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dilluns, 6 de novembre del 2023

Chipre

El suroeste de Chipe

Chipre es la tercera isla más grande del Mediterráneo, pero también un país partido en dos: por un lado, el sur es una república greco parlante miembro de la Unión Europea. Por otro, el norte, ocupado por el ejército turco, es una autoproclamada república que solo reconoce Turquía, y turco parlante. Por mi lado, mi primera visita al país se centró en el suroeste, con la base en la ciudad de Páfos, uno de los tres aeropuertos internacionales de la isla.

Tenía expectativas bajas, pero lo cierto es que esta zona de Chipre tiene muchísimo que ofrecer: sol y playa por supuesto, pero también montañas y frondosos bosques, perfectos para senderismo, con pueblos con encanto y ciudades con fiesta como Limasol, además un patrimonio cultural de primer nivel (aquí se encuentran todos los sitios reconocidos como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO). Y por supuesto, una gastronomía deliciosa e interesante.

Empezamos siempre con el típico desayuno chipriota: olivas, halloumi fresco con miel o sirope de algarroba, pan y tomates, con café para beber. Y de ahí, nos esperaba una oferta cultural, natural y de sol y playa inolvidable.

Choirokoitia

Lo primero es visitar el lugar donde están los orígenes de la población de la isla: se trata del asentamiento neolí­tico de Choirokoitia, ocupado desde el séptimo hasta el cuarto milenio antes de nuestra era. Es uno de los yacimientos neolíticos más importantes del Mediterráneo Oriental, con vestigios que han permitido conocer mejor la evolución de la sociedad, ofreciendo numerosas pistas sobre el estilo de vida de aquellos primeros humanos que construyeron asentamientos permanentes. El sitio, que sólo ha sido excavado en parte, constituye una reserva arqueológica excepcional. 

Además de poder ver los impresionantes restos originales, se han construido réplicas de estas casas cilíndricas para que los visitantes podamos entender mejor el nivel de sofisticación en al construcción y jerarquía social que alcanzaron nuestros antecesores, incluyendo uno de los pozos más antiguos de la humanidad.

Este nacimiento surgió alrededor de la minería del cobre, que es el origen etimológico de la palabra Chipre. De hecho, la isla sigue contando con una de las mayores reservas mundiales de este metal. Aunque algunos historiadores dicen que el nombre vendría más bien del ciprés, especie que abunda en las montañas de la isla.

En cualquier caso, más allá de los pueblos neolíticos, fueron los griegos micénicos la gran civilización que imprimió gran parte de la cultura chipriota actual, así como de la lengua hablada por la mayoría de sus habitantes. Se establecieron en dos olas migratorias desde el año 2000 antes de Cristo y sus mitos aún siguen presentes, hasta el punto de situar en la isla en lugar de nacimiento de una de las diosas más importantes del panteón griego: Afrodita.

El mito dice que nació en la playa chipriota de Petra Tou Romiou, de la espuma de las olas de mar creadas por la caída de los genitales de Urano, que su hijo Cronos había cortado y lanzado al mar. Los genitales son un par de rocas en mitad de esta bella playa, que sigue atrayendo a cientos de amantes de los atardeceres inolvidables. Muchos acuden para pedir bendiciones a Afrodita, diosa del deseo, sexo, fertilidad, prosperidad y victoria. De hecho, a Afrodita se le llamaba también Cypris (Señora de Chipre). El centro de su culto se situó durante siglos en Páfos, donde ya habían lugares de culto a las deidades de la fertilidad en la época prehelénica, reemplazadas precisamente por el de Afrodita.

Páfos

Los griegos que se asentaron en la isla pronto se dividieron en cinco reinos, lo que facilitó a muchos imperios conquistarles: por Chipre pasaron asirios, egipcios y persas, hasta que Alejandro Magno la recuperó para el ámbito helenístico el año 333 antes de Cristo. Tras su muerte, recayó bajo el reinado de la dinastía ptolemaica de Alejandría.

Esta herencia se puede ver en Páfos: destino turístico número uno de la isla, donde llegan la mayoría de turoperadores, con los  hoteles de todo incluido. Y aunque el centro urbano sea feo en general, contiene algunos de los sitios arqueológicos de mayor interés del país. No por casualidad, Páfos ostentó al capitalidad europea de la cultura en 2017.

El sitio de las tumbas de los Reyes es uno de los grandes atractivos: se trata de un conjunto de curiosas tumbas excavadas en roca, testimonio de la época en la que Páfos fue la capital de la gobernación de la isla cuando esta era parte del reino ptolemaico de Egipto. Situadas en un paraje casi desértico con el mar Mediterráneo de fondo, estas tumbas buscaban parecerse a las casas que habitaron los allí enterrados durante su vida. Algunos patios y columnas son realmente preciosos. Una pena que los tesoros que albergaban fueran saqueados hace siglos. Una de las tumbas más impresionantes fue la que albergó los restos del hermano de la reina Cleopatra VI.

Tras los ptolemaicos llegaron los romanos y su imperio, que se anexionaron la isla en el 58 antes de Cristo. En Páfos, en otro de sus parques arqueológicos, se pueden ver magníficos vestigios de villas, palacios, teatros, fortalezas y tumbas, destacando los mosaicos de Nea Paphos, considerados entre los más bellos del mundo. 

Estos mosaicos fueron descubiertos por un campesino en los años 60. Los mejores, en mi opinión, son los de la Casa de Dionisio, una antigua mansión romana, con mosaicos dedicados a los diferentes mitos griegos, como el de Escila, Narciso o Ganímedes. Otras casas también tienen mosaicos interesantes, como la Epifanía de Dionisio o aquellos que aún se conservan en la antigua residencia del cónsul romano en la isla, que tienen uno dedicado al mito del laberinto del Minotauro. También hay un odeón griego, restos de lo que fue un gran hospital romano e incluso una fortaleza francesa del siglo XII con más de 40 columnas. Esta rica ciudad entró en decadencia en el siglo VI, tras un devastador terremoto.

En el año 286, Chipre pasó a ser parte del conocido como Imperio Bizantino (o Imperio Romano de Oriente), con numerosos restos en Páfos de esa época: en el centro de Kato Pafos se encuentra la basílica Hrysopolitissa, una estructura casi en ruinas del siglo IV, destruida por los árabes en el siglo VII. Aún quedan varias columnas de mármol y una pequeña iglesia en el centro. Uno de estos pilares es famoso por haber estado aquí atado San Pablo durante los 39 latigazos que le dio el gobernador romano Sergius Paulus, convertido al cristianismo milagrosamente cuando iba a darle el latigazo número 40 a este doctor de la iglesia. También podréis ver la tumba del rey danés Eric Ejegod, que murió aquí en 1103 en su camino hacia Tierra Santa.

Como veis, Páfos está llena de ruinas y restos arqueológicos. Uno de los que nos encontramos por casualidad paseando por sus calles fueron las catacumbas Agia Solomoni con la capilla de los "siete durmientes", una cueva donde Agia Solomoni, una mujer judía convertida al cristianismo, se escondió junto con sus seis hijos para evitar la persecución de los romanos, que los encontraron y emparedaron para que murieran de sed. Agia fue santificada por la iglesia tras su muerte. Cientos de tiras de tela cuelgan del árbol que sale de las entrañas de la estructura, de fieles pidiendo salud a la Santa.

Entre tanta maravilla histórica nos dio hambre y sed, lo cual no es problema porque Páfos cuenta con una oferta gastronómica interesante. En Kato Pafos, lo mejor es ir a Argo, una taberna regentada por un matrimonio de refugiados greco-chipriotas llegados del norte de la isla tras la invasión turca de los años 70. Empezaron de cero y ahora son referencia por su comida casera, destacando su pan recién hecho, los mejillones al ajo o los raviolis rellenos de halloumi, por no hablar de las chuletas de cordero o el espectacular stifado (un guiso de conejo). De postre pedir mahalepi, un pudding de arroz con agua de rosas y pistacho o los bollitos de tahine si queréis algo menos dulce. Aunque siempre ofrecen, como casi todos los restaurantes, fruta fresca de cortesía, como sandía o los omnipresentes higos.

Si vais a la parte alta de la ciudad, no os perdáis la taberna Agora, el mejor restaurante del viaje sin duda. Por 25€ por persona os servirán un mezze en el que probar las mejores especialidades de la isla: desde la ensalada con un queso fresco local delicioso y sirope de algarroba hasta una tabla de carnes típicas (cordero, cerdo, lountza, salchicha regional, pollo...) así como setas, queso picante con sésamo, tzatziki, pimientos rellenos de queso derretido de Páfos, halloumi braseado, garbanzos en salsa, ensalada de remolacha, moussaka vegetariana... y eso con un personal amable y eficiente, con unas vistas preciosas. 

Para disfrutar del mar y la costa, Páfos cuenta con un agradable paseo marítimo, pero la mejor playa de la zona está un poco al norte de la ciudad, en Coral Bay, con un chiringuito chulo y una preciosa puesta de sol, con el Sea You Beach Bar y sus buenos cócteles, además de souvlaki (pinchitos de carne de vacuno molida) a la brasa espectacular acompañado de ensalada y pan de pita.

Los Tröodos

En esta montañosa y boscosa región alrededor del punto más alto de la isla (el monte Olimpo), se refugiaron la población ortodoxa y greco parlante tras las invasiones, primero de los católicos franceses y luego de los musulmanes otomanos. Los ortodoxos construyeron una arquitectura sencilla, incluyendo las iglesias y monasterios de esta región: pueden parecer insignificantes por fuera, para no llamar la atención de invasores, pero al entrar, sorprenden los frescos realizados por artesanos de primer nivel, que produjeron arte bizantino de lo más refinado. De hecho, diez de estas iglesias han sido reconocidas como patrimonio de la humanidad. Todas están ricamente ornamentadas con murales que ofrecen una perspectiva excepcional de la pintura bizantina y posbizantina en Chipre.

En el camino hacia los Tröodos desde Páfos, recomiendo que os paréis en Anogyra, un pueblecito de casas de piedra donde en algunas viviendas particulares aún se produce el pasteli de algarrobas, un dulce muy tradicional. Se suele encontrar durante el mes de septiembre, y que hay que consumirlo inmediatamente o congelarlo para que no se haga malo. Para estas excursiones siempre está bien tirar de las panaderías locales y comprar especialidades como la spanakopita, el hojaldrado pastel de espinacas con queso feta o los titopittes, pastelitos rellenos de queso anari. Y mi dulce favorito: el galatopoureko, un pastel muy dulce relleno de crema. 

Ya en los Tröodos, y tras muchas curvas en coche, optamos por centrar la visita en el valle de Marathasa, con un pequeño río central que lo atraviesa y varios pueblecitos con encanto, incluidas sus iglesias pintadas con techos a dos aguas (para evitar que se acumule nieve en invierno). En esta región se encuentran algunos de los monumentos inscritos por la UNESCO, la mayoría pequeñas iglesias rurales, aunque también monasterios como el de San Juan Lampadistis, por el que empezamos la visita. La iglesia del monasterio ofrece los frescos bizantinos más impresionantes del país, especialmente el que dibuja el árbol genealógico de Jesucristo, empezando por el propio Dios, y que vincula a reyes como David o Salomón.. Situado en Kalopanayiotis, un pueblo lleno de hoteles boutique, el monasterio de 400 años es un remanso de paz construido en piedra y madera. 

También pasamos por Pedoulas para ver la pequeña iglesia del Arcángel San Miguel, con sus preciosos frescos del siglo XV. Casi nunca hay nadie, así que la disfrutaréis en silencio con algo de suerte. Para comer, dirigíos a Elyssia, un hotel-restaurante donde sirven una excelente moussaka, así como trucha fresca de los ríos de la zona, preparada al ajillo.

La zona es perfecta para los amantes del trekking y las rutas, perfecta también para tomarse un respiro del calor de la costa en verano. Los Tröodos también escondieron a los patriotas que lucharon contra los británicos para alcanzar la independencia del país, por lo que es común ver en las plazas de los pueblos estatuas de "mártires nacionales", muchas veces con banderas griegas ondeando, pues estos lucharon por la reintegración de Chipre en la nación griega.

Limasol

Y tras tanta montaña y pueblecito, tocaba algo de playa y gran ciudad: la segunda más grande del país es Limasol. También la más cosmopolita. De hecho, muchos locales la llaman cariñosamente "la pequeña Tel Aviv": aquí hay fiesta, playas urbanas y buena gastronomía.

De playas fuimos a Lady´s Mile Beach, que pese a no ser tan bonita como otras del país, está muy cerca de Limasol y además cuenta con cómodos chiringuitos donde alquilar tumbonas y sombrillas y disfrutar de gastronomía de calidad, música, baños y duchas. Situada al norte de la base militar británica, es común que los helicópteros pasen a muy poca altura en sus desplazamientos. Además, el agua suele estar transparente aquí y se mantiene todo bastante virgen fuera de los chiringuitos, hasta el punto de protegerse con pequeñas estructuras los nidos de tortugas y las flores silvestres que crecen en las dunas. Nosotros optamos por descansar en el Oceania Beach Lounge, donde nos sirvieron un rissotto saganaki espectacular: venía con gambas preparadas en salsa de tomate natural, queso feta, hierbas locales y ouzo (el licor de anís tradicional). 

Tras el día de relax fuimos a cenar y dimos un paseo por los alrededores del antiguo muelle de pescadores (ahora un moderno complejo de restauración y ocio), así como por el castillo de la ciudad, una estructura militar, rodeada de olivos centenarios, alrededor de la cual prosperó la ciudad bajo los caballeros templarios. Se dice que fue en la capilla de este castillo en el que se casaron el rey Ricardo Corazón de León con la reina Berengaria, proclamándose reyes de Chipre. Luego vendieron la isla a los caballeros templarios. Finalmente, tomó el control de la isla la República de Venecia en 1473. Sin embargo, en 1570, el imperio Otomano la conquistó, mudándose una gran población musulmana de soldados, comerciantes, artesanos, funcionarios del imperio y campesinos. Además del turco, la otra gran lengua de la isla actualmente, también trajeron parte de su cultura y gastronomía, así como la construcción de bellas mezquitas en las ciudades y pueblos.

De hecho, paseando por el centro de Limasol nos encontramos con la gran mezquita de la ciudad, usada por los pocos turco-chipriotas que aún viven en la ciudad, en mitad del antiguo bazar, ahora ocupado por restaurantes, bares de moda o tiendas de souvenirs. Optamos por cenar en el restaurante Karatello situado en el restaurado antiguo molino de algarrobas, con una agradable y concurrida terraza. Aquí sirven platos chipriotas con un toque moderno: el kleftiko (asado de pierna de cordero con verduras cocinado lentamente en horno de barro) estaba bien, pero lo mejor era el pulpo a la plancha. Su ayioritiki, o salsa de berenjenas casera, estaba de diez.

Chipre se mantuvo como parte del Imperio Otomano durante siglos, hasta que en 1821 estalló la guerra de la independencia griega, en la que miles de grecochipriotas fueron como voluntarios. Los otomanos respondieron ejecutando a casi 500 líderes de esta comunidad, incluyendo al arzobispo de Chipre. Pocos años después, en 1828, el primer presidente de la Grecia independiente llamó a la unión de Chipre en el nuevo país: la conocida como "enosis". Esto no se logró por el férreo control otomano hasta que, tras la primera Guerra Mundial, el Imperio Británico se anexionó la isla en 1914, abriendo la esperanza de enosis al 77% de habitantes de Chipre que se consideraban griegos. Sin embargo, los británicos no consintieron esto, y muchos chipriotas se organizaron en la guerrilla EOKA, escondida en los Tröodos como he contado antes, que consiguió la independencia del país en 1960.

El primer presidente del país, el arzobispo Makarios III, junto con el primer vicepresidente, Fazil Küçük, optaron por un Chipre independiente en el que convivieran la mayoría grecochipriota y la minoría turcochipriota, con una política de no-alineamiento y una amistad tanto con Grecia como con Turquía. 

Pese a los esfuerzos de ambos líderes, la violencia entre ambas comunidades iba en aumento. El golpe de Estado de los militares en Grecia hizo que muchos coroneles proclamaran desde Atenas su voluntad de proceder a la enosis con Chipre. Esto provocó la reacción turca, que invadió la isla para proteger los intereses de su minoría, y pasó a ocupar el norte hasta hoy. 150.000 grecochipriotas tuvieron que desplazarse al sur como refugiados y 50.000 turcochipriotas hicieron lo propio hacia el norte. Se creó la República Turca de Chipre del Norte, que no reconoce ningún país del mundo salvo Turquía, que la protege militarmente. Y ambas comunidades siguen viviendo de espaldas la una de la otra, con esfuerzos de iniciativas y asociaciones de todo tipo para tejer vínculos en varias áreas y preparar una posible reunificación de la isla.

¿Por qué Chipre no se une a Grecia? Según un vendedor del bazar de Limasol" "hablo griego, mi religión es la greco-ortodoxa, pero no quiero unirme a un país más pobre que Chipre". Superado el proyecto panhelenista, habrá que seguir trabajando en reunificar Chipre de nuevo. Espero poder visitar el norte de la isla pronto, que sigue ocupado por el ejército turco en el norte.

IMPRESCINDIBLES

Comer

Meze en Agora Tavern.

Rissotto saganaki en el Oceania Beach Lounge.

Pasteli de algarrobas en Anogyra.

Beber

Vino en la región de los Tröodos.

Canciones

Sikoses de Monsieur Doumani

Fuego de Eleni Foureira