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divendres, 27 de gener de 2012

Kennedy Space Center

El Centro Espacial Kennedy de cabo Cañaveral es uno de los lugares que se deben visitar si se vive en la Florida. Por más de 50 años este centro ha sido uno de los lugares clave en la exploración espacial. Y al fin y al cabo, fue desde estos humedales ahora propiedad de la NASA desde donde partieron los primeros hombres que pisaron la Luna.

El parque está muy tematizado, casi convertido en una atracción. Llegamos a hora de la apertura, pagamos en las taquillas (muy parecidas a la de cualquier parque temático de Orlando) y empezamos por visitar el enorme cine IMAX con gafas en 3D donde la voz de Tom Cruise nos iba explicando los pormenores de la construcción de la Estación Espacial Internacional así como los viajes de algunos de los astronautas que pusieron en marcha este impresionante proyecto. Impresiona verles en el espacio saliendo de la Estación para fijar algún elemento o cuando van por dentro haciendo los estudios requeridos o en sus actividades cotidianas como dormir, lavarse o comer. Es muy curioso verles en acción en gravedad cero. ¡Sobretodo tras abrir una bolsa de M&M!

Acabado el documental en gran formato, caminamos hasta un parque donde un simpático señor explicaba la historia de los diferentes cohetes que allí se encontraban, muchos de ellos altísimos. El dato más interesante es el de cómo la tecnología balística militar fue la que derivó en los cohetes necesarios para impulsar elementos como los satélites y luego a las personas para salir al espacio superando la enorme atracción de la gravedad terrestre. También había alguna de las cápsulas en las que los primeros hombres lanzados al espacio (es decir, fuera de la atmósfera) viajaron, y en las cuales uno se puede meter para apreciar el reducido espacio en el que tenían que aguantar largas horas, primero a que les lanzaran, colocando esas cápsulas con ellos dentro en las puntas de los cohetes, y luego dando vueltas a la Tierra hasta dirigirlos de nuevo a la superficie terrestre y caer en medio del océano a grandes velocidades con paracaídas monstruosos. Dicho esto, fueron los rusos los primeros en enviar un hombre al espacio, tal y como los estadounidenses recuerdan con su orgullo ligeramente herido.

Tras el instructivo paseo, nos metimos en un aula en la que un interesante catedrático sevillano de Físicas impartió una clase magistral sobre la misión Curiosity, dirigida a explorar Marte. Esta misión lanzó a finales del pasado noviembre al robot más grande que jamás haya pisado la superficie marciana, con el objetivo de extraer datos fundamentales que permitirán avanzar en la carrera por llevar humanos hasta el planeta vecino. Fue una charla instructiva y amena. La lástima fue no haber estado presente en el lanzamiento del cohete con el robot, que se produjo días después. Si alguna vez vuelvo al cabo Cañaveral, será para ver un lanzamiento. Estoy seguro que debe ser impresionante.

El siguiente paso en nuestra visita era acudir a la famosa “experiencia de lanzamiento”, en la que un simulador nos dará la sensación de ser lanzados al espacio desde uno de los famosos Shuttles que tanto utilizó la NASA en sus misiones a la Estación Espacial Internacional. Sientan al público en una recreación del lanzador, te abrochan bien, y ponen el lanzador hacia arriba, simulando los sonidos, luces y sobretodo la vibración y el efecto subida del cohete. Luego se estabiliza intentando simular la navegación en el espacio abierto y por último, se abren las compuertas pareciendo verse la Tierra. Personalmente, me decepcionó bastante, la verdad.

De ahí nos fuimos a tomar algo para comer y pasamos por una placita donde una enorme bola de granito de más de nueve toneladas que muestra el mapa del cielo visto desde la Tierra. Esta pesada bola gira debido a que está colocada encima de un chorro que distribuye agua por toda su base haciendo que sea fácil moverla. Luego cogimos un bus que nos llevó por todo cabo Cañaveral enseñándonos los famosos hangares donde se construían los shuttles (altísimos), la famosa carretera por donde enormes plataformas rodantes trasladaban los cohetes, las tremendas áreas de lanzamiento, llenas de torres de hierro. Desde una de las plataformas de observación se puede ver todo el cabo, con sus más de diez plataformas de lanzamiento, que parece un auténtico paisaje militar.

El autobús también para en un gran hangar dedicado a las misiones Apollo, donde el cohete más grande del mundo está colocado sobre pilones a lo largo del hangar, apreciándose el tamaño del mismo de una forma increíble. Gracias a este tremendo desafío de la ingeniería balística se pudieron hacer los viajes a la Luna, ya que en estos tremendos cohetes cabían grandes cantidades de combustible necesario para llegar y volver de nuestro pequeño satélite. En un museo anexo encontramos desde trocitos de rocas lunares hasta periódicos de todo el mundo de la época en la que Neil Amstrong dio el primer paso en la Luna. También hay una sala donde se explica más o menos a través de imágenes y montajes la historia de las misiones espaciales, dando énfasis en todos los hombres y mujeres que perdieron la vida en lanzamientos fallidos.

Acabamos la visita en una de las tiendas del hangar del Apollo, probando el curioso helado deshidratado que se llevan los astronautas al espacio y comprando una sopa que se cocinó en honor a los primeros hombres en la Luna. Tras esta visita, es necesario coger el coche y dirigirse a otro de los espacios turísticos del cabo Cañaveral, incluidos en la tarifa general. Se trata del USA Astronaut Hall of Fame, donde todos los astronautas estadounidenses tienen una placa con sus datos, y donde un enorme museo muestra de forma amena las diferentes misiones que permitieron llevar a cabo la exploración espacial. Objetos curiosos, trajes de astronautas, pequeños simuladores, “los olores de la Luna, los controles de la base de Houston, y un simulador de gravedad cero (estropeado para mi desilusión) son algunos de los elementos que conforman estas instalaciones. Nosotros lo visitamos un día diferente del que visitamos el Kennedy Space Center. No quisimos morir de sobredosis espacial.



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