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dijous, 21 de febrer de 2013

Ilocos

La región de Ilocos, al norte de la isla de Luzón, sorprende al visitante por lo diferente que es al resto de los paisajes tropicales a los que nos tiene acostumbrados Filipinas. Los pinos invaden las zonas costeras y las montañas cercanas. Con gente más sociable de lo normal (lo cual ya de por si es difícil en este país) la región ilocana ofrece a los visitantes una gran variedad de monumentos históricos y lugares de interés patrimonio de la humanidad-UNESCO, evidenciando el rico pasado colonial del país. 

Asimismo, Ilocos ofrece numerosas posibilidades de realizar actividades deportivas y de aventura. Su gastronomía es, asimismo, única y deliciosa. Además, la zona costera de la región se encuentra bastante desarrollada (en general) con calles limpias y casas dignas. 

Nosotros llegamos al único aeropuerto de la zona, el de Laoag, dónde un mini bus nos llevó de forma gratuita hasta la estación de autobuses de la ciudad. Este servicio es único en los aeropuertos filipinos y nos empezó a dar pistas de que en Ilocos las cosas se hacen de otra manera. En efecto, durante nuestro trayecto por la capital ilocana pudimos apreciar una riqueza y orden mucho mayor que el del resto de provincias filipinas.

Una vez en la estación de buses, tomamos el PARTAS rumbo a Manila, para que nos dejara en Vigan. Tras dos horas de viaje viendo campos de maíz, arroz y tabaco llegamos a la antigua capital del norte de Luzón. Tras su candidatura y las visitas de los expertos de la UNESCO, el distrito mestizo de Vigan fue declarado patrimonio de la humanidad. Y no es para menos. Efectivamente, el estilo arquitectónico es único en su especie. Nunca había visto nada igual.

El distrito mestizo o distrito Kamestizoan fue construido por los descendientes de los comerciantes chinos que se instalaron en Vigan, por ser su puerto importantísimo en la ruta de la Seda. Estos chinos que vivían desde hacia muchas décadas en Filipinas empezaron a casarse con los españoles que llegaron y se instalaron en Vigan a partir de 1572, cuando Juan de Salcedo (nieto de Miguel López de Legaspi) toma el puerto de Vigan y se convierte en gobernador de Ilocos.

De esos matrimonios mixtos entre los que ejercían el poder político-militar (españoles de España y México) y los que ejercían el poder económico (comerciantes chinos y descendientes de chinos) surgirá la nueva elite de Vigan: los mestizos. En el siglo XIX, estos construyeron exhuberantes mansiones por todo el nuevo distrito Mestizo, con la elegante calle Crisólogo como eje vertebrador. Esta arquitectura es única en el mundo, puesto que combina elementos de la arquitectura china tradicional y mexicana colonial junto con técnicas filipinas. El primer piso de estos edificios siempre es de piedra, y se usaba como tienda, almacén y taller. Los pisos superiores, realizados en madera, tenían como centro una enorme y ventilada sala alrededor de la cual se situaban las habitaciones. En estas salas se recibía a los invitados y se vivía el dia a dia en la casa.

Todas las mansiones cuentan también con ventanas hechas en madera y conchas de capiz, un bivalvo típico de las costas filipinas que se puso de moda en el siglo XIX no sólo por su belleza y originalidad, sino por ser mucho más barato que el cristal y aguantar mejor los fuertes vientos y lluvias causados por los tifones de la época lluviosa. Pasear alrededor del distrito os hará descubrir diferentes mansiones, muchas de ellas aún residencias privadas, aunque muchas otras se han reconvertido en pequeños hoteles o museos.

Como dije, la calle principal y mas bella es la Crisólogo, empedrada tal y como estaba hace decenas de años y con sus mansiones, que ahora cuentan con todos sus bajos ocupados por tiendas de recuerdos con mejor o peor gusto. Los bancos en los que descansar están hechos con antiguos carros típicos (kalesas) lo que da un toque aún mas especial al conjunto. Además, numerosas kalesas siguen operativas, con caballos y burros que tiran de ellas y cuyos conductores nos ofrecerán dar un paseo por la ciudad subidos en el histórico medio de transporte.

Buscamos varios hoteles para poder dormir la noche del sábado y los más bonitos estaban ya ocupados, así que nos conformamos con uno que no era el más bello pero tampoco estaba nada mal: el Cordillera Inn, una antigua mansión mestiza de dos pisos llena de decoración de Santos, muebles antiguos, cruces y Vírgenes que nos recordara a más de uno a la casa de aquella tia-abuela beata que todos hemos tenido. Por 1500 pesos tendremos una habitación digna con aire acondicionado y baño privado. El desayuno viene incluido y se puede elegir entre varios tipos de desayuno filipino o continental. Recomiendo que probéis el desayuno filipino con "longanissa" de Vigan, que consta de arroz de ajo, un huevo frito, té o café y tres pequeñas longanizas típicas de la ciudad... las únicas de todo el pais que no son dulces, por cierto. Dignas de desayunarse.

El caso es que tras instalarnos en el hotel, bajamos a disfrutar del atardecer dando un paseo por la tranquila y bella calle Crisólogo, curioseando por algunas tiendas y disfrutando de su bella arquitectura, hasta llegar a la popular plaza Burgos, llena de jóvenes jugando a baloncesto, paseantes recién salidos de la misa o familias pasando la tarde en el parque. En esta plaza se encuentran los kioscos metálicos de comida tradicional ilocana que no os podéis perder, justo en la esquina con la calle Florentino. Aquí os recomiendo encarecidamente probar las deliciosas empanadas ilocanas, muy conocidas en el resto del país. Están tan buenas que enganchan. Creedme. Se hacen con una pasta de harina de arroz especiada y con un colorante naranja y se rellenan de "longanissa" de Vigan picada, col, papaya y un huevo que se cocina dentro de la propia empanada al freirla. Y aquí salen recién hechas. Un chorrito del tradicional vinagre bastará para disfrutar de esta deliciosidad. En estos kioscos también hacen okoy, unas tortillas de huevo muy fritas (tanto que quedan crujientes) rellenas de gambas enteras de tamaño medios. Asimismo, también se puede disfrutar de sinanglao recién hecho, una sopa de ternera muy rica.

Tras semejante festival gastronómico por cuatro duros como merienda seguimos paseando, admirando la catedral de San Pablo, construida en el siglo XVI y reconstruida en el siglo XVII tras dos terremotos en estilo "barroco terremoto" con gruesas y gigantescas paredes. Continuamos paseando por la otra gran plaza de Vigan, la alargada plaza Salcedo, ahora casi toda en obras, donde en un extremo tiene el neoclásico capitolio provincial, con pequeñas estatuas de los monumentos del mundo en el jardín delantero, muchas de las cuales se encuentran destrozadas, lamentablmente. 

Como ya anochecía nos dirigimos a cenar. Vigan fue uno de los primeros núcleos en mostrar su rechazo al Imperio español. De hecho, en fechas tan tempranas como 1762, Diego Silang, un lider ilocano, tomó la ciudad de Vigan gracias al apoyo inglés, proclamando la República Libre de Ilocos. Sin embargo, la rebelión pronto fue sofocada y Silang fue disparado por la espalda por uno de sus amigos, sobornado por los españoles. Su hermana, Gabriela Silang, asumió el liderazgo de la revuelta, reconquistando Vigan, aunque no por mucho tiempo. Fue la primera mujer en liderar una revuelta en Filipinas. Finalmente Gabriela fue también capturada y ahorcada en la plaza mayor de la ciudad. Digo esto porque decidimos cenar en el Café Leona, un histórico local al final de la calle Crisólogo donde poetas ilocanos se reunian para recordar a los Silang y donde ávidas tertulias surgían de tarde en tarde. En este café se siguen sirviendo platos ilocanos, especialmente el famoso bagnet (torzos de grasa de cerdo doblemente fritos) o el pinakbet, verduras de la región fritas en salsa de pescado y soja. La verdad es que no nos gustaron ninguno de los dos platos.

Al dia siguiente nos levantamos para comprar algunos recuerdos, muy baratos por cierto, y comernos alguna empanada más. Además, visitamos el Museo Crisólogo, antigua mansión de la familia mas influyente de la ciudad. Se puede admirar el estilo de vida de mediados del siglo XX en Vigan en la casa de su familia mas prominente. Los Crisólogo, además de abogados fueron una saga de congresistas y gobernadores de Ilocos Sur. En la mansión aún se conserva el Chevrolet donde la antigua gobernadora Carmeling fue tiroteada o los pantalones manchados de sangre de su marido, Floro, congresista de la región asesinado el 1970 cuando salía de la catedral de San Pablo. Lo que más nos llamó la atencion fue la antigua biblioteca, donde algunos tomos de la historia de España, escritos por el ex presidente Francisco Pi y Margall, muestran una visión critica de la cerrazón del gobierno de Madrid de la época a dar autonomía a Cuba y Filipinas a finales del XIX.

A mediodía nos dirigimos a la estacion de bus para deja Ilocos Sur y volver a Ilocos Norte. Nos bajamos en Paoay, algo antes de Laoag, para poder visitar su famosa iglesia de San Agustín, patrimonio UNESCO por su combinación única de gótico, barroco y estilo oriental, todo adaptado a los terremotos de la zona. Su construcción se demoró casi cien años. Es gigantesca aunque es una lástima que su techo se haya perdido. Ahora es un tejado metálico. Su campanario, de piedra de coral, fue utilizado por los rebeldes filipinos tanto en su lucha contra España como contra Japón.

Este tour lo empezamos con un conductor que nos llevaba en su tricycle alrededor de los principales atractivos de la zona. Seguimos hacia el lago de Paoay, una reserva de agua artificial que ha creado un paisaje único en la zona. Después seguimos hasta el Malacañang del Norte, antigua mansión familiar de los Marcos, la familia con más poder en Filipinas en los años setenta. La gran belleza de esta casa, que se conserva en perfecto estado, unido a la exposición propagandística de los años de gobierno de Ferdinand e Imelda, hacen que merezca la pena visitar esta curiosidad. La verdad es que las vistas del lago Paoay desde el jardín de la mansión merecen disfrutarse mientras nos tomamos un refresco en la elegante terraza.

Continuamos la ruta hasta llegar a las dunas de arena de Suba. Nunca imaginé ver un paisaje desértico en Filipinas. Fue tan sorprendente que decidimos hacer la actividad de la ruta en todoterreno a través de las dunas, muy divertida, de pie en la parte de detrás dando botes arriba y abajo del jeep. En las caidas por las dunas se siente algo parecido a una montana rusa. Aquí se rodaron escenas de Mad Max, entre otras películas. A mitad del recorrido nos paramos en una de las dunas más grandes para practicar la caída de duna en un trineo metálico. Divertidísimo a la vez que cansado.

La última parada fue en la playa contigua a Fort Ilocandia Casino & Resort, el mejor hotel de la región. Este elegante complejo de edificios fue construido por la familia Marcos para la recepción de boda de su hija Irene. Nos asomamos a curiosear y preguntamos precios. Resulta que había una promoción de descuento del 20% en el precio de las habitaciones. Así que sin tenerlo planificado, nos acabamos quedando debido al buen precio.

Sus cientos de habitaciones son muy espaciosas, las camas grandes y mullidas y el baño amplio, cómodo y equipado con todo lo necesario. Las zonas comunes son muy estilo ochentero aunque los toques coloniales filipinos le dan un toque de grandiosidad. Fort Ilocandia cuenta con dos restaurantes: uno de comida filipina e internacional y otro de comida china bastante bueno. Lo cierto es que el hotel suele estar lleno de taiwaneses. Esto se debe a que Taiwán esta a solo una hora de vuelo y a que en Ilocos es legal el juego y en Taiwán no.

En efecto, el hotel cuenta con un casino pequeño, en el que hay un montón de máquinas tragaperras, varias mesas de blackjack, ruletas y otros mostradores para hacer apuestas deportivas.

El hotel también cuenta con un bar y una sala de fiestas que esa noche estaba cerrada.

La gigantesca piscina es larguísima y los jardines amplios y relajantes. El hotel cuenta también con un pequeño zoo con avestruces, unos monos muy graciosos que se portan fatal, serpientes de varios tamaños, aguilas, conejos, cabras con sus cabritillos... los niños y no tan niños disfrutarán un buen rato. Otra atracción es la pista de quad frente al mar, bastante completita, dónde dar unas cuantas vueltas. Los que gusten del golf podran practicarlo en su amplio campo. Hasta se puede alquilar un globo para recorrer las dunas de arena que antes vimos en el jeep. Por último, Fort Ilocandia cuenta con cabañas en la playa desde las que disfrutar de las espectacular puestas de sol del mar del Sur de la China.

Tras nuestra última empanada en un bareto al lado del aeropuerto de Laoag nos despedimos de Ilocos, región filipina que recomiendo encarecidamente visitar puesto que ofrece historia, cultura, arquitectura, gastronomía, paisajes, naturaleza, deportes, playa y un clima mucho más agradable que el resto del pais.

diumenge, 10 de febrer de 2013

¡Viaja, que eres joven!

Buceando por Internet encontre un artículo interesantísimo sobre por qué tenemos que aprovechar la juventud para viajar. Tanto me gusto que os lo ofrezco aquí, traducido del inglés al castellano:

"Mientras escribo esto, estoy volando. Es increíble como se puede estar suspendido en el aire, moviéndose a doscientas millas la hora mientras se lee una revista. Sorprendente.

Me levanté a las tres de la manaña, mucho antes que saliera el sol. Treinta personas cargamos tres mini buses y conducimos dos horas hasta el aeropuerto de San Juan. Nuestro viaje había acabado. Era el momento de volver a casa. Pero nosotros habíamos cambiado.

Mientras espero sentado a que la azafata me traiga mi refresco,me planteo porque viajo. La otra noche recordé el por qué lo hago y el porque de mi disciplina en empeñarme en viajar mucho  y como esto compensa todas las molestias causadas.

Estábamos liderando un viaje misionero en Puerto Rico. Tras el dia de trabajo, mientras volvíamos a la iglesia donde nos quedábamos, una joven me preguntó: Crees que debo ir a la universidad o mudarme a Africa?

Le dije que viajara. Sin excusas, que simplemente fuera. Ella empezó a asentir aunque soltó el típico "sí, pero..."

He escuchado esta excusa antes y no me la creo. Conozco ese "sí, pero..." de forma personal y lo he dicho alguna que otra vez. Las palabras parecen suficientemente inocentes pero en realidad, decirlas trae consecuencias fatales.

Sí, pero …
… y la deuda que voy a generar?
… y mi trabajo?
… y mi pareja?

Estas frases son letales. Nos hacen parecer como que tenemos la mejor de las intenciones pero en realidad estamos demasiado asustados de lo que debemos hacer. Estas frases nos permiten ser cobardes y sonar como si fuéramos valientes y nobles.

Mucha gente que conozco que ha esperado a viajar por el mundo nunca lo ha hecho. En cambio, mucha gente que ha esperado para graduarse o conseguir un buen trabajo lo ha conseguido después de haber viajado mucho.

Esto me recordó al Doctor Eisenhautz y el vestuario.

El Dr. Eisenhautz era un profesor alemán en mi universidad. Yo no estudié alemán pero como estudiante de lenguas extranjeras conocia a casi todo el resto de profesores. Esto explica el por qué empezamos una conversación a las seis de la manana.

Yo iba a empezar el gimnasio y él ya acababa. Estábamos cambiándonos en el vestuario cuando me preguntó: “Vienes a menudo?” . Casi me da la risa.  “Um, si, creo” respondí.  “Eso está muy bien,” me dijo. “Perfecto.”

Asentí sin prestar demasiada atención. Yo llevaba ya varias semanas yendo al gimnasio unas tres veces a la semana.

“Estupendo” decia el Dr. Eisenhautz. Y fue entonces cuando dijo una de las frases más profundas que he escuchado en mi vida:

“Los hábitos que te formas ahora te acompañaran el resto de tu vida”


Me quede paralizado mientras el profesor se despedía y salía del vestuario. Las palabras rebotaron en mi mente durante el resto del dia. Años después, aún me afectan sobremanera. Es cierto, los hábitos que tomas en tus primeras etapas de la vida serán, casi siempre, los que estén contigo el resto de tu existencia.

Este hecho lo he comprobado de forma constante. Mis amigos que más bebían en exceso durante la universidad, por ejemplo, lo siguen haciendo hoy dia. Antes le llamábamos a eso "salir de fiesta". Ahora tiene un nombre menos glamuroso: alcoholismo. Hay más ejemplos. Los chicos y chicas que se acostaban con unos y otros ahora tienen bebés y matrimonios con infidelidades. Y los que no tenían ambiciones siguen trabajando en los mismos trabajos sin futuro. 


“Somos lo que hacemos repetidamente,” dijo Aristóteles. No quiero sonar pesimista y seguramente la vida puede dar un cambio brusco en cualquier momento. Pero hay una gran lección en todo lo que os estoy contando: la vida es el resultado de hábitos intencionados. Por eso me decidí por hacer primero las cosas más importantes para mí, y no lo último.

Tras graduarme, me uní a una banda y recorrí toda Norteamérica durante nueve meses. Eramos seis amigos. Tocamos en escuelas, iglesias y prisiones. Incluso pasamos un mes en Taiwan durante nuestro tour de ultramar. 

Como parte de nuestro viaje de bajo coste, normalmente nos quedamos en casa de la gente. Y siempre salía el mismo tema de conversación en cenas y sobremesas. Algún adulto bienintencionado decía "es genial que hagáis esto... mientras aún sois jóvenes".

Ups.  Estas últimas palabras — mientras aún sois jóvenes— eran como un chorro de zumo de limón en el ojo. Odiaba esa frase.

Quería gritarles,

“No, esto no es genial sólo mientras sea joven! Es genial para el resto de mi vida!No entiendes. Esto no es sólo algo que hago para matar tiempo. Esta es mi vocación! Mi vida! No quiero lo que tienes. Siempre seré un aventurero.”

Ahora que apenas me falta un año para cumplir los treinta me doy cuenta que estaba equivocado en algunas cosas. Aquellos adultos tenían algo de sabiduría en sus palabras, fueran cuales fueran sus intenciones.

A medida que nos hacemos mayores, la vida nos va imponiendo cosas. Sea lo que sea lo que acabemos haciendo, al final acabaremos con más responsabilidades, más barreras y más obligaciones. Esto no es siempre algo malo. De hecho, en muchos casos será algo muy bueno. Significará que estamos influenciando a gente y dejando un legado.

Pero hay que aprovechar la juventud por ser el tiempo del poder total. Es cuando tenemos lo que queremos. A medida que vamos madurando asumimos nuevas responsabilidades, pero es importante no perder de vista las cosas importantes. La mejor manera de conseguir esto es invertir en tu juventud lo que quieres que tenga efecto años más tarde.

Yo invertí en viajar. No por el simple hecho de ser un turista, sino para descubrir la belleza de la vida, para recordar que no estoy completo.

No hay nada como cruzar en bici el Golden Gate o ver el Coliseo al atardecer. Ojalá pudiera pintar un cuadro sobre cómo de increíbles se ven las montañas de Guatemala o lo divertido que es aparecer en la televisión italiana.  Ni siquiera las increíbles fotos que tengo de las cataratas del Niágara y del paisaje del Medio Oeste americano se acercan a las gran experiencia que es disfrutar de esto en directo. No os puedo explicar lo bello que es el paisaje del sur de España desde un tren: tienes que experimentarlo tu mismo.  No hay otra manera.

Mientras seas joven, debes viajar. Debes sacar tiempo para ver el mundo y degustar todo lo que la vida ofrece. Pasa una tarde sentado frente al David de Miguel Angel. Pasea por las calles de Paris. Escala el Kilimanjaro. Haz senderismo por el camino de los Apalaches. Admira la Gran Muralla China. Haz que se te parta el corazón el los campos de la muerte de Camboya. Nada a través de la Gran Barrera de Coral. Estos serán los momentos que definirán el resto de tu vida. Son experiencias que se pegan a ti para siempre.

Viajar te cambia como pocas cosas pueden cambiarte. Te pone en lugares en los que estás forzado a preocuparte de cosas mayores que tu mismo. Te hace empezar a entender que el mundo es muy grande y muy pequeño a la vez. Encontrarás un nuevo respeto y sentido al dolor y sufrimiento, cuando veas a dos tercios de la humanidad luchando por poder tener una comida al dia.

Mientras aun seas joven, culturízate. Conoce el mundo y la maravillosa gente que lo habita. El mundo es un lugar sorprendente, lleno de obras de arte sin igual. Conócelas.

No serás siempre joven. Y la vida no será siempre sólo preocuparte de tí mismo. Así que viaja, joven. Experimenta que el mundo merece la pena. Conviértete en una persona de cultura, aventurera y compasiva. Mientras aún puedas.

No malgastes este momento. No lo tendrás nunca más. Tienes una oportunidad crucial de invertir ahora en la próxima etapa de tu vida. Sea lo que sea que siembres, crecerá. Los hábitos que formes en este momento se te pegarán para toda la vida. Así que elige tus hábitos sabiamente.

Y si ya no eres tan joven como te gustaría (cómo nos pasa a la mayoría) viaja de todas formas. Puede que no sea tan fácil ni tan práctico, pero merece la pena. Viajar siempre te hará sentir más conectado al resto de la humanidad de manera profunda y duradera, como nada puede hacerlo. En otras palabras, viajar te hace más humano.

O al menos, ese es el efecto que tuvo en mí."

Podéis leer la versión original en inglés pinchando aquí.

dimarts, 5 de febrer de 2013

Legaspi & Donsol

Uno de los destinos que está creciendo en estos momentos en Filipinas es la costa de Donsol y alrededores. Sobretodo en los meses de enero, febrero, marzo y abril. Esto se debe a que, además del atractivo de tener el volcán más bonito de Filipinas (y uno de los más peligrosos del mundo) y contar con preciosas iglesias barrocas de piedra volcánica, de buenas playas y de la picante gastronomía bicolana, Donsol ofrece hacer snorkel con tiburones ballena, una de las actividades más originales y a la vez sencillas que hacer en Filipinas.

Los bajos precios son otro factor decisivo para que todo el mundo pueda acceder a esta zona. Por algo menos de 50 euros (2500 PHP) la noche se encuentran habitaciones para cuatro en hoteles de calidad media, con piscina, restaurantes decentes y primera línea de playa. Nosotros fuimos al Vitton Beach Resort, por recomendación de unos amigos que habían estado el fin de semana anterior. Lo bueno de este hotel es que está literalmente pegado a la oficina local del centro de visitas, por lo que es comodísimo para las salidas para el snorkel. Su piscina tiene unas vistas increíbles al mar y su barecito y restaurante son muy agradables y con comida de calidad media. Si sois cuatro, dispone de numerosas habitaciones que dan al mar, con lo que podréis dormir al son de las olas.

Aterrizamos en el pequeño aeropuerto de Legazpi, a los pies del gigantesco y perfecto volcán Mayon. En bicolano (la lengua local), su nombre deriva del vocablo "magayon" que quiere decir belleza. Y en efecto, el Mayon es hipnóticamente bello y aparentemente sereno, con su permanente columna de humo saliendo del altísimo cráter a 2462 metros de altura. Sin embargo, no os dejéis engañar: se trata de uno de los volcanes más peligrosos del mundo, con más de 15 fuertes explosiones desde 1900, con muchísimos muertos a cuestas.

Rápidamente tomamos un taxi y nos dirigimos hacia Donsol, en la costa de Sorsogon, a una hora de Legazpi. Allí nos quedaríamos en el Vitton. Una vez instalados nos fuimos a su bello restaurante, sin ventanas y decorado de forma sencilla pero con gusto. La carta dispone de varios platos de comida filipina e internacional, con un apartado para la gastronomía bicolana, que personalmente tenía ganas de disfrutar. Por supuesto, el famoso Bicol exprés tenía su sitio allí. El plato por excelencia de la región consiste en trozos de cerdo con gambitas, ajo, cebolla y sili, el tradicional pimiento picante rojo bicolano, todo cocinado en leche de coco. La comida de Bicol es curiosa por ser la única picante en Filipinas y de las pocas que usa la leche de coco. De ahí que sea tan conocida en el país. Otra opción bicolana es es pinangat natong, unas verduras que crecen en las faldas del Mayon y que se cocinan también con leche de coco. Aunque una de las favoritas es el "cocido", una sopa de atún con verduras, hortalizas y picante bicolano que sabe a gloria, sobretodo acompañada de arroz de ajo.

Además de la comida bicolana, el restaurante cuenta como dije con platos de la gastronomía filipina en general. Recomiendo encarecidamente las gambas (siempre frescas, baratas y deliciosas), el filete de atún a la parrilla con cebolla caramelizada así como el kilawin, el famoso ceviche filipino, que aquí lo hacen, como no, con trozos de atún fresco, delicioso.

La piscina es muy bonita, por estar situada justo al lado del mar, rodeada de palmeras y con unas vistas preciosas. Esa misma tarde, al anochecer, tomamos un tricycle y nos dirigimos hacia el centro de Donsol para tomar una barquita que nos lleva río Dancalan arriba para ver las luciérnagas. En mitad de una noche con luna llena y algunas nubes enfilamos hacia zonas más oscuras y de pronto apareció una palmera llena de lo que parecían lucecitas de navidad. Las pequeñas luciérnagas iluminaban las ramas y hojas de forma simultánea. En uno de los arbustos, el guía sacudió algo la planta y cayeron un montón de luciérnagas que una amiga se ponía en la mano para mostrárnoslas. Es curioso ver estos pequeños escarabajos con una bola luminosa en la barriga. Las luciérnagas son animales que toleran muy mal la contaminación  Por eso, la gente de ciudad no estamos habituada a disfrutar de estos curiosos animales. El viento fresco nos refrescaba la cara mientras las palmeras hacían crujir sus palmas suavemente.

Al día siguiente madrugamos para hacer el esperado snorkel con los tiburones ballena que por estas fechas recalan en Donsol. No sin antes comernos un buen desayuno filipino: café, zumo de mango, arroz de ajo, huevo frito y, en este caso, longanissa de Donsol, pequeñitas, rojas y dulces. Tras ver un vídeo explicativo en el centro turístico y pagar las correspondientes tasas, nos subimos a la tradicional bangka motorizada a recorrer la bahía en busca de unos de los peces más grandes del mundo. Los butanding (nombre bicolano) son peces herbívoros de gran tamaño, casi 13 metros de largo, con forma de tiburón y pequeños puntitos blancos alrededor de su cuerpo. Su gran boca puede asustar pero no tiene apenas dientes.

Teníamos que estar listos con las aletas y las gafas para lanzarnos en cuanto nos dieran la orden pero, tras cuatro horas de rastreo, los kuyas se dieron por vencidos. Tuvimos la mala suerte que ese día la madre naturaleza no acercó a ningún butanding a la superficie. Ahora bien, entendimos perfectamente el porque de la variedad y calidad de los platos a base de atún. Estos peces saltaban de forma impactante en diferentes bancos a lo largo de la bahía mientras la recorríamos con la banka en búsqueda de los butanding.

Lo bueno fue que nos hizo solecito, temperaturas agradables y sobretodo, el precioso paisaje de miles de palmeras cocoteras con el impresionante monte Mayon de fondo. Me recordó muchísimo a la película de King Kong.

Tras la mañana navegando teníamos muchísima hambre así que volvimos al restaurante. Tras saciarnos, nada mejor que tumbarse en la piscina y relajarse con el sonido del mar, las palmeras y los colores del cielo. Al día siguiente madrugamos de nuevo para visitar algunas de las iglesias que hay por la zona. Contratamos un taxi para toda la mañana. Paramos primero en la iglesia de Daraga, de estilo barroco colonial y hecha con piedra volcánica. Lástima que estaba nublado puesto que las vistas del monte Mayon desde aquí son francamente impresionantes. 8 kilómetros más allá de Legazpi se encuentran las ruinas de Cagsawa, un campanario de piedra negra lleno de vegetación, rodeado por las ruinas de la vieja iglesia derruida por una explosión del Mayon en 1814. 1200 personas que buscaron refugio aquí justo después de la explosión murieron enterradas vivas. Es bastante curioso, especialmente por las preciosas vistas del volcán, las palmeras cocoteras y los campos de arroz.

Hay dos pequeñas piscinas bastante aceptables en uno de los lados por si queremos refrescarnos. Al otro se agolpan una enorme cantidad de tiendecitas de orquídeas, artesanía bicolana de cestería, productos a base de las famosas nueces Pili (típicas de la región), souvenirs, cocos... Por cierto, cocos de gran calidad, con mucha agua de coco en su interior y pulpa suave. La verdad es que vale la pena dedicar una hora a pasear por estos puestos. Los productos artesanales son realmente buenos y bonitos, y los precios son de auténtica risa. Quedaréis estupendamente con familia y amigos por casi nada.

El viaje acabó en Albay, el distrito más bullicioso de Legazpi, donde se concentran los negocios y los restaurantes más aceptables. Elegimos el Small Talk Café, en Doña Aurora Street (perpendicular a la National Highway). Las guías y periódicos hablan de este pequeño restaurante por su innovación al fusionar comida italiana y bicolana. Parece difícil mezclar los platos de Italia con ingredientes como el chile y la leche de coco así como los diferentes procesos. Pero en efecto, aquí podremos pedir el Bicol exprés en pasta, sandwiches rebozados rellenos de pinangat (vegetales en leche de coco) o pizzas bicolanas. Y por supuesto sus deliciosos postres con las famosas nueces Pili por todo lado, ya sea en la tarta o en el bizcocho de ron.

En fin, muchas cosas me dejo que ver en Bicol, no sólo los butanding sino también otras atracciones como la famosa playa de arena rosa, el snorkel con rayas-manta y las rutas ciclistas por el monte Mayon. Espero poder volver en un tiempo y tener más suerte con la madre naturaleza...