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dissabte, 1 d’agost de 2015

Murcia

Murcia siempre ha sido una región en la que como viajero pocas veces he pensado. Más allá de saber que tienen una estupenda huerta alrededor de su capital, poco más conocía. Es por eso que cuando un amigo murciano me invitó a conocer su ciudad y región, no dudé en decirle que sí. 

Llegamos a Murcia bastante de noche pero eso no fue impedimento para poder parar en una de las muchas pastelerías-confiterías que hay repartidas por toda la ciudad y comprar el típico pastel de carne, un hojaldre redondo lleno de carne picada con huevo duro muy sabroso. Lo acompañamos con un tercio de Estrella de Levante, la cerveza que los murcianos llevan bebiendo desde 1963. 

Al día siguiente nos fuimos de excursión al parque regional de Calblanque, que según los lugareños cuenta con la mejor playa de la región. Este enclave no construído cuenta con una gran biodiversidad además de largas playas vírgenes de aguas cristalinas. Es por ello que durante días de gran afluencia (como fines de semana o festivos de julio y agosto) su acceso está regulado existiendo un máximo diario. Mejor ir pronto en todo caso. Es muy importante que llevéis todo lo que queráis comer o beber ya que en las playas no hay ningún establecimiento y ni siquiera duchas. Nosotros llevamos una neverita bien cargada. No olvidéis la sombrilla ya que apenas hay sombras (sólo en algunas pequeñas grutas frente al mar). Por último, si tenéis gafas de snorkel aprovechad para dar un vistazo a los alrededores de las zonas rocosas y ver la fauna marina. 

Tras unas cuantas horas de nadar y broncearnos, nos fuimos a conocer el curioso urbanismo de la Manga del mar Menor, una lengua de arena que divide el Mediterráneo de un pequeño mar de agua salada en la costa murciana, haciendo posible bañarse en dos tipos de agua dando un paseo de pocos minutos. Eso sí, el agua del mar Menor estaba muy caliente llegando a ser incluso desagradable. Es perfecta para niños porque además de su temperatura, las aguas del mar menor son extremadamente tranquilas, de hecho parece una piscina gigante. Por razones logísticas nos quedamos sin tiempo para descubrir Cartagena, razón por la que tendré que volver a la Región de Murcia tarde o temprano. Ese día acabó con una deliciosa barbacoa casera de embutidos, carnes y hortalizas murcianas que nos ofreció mi amigo.

La mañana siguiente la consagramos a la ciudad de Murcia, empezando por el interesante museo Salzillo, en pleno centro de la ciudad. Situado en la iglesia de Jesús, el museo surgió al acogerse allí los pasos realizados por el artista para la procesión de Viernes Santo. En la parte moderna del museo se exponen diferentes piezas relacionadas con dichas celebraciones, incluyendo obras del propio Francisco Salzillo, al que numerosos expertos consideran como el mejor escultor español, al menos del barroco. Destaca el gran belén napolitano, probablemente el mejor del mundo, hecho a partir de decenas de estatuas compradas a diversos coleccionistas. Me llamó la antención la riqueza de las estatuas que representan a los reyes magos y su corte, así como el bello mercado o el gran portal del nacimiento, con muchísimos ángeles alrededor. En las salas posteriores se expone también un belén realizado por el propio Salzillo, mucho mas austero que el anterior pero impresionante por igual, especialmente la parte del castillo del rey Herodes y la escena de la matanza de los inocentes.

Sin embargo, las piezas clave del museo son los diferentes pasos que el artista realizó para salir en procesión cada Viernes Santo y que impresionan a cualquiera. Las de mayor belleza son el San Juan, el Ángel que anuncia a Jesucristo su próxima muerte y sobretodo la escena de la Última Cena, con Jesús presidiéndola y sus 12 apóstoles sentados alrededor en bellas sillas. La mesa se decora con comida de verdad cada Viernes Santo. Destaca Judas Iscariote, el traidor, representado como pelirrojo, que en aquella época se asociaba al mal. Sin duda, un museo que vale la pena visitar.

Seguimos recorriendo el centro histórico de la ciudad haciendo un alto en el tradicional bar "Los Zagales" donde probé el "marinero" una tapa típica  murciana a base de una rosquilla con ensaladilla rusa por encima (en Murcia la hacen con pepinillos en vinagre picados) y todo presidido por una anchoa. El delicioso pisto con productos de la huerta murciana también estaba perfecto. 

Seguimos paseando viendo el Ayuntamiento de Murcia en la glorieta España, así como el río Segura y sus puentes, destacando los dos realizados por Calatrava, con su peculiar estilo geométrico y siempre blanco. De allí llegamos a la imponente catedral, que aunque estaba cerrada y no la pudimos visitar por dentro, admiramos la barroca fachada, una auténtica joya que actúa como retablo en la calle, prolongando el espacio sagrado a la misma plaza. Aunque aún hoy en día sigue siendo la catedral de la diócesis de Cartagena, se cambió la sede a Murcia ciudad por razones de seguridad, en especial debido a la piratería. Por cierto, su torre campanario es la segunda más alta de España después de la Giralda sevillana. Enfrente tiene la modernísima fachada de las oficinas del ayuntamiento realizada por Moneo, una especie de contrapunto como retablo contemporáneo. Y a un lado se encuentra el elegante palacio episcopal, que acaba de dar un aire majestuoso a la plaza.

Giramos a la izquierda y continuamos por la peatonal calle Trapería, donde hicimos un alto en el elegante Real Casino de Murcia, donde se ofrecen visitas con audioguía. El ecléctico edificio merece ser visitado y así lo hicimos. La entrada es una elegante escalinata con dos "peceras" a cada lado, que son salones acristalados con butacones donde los miembros del casino pueden conversar. El lobby, de estilo neonazarí, imita una de las estancias de la Alhambra de Granada y está decorado con más de 20,000 láminas de oro y la inscripción "Alá es grande" repetida en lengua árabe numerosas veces. Luego se visitan una sucesión de salas elegantes como la biblioteca, el salón de bailes (con sus cinco arañas de cristal Bacarat), la cafetería, la sala de billar, el salón pompeyano... por supuesto, hay muchas estancias que sólo están accesibles para socios.

Saliendo del casino llegamos a la popular plaza de Santo Domingo, donde además del centenario ficus que provee de sombra abundante, se encuentra la barroca iglesia de Santo Domingo, donde San Vicente Ferrer predicó: allí hay aún en su fachada una estátua del santo en modo de predicar. En esta plaza está además el primer Llaollao, una de las franquicias de helados más exitosas del mundo que empezó un murciano.

Tras los paseos y el calor, nos fuimos a comer invitados por los padres de nuestro amigo a la taberna la Ermita, donde se ofrecen un menú del día a buen precio con entrante, primer plato, segundo plato y postre. Preparan recetas tradicionales de forma innovadora y súmamente elegante, además de ser más que amables. Muy recomendable para toda visita a Murcia.

Tras descansar esa tórrida tarde y no hacer prácticamente nada, nos fuimos a pasar el resto del día al balneario de Archena, enclavado junto al río Segura y rodeado de palmeras, eucaliptos y limoneros. Ya los romanos edificaron unas termas aquí, debido a las aguas curativas que brotan de forma natural. En la Edad Media, el número de bañistas creció y fue la Orden de San Juan de Jerusalén quién se hizo cargo de su gestión. Actualemente se ha modernizado y cuenta con numerosas piscinas de diferentes temperaturas, jacuzzis, cascadas, chorros o ríos artificiales. Perfecto para una tarde de relax.

Llegamos muy tarde a la ciudad, más de las once de la noche, pero aún así, en la tradicional tasca el Palomo nos sirvieron la cena y fue allí donde probé el zarangollo (un revuelto de cebolla y calabacín) las chapinas de cordero (ganglios linfáticos rebozados) y la codorniz al ladrillo, entre otras delicias locales. El día siguiente, antes de abandonar la región, desayunamos en una de las confiterías Maite, donde probé otra especialidad local: el pastel de Cierva, que combina sabores dulce-salado relleno de pollo cocido. 

En definitiva, la Región de Murcia tiene mucho que ofrecer: una gastronomía espectacular, paisajes y playas preciosas, una gran oferta cultural y muchos pueblos con encanto (que no visité pero que espero hacer en el futuro). El único pero es el tremendo calor que hizo: mejor volver en primavera. Además, quedó pendiente probar los paparajotes!

dimarts, 14 de juliol de 2015

Bruselas básica

Bruselas, como capital flamenca, belga y europea, es una ciudad dinámica, con muchísimo movimiento tanto cultural como de personas. Sin embargo, en cuanto a belleza turística al uso, Bruselas es "complicada".  Si llegáis por tren desde el aeropuerto de Zaventem o desde alguna otra ciudad europea, el barrio de la Gare Central os decepcionará al principio (por no hablar si bajáis en Gare du Midi). Sin embargo, con un poco de orientación podréis descubrir las joyas que esconde Bruselas. 

Primero de todo hay que visitar al símbolo de la ciudad: el Manneken Pis, el famoso niño meando, situado en la rue de l'Étuve. Su contrapartida femenina, la Jeanneken Pis, está mucho más oculta, en el impasse de la Fidélité, donde también está el Delirium Café, mítico local donde probar alguna de las 2000 cervezas de todo el mundo que comercializan.

Antes de llegar al Manneken, en la misma rue de l'Étuve,  podréis ver uno de los murales que decoran la ciudad con motivo del mundo del cómic, en este caso de Tintin. Bruselas ha sido cuna de numerosos tebeos, no sólo Tintín, pero también de los Pitufos, Spirou, Lucky Luck... numerosas librerías y tiendas de recuerdos harán las delicias de los aficionados a la "bande- desinée" belga. 

Siguiendo por la rue du Midi llegaréis al imponente edificio de la Bolsa, cerrado al público. Desde fuera se pueden admirar sus frisos neoclásicos con estatuas de Rodin y alegorías que decoran sus frisos. Desde allí, continuad por las comerciales rue de Tabora girando a la izquierda por la rue du Marché aux Herbes. Cuando os crucéis con la rue des Harengs, volved a girar a la izquierda: acabaréis entrando a la Grand Place con las vistas más impresionantes, con el majestuoso ayuntamiento del siglo XV de cara. Sin duda, esta plaza es el corazón de la ciudad y el lugar más bello de todos, además de ser Patrimonio de la Humanidad UNESCO. Las bellas casas gremiales del siglo XVII también son bellísimas, como las de los panaderos, los engrasadores, los arqueros, los barqueros, los sastres o los carniceros. En esta última, decorada con un cisne, vivió Karl Marx durante una temporada. En uno de los lados de la plaza se encuentra la antigua mansión de los duques de Brabante, seis casas de 1698 bajo una única fachada reformada en 1882. Un gobernador quiso reformar la plaza entera unificando todas las fachadas bajo este estilo. De noche la plaza también bellísima gracias a su iluminación.
Adentraos por la rue des Bouchers para comer en Chez Léon, el local clásico de la ciudad donde probar las tradicionales almejas con patatas fritas: las llevan sirviendo desde finales del XIX. Si vais con menores de 12 años, ellos disfrutarán de un menú gratis que está muy bien. 

Tras la comida, nada mejor que un paseo por las Galeries Royales Saint-Hubert, inauguradas por Leopoldo I en 1847 como las primeras galerías comerciales de Europa. En ese momento para pasear por sus arcadas neoclásicas acristaladas había que pagar una tasa, por la que los ciudadanos más pobres eran excluídos de este elegante lugar. Ahora se encuentran abiertas a todo el público y entre sus pilares de mármol hay muchas tiendas tentadoras de chocolates así como librerías o locales como Mokafé, donde según muchas guías preparan los mejores gofres de Bruselas, pero que yo no recomiendo por su lento y mal servicio en general.

Seguid por la rue de la Montagne hasta la gótica Catedral de Bruselas, con dos campanarios que recuerdan a los de Notre Dame de Paris. Luego remontad la rue de la Loi para ver el edificio del parlamento belga y cruzad el frondoso Parc de Bruxelles hasta llegar al bello Palacio Real que está abierto al público gratis en verano. En uno de los lados se encuentra la elegante y empedrada plaza real, presidida por la estatua de Godofredo de Bouillom a caballo, primer rey europeo de Jerusalén. Alrededor de esta plaza se amontonan museos de arte donde destaca el Museo Magritte, con la mayor colección de dibujos y pinturas de esta pionero del surrealismo. Bajando por Coudenberg se encuentra el Museo de los Instrumentos de Música, que destaca sobretodo por su arquitectura art-nouveau, diseñado por Victor Horta, originalmente para albergar unos grandes almacenes: los Old England. Sus espirales de hierro forjado y ventanas arqueadas son hipnóticas. Volved atrás para recorrer la rue de la Régence, presidida al final por el gigantesco Palais de Justice, uno de los edificios más grandes del mundo, con su cúpula dorada. Antes haced una parada en la place du Grand Sablon, donde se encuentra una de las mejores chocolaterías del país: Pierre Marcolini.

Una vez lleguéis al final, a la plaza de Poelaert, podréis admirar mejor la magnificiencia del palacio de justicia, además de las vistas desde uno de los lados de la plaza, para ver toda la parte antigua de la ciudad desde lo alto, ya que la plaza se sitúa sobre una colina. Desde allí, tomad el metro en la cercana parada de Louise y bajad en Schuman, para conocer el famoso barrio europeo. Allí podréis  ver los grandes edificios de las instituciones de la UE, empezando por el icónico Berlaymont, sede de la Comisión Europea, y siguiendo por el Justus Lipsius, sede del Consejo de la UE o el acristalado EEAS, sede de la diplomacia europea. En estos momentos se encuentra el obras la futura sede del Consejo Europeo, pero cuando esté acabada será curioso visitar con su huevo de cristal dentro de un cubo gigante acristalado. Al lado se encuentra también el bello Parc du Cinquantenaire y bajando por la rue Froissart llegareis hasta la place Jourdan, donde se encuentran las mejores patatas fritas belgas, símbolo de la cocina nacional. Haced la cola en la maison Antoine (el quiosco en mitad de la plaza) para disfrutar de vuestras "frites" servidas en cucurucho de papel y con la salsa a vuestra elección, aunque sólo con sal ya están buenísimas. De ahí, cruzando el Parc Léopold llegaréis hasta la sede del Parlamento Europeo (bueno, una de las sedes, la otra está en Estrasburgo). Hay visitas guiadas gratuitas al pleno y además, el Parlamentarium suele estar abierto todos los días, que es el informativo centro de visitantes. 
Si aún tenéis ganas de visitar cosas, dad un corto paseo de vuelta a la place Royale y allí tomad el tranvía 92 hasta parar en Janson para visitar el Museo Horta, situado en la casa donde residió este arquitecto universal y que se la diseñó él mismo siguiendo su estilo art-nouveau. La mayoría de los muebles también fueron diseñados por Horta. Especialmente bello es el comedor de la segunda planta, con sus mosaicos del suelo y los sinuosos vitrales. Luego se pueden recorrer todas las estancias de la casa, desde el despacho de Horta hasta su habitación o la de su hija, donde hay incluso un invernadero. La casa, junto con otras que el arquitecto diseñó en este barrio, están también incluídas en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

La visita a Bruselas puede acabar tomando el tranvía 51 en la cercana parada Horta hasta la parada Stade, que os dejará en la otra punta de la ciudad, en Laeken, donde ver y visitar otro de los símbolos de Bruselas: su famoso Atomium. Se trata de una estructura de 102 metros de alto de nueve esferas metálicas conectadas por tubos de acero con escaleras y ascensores, representando un átomo de hierro ampliado 165 millones de veces. Los niños disfrutarán también con otra atracción cercana: Mini Europe, una serie de maquetas a escala 1:25 muy bien hechas de decenas de monumentos de todo el continente, con trenes, luces y otros efectos especiales que gustarán a toda la familia. 

Finalmente, a un corto paseo de la Gare Central está la Fleur en Papier Doré, un pequeño café decorado con pequeñas artes y garabatos de numerosos artistas, ya que era el lugar de reunión de Magritte y sus colegas surrealistas. Aquí disponen de buena cerveza belga así como de platos baratos para una comida o cena rápida, como las albóndigas "boulettes" con salsa de tomate (no tan buenas como las albóndigas de Lieja), las endivias envueltas en jamón y cubiertas de salsa de queso "chicons au gratin" y el omnipresente acompañante: el "stoemp", un puré de patatas y verduras que se sirve con trocitos de jamón o de salchicha. 

Bruselas es una ciudad entretenida y variada, con miles de tiendas que curiosear o restaurantes y cafés que descubrir, además de una oferta cultural inagotable. Sin embargo, no es tan bella como París ni tan divertida como Barcelona. Aún así, la capital de la Unión Europea merece ser visitada. Además, sirve de base para realizar excursiones de un día a lugares tan interesantes como Brujas, Ostende, Amberes, Ypres, la mina de Blegny o el museo Hergé en Lovaina la Nueva. 

dijous, 9 de juliol de 2015

24 nuevos sitios Patrimonio de la Humanidad en 2015

Ayer el comité de patrimonio mundial de la UNESCO reunido en Bonn inscribió 24 bienes a la lista de Patrimonio de la Humanidad, además de poner tres en la lista de patrimonio en peligro y sacar uno de esa lista. 

De todos los inscritos no he visitado ninguno. Estuve a punto de visitar los jardines botánicos de Singapur pero acabé en Gardens by the Bay, con una arquitectura impresionante. Otro de los que estuve a punto de ir y me arrepiento mucho de no haberlo hecho son las cavas de la región francesa de Champaña. Y también he estado muchas veces al lado de los viñedos de la Borgoña sin nunca ir. En cualquier caso, espero poder visitarlos todos en un futuro. Sitios históricos como Susa, Éfeso o la zona del río Jordan en la que Juan Bautista bautizó a Jesús de Nazaret también han sido añadidos. Poco a poco la UNESCO reconoce más y más lugares que merecen esta categoría, haciendo que los diferentes gobiernos tengan que implicarse más en su protección si no quieren que caigan de la misma o si quieren obtener financiación del Fondo para la conservación del Patrimonio de la Humanidad. 

El año que viene el comité se reunirá en Estambul, estaremos atentos a los vaivenes de la lista. De momento, espero visitar muchos más sitios en estos doce meses.

dimarts, 30 de juny de 2015

Brujas

Brujas es sin duda una de las ciudades más bellas de Bélgica, y una de las más visitadas de Europa en relación a su tamaño: aproximadamente 4 millones de visitantes por año frente a sus 60,000 habitantes. Conocida como "la Venecia del Norte", muchos esperan encontrar una ciudad con canales en vez de calles. Craso error. Por supuesto que hay bellos canales, pero ni mucho menos en todas las calles. De hecho, se le llama así (desde hace siglos) debido a que Brujas era la ciudad contraparte de Venecia en el norte para redistribuir mercancías llegadas de la ruta de la Seda por el norte de Europa y enviar las mercancías de la Liga Hanseática a Venecia y desde allí, redistribuirlas por el sur de Europa y hacia Oriente. Numerosos comerciantes venecianos e italianos en general tenían lujosas residencias en Brujas, donde pasaban largas temporadas.

Un buen punto para empezar una visita a Brujas es bajo la estatua de Van Eyck, diplomático y pintor de referencia del primitivismo flamenco. En este lugar se situaba el antiguo puerto principal, donde llegaban mercancías de todo el norte de Europa para descargarse. Los barcos cargaban entonces mercancías hechas en Flandes, en el sur de Europa o incluso lugares más lejanos. Este gran canal que servía de puerto tiene al lado la casa donde se pagaban los impuestos, bellamente decorada, así como la casa de las justas, con un torreón, donde los más ricos ciudadanos organizaban duelos. Allí se encuentra aún la estatua del oso blanco, símbolo de Brujas, ya que se dice que antes de la fundación de la ciudad vivía un oso blanco en los alrededores de la ciénaga. Una plazoleta al lado, llamada Biskjaier, recuerda donde se localizaba la residencia de los vizcaínos, diferente a la del resto de españoles, que encontraban en la calle de los españoles, Spanjaardstraat.

Unos pasos siguiendo la calle Academistraat, alejándonos del antiguo puerto, encontraremos el lugar donde se fundó la primera Bolsa del mundo, en la taberna de la familia De Beurze. Al lado está el magnífico edificio donde se reunían y alojaban los genoveses, de estilo gótico tardío.

Siguiendo por la calle Vlamingstraat veremos muchas tiendas e incluso una de las casas más antiguas de la ciudad, con la fachada de madera. Si queréis hacer una parada, os recomiendo el salón de té "Prestige" donde podréis degustar bollería recién hecha, pasteles y quiches caseras con un personal muy amable. El lugar perfecto para hacer un brunch, aunque algo cursi, eso sí.

Siguiendo por esta calle llegaremos al corazón de la ciudad: el Markt, la plaza mayor, donde se encuentra el icónico Belfort, el enorme campanario civil con el que los ricos comerciantes mostraban su poderío ante los campanarios de las iglesias. Es un poco caro subir y casi siempre hay largas colas, pero vale la pena ascender sus 365 escalones para admirar la ciudad desde las alturas. Además,  a mitad de trayecto podremos ver el carrillón, sus engranajes y sus 47 campanas. Bajando de nuevo a la plaza veremos las coloridas casas de cada uno de los antiguos gremios de la ciudad. Si llegáis a mediodía escucharéis el himno de la Unión Europea tocado por el carrillón, aunque durante el día suenan diferentes canciones internacionales, al gusto del campanero.

Continuad por la peatonal Breidelstraat hasta llegar a Burg, la plaza del ayuntamiento, donde el imponente edificio municipal domina las vistas, gracias a las decenas de estatuas de los condes y condesas de Flandes. Especialmente remarcable es el salón gótico, situado en su primer piso, con su techo ricamente policromado. Saliendo a la plaza de nuevo, dad un vistazo  a la bellamente decorada capilla de la Santa Sangre, donde se encuentra una de las reliquias más curiosas de la Cristiandad: una botella que contiene sangre de Jesucristo. Finalmente, dirigíos al hotel Crowne Plaza de la esquina, donde podréis visitar los sótanos: allí están las bases de la antigua catedral, destruída tras la revolución francesa así como vitrinas con restos de objetos encontrados durante la construcción del hotel. Si luego bajáis por la pequeña callejuela Blide-Ezelstraat que atraviesa un puente del edificio municipal llegaréis hasta el mercado del pescado de mar (cubierto y organizado) y el de pescados de río, que en realidad es una plazoleta donde también se vendían las pieles curtidas. De allí, seguid por Dijver, pasando el histórico edificio del Colegio de Europa hasta llegar hasta el jardín Arenshoft que cuenta con un pequeño puentecito donde muchísimos jóvenes de la zona se dan su primer beso. Tmbién se encuentra allí la estátua de Joan Vives, el humanista valenciano que estudió y trabajó en Brujas parte de su vida. Si continuáis paseando, llegaréis hasta la iglesia de Nuestra Señora (Onze-Lieve-Vrouw) donde se encuentra la célebre Madonna de Miguel Ángel. Finalmente si seguís por le sur llegaréis hasta el bello Beguinage, rodeado de canales y pequeños prados (floridos en primavera) donde habitan patos y cisnes.

En todo este recorrido poned especial atención a las decenas de carruajes tirados por caballos que no cesan en sus recorridos por la ciudad, así como a los ciclistas, muchos de los cuáles serán estudiantes del Colegio de Europa con prisas para llegar a alguna clase o a la cantina antes que la cierren.

El recorrido en barca por los canales, aunque corto (menos de 30 minutos), es muy recomendable para tener una perspectiva diferente de la ciudad, Se pueden tomar por ejemplo desde el puente con el santo en Huide-vettersplein. Por cierto, esta zona de confluencia de varios canales es perfecta para una fotografía, gracias a las maravillosas vistas del Belfort junto con el gigantesco sauce llorón y las decenas de casas tradicionales que se amontonan alrededor de esta zona de agua. Finalmente, algo alejado de este circuito turístico, en el barrio de Santa Ana, se levanta una de las iglesias más raras de Brujas, construída en el siglo XV por la rica familia Adornes: la Jeruzalemkerk. Por fuera destaca su campanario acabado en madera con una esfera verde y medias lunas y estrellas doradas en las puntas. El interior es bastante macabro, recordando el Santo Sepulcro situado en Jerusalén, por lo que hay numerosas calaveras en piedra y una efigie del cadáver de Cristo en la capilla inferior. En mitad de todo está la tumba del patriarca de la familia, Anselm Adornes, en mármol negro, donde se dice que solo se encuentra su corazón, que fue lo único encontrado tras su asesinato en Escocia en 1483.

Si hablamos de museos, en Brujas hay muchos. Si sólo tuvierais tiempo o ganas de visitar uno, el  imprescindible es el Groeningemuseum, con once salas que acogen obras de los principales artistas locales de todas las épocas o que fueron compradas por notables locales, destacando las salas dedicadas al primitivismo flamenco donde admirar la "Virgen del canónigo van Der Paele", de Van Eyck (que me recordó muchísimo a "la Verge dels Consellers" de Lluís Dalmau), o el bien pintado desuello de"el rey Cambises y el juez" de Gerard David. También hay sendos lienzos surrealistas de Magritte y Delvaux. Mi cuadro favorito fue "el Juicio Final" de El Bosco, donde el autor despuntaba inicios de surrealismo ya en el siglo XV, y que me recordó a su otro magnífico cuadro "el Jardín de las Delicias".

Finalmente, os recomiendo alquilar bicicletas un día para recorrer los llanísimos campos que separan Brujas del mar, pedaleando a la orilla de los enormes canales bordeados de esbeltos árboles y visitando pueblecitos con encanto como Damme. Llegaréis hasta el mar a la pija Knokke, las bellas dunas de De Haan o el icónico Pier de hierro fundido de Blankenberge, donde celebré una de mis últimas fiestas como estudiante del Colegio de Europa.

Respecto a donde comer y beber, reservo los consejos para la próxima entrada, aunque como adelanto, no podéis dejar de probar dos cervezas locales; "Garre" y "Brugse Zot". Aviso que esta entrada es sólo un simple esbozo. Tras diez meses de vida en esta pequeña ciudad, podría pasarme horas escribiendo sobre Brujas. De todas formas, todo el centro histórico está catalogado como patrimonio de la humanidad UNESCO, así que simplemente callejear y perderse por sus bellas calles y canales bastará para disfrutar de un bello día.

dimarts, 23 de juny de 2015

Blegny Mine

Revisando la lista del patrimonio de la humanidad UNESCO en Bélgica, me dio cuenta que uno de los puntos más destacados son los cuatro sitios mineros mayores de Valonia, una región que vivió un gran desarrollo hace varias décadas gracias a la industria del carbón. La importancia socioeconómica que tuvo esta industria para Bélgica es incuestionable. Casi toda la fuente de energía que hizo posible la revolución industrial fue el carbón. De ahí mi interés por conocer la historia de la obtención de esta materia prima. Así que tomando el tren en Brujas llegamos hasta Lieja, la ciudad más grande de Vallonia. 

Lo primero que nos recibió fue la magnífica estación de Liège-Guillemins, diseñada por el arquitecto valenciano Santiago Calatrava. Todo en ella me transportó a la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia, tanto sus acristaladas estructuras de hormigón blanco como sus interiores futuristas. Preciosa. Tras varias fotos hicimos el intercambio de tren hasta llegar a Liège-Palais y allí tomamos el bus número 67 de la compañía pública TEC, en la estación situada en la cercana rue Léopold. Tras casi cincuenta minutos bajamos en una parada en mitad del campo cerca de Trembleur (indicad al conductor que os avise de cuando haya que bajar para visitar Blegny Mine).

Una vez allí, tras caminar un poco (la mina es perfectamente visible gracias a su alta torre) nos dirigmos a las taquillas para comprobar los diferentes horarios de las visitas (en francés o en holandés) aunque también hay audífonos en inglés y alemán. Sin embargo, es mucho mejor escuchar a los antiguos mineros, que son los que guían a través de la mina, ya que cuentan sus historias y experiencias personales.  Tras comprar dos billetes para la visita de la una de la tarde, nos fuimos a la cantina anexa a comer. Recomiendo encarecidamente que pidáis las boulets ligeoises, un plato típico de Lieja que son como albondigones caseros deliciosos. Además viene acompañado de patatas fritas caseras al estilo belga y ensalada, con lo que es suficiente. 

Tras la comida, nos dirigimos a la entrada donde nos recibió un amable minero jubilado llamado Antonio, nacido en Portugal, que hablaba francés con un clarísimo acento luso. Lo primero que hicimos fue ver un breve documental acerca de la importancia del carbón para la revolución industrial así como los procesos geológicos que llevan a su formación. Tras ello, Antonio nos acompañó al cuarto donde se cambiaban los antiguos mineros para ponernos un blusón y un casco, evitando así golpes o manchas en la mina. Ya pertrechados nos dirigimos al ascensor de dos pisos que nos introdujo a más de 100 metros bajo tierra a gran velocidad. Uno de los pasillos de la mina Blegny se abría ante nosotros, de forma semiovalada con las paredes sujetas con arcos metálicos y vigas de madera. Una estecha vía recorría el centro del pasillo, ahora seco pero que cuando la mina estaba en operación solía estar lleno de agua. De vez en cuando nos ibamos topando con vagones llenos de carbón o máquinas a motor diésel, ya en desuso.

Durante la visita, Antonio fue explicando el proceso de obtención del carbón. De vez en cuando activaba algunas máquinas o instrumental (como el extractor de humo o los taladros) para mostrar lo terrible de la situación de trabajo en la mina. De hecho, la sordera es una de las principales enfermedades que afecta a los mineros. Tras visitar el primer túnel, bajamos por una larguísima escalera hasta uno aún más profundo donde nos explicaron como los niños trabajaron en las minas hasta que el trabajo infantil se prohibió. Antonio nos contó su caso personal cuando comenzó a trabajar a los 14 años como minero en Portugal.

La visita acababa en la parte más alta de la mina, elevada, donde se seleccionaban los trozos de carbón, en una sala presidida por una Santa Bárbara, patrona de mineros, bomberos, marineros y demás oficios peligrosos. La visita acaba con un corto espectáculo audiovisual muy moderno que no hace demasiada gracia a los mineros. En palabras de Antonio: "no necesitamos el reconocimiento de nadie, nosotros ya sabemos lo que hemos sufrido".

Me fui de Lieja sin poder visitarla de forma apropiada ni comerme uno de sus típicos gofres, pues nos fue imposible encontrar uno. Sin embargo, espero volver pronto a Valonia y a esta ciudad puesto que son aún muchas las cosas que me quedan por descubrir allí. 

divendres, 5 de juny de 2015

Gozo

Toda visita al archipiélago maltés que se precie no puede ignorar pasar, al menos un día, en Gozo, la segunda isla del país. Una de las formas más rápidas de llegar es alquilando un coche para llegar a la terminal de ferries de Cirkewwa. De ahí, uno puede subir el coche al barco. Tras un corto trayecto se llega al puerto de Gozo.

Empezamos por Victoria, la capital de la isla, desde cuya ciudadela se puede atisbar la casi totalidad del territorio. La historia de Gozo está plagada de invasiones de todo tipo: corsarios, sarracenos... en numerosas épocas los locales fueron sometidos a la esclavitud. Es por ello que en 1565, tras un gran asedio, los caballeros de la Orden decidieron poner punto y final a la situación fortificando la Ciudadela para dar protección a la población. De hecho, hasta 1637 fue obligatorio por ley para todos los ciudadanos pasar la noche puertas adentro por su seguridad.

Con el Mediterráneo pacificado, la población empezó de nuevo a asentarse en los alrededores de la ciudadela y así nació Rabat, que en maltés, al igual que en árabe, significa "lugar fortificado". Lo cierto es que la imponente ciudadela, que domina parte del paisaje de la isla es digna de visitarse, especialmente su plaza de la catedral, toda de color de la arenisca de las rocas que forman el suelo y las construcciones circundantes, así como las empinadas escalinatas del templo religioso.

Nosotros, paseamos por sus murallas admirando los campos, montañas y el mar. Destacan las vistas de la imponente iglesia de Xewkija, y su enorme cúpula. Algo despistados, acabamos en nuestro recorrido por las murallas acabamos entrando por error en una zona en construcción con varios obreros mirandonos con cara de incredulidad. Por cierto, las callejuelas de la ciudad baja también tienen gran encanto.

Para almorzar nos dirigimos al pequeño pueblecito de Xlendi, situado en una cala rocosa, donde hay un restaurante muy popular: The Boat House. Además de las relajantes vistas, destaca su amplia carta con numerosos platos tradicionales malteses centrados en los productos del mar, empezando  por las pastas. Pedimos los raviolis rellenos de langosta, bastante sabrosos. Pero antes nos sirvieron unos pequeños entrantes de cortesía, con la típica mantequilla de ajo incluída. Como primer plato pedimos el tradicional queso de Gozo frito servido con una buena ensalada aliñada con chutney de mango. Me llamó mucho la atención la amabilidad del servicio así como la calidad y frescura de sus productos.


Una vez satisfechos, continuamos rumbo hacia uno de los puntos más turísticos de Gozo: la famosa ventana azul o "azure window", una bella formación natural rocosa en forma de arco situada en la bahía de Dwejra. Las combinación del luminoso sol Mediterráneo con el color de la roca y el azul intenso del mar es impagable. Aunque oficialmente está prohibido subirse debido al riesgo de caídas (y así se indica en numerosos carteles), nosotros hicimos caso omiso y nos adentramos un poquito en la cima del arco para disfrutar de las bellas vistas y hacernos algunas fotos. 

La visita acabó en las salinas de Qbajjar, mucho menos frecuentadas por el turismo que la ventana azul. De hecho, nosotros estuvimos totalmente solos, disfrutando de esta construcción de la época romana. Al subir la marea, una serie de canales colocan el agua en diferentes balsas de muy poca profundidad (menos de 20 centímetros) en las que el agua pasa el día y se va evaporando debido al calor del sol, quedando en el fondo los cristales de salmuera de los que se obtiene la sal. A esa hora de la tarde era impresionante admirar el fortísimo oleaje que sacudía con fuerza la rocosa costa y disfrutar del contraste tan bello entre estas salinas y el Mediterráneo. Debido a la erosión de siglos, el fondo de estas balsas artificiales es enormemente suave al tacto. Fue una experiencia muy relajante.


Gozo es más rural y natural que la isla de Malta. Un viaje al país quedará cojo si no conocéis esta isla, que incluso tiene un Ministerio entero dedicado a su gestión. Un último consejo, no os metáis en caminos no asfaltados aunque los GPS os lo digan.  Nosotros nos perdimos en varias ocasiones y en una casi derrapamos y acabamos en un barranco debido a la estrema estrechez de dichas vías. Lo mejor es no salirse de las carreteras asfaltadas. Así que desconectad el GPS y seguid las señales o preguntad a los locales. Os irá mejor. 

dimarts, 5 de maig de 2015

Malta

Llegada al archipiélago maltés.

Malta, el segundo país más pequeño de la Unión Europea, es un archipiélago compuesto de tres islas principales y varios islotes, presididas por la principal isla, que también se llama Malta. Allí aterricé con la compañía Air Malta, por cierto, bastante eficiente, con asientos muy cómodos y un aceptable servicio a bordo. Al llegar al aeropuerto tomé uno de los buses, que tardó más de una hora para recorrer los escasos 12 kilómetros a los que se encontraba mi destino: la bahía Spinola. La estrechez de la mayoría de calles y carreteras del país así como a los problemas de tráfico que sufre la isla crean contínuos atascos, impidiendo una circulación a mayor velocidad.

Ese día fue tranquilo: conocí el barrio de Saint Julian´s con sus turísticas bahías de Spinola, Balluta y Exiles, caminando por el paseo marítimo, jalonado de altos edificios de apartamentos así como de todo tipo de locales donde comer. Esa tarde nos recorrimos todo el paseo marítimo hasta el barrio de Sliema, observando la belleza del Mediterráneo, pero sufriendo el fortísimo viento de aquel final de marzo. Llegamos hasta el centro comercial The Point, donde justo al lado hay una pasarela peatonal desde la cual disfrutar de una magnífica panorama de la capital maltesa, La Valletta. De hecho, las mejores fotos de la capital se toman desde aquí.  

El paseo siguió por la bahía de Sliema donde encontramos una de las mejores pastizzerias del país: Mr. Maxims. Estos pequeños locales son recurrentes en toda Malta y allí se vende, entre otros productos, uno de los símbolos culinarios de la isla: los pastizzis de hojaldre recién hecho rellenos de ricotta o de crema de guisantes, especialmente sabrosos en este local. Y a tan sólo treinta céntimos de euro cada uno.

Sliema es la más turística e internacional de Malta junto con St. Julian´s. En estos barrios se encuentran restaurantes de cocinas de todo el mundo. De hecho, esa noche cenamos en el delicioso restaurante From Tokio to Seoul, que ofrece platos coreanos y japoneses a precios más que aceptables y que usa ingredientes de gran calidad. Allí probé también una CISK, la cerveza maltesa.

Dingli, Mdina y Mosta

El día siguiente lo dedicamos a explorar la isla de Malta en coche, empezando por los acantilados de Dingli. Aquí va mi primera recomendación: para conocer las islas bien lo mejor es alquilar un coche, ya que el transporte público en el país, aunque bueno, es bastante lento y no permite aprovechar bien los días. Aunque he de reconocer que al principio lo pasé bastante mal, ya que nunca había conducido un coche con el volante a la izquierda ni en un país en el que se conduce al revés. Las rotondas me confundían especialmente, pero por suerte mis "copilotas" fueron de gran ayuda. 

Ese día estaba el cielo nublado y el viento era aún más fuerte. Por eso, los acantilados se veían melancólicos con el Mediterráneo muy bravo al fondo. Hay allí una pequeña y sencilla capilla dedicada a Santa Maria Magdalena que sólo se usa una vez al año. La masiva presencia de edificios religiosos por todo el país es una de las cosas que primero llaman la atención al visitante. Orgullosamente católico, el archipiélago maltés cuenta con tantas iglesias como días tiene el año.

Tras el ventoso paseo al borde de los acantilados fuimos a comer a un restaurante tradicional maltés que cocina con productos que ellos mismos cultivan o cuidan en sus granjas, como las diferentes verduras, los quesos, los caracoles o el conejo. Se trata de Diar Il-Bniet, situado en la calle principal de Dingli. Pedimos todo para compartir: un medio conejo con la receta tradicional, una alcachofa rellena de atún, caracoles preparados a la manera de Dingli y una tabla de entrantes malteses que incluían quesos locales y unas salsas naturales. Todo regado con un delicioso y fresco vino blanco local. El servicio es amabilísimo y además, el restaurante cuenta con una tienda de productos tradicionales preparados o cultivados en las granjas del propio restaurante.

Para el postre nos dirigimos a la bella ciudad de Mdina, totalmente amurallada, y cuyas impresionantes puertas de entrada son dignas de una película de cabellería. En una de sus murallas se encuentra la popular casa de té Fontanella, donde se sirven deliciosos y espesos chocolates calientes especiados. Yo pedí en chocolate al aroma de naranja siciliana y estaba simplemente delicioso. Además, Fontanella ofrece una larguísima carta de tartas de todo tipo. Compartimos tres pedazos diferentes: la tres chocolates, la de zanahoria y la de galleta Maria, siendo esta última la más buena.

Tras el dulce postre nos dimos un paseo por Mdina, considerada una de las ciudades más bellas del país. Desde sus murallas se puede ver casi toda la isla. De hecho su situación estratégica en una colina fue decisiva en su elección como primera capital. Mdina significa "ciudad" en árabe. Conocida como la ciudad silenciosa, sus calles empedradas están flanqueadas de gigantescos palacios e imponentes iglesias, presididas por la catredral de San Pablo, cuyo suelo me llamó la atención al estar totalmente cubierto de losas fúnebres de los diferentes obispos que gobernaron esta diócesis, algunos de los cuales llegaron a cardenales. Por sus calles descubrimos también la capilla de Santa Úrsula, una de las primeras iglesias de la isla, que en ese momento estaba llena de pequeñas maquetas narran dola Pasión de Cristo, una tradición muy arraigada en Malta que se repite cada Semana Santa.

De allí nos fuimos a Mosta, una ciudad famosa por su gigantesca iglesia, que cuena con una de las cúpulas más grandes de la cristiandad. Personalmente es mi iglesia favorita del archipiélago. Su estructura circular es maravillosa y crea un espacio amplísimo, de gran solemnidad para las celebraciones eucarísticas. Esta iglesia se hizo famosa durante los bombardeos nazis a la isla (en aquel entonces una posesión británica). Una bomba atravesó uno de los plafones de la cúpula cayendo en mitad de una misa. Podría haber terminado en masacre pero no explotó y los malteses lo atribuyeron a un milagro. La bomba se desactivó y desde entonces se expone en el museo de la iglesia. En la cúpula es visible el plafón reconstruído que la bomba atravesó, de un color ligeramente diferente al resto. En el exterior, la imponente cúpula se esconde tras una gigantesca portada neoclásica con dos campanarios. Un elemento común a las grandes iglesias maltesas, y que la de Mosta también tiene, es que siempre cuentan con dos relojes: uno que da la hora real y otro que está deliberadamente mal ajustado para dar una hora errónea. Esto se hacía tradicionalmente para despistar al diablo y evitar que se intentara colar a las misas.

La ruta de los templos megalíticos

Mi fiel obsesión de conocer los lugares declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO me llevó al día siguiente a visitar el Hipogeum de Hal-Saflieni, en Paola, un excelente cementerio prehistórico subterráneo. Sin embargo, las entradas estaban agotadas hasta mayo. Algo frustrado, decidí continuar mi ruta hacia los tres templos megalíticos de Tarxien. Situados al aire libre, los templos tienen todos la misma estructura: recámaras circulares que van disminuyendo de tamaños conforme nos internamos y que están conectadas por estrechos pasadizos. Construídos en piedra, se cree que se dedicaban a la veneración de los muertos. Aquí son interesantes algunos de los relieves en piedra que muestran figuras de animales domésticos esculpidos con gran calidad, así como los diseños en espiral de algunos altares.

En los alrededores de los templos hay restos de piedras redondas situadas a lo largo de los caminos. Esto llevó a los arqueólogos a concluír que las grandes piedras que forman la estructura de los templos se transportaron por encima de caminos de grandes piedras redondas que limitaban la fricción y facilitaban sobremanera el traslado de las mismas.

Continué la visita dirigiéndome hacia la costa, para visitar la famosa Blue Grotto, la entrada a una caverna marina a la cual ese día no iba ninguna barca debido al fuerte oleaje. Sin embargo, el paisaje mereció la pena. Mientras disfrutaba del mar me comí un delicioso pastel de espinacas y ricotta acompañado de una famosa Kinnie, el famoso refresco maltés, elaborado con naranja "chinotto", hierbas aromáticas y especias. Tiene un sabor agridulce que recuerda al sabor del Campari, aunque sin alcohol, siendo la bebida preferida de los malteses.

Tras esta tranquila, soleada y ventosa pausa, proseguí la ruta de los templos y me dirigí hacia el sitio arqueológico más importante de todos: los templos de Hagar Qin y Mnajdra en Qrendi. Este gran complejo situado en un paraje natural protegido es sin duda el mejor de todos los del archipiélago. Si solo queréis visitar uno, este es el que se debe elegir. La visita empieza en el moderno centro de bienvenida, con una película en 3D con efectos especiales incluídos, que sirve como introducción a la historia de estos templos. La visita continua en el moderno museo donde profundizar en los detalles de la construcción y usos de estos templos. Llama la atención una maqueta que permite proyectar luz artificial a modo de sol para ver como los rayos del astro rey iluminan los interiores de los templos durante los solsticios y equinocios. Esta elaborada construcción y previsión demuestran los avanzados conocimientos matemáticos y astronómicos de la antigua civilización megalítica que habitó el archipiélago maltés.

A continuación se visita el primer gran complejo de templos de Hagar Qin, cuyas ruinas se encuentran actualmente cubiertas por una gigantesca carpa para protegerlo de las inclemencias del tiempo. Sobresale uno de los grandes megalítos usados en la construcción, de más de 20 toneladas. Los expertos aún se pregutan por las maneras en las que pudo ser transportado y elevado. También es pertubador el agujero elíptico perfectamente excavado en otra de las rocas que forman las paredes de una de las antiguas salas de templo, por el que entraba la luz del sol durante el solsticio de verano y la proyectaba en la pared. Las vistas del mar desde el templo, situado en una colina, son bellísimas.

La visita sigue por un recto camino que baja 500 metros hasta el complejo de templos de Mnajdra, también cubiertos por una gran carpa. En ellos se pueden ver puertas perfectamente talladas así como una decoración en la roca a base de miles de puntos que se dicen servían para contar el pasar del tiempo. El templo está construído encima de una plataforma artificial de roca también contruída durante el período megalítico.

Tras la belleza de los templos y del paisaje mediterráneo de Qrendi, el día acabó en el pueblo pesquero de Marxaslokk, lugar tradicional al que ir los domingos para poder comprar pescado fresco a buen precio o degustarlo en sus restaurantes especializados. Allí pude admirar las típicas barcas maltesas de colores con los dos ojos de Isis, símbolo traído por los fenicios y que aún hoy los pescadores usan para protegerse de la mala suerte. Finalmente, nos fuimos a dormir pronto porque al día siguiente teníamos excursión a la segunda isla del país: Gozo. 

La capital de los Caballeros Templarios

Tras un fantástico día en Gozo, el final de mi visita a Malta lo dediqué a su gloriosa capital: La Valletta. Accedimos a la bella ciudad amurallada por la espectacular Triq Ir-Repubblika, la calle principal, donde lo primero que uno se encuentra es el nuevo y modernísimo edificio del Parlamento maltés, que estaba a punto de inaugurarse. Continuamos por la calle, jalonada de palacios, edificios de época y grandes instituciones como los tribunales de justicia o el bellísimo palacio del Gran Maestre de la Orden de los Caballeros Templarios, ahora sede de la presidencia de la República. Al ser día festivo estaba cerrado y no pude entrar a visitar sus solemnes estancias. Me conformé con admirar su fachada exterior, donde destacan las serie unidas de balcón tradicional maltés, que consiste en una estructura de madera cerrada que sobresale del muro, pintado de diferentes colores, en este caso en color verde.

Paramos un rato a descansar en la soleada terraza del Cafe Cordina, en la plaza de la biblioteca nacional, el lugar con más solera de Malta para tomarse un té o café acompañado de algún dulces: tienen una variedad enorme. A mi me encantó el budín maltés. Antes de irnos, entramos al interior del elegante café para ver los frescos que resumen la historia del país, destacando el último, que se pintó con motivo de la entrada de Malta en la Unión Europea y muestra una alegoría de ello. 

Seguimos paseando por las bellísimas y decadentes calles, llegando hasta la Concatedral de San Juan, muy fea por fuera pero bellísima por dentro. Sin embargo, la iglesia más impresionante de la ciudad fue reconstruída hace muy poco: se trata de la basílica de Nuestra Señora del Carmen, cuya cúpula, auténtico símbolo del skyline de la ciudad, se construyó durante los años sesenta del siglo XX. Otro de los edificios que más me gustaron de la isla es el albergue de Castilla. Este edificio barroco es toda una joya arquitectónica. Antiguamente alojaba a los caballeros de la Orden de Malta provenientes de los Reinos de Castilla y Portugal. Actualmente alberga las oficinas del Primer Ministro. Su imponente y simétrica fachada refleja autoridad y poder, combinado con la serenidad que le dan sus contraventanas de madera pintadas de verde oscuro.

Y claro, si había un albergue de Castilla, tendría que haber uno de Aragón. De hecho, la Orden de Malta la fundaron ocho nacionalidades que aportaban caballeros y dinero: Castilla, Inglaterra, Auvernia, Alemania, Aragón, Francia, Italia y Provenza. Estas ocho naciones se representan en las ocho puntas de la cruz símbolo de la orden. Obviamente, no podía irme de Malta sin ver el albergue de Aragón. Finalmente, y tras mucho buscarlo, llegamos hasta la plaza de la Independencia, donde está situado. El albergue es ahora la oficina del vice primer ministro del país. El edificio es señorial pero muy sencillo y austero por fuera. En este palacete se alojaban los caballeros de la Orden de Malta provenientes de los territorios de la Corona de Aragón cuando se les destinaba a la isla. Me hacía ilusión ver el lugar en el que muchos caballeros valencianos pasaron largas temporadas defendiendo este pequeño pedazo del Mediterráneo. En esta serena y arbolada plaza, justo enfrente, está de la catedral anglicana de la ciudad, de estilo neoclásico.

La visita acabó en los jardines de Barrakka, que cuentan con las mejores vistas de todo el país: desde allí se avistan las conocidas como tres ciudades: Birgu (Vittoriosa), Cospicua (Bormla) y Senglea (Lisla), pegadas una a la otra y ocupando tres pequeñas penínsulas que se adentran en la bahía. Sus fuertes, iglesias y casas construídas en la piedra color ocre tan típica de Malta ofrecen una bellísima estampa. Si tenéis tiempo, tomad un pequeño "aquataxi" que os llevará a ellas, cruzando las aguas del puerto. Nosotros no lo teníamos, así que nos conformamos con disfrutar de las magníficas vistas y de paso tener un poco de vértigo al acercarnos a ver el altísimo ascensor con el que se baja hasta la orilla.

Fiesta en PaceVille

Malta es muy conocida también por su fiesta. Dos noches de mi semana en Malta las pasé de fiesta en PaceVille, un barrio con locales de alcohol barato y música comercial cuyo núcleo concentra muchísimas discotecas y bares que, al menos cuando yo fuí, siempre estaban llenas. El ambiente es sobretodo de adolescentes de todo el mundo más borrachos de lo que toca, aunque por supuesto también hay gente normal. Pero no esperéis sofisticación, porque no la hay. Si hay algo que no me gustó fue que los locales están a tope de humo de cigarrillos, ya que nadie respeta la prohibición de fumar en el interior de los locales.

Alrededor de PaceVille hay también una multitud de bares donde tomarse entre amigos una de las famosas tablas de chupitos a precios de risa. Eso sí, cenad fuerte antes para que no os sienten mal. Además de la oferta internacional que señalaba al principio, hay muchísimos restaurantes de comida italiana o maltesa sin pretensiones, como el famoso The Avenue, con decenas de salas y un menú para todos los gustos. Recomiendo la pizza maltesa, con salchicha tradicional, berenjena siciliana, cebolla, mozzarella y queso de Gozo. El restaurante siempre está lleno. Por algo será.

Malta es un país curioso, que sorprende nada más llegar por su extraña lengua, un dialecto del árabe escrito con alfabeto latino y muchas influencias del siciliano y del inglés. Para los turistas es un destino perfecto, no sólo por sus razonables precios sino por la combinación de lugares históricos, gastronomía y fiesta que ofrece. Perfecto para pasar, al menos, una semana. Eso sí, alquilad coche.