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dimecres, 21 de juny de 2017

Kuwait

Kuwait no es un destino turístico al uso. Desde luego, no lo es si buscamos ocio o cultura. Kuwait es uno de los pocos países del mundo sin ningún patrimonio declarado de la humanidad por la UNESCO. Además, no tiene ningún gran monumento de interés, más allá de las torres de Kuwait. Es por eso que el país está fuera de los grandes circuitos turísticos. La gente viene aquí por negocios o a trabajar.

Uno de los grandes símbolos del país son sus grupos de nueve torres de agua "tipo seta" pintadas a rayas blancas y azules que se encuentran por distintos lugares de Kuwait. La empresa sueca encargada de este sistema de distribución quiso hacer otro grupo en este promontorio del golfo pérsico. Sin embargo, el Emir de Kuwait de aquel entonces, el Jeque Yaber Al-Ahmad, decidio que el diseño fuera diferente, icónico, y por eso encargó al arquitecto danés Malene Bjorn presentar algo nuevo. El proyecto ganador de las actuales torres se compone de tres estructuras. La torre principal tiene dos esferas: la grande es mitad depósito de agua y la otra mitad un restaurante. La esfera superior cuenta con una cafetería y mirador. La segunda torre solo tiene una esfera que está completamente dedicada a almacenar agua. La tercera torre, sin ninguna esfera, sostiene los elementos que iluminan las otras dos torres. Las torres mezclan las formas de la esfera terrestre y el cohete, símbolos de la humanidad y el progreso. Además, las esferas están decoradas con colores y motivos que recuerdan a los azulejos de una mezquita. Las vistas desde arriba son impresionantes y vale la pena acercarse las noches que hacen proyecciones sobre ellas. Debajo de las torres se encuentra el conocido Fish Market, un restaurante con peceras por todo lado donde elegir, en sus neveras abiertas con mucho hielo, diferentes tipos de marisco, desde langostas de Maine a calamares de Mediterráneo, cangrejos, gambones del Índico... así como una gran variedad de pescados, donde destacan un gran surtido de especies pescadas en aguas kuwaitís. Uno va seleccionando productos y cantidades y luego se escoge como queréis que os lo preparen, con qué tipos de salsa... puede ser hervido, al vapor, a la plancha, a la parrilla, frito, empanado, al horno... un lugar estupendo para los amantes de la comida del mar.

Y hablando de comida he de decir que si Kuwait tiene un atractivo turístico ese es su panorama gastronómico. El país cuenta con una de las mejores calidades en restaurantes del mundo: la comida es fresca, deliciosa y muy bien presentada. La innovación es constante debido no solo a la exigencia de los kuwaitís, acostumbrados a lo mejor de lo mejor, sino también al hecho de que no se puede servir vino, con lo que la comida, que se convierte en el centro de cualquier salida nocturna, tiene que ser excelente para mantener al cliente satisfecho. Y lo mismo ocurre con el café y los dulces: en Kuwait alcanzan la excelencia. Los vegetarianos y veganos no tendréis mucho problema ya que casi todos los restaurantes incluyen opciones en sus menús. Aún así, no os podéis perder OVO, un estupendo restaurante flexitariano donde cualquier grupo se sentirá cómodo. Los amantes de la comida japonesa no podéis obviar Yuba, en la Crystal Tower, que ofrece un amplio menú de platos japoneses de alta calidad así como algunos fusión japonés-kuwaití únicos en el mundo y deliciosos. Otro de los locales de moda en el país es Street Almakan by Zubabar, un local a la última (uno no sabe si está en el Soho neoyorquino o en Berlín) donde se sirve una fusión de comida callejera de Corea con los sabores de Kuwait. Lo mejor de la carta, de lejos, es el curry verde, cero picante y cremoso, con una carne de res de gran calidad. También hay baos muy ricos. Al acabar la cena, pasaos por la pequeña galería de arte contemporáneo anexa. En cualquier caso, la escena gastronómica de Kuwait cambia bastante rápido por lo que lo mejor será preguntar a los kuwaitís o estar atento a las redes sociales: los locales pop-up (que abren solo unos pocos días y luego desaparecen) son bastante frecuentes entre los emprendedores foodies.

Para probar la gastronomía propiamente kuwaití lo mejor es ser invitado a una casa. Pero si no se tiene esa oportunidad, el mejor restaurante de comida nacional es Dar Hamad, en la carretera del golfo árabe. El lugar es un paraíso para lo amantes del diseño. Su increíble decoración abruma, cada detalle está medido y, en general, el conjunto rezuma lujo y buen gusto.  El chef, kuwaití, ofrece un menú con una mezcla de entrantes libaneses, indios y kuwaitís, donde destaca la dolma al estilo de Kuwait, mucho más grande que la turca y dulce. La ensalada Dar Hamad es también deliciosa. Respecto a los platos principales no puede fallar el arroz machbous, una receta nacional a base de arroz basmati que suele venir con cordero y pichón asados, frutos secos, pasas y ciruelas. También hay variedad de platos con pescados locales. Y los postres son estupendos: desde el pudin de dátiles con caramelo al exquisito Umm Ali pasando por los tradicionales dulces kuwaitís que se sirven con el té.

Pero volviendo a los edificios turísticos, mi favorito es el rascacielos más alto del país: la llamada Torre Al Hamra. Este precioso edificio es además uno de los pocos rascacielos en el mundo que tiene cada uno de sus lados diferente. El arquitecto quiso adaptarlo al clima de Kuwait y al movimiento del sol para maximizar el gasto de energía y protegerlo de las constantes tormentas de arena que llegan desde el sudoeste, lado que da al desierto. De ahí su curiosa forma que parece como si una lámina de cristales envolviera la torre cual papel de plata. Su interior es también sorprendente. Las magníficas vistas del futurista lobby del piso 32 son un must. La propia entrada a la torre tiene un aire calatravesco y una modernidad impactantes. Su centro comercial es así mismo una pasada, con algunas tiendas de lujo 100% kuwaitís como TFK (The Fragance Kitchen) que vende los perfumes creados por Sheikh Majed Al Sabah, sobrino del actual Emir de Kuwait, siendo mi favorito "War of the Roses", una combinación única de oud y rosas que no deja indiferente.

Más allá del Kuwait contemporáneo, uno no puede perderse el zoco, que aunque no es tan antiguo como el de otros países musulmanes, conserva un encanto vintage único. El zoco Mubarakiya era el antiguo centro del país antes del descubrimiento del petróleo. Con más de 200 años, fue restaurado recientemente incluyendo sus techos de madera. Sus calles peatonales están abarrotadas de tiendas que ofrecen de todo, desde alfombras persas hasta antigüedades árabes auténticas, perfumes tradicionales a base de musgo y oud así como trajes típicos. Es perfecto para perderse, comprar algo, comer y aprender de la cultura kuwaití. Las tiendas de dátiles ofrecen variados surtidos de diferentes tipos de esta fruta mientras que las tiendas de especias suelen ser regentadas por persas. Hay una zona de pescados y otra de carnes. Tampoco podéis perder las tiendas de dulces: pasaos por la dulcería Al-Shamali, con sus vistosas cajas de latón verdes y amarillas, donde venden unos dulces muy tradicionales de Kuwait, especialmente unos barquillos con cardamomo perfectos para mojar en café árabe. Por supuesto, las típicas tiendas de oro y plata abundan. Buscad también la primera farmacia islámica de Kuwait, es muy bonita de ver con todos sus remedios tradicionales ofrecidos en sus estanterías. Finalmente dedicad un rato al centro del zoco, que es un pequeño patio con bancos de madera llenos de almohadones mugrientos donde jubilados se sientan a tomar el tradicional café árabe hervido en carbón y fumar shisha mientras dialogan de temas de política o economía y leen los periódicos locales.

Los que no podáis salir fuera del potente aire acondicionado del que gustan aquí, disfrutareis de la variedad de centros comerciales con cientos de productos libres de cualquier impuesto aunque aún así más caros que en Occidente... excepto si hay alguna rebaja o promoción donde, entonces sí, es más barato. De entre todos los "mall" el que no os podéis perder es Avenues, uno de los más grandes del mundo, con partes totalmente diferentes: desde la zona que imita una pequeña ciudad europea hasta la que recrea un antiguo zoco árabe o la gigantesca cúpula negra y dorada donde se encuentran las tiendas de lujo. Además de los centros comerciales, el Centro Científico también es un lugar donde pasar unas horas entretenidas. Aquí se muestran una variedad de animales del desierto kuwaití: desde ratas a serpientes pasando por chacalitos, murciélagos o pequeños erizos, algunos de los cuales están domesticados y se pueden tocar. Me dieron un poco de pena los halcones porque sentí que no tenían suficiente espacio en sus jaulas acristaladas. A continuación empieza el acuario, muy completo, donde ver diferentes peceras que acogen animales marinos de todo el mundo: desde pingüinos extremadamente amigables hasta anacondas, pasando por medusas, caballitos de mar, diferentes tipos de cefalópodos y por supuesto las peceras representando los arrecifes de coral. Pero el acuario más impresionante de todos es el gigantesco que acoge tres tiburones blancos (entre otros grandes peces) que es uno de los depredadores más agresivos del reino animal. En el exterior del Centro Científico hay un puerto que acoge barcos tradicionales del país que datan del siglo XIX, cuando la economía del país se basaba puramente en el comercio marítimo entre el mundo árabe, el persa, la India y la costa este africana.

Kuwait cambia por completo durante el Ramadán. Los restaurantes cierran durante el día y solo abren con la caída del sol para ofrecer el fotor, o ruptura del ayuno, cuando las familias kuwaitís se juntan en casas o restaurantes para realizar juntos la primera comida del día, muy copiosa, que empieza siempre con dátiles y laban, un yogur líquido salado. Tras esta primera comida, es tradición que hombres y mujeres se separen para pasar un buen rato charlando en salones de casas o en cafés. Posteriormente, a eso de las 23h empieza el sohor, una segunda comida, menos copiosa, que suele ser con amigos o en restaurantes, más que con la familia. Tras el sohor, los kuwaitís suelen irse de nuevo a cafés o a casas de amigos para continuar la charla que acabará a altas horas de la noche. Y así, todos los días de Ramadán. Las tiendas también ofrecen un horario extraordinario de apertura todo el mes: de 8pm a 2am, ya que son muchos los que optan por pasearse por los centros comerciales y comprar algo. Desde luego, un Ramadán muy diferente en muchas cosas pero también muy parecido al que viví en Argelia.

Finalmente cabe mencionar una excursión muy popular entre expatriados, que cargados de alcohol, aperitivos y refrescos, suelen alquilar barcos para irse a pasar el día a una de las islas del país, siendo especialmente popular Kubbar, una isla redonda rodeada de corales y playas arenosas más o menos bonitas. En la mitad hay una antena de comunicaciones y faro así como las tumbas de seis soldados kuwaitís que murieron allí defendiendo la isla de la invasión de Iraq. Fue curioso verla y disfrutar del ambiente de la playa, así como de la espectacular puesta de sol (con barco militar de fondo) aunque no creo que volviera, ya que las molestas moscas (muerden) y las galletas de chapapote que aparecen de tanto en tanto en las orillas hacen muy incómoda la experiencia. No olvidéis llevar sombrilla porque no hay un solo árbol en la isla.

Por último, daos una vuelta por el recién inaugurado parque Al Shaheed, una auténtica joya del paisajismo urbano. Sus diferentes parques botánicos, zonas a diferentes alturas, colinas, el memorial a las víctimas de la invasión iraquí, los anfiteatros, las ultramodernas fuentes y láminas de agua con juegos de luces... pasear de noche por el inmenso parque es una gozada. Su moderna y acristalada mezquita es también muy curiosa. Esculturas de arte moderno salpican las diferentes zonas del moderno jardín. Por último, no olvidéis al zona de las miniaturas: los edificios más famosos del país están aquí a escala así como una maqueta del viejo Kuwait en tres dimensiones.

Kuwait no es un país al que uno vaya por motivos turísticos. Pero a diferencia de Qatar o Emiratos, donde sus habitantes están acostumbrados a recibir a millones de turistas extranjeros, los kuwaitís, al igual que los saudíes, son mucho más amigables y abiertos al visitante extranjero occidental, por ser una rareza en sus tierras, por lo que si estáis aquí de forma temporal, no os costará hacer amigos que os enseñen los tesoros ocultos del país de los Al-Sabah.

dissabte, 10 de juny de 2017

Dubai

Esta es la segunda vez que voy a Dubai. Y de nuevo, por un tiempo muy corto, algo menos de 40 horas. Pero algo más que la otra vez, que solo estuve 15. Poco a poco, esta ciudad de récords y de excesos pero también de ejemplos de sostenibilidad y diversificación, se está convirtiendo en la auténtica capital económica y cultural del mundo árabe. Más y más compañías internacionales plantan sus sedes regionales en la ciudad mientras que turistas de todos los rincones del planeta abarrotan la ciudad emiratí, que se prepara para acoger la primera Exposición Universal en el mundo árabe, la Expo Dubai 2020. Nuestro Calatrava ya está construyendo la Torre Dubai Creek Habour, que se convertirá en el símbolo de la Expo 2020 y en el edificio más alto del mundo, superando al vecino Burj Khalifa. Dubai se reinventa a sí misma, ofreciendo las mejores infraestructuras del mundo, como el estupendo aeropuerto. La aerolínea Emirates, que tiene en Dubai su hub, es la mejor de todas las que he utilizado con diferencia: servicio impecable, entretenimiento a bordo sin igual, trato al cliente único, comida buena, proceso de facturación sencillo... 

La primera vez que estuve en Dubai fue cuando vivía en Abu Dhabi. Me acerqué a pasar el día y pude pasearme por el Mall of the Emirates y ver su estrambótica decoración, con piezas maestras del arte contemporáneo, así como su acuario interno o el espectáculo musical de la fuente frente al Burj Khalifa, hacerme las pertinentes fotos, pasear por el barrio antiguo (y reconstruido) de Dubai... etc. 

Esta vez ha sido con un poco más de calma. Para empezar, nos quedamos en el vecino emirato de Ajman, en el magnífico hotel Kempinski con playa privada, que es una maravilla. El hotel cuenta con todas las comodidades y una oferta gastronómica muy completa, especialmente el buffet del brunch y del desayuno, así como el restaurante indio. Tras mucho estrés personal y de trabajo, la tarde entre playa y piscina me sentó de maravilla. Aquella noche nos acercamos a Dubai (está a algo menos de una hora) para tomar algo en Treehouse, un rooftop con estupendas vistas a Burj Khalifa, el nuevo gran símbolo de la ciudad, a la espera que Calatrava acabe de plantar la nueva gran torre de la Expo 2020. Tanto la música como la decoración son muy chic, y los cócteles que sirven son estupendos. Perfecto lugar para tomar algo y conversar en buena compañía.

Al día siguiente nos fuimos directos a la famosa The Palm Jumeirah, terreno ganado al mar con forma de gran palmera. Nos dirigimos a la parte más alejada de la costa, donde se encuentra el gran complejo de ocio de Atlantis The Palm Dubai, un gran hotel de 2000 habitaciones muy similar a su gemelo en Bahamas que se inauguró con grandes excesos: 100,000 fuegos artificiales, 7 veces más de los usados en la ceremonia inaugural del los Juegos Olímpicos en todo Beijing.

El complejo cuenta con un parque acuático, una variada oferta gastronómica que incluye el famoso restaurante Nobu y una colección de acuarios preciosa. La principal razón por la que fuimos fue a disfrutar del parque acuático Aquaventure, en el que por suerte no sufrimos colas de espera. Está bastante bien, muy limpio y cómodo, aunque se puede ver todo el tres horas. Los toboganes están fenomenal, hay una pirámide que son toboganes rápidos pero que no dan mucho miedo y otra en la que están los toboganes de las sensaciones fuertes. Muchos de los toboganes son para usar con flotadores (individuales o de dos) con lo cual tanto el confort como la sensación de rapidez aumenta. Mi favorito fue el único tobogán grupal, en que se se usa una pequeña balsa redonda de 8 personas que cae super rápido y da vueltas en una pared vertical impresionante. Varios de los toboganes atraviesan acuarios llenos de tiburones y rayas, para dar más impresión. Al que no me atreví a subir es al que te deja caer al principio en un ángulo de 90 grados: es decir, caída libre. Uno entra al cubículo, y tras una espera la trampilla bajo tus pies se abre y caes hasta que poco a poco el tobogán se va inclinando. Tras tantas caídas aquí y allá nos relajamos en nuestros gigantescos flotadores dejándonos llevar por el divertido y largo río que recorre todo el parque, que cuenta con tramos rápidos muy divertidos. El parque es perfecto para todos los públicos: desde familias con niños hasta grupos de amigos que quieran reírse un rato. Recomiendo comprar la entrada combinada para el acuario, para cuando de ponga el sol: hay descuentos si se compran 24 horas antes por Internet o en el aeropuerto de Dubai.

Efectivamente, al ponerse el sol nos cambiamos y fuimos al acuario, llamado The Lost Chambers, que aunque pequeño es muy resultón. Nos unimos a la visita guiada que sale a cada horas y que ofrece explicaciones y curiosidades sobre los diferentes animales marinos de cada pecera. También ofrecen explicaciones frikis sobre la pseudo cultura de Atlantis y los "restos" que este empresa se ha inventado, pero como no había niños en el grupo, le pedimos a la guía ceñirse a las explicaciones científicas de los animales. El gran tanque de tiburones, rayas y demás peces es muy relajante, de hecho hay sofás para poder disfrutar de las vistas de este gran acuario en paz. El resto de acuarios, más pequeños, son muy variados: desde medusas hasta un arrecife de coral con corales y anémonas de verdad, estrellas de mar, caballitos de mar... me llamó mucho la atención el acuario repleto de langostas pero sobretodo, el estanque descubierto de unos animales prehistóricos con una gran y dura concha y un aguijón cargado de veneno. En acuario circular con un banco de atunes dando vueltas es hipnótico y el de las pirañas da bastante respeto, así como el de las morenas. La verdad es que la hora se nos pasó rapidísima.

Tras visitar a un amigo en el agradable y moderno barrio de Dubai Marina, nos dirigimos al hotel Four Seasons para comer en Nusr-Et, uno de los seis restaurantes del famoso chef y carnicero turco tiene en el mundo (cuatro en Turquía y dos en los Emiratos). Estaba a rebosar. Con todo el éxito que ya tenía, Nusr-Et alcanzó fama mundial el pasado enero, cuando subió en Twitter su famoso vídeo cortando un filete otomano con mucho arte y sobretodo, echándole la sal de esa forma tan suya. Conseguimos una mesa tras esperar 15 minutos y nos tomamos una ensalada de queso de cabra, los famosos Nusr-Et spaguetti (que son trozos de carne de ternera finamente cortados) así como unos solomillos de ternera que estaban espectacularmente tiernos. Sin duda, una de las mejores carnes que he comido en mi vida.

Tras la cena, volvimos al moderno aeropuerto para tomar nuestro Emirates de vuelta a Kuwait. Dubai mejora año tras año. Espero poder visitar la Expo 2020 dedicada a la sostenibilidad así como muchas otras de las atracciones de Dubai que aún no he visto como subir a la cima de Burj Khalifa, visitar Burj Al Arab (el único hotel de siete estrellas del mundo) o la famosa pista de esquí artificial que recrea un pueblecito suizo. También me gustaría hacer un safari por el desierto arábigo y pasar una noche en una jaima. 

dimecres, 7 de juny de 2017

Beirut

La capital de Líbano siempre ha sido un destino soñado. Sin embargo, la ausencia de compañías low cost desde Europa y mi ignorancia y miedos hacia un país que pasó una guerra civil reciente y donde soldados españoles estuvieron presentes hasta hace nada posponían mi visita a la ciudad. Sin embargo, esta vez, al estar a solo dos horas de avión viviendo en Kuwait, donde la oferta turística es casi inexistente. me animé a visitarla, sobretodo porque iba a contar con un amigo kuwaití que conoce la ciudad y que habla árabe.

Llegamos con la compañía libanesa por excelencia, Middle East Airlines - MEA, que destaca por su excelente servicio, por su comida mejor que la media y por tener teles en todos los asientos. Era el vuelo más rápido desde Kuwait a Beirut (unas dos horas). El resto toman más tiempo porque hacen un gran rodeo con el fin de no sobrevolar el espacio aéreo sirio. MEA lo lleva sobrevolando desde que la compañía se creó sin ningún problema. Salimos del aeropuerto de Beirut, pequeño y en calma ese jueves por la tarde, en un magnífico día soleado con temperaturas de ensueño. Las montañas que rodean Beirut y el mar en el otro lado me recibían de nuevo al Mediterráneo, mi parte del mundo favorita de mayo a septiembre. Beirut es una ciudad desordenada, con cables y aceras en mal estado en algunos barrios y edificios altos y bajos sin ton ni son, pero con un gran encanto en conjunto. Llegamos a nuestro hotel, el famoso Riviera, ahora algo decadente pero que aún cuenta con uno de los mejores lounges de la ciudad, con varias piscinas, en plena Corniche, donde se junta la gente más guapa de la capital a broncearse y tomar cócteles en el bar de la piscina. La música suena de 10am hasta las 7pm. Tras un poco de piscineo de bienvenida nos fuimos a conocer una zona totalmente nueva de la ciudad, Beirut Souks, donde calles impolutas albergan edificios homogéneos de piedra con tiendas de lujo que abarrotan su bajos. La foto con las grandes letras I LOVE BEIRUT es obligada.

Acabamos cenando allí, en una de las terrazas más frecuentadas, la del The MET, un restaurante de comida internacional con sushi, pizza y hamburguesas. Me pedí el curry de gambas con chutney de mango y lo regamos todo con una buena botella de vino blanco libanés. La comida no tiene nada de especial, y mi amigo eligió el lugar simplemente porque está de moda y porque es el lugar para ver y ser visto, lo cual a mi me trae sin cuidado. Lo hubiera cambiado por un restaurante tradicional libanés con gusto. Tras la cena, dimos una vuelta por la Corniche, el famoso paseo marítimo de Beirut, llena de gente paseando o sentada observando el mar. y los aviones que descienden para aterrizar al aeropuerto.

Al día siguiente nos fuimos a desayunar al bohemio barrio de Gemmayzeh, cuya arteria principal es la vibrante rue Gouraud, llena de tiendas modernas, restaurantes a la última y las famosas escalinatas de colores que tanto se parecen a las que los libaneses construyeron en Rio de Janeiro, como la famosa escadaria Selaron. Este barrio fue antiguamente centro del Beirut francés y eso se nota en los edificios muy similares a los del sur de Francia. En el corazón del barrio se encuentra un complejo regentado por jóvenes donde se imparten clases de árabe, se cultivan verduras orgánicas y que cuenta con un pequeño hostal y una terraza que abre por las noches pero cuyo elemento principal es el popular Café Em Nazih, un must para desayunar en Beirut, donde realmente se junta todo tipo de público, edades, orígenes y religiones. Es tipo self service con lo que tienes que pedir las bebidas en la barra. El ambiente es relajado, especialmente agradable durante el desayuno. Nosotros pedimos unos panes redondos planos hechos en un horno allí mismo: uno relleno de carne picada, otro de espinacas con queso y otro con zataar, una mezcla de tomillo, ajedrea, mejorana, orégano, hisopo, comino, semillas de sésamo tostadas y sal.

Luego nos dimos una vuelta por la rue Gouraud, curioseando por las tiendas hasta llegar a la gran mezquita de Mohammad Al-Ami junto a la catedral maronita de San Jorge y la catedral ortodoxa griega también de San Jorge en pleno centro de Beirut, un barrio de elegantes edificios con soportales que fue reconstruido tras la brutal guerra civil que sufrió el país durante 15 años con diversas intervenciones y ocupaciones extranjeras. El barrio está ahora vacío, con los cafés y restaurantes cerrando sus puertas debido a las fuertes medidas de seguridad, con bloques de cemento, barreras y soldados fuertemente armados en cada esquina. Numerosos ministerios y embajadas están allí presentes en bellos edificios art-deco, como el de la aseguradora italiana Generali. La plaza central cuenta con un elegante reloj pero el ambiente de esta zona es bastante triste y solitario en calles que hace unos años tenían las terrazas de los restaurantes a rebosar. Remontamos una de las calles para observar los restos de las antiguas termas romanas y subir las escalinatas de la colina donde se sitúa el Grand Serail o Palacio del Gobierno, antigua sede militar del Imperio Otomano en la zona, que también cuenta con una bella torre del reloj de estilo otomano anexa.

Como se estaba celebrando la Beirut Design Week, numerosos locales de muebles, tiendas o de diseño tenían exhibiciones especiales, por las que fuimos curioseando. Especialmente me llamó la atención Bokia, un centro de diseño donde vendían desde curiosos almohadones hasta mesas auxiliares hechas de latas recicladas. Allí nos hicimos varias fotos chulas con peces de tela colgados junto a barquitos de papel de varios colores.

Tras el paseo mañanero nos volvimos al Riviera para relajarnos en sus pisicinas frente al mar con el DJ y de paso broncearnos un poco en sus cómodas tumbonas sorbiendo cócteles de sandía. Aquel día comimos en Al Falamanki en pleno corazón de Achrafieh, uno de los barrios más antiguos de Beirut y centro neurálgico de los libaneses cristianos seguidores de la Iglesia Ortodoxa Griega. El barrio es muy agradable, con tiendas de todo tipo y casas de apartamento cada una diferente, algunas me recordaban a París, otras a Valencia y la mayoría al sur de Italia y a Atenas. Por supuesto también hay edificios modernos estilo Miami. Sus apacibles calles arboladas son estupendas para perderse y saborear el día a día de la clase media y media-alta de Beirut. El caso es que comimos en Al Falamanki, un local muy tradicional y famoso a la vez, donde jubilados jugaban partidas interminables al backgammon (tabla árabe) y grupos de jóvenes fumaban shisha en su jardín aprovechando las buenas temperaturas. Nosotros nos pedimos una shisha y varios mezze para esperar al plato principal. Los entrantes son excelentes, sobretodo las salsas a base de zanahoria y remolacha, y por supuesto los clásicos hummus con carne y babaganoush. De los platos principales me quedo con el perfecto kafta en salsa de yogur y cerezas... único.   

Tras una cena rápida, esa noche fuimos a tomar algo al Bardo, un bar muy chic en pleno Achrafieh donde se junta gente moderna de todo el mundo árabe junto con expatriados para tomar algo y bailar a ritmo de DJ. Las caipirinhas y los gin tonics están estupendos, sobretodo después de meses de "ley seca" en Kuwait. Tras las copas nos fuimos a Project, una enorme discoteca en la costa norte de la ciudad regentada por un grupo de lesbianas donde modelos de todo el mundo junto con la comunidad LGTB libanesa se junta a bailar al ritmo de la música árabe del momento, música latina y también música house en un mezcla que no aburre a nadie.

El sábado nos levantamos tarde y fuimos directamente a comer a uno de los restaurantes más elegantes de la capital libanesa: Liza Beirut. El ambiente del local es soberbio y el servicio excelente, aunque personalmente me gustó mucho más la comida de El Falamanki. Aún así, es verdad que el lugar impresiona y la comida libanesa con toques de fusión europeos es excelente. Como entrante, las empanadillas de pan plano de espinacas o fatayer están muy buenas y las carnes son de primera calidad. Los helados caseros de postre, sobretodo el de pistacho, son estupendos. Al estar en pleno mes de mayo, los fines de semana vienen cargados de primeras comuniones, por lo que varias familias vestidas de forma impoluta, con las mujeres de blanco, se juntaban a comer en el restaurante para celebrar. Me sentí más en casa que nunca.

Fue una de las visitas menos turísticas que he hecho en mi vida. Pero aún así me lo pasé bien y me llevé una buena impresión de la ciudad. Sin duda alguna que volveré a Beirut, muchas más veces. Me he dejado por ver lugares como el Museo Nacional o las rocas de los amantes. Pero volveré no solo para continuar disfrutando de esta maravillosa ciudad, sino para descubrir otros lugares de Líbano como Balbeek, Biblos, Tiro y los bosques de cedros.