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divendres, 30 de maig del 2014

Desde Argel

Tras casi un año en Ciudad de Panamá, el trabajo me trae ahora a Argel, capital del país más grande de África: Argelia. Aquí viviré durante unos meses, siendo esta mi primera experiencia laboral en África. Es la primera vez que vivo en el continente olvidado y la verdad es que aún me estoy acostumbrando: aquí todo funciona a otro ritmo. De Europa sólo nos separa un mar, pero las diferencias son gigantescas: es como estar en otro universo. Excepto en el clima: es mediterráneo, con cielos azules, gran luminosidad y temperaturas suaves, casi el mismo que el de mi Valencia natal. 

Algeria es un país que crece en riqueza gracias en parte a su petróleo, pero sobretodo, a su gas. Sin embargo, debido a su sistema cuasi socialista donde el Estado tiene una presencia fortísima, todo va mucho más despacio. El gobierno funciona a base de planes quinquenales y controla la gran mayoría de la actividad económica. Numerosos sectores están nacionalizados, incluídos casi todos los hoteles. Por todas estas razones, Algeria me recuerda en muchas cosas a Cuba. No hay apenas marcas extranjeras ni locales o tiendas de cadenas internacionales. De hecho, el primer centro comercial abrió hace solo un año y allí sólo se encuentran marcas locales con alguna excepción francesa o española.

De momento tengo tanto trabajo que apenas he podido descubrir nada. Ya he ido a Tipaza, una ciudad cercana famosa por sus mariscos pero sobretodo, por las ruinas de su antigua ciudad romana, Patrimonio de la Humanidad UNESCO. En breve os cuento como fue mi dia allí.

En general, Argelia no es un país turísticamente fascinante como lo puedan ser Marruecos, Tailandia o Brasil. De hecho, la famosa editorial Lonely Planet jamás ha publicado una guía del país (y hasta la vecina Libia tiene). Esto demuestra el escaso desarrollo del turismo que tiene el país. Argel es una ciudad enorme, de clima estupendo y con un gran encanto. Dispone de una población que sobrepasa los dos millones de personas. Pero vive adormecida, sin apenas ofertas culturales, nocturnas o de ocio y con un panorama de restaurantes estancado. Casi desconectada del día a día del mundo global. Y para colmo el tráfico es horrible, casi siempre y a cualquier horas las calles y avenidas están colapsadas. La gasolina a 20 céntimos de euro el litro junto a las facilidades que hubo de préstamos para comprar coche lo explica. Pero seamos positivos: la gente es amabilísima, muy acogedora y amable con los extranjeros ya que aquí somos algo que se ve muy poco.

En fin, pese a las muchísimas dificultades que encuentro y que no haya sido un país de mi elección, intentaré sobrevivir a estos meses y descubrir los lugares interesantes y bellos que encierra el país más grande de África. Por aquí os lo contaré todo, como siempre.


dissabte, 24 de maig del 2014

Bérgamo

Una joya al lado de Milán

Todo el que haya vivido o visitado Milán sabe que una excursión obligatoria en un día soleado será la vecina pequeña pero bellísima ciudad de Bérgamo, corazón de la Lombardía. A pesar de que la ciudad es conocida por el aeropuerto de Orio al Serio y casi todo el mundo la tiene como de paso, lo cierto es que su arquitectura e historia la hacen merecedora de una visita. Desde Milán es muy fácil llegar en tren si lo tomamos desde Milano Centrale.


Una vez se llega a la estación ferroviaria de Bérgamo, paseamos a lo largo del viale Giovanni XXIII, luego Viale Roma y finalmente Vittorio Emanuele II, por la agradable ciudad baja hasta llegar a la estación del tradicional funicolare que nos llevará hasta la ciudad alta, en concreto a la piazzetta Luigi Angelini.

Los casoncielli

Nada más llegar a la ciudad alta nos metimos en un local a disfrutar unos deliciosos casoncelli, el ravioli típico de Bérgamo, rellenos de una masa de carne picada de vacuno, salami, miga de pan, huevo, grana padano y diferentes hierbas aromática, con la pasta en forma de media luna. La salsa que los acompaña es a base de mantequilla con salvia, panceta y grana padano. De sabor contundente, nos llenó, ya que sus ingredientes contienen mucha grasa. 

Con las energías recargadas, nos dirigimos a dar una primera caminata por las empinadas callejuelas de la ciudad alta, que nos transportarán cientos de años atrás, a la época en la que Italia estaba dividida en decenas de reinos, ducados, repúblicas y ciudades-estado. Bérgamo pasó por manos milanesas, venecianas y austríacas. Finalmente, Garibaldi la reincorporó al nuevo Reino de Italia en 1859. Actualmente Bérgamo es conocida por su riqueza (las grandes y lujosas residencias así lo atestiguan) así como por su alto porcentaje de voto a la derechista Liga Norte, siendo uno de sus bastiones. 

Paseando por la Ciudad Alta de Bérgamo

Nos perdimos por las bellas calles, metiéndonos en antiguos seminarios y conventos, con apacibles claustros. Paseamos también por sus bellas murallas, construidas por los venecianos, y desde las que disfrutamos de unas maravillosas vistas de los Alpes nevados. Bérgamo es básicamente arquitectura renacentista, con numerosos elementos góticos en el interior de algunas de sus iglesias. Dando vueltas al azar por sus calles llegamos al corazón de la ciudad alta: la Piazza Vecchia, con el Palacio della Podestà, su Campanone y la torre del Comune presidiéndola, con el escudo de la Serenísima República Veneciada (el famoso León) grabado en piedra en la fachada del Palacio della Ragione (uno de los ayuntamientos más antiguos del mundo), así como el bello Palacio de la Biblioteca en el otro lado y la fuente de los sedientos leones. Artquitectos de todo el mundo y de todas las épocas han alabado la belleza de esta plaza. De hecho, para Le Corbusier, por ejemplo, la Piazza Vecchia de Bérgamo es la más hermosa de Europa.

Detrás, pasando por debajo de las arcadas del Palacio della Ragione, llegamos a la plaza contigua del Duomo, sonde se encuentran por un lado la bella catedral de San Alessandro, de fachada neogótica, aunque con estructura original románica. En el interior apreciaremos la decoración con mármoles de todos los colores Justo enfrente está el bello baptisterio del siglo XIV, separado. Y presidiendo la plaza se encuentra la capilla Colleoni, mandada construir por el capitán veneciano Amadeo Colleoni para guardar sus restos mortales así como los de su hija. La bellísima cúpula octogonal de la capilla así como su fachada de rombos a base de mármoles policromados y el rosetón le hacen competencia a la fachada de la catedral casi convirtiendo a la capilla en la auténtica protagonista de esta bella plazoleta. Por último, entre la catedral y la capilla, se encuentra la basilica de Santa Maria Maggiore, con un bellísimo interior abarrotado de gigantescas pinturas de santos e imágenes bíblicas. Mientras visitábamos esta plaza cargada de edificios religiosos nos encontramos con una pareja de recién casados haciéndose una sesión de fotos en un bello coche de época. 

A mitad tarde el hambre apareció de nuevo. En la via Bartolomeo Colleoni nos topamos con Il Fornaio, un local del que salia un delicioso olor y que exponía en sus escaparates pizzas cuadradas recién hechas de diferentes sabores. Entramos y yo me compré un trozo de la de mozzarella, que estaba buenísima. Y de postre una polenta e osèi, el típico postre de Bérgamo hecho a base de lo que ellos llaman como pan di Spagna (un bizcocho particular con chocolate) cubierto de polenta (una especie de mazapán a base de harina de maíz) y un chocolate en forma de pajarito. Lo podréis encontrar en todos los hornos de la ciudad.

De ahí visitamos el Palacio della Podestà, que tiene unas salas dedicadas a explicar la etapa veneciana de la ciudad de Bérgamo, y luego subimos a la torre cívica, conocida como el Campanone, para disfrutar de unas magníficas vistas de toda la ciudad y de la gran llanura lombarda así como de la cúpula y campanario renancentista de la capilla Colleoni. Por cierto, con la entrada combinada que se compra en este palacio podremos entrar a muchos más museos, conventos, el castillo y palacios con un paquete a 11 euros. Seguimos por la bellísma via Gombito, donde se encuentra la plazuela del Mercato della Scarpe, la bellísima y decimonónica pastelería Cavour o un antiguo mercado cubierto donde ahora se puede hacer un elegante aperitivo antes de la cena, al igual que se hace en casi todo el norte de Italia. 

Conventos y el castillo

Luego visitamos el convento de San Francesco, expropiado a la Iglesia en el siglo XIX y ahora sede de la fundación Bérgamo nella Historia donde hay exposiciones temporarias muy interesantes, además de contar con dos claustros muy agradables, uno de los cuales con unas relajantes vistas a los Alpes. Ese día se producía una exposición de arte contemporáneo de un bergamasco que a través de productos considerados como "basura" reproducía cuadros y esculturas inspiradas en la iconografía del África negra.

Finalmente acabamos yendo al castillo de la ciudad, la conocida como Rocca, donde se encuentran diversos artefactos militares incluído un tanque utilizado en el desierto del Sahara durante la Segunda Guerra Mundial. Entramos a ver otro museo, esta vez de la era de los siglos XVIII y XIX. Luego subimos hasta la cumbre del castillo, donde hay una pequeña capilla de estilo romano (ya que en esta cima nace la ciudad romana) y el torreón más alto. Mientras admirábamos esta perspectiva de la ciudad y el valle empezaron a sonar las campanas de todas las torres, creando un momento difícil de olvidar, con una gran bandera italiana ondeando al viento.

Como ya empezaba a anochecer, empezamos a descender a la ciudad baja, a través de la bella puerta de Sant'Aggostino, bajando por las murallas. Lástima que me quedé sin visitar la Academia Carrara (llena de cuadros de pintores estupendos) ni la Biblioteca, que estaba en obras. Bérgamo es una auténtica belleza, perfecta para pasar un dia soleado de primavera.


dijous, 8 de maig del 2014

Milán

Leonardo Da Vinci, Vittorio Emanuele II y Ludovico Sforza

Toda visita a Milán empieza por su parte más importante: la plaza del Duomo, que es catedral en italiano.

La primera vez que estuve fue un soleado día de finales de abril y la plaza lucía espectacular con la blanca catedral y la imponente Galería Vittorio Emanuelle II en uno de los lados. Antes de lanzarme a descubrir esta zona, me subí en el metro de "Duomo" para llegar a "Conciliazione" y llegar puntual a la iglesia y convento dominico de Santa Maria Delle Grazie, patrimonio de la humanidad UNESCO. El motivo de mi interés no era simplemente la bella iglesia, sino más bien el antiguo refectorio monacal donde se encuentra uno de los frescos más bellos del mundo: "La Última Cena" de Leonardo Da Vinci, conocido en italiano como "Cenacolo Vinciano". Es muy difícil conseguir entrada y se debe hacer por Internet con antelación de dos meses. Sin embargo, acudí a las taquillas esperanzado y justo faltaba una persona para el grupo de las 12.45 de la tarde. Así que pagué y obtuve mi entrada para ver tamaña obra maestra.

Como era pronto, me fui a dar una vuelta por el centro de Milán. Recorrí la impresionante Galeria Vittorio Emanuele II, construida en el siglo XIX y conocida como "la sala de estar" de Milán. Boutiques de lujo conviven con restaurantes, cafés y tiendas de toda la vida, cubiertas por la gigantesca cristalera y las decoraciones a base de mosaicos que representan los continentes y también los escudos de las principales ciudades de Italia. En una de las salidas me topé de frente con el famoso Teatro Alla Scala, de fachada sobria, y enfrente la gran estatua de Leonardo Da Vinci, persona clave para Milán, donde vivió 17 años. Como tenía un poco de hambre, me dirigí a Peck, en via Spadari, a unos pasos al oeste de la plaza del Duomo. Peck es una visita obligada a Milán por ofrecer las mejores piezas de la gastronomía de la Lombardía en particular y de Italia en general. Tras curiosear por todas sus secciones, me compré dos panecillos especiales, un trozo de queso envejecido de Bérgamo y una loncha de una mortadela gigante. Me senté en mitad de la plaza del Duomo y mientras observaba la belleza de la fachada blanca de la catedral degusté estas delicias locales. La segunda vez que estuve en Milán, que fue en diciembre de 2016, sin embargo, decidimos ir al Peck Italian Bar, situado a una calle de la famosa tienda, donde sirven diversos platos en un ambiente informal pero a la vez moderno y chic. Pedimos una selección de fiambres de la casa que se fundían en la boca de lo deliciosos que estaban. También compartimos un arroz a la milanesa, un risotto amarillo que se cocina con salsa de tomates, cebollas, ajos, vino blanco, mantequilla y azafrán. Como plato principal yo pedí las lentejas de Castelluccio con cotechino, que es una especie de morcilla de cerdo más jugosa y tierna. Este plato es muy típico de fin de año. De postre no nos pudimos resistir a pedir el navideño panettone de la casa con crema de mascarpone al Grand Marnier. 

Pero retomando mi primera visita, tras mi incursión en la tienda Peck, me dirigí de nuevo a Santa Maria Delle Grazie, con mi tiquete. Tras una breve explicación, entramos al antiguo refectorio, donde sólo entran pequeños grupos cada cuarto de hora, y que está protegido con aire acondicionado. Allí me encontré de frente a frente con la famosísima "Última Cena". Acabado a finales del siglo XV, este fresco es una de las obras cumbre de Da Vinci, donde muestra la escena de la última cena con gran poder, humanidad y profundidad. De gran tamaño, lo primero que llama la atención es que los apóstoles están divididos en cuatro grupos de tres personas cada uno, en un guiño de Da Vinci a la Sagrada Trinidad. La obra capta el momento en el que Jesucristo anuncia que uno de ellos le va a traicionar. La paz de Jesús y la tranquilidad de Juan contrastan con las caras agitadas y convulsas del resto de apóstoles, en las que se puede apreciar como todos preguntan al Señor "¿Seré yo?". Es curioso como Judas Iscariote está representado en la oscuridad. Da Vinci utilizó como modelo para la cara del apóstol traidor a uno de los criminales más famosos del momento. 

Da Vinci realizó esta obra con yema de huevo y vinagre, pintando en pared seca, por lo que la pintura se empezó a deteriorar ya en fechas tempranas. A pesar de que sufrió ataques de bombas durante la Segunda Guerra Mundial y que las tropas de Napoleón la usaron como blanco de tiro, la obra se mantienen bien gracias a las sucesivas restauraciones. La perspectiva de la pintura es espectacular. Me cautivó durante los escasos quince minutos que nos permiten admirarla. Aunque está prohibido tomar fotos, pude tomar una discretamente con mi teléfono móvil. Justo en la pared de enfrente hay una representación de la crucifixión, de mucho menos valor artístico pero a la que también vale la pena dedicarle unos minutos. Al salir, la tienda con todo tipo de recuerdos de "La Última Cena" nos espera. Es agradable recorrer el convento, con sus claustros y su maravillosa iglesia renacentista, realizada por Bramante, con grandes ábsides semicirculares y una bella cúpula con forma de tambor rodeada de columnas.

Proseguí mi paseo topándome por casualidad con el antiguo Palacio Real, con sus salas ahora llenas de exposiciones. Había una de diseño bastante interesante. El día acabó con un paseo por la via Montenapoleone, donde los diseñadores noveles abren sus tiendas rodeados de las boutiques de las primeras marcas italianas e internacionales. Y de ese ambiente pijo en extremo nos trasladamos a tomar una cerveza artesanal en la plaza de las columnas de San Lorenzo, dieciséis columnas romanas del siglo III frente a la iglesia de San Lorenzo Maggiore, una de las más antiguas de la ciudad.

Mi cuarta vez en Milán recorrí más tranquilamente la via Montenapoleone y calles cercanas, entrando en tiendas tan interesantes como la de Alessi, donde poder comprar algunas de las creaciones más icónicas que diseñadores de todo el mundo han producido para la marca. Además, me comí una exquisita cotoletta alla milanese, una chuleta de ternera con hueso, pasada por harina, huevo y pan rallado, en el mítico café Cova, mítico local de 1817 fundado por Antonio Cova, un antiguo soldado de Napoleón.

Festa della Liberazione 

En mi primera vez estuve en la manifestación del 25 de abril, aniversario de la liberación, recordando aquel 25 de abril de 1945 cuando estalló una sublevación general partisana que liberó a la ciudad de los nazis, que habían ocupado Italia meses antes tras la rendición de Benito Mussolini ante los aliados. Acudimos a la manifestación que tradicionalmente recorre las calles de la ciudad para honrar a los partisanos que aún quedan vivos y rememorar tan señalada fecha, reivindicando las libertades y derechos conseguidos. 

Tras la manifestación nos fuimos a dar una vuelta por la via Dante, siguiendo la tradición milanesa cuando hace un día soleado, y también por el parque Sempione, a los pies del magnífico castillo Sforzesco, iniciado por la familia Visconti en el siglo XIV pero varias veces ampliado y reconstruido mayoritariamente por la poderosa familia Sforza. De planta cuadrada, el castillo cuenta con una gigantesca e imponente plaza de armas rodeada de altísimos muros rojizos. Es una lástima que esta vez no lo pude visitar por dentro. Tengo especial interés en los antiguos aposentos privados de Ludovico Sforza, decorados por Leonardo Da Vinci.

Respecto del parque Sempione, al ser un día primaveral soleado y festivo, estaba abarrotado de jóvenes milaneses tumbados en la hierba, paseando o haciendo ejercicio. Acompañamos el paseo con un delicioso helado italiano. Después, nos dirigimos la lejano cementerio maggiore en tranvía, donde habían una serie de conciertos, mercadillos y actividades organizadas por grupos alternativos. 

Aperitivo en Naviglio Grande

El sábado lo dedicamos a visitar la preciosa ciudad de Bérgamo. Esa noche, al volver de nuestra excursión, nos duchamos y salimos a tomar algo por los locales a las orillas de Naviglio Grande, un canal artificial que se empezó a construir en el siglo XII y que atraviesa parte de Lombardía. La expansión hacia Milán se construyó para poder transportar el mármol y piedra con la que se construyó la catedral. También se utilizó para transporte de personas, bienes comerciales y incluso para canalizar agua de riego.

El barrio milanés alrededor de Naviglio Grande solía ser uno de los más pobres y peligrosos de la ciudad hasta que hace unos años se puso de moda como lugar de fiesta nocturna, galerías de arte, estudios independientes de moda y apartamentos bohemios. Elaborados graffitis y poemas escritos en cada muro decoran las calles y muchas casas antiguas tienen incluso proyecciones de vivos colores o video performances muy elaboradas. Los bajos bullían con terrazas animadas llenas de locales y extranjeros por igual que disfrutaban de su aperitivo. Se trata de una costumbre muy arraigada en la ciudad donde poco antes de cenar uno va a tomarse una copa que incluye gratis acceso a un buffet (de calidades que varían según el local) con ensaladas, quesos, pastas, sandwiches, trozos de pizza, bruschettas, salami... Nos sentamos en una de ellas y pedimos unos cócteles para a continuación servirnos en platos un poco de todo: la apericena. Es entretenido sentarse a charlar, más en una noche con temperaturas tan agradables como la que tuvimos, y ver a la gente pasar: desde modelos elegantes a turistas ruidosos, Naviglio Grande de noche es un hervidero de gente. 

En la segunda vez en Milán también fuimos a tomar algo al Naviglio grande, esta vez a un local donde no servían aperitivo sino diversos platos informarles como fiambres, quesos, risottos o pastas así como buenísimos cócteles. Me sorprendió, de nuevo, la amabilidad de todo el mundo y lo fácil que es entablar conversaciones con la gente que se encuentra en cada uno de los locales de esta zona de Milán. Esa noche también fuimos a la zona de Porta Nuova, el nuevo barrio de negocios de Milán, lleno de rascacielos acristalados y modernos edificios de apartamentos presididos por la altísima torre que acoge la nueva sede de Unicredit. Nos fuimos a una antigua calle cercana para entrar en la escondida y ajardinada terraza de 10 Corso Como a tomar un Negroni, un cóctel italianísimo que combina ginebra, Campari y vermú.

Museos, tiendas y librerías

Finalmente, el domingo salió lluvioso y gris. Por eso decidimos internarnos parte del día en uno de los museos que ofrece la ciudad. Elegimos la Pinacoteca Ambrosiana, fundada por el Arzobispo Federico Borromeo a principios del siglo XVII. Fundada como institución educativa gratuita para todo aquel con capacidades en pintura o escultura, el bello edificio alberga básicamente la colección privada del Arzobispo Borromeo, llena de copias de cuadros o esculturas famosas, como el Laocoonte o La Piedad de Miguel Ángel o La Última Cena de Leonardo Da Vinci. Hay también varios originales de pintores italianos y holandeses de rango medio entre los que destaca un retrato a un músico, cuadro original pintado por Leonardo Da Vinci que parece ser un auto-retrato del genio. Está también la Virgen del Pabellón de Botticelli y un Cesto de Frutas de Caravaggio. A mi me gustó particularmente una de las salas que tenía una escalera oval cuya pared estaba revestida de un mosaico donde estaba representado San Juan Bautista.

En la Biblioteca Ambrosiana del propio edificio, además de una gigantesca colección de libros de varios siglos, está la exposición donde se muestran algunas hojas del famoso Codex Atlanticus de Da Vinci, libro de anotaciones de más de 1,100 páginas donde el maestro escribió (en su tradicional manera de hacerlo al revés) y dibujó todas las ideas que se le venían a la mente, desde el diseño de nuevas armas hasta mecanismos para volar o nuevos instrumentos. Las diversas secciones del libro se rotan cada tres meses hasta 2015. Muchos de los diseños aquí mostrados pueden verse hechos realidad en el Museo Nacional de la Ciencia y la Técnica, también en Milán, y que en esta ocasión no me dio tiempo a visitar.

Después nos fuimos a dar una vuelta por la plaza del Duomo, donde pude entrar al interior de la catedral milanesa. De gigantescas proporciones, se trata de una de las mayores naves de la cristiandad. Destaca la armonía de las enormes proporciones aunque es muchísimo más impresionante por fuera, al estar recubierta de mármol rosa y contar con centenares de estatuas exteriores, siendo la más importante la Madonnina, estatua de la Virgen en cobre dorado, presidiendo todos los pináculos. En mi segunda vez en Milán decidimos subir a la terraza, ya que el día era soleado, y admirar las vistas de la ciudad así como la cuidada decoración de los techos de este imponente edificio. La mítica foto no podía faltar.

En dicha plaza también está el Museo del Novecento, con unas 4.000 obras que recorren las principales corrientes artísticas del siglo XX, desde el Futurismo y la pintura metafísica hasta el arte abstracto y las vanguardias de posguerra. El recorrido permite entender cómo el arte italiano pasó de las formas tradicionales a la experimentación radical y cuenta con obras clave de Boccioni, de Chirico,  Balla,  Carrà, Fontana y Manzoni. Una de sus piezas más emblemáticas es Il Quarto Stato de Giuseppe Pellizza da Volpedo, aunque el museo destaca especialmente por su extraordinaria colección de Futurismo.

Luego nos dimos una vuelta por La Rinascente, el famoso gran almacén italiano, primero en abrir en Roma, y con una de sus sedes más visitadas aquí en Milán. Sus secciones de moda, productos del hogar y sobretodo su último piso dedicado a la comida es digno de pasearse. ¿Dónde si no puede uno comprarse un zapato de tacón de chocolate por 45€?

Finalmente acabamos en un lugar que me encantó: Open Milano. Situado en el viale Monte Nero, este innovador local ofrece una librería en la que se puede leer alguno de sus libros en los sofás, comprarlos, charlar, encontrarse con alguien, hacer algún trabajo en sus mesas o tomar un delicioso chocolate caliente tradicional con tartas caseras. Allí se presentan libros, se leen poesías o se realizan debates. Un espacio innovador de encuentro perfecto para una lluviosa tarde de domingo.

Otra visita muy interesante es a la Fondazione Prada, que tiene unas salas en la propia galería Vittorio Emmanuele II, pero la sede principal, bellísima, en una destilería de ginebra recuperada y restaurada por arquitectos de renombre. Más que un museo, es un laboratorio cultural, con exposiciones temporales de arte moderno y contemporáneo, instalaciones, cine y proyectos multidisciplinares. No os perdáis la Haunted House, completamente revestida de pan de oro, y el Bar Luce, diseñado por Wes Anderson, que recrea con humor la estética de los cafés milaneses de los años 50 y 60. Es especialmente interesante porque representa la transformación de una antigua zona industrial del sur de Milán en uno de los polos culturales contemporáneos de la ciudad.

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Milan es una ciudad fea pero muy dinámica, con muchísimo que ver, hacer y comer. Y también comprar, por supuesto. No os perdáis la tienda de segunda mano "Cavali e Nostri" donde hombres y mujeres pueden encontrar ropa de lujo de segunda mano a precios razonables. Los fanáticos de la moda amarán la ciudad, los amantes del arte y la arquitectura de determinadas épocas tendrán su cuota de satisfacción así como los sibaritas del buen comer o los compradores de productos de calidad de todo tipo. Es cierto que me  siguen faltando muchísimas cosas que visitar de la ciudad y alrededores por lo que es casi seguro que volveré. De hecho, lo hago a menudo.

COMER
Risotto alla milanese en Peck.
Cualquier sabor de helado en la Officine del Gelato.

BEBER
LXXXs de XXX.

ESCUCHAR
Parla de XX.

COMPRAR
Ropa de segunda mano marcas italianas de lujo en Cavali e Nostri.