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dijous, 21 de febrer de 2013

Ilocos

La región de Ilocos, al norte de la isla de Luzón, sorprende al visitante por lo diferente que es al resto de los paisajes tropicales a los que nos tiene acostumbrados Filipinas. Los pinos invaden las zonas costeras y las montañas cercanas. Con gente más sociable de lo normal (lo cual ya de por si es difícil en este país) la región ilocana ofrece a los visitantes una gran variedad de monumentos históricos y lugares de interés patrimonio de la humanidad-UNESCO, evidenciando el rico pasado colonial del país. 

Asimismo, Ilocos ofrece numerosas posibilidades de realizar actividades deportivas y de aventura. Su gastronomía es, asimismo, única y deliciosa. Además, la zona costera de la región se encuentra bastante desarrollada (en general) con calles limpias y casas dignas. 

Nosotros llegamos al único aeropuerto de la zona, el de Laoag, dónde un mini bus nos llevó de forma gratuita hasta la estación de autobuses de la ciudad. Este servicio es único en los aeropuertos filipinos y nos empezó a dar pistas de que en Ilocos las cosas se hacen de otra manera. En efecto, durante nuestro trayecto por la capital ilocana pudimos apreciar una riqueza y orden mucho mayor que el del resto de provincias filipinas.

Una vez en la estación de buses, tomamos el PARTAS rumbo a Manila, para que nos dejara en Vigan. Tras dos horas de viaje viendo campos de maíz, arroz y tabaco llegamos a la antigua capital del norte de Luzón. Tras su candidatura y las visitas de los expertos de la UNESCO, el distrito mestizo de Vigan fue declarado patrimonio de la humanidad. Y no es para menos. Efectivamente, el estilo arquitectónico es único en su especie. Nunca había visto nada igual.

El distrito mestizo o distrito Kamestizoan fue construido por los descendientes de los comerciantes chinos que se instalaron en Vigan, por ser su puerto importantísimo en la ruta de la Seda. Estos chinos que vivían desde hacia muchas décadas en Filipinas empezaron a casarse con los españoles que llegaron y se instalaron en Vigan a partir de 1572, cuando Juan de Salcedo (nieto de Miguel López de Legaspi) toma el puerto de Vigan y se convierte en gobernador de Ilocos.

De esos matrimonios mixtos entre los que ejercían el poder político-militar (españoles de España y México) y los que ejercían el poder económico (comerciantes chinos y descendientes de chinos) surgirá la nueva elite de Vigan: los mestizos. En el siglo XIX, estos construyeron exhuberantes mansiones por todo el nuevo distrito Mestizo, con la elegante calle Crisólogo como eje vertebrador. Esta arquitectura es única en el mundo, puesto que combina elementos de la arquitectura china tradicional y mexicana colonial junto con técnicas filipinas. El primer piso de estos edificios siempre es de piedra, y se usaba como tienda, almacén y taller. Los pisos superiores, realizados en madera, tenían como centro una enorme y ventilada sala alrededor de la cual se situaban las habitaciones. En estas salas se recibía a los invitados y se vivía el dia a dia en la casa.

Todas las mansiones cuentan también con ventanas hechas en madera y conchas de capiz, un bivalvo típico de las costas filipinas que se puso de moda en el siglo XIX no sólo por su belleza y originalidad, sino por ser mucho más barato que el cristal y aguantar mejor los fuertes vientos y lluvias causados por los tifones de la época lluviosa. Pasear alrededor del distrito os hará descubrir diferentes mansiones, muchas de ellas aún residencias privadas, aunque muchas otras se han reconvertido en pequeños hoteles o museos.

Como dije, la calle principal y mas bella es la Crisólogo, empedrada tal y como estaba hace decenas de años y con sus mansiones, que ahora cuentan con todos sus bajos ocupados por tiendas de recuerdos con mejor o peor gusto. Los bancos en los que descansar están hechos con antiguos carros típicos (kalesas) lo que da un toque aún mas especial al conjunto. Además, numerosas kalesas siguen operativas, con caballos y burros que tiran de ellas y cuyos conductores nos ofrecerán dar un paseo por la ciudad subidos en el histórico medio de transporte.

Buscamos varios hoteles para poder dormir la noche del sábado y los más bonitos estaban ya ocupados, así que nos conformamos con uno que no era el más bello pero tampoco estaba nada mal: el Cordillera Inn, una antigua mansión mestiza de dos pisos llena de decoración de Santos, muebles antiguos, cruces y Vírgenes que nos recordara a más de uno a la casa de aquella tia-abuela beata que todos hemos tenido. Por 1500 pesos tendremos una habitación digna con aire acondicionado y baño privado. El desayuno viene incluido y se puede elegir entre varios tipos de desayuno filipino o continental. Recomiendo que probéis el desayuno filipino con "longanissa" de Vigan, que consta de arroz de ajo, un huevo frito, té o café y tres pequeñas longanizas típicas de la ciudad... las únicas de todo el pais que no son dulces, por cierto. Dignas de desayunarse.

El caso es que tras instalarnos en el hotel, bajamos a disfrutar del atardecer dando un paseo por la tranquila y bella calle Crisólogo, curioseando por algunas tiendas y disfrutando de su bella arquitectura, hasta llegar a la popular plaza Burgos, llena de jóvenes jugando a baloncesto, paseantes recién salidos de la misa o familias pasando la tarde en el parque. En esta plaza se encuentran los kioscos metálicos de comida tradicional ilocana que no os podéis perder, justo en la esquina con la calle Florentino. Aquí os recomiendo encarecidamente probar las deliciosas empanadas ilocanas, muy conocidas en el resto del país. Están tan buenas que enganchan. Creedme. Se hacen con una pasta de harina de arroz especiada y con un colorante naranja y se rellenan de "longanissa" de Vigan picada, col, papaya y un huevo que se cocina dentro de la propia empanada al freirla. Y aquí salen recién hechas. Un chorrito del tradicional vinagre bastará para disfrutar de esta deliciosidad. En estos kioscos también hacen okoy, unas tortillas de huevo muy fritas (tanto que quedan crujientes) rellenas de gambas enteras de tamaño medios. Asimismo, también se puede disfrutar de sinanglao recién hecho, una sopa de ternera muy rica.

Tras semejante festival gastronómico por cuatro duros como merienda seguimos paseando, admirando la catedral de San Pablo, construida en el siglo XVI y reconstruida en el siglo XVII tras dos terremotos en estilo "barroco terremoto" con gruesas y gigantescas paredes. Continuamos paseando por la otra gran plaza de Vigan, la alargada plaza Salcedo, ahora casi toda en obras, donde en un extremo tiene el neoclásico capitolio provincial, con pequeñas estatuas de los monumentos del mundo en el jardín delantero, muchas de las cuales se encuentran destrozadas, lamentablmente. 

Como ya anochecía nos dirigimos a cenar. Vigan fue uno de los primeros núcleos en mostrar su rechazo al Imperio español. De hecho, en fechas tan tempranas como 1762, Diego Silang, un lider ilocano, tomó la ciudad de Vigan gracias al apoyo inglés, proclamando la República Libre de Ilocos. Sin embargo, la rebelión pronto fue sofocada y Silang fue disparado por la espalda por uno de sus amigos, sobornado por los españoles. Su hermana, Gabriela Silang, asumió el liderazgo de la revuelta, reconquistando Vigan, aunque no por mucho tiempo. Fue la primera mujer en liderar una revuelta en Filipinas. Finalmente Gabriela fue también capturada y ahorcada en la plaza mayor de la ciudad. Digo esto porque decidimos cenar en el Café Leona, un histórico local al final de la calle Crisólogo donde poetas ilocanos se reunian para recordar a los Silang y donde ávidas tertulias surgían de tarde en tarde. En este café se siguen sirviendo platos ilocanos, especialmente el famoso bagnet (torzos de grasa de cerdo doblemente fritos) o el pinakbet, verduras de la región fritas en salsa de pescado y soja. La verdad es que no nos gustaron ninguno de los dos platos.

Al dia siguiente nos levantamos para comprar algunos recuerdos, muy baratos por cierto, y comernos alguna empanada más. Además, visitamos el Museo Crisólogo, antigua mansión de la familia mas influyente de la ciudad. Se puede admirar el estilo de vida de mediados del siglo XX en Vigan en la casa de su familia mas prominente. Los Crisólogo, además de abogados fueron una saga de congresistas y gobernadores de Ilocos Sur. En la mansión aún se conserva el Chevrolet donde la antigua gobernadora Carmeling fue tiroteada o los pantalones manchados de sangre de su marido, Floro, congresista de la región asesinado el 1970 cuando salía de la catedral de San Pablo. Lo que más nos llamó la atencion fue la antigua biblioteca, donde algunos tomos de la historia de España, escritos por el ex presidente Francisco Pi y Margall, muestran una visión critica de la cerrazón del gobierno de Madrid de la época a dar autonomía a Cuba y Filipinas a finales del XIX.

A mediodía nos dirigimos a la estacion de bus para deja Ilocos Sur y volver a Ilocos Norte. Nos bajamos en Paoay, algo antes de Laoag, para poder visitar su famosa iglesia de San Agustín, patrimonio UNESCO por su combinación única de gótico, barroco y estilo oriental, todo adaptado a los terremotos de la zona. Su construcción se demoró casi cien años. Es gigantesca aunque es una lástima que su techo se haya perdido. Ahora es un tejado metálico. Su campanario, de piedra de coral, fue utilizado por los rebeldes filipinos tanto en su lucha contra España como contra Japón.

Este tour lo empezamos con un conductor que nos llevaba en su tricycle alrededor de los principales atractivos de la zona. Seguimos hacia el lago de Paoay, una reserva de agua artificial que ha creado un paisaje único en la zona. Después seguimos hasta el Malacañang del Norte, antigua mansión familiar de los Marcos, la familia con más poder en Filipinas en los años setenta. La gran belleza de esta casa, que se conserva en perfecto estado, unido a la exposición propagandística de los años de gobierno de Ferdinand e Imelda, hacen que merezca la pena visitar esta curiosidad. La verdad es que las vistas del lago Paoay desde el jardín de la mansión merecen disfrutarse mientras nos tomamos un refresco en la elegante terraza.

Continuamos la ruta hasta llegar a las dunas de arena de Suba. Nunca imaginé ver un paisaje desértico en Filipinas. Fue tan sorprendente que decidimos hacer la actividad de la ruta en todoterreno a través de las dunas, muy divertida, de pie en la parte de detrás dando botes arriba y abajo del jeep. En las caidas por las dunas se siente algo parecido a una montana rusa. Aquí se rodaron escenas de Mad Max, entre otras películas. A mitad del recorrido nos paramos en una de las dunas más grandes para practicar la caída de duna en un trineo metálico. Divertidísimo a la vez que cansado.

La última parada fue en la playa contigua a Fort Ilocandia Casino & Resort, el mejor hotel de la región. Este elegante complejo de edificios fue construido por la familia Marcos para la recepción de boda de su hija Irene. Nos asomamos a curiosear y preguntamos precios. Resulta que había una promoción de descuento del 20% en el precio de las habitaciones. Así que sin tenerlo planificado, nos acabamos quedando debido al buen precio.

Sus cientos de habitaciones son muy espaciosas, las camas grandes y mullidas y el baño amplio, cómodo y equipado con todo lo necesario. Las zonas comunes son muy estilo ochentero aunque los toques coloniales filipinos le dan un toque de grandiosidad. Fort Ilocandia cuenta con dos restaurantes: uno de comida filipina e internacional y otro de comida china bastante bueno. Lo cierto es que el hotel suele estar lleno de taiwaneses. Esto se debe a que Taiwán esta a solo una hora de vuelo y a que en Ilocos es legal el juego y en Taiwán no.

En efecto, el hotel cuenta con un casino pequeño, en el que hay un montón de máquinas tragaperras, varias mesas de blackjack, ruletas y otros mostradores para hacer apuestas deportivas.

El hotel también cuenta con un bar y una sala de fiestas que esa noche estaba cerrada.

La gigantesca piscina es larguísima y los jardines amplios y relajantes. El hotel cuenta también con un pequeño zoo con avestruces, unos monos muy graciosos que se portan fatal, serpientes de varios tamaños, aguilas, conejos, cabras con sus cabritillos... los niños y no tan niños disfrutarán un buen rato. Otra atracción es la pista de quad frente al mar, bastante completita, dónde dar unas cuantas vueltas. Los que gusten del golf podran practicarlo en su amplio campo. Hasta se puede alquilar un globo para recorrer las dunas de arena que antes vimos en el jeep. Por último, Fort Ilocandia cuenta con cabañas en la playa desde las que disfrutar de las espectacular puestas de sol del mar del Sur de la China.

Tras nuestra última empanada en un bareto al lado del aeropuerto de Laoag nos despedimos de Ilocos, región filipina que recomiendo encarecidamente visitar puesto que ofrece historia, cultura, arquitectura, gastronomía, paisajes, naturaleza, deportes, playa y un clima mucho más agradable que el resto del pais.

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