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dimarts, 1 de juliol de 2014

Ramadan

Viajar no es solo acumular lugares como quién acumula sellos o monedas. Viajar es acumular experiencias, es mezclarse con los locales, con las personas que viven el día a día del lugar que estamos visitando. Es aprender algunas palabras en las lenguas que hablan, comprar algún producto nuevo en sus supermercados o bailar en sus discotecas. 

Ayer tuve la gran ocasión de ser acogido por una familia argelina para compartir con ellos por primera vez en mi vida el "ftur" o la ruptura del ayuno, rito que siguen los musulmanes todas las tardes justo después de la puesta de sol del mes sagrado del Ramadán. Durante el noveno mes del calendario musulmán los fieles deben abstenerse de comer, beber (incluída el agua), fumar o tener relaciones sexuales. El caso es que uno de mis compañeros de oficina, un simpático estadounidense, está comprometido con una argelina por lo que me invitaron a ver el partido Argelia-Alemania en casa de su familia así como a compartir con ellos el segundo ftur del Ramadán. Como sabía que me esperaba muchísima comida, ese día hice ayuno y me limité a beber agua. Si no lo hubiera hecho, hubiera sido imposible comerme todo el festín y es importante saber que es muy maleducado no comer todos los platos que forman el rito del ftur.

La terraza de la casa, situada a orillas del Mediterráneo, estaba recubierta de bellas alfombras con una mesa baja repleta de comida todo rodeado por elegantes y modernas lámparas. Empezaba la puesta de sol, esas que solo el mediterráno ofrece, con sus fuertes tonos anaranjados, mientras la media luna creciente aparecía en el horizonte. La comida que se sirvió es la tradicional del sur de Argelia, ya que son una familia de comerciantes provenientes del sur argelino y de Mali. Por eso, en cuanto se puso el sol, la ruptura del ayuno empieza con dátiles de primera calidad y leben (leche fermentada) servida en cuencos de barro. Con esto, se recuerda la tradición del Profeta Mahoma que siempre rompía el ayuno con estos dos productos y además se habitúa al estómago para la gran cantidad de comida que va a recibir tras un día entero de ayuno, hidratándolo con el leben (que recubre los intestinos) y haciendo recuperar al cuerpo los niveles normales de glucosa a través de los dulces dátiles. El leben es además símbolo de hospitalidad y fertilidad.

Después nos sirvieron la harira, una sopa del Sahara muy especiada, casi picante y bastante espesa que estaba deliciosa. Se acompaña con los tradicionales boureks, rollos de hojaldre rellenos de pollo o carne de res picada con especias y menta. 

La comida continuó con una variedad de entrantes que en mi caso fueron un delicioso hummus casero, una ensalada tradicional de la zona con tomates, pimientos y pepinos así como un plato a base de berenjena asada, todo acompañado de una variredad de panes de las diversas regiones de Argelia, entre los que me decanto por la "galette" o "kesra", un plan plano y redondo con muy poca levadura a base de sémola. Llegaron también los zumos naturales: limón a la menta, naranja, uno morado a base de flor de hibiscus y uno muy fuerte de jengibre, que sin embargo está delicioso si se mezcla con el de hibiscus. Y así hice siguiendo los consejos de la familia. En este momento se suele hacer una pequeña pausa donde se aprovecha para charlar, pero como el partido estaba en marcha aprovechamos para verlo. 

Tras la pausa llega el plato fuerte, en este caso un delicioso tajine de pollo y res en salsa de olivas con otras verduras. Se puede comer con las manos y acompañar de una salsa dulce de canela a base de frutos secos como cacahuetes, avellanas, pasas, orejones y ciruelas. 

Después se sirven los platos llenos de frutas frescas de temporada, como bananas, cerezas, melocotones, nectarinas... y finalmente llega el momento de los dulces típicos, llenos de miel. El más tradicional es el kalb el louz, un pastel a base de sémola, almendras y azahar muy jugoso gracias a su sirope de miel, que se come acompañado del té a la menta preparado a la manera tradicional del desierto, servido tres veces durante la noche, la primera muy fuerte, la segunda de sabor medio y la tercera ya con las hojas utilizadas y por tanto con un sabor mucho más suave. Por supuesto, también habían pasteles de estilo occidental así como otros pasteles argelinos, especialmente uno de coco y azahar buenísimo.

La ruptura del ayuno, por tanto, es una experiencia gastronómica pero también muy humana, en la que las familias se reúnen y cada noche reciben a amigos o invitados diferentes en veladas que se alargan hasta la madrugada, muchas veces hasta las tres o cuatro de la mañana, cuando se dirigen a la mezquita para la primera oración de la jornada y tras la plegaria, se acuestan tras haber comido alguna fruta y haber bebido abundantemente. Cuando se levanten al día siguiente, no podrán comer ni beber hasta la puesta del sol. Aprovecho para desear a todos mis lectores musulmanes Ramadan Kareem, Ramadan Mubarak!

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