicos y belgas se mataban en este mismo lugar, poniendo fin a todos sus sueños y aspiraciones, hundidos en un paisaje de lodo, desesperación, crueldad y sobretodo, estupidez. La rabia y tristeza hacia las élites que empujaron a estos jóvenes a la guerra no puede ser olvidada. Toda una generación perdida por causa de las entelequias nacionalistas y alianzas no calculadas de unos pocos. Cómo dijo Rudyard Kipling, escritor británico: "if any question why we died, ask them, because our fathers lied".

dimecres, 10 setembre de 2014

Le Musée Hergé - Louvain-la-Neuve

Uno de los museos que más tiempo llevaba esperando visitar era el Museo Hergé - Musée Hergé - en Louvain-la-Neuve. Inaugurado en 2009, este moderno edificio contiene una completísima colección de objetos y viñetas que explican de una manera agradable y didática la carrera profesional de Georges Remi, alias Hergé. A través de diversas salas iremos explorando las temáticas, estéticas, preocupaciones e ideas de este historietista belga, obviamente con un especial énfasis en el mundo de Tintin, su personaje más carismático.

Pero empecemos por el principio: ¿cómo llegar? El Musée Hergé es fácilmente accesible en coche desde Bruselas - apenas a 30 minutos -. Sin embargo, si dependemos del tren, el trayecto se alarga más de una hora, ya que hay que ir hasta Ottingnies y allí bajar e intercambiar de tren para tomar el que nos deja en Louvain-la-Neuve. El museo está a cinco minutos caminando de la estación. Y es que en realidad Louvain-la-Neuve es una anodina población creada a principios de los años 70, cuando el Estado belga tuvo que recolocar a todos los estudiantes francófonos que dejaban la Universidad de Lovaina, cuando está pasó a impartir la docencia al 100% en flamenco. Es entonces cuando se crea Lovaina la Nueva, con su universidad nueva también. Horribles bloques de cemento nos recibirán en la fea estación, así como un centro comercial insulso que, eso sí, tiene de todo. En mitad del parque se encuentra el modernísmo Musée Hergé - este año cumple su V aniversario - en forma de barco, blanco y con grandes cristaleras. 

Nosotros lo visitamos coincidiendo con el día del tebeo - Jour de la Bande-Dessinée - en Bruselas por lo que nos ahorramos el precio de la entrada y además, pudimos ver los diversos coches clásicos que aparecen en los diversos álbumes de Tintin. Allí se congregan todos los años para el rally anual de Tintin, donde los propietarios de estas joyas automóvilisticas se reúnen y disfrazan de los diferentes personajes de este tebeo. Me encantó ver el taxi con el que Tintin persigue a varios delicuentes por las carreteras suizas en "El Asunto Tornasol", o el Citröen negro antiguo en el que se desplazan los agentes secretos de la ficticia "Borduria" en este mismo álbum. 

Tras ver los coches, nos internamos en el Musée Hergé, una auténtica joya tanto para los amantes de Tintin como para todos aquellos interesados en el mundo del tebeo y del cómic o incluso del diseño. Nada más llegar nos darán un iPod con cascos para poder ir escuchándo las diferentes explicaciones. De tanto en tanto algunos tests aparecerán en la pantalla del mismo. Empezaremos por el tercer piso, insertándonos en el universo de Georges Remi con una serie de documentos, fotografías y objetos personales que nos ayudarán a entender mejor su infancia, adolescencia y juventud y cuales fueron las grandes influencias que le llevaron a crear diferentes tebeos, siendo Tintin el que le catapultó a la fama mundial. Me llamó mucho la atención el telegrama enviado por Salvador Dalí, con guiños a las expresiones del capitán Haddock, que muestran la amistad entre Hergé y el propio Dalí. La influencia de los Boy-Scoutts en la estética inicial de los tebeos de Hergé es fundamental también. La podéis ver en la siguiente foto.


En la sala siguiente veremos una serie de ejemplos de otros comics realizados por Hergé, como "Les Aventures de Jo, Zette et Jocko" o "Quick et Flupke" así como las portadas que realizó en el suplemento del que fuera responsable - Le Petit Vingtième - o los diferentes diseños para anuncios publicitarios, Pero es en la tercera sala donde empieza todo a girar en torno al gran personaje de Hergé: Tintin. En efecto, esta sala está dedicada a los principales personajes del mundo de "Les Aventures de Tintin". Vitrina a vitrina, exploraremos a fondo cada uno de los principales influencias, su personalidad y algunas curiosidades así como los modelos en los que se inspiró para crearlos. Por ejemplo, Hernández y Fernández no eran más que parodias de su padre y su tío gemelo vestidos como los policías secretos de la época.

En una sala anexa veremos además las películas y obras de arte que inspiraron a Hergé en la creación de sus diversos álbumes, ya sean los más realistas - cómo Stock de Coque o El País del Oro Negro - o los más fantásticos - como El Secreto del Unicornio -. Además, podremos hacernos una foto en uno de los escenarios de los tebeos, gracias a una camara especial y un fondo verde virtual. Luego, la postal nos llegará a nuestra dirección de correo electrónico. 

Tras todo esto, bajaremos por unas escaleras presididas por una estupenda lámpara donde aparecen los cientos de personajes creados por Hergé para el mundo de Tintin. Bajo veremos cientos de objetos que aparecen en los tebeos y cómics de Tintin, así como modelos reales utilizados por Hergé y su equipo para dibujar, por ejemplo, las escenas dentro del cohete de los memorables "Objetivo: la Luna" y "Hemos pisado la Luna". El submarino-tiburón, las maquetas para el totem de "La Oreja Rota" y otros muchos objetos. Asimismo, hay bastante merchandising de Tintin de todos los tiempos. 

El Museo acaba con un homenaje al Estudio Hergé, en especial a sus colaboradores más cercanos, que hicieron posible realizar muchos de los nuevos álbumes de Tintin así como actualizar los antiguos. La guinda de la exposición es una serie de tres cuadros con la cara de Hergé realizados por Andy Wharol - el artista siempre reconoció la influencia de los comics de Hergé en sus cuadros -.

En la sala de exposiciones temporales se encontraba un buen número de estatuas de Nat Neujean, escultor belga que inmortalizó diferentes personajes de Tintin en bronce. Una de las más notables es el bello busto de Tintin. Finalmente, el museo cuenta con el restaurante "Le Petit Vingtième", algo anodino. Y por supuesto, con la tienda "Tintin", que es exactamente igual que las tiendas oficiales que encontraréis en París, Bruselas, Singapur o Manila. 

El Musée Hergé es una delicia arquitectónica, con un contenido interesantísimo, que gustará a todos los aficionados al comic y obesionará a todos los fans del mundo Tintin. Para el resto, quizá no valga la pena desplazarse hasta Louvain-la-Neuve. Para mi valió mucho la pena. Muchísimo.

dissabte, 30 agost de 2014

Desde Brujas

Tras casi cinco años viviendo en climas tropicals - en Miami, Manila y Ciudad de Panamá además de tres meses en Argel y uno en Abu Dhabi - me mudo ahora a una ciudad fría lluviosa, pero sobretodo, pequeña: Brujas. Por primera vez en años dejo de depender de coches y taxis. Si algo bueno tiene la vieja Europa es su increíble red de transportes. Además, Brujas, por su tamaño, es perfecta para caminar o incluso mejor, ir en bici. 

El caso es que mi verano acabó de golpe el pasado lunes cuando aterricé en el aeropuerto internacional de Bruselas-Zaventem, con cielo gris plomizo y lluvia. Dejaba atrás el soleado verano mediterráneo que pasé entre Valencia, Argel y Grecia. Después de dos cómodos trenes cruzando campos verdes con vacas y ciudades industriales llegué a la moderna estación de Brujas. El cambio no es sólo en tamaño y clima: es también en estilo de vida. Vuelvo a ser un estudiante con todo lo que ello implica, tras haber pasado estos tres últimos años de vida laboral. Eso significa que pierdo mi independencia económica y que además, parte de mi tiempo libre se tendrá que consacrar al estudio. Por eso, durante los próximos meses os estaré contando mis excursiones por Bélgica y países vecinos. Los destinos exóticos tendrán que esperar.

Sin embargo, estoy convencido que el país del chocolate y las cervezas tiene muchísimo que ofrecer. Para empezar, once lugares patrimonio de la humanidad UNESCO. Como siempre, aquí os estaré contando mis impresiones, trucos y consejos de viaje. 

¡Saludos desde Flandes!


divendres, 22 agost de 2014

Mykonos

Mykonos es una pequeña isla del archipiélago de las Cícladas, bañada por el mar Egeo. Rocosa, seca y con muy poca vegetación natural, la población vivió en la pobreza hasta que en los años cincuenta los primeros turistas empezaron a llegar, maravillados por la belleza de sus playas, el encanto de las callejuelas de su capital - Chora - y su gastronomía. La cercanía a Delos - uno de los cuatro mayores yacimientos arqueológicos de Grecia - completaban la oferta turística de Mykonos. Por su puesto, la oferta de fiesta que ofrece todos los días del verano la han convertido en una referencia mundial. Sin duda, Jacqueline Kennedy Onassis ayudó muchísimo a la promoción internacional de la isla cuando la convirtió en su cuartel general de vacaciones veraniegas.

Nosotros llegamos en un "fast ferry" proveniente del puerto del Pireo, en Atenas, que tarda apenas tres horas. Una vez en el puerto, experimentamos uno de los problemas a los que se enfrenta Mykonos: el transporte público, que está mal explicado y es bastante irregular. De hecho recomiendo encarecidamente alquilar una moto como nosotros hicimos un día: es barato y es mucho más eficaz y rápido que un coche.

Nuestro primer hotel estaba bastante alejado de todo, en Kalo Livadis, una playa de la costa sureste conocida por sus aguas turquesas, arenas blancas y tranquilidad en general. El hotel, a pesar de ser muy tranquilo, contar con modernas instalaciones y estar muy limpio, tenía un público muy alejado de lo que buscábamos: grupos de adolescentes italianos acompañados de animadores. Por eso no puedo recomendar esta playa para quedarse, principalmente porque está alejada de todo en general. Para poder desplazarnos, alquilamos una moto y nos dirigimos a playa Paradiso, donde entramos a la famosa Tropicana, una fiesta en la playa a la que llegamos tarde, casi cuando estaban cerrando. El público era mayoritariamente de jóvenes italianos e italianas en masa excesivamente borrachos. Sin embargo, el ambiente era muy divertido. Como todo el mundo se iba, nos dirigimos a la discoteca de enfrente, Cavo Paradiso, la más famosa de la isla. Pero el ambiente no empezaba hasta las tres de la mañana así que tomamos nuestra moto y nos dispusimos a seguir a todo el mundo: llegamos a Chora - el corazón de la isla - donde hay muchísimos locales a los que ir, y de todo tipo. Empezamos caminando las callejuelas de la pequeña Venecia, un barrio de casas con balcones que dan al mar. Allí nos tomamos una copa en un bonito local que contaba con un balconcito encima del mar.

Después bailamos en algunos de los divertidos locales que salpican el casco antiguo, hay para todos los gustos,  con todos tipos de música y de públicos, desde la música del momento, a rock, dance, pop, house e incluso pop-rock griego, sobretodo demandado en los afters, donde el público se dirige al amanecer para seguir la fiesta. Podría empezar a decir nombres pero lo mejor es que os perdáis, entréis donde os llame la atención y cuando os canséis paséis a otro. Hay tantos y tan cerca que esto es lo más divertido. Nosotros acabamos conociendo a un grupo de jóvenes griegos y griegas universitarias que nos llevaron finalmente a uno de los afters de música griega.

Al día siguiente nos mudamos a playa Ornos, una pequeña localidad al sur del centro de la isla, muy cercana al centro, mucho mejor conectada que Kalo Livadi en todo caso. Eso sí, con la playa mucho más llena de gente. Allí nos alojamos en la casa-hotel de una simpatiquísima griega, que nos vino a recoger en su coche desde la estación de buses y nos dio bastante consejos útiles para descubrir la isla. Antes de que nos recogiera aprovechamos para visitar Chora - el casco antiguo - de día. Sus blanquísimas callejuelas, las puertas azules, las cúpulas rojas de sus diferentes pequeñas iglesias ortodoxas así como de la única iglesia católica presente en la isla. Vale la pena visitar también los molinos tradicionales, movidos por aspas con telas, auténticos símbolos de Mykonos. Las pequeñas tiendas y restaurantes que salpican la zona antigua y ofrecen productos y precios para todos los gustos y bolsillos.

Tras la visita, descansamos en la bella playa de Ornos, frecuentada por todo tipo de turistas. Al día siguiente nos levantamos temprano y aprovechamos para hacer una ruta en barco por diferentes playas de la isla. Saliendo de Ornos llegamos hasta la lejana playa Elía, playa LGTB por excelencia, como bien señala la bandera arcoiris que la preside. Además de eso, esta es una de las playas con agua más turquesa de toda la isla, por lo que decidimos quedarnos un par de horas aprovechando su tranquilidad. Tomamos poco después otro barco que nos llevó hasta Super Paradise, una de las playas más conocidas por su divertidísimo local con el mismo nombre, donde la fiesta empieza a las cuatro de la tarde entre la arena y las maderas de este escenario playero. Super Paradise ofrece horas de música del momento con gente bailando en bikini y bañador en un ambiente más que amigable amenizado por bailarines y bailarinas con mucha marcha. Sin duda, muy recomendable. Allí estuvimos de cuatro de la tarde a once de la noche, desde donde tomamos un bus hasta Chora y Ornos. Tras ducharnos, queríamos ir a Cavo Paradiso, la macro-discoteca por excelencia de la isla. Sin embargo, griegos y libaneses que habíamos conocido en las diferentes fiestas nos avisaron que en realidad estaba lleno de chiquillos y no valía la pena pagar su cara entrada. Así que volvimos a perdernos entre los diferentes locales de Chora en otra noche divertida noche entre calles blancas y locales con todo tipo de música.

Al día siguiente, o mejor dicho, dos horas después - la fiesta en Mykonos no para - tomamos el barco que salía de Ornos a la mítica isla de Delos, aunque eso ya os lo conté en la entrada anterior. Al llegar de la excursión, y tras pasar unas horitas en la playa, acabamos el día viendo el atardecer en la agradable piscina del hotel donde nos quedamos.

Esa noche dejamos Mykonos a las diez, desde su pequeño pero ordenado aeropuerto internacional. Olympic Air, subsidiaria de Aegean Airlines, nos dejó en menos de una hora de vuelta a Atenas. Nunca olvidaré esta isla del mar Egeo. A pesar de ser una gran fan de Ibiza, he de reconocer que Mykonos tiene un encanto especial, muy diferente al ibicenco, pero capaz de rivalizar con mi isla favorita, tanto en fiesta - mucho menos masiva que en Ibiza - como en la deliciosa gastronomía griega o en la belleza de sus playas y paisajes. Intentaré volver el verano que viene a este trocito de paraíso en la tierra.