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divendres, 5 de juny de 2015

Gozo

Toda visita al archipiélago maltés que se precie no puede ignorar pasar, al menos un día, en Gozo, la segunda isla del país. Una de las formas más rápidas de llegar es alquilando un coche para llegar a la terminal de ferries de Cirkewwa. De ahí, uno puede subir el coche al barco. Tras un corto trayecto se llega al puerto de Gozo.

Empezamos por Victoria, la capital de la isla, desde cuya ciudadela se puede atisbar la casi totalidad del territorio. La historia de Gozo está plagada de invasiones de todo tipo: corsarios, sarracenos... en numerosas épocas los locales fueron sometidos a la esclavitud. Es por ello que en 1565, tras un gran asedio, los caballeros de la Orden decidieron poner punto y final a la situación fortificando la Ciudadela para dar protección a la población. De hecho, hasta 1637 fue obligatorio por ley para todos los ciudadanos pasar la noche puertas adentro por su seguridad.

Con el Mediterráneo pacificado, la población empezó de nuevo a asentarse en los alrededores de la ciudadela y así nació Rabat, que en maltés, al igual que en árabe, significa "lugar fortificado". Lo cierto es que la imponente ciudadela, que domina parte del paisaje de la isla es digna de visitarse, especialmente su plaza de la catedral, toda de color de la arenisca de las rocas que forman el suelo y las construcciones circundantes, así como las empinadas escalinatas del templo religioso.

Nosotros, paseamos por sus murallas admirando los campos, montañas y el mar. Destacan las vistas de la imponente iglesia de Xewkija, y su enorme cúpula. Algo despistados, acabamos en nuestro recorrido por las murallas acabamos entrando por error en una zona en construcción con varios obreros mirandonos con cara de incredulidad. Por cierto, las callejuelas de la ciudad baja también tienen gran encanto.

Para almorzar nos dirigimos al pequeño pueblecito de Xlendi, situado en una cala rocosa, donde hay un restaurante muy popular: The Boat House. Además de las relajantes vistas, destaca su amplia carta con numerosos platos tradicionales malteses centrados en los productos del mar, empezando  por las pastas. Pedimos los raviolis rellenos de langosta, bastante sabrosos. Pero antes nos sirvieron unos pequeños entrantes de cortesía, con la típica mantequilla de ajo incluída. Como primer plato pedimos el tradicional queso de Gozo frito servido con una buena ensalada aliñada con chutney de mango. Me llamó mucho la atención la amabilidad del servicio así como la calidad y frescura de sus productos.


Una vez satisfechos, continuamos rumbo hacia uno de los puntos más turísticos de Gozo: la famosa ventana azul o "azure window", una bella formación natural rocosa en forma de arco situada en la bahía de Dwejra. Las combinación del luminoso sol Mediterráneo con el color de la roca y el azul intenso del mar es impagable. Aunque oficialmente está prohibido subirse debido al riesgo de caídas (y así se indica en numerosos carteles), nosotros hicimos caso omiso y nos adentramos un poquito en la cima del arco para disfrutar de las bellas vistas y hacernos algunas fotos. 

La visita acabó en las salinas de Qbajjar, mucho menos frecuentadas por el turismo que la ventana azul. De hecho, nosotros estuvimos totalmente solos, disfrutando de esta construcción de la época romana. Al subir la marea, una serie de canales colocan el agua en diferentes balsas de muy poca profundidad (menos de 20 centímetros) en las que el agua pasa el día y se va evaporando debido al calor del sol, quedando en el fondo los cristales de salmuera de los que se obtiene la sal. A esa hora de la tarde era impresionante admirar el fortísimo oleaje que sacudía con fuerza la rocosa costa y disfrutar del contraste tan bello entre estas salinas y el Mediterráneo. Debido a la erosión de siglos, el fondo de estas balsas artificiales es enormemente suave al tacto. Fue una experiencia muy relajante.


Gozo es más rural y natural que la isla de Malta. Un viaje al país quedará cojo si no conocéis esta isla, que incluso tiene un Ministerio entero dedicado a su gestión. Un último consejo, no os metáis en caminos no asfaltados aunque los GPS os lo digan.  Nosotros nos perdimos en varias ocasiones y en una casi derrapamos y acabamos en un barranco debido a la estrema estrechez de dichas vías. Lo mejor es no salirse de las carreteras asfaltadas. Así que desconectad el GPS y seguid las señales o preguntad a los locales. Os irá mejor. 

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