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dimarts, 5 de maig de 2015

Malta

Llegada al archipiélago maltés.

Malta, el segundo país más pequeño de la Unión Europea, es un archipiélago compuesto de tres islas principales y varios islotes, presididas por la principal isla, que también se llama Malta. Allí aterricé con la compañía Air Malta, por cierto, bastante eficiente, con asientos muy cómodos y un aceptable servicio a bordo. Al llegar al aeropuerto tomé uno de los buses, que tardó más de una hora para recorrer los escasos 12 kilómetros a los que se encontraba mi destino: la bahía Spinola. La estrechez de la mayoría de calles y carreteras del país así como a los problemas de tráfico que sufre la isla crean contínuos atascos, impidiendo una circulación a mayor velocidad.

Ese día fue tranquilo: conocí el barrio de Saint Julian´s con sus turísticas bahías de Spinola, Balluta y Exiles, caminando por el paseo marítimo, jalonado de altos edificios de apartamentos así como de todo tipo de locales donde comer. Esa tarde nos recorrimos todo el paseo marítimo hasta el barrio de Sliema, observando la belleza del Mediterráneo, pero sufriendo el fortísimo viento de aquel final de marzo. Llegamos hasta el centro comercial The Point, donde justo al lado hay una pasarela peatonal desde la cual disfrutar de una magnífica panorama de la capital maltesa, La Valletta. De hecho, las mejores fotos de la capital se toman desde aquí.  

El paseo siguió por la bahía de Sliema donde encontramos una de las mejores pastizzerias del país: Mr. Maxims. Estos pequeños locales son recurrentes en toda Malta y allí se vende, entre otros productos, uno de los símbolos culinarios de la isla: los pastizzis de hojaldre recién hecho rellenos de ricotta o de crema de guisantes, especialmente sabrosos en este local. Y a tan sólo treinta céntimos de euro cada uno.

Sliema es la más turística e internacional de Malta junto con St. Julian´s. En estos barrios se encuentran restaurantes de cocinas de todo el mundo. De hecho, esa noche cenamos en el delicioso restaurante From Tokio to Seoul, que ofrece platos coreanos y japoneses a precios más que aceptables y que usa ingredientes de gran calidad. Allí probé también una CISK, la cerveza maltesa.

Dingli, Mdina y Mosta

El día siguiente lo dedicamos a explorar la isla de Malta en coche, empezando por los acantilados de Dingli. Aquí va mi primera recomendación: para conocer las islas bien lo mejor es alquilar un coche, ya que el transporte público en el país, aunque bueno, es bastante lento y no permite aprovechar bien los días. Aunque he de reconocer que al principio lo pasé bastante mal, ya que nunca había conducido un coche con el volante a la izquierda ni en un país en el que se conduce al revés. Las rotondas me confundían especialmente, pero por suerte mis "copilotas" fueron de gran ayuda. 

Ese día estaba el cielo nublado y el viento era aún más fuerte. Por eso, los acantilados se veían melancólicos con el Mediterráneo muy bravo al fondo. Hay allí una pequeña y sencilla capilla dedicada a Santa Maria Magdalena que sólo se usa una vez al año. La masiva presencia de edificios religiosos por todo el país es una de las cosas que primero llaman la atención al visitante. Orgullosamente católico, el archipiélago maltés cuenta con tantas iglesias como días tiene el año.

Tras el ventoso paseo al borde de los acantilados fuimos a comer a un restaurante tradicional maltés que cocina con productos que ellos mismos cultivan o cuidan en sus granjas, como las diferentes verduras, los quesos, los caracoles o el conejo. Se trata de Diar Il-Bniet, situado en la calle principal de Dingli. Pedimos todo para compartir: un medio conejo con la receta tradicional, una alcachofa rellena de atún, caracoles preparados a la manera de Dingli y una tabla de entrantes malteses que incluían quesos locales y unas salsas naturales. Todo regado con un delicioso y fresco vino blanco local. El servicio es amabilísimo y además, el restaurante cuenta con una tienda de productos tradicionales preparados o cultivados en las granjas del propio restaurante.

Para el postre nos dirigimos a la bella ciudad de Mdina, totalmente amurallada, y cuyas impresionantes puertas de entrada son dignas de una película de cabellería. En una de sus murallas se encuentra la popular casa de té Fontanella, donde se sirven deliciosos y espesos chocolates calientes especiados. Yo pedí en chocolate al aroma de naranja siciliana y estaba simplemente delicioso. Además, Fontanella ofrece una larguísima carta de tartas de todo tipo. Compartimos tres pedazos diferentes: la tres chocolates, la de zanahoria y la de galleta Maria, siendo esta última la más buena.

Tras el dulce postre nos dimos un paseo por Mdina, considerada una de las ciudades más bellas del país. Desde sus murallas se puede ver casi toda la isla. De hecho su situación estratégica en una colina fue decisiva en su elección como primera capital. Mdina significa "ciudad" en árabe. Conocida como la ciudad silenciosa, sus calles empedradas están flanqueadas de gigantescos palacios e imponentes iglesias, presididas por la catredral de San Pablo, cuyo suelo me llamó la atención al estar totalmente cubierto de losas fúnebres de los diferentes obispos que gobernaron esta diócesis, algunos de los cuales llegaron a cardenales. Por sus calles descubrimos también la capilla de Santa Úrsula, una de las primeras iglesias de la isla, que en ese momento estaba llena de pequeñas maquetas narran dola Pasión de Cristo, una tradición muy arraigada en Malta que se repite cada Semana Santa.

De allí nos fuimos a Mosta, una ciudad famosa por su gigantesca iglesia, que cuena con una de las cúpulas más grandes de la cristiandad. Personalmente es mi iglesia favorita del archipiélago. Su estructura circular es maravillosa y crea un espacio amplísimo, de gran solemnidad para las celebraciones eucarísticas. Esta iglesia se hizo famosa durante los bombardeos nazis a la isla (en aquel entonces una posesión británica). Una bomba atravesó uno de los plafones de la cúpula cayendo en mitad de una misa. Podría haber terminado en masacre pero no explotó y los malteses lo atribuyeron a un milagro. La bomba se desactivó y desde entonces se expone en el museo de la iglesia. En la cúpula es visible el plafón reconstruído que la bomba atravesó, de un color ligeramente diferente al resto. En el exterior, la imponente cúpula se esconde tras una gigantesca portada neoclásica con dos campanarios. Un elemento común a las grandes iglesias maltesas, y que la de Mosta también tiene, es que siempre cuentan con dos relojes: uno que da la hora real y otro que está deliberadamente mal ajustado para dar una hora errónea. Esto se hacía tradicionalmente para despistar al diablo y evitar que se intentara colar a las misas.

La ruta de los templos megalíticos

Mi fiel obsesión de conocer los lugares declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO me llevó al día siguiente a visitar el Hipogeum de Hal-Saflieni, en Paola, un excelente cementerio prehistórico subterráneo. Sin embargo, las entradas estaban agotadas hasta mayo. Algo frustrado, decidí continuar mi ruta hacia los tres templos megalíticos de Tarxien. Situados al aire libre, los templos tienen todos la misma estructura: recámaras circulares que van disminuyendo de tamaños conforme nos internamos y que están conectadas por estrechos pasadizos. Construídos en piedra, se cree que se dedicaban a la veneración de los muertos. Aquí son interesantes algunos de los relieves en piedra que muestran figuras de animales domésticos esculpidos con gran calidad, así como los diseños en espiral de algunos altares.

En los alrededores de los templos hay restos de piedras redondas situadas a lo largo de los caminos. Esto llevó a los arqueólogos a concluír que las grandes piedras que forman la estructura de los templos se transportaron por encima de caminos de grandes piedras redondas que limitaban la fricción y facilitaban sobremanera el traslado de las mismas.

Continué la visita dirigiéndome hacia la costa, para visitar la famosa Blue Grotto, la entrada a una caverna marina a la cual ese día no iba ninguna barca debido al fuerte oleaje. Sin embargo, el paisaje mereció la pena. Mientras disfrutaba del mar me comí un delicioso pastel de espinacas y ricotta acompañado de una famosa Kinnie, el famoso refresco maltés, elaborado con naranja "chinotto", hierbas aromáticas y especias. Tiene un sabor agridulce que recuerda al sabor del Campari, aunque sin alcohol, siendo la bebida preferida de los malteses.

Tras esta tranquila, soleada y ventosa pausa, proseguí la ruta de los templos y me dirigí hacia el sitio arqueológico más importante de todos: los templos de Hagar Qin y Mnajdra en Qrendi. Este gran complejo situado en un paraje natural protegido es sin duda el mejor de todos los del archipiélago. Si solo queréis visitar uno, este es el que se debe elegir. La visita empieza en el moderno centro de bienvenida, con una película en 3D con efectos especiales incluídos, que sirve como introducción a la historia de estos templos. La visita continua en el moderno museo donde profundizar en los detalles de la construcción y usos de estos templos. Llama la atención una maqueta que permite proyectar luz artificial a modo de sol para ver como los rayos del astro rey iluminan los interiores de los templos durante los solsticios y equinocios. Esta elaborada construcción y previsión demuestran los avanzados conocimientos matemáticos y astronómicos de la antigua civilización megalítica que habitó el archipiélago maltés.

A continuación se visita el primer gran complejo de templos de Hagar Qin, cuyas ruinas se encuentran actualmente cubiertas por una gigantesca carpa para protegerlo de las inclemencias del tiempo. Sobresale uno de los grandes megalítos usados en la construcción, de más de 20 toneladas. Los expertos aún se pregutan por las maneras en las que pudo ser transportado y elevado. También es pertubador el agujero elíptico perfectamente excavado en otra de las rocas que forman las paredes de una de las antiguas salas de templo, por el que entraba la luz del sol durante el solsticio de verano y la proyectaba en la pared. Las vistas del mar desde el templo, situado en una colina, son bellísimas.

La visita sigue por un recto camino que baja 500 metros hasta el complejo de templos de Mnajdra, también cubiertos por una gran carpa. En ellos se pueden ver puertas perfectamente talladas así como una decoración en la roca a base de miles de puntos que se dicen servían para contar el pasar del tiempo. El templo está construído encima de una plataforma artificial de roca también contruída durante el período megalítico.

Tras la belleza de los templos y del paisaje mediterráneo de Qrendi, el día acabó en el pueblo pesquero de Marxaslokk, lugar tradicional al que ir los domingos para poder comprar pescado fresco a buen precio o degustarlo en sus restaurantes especializados. Allí pude admirar las típicas barcas maltesas de colores con los dos ojos de Isis, símbolo traído por los fenicios y que aún hoy los pescadores usan para protegerse de la mala suerte. Finalmente, nos fuimos a dormir pronto porque al día siguiente teníamos excursión a la segunda isla del país: Gozo. 

La capital de los Caballeros Templarios

Tras un fantástico día en Gozo, el final de mi visita a Malta lo dediqué a su gloriosa capital: La Valletta. Accedimos a la bella ciudad amurallada por la espectacular Triq Ir-Repubblika, la calle principal, donde lo primero que uno se encuentra es el nuevo y modernísimo edificio del Parlamento maltés, que estaba a punto de inaugurarse. Continuamos por la calle, jalonada de palacios, edificios de época y grandes instituciones como los tribunales de justicia o el bellísimo palacio del Gran Maestre de la Orden de los Caballeros Templarios, ahora sede de la presidencia de la República. Al ser día festivo estaba cerrado y no pude entrar a visitar sus solemnes estancias. Me conformé con admirar su fachada exterior, donde destacan las serie unidas de balcón tradicional maltés, que consiste en una estructura de madera cerrada que sobresale del muro, pintado de diferentes colores, en este caso en color verde.

Paramos un rato a descansar en la soleada terraza del Cafe Cordina, en la plaza de la biblioteca nacional, el lugar con más solera de Malta para tomarse un té o café acompañado de algún dulces: tienen una variedad enorme. A mi me encantó el budín maltés. Antes de irnos, entramos al interior del elegante café para ver los frescos que resumen la historia del país, destacando el último, que se pintó con motivo de la entrada de Malta en la Unión Europea y muestra una alegoría de ello. 

Seguimos paseando por las bellísimas y decadentes calles, llegando hasta la Concatedral de San Juan, muy fea por fuera pero bellísima por dentro. Sin embargo, la iglesia más impresionante de la ciudad fue reconstruída hace muy poco: se trata de la basílica de Nuestra Señora del Carmen, cuya cúpula, auténtico símbolo del skyline de la ciudad, se construyó durante los años sesenta del siglo XX. Otro de los edificios que más me gustaron de la isla es el albergue de Castilla. Este edificio barroco es toda una joya arquitectónica. Antiguamente alojaba a los caballeros de la Orden de Malta provenientes de los Reinos de Castilla y Portugal. Actualmente alberga las oficinas del Primer Ministro. Su imponente y simétrica fachada refleja autoridad y poder, combinado con la serenidad que le dan sus contraventanas de madera pintadas de verde oscuro.

Y claro, si había un albergue de Castilla, tendría que haber uno de Aragón. De hecho, la Orden de Malta la fundaron ocho nacionalidades que aportaban caballeros y dinero: Castilla, Inglaterra, Auvernia, Alemania, Aragón, Francia, Italia y Provenza. Estas ocho naciones se representan en las ocho puntas de la cruz símbolo de la orden. Obviamente, no podía irme de Malta sin ver el albergue de Aragón. Finalmente, y tras mucho buscarlo, llegamos hasta la plaza de la Independencia, donde está situado. El albergue es ahora la oficina del vice primer ministro del país. El edificio es señorial pero muy sencillo y austero por fuera. En este palacete se alojaban los caballeros de la Orden de Malta provenientes de los territorios de la Corona de Aragón cuando se les destinaba a la isla. Me hacía ilusión ver el lugar en el que muchos caballeros valencianos pasaron largas temporadas defendiendo este pequeño pedazo del Mediterráneo. En esta serena y arbolada plaza, justo enfrente, está de la catedral anglicana de la ciudad, de estilo neoclásico.

La visita acabó en los jardines de Barrakka, que cuentan con las mejores vistas de todo el país: desde allí se avistan las conocidas como tres ciudades: Birgu (Vittoriosa), Cospicua (Bormla) y Senglea (Lisla), pegadas una a la otra y ocupando tres pequeñas penínsulas que se adentran en la bahía. Sus fuertes, iglesias y casas construídas en la piedra color ocre tan típica de Malta ofrecen una bellísima estampa. Si tenéis tiempo, tomad un pequeño "aquataxi" que os llevará a ellas, cruzando las aguas del puerto. Nosotros no lo teníamos, así que nos conformamos con disfrutar de las magníficas vistas y de paso tener un poco de vértigo al acercarnos a ver el altísimo ascensor con el que se baja hasta la orilla.

Fiesta en PaceVille

Malta es muy conocida también por su fiesta. Dos noches de mi semana en Malta las pasé de fiesta en PaceVille, un barrio con locales de alcohol barato y música comercial cuyo núcleo concentra muchísimas discotecas y bares que, al menos cuando yo fuí, siempre estaban llenas. El ambiente es sobretodo de adolescentes de todo el mundo más borrachos de lo que toca, aunque por supuesto también hay gente normal. Pero no esperéis sofisticación, porque no la hay. Si hay algo que no me gustó fue que los locales están a tope de humo de cigarrillos, ya que nadie respeta la prohibición de fumar en el interior de los locales.

Alrededor de PaceVille hay también una multitud de bares donde tomarse entre amigos una de las famosas tablas de chupitos a precios de risa. Eso sí, cenad fuerte antes para que no os sienten mal. Además de la oferta internacional que señalaba al principio, hay muchísimos restaurantes de comida italiana o maltesa sin pretensiones, como el famoso The Avenue, con decenas de salas y un menú para todos los gustos. Recomiendo la pizza maltesa, con salchicha tradicional, berenjena siciliana, cebolla, mozzarella y queso de Gozo. El restaurante siempre está lleno. Por algo será.

Malta es un país curioso, que sorprende nada más llegar por su extraña lengua, un dialecto del árabe escrito con alfabeto latino y muchas influencias del siciliano y del inglés. Para los turistas es un destino perfecto, no sólo por sus razonables precios sino por la combinación de lugares históricos, gastronomía y fiesta que ofrece. Perfecto para pasar, al menos, una semana. Eso sí, alquilad coche. 

dijous, 2 d’abril de 2015

Servicios de las aerolíneas para nómadas

La competencia entre líneas aéreas es cada vez mayor. La aparición de las nuevas compañías low-cost, especialmente en Europa y el Sudeste Asiático, además de nuevas líneas aéreas de calidad y a precios competitivos provenientes de los países del Golfo, han creado una tendencia global de bajada general de precios y aumento espectacular de las conexiones aéreas. Cada vez es mas barato y fácil y de un lugar a otro del planeta con algunas excepciones, como el gran vacío de conexiones directas entre América Latina y África o Asia.

En este contexto de alta competencia, las líneas aéreas agudizan el ingenio para atraer al viajero, ya que las estrategias de precio ya no son la única manera de atraer nuevos clientes, debido como he mencionado a la bajada generalizada de tarifas. Algunas compañías, como Turkish Airlines, además de ofrecer el mayor números de conexiones (a los cinco continentes desde Estambul), también garantizan que, en caso que la espera entre vuelo y vuelo de conexión en el aeropuerto se haga lo menos pesada posible. ¿Cómo? En este caso han puesto en marcha el programa touristanbul con el que es posible unirse a un tour gratuito por la ciudad de Estambul en el caso que

A) El tiempo de espera entre aviones sea de mas de seis horas y

B) al menos seis horas transcurran entre las 9am y las 12pm o las 12pm y las 6pm, siendo ambos horarios los de los tours de la mañana y la tarde respectivamente, habiendo incluso un supertour disponible también para los que tengan que esperar entre las 9am y las 6pm.

Los tours ofrecen visitas a los puntos mas importantes de Estambul con explicaciones ofrecidas en inglés  por un guía profesional. Simplemente hay que dirigirse a la ofician de los tours en el aeropuerto, mostrar los billetes de transfer de Turkish Airlines media hora antes del inicio de cada tour (8.30 y 11.30am). La única excepción son los miembros del programa Miles&Smiles que pueden unirse incluso durante esa media hora final.

El servicio es tan completo que incluso los precios de las entradas a los monumentos o atracciones los ofrece la compañía de forma gratuita. Sin duda, mucho mejor pasar ese tiempo descubriendo las maravillas de la mágica Estambul que malgastar esas horas en el aeropuerto.

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Otra buena iniciativa que acaba de aparecer es el "extended stopover" de Icelandair en Islandia. Uno de los grandes problemas que enfrenta esta compañía aérea es que están fuera de las tres grandes alianzas existentes y por tanto volar con ellos no permite acumular millas. Sin embargo, los estrategas de la compañía han sabido convertir esta debilidad en una fortaleza poniendo en valor una posibilidad muy interesante que la compañía ofrece desde hace mas de cincuenta años pero que pocos conocen:

SOME AIRLINES GIVE YOU MILES. ICELANDAIR GIVES YOU TIME.

Con esta genial campaña de publicidad Icelandair recuerda la posibilidad de aprovechar un vuelo transatlántico para conocer Islandia sin ningún coste extra. En efecto, en nuestros vuelos entre Europa y Norteamérica en los que hay que intercambiar el avión en Reykjavic se puede pasar en Islandia hasta un máximo de siete noches sin ningún coste adicional antes de proseguir nuestro viaje en el siguiente vuelo a un lado u otro del Atlantico. Por tanto, podemos conocer Islandia aprovechando un viaje de negocios o placer entre ambos continentes. Icelandair ofrece otras ventajas adicionales, como la facturación gratuita de dos maletas.

En cualquier caso, bravo por Turkish Airlines e Icelandair, por abrir nuevas opciones a todos los que amamos conocer nuevos lugares y aprovechar el tiempo al máximo.

dimarts, 24 de març de 2015

Ginebra

La ciudad del jet de l'eau

Hace ya ocho años que fui a Ginebra para pasar la Nochevieja en uno de los encuentros europeos de la comunidad de Taizé. El 30 de diciembre de 2007 toqué la famosa verja que separa el jet de l'eau (símbolo de la ciudad por excelencia) de los visitantes. Dicen los lugareños que quién toca la verja volverá a Ginebra. El precio a pagar es la cantidad de agua que te cae encima hasta que llegas a tocarla, sobretodo si hay viento, ya que el gigantesco chorro salpicará por todo lado. El caso es que volví. Allí pasé los primeros días de marzo de este 2015 en un viaje de estudios del master que actualmente curso en el Colegio de Europa en Brujas.

Ginebra es una ciudad complicada para el turista joven. A primera vista parece que no hay mucho que hacer y las pocas actividades interesantes requieren dinero. Mucho dinero. Con la revalorización del franco suizo -debido a una decisión de su Banco Central- los precios son más elevados que nunca para todo aquel que llegue con euros. 

Sin embargo, hay bastante cosas que ver y hacer que no requerirán de un excesivo desembolso económico. Lo primero de todo es darse un paseo por las orillas del lago Léman. Las tardes soleadas de principios de marzo que pudimos disfrutar eran perfectas, ya que la temperatura era muy agradable y además se divisaban las altas motañas de los Alpes cubiertas de nieve. Cuando lleguéis a los alrededores del jet de l'eau, recorred los pequeños caminos de madera que atraviesan el lago hasta acercaros lo más posible al surtidor. Eso sí, llevad un chubasquero ya que es más que probable que acabéis empapados. Todo sea por tocar la verja blanca y de paso ver el chorro de agua de 140 metros de alto lo más cerca posible.

Fondues y otros básicos de Ginebra 

En la otra orilla frente al chorro se encuentra el restaurante, baños y sauna de Les Bains des Pâquis, donde se sirven tradicionales fondues en mesas para grupos. No os lo perdáis: goza de buenas vistas del lago y un ambiente relajado, perfecto para una cena informal entre amigos. En marzo aún hacía frío pero si vais en verano hay unas piscinas naturales en mitad del lago perfectas para darse un chapuzón y broncearse. 

Respecto a paseos urbanos, la rues de la Conféderation, du Marché y de la Croix d'Or son clásicos, donde están numerosas tiendas, chocolaterías, relojerías y demás productos típicos suizos. Muy cerca está la catedral de San Pedro, el elegante Gran Teatro o la imponente universidad de Ginebra con su promenade des Bastions. Cruzando el río Arve se encuentra el barrio de Carouge, que nos alejará de la ciudad y parecerá que estemos en un pueblecito en mitad de las montañas. El punto en el que se cruzan los ríos Ródano y Arve también es muy bonito por el cambio de colores que se observa en la confluencia de las aguas. Finalmente, un paseo por el jardín botánico -frente a la OMC- es también súmamente recomendable por la gran colección de plantas y el bello diseño paisajístico. 

Una ciudad muy internacional

Durante mi visita tenía parte del tiempo marcado por eventos, que empezaron con visitas y charlas a la Delegación de la Unión Europea ante la ONU y la Organización Mundial de Comercio. Al día siguiente tuvimos una cena-cóctel en la insulsa residencia del amable embajador de Francia antes la ONU y la OMC, que nos recibió muy bien. Las vistas del jardín de la residencia al lago Léman, sin embargo, eran preciosas, especialmente en una noche de luna llena como aquella. Después continuamos la velada en la Brasserie des Halles de l’Ile, que recomiendo encarecidamente por su bella situación en una pequeña isla en mitad de las rápidas aguas del Ródano. Además, su elegante ambiente cuando se transforma en un lugar de copas es estupendo.

A la mañana siguiente tuvimos la suerte de disfrutar de otro cóctel esta vez en la maravillosa y acristalada terraza de la Organización Mundial de la Meteorología (WMO). El día era soleado y desde allí hay unas vistas magníficas del blanco Palais des Nations, del lago Léman con el jet de l'eau, de la ciudad en general rodeada de los Alpes nevados... Intentad subir a la terraza de esta edificio si tenéis la oportunidad,

Otro de los puntos que vale la pena ver es la place des Nations, donde se encuentra el antiguo edificio principal de la Liga de las Naciones, el Palais des Nations, ahora sede europea de la ONU. Allí están en varias filas todas las banderas de los estados miembros. Además, en mitad de la plaza hay una gigantesca estatua de madera de una silla con una de las patas arrancadas. Simboliza el horror y la crueldad de las minas antipersona, una de las grandes lacras creadas por la humanidad. Son armas creadas no para matar, sino para hacer más difícil y cruel las vida de mucha gente y colapsar los sistemas sanitarios de las zonas en las que se colocan. Por desgracia aún hay miles de minas en el mundo. En 1999 entró en vigor el Tratado de Ottawa, en el que sus firmantes se comprometen a no usar, desarrollar, fabricar, almacenar o comerciar minas antipersona. Sin embargo, países tan importantes como Estados Unidos, China, Rusia o la India siguen sin firmar dicho tratado y por tanto, siguen fabricando y vendiendo minas antipersona. 

Ese día pudimos visitar el imponente Palacio de las Naciones y sus diferentes salas de reuniones que también están abiertas al turista en general: muy recomendable para una mañana. La arquitectura de estilo neoclásico, con gigantescos pasillos e inmensas escaleras, tiene una clara influencia de la arquitectura fascista de los años 30, donde claramente se observa el toque de los arquitectos italianos. El mármol de Carrara utilizado en numerosas columnas fue, de hecho, donado por Italia. Otra de las salas interesantes es la Sala de los Derechos Humanos y la Alianza de Civilizaciones, en la que durante nuestra visita se celebraba la 28 sesión del Consejo de Derechos Humanos (que pudimos escuchar durante una hora). La impresionante cúpula del plenario fue diseñada por el artista catalán Miquel Barceló y donada por el gobierno español. La obra es una metáfora de lo que representan las Naciones Unidas, una especie de cueva barrida por olas y miles de afiladas estalactitas de diferentes colores y formas, como las opiniones y visiones que aquí se escuchan.

El último día dedicamos la mañana a visitar el CERN, uno de los lugares más fascinantes de Europa. Allí nos explicaron los orígenes de esta organización internacional y de qué estudios se realizan aquí, siendo el más importante el colisionador, a casi la velocidad de la luz, de protones, que experimenta para obtener partes aún más pequeñas de la materia y entender de qué se componen las cosas y cuál es el origen del universo. Pudimos ver el primer acelerador de partículas que allí se fabricó -pequeño comparado con el actual colisionador de partículas subterráneo de 27 kilómetros- así como una de las salas de control donde se toman fotografías de las colisiones. Un amable informático nos guió por el complejo y nos ofreció una interestantísima presentación. Esta visita está abierta a los turistas por lo que la recomiendo encarecidamente. La elegante cúpula de madera de la sala de eventos llama mucho la atención.

Finalmente, esa tarde fuimos al Comité Internacional de la Cruz Roja, donde tras una presentación del impresionante trabajo que esta organización realiza, pudimos visitar el nuevo museo de la Cruz Roja, muy didáctico e interesante. Personalmente me marcó la colección de objetos realizados por presos en todo el mundo que fueron regalados a los asistentes de la Cruz Roja que visitan las prisiones para evaluar las condiciones de detención y el trato a los reclusos. Impresiona la gran calidad de las obras que estos presos realizaron con latas, madera o incluso pastillas de jabón.

En general, Ginebra es una ciudad muy tranquila, con algo de ambiente por el barrio de Pâquis, debido a su gran variedad de restaurantes de todo el mundo así como bares, pero tampoco es gran cosa. Sus altísimos precios me hacen desaconsejar su visita por el momento y esperar a que mejore el tipo cambiario.

dimarts, 17 de febrer de 2015

Viajeros urbanos

El otro día descubrí en El Viajero de EL PAIS una sección muy interesante: Viajeros urbanos. Se trata de una red de más de 150  urbanitas que se toman su vida en su ciudad como si estuvieran allí de viaje permanente. Eso les hace ser más curiosos y disfrutarlas al máximo. Por eso, comparten en sus espacios diferentes entradas donde recomiendan los restaurantes más de moda, las mejores terrazas, monumentos curiosos, actividades interesantes, trucos para ahorrar... hay de todo. 

Es interesante para todos los públicos, porque combina información novedosa o curiosa que interesará a los propios habitantes de dichas ciudades y a la vez también hay entradas con información general o útil para viajeros que visiten dicha ciudad por primera vez, como paseos por los lugares básicos o hoteles curiosos a precios asumibles. 

La variedad de destinos es grande, pero me sorprenden muchísimas carencias, como por ejemplo Miami o a menor escala, Ciudad de Panamá. Personalmente he estado dando un vistazo a algunas de las ciudades en las que he vivido y encuentro grandes diferencias: por ejemplo, Madrid, París o Valencia cuentan con numerosas entradas y muy interesantes. De hecho, he descubierto muchos locales que no conocía de mi propia ciudad. Sin embargo, otras ciudades están bastante poco explicadas o de manera superficial, como por ejemplo Manila. De todas maneras, os invito a explorar la sección y las diferentes ciudades presentes por vosotros mismos. ¿Qué pensáis? 

divendres, 23 de gener de 2015

Riga

Desde siempre me habían llamado la atención los tres países bálticos. En muy pocos años hicieron una transición exitosa desde una economía soviética centralizada en las decisiones de Moscú a una economía socialdemócrata independiente. Tan exitosa fue que los tres ya están dentro del euro y sus economías crecen con robustez tras el parón de tres años debido a la crisis financiera global. Pero además, fueron naciones que conservaron sus lenguas y tradiciones a pesar de la política activa de rusificación que se les impuso tras segunda ocupación soviética de 1940 a 1991.

El caso es que gracias a Ryanair pude escaparme con unos amigos a visitar Riga, la capital de Letonia, "el pequeño París del norte". Llegamos de noche y muy abrigados, pensando que las temperaturas sería de alrededor veinte grados bajo cero. La primera sorpresa fue una temperatura fría pero seca que era fácilmente combatible con la misma ropa que llevamos en Bélgica. La segunda sorpresa fue el alojamiento: por el mismo precio de un hostel en París o Londres habíamos alquilado un agradable apartamento para seis personas en el "Ensanche" de Riga, el barrio art-nouveau del siglo XIX donde ahora se encuentran las tiendas más exclusivas y muchos de los restaurantes y clubs de moda. Tras instalarnos salimos a cenar a Vecriga, el centro histórico de la ciudad, que estaba a quince minutos caminando. Como ya era bastante tarde, no encontramos el restaurante de comida típica pero acabamos en un sitio muy agradable: el Pacho Music Café, que sirve comida de buena calidad a precios competitivos así como estupendos y enormes cócteles. Pedimos una tabla de buenísimos quesos letones para compartir (me encantó uno ahumado) y personalmente degusté un filete de cerdo en salsa de frambuesas muy rico. 

Al día siguiente, como habíamos estado de fiesta y de cócteles, decidimos ir directamente al brunch. Gracias a la recomendación de un compañero letón en el master, lo hicimos en uno de los locales más en boga de la ciudad: el Kanna Café. Allí disfrutamos del acogedor local y su variado y delicioso brunch con platos y productos recién hechos por los cocineros que se encuentran a la vista y constantemente en los fogones. Muy recomendable. 

Una vez satisfechos, empezamos a pasear por Riga, recorriendo el elegante bulevar de la libertad que acaba en el Monumento a la Libertad. El monumento se levantó en el emplazamiento de la antigua estátua al zar Pedro el Grande. Fue en 1935, a partir de donaciones privadas, que se construyó el nuevo símbolo de la nación letona, con la estátua femenina de "Milda" en lo más alto de la columna. Su inscripción "Por la patria y la libertad" adquirió renovado sentido en 1987 cuando más de 5,000 personas se reunieron a su alrededor de forma ilegal para recordar las deportaciones estalinistas. Desde entonces, todos los días se encuentran allí flores frescas de colores rojo y blanco, recordando a las víctimas de uno de los peores dictadores del siglo XX. Cuando hace buen tiempo hay dos guardias que vigilan el monumento.

Admiramos el bello Teatro Nacional de la Ópera, del que Richard Wagner fue director durante dos años y nos internamos en Vecriga, el casco viejo de la ciudad. Llegamos a la plaza de los Letones (Livu), que cuenta con una afamada pastelería en el centro. No se pueden dejar de ver las estátuas de gatos encaramados en las torres art nouveau de la Kaku Maja (casa del gato). A través de la calle Skarnu llegamos a las iglesia de San Pedro, tal vez con el capitel más bello de la ciudad. Destruído en diferentes ocasiones desde 1660, el actual es una reconstrucción reciente ya que los rusos lo volvieron a destruír para usar la iglesia como teatro. En el sobrio interior había una interesante exposición sobre el ganchillo, su historia, significados y diseños de diversos artistas letones. Subimos también a lo alto de la torre con el ascensor, desde donde pudimos admirar la parte antigua de la ciudad mientras empezaba a nevar.

Seguimos paseando por las heladas callejuelas, admirando la combinación de edificios medievales con otros más recientes de estilo art nouveau. Nos dirigimos hacia la plaza de la Catedral, para admirar su imponente y austero diseño. Luego nos metimos en el Museo de las Barricadas (es difícil encontrar la pequeña puerta de entrada, en la calle Kramu número 3). Este museo está dedicado a los letones que en 1991 acudieron desde todo el país para defender el Parlamento ante la amenaza del Ejército Rojo. Crearon barricadas con bloques de cemento, con camiones, autobuses, tractores, árboles... El museo cuenta el difícil proceso que sufrió el país para independizarse de la Unión Soviética. Hay recreaciones de las barricadas y fogatas construídas en las calles de Riga, numerosos objetos originales y un interesante documental.

Al salir empezaba a oscurecer y hacía bastante frío. Llegamos de nuevo a los alrededores de la Ópera y recorrimos los bellísimos jardines que rodean el canal, cubiertos de nieve y con el agua congelada a la que desafiaban algunos patos. La verdad es que esa zona es bellísima, con el parque limpísimo, rodeado de elegantes bloques de edificios decimonónicos. En mitad del parque, detrás de la Ópera, se encuentra una de las teterías más agradables de la ciudad: Apsara. Situada en una pérgola de madera, su segundo piso con sofás mirando a los jardines es perfecto para relajarse y charlar de todo un poco durante una fría tarde invernal. Aunque las camareras son algo rudas, los más de cincuenta tipos de té (que podéis oler antes de elegir) así como el surtido de pasteles y galletitas tradicionales, hacen de este uno de los establecimiento más populares de la ciudad. 

Tras el té y el descanso nos entró el hambre, así que nos dirigimos a cenar a la cadena de comida más famosa de Letonia: Lido. Con varios locales en el país (nosotros fuimos a la sucursal de Elisabetes con Terbatas), Lido propone un self-service de gran calidad con varios platos típicos letones a precios más que asumibles. Y la verdad es que lo probamos casi todo:  los pelekie zirni ar speki (unas legumbres negras con carne ahumada) estaban para morirse. De lo contrario, los kartupelu pankukas ar skabu krejumu (unas tortitas de patata con crema agria) eran algo pesadas. Una ensalada muy buena en forma de cuadrado es la silke kazoka, a base de arenque, huevos, patatas, remolacha, zanahorias y mahonesa. También pedimos unas sasliks, salchichas de cerdo con un toque anisado. Para acompañarlo todo se come kiploku grauzdini, un pan negro frito remojado en ajo y aceite, lo más letón que existe. De postre tomé la tradicional maizes zupa, unas gachas dulces de avena mezcladas con pan negro y frutas secas servido con nata montada. Muy consistente, es una especie de budín negro.  

Bastante llenos volvimos al apartamento a descansar un poco y prepararnos para descubrir uno de los locales más chic de la noche de Riga: el Balzamsbar. Se trata de un pequeño local con un buen DJ donde acuden jóvenes profesionales a bailar y charlar mientras disfrutan de los cócteles, muy bien hechos y todos con el ingrediente estrella del país: el bálsamo negro. Este licor de 45 grados fue creado por el farmacéutico Abraham Kunze. Su receta está celosamente guardada ya que sigue siendo monopolio de un productor: de los 14 ingredientes utilizados sólo se conocen la cáscara de naranja, la corteza de roble y la flor de tilo. 

Al día siguiente volvimos de nuevo al Kanna Café para el brunch (vale la pena) y de ahí paseamos por el bulevar Raina (o de las embajadas recuperadas) donde destaca la francesa, situada en una residencia aristocrática original del siglo XIX. En otro de los palacios del paseo se encuentra el Museo de la Ocupación. Es una pena que la exposición permanente esté cerrada (debido a una renovación). Sin embargo, la exposición temporal también merece la pena para aprender más sobre las ocupaciones rusa, nazi y soviética, por ese orden, que sufrió el pueblo letón durante el pasado siglo. Hay un vídeo con testimonios de supervivientes de los gulags que son escalofriantes.

Al salir, dimos un largo paseo por las calles Alberta y Elizabetes, que concentran un gran número de edificios  Art Nouveau. De hecho, el centro de Riga consiguió la condición de patrimonio de la humanidad UNESCO por tener la mayor concentración de edificios de este estilo en el mundo. Las abigarradas fachadas que combinan blanco y colores pastel muestran fabulosos animales, grandes caras, motivos florares o dioses clásicos bailando con musas. Muchos de estos edificios fueron obra de Mikhail Eisenstein, arquitecto judío alemán nacido en San Petersburgo (padre del famoso cineasta Sergei Eisenstein) que desarrolló su carrera en Riga. En este barrio tan señorial me llamaron la atención la fachada del número 13 de Alberta, un bloque de apartamentos casi palaciego, con sus dos puntiagudos torreones y caras gigantes gritando. Saliendo de la calle Alberta llegamos a Elizabetes, donde la bellísima escuela de derecho de Riga, en el número 10b, destaca por su iluminación y sus azulejos azul eléctrico así como por las musas que sostienen coronas de laurel. 

Lamentablemente ya no nos quedaba más tiempo, así que fuimos por las maletas y nos dirigimos al aeropuerto. Finalmente, al ir a tomar el avión de vuelta, es importante saber que todos los que vuelan con Ryanair deben pagar un impuesto extraordinario de 7 euros al aeropuerto. Antes de embarcar compramos varias botelles del mítico bálsamo negro letón.

Me dejé sin conocer el popular mercado central de Riga, su moderna Biblioteca Nacional o la soviética Academia de las Ciencias. Tal vez siga el consejo de muchos taxistas y vuelva a esta maravillosa ciudad en verano, para acabar de disfrutarla. Riga es, sin duda, la escapada urbana perfecta (e incluso romántica) para un fin de semana diferente, a precio asumible y con mucha elegancia. 

diumenge, 11 de gener de 2015

Museu Nacional d'Art de Catalunya - Barcelona

Para todos los amantes del arte Barcelona ofrece una variada oferta museística de primer nivel. Uno de los más importantes es el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), que se encuentra en el antiguo Palacio de Montjuic, inaugurado para la Exposición Internacional de 1929. El Palacio se construyó para acoger y mostrar más de 5,000 obras de arte provenientes de toda España. 

Situado en lo alto del monte, el palacio preside de forma solemne la plaza de España. En conjunto del paisaje le da un aire monumental grandioso, que se refuerza con la gran avenida principal de la Fira de Barcelona (feria de muestras de la ciudad) y la elegante Font Màgica, que ofrece espectáculos nocturnos de luces y música.

Actualmente, el magnífico MNAC es un museo que recorre la historia del arte del territorio catalán arrancando en el románico (siglo XI) hasta llegar a la actualidad. De forma cronológica, con gran variedad de obras y de una manera amena y ordenada a través de obras clave, el museo nos dará una panorámica excelente de la historia del arte catalán. 

El MNAC empieza con una soberbia colección románica (una de las mejores del mundo) que incluye figuras sacras, retablos y sobretodo, frontales y pinturas murales, arrancadas de las iglesias pirenaicas para su mejor conservación y evitar los numerosos robos que han ido sufriendo. Sin duda, el que más impresiona es el ábside de Sant Climent de Taüll, una de las primeras obras que se estudian en historia del arte cuando se llega al románico. Su impresionante Pantócrator (Cristo en majestad) merece sentarse y admirarlo con tranquilidad. Es impresionante la figura hiératica de Jesús, sosteniendo un texto donde en latín dice "Yo soy la luz del mundo", rodeado de ángeles y los tetramorfos (las cuatro figuras que representan a los cuatro evangelistas).

Otra obra que destaca en la colección románica es el frontal del altar de la Seu d'Urgell, En ella se observan a la perfección las características del arte románico, empezando por la perspectiva jerárquica, la inexistencia de un fondo o la geometrización antinaturalista de las formas (exagerada en los pliegues de las ropas, por ejemplo). La excelente calidad de la policromía convierte esta pieza en excepcional.

Finalmente, la Majestad de Batlló muestra uno de los mejores ejemplos de escultural románica e imaginería medieval. Realizada en madera policromada, representa a Cristo crucificado en posición de majestad, es decir, sin rastro alguno de sufrimiento, vestido con ropajes solemnes y con los ojos abiertos, simbolizando su triunfo sobre la muerte.

La colección continúa con el arte gótico, donde nada más empezar se encuentran las pinturas murales de la conquista de Mallorca, una imagen muy conocida para mí. Originalmente estos frescos estaban en el Palacio Aguilar, y tras varios lugares han acabado en el MNAC. Ellos muestran hechos basados en las cuatro grandes crónicas que se escribieron narrando las conquistas del rey Jaume I "El Conquistador". En este caso se centran en Mallorca. Con un estilo gótico lineal, numerosas personalidades de la época están representadas, destacando el propio rey que se encuentra dibujado en el interior de su tienda real. 

La parte gótica incluye numerosas estátutas de la Virgen, así como retablos de gran calidad. Tal vez la tabla al óleo más famosa es la de la Mare de Déu dels Consellers, del valenciano Lluís Dalmau, en la que aparece la figura central de la Madre de Dios con el Niño, rodeada de cinco consejeros del gobierno municipal de Barcelona. En el fondo aparecen paisajes, algo que Jan Van Eyck le enseñó a Dalmau durante los cinco años que este último pasó en Flandes, por orden del rey Alfons IV "El Magnánimo".

Por último, me encantaron la serie de retratos de los reyes de Aragón, realizados por los valencianos Gonçal Peris Sarrià y Jaume Mateu, y que orginalmente se encontraban en la Casa de la Ciudad de Valencia. Cada uno de los cuatro cuadros muestran a Jaume I "El Conquistador", Alfons II "El Liberal", Pere III "El Ceremonioso" y Alfons IV "El Magnánimo.

Las salas que siguen se adentran en el Renacimiento y el Barroco, movimientos que a España llegaron desde la península itálica. En la colección destaca el cuadro de San Pedro y San Pablo, inconfundiblemente de El Greco, con sus formas alargadas. Por supuesto, la Inmaculada Concepción de Zurbarán es otro de los cuadros a los que no podréis quitar ojo por su magnificiencia y genial uso de la luz. Este cuadro se pintó en el contexto en el que el Concilio de Trento consagró la creencia en la Inmaculada Concepción, aunque sin hacer de ello dogma de fe. En España esta creencia siempre tuvo muchísimo fervor, de hecho desde el 8 de diciembre de 1644 se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción. En el cuadro se presenta a la Virgen como el único ser humano que se libró del pecado original. Esta obra, de gran misticismo, resume a la perfección el Barroco español, muy vinculado a la Contrarreforma.

Finalmente, otra obra maestra es el martirio de San Bartolomé de Josep de Ribera, en el que el apóstol Bartolomé, en una posición muy incómoda, nos mira indefenso a los espectadores del cuadro, mientras un sádico verdugo le desuella con gran entusiasmo. El cuadro está lleno de alusiones simbólicas a la fábula del fauno Marsias.

Muchas de las obras fueron obtenidas por el MNAC gracias al legado dejado por Francesc Cambó, fundador de la Liga Regionalista y gran coleccionista y amante del arte. Asismismo, el conjunto de cuadros de artistas catalanes y otros muchos de la colección Thyssen-Bornemisza también está expuesta, gracias a su cesión al MNAC, entre los que destacan la Anunciación de Veronés.

Tras recorrerme todo el primer piso, decidí hacer una pausa y comer algo rápido en el café del museo. Sin embargo, si tenéis tiempo, por solo 17 euros hay un buen buffet de comida mediterránea en el restaurante del propio museo. Luego subí a visitar la terraza del palacio, que ofrece unas magníficas vistas de toda la ciudad sobretodo si el día es soleado y la temperatura agradable, que fue mi caso. 

Finalmente, el segundo piso tiene numerosas salas dedicadas al arte moderno y contemporáneo, mostrando obras de muchísimas corrientes artísticas como el neoclasicismo, las vanguardias o el modernismo. Destaca la colección del "noucentisme" o mediterranísmo, un movimiento nacido en Cataluña, que buscaba el arte por el arte, deshumanizado, intelectualista, con dominio del orden y la belleza, rechazando sentimentalismo y romanticismo, profundamente europeísta, cosmopolita, urbanita y elitista. En escultura, un gran representante del "noucentisme" fue Júlio González, escultor en hierro. Su obsesión por representar la figura humana abstracta y la gran calidad de sus obras lo convierten en uno de los escultores más importantes del siglo XX. Su colección más completa se encuentra actualmente en el Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) donde se le dedican varias salas de forma permanente. Otra obra de un gran pintor "noucentista" es Cala Forn de Joaquim Sunyer, cargada de simbolismos y armonía.

Del neorrealismo preciosista destaca el bellísimo lienzo de la Vicaria de Marià Fortuny, en el que se observa con todo lujo de detalles la firma de un contrato matrimonial en unas oficinas eclesiásticas. A pesar del pequeño tamaño de la obra, cada elemento tiene los detalles pintados con gran precisión, especialmente en el caso de las figuras humanas de diferentes clases sociales, diferenciadas por su ropa.

La colección de muebles de Gaudí y otros autores modernistas llega a continuación, con las grandes innovaciones de aunar estética y comodidad adaptada al cuerpo humano. De Gaudí ya había aprendido mucho en mi visita a la Casa Milà.

Grandes autores contemporáneos están representados en esta colección también, como Salvador Dalí, con cuadros como el soberbio Retrato de mi Padre, que me recordó como disfruté las visitas al Museo Dalí en Saint Petersburg, Florida y a la Casa-Museu Dalí en Portlligat.

El malagueño Picasso también está presente con la Mujer con sombrero y cuello de piel, uno de los muchos retratos que Picasso hizo a su compañera sentimental Marie-Thérèse Walter. A pesar de la distorsión de la forma, la divergencia de la mirada y la angulosidad de los rasgos fisionómicos, la imagen de Walter es fácilmente identificable.

Finalmente se muestran una buena colección de cartelería propagandística usada durante la Guerra Civil española así como una proyección continua de notícias grabadas que se exhibían en los cines donde mostraban las visitas del presidente de la Generalitat de la época, Lluís Companys, a diferentes pueblos o recibiendo al Lehendakari Aguirre. Companys fue fusilado en 1940 tras un consejo de guerra sin garantías.

En la exposición también hay una variada muestra de cartelería publicitaria desde las imágenes art-nouveau de Mucha hasta un par de carteles de Toulouse-Lautrec así como de otros autores. Me llamó mucho al atención una publicidad de Nestlé que os dejo en la foto. Finalmente, la colección de numismática me quedé sin visitarla por falta de tiempo.

Una visita al MNAC os llevará algo más de cinco horas seguro. Si os gusta el arte no os decepcionará, ya que su colección es muy completa a la vez que dinámica. No se hace pesada de ver y además está expuesta en orden cronológico con lo que se puede admirar la evolución del arte durante varios siglos de forma didáctica. En todo caso, el MNAC es un museo de obligada visita si se va a la capital catalana, sin duda.

dimecres, 31 de desembre de 2014

2015: todo un enigma

2014 ha sido un año curioso, bastante complicado, de muchísimos cambios. Lo empecé en Valencia, mi ciudad natal (algo muy raro para mi estos últimos años). De ahí volví a Panamá donde estaba trabajando. En pocos meses acabó mi vida allí y como todos los años se volvía a romper mi rutina y me tocaba despedirme de los amigos con los había pasado tan buenos momentos. Volví a Valencia y aproveché las vacaciones de Semana Santa para conocer Milán y Bérgamo, dos bellas ciudades lombardas. También volví diez días a mi querida caótica Manila. En mayo me mudé a Argel por trabajo y además de conocer la capital argelina, pude visitar ciudades y restos arquitectónicos de varios puntos de la costa. Asimismo, hice una pausa vacacional de una semana en Grecia, visitando Atenas, Mykonos y Delos. Impresionante país, sin duda. Una beca finalmente concedida por la Unión Europea interrumpió mi estancia en Argelia y me mudé a la pequeña ciudad belga de Brujas tras pasar unos días en La Canyada. Desde allí he podido descubrir Ostende, Amberes y los campos de Flandes donde se decidió la suerte de la I Guerra Mundial, además de seguir explorando Bruselas y haber repetido visita a Aquisgrán y Colonia. También visité los bellos palacios barrocos de Brühl. En una escala en Barcelona, pude entrar por fin a la mítica Pedrera así como admirar el arte del Museu Nacional d'Art de Catalunya.

De nuevo os escribo desde Valencia cuando apenas le quedan unas horas a 2014. Lo cierto es que 2015 se presenta más enigmático que nunca. A estas alturas, no tengo la más remota idea de donde estaré el 1 de julio de 2015. Es verdad que más o menos los primeros meses están planeados. En unos días vuelvo a Brujas para vivir allí seis meses más. El segundo fin de semana de enero descubriré Riga, la capital letona, en mi primera incursión báltica. Después tengo sendos viaje de estudios a Londres y a Ginebra. Ya he estado en ambas pero me quedaron muchas cosas por descubrir. Semana Santa la pasaré muy probablemente en el Mediterráneo, pero el destino concreto está por confirmar. A partir de ahí, todo es un misterio. 

He de reconocer que en el punto de mira tengo dos destinos: los Balcanes Occidentales (destacando Montenegro, Croacia, Bosnia-Herzegovina y Serbia) así como el Cáucaso (Georgia principalmente), ya que he hecho buenas amistades de allí. También me gustaría mucho pasar unos meses en algún país arabófono para cimentar mis conocimientos básicos adquiridos este año. Pero la gran pregunta es: ¿dónde seguirá mi carrera laboral? Me encantaría poder disfrutar de una cierta estabilidad. Un mínimo de tres años sin mudarme de nuevo. ¿Pido mucho?

De momento voy a disfrutar de todo lo que me espera y ya veremos donde me lleva la vida. Tal vez mi mayor deseo para 2015 sea un poquito de estabilidad geográfica. La foto que os dejo es de un paisaje otoñal de los jardines de Brühl: un camino. ¿Hay camino o se hace camino al andar? 

Feliz año para todos los nómadas.