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dilluns, 25 de desembre del 2023

Tela y Roatán

La Honduras más turística

Pese a que dije, y me reafirmo, que si uno solo pudiera visitar un lugar de Honduras, debería ir a Copán, la mayoría de extranjeros que visitan la pequeña república centroamericana lo hacen exclusivamente a sus islas de la Bahía, y especialmente a la más grande de todas: Roatán. Aquí llegan decenas de cruceros que la incluyen en sus rutas caribeñas, igual que a este paraíso llegó Colón en su cuarto y último viaje a América. De hecho, la leyenda cuenta que el nombre "Honduras" se quedó de la expresión del explorador cuando, tras sufrir un ciclón de la zona y salir finalmente indemne dijo "Bendito Dios, que salimos de estas Honduras",

En cualquier caso, las islas de la Bahía, pese a no ser caras con estándares globales, si lo son para el hondureño medio, que mayoritariamente visita la costa continental usando la ciudad de Tela como base de operaciones. Sea que vais a descubrir el Caribe continental hondureño, el insular o ambos, preparaos para un calor húmedo y sofocante, que hace muy complicado estar fuera de la playa o piscina durante las horas de sol. Os cuento cuál fue mi experiencia:

Tela

Una primera parada para descubrir el Caribe hondureño es Tela, antigua capital de la época bananera del país. De hecho, las bananas llegaron a representar casi el 70% de las exportaciones del país a principios de siglo XX. Aquí aún se pueden ver las antiguas instalaciones de la United Fruit Company, con las casas de los empleados y mansiones de los directivos, las instalaciones ferroviarias con las que trasladaban las mercancías en trenes de los campos a los barcos; o las grandes plantaciones frutales, muchas ahora reconvertidas en palmas para conseguir aceite y que hacen subir el precio del maíz, alimento básicos de las clases populares hondureñas.

Pero Tela ya ha dejado ese pasado atrás y poco a poco se ha convertido en un destino turístico con dos zonas muy diferentes: su playa urbana, sucia y llena de gente ruidosa, bastante insegura en general, aunque con unos atardeceres espectaculares; y los resorts de lujo de sus alrededores, como el Hotel Indura, con sus piscinas infinitas y sus playas solitarias.

Una de las primeras cosas que sorprenden del Caribe hondureño es su gastronomía. Un lugar donde disfrutarla es el mítico Hotel y Restaurante César Mariscos, en el que no hay que perderse su pan de coco casero, la famosa sopa de caracol (hecha de caracola, leche de coco, plátanos macho y otros ingredientes deliciosos de la zona), las gambas empanadas en coco y el resto de platos de marisco. El lugar es muy popular entre los hondureños, que llenan sus mesas en la playa, perfectas para comer y beber durante la puesta de sol.

Alrededor de Tela, además, hay varias comunidades garífunas, descendientes de los africanos esclavizados que huyeron de San Vicente y las Granadinas, para evitar que los ingleses los siguieran esclavizando en 1797, y se instalaron en Roatán y la costa caribeña de varios países centroamericanos, pero mayormente en la actual Honduras. Cada 12 de abril celebran este hito histórico.

Estas comunidades cuentan con casas, rústicas pero coloridas y preciosas. Sus habitantes os darán la bienvenida a sus restaurantes de comida local, sobre todo basada en pescados a la brasa. No os perdáis su snack casero más famoso: el casabe, que también sirve de acompañamiento a cualquier comida. Se trata de una especie de pan seco crujiente de yuca prensada y horneada con margarina y ajo. El poblado más grande es Tornabé, donde también ofrecen tours en botes por los manglares donde pescan gambas. Yo además, tuve la suerte de ver una exhibición del baile tradicional: la punta, cantando en su lengua, el garífuna.

Roatán

En cualquier caso, son las islas de la Bahía el punto caliente del turismo en Honduras: con unos de los mejores lugares de buceo del mundo, visitantes de todo el mundo pasan temporadas en este paraíso y sus tres principales islas: Utila, Guanaja y la más grande, Roatán, que es la que visité por tener aeropuerto y contar con poco tiempo. La ruta más corta desde Honduras es el vuelo San Pedro Sula-Roatán.

Nada más aterrizar me di cuenta que Roatán no tenía nada que ver con el resto del país, ni siquiera con la cercana Tela. Aquí hay muchísimos extranjeros, la sensación de seguridad es mucho mayor, las carreteras están mucho mejor que en otros lugares y también hay servicios más sofisticados que en el resto del país. Yo me concentré en el sur de la isla, su parte más desarrollada. Si pensáis visitar las islas, la mejor época es entre abril y junio, el resto del año hará muchísimo calor o lloverá durante gran parte del día.

West End

Hay muchos lugares donde quedarse en la isla, pero si es la primera vez y tenéis poco tiempo, siempre se recomienda ir a West End, zona que se alarga entre dos bahías de aguas turquesas rodeadas de palmeras cocoteras. Relajada pero con algunos lugares de fiesta, y una gran variedad de restaurantes, este fue el lugar en el que me quedé. West End es un entorno calmado, donde la gente disfruta del sol y el mar sin prisa.

Con la barrera de coral más grande del mundo tras la australiana, estas islas están llenos de amantes del buceo o del snorkel. En West End se encuentra la zona más accesible a pie del Roatán Marine Park, en cuyo local se pueden alquilar gafas y aletas de snorkel para los que no queráis bucear. También cuentan con una ruta en la propia bahía de la población, Half Moon Bay, atiborrada de maravillosos corales, caracolas, estrellas de mar y peces de todos los colores y tamaños, además de tortugas. Una de las cosas más bonitas que no había visto aún en otros lugares del mundo son los llamados "abanicos morados" un tipo de coral precioso que se balancea al ritmo de la marea a poca profundidad en grandes conjuntos que crean una visión maravillosa. Eso sí, admiradlos a lo lejos, ya que son muy delicados y cualquier toque con las aletas puede matarlos al romperles su delicado tallo.

Lo que paguéis de alquiler o en su tienda va a una fundación que se dedica a proteger la fauna y flora de Roatán incluso con cuatro barcos patrulleros, que ya han conseguido meter en la cárcel a muchos pescadores ilegales así como a turistas sin escrúpulos que intentan arrancar corales, caracoles o estrellas de mar para llevarse de recuerdo.

Para dormir recomiendo la posada Las Orquídeas: precio justo, habitaciones simples pero cómodas y con aire acondicionado y sobre todo, una cafetería en un muelle maravillosa con un desayuno estupendo incluido. De hecho, aunque no os quedéis en este lugar, recomiendo que al menos desayunéis un día en su elegante café "Café de Palo". Al estar en una pequeña península, el entorno es más tranquilo que en el centro de la población de West End.

Para comer hay decenas de buenas opciones, pero si una noche queréis algo más informal pero delicioso, probad los míticos Tacos Raúl, un puestito al aire libre frente al mar en la rotonda de West End que prepara uno de los mejores tacos al pastor de la vida en el momento.

West Bay

West Bay es la otra zona popular, sobre todo por sus grandes hoteles y porque aquí llegan los visitantes en tour de los cruceros. No recomiendo quedarse aquí porque el alojamiento en es caro para la calidad que ofrece, y además, muchos de los grandes hoteles permiten acceder a sus instalaciones pagando consumiciones, por lo que no merece la pena derrochar dinero en habitaciones que tampoco son tan buenas.

West Bay es la típica playa paradisíaca del Caribe que todos imaginamos. De hecho, es considerada la mejor de Roatán. Eso sí, abarrotadísima de gente, especialmente en días de crucero, cuando es imposible hacerse con una hamaca. Desde West End es fácil llegar en los "water taxi" que salen según se llenan del muelle que hay pasando Half Moon Bay. Una buena idea de excursión es salir por la mañana y, para evitar multitudes, meteos en cualquiera de los resorts con piscina, que podréis usar (y además os prestarán una toalla) siempre que comáis allí, y la comida está bien así que merece la pena. Yo opté por el Paradise Beach Hotel, que no está mal, aunque me consta que en breve abrirán algunos más modernos aún. Al atardecer, coger water taxi de vuelta a West End.

El Caribe hondureño es mucho más auténtico y aventurero que muchas otras zonas, y si optáis por Roatán, uno de los más seguros. Tampoco es excesivamente caro si escogéis bien. Me cuenta que Utila, por ejemplo, es más tranquila y auténtica que Roatán, así que tendré que volver en otra ocasión.

Comer

Sopa de caracol en César Maricos

Canción

Sopa de caracol de Banda Blanca.

divendres, 15 de desembre del 2023

Chicago

 

La segunda ciudad 

Chicago es la tercera gran ciudad de Estados Unidos de América, aunque se le llama la segunda ciudad por su dinamismo, es la cuna de los rascacielos. También es cuna de personalidades ilustres del país, como Ernest Hemingway, Frank Lloyd Wright o Barack Obama. Con menos turistas que Nueva York y más nivel educativo que en Los Ángeles, Chicago es perfecta para vivir la quintaesencia de lo que es una gran ciudad estadounidense.

Se la conoce como "la ciudad del viento", su otro gran apodo, por el terrible y gélido viento que azota la ciudad durante los seis meses de su crudo invierno. También se le llama "the city on the make", ya que los rascacielos no paran de brotar, aún hoy en día. El más alto del país está aquí: la torre Willis. Chicago tiene una magia que hechiza, con su gran oferta cultural, su población cosmopolita, sus playas lacustres o sus nuevos y agradables parques. Además, si os gusta el beisbol, podéis ver un partido de los Cubs en el mítico Wrigley Field, el segundo estadio más antiguo de los equipos de la liga nacional, abierto en 1914.

Las cebollas silvestres

El nombre de Chicago viene de la lengua potawatomi, Checagou, que significa "cebollas silvestres". Así bautizó estas tierras la tribu que las habitó originalmente. En 1780, el haitiano Jean Baptiste Point du Sable fundó la ciudad. Tras numerosas batallas entre el nuevo ejército estadounidense y los potawatomi, los EE.UU. acabaron anexionando estas tierras en 1837: pronto Chicago se convirtió en una de las ciudades de mayor crecimiento del país, gracias a la fuente ilimitada de agua dulce del lago Michigan. De hecho, para mantener este lago limpio, Chicago fue la primera ciudad del país en construir un sistema de alcantarillado.

En 1871, un gran incendio arrasó la ciudad dejando a casi 100,000 personas sin hogar. Con un gran trauma, los habitantes reconstruyeron su ciudad con acero, huyendo de la madera, y de ahí surgió el primer rascacielos del mundo en 1885. Poco después, también nació aquí el primer movimiento obrero del planeta, cuando el 1 de mayo de 1886 cientos de miles de trabajadores iniciaron varias jornadas de huelgas generales que se saldaron con cientos de muertos por la represión policial pero que finalmente acabaron con la consecución de la ansiada jornada laboral de 8 horas.

A principio de siglo XX, la bonanza de la ciudad fue atrapada por su Mafia, dirigida por Al Capone    que corrompió su ayuntamiento durante décadas, con decenas de encarcelados. Posteriormente, ha sido la familia Daley la que ha gobernado la ciudad desde 1955, con dos alcaldes de dicha familia (padre e hijo) al mando por más de 40 años.

Uno de los grandes iconos de la ciudad es la Willis Tower (antigua Sears Tower), edificio más alto de los EE.UU. hasta 2013. Y es que Chicago es un paraíso para los amantes de los rascacielos: los hay de todo tipo, muchos preciosos. Lo mejor es empezar la visita a la ciudad con el famoso tour en barco de los rascacielos, que salen a cada media hora desde el embarcadero bajo del puente Du Sable. A mi me impresionó mucho ver el rascacielos que alberga la ópera de la ciudad por detrás o otro que tiene en su fachada un mapa gigante del río y al propio rascacielos marcado en rojo en el mapa. Las Marina Towers, de estilo brutalista, son espectaculares; y el nuevo St. Regis, con su cristal ondulante, hipnótico. Hasta la Trump Tower es impresionante.

Tras el tour, caminé por el Loop, el barrio financiero dentro del cuadrado de vías del metro elevado. Pasé por la enorme mole del Chicago Board of Trade, donde se inventaron los futuros, un instrumento financiero que sigue jugando un papel clave en la economía de la ciudad. Entrad al Rookery, para ver el precioso lobby de Lloyd Wright. Además, las plazas del distrito financiero cuentan con esculturas gigantes de artistas de primer nivel, como la enorme estatua de Pablo Picasso, el "Flamingo" de Alexander Calder o el "Monument with Standing Beast" de Dubuffet, conocido como "Snoopy en la licuadora".

Dad una vuelta también por el cercano Millenium Park, un parque enorme situado entre el Loop y el lago Michigan, que cuenta también con un maravilloso auditorio de Frank Gehry, una fuente de Jaume Plensa (con rostros proyectados en grandes pantallas de cuyos labios salen chorros de agua) y la famosa escultura de Anish Kapoor, con forma de gota de plata, ahora gran símbolo de la ciudad, llamada Cloud Gate pero conocida por el pueblo como "la habichuela". Es perfecta para sacarse fotos en su reluciente cubierta. Además hay actividades de todo tipo en el parque: cuando lo visité había un concierto gratuito de la orquesta nacional de Ucrania en el auditorio, por ejemplo.

Una colección de arte universal única

Otra visita imprescindible al lado del parque es el Art Institute of Chicago, el segundo museo más grande de Estados Unidos, con una colección de más de 300,000 obras de arte que abarcan 5,000 años de historia del arte mundial. Abierto en 1893, engloba casi todas las disciplinas y culturas del planeta y es impresionante. Como seguramente no tendréis tiempo de verlo todo, los imprescindibles, en mi opinión, son:

"La habitación" de Van Gogh; las "Meules de Blé" de Monet; "La tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte" de Georges Seurat; y algo más local, el "American "Gothic de Grant Wood o la icónica "Nighthawks" de Edward Hopper, donde se plasma en un cuadro a la perfección el sentimiento de soledad de muchos habitantes de cualquier gran ciudad norteamericana. Más allá de cuadros, de lo poco que me dio tiempo a ver, al pasar por la zona de esculturas de arte griego me sorprendió una representando a un niño jugando con una máscara de teatro dramático griego que le viene enorme, de la que saca una manita por la boca de la máscara.

Después de tanta obra de arte os dará sed, así qeu subid al cercano Cindy´s Rooftop para disfrutar de sus geniales cócteles y de las vistas del Millenium Park.

Comer en Chicago

Chicago no es el mejor sitio para irse de compras, ya que tienen el impuesto sobre el consumo más alto del país. Pero si que cuenta con comida para todos los bolsillos y de todos los rincones del planeta. Aunque si queréis probar la "gastronomía" de Chicago (si es que existe tal cosa), tenéis que optar por su "Santísima Trinidad": en primer lugar, el Chicago-style pizza, con una masa de casi 8cm que alberga los ingredientes dentro, casi siempre una masa de tomate, carne, cebolla y queso. La hornean en una gran sartén de hierro, por lo que la base y los bordes se fríen, pasando a ser crujientes con el aceite que unta la sartén. Yo la probé en Pequod´s Pizza, y es deliciosa, pero llena mucho. En Oven Grinder & Co la preparan de forma algo diferente, y la llaman pizza pot pie, cocinada en boles de cerámica con una salsa de tomate casera con quesos que incluye unos trozos de cerdo.

La segunda especialidad local son sus perritos calientes de ternera, inventados por la industria cárnica local y exportados luego a todo el mundo. Personalmente lo probé en el archiconocido Jim´s, local en el que un polaco empezó a venderlos con su capa de mostaza amarilla, cubierta con una montaña de cebollas a la parrilla, salsa de pepinillos y un pimiento picante. Eso sí, dentro de los límites de la ciudad de Chicago está PROHIBIDO ponerle kétchup a los perritos calientes.

Y ya la tercera especialidad (y la menos visualmente atractiva) es el bocadillo italiano de ternera con mozzarella fundido. Lo probé el Al´s. Bueno y jugoso, pero nada memorable.

Para dulces, Shawn Michelle´s es la heladería maravillosa, aunque algo alejada, donde disfrutar de los mejores helados de la ciudad. Situada en mitad del barrio negro, entre tiendas de chándales y pelucas, ofrece sabores tradicionales estadounidenses como el helado de tarta de frijoles con crema, el de "lemon pound cake" o su archiconocido helado de vainilla. Los dueños y la clientela son extremadamente amables.

Oak Park, la cuna de Lloyd Wright y Hemingway

A una hora en metro de la ciudad, en este antaño aburrido pueblo nacieron el arquitecto que inventó el primer estilo 100% estadounidense y su escritor más famoso. Por la casa de nacimiento del segundo solo pasé por fuera, pero si recorrí varias de las obras del primero. Siempre me ha gustado mucho el estilo único de Wright, y ver como cambió su pueblo natal fue una maravilla.

Los edificios Wright son una muestra de la “arquitectura orgánica” que él concibió y que se caracteriza por el plan abierto de las construcciones, la difuminación de los límites entre el interior y el exterior de éstas, y la utilización extremadamente original de materiales como el acero y el hormigón. Las soluciones arquitectónicas innovadoras de la “arquitectura orgánica” satisficieron plenamente en su día las necesidades funcionales de los edificios interesados, ya se tratara de viviendas, de lugares de trabajo o culto religioso, o de espacios para actividades lúdicas y culturales. Las realizaciones de este arquitecto influyeron enormemente en la evolución de la arquitectura moderna en Europa.

Empecé la visita en el Unity Temple, que muchos arquitectos consideran el primer edificio contemporáneo de la historia. Diseñado en 1905, representa un momento culmen en la carrera de Lloyd Wright. El arquitecto consigue una armonía excepcional y ejemplifica a la perfección su teoría del diseño orgánico. De hecho, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. El templo sigue operando bajo la iglesia universalista unitaria. Me fascinó la pureza de líneas del santuario y la sobriedad de sus elementos exteriores. Existe un pequeño recorrido con audio guía que explica fenomenal las partes y elementos del edificio por fuera y por dentro.

También me acerqué a su estudio, al final de la Forest Avenue, jalonada de mansiones diseñadas también por él, como la casa de Nathan G. Moore y muchas otras de estilo "Prairie", el primer estilo estadounidense que no comparte ningún elemento de los estilos europeos. El nombre de este estilo que sublimó Wright viene de las praderas del Medio Oeste, el estilo predominante horizontal de estos edificios recuerda a dichas praderas.

Además de arte, arquitectura y fast-food diferente, Chicago cuenta con gentes maravillosas, por lo que salir de fiesta en la ciudad es divertidísimo. Me dejé muchas cosas por ver, pero eso es una tónica en mis visitas. Siempre hay que dejar alguna excusa para volver a sitios tan chulos.


IMPRESCINDIBLES

Comer

Deep fried pizza (Chicago style pizza) en Pequod´s Pizza. 

Beber

Cualquier cóctel de Cindy´s Rooftop.

Canción

Stronger de Kanye West y Daft Punk.

Película

The Dark Knight (El Caballero Oscuro) de Christopher Nolan.