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divendres, 3 de juny de 2011

De restaurantes por París.

Además de la Torre Eiffel, Notre Dame, el Sacre Coeur o el Arco del Triunfo, París es mundialmente conocida por ser una ciudad donde se come caro, es cierto, pero bien. Más allá de las típicas callejas del Quartier Latin, rebosantes de locales que ofrecen todos los mismo a calidades discutibles, la cocina francesa, refinada y sabrosa, se sirve en otros muchos lugares de la capital con mucha mejor calidad y a precios razonables. De hecho, existen pequeños trucos que evitarán que acabemos asustados en el momento de leer la cuenta. Algo fundamental es pedir siempre "une carafe d'eau", lo cuál informa al camarero que deseamos una jarra de agua. El agua del grifo de la ciudad es una de las mejores junto con la de Madrid. Usad y abusad de La Fourchette, siempre se encuentran buenos descuentos.

En esta actualización nostálgica, os indico cinco restaurantes de gastronomía francesa de todo tipo a los que tuve el placer de ir. Algunos de fusión, otros tradicionales, algunos caros, otros más asequibles, y también hay desde los más chic a los lugares más ruidosos y "cutres". Pero sin duda, todos originales, históricos o inolvidables.

La Maison Rose

Los recién llegados a la capital del amor seguramente lo harán por conocer la magia y bohemia de la ciudad. Directos a Montmartre, corazón del París más romántico, con sus callejuelas, casitas encantadoras y lugares universales como el cabaret Moulin Rouge, la basílica del Sacre Coeur o la plaza de los pintores (du Tertre). Tras un paseo nocturno por el barrio, nada mejor que alejarnos de las multitudes, bajar por alguna calle secundaria, de esas estrechas y empinadas, y buscar una casita rosa pequeñita con ventanitas verdes donde cenar, como la Maison Rose, un tranquilo bistro donde probar la suculenta soupe à l'oignon, con su queso fundido, o untar pan con una exquisita terrine à la campagne. El restaurante, decorado al más puro estilo de una casa tradicional francesa, con sencillez pero encanto, hará las delicias de los fans de la cultura francesa más típica. Como planto principal os recomiendo la pechuga de pollo al estilo parisino (volaille) con una cremosa salsa blanca.

Le Kong

De lo más clásico pasamos a lo más contemporáneo. Vestíos bien, pedid un Uber y dirigios al Pont Neuf. En la cima del elegante edificio sede de Kenzo en Europa, al lado del Sena, con una cubierta acristalda encontramos Le Kong, uno de los locales de moda en París. Diseñado por el incombustible Philipp Starck, el restaurante-lounge rezuma fusión por todos lados. Caras de francesas y japonesas decoran las sillas, el color blanco, el naranja y las transparencias reinan en la decoración mientras que de noche, una ténue luz rosa indirecta ilumina el local. Sofisticado sería un adjetivo que se le queda corto al lugar. Sus vistas de día son una pasada. Aunque de noche el ambiente es insuperable. En este restaurante se rodaron algunas escenas del último capítulo de Sexo en Nueva York, por lo que legiones de fans acuden en masa. 

Tras montar en el ascensor que nos llevará hasta el último piso del edificio, entrando directamente al local, el maître nos llevará a nuestra mesa (imprescindible reservar). La carta sorprende por la curiosa fusión que se hace de las gastronomías nipona y gala. Para empezar, lo mejor es pedir un Kong Plate para compartir, que viene con pollo y gambas satay en brochetas, rollitos de espinacas, tartar de atún, sashimis y lo más curioso: el macaron sheetaki.

Los shashimis de foi-gras son otra de las grandes opciones para empezar. De carnes, el magret de pato al Kumquat nos muestra lo mejor del sabor francés y japonés a la vez. Y los udon (spaghetti japoneses) con langosta de Bretaña tampoco están nada mal. Y la ternera Wagyu, según dicen de vacas criada al aire libre que reciben masajes continuos y escuchan música clásica, también está muy rica.

¿Postres? Evitemos ser pijos y no pidáis ninguno de los que les traen los hornos Pierre Hermé. Los podéis comprar en sus locales directamente a mitad de precio. El Kong tiene postres propios excelentes, más allá del apartado de Hermé. La ensalada de coco con sorbete de mango es muy refrescante pero los más golosos caerán en "le tout chocolat": pastel, sorbete y crema, todo junto, todo de chocolate. La "framboise party" también esta deliciosa. Regad toda la cena con un buen vino blanco fresquito y tendréis la velada perfecta. Además, una buena cena en Le Kong tiene punto y seguido: en efecto, a partir de medianoche más o menos podremos descender al pequeño pero increíble lounge que el restaurante ofrece, con Djs de excepción pinchando la mejor música del momento con mezclas perfectas. Aquí hay mesas y sofás además de la barra para cuando os canséis de bailotear y busquéis refrescaros. La carta de cócteles es muy buena y están preparados con todo el mimo. Aunque no los probé, porque caímos en algo muy francés: pedimos una botella de Moët&Chandon para nuestra mesa. Era navidad.

Polidor

Pero volvamos a lo clásico y básico: Polidor. Se trata de una de los restaurantes más típicos del Quartier Latin. Después de una mañana de paseo por el parque de Luxemburgo, de visitar a los franceses más ilustres enterrados en el Panteón o de curiosear y hojear libros polvorientos en alguna de las antiguas librerías del barrio más intelectual de París, que mejor que comer en un lugar cargado de historia.

Tras abrir su puerta de madera y cristales a cuadraditos, y apartar la polvorienta cortina color burdeos que hay a la entrada nos adentraremos en un local que conserva muy fielmente el aspecto que tenía cuando se inauguró en 1845. Mesas de madera, mármoles blancos y otras decoraciones auténticas nos transportarán a los tiempos de Victor Hugo, del que se dice escribió grandes partes de sus novelas en estas mesas. Si lo que buscamos es tradición en estado puro, este es el lugar. Mesas pegadas la una a la otra, ambiente ruidoso e informal, jarras bien llenas de agua, servilletas de tela suave y cestos cargados de pan cortesía de la casa, nos muestran que nos encontramos en un lugar familiar, del París del día a día, alejado de elitismos y alejado también del turisteo.

El foie gras de pato casero que preparan allí mismo es excelente.Aunque lo mejor es su plato de boeuf bourguignon, un contundente guiso a base de tacos de ternera guisados en una deliciosa salsa de vino tinto y champiñones, cebollitas, patata, zanahoria... etc. El sabor de la historia. No olvideis pedir una copa de vino tinto de la casa, muy recomendable. Y de postre no hay duda: Tarte Tatin. Una de las mejores de Paris. La esponjosa y suave masa, la manzana al punto con el líquido almibarado recién hecho y sobretodo, la insuperable crème fraîche de la casa. No os arrepentiréis. En Polidor se nota que todo es fait maison, al punto, y con los mejores ingredientes. Uno de los restaurantes más franceses de la Ciudad de las Luces.

La Coupole

Volvamos a ese París refinado y elegante. Dirijámos nuestros pasos a Montparnasse, barrio burgués por excelencia, de grandes boulevares arbolados, calles rectilíneas y edificios perfectos. Apresurémonos al corazón del barrio, al propio boulevard Montparnasse, para descubrir otro lugar histórico: la Coupole.

Brasserie de la belle-èpoque, favorita de Hemingway, Sartre, de Beauvoir, Gardel, Man Ray o Josephine Baker hará las delicias de los enamorados de la literatura o la música. Además, los aficionados al arte disfrutarán con sus columnas decoradas por Chagall o Brancusi. En la Coupole nos trasladermos al París de  esos últimos años 20 inolvidables, con todo aquel movimiento intelectual. También este restaurante fue referente de los años 50. Es uno de esos lugares del modernismo parisino, donde tradición e innovación se dan la mano. Camareros vestidos de punta en blanco nos ayudarán aún más a sentir esa elegancia. Con sus 450 plazas, se conserva tal y como se inauguró, a excepción de algunas pinturas nuevas que decoran las paredes.

Para comer, dejémonos tentar por su inconfundible cordero al curry, su plato estrella desde hace casi 100 años. Aunque deberíamos empezar mejor con la suculenta ensalada "Coupole" con higos, foie-gras y pato tostado. Es incomparable. Luego, una gran variedad de platos de la época modernizados nos esperan. Y como postres, el enorme macaron coronado por frambuesas, sorbete y crema, o la tarta hojaldrada al zumo de limón fresco. Los más tradicionales podrán acabar la velada descendiendo a la gran sala semisubterránea para bailar con personas "mayores" (más de 40 años) al tradicional dancing de la planta baja. Aunque recomiendo mejor acabar en la discoteca MIX, a pocos minutos del lugar.

Le Refuge des Fondues

Tras tanto restaurante de mesa y mantel, cansados de tanto lugar pijo, si lo que queremos es juntar a los amigos con ganas de fiesta y tener una cena divertida, con todo el mundo gritando y bien pegados los unos a los otros, hay que reservar en el local más loco de la ciudad: le Refuge des Fondues.

El local es pequeñito, oscuro, ruidoso y con las paredes llenas de pintadas de los clientes (a las que podemos incorporar nuestra creatividad). Y la carta es muy simple: solo hay fondues y solo hay dos tipos: bourgognone o savoyarde. Es decir, de queso fundido o de aceite hirviendo. Ambas con su correspondiente fogón y llama que nos pondrán en la mesa. Lo mejor, pedir de las dos para compartir. Y para beber tampoco será difícil escoger: biberones de vino blanco o tinto, ambos de la casa. Chupeteando cual bebé, chillando a quién queramos hablar y mojando el pan, las verduritas, patatas o los trozos de carne en las fondues se nos pasará el tiempo volando.

En este singular lugar solo hay dos mesas larguísimas con poquísimo espacio para moverse. Un consejo: id al baño nada más llegar, luego será imposible. Los que se sienten en el lado izquierdo deberán saltar la mesa (o arrastrarse por debajo) para poder salir. Lo positivo es que se acaba conociendo a todo el mundo que está en el restaurante. Solo abre en cenas y solo cuesta alrededor de 15 euros. Una de las experiencias parisinas más curiosas y divertidas, de eso no hay duda.

Pierre Hermé

Por último, y aunque no sea un restaurante, no me resisto a acabar este repaso con un pequeño consejo: algunos de los mejores croissants se encuentran en las pastelerías Pierre Hermé (en la rue Bonaparte tenéis una) así como deliciosos pains au chocolat. Aunque el secreto mejor guardado de estos locales es una de sus especialidades en macarons: el Mogador, fusión chocolate con leche y fruta de la pasión. PH está especializado en este dulce tan parisino, aunque este sabor exclusivo es, a mi gusto, el más exquisito. Compraos uno, coged el metro hasta Trocadero y disfrutad de él mientras observáis la Torre Eiffel.


Bon appétit!


Le Kong
Fusión francés-japonés -
Rue du Pont-Neuf, 1. Metro Pont-Neuf .

La Coupole
Francés
Boulevard du Montparnasse, 102. Metro Vavin.
www.flobrasseries.com/coupoleparis

Polidor
Francés
Rue Monsieur le Prince, 14. Metro Odéon

Maison Rose
Francés
Rue Abreuvoir, 2. Metro Lamarck-Caulaincourt.

Le refuge des fondues
Francés
Rue des Trois Frères, 17. Metro Anvers.

Pierre Hermé
Repostería francesa
Rue Bonaparte, 72. Metro Saint-Sulpice.
www.pierreherme.com

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