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dijous, 2 abril de 2015

Servicios de las aerolíneas para nómadas

La competencia entre líneas aéreas es cada vez mayor. La aparición de las nuevas compañías low-cost, especialmente en Europa y el Sudeste Asiático, además de nuevas líneas aéreas de calidad y a precios competitivos provenientes de los países del Golfo, han creado una tendencia global de bajada general de precios y aumento espectacular de las conexiones aéreas. Cada vez es mas barato y fácil y de un lugar a otro del planeta con algunas excepciones, como el gran vacío de conexiones directas entre América Latina y África o Asia.

En este contexto de alta competencia, las líneas aéreas agudizan el ingenio para atraer al viajero, ya que las estrategias de precio ya no son la única manera de atraer nuevos clientes, debido como he mencionado a la bajada generalizada de tarifas. Algunas compañías, como Turkish Airlines, además de ofrecer el mayor números de conexiones (a los cinco continentes desde Estambul), también garantizan que, en caso que la espera entre vuelo y vuelo de conexión en el aeropuerto se haga lo menos pesada posible. ¿Cómo? En este caso han puesto en marcha el programa touristanbul con el que es posible unirse a un tour gratuito por la ciudad de Estambul en el caso que

A) El tiempo de espera entre aviones sea de mas de seis horas y

B) al menos seis horas transcurran entre las 9am y las 12pm o las 12pm y las 6pm, siendo ambos horarios los de los tours de la mañana y la tarde respectivamente, habiendo incluso un supertour disponible también para los que tengan que esperar entre las 9am y las 6pm.

Los tours ofrecen visitas a los puntos mas importantes de Estambul con explicaciones ofrecidas en inglés  por un guía profesional. Simplemente hay que dirigirse a la ofician de los tours en el aeropuerto, mostrar los billetes de transfer de Turkish Airlines media hora antes del inicio de cada tour (8.30 y 11.30am). La única excepción son los miembros del programa Miles&Smiles que pueden unirse incluso durante esa media hora final.

El servicio es tan completo que incluso los precios de las entradas a los monumentos o atracciones los ofrece la compañía de forma gratuita. Sin duda, mucho mejor pasar ese tiempo descubriendo las maravillas de la mágica Estambul que malgastar esas horas en el aeropuerto.

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Otra buena iniciativa que acaba de aparecer es el "extended stopover" de Icelandair en Islandia. Uno de los grandes problemas que enfrenta esta compañía aérea es que están fuera de las tres grandes alianzas existentes y por tanto volar con ellos no permite acumular millas. Sin embargo, los estrategas de la compañía han sabido convertir esta debilidad en una fortaleza poniendo en valor una posibilidad muy interesante que la compañía ofrece desde hace mas de cincuenta años pero que pocos conocen:

SOME AIRLINES GIVE YOU MILES. ICELANDAIR GIVES YOU TIME.

Con esta genial campaña de publicidad Icelandair recuerda la posibilidad de aprovechar un vuelo transatlántico para conocer Islandia sin ningún coste extra. En efecto, en nuestros vuelos entre Europa y Norteamérica en los que hay que intercambiar el avión en Reykjavic se puede pasar en Islandia hasta un máximo de siete noches sin ningún coste adicional antes de proseguir nuestro viaje en el siguiente vuelo a un lado u otro del Atlantico. Por tanto, podemos conocer Islandia aprovechando un viaje de negocios o placer entre ambos continentes. Icelandair ofrece otras ventajas adicionales, como la facturación gratuita de dos maletas.

En cualquier caso, bravo por Turkish Airlines e Icelandair, por abrir nuevas opciones a todos los que amamos conocer nuevos lugares y aprovechar el tiempo al máximo.

dimarts, 24 març de 2015

Ginebra

La ciudad del jet de l'eau

Hace ya ocho años que fui a Ginebra para pasar la Nochevieja en uno de los encuentros europeos de la comunidad de Taizé. El 30 de diciembre de 2007 toqué la famosa verja que separa el jet de l'eau (símbolo de la ciudad por excelencia) de los visitantes. Dicen los lugareños que quién toca la verja volverá a Ginebra. El precio a pagar es la cantidad de agua que te cae encima hasta que llegas a tocarla, sobretodo si hay viento, ya que el gigantesco chorro salpicará por todo lado. El caso es que volví. Allí pasé los primeros días de marzo de este 2015 en un viaje de estudios del master que actualmente curso en el Colegio de Europa en Brujas.

Ginebra es una ciudad complicada para el turista joven. A primera vista parece que no hay mucho que hacer y las pocas actividades interesantes requieren dinero. Mucho dinero. Con la revalorización del franco suizo -debido a una decisión de su Banco Central- los precios son más elevados que nunca para todo aquel que llegue con euros. 

Sin embargo, hay bastante cosas que ver y hacer que no requerirán de un excesivo desembolso económico. Lo primero de todo es darse un paseo por las orillas del lago Léman. Las tardes soleadas de principios de marzo que pudimos disfrutar eran perfectas, ya que la temperatura era muy agradable y además se divisaban las altas motañas de los Alpes cubiertas de nieve. Cuando lleguéis a los alrededores del jet de l'eau, recorred los pequeños caminos de madera que atraviesan el lago hasta acercaros lo más posible al surtidor. Eso sí, llevad un chubasquero ya que es más que probable que acabéis empapados. Todo sea por tocar la verja blanca y de paso ver el chorro de agua de 140 metros de alto lo más cerca posible.

Fondues y otros básicos de Ginebra 

En la otra orilla frente al chorro se encuentra el restaurante, baños y sauna de Les Bains des Pâquis, donde se sirven tradicionales fondues en mesas para grupos. No os lo perdáis: goza de buenas vistas del lago y un ambiente relajado, perfecto para una cena informal entre amigos. En marzo aún hacía frío pero si vais en verano hay unas piscinas naturales en mitad del lago perfectas para darse un chapuzón y broncearse. 

Respecto a paseos urbanos, la rues de la Conféderation, du Marché y de la Croix d'Or son clásicos, donde están numerosas tiendas, chocolaterías, relojerías y demás productos típicos suizos. Muy cerca está la catedral de San Pedro, el elegante Gran Teatro o la imponente universidad de Ginebra con su promenade des Bastions. Cruzando el río Arve se encuentra el barrio de Carouge, que nos alejará de la ciudad y parecerá que estemos en un pueblecito en mitad de las montañas. El punto en el que se cruzan los ríos Ródano y Arve también es muy bonito por el cambio de colores que se observa en la confluencia de las aguas. Finalmente, un paseo por el jardín botánico -frente a la OMC- es también súmamente recomendable por la gran colección de plantas y el bello diseño paisajístico. 

Una ciudad muy internacional

Durante mi visita tenía parte del tiempo marcado por eventos, que empezaron con visitas y charlas a la Delegación de la Unión Europea ante la ONU y la Organización Mundial de Comercio. Al día siguiente tuvimos una cena-cóctel en la insulsa residencia del amable embajador de Francia antes la ONU y la OMC, que nos recibió muy bien. Las vistas del jardín de la residencia al lago Léman, sin embargo, eran preciosas, especialmente en una noche de luna llena como aquella. Después continuamos la velada en la Brasserie des Halles de l’Ile, que recomiendo encarecidamente por su bella situación en una pequeña isla en mitad de las rápidas aguas del Ródano. Además, su elegante ambiente cuando se transforma en un lugar de copas es estupendo.

A la mañana siguiente tuvimos la suerte de disfrutar de otro cóctel esta vez en la maravillosa y acristalada terraza de la Organización Mundial de la Meteorología (WMO). El día era soleado y desde allí hay unas vistas magníficas del blanco Palais des Nations, del lago Léman con el jet de l'eau, de la ciudad en general rodeada de los Alpes nevados... Intentad subir a la terraza de esta edificio si tenéis la oportunidad,

Otro de los puntos que vale la pena ver es la place des Nations, donde se encuentra el antiguo edificio principal de la Liga de las Naciones, el Palais des Nations, ahora sede europea de la ONU. Allí están en varias filas todas las banderas de los estados miembros. Además, en mitad de la plaza hay una gigantesca estatua de madera de una silla con una de las patas arrancadas. Simboliza el horror y la crueldad de las minas antipersona, una de las grandes lacras creadas por la humanidad. Son armas creadas no para matar, sino para hacer más difícil y cruel las vida de mucha gente y colapsar los sistemas sanitarios de las zonas en las que se colocan. Por desgracia aún hay miles de minas en el mundo. En 1999 entró en vigor el Tratado de Ottawa, en el que sus firmantes se comprometen a no usar, desarrollar, fabricar, almacenar o comerciar minas antipersona. Sin embargo, países tan importantes como Estados Unidos, China, Rusia o la India siguen sin firmar dicho tratado y por tanto, siguen fabricando y vendiendo minas antipersona. 

Ese día pudimos visitar el imponente Palacio de las Naciones y sus diferentes salas de reuniones que también están abiertas al turista en general: muy recomendable para una mañana. La arquitectura de estilo neoclásico, con gigantescos pasillos e inmensas escaleras, tiene una clara influencia de la arquitectura fascista de los años 30, donde claramente se observa el toque de los arquitectos italianos. El mármol de Carrara utilizado en numerosas columnas fue, de hecho, donado por Italia. Otra de las salas interesantes es la Sala de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones, en la que durante nuestra visita se celebraba la 28 sesión del Consejo de Derechos Humanos (que pudimos escuchar durante una hora). La impresionante cúpula del plenario fue diseñada por el artista catalán Miquel Barceló y donada por el gobierno español. La obra es una metáfora de lo que representan las Naciones Unidas, una especie de cueva barrida por olas y miles de afiladas estalactitas de diferentes colores y formas, como las opiniones y visiones que aquí se escuchan.

El último día dedicamos la mañana a visitar el CERN, uno de los lugares más fascinantes de Europa. Allí nos explicaron los orígenes de esta organización internacional y de qué estudios se realizan aquí, siendo el más importante el colisionador, a casi la velocidad de la luz, de protones, que experimenta para obtener partes aún más pequeñas de la materia y entender de qué se componen las cosas y cuál es el origen del universo. Pudimos ver el primer acelerador de partículas que allí se fabricó -pequeño comparado con el actual colisionador de partículas subterráneo de 27 kilómetros- así como una de las salas de control donde se toman fotografías de las colisiones. Un amable informático nos guió por el complejo y nos ofreció una interestantísima presentación. Esta visita está abierta a los turistas por lo que la recomiendo encarecidamente. La elegante cúpula de madera de la sala de eventos llama mucho la atención.

Finalmente, esa tarde fuimos al Comité Internacional de la Cruz Roja, donde tras una presentación del impresionante trabajo que esta organización realiza, pudimos visitar el nuevo museo de la Cruz Roja, muy didáctico e interesante. Personalmente me marcó la colección de objetos realizados por presos en todo el mundo que fueron regalados a los asistentes de la Cruz Roja que visitan las prisiones para evaluar las condiciones de detención y el trato a los reclusos. Impresiona la gran calidad de las obras que estos presos realizaron con latas, madera o incluso pastillas de jabón.

En general, Ginebra es una ciudad muy tranquila, con algo de ambiente por el barrio de Pâquis, debido a su gran variedad de restaurantes de todo el mundo así como bares, pero tampoco es gran cosa. Sus altísimos precios me hacen desaconsejar su visita por el momento y esperar a que mejore el tipo cambiario.

dimarts, 17 febrer de 2015

Viajeros urbanos

El otro día descubrí en El Viajero de EL PAIS una sección muy interesante: Viajeros urbanos. Se trata de una red de más de 150  urbanitas que se toman su vida en su ciudad como si estuvieran allí de viaje permanente. Eso les hace ser más curiosos y disfrutarlas al máximo. Por eso, comparten en sus espacios diferentes entradas donde recomiendan los restaurantes más de moda, las mejores terrazas, monumentos curiosos, actividades interesantes, trucos para ahorrar... hay de todo. 

Es interesante para todos los públicos, porque combina información novedosa o curiosa que interesará a los propios habitantes de dichas ciudades y a la vez también hay entradas con información general o útil para viajeros que visiten dicha ciudad por primera vez, como paseos por los lugares básicos o hoteles curiosos a precios asumibles. 

La variedad de destinos es grande, pero me sorprenden muchísimas carencias, como por ejemplo Miami o a menor escala, Ciudad de Panamá. Personalmente he estado dando un vistazo a algunas de las ciudades en las que he vivido y encuentro grandes diferencias: por ejemplo, Madrid, París o Valencia cuentan con numerosas entradas y muy interesantes. De hecho, he descubierto muchos locales que no conocía de mi propia ciudad. Sin embargo, otras ciudades están bastante poco explicadas o de manera superficial, como por ejemplo Manila. De todas maneras, os invito a explorar la sección y las diferentes ciudades presentes por vosotros mismos. ¿Qué pensáis? 

divendres, 23 gener de 2015

Riga

Desde siempre me habían llamado la atención los tres países bálticos. En muy pocos años hicieron una transición exitosa desde una economía soviética centralizada en las decisiones de Moscú a una economía socialdemócrata independiente. Tan exitosa fue que los tres ya están dentro del euro y sus economías crecen con robustez tras el parón de tres años debido a la crisis financiera global. Pero además, fueron naciones que conservaron sus lenguas y tradiciones a pesar de la política activa de rusificación que se les impuso tras segunda ocupación soviética de 1940 a 1991.

El caso es que gracias a Ryanair pude escaparme con unos amigos a visitar Riga, la capital de Letonia, "el pequeño París del norte". Llegamos de noche y muy abrigados, pensando que las temperaturas sería de alrededor veinte grados bajo cero. La primera sorpresa fue una temperatura fría pero seca que era fácilmente combatible con la misma ropa que llevamos en Bélgica. La segunda sorpresa fue el alojamiento: por el mismo precio de un hostel en París o Londres habíamos alquilado un agradable apartamento para seis personas en el "Ensanche" de Riga, el barrio art-nouveau del siglo XIX donde ahora se encuentran las tiendas más exclusivas y muchos de los restaurantes y clubs de moda. Tras instalarnos salimos a cenar a Vecriga, el centro histórico de la ciudad, que estaba a quince minutos caminando. Como ya era bastante tarde, no encontramos el restaurante de comida típica pero acabamos en un sitio muy agradable: el Pacho Music Café, que sirve comida de buena calidad a precios competitivos así como estupendos y enormes cócteles. Pedimos una tabla de buenísimos quesos letones para compartir (me encantó uno ahumado) y personalmente degusté un filete de cerdo en salsa de frambuesas muy rico. 

Al día siguiente, como habíamos estado de fiesta y de cócteles, decidimos ir directamente al brunch. Gracias a la recomendación de un compañero letón en el master, lo hicimos en uno de los locales más en boga de la ciudad: el Kanna Café. Allí disfrutamos del acogedor local y su variado y delicioso brunch con platos y productos recién hechos por los cocineros que se encuentran a la vista y constantemente en los fogones. Muy recomendable. 

Una vez satisfechos, empezamos a pasear por Riga, recorriendo el elegante bulevar de la libertad que acaba en el Monumento a la Libertad. El monumento se levantó en el emplazamiento de la antigua estátua al zar Pedro el Grande. Fue en 1935, a partir de donaciones privadas, que se construyó el nuevo símbolo de la nación letona, con la estátua femenina de "Milda" en lo más alto de la columna. Su inscripción "Por la patria y la libertad" adquirió renovado sentido en 1987 cuando más de 5,000 personas se reunieron a su alrededor de forma ilegal para recordar las deportaciones estalinistas. Desde entonces, todos los días se encuentran allí flores frescas de colores rojo y blanco, recordando a las víctimas de uno de los peores dictadores del siglo XX. Cuando hace buen tiempo hay dos guardias que vigilan el monumento.

Admiramos el bello Teatro Nacional de la Ópera, del que Richard Wagner fue director durante dos años y nos internamos en Vecriga, el casco viejo de la ciudad. Llegamos a la plaza de los Letones (Livu), que cuenta con una afamada pastelería en el centro. No se pueden dejar de ver las estátuas de gatos encaramados en las torres art nouveau de la Kaku Maja (casa del gato). A través de la calle Skarnu llegamos a las iglesia de San Pedro, tal vez con el capitel más bello de la ciudad. Destruído en diferentes ocasiones desde 1660, el actual es una reconstrucción reciente ya que los rusos lo volvieron a destruír para usar la iglesia como teatro. En el sobrio interior había una interesante exposición sobre el ganchillo, su historia, significados y diseños de diversos artistas letones. Subimos también a lo alto de la torre con el ascensor, desde donde pudimos admirar la parte antigua de la ciudad mientras empezaba a nevar.

Seguimos paseando por las heladas callejuelas, admirando la combinación de edificios medievales con otros más recientes de estilo art nouveau. Nos dirigimos hacia la plaza de la Catedral, para admirar su imponente y austero diseño. Luego nos metimos en el Museo de las Barricadas (es difícil encontrar la pequeña puerta de entrada, en la calle Kramu número 3). Este museo está dedicado a los letones que en 1991 acudieron desde todo el país para defender el Parlamento ante la amenaza del Ejército Rojo. Crearon barricadas con bloques de cemento, con camiones, autobuses, tractores, árboles... El museo cuenta el difícil proceso que sufrió el país para independizarse de la Unión Soviética. Hay recreaciones de las barricadas y fogatas construídas en las calles de Riga, numerosos objetos originales y un interesante documental.

Al salir empezaba a oscurecer y hacía bastante frío. Llegamos de nuevo a los alrededores de la Ópera y recorrimos los bellísimos jardines que rodean el canal, cubiertos de nieve y con el agua congelada a la que desafiaban algunos patos. La verdad es que esa zona es bellísima, con el parque limpísimo, rodeado de elegantes bloques de edificios decimonónicos. En mitad del parque, detrás de la Ópera, se encuentra una de las teterías más agradables de la ciudad: Apsara. Situada en una pérgola de madera, su segundo piso con sofás mirando a los jardines es perfecto para relajarse y charlar de todo un poco durante una fría tarde invernal. Aunque las camareras son algo rudas, los más de cincuenta tipos de té (que podéis oler antes de elegir) así como el surtido de pasteles y galletitas tradicionales, hacen de este uno de los establecimiento más populares de la ciudad. 

Tras el té y el descanso nos entró el hambre, así que nos dirigimos a cenar a la cadena de comida más famosa de Letonia: Lido. Con varios locales en el país (nosotros fuimos a la sucursal de Elisabetes con Terbatas), Lido propone un self-service de gran calidad con varios platos típicos letones a precios más que asumibles. Y la verdad es que lo probamos casi todo:  los pelekie zirni ar speki (unas legumbres negras con carne ahumada) estaban para morirse. De lo contrario, los kartupelu pankukas ar skabu krejumu (unas tortitas de patata con crema agria) eran algo pesadas. Una ensalada muy buena en forma de cuadrado es la silke kazoka, a base de arenque, huevos, patatas, remolacha, zanahorias y mahonesa. También pedimos unas sasliks, salchichas de cerdo con un toque anisado. Para acompañarlo todo se come kiploku grauzdini, un pan negro frito remojado en ajo y aceite, lo más letón que existe. De postre tomé la tradicional maizes zupa, unas gachas dulces de avena mezcladas con pan negro y frutas secas servido con nata montada. Muy consistente, es una especie de budín negro.  

Bastante llenos volvimos al apartamento a descansar un poco y prepararnos para descubrir uno de los locales más chic de la noche de Riga: el Balzamsbar. Se trata de un pequeño local con un buen DJ donde acuden jóvenes profesionales a bailar y charlar mientras disfrutan de los cócteles, muy bien hechos y todos con el ingrediente estrella del país: el bálsamo negro. Este licor de 45 grados fue creado por el farmacéutico Abraham Kunze. Su receta está celosamente guardada ya que sigue siendo monopolio de un productor: de los 14 ingredientes utilizados sólo se conocen la cáscara de naranja, la corteza de roble y la flor de tilo. 

Al día siguiente volvimos de nuevo al Kanna Café para el brunch (vale la pena) y de ahí paseamos por el bulevar Raina (o de las embajadas recuperadas) donde destaca la francesa, situada en una residencia aristocrática original del siglo XIX. En otro de los palacios del paseo se encuentra el Museo de la Ocupación. Es una pena que la exposición permanente esté cerrada (debido a una renovación). Sin embargo, la exposición temporal también merece la pena para aprender más sobre las ocupaciones rusa, nazi y soviética, por ese orden, que sufrió el pueblo letón durante el pasado siglo. Hay un vídeo con testimonios de supervivientes de los gulags que son escalofriantes.

Al salir, dimos un largo paseo por las calles Alberta y Elizabetes, que concentran un gran número de edificios  Art Nouveau. De hecho, el centro de Riga consiguió la condición de patrimonio de la humanidad UNESCO por tener la mayor concentración de edificios de este estilo en el mundo. Las abigarradas fachadas que combinan blanco y colores pastel muestran fabulosos animales, grandes caras, motivos florares o dioses clásicos bailando con musas. Muchos de estos edificios fueron obra de Mikhail Eisenstein, arquitecto judío alemán nacido en San Petersburgo (padre del famoso cineasta Sergei Eisenstein) que desarrolló su carrera en Riga. En este barrio tan señorial me llamaron la atención la fachada del número 13 de Alberta, un bloque de apartamentos casi palaciego, con sus dos puntiagudos torreones y caras gigantes gritando. Saliendo de la calle Alberta llegamos a Elizabetes, donde la bellísima escuela de derecho de Riga, en el número 10b, destaca por su iluminación y sus azulejos azul eléctrico así como por las musas que sostienen coronas de laurel. 

Lamentablemente ya no nos quedaba más tiempo, así que fuimos por las maletas y nos dirigimos al aeropuerto. Finalmente, al ir a tomar el avión de vuelta, es importante saber que todos los que vuelan con Ryanair deben pagar un impuesto extraordinario de 7 euros al aeropuerto. Antes de embarcar compramos varias botelles del mítico bálsamo negro letón.

Me dejé sin conocer el popular mercado central de Riga, su moderna Biblioteca Nacional o la soviética Academia de las Ciencias. Tal vez siga el consejo de muchos taxistas y vuelva a esta maravillosa ciudad en verano, para acabar de disfrutarla. Riga es, sin duda, la escapada urbana perfecta (e incluso romántica) para un fin de semana diferente, a precio asumible y con mucha elegancia. 

diumenge, 11 gener de 2015

Museu Nacional d'Art de Catalunya - Barcelona

Para todos los amantes del arte Barcelona ofrece una variada oferta museística de primer nivel. Uno de los más importantes es el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), que se encuentra en el antiguo Palacio de Montjuic, inaugurado para la Exposición Internacional de 1929. El Palacio se construyó para acoger y mostrar más de 5,000 obras de arte provenientes de toda España. 

Situado en lo alto del monte, el palacio preside de forma solemne la plaza de España. En conjunto del paisaje le da un aire monumental grandioso, que se refuerza con la gran avenida principal de la Fira de Barcelona (feria de muestras de la ciudad) y la elegante Font Màgica, que ofrece espectáculos nocturnos de luces y música.

Actualmente, el magnífico MNAC es un museo que recorre la historia del arte del territorio catalán arrancando en el románico (siglo XI) hasta llegar a la actualidad. De forma cronológica, con gran variedad de obras y de una manera amena y ordenada a través de obras clave, el museo nos dará una panorámica excelente de la historia del arte catalán. 

El MNAC empieza con una soberbia colección románica (una de las mejores del mundo) que incluye figuras sacras, retablos y sobretodo, frontales y pinturas murales, arrancadas de las iglesias pirenaicas para su mejor conservación y evitar los numerosos robos que han ido sufriendo. Sin duda, el que más impresiona es el ábside de Sant Climent de Taüll, una de las primeras obras que se estudian en historia del arte cuando se llega al románico. Su impresionante Pantócrator (Cristo en majestad) merece sentarse y admirarlo con tranquilidad. Es impresionante la figura hiératica de Jesús, sosteniendo un texto donde en latín dice "Yo soy la luz del mundo", rodeado de ángeles y los tetramorfos (las cuatro figuras que representan a los cuatro evangelistas).

Otra obra que destaca en la colección románica es el frontal del altar de la Seu d'Urgell, En ella se observan a la perfección las características del arte románico, empezando por la perspectiva jerárquica, la inexistencia de un fondo o la geometrización antinaturalista de las formas (exagerada en los pliegues de las ropas, por ejemplo). La excelente calidad de la policromía convierte esta pieza en excepcional.

Finalmente, la Majestad de Batlló muestra uno de los mejores ejemplos de escultural románica e imaginería medieval. Realizada en madera policromada, representa a Cristo crucificado en posición de majestad, es decir, sin rastro alguno de sufrimiento, vestido con ropajes solemnes y con los ojos abiertos, simbolizando su triunfo sobre la muerte.

La colección continúa con el arte gótico, donde nada más empezar se encuentran las pinturas murales de la conquista de Mallorca, una imagen muy conocida para mí. Originalmente estos frescos estaban en el Palacio Aguilar, y tras varios lugares han acabado en el MNAC. Ellos muestran hechos basados en las cuatro grandes crónicas que se escribieron narrando las conquistas del rey Jaume I "El Conquistador". En este caso se centran en Mallorca. Con un estilo gótico lineal, numerosas personalidades de la época están representadas, destacando el propio rey que se encuentra dibujado en el interior de su tienda real. 

La parte gótica incluye numerosas estátutas de la Virgen, así como retablos de gran calidad. Tal vez la tabla al óleo más famosa es la de la Mare de Déu dels Consellers, del valenciano Lluís Dalmau, en la que aparece la figura central de la Madre de Dios con el Niño, rodeada de cinco consejeros del gobierno municipal de Barcelona. En el fondo aparecen paisajes, algo que Jan Van Eyck le enseñó a Dalmau durante los cinco años que este último pasó en Flandes, por orden del rey Alfons IV "El Magnánimo".

Por último, me encantaron la serie de retratos de los reyes de Aragón, realizados por los valencianos Gonçal Peris Sarrià y Jaume Mateu, y que orginalmente se encontraban en la Casa de la Ciudad de Valencia. Cada uno de los cuatro cuadros muestran a Jaume I "El Conquistador", Alfons II "El Liberal", Pere III "El Ceremonioso" y Alfons IV "El Magnánimo.

Las salas que siguen se adentran en el Renacimiento y el Barroco, movimientos que a España llegaron desde la península itálica. En la colección destaca el cuadro de San Pedro y San Pablo, inconfundiblemente de El Greco, con sus formas alargadas. Por supuesto, la Inmaculada Concepción de Zurbarán es otro de los cuadros a los que no podréis quitar ojo por su magnificiencia y genial uso de la luz. Este cuadro se pintó en el contexto en el que el Concilio de Trento consagró la creencia en la Inmaculada Concepción, aunque sin hacer de ello dogma de fe. En España esta creencia siempre tuvo muchísimo fervor, de hecho desde el 8 de diciembre de 1644 se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción. En el cuadro se presenta a la Virgen como el único ser humano que se libró del pecado original. Esta obra, de gran misticismo, resume a la perfección el Barroco español, muy vinculado a la Contrarreforma.

Finalmente, otra obra maestra es el martirio de San Bartolomé de Josep de Ribera, en el que el apóstol Bartolomé, en una posición muy incómoda, nos mira indefenso a los espectadores del cuadro, mientras un sádico verdugo le desuella con gran entusiasmo. El cuadro está lleno de alusiones simbólicas a la fábula del fauno Marsias.

Muchas de las obras fueron obtenidas por el MNAC gracias al legado dejado por Francesc Cambó, fundador de la Liga Regionalista y gran coleccionista y amante del arte. Asismismo, el conjunto de cuadros de artistas catalanes y otros muchos de la colección Thyssen-Bornemisza también está expuesta, gracias a su cesión al MNAC, entre los que destacan la Anunciación de Veronés.

Tras recorrerme todo el primer piso, decidí hacer una pausa y comer algo rápido en el café del museo. Sin embargo, si tenéis tiempo, por solo 17 euros hay un buen buffet de comida mediterránea en el restaurante del propio museo. Luego subí a visitar la terraza del palacio, que ofrece unas magníficas vistas de toda la ciudad sobretodo si el día es soleado y la temperatura agradable, que fue mi caso. 

Finalmente, el segundo piso tiene numerosas salas dedicadas al arte moderno y contemporáneo, mostrando obras de muchísimas corrientes artísticas como el neoclasicismo, las vanguardias o el modernismo. Destaca la colección del "noucentisme" o mediterranísmo, un movimiento nacido en Cataluña, que buscaba el arte por el arte, deshumanizado, intelectualista, con dominio del orden y la belleza, rechazando sentimentalismo y romanticismo, profundamente europeísta, cosmopolita, urbanita y elitista. En escultura, un gran representante del "noucentisme" fue Júlio González, escultor en hierro. Su obsesión por representar la figura humana abstracta y la gran calidad de sus obras lo convierten en uno de los escultores más importantes del siglo XX. Su colección más completa se encuentra actualmente en el Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) donde se le dedican varias salas de forma permanente. Otra obra de un gran pintor "noucentista" es Cala Forn de Joaquim Sunyer, cargada de simbolismos y armonía.

Del neorrealismo preciosista destaca el bellísimo lienzo de la Vicaria de Marià Fortuny, en el que se observa con todo lujo de detalles la firma de un contrato matrimonial en unas oficinas eclesiásticas. A pesar del pequeño tamaño de la obra, cada elemento tiene los detalles pintados con gran precisión, especialmente en el caso de las figuras humanas de diferentes clases sociales, diferenciadas por su ropa.

La colección de muebles de Gaudí y otros autores modernistas llega a continuación, con las grandes innovaciones de aunar estética y comodidad adaptada al cuerpo humano. De Gaudí ya había aprendido mucho en mi visita a la Casa Milà.

Grandes autores contemporáneos están representados en esta colección también, como Salvador Dalí, con cuadros como el soberbio Retrato de mi Padre, que me recordó como disfruté las visitas al Museo Dalí en Saint Petersburg, Florida y a la Casa-Museu Dalí en Portlligat.

El malagueño Picasso también está presente con la Mujer con sombrero y cuello de piel, uno de los muchos retratos que Picasso hizo a su compañera sentimental Marie-Thérèse Walter. A pesar de la distorsión de la forma, la divergencia de la mirada y la angulosidad de los rasgos fisionómicos, la imagen de Walter es fácilmente identificable.

Finalmente se muestran una buena colección de cartelería propagandística usada durante la Guerra Civil española así como una proyección continua de notícias grabadas que se exhibían en los cines donde mostraban las visitas del presidente de la Generalitat de la época, Lluís Companys, a diferentes pueblos o recibiendo al Lehendakari Aguirre. Companys fue fusilado en 1940 tras un consejo de guerra sin garantías.

En la exposición también hay una variada muestra de cartelería publicitaria desde las imágenes art-nouveau de Mucha hasta un par de carteles de Toulouse-Lautrec así como de otros autores. Me llamó mucho al atención una publicidad de Nestlé que os dejo en la foto. Finalmente, la colección de numismática me quedé sin visitarla por falta de tiempo.

Una visita al MNAC os llevará algo más de cinco horas seguro. Si os gusta el arte no os decepcionará, ya que su colección es muy completa a la vez que dinámica. No se hace pesada de ver y además está expuesta en orden cronológico con lo que se puede admirar la evolución del arte durante varios siglos de forma didáctica. En todo caso, el MNAC es un museo de obligada visita si se va a la capital catalana, sin duda.

dimecres, 31 desembre de 2014

2015: todo un enigma

2014 ha sido un año curioso, bastante complicado, de muchísimos cambios. Lo empecé en Valencia, mi ciudad natal (algo muy raro para mi estos últimos años). De ahí volví a Panamá donde estaba trabajando. En pocos meses acabó mi vida allí y como todos los años se volvía a romper mi rutina y me tocaba despedirme de los amigos con los había pasado tan buenos momentos. Volví a Valencia y aproveché las vacaciones de Semana Santa para conocer Milán y Bérgamo, dos bellas ciudades lombardas. También volví diez días a mi querida caótica Manila. En mayo me mudé a Argel por trabajo y además de conocer la capital argelina, pude visitar ciudades y restos arquitectónicos de varios puntos de la costa. Asimismo, hice una pausa vacacional de una semana en Grecia, visitando Atenas, Mykonos y Delos. Impresionante país, sin duda. Una beca finalmente concedida por la Unión Europea interrumpió mi estancia en Argelia y me mudé a la pequeña ciudad belga de Brujas tras pasar unos días en La Canyada. Desde allí he podido descubrir Ostende, Amberes y los campos de Flandes donde se decidió la suerte de la I Guerra Mundial, además de seguir explorando Bruselas y haber repetido visita a Aquisgrán y Colonia. También visité los bellos palacios barrocos de Brühl. En una escala en Barcelona, pude entrar por fin a la mítica Pedrera así como admirar el arte del Museu Nacional d'Art de Catalunya.

De nuevo os escribo desde Valencia cuando apenas le quedan unas horas a 2014. Lo cierto es que 2015 se presenta más enigmático que nunca. A estas alturas, no tengo la más remota idea de donde estaré el 1 de julio de 2015. Es verdad que más o menos los primeros meses están planeados. En unos días vuelvo a Brujas para vivir allí seis meses más. El segundo fin de semana de enero descubriré Riga, la capital letona, en mi primera incursión báltica. Después tengo sendos viaje de estudios a Londres y a Ginebra. Ya he estado en ambas pero me quedaron muchas cosas por descubrir. Semana Santa la pasaré muy probablemente en el Mediterráneo, pero el destino concreto está por confirmar. A partir de ahí, todo es un misterio. 

He de reconocer que en el punto de mira tengo dos destinos: los Balcanes Occidentales (destacando Montenegro, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Serbia) así como el Cáucaso (Georgia principalmente), ya que he hecho buenas amistades de allí. También me gustaría mucho pasar unos meses en algún país arabófono para cimentar mis conocimientos básicos adquiridos este año. Pero la gran pregunta es: ¿dónde seguirá mi carrera laboral? Me encantaría poder disfrutar de una cierta estabilidad. Un mínimo de tres años sin mudarme de nuevo. ¿Pido mucho?

De momento voy a disfrutar de todo lo que me espera y ya veremos donde me lleva la vida. Tal vez mi mayor deseo para 2015 sea un poquito de estabilidad geográfica. La foto que os dejo es de un paisaje otoñal de los jardines de Brühl: un camino. ¿Hay camino o se hace camino al andar? 

Feliz año para todos los nómadas.

diumenge, 28 desembre de 2014

Casa Milà " La Pedrera " - Barcelona

Han sido muchas las veces que he estado en Barcelona, pero nunca había visitado la famosa Casa Milà por dentro. Esta vez, aprovechando una escala larga entre avión y tren, decidí conocer esta magnífica obra de la arquitectura, clasificada como patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1984 junto con otras obras de Gaudí como el Parc Güell o la Sagrada Família.

La Casa Milà fue una gran innovación para su época. Inaugurada a principios del siglo XX, fue un encargo a Antoni Gaudí (el arquitecto más cotizado por aquel entonces) hecho por el matrimonio burgués Milà Segimón. Querían tener su amplio apartamento en el bulevar barcelonés más de moda en aquella época: el passeig de Gràcia. El resto de apartamentos de lujo los alquilarían para poder vivir de rentas toda la vida. Gaudí diseñó el edificio a sus 54 años, por lo que se considera una de sus obras cumbre. La fachada, por ejemplo, con sus sinuosas curvas, se adapta perfectamente a los chaflanes del cuadrado Eixample barcelonés. Cuando se empezó a construir, los catalanes la apodaron "La Pedrera" de forma despectiva (en catalán significa "La Cantera"), por la gran cantidad de piedra y robustez que mostraba. Sin embargo, gracias a la sólida fachada, el arquitecto logró que fuera esta la que sostuviera el edificio junto con gruesas columnas interiores, dejando libre la posibilidad de que los apartamentos no tuvieran ninguna pared de carga. Esto permitía que cada unidad fuera personalizada por sus habitantes, cambiando la distribución de las habitaciones y permitiendo la creación de amplísimos salones, siguiendo el deseo de los Milà. 

Lo primero que me sorprendió fue el alto precio de la entrada: 16 euros y esto que era tarifa estudiante. Sin embargo, tras la visita, he de decir que merece y mucho la pena. 

Se entra por uno de los dos patios interiores. Gaudí los diseñó circulares, respetando las formas de la naturaleza y evitando aristas, decorando las paredes con pinturas imitando los pétalos de flores. En el patio interior principal destaca una bella escalinata cubierta y decorada con algunas palmeras, que llevaba directamente al apartamento del primer piso: el de la familia Milà. De allí, se sube directamente en ascensor hasta el terrado. Sólo por disfrutar de este mágico lugar vale la pena pagar la entrada. A pesar de ser diciembre, la mañana era soleada y las temperaturas agradables. Las vistas de Barcelona son espectaculares desde este terrado tan inusual. Gaudí rechazaba la concepción de esta área como algo residual, donde acumular chimeneas, antenas y demás elementos de uso, como pasaba en el resto de edificios. Por eso se volcó en darle un valor estético, reagrupando las chimeneas o las salidas de las escaleras y dándoles un remate artístico, usando en muchos casos su característico trencadís (una técnica de mosaicos de cerámica rescatada por Calatrava para el siglo XXI) o incluso botellas de cava. Los desniveles y curvas ofrecen diferentes perspectivas de la ciudad. De hecho, numerosos artistas pasaban horas en este mágico lugar, hipnotizados por el equilibrio creado por Gaudí. Personalmente me llamaron la atención los dos únicos arcos, que enmarcan los dos grandes  templos expiatorios de Barcelona: por un lado el Tibidabo y por el otro el gran templo inacabado y obsesión de Gaudí: la Sagrada Família. 

Tras pasear por el terrado se baja al desván del edificio. El arquitecto catalán se inspiró en el esqueleto de una ballena para realizarlo, con 270 arcos de tamaño decreciente, cuya curva empieza desde el suelo. En el pasado servía para albergar los servicios de lavandería del edificio, así como para almacenar trastos y productos de limpieza. El desván fue diseñado además con la función de aislar térmicamente el edificio, técnica que ahora se usa en casi todas las obras que buscan ser más sostenibles. Actualmente se encuentra instalado el llamado Espai Gaudí donde encontrar maquetas de sus obras cumbre, planos, fotografías, reproducciones de los muebles que diseñó así como elementos de la naturaleza en los que se inspiró para sus creaciones. Es muy impactante una de sus maquetas expuestas, en la que dibujando el plano de un edificio sobre una plancha de madera, le enganchaba cadenas metálicas en diferentes puntos y poniéndolo boca abajo encima de un espejo, las cadenas caían y creaban los volúmenes del edificio, permitiéndo a Gaudí estudiar su viabilidad. Esta simulación de volúmenes se hace actualmente con programas informáticos.

La visita continúa por el apartamento modelo del cuarto piso. La mayoría de apartamentos de La Pedrera siguen estando habitados por lo que siempre ruegan hacer el mínimo ruido posible. Este apartamento recrea la casa y estilo de vida de una familia de la burguesía barcelonesa a principios de siglo XX. Totalmente amueblada, veremos varios elementos diseñados por el propio Gaudí, como pomos de puertas (adaptados a la forma de la mano) o los cielos rasos, entre los que destaca uno que imita las formas del fondo del mar, con las líneas en la arena que dejan las olas. Podremos pasear por la cocina, el cuarto de los niños, la alcoba matrimonial, la biblioteca, el comedor o los baños, de gran luminosidad y comodidad comparable a la de hoy en día.

La visita continúa por el antiguo apartamento de los Milà, ahora sin ninguna pared interior, reconvertido en sala de exposiciones temporales, donde se exponen obras de artistas de todo el mundo que cambian de temporada y donde podremos admirar las gruesas y estilizadas columnas que sostienen el edificio. Finalmente, acabaremos en la tienda donde comprar todo tipo de recuerdos.

Al salir había una visita de empresa. El grupo se había repartido entre los diferentes balcones de la fachada principal para hacerse la foto navideña corporativa. Un fotógrafo subido en una plataforma les daba las indicaciones. La fachada estaba decorada con verde y lazos rojos, creando una especie de árbol navideño gigante. En lo más alto de la fachada hay varios rosetones esculpidos en piedra donde se encuentra el siguiente mensaje: "Ave Gratia M plena, Dominicus tecum". Con sus 54 años, Gaudí se había convertido en un ferviente católico, dejando atrás su juventud anticlerical.

Paseando por el elegante passeig de Gràcia os encontraréis muchos otros ejemplos de edificios modernistas de diferentes arquitectos. De hecho, casi enfrente de la Pedrera se encuentra la original Casa Batlló, también de Gaudí.

Sólo por la Casa Milà merece la pena visitar Barcelona. La Pedrera no sólo es una de las obras cumbres de modernismo mundial, sino que es un ejemplo de como la arquitectura puede adaptarse a las necesidades y formas humanas sin perder en ningún momento su valor estético, su originalidad o la elegancia. Gaudí demuestra como hasta el más pequeño detalle, como pomos o colgadores pueden ser originales y estar en armonía con el conjunto de la obra, aunque se trate de algo tan común como un bloque de viviendas.