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dissabte, 16 de juliol de 2016

Echmiadzin, Garni y Geghard

Desde Ereván hay dos buenas excursiones que tuve la suerte de hacer. La primera fuera a Echmiadzin, sede de la Iglesia Apostólica Armenia. A tan solo 20 kilómetros desde Ereván, fue aquí desde donde San Gregorio el Iluminador, convenció al rey de Armenia de convertir su reino al cristianismo y mandó construir la primera catedral cristiana. Es por eso que aquí se encuentran los edificios de culto cristiano más antiguos del mundo. El santo tuvo una visión de Jesucristo bajando del cielo y dando martillazos con un martillo de oro, indicando donde debía ser construido el templo. La catedral de Echmiadzin ha sido reconstruida y ampliada docenas de veces, por lo que para ver edificios originales es mejor dirigirse a las tres pequeñas iglesias que hay en la población. 

Estas antiquísimos templos tienen su origen en la llegada de 40 vírgenes cristianas que huían de la persecución del emperador Diocleciano. La primera iglesia se levanta donde Santa Hripsime fue martirizada por negarse a contraer matrimonio con Diocleciano. Esa santa era un patricia miembro de la corte imperial que bien joven se convirtió al cristianismo y se dedicó a una sencilla vida de retiro espiritual a las afueras de Roma junto con otras 39 compañeras. El emperador quiso casarse con ella, prendado de su belleza. Sin embargo, ella quería seguir con sus votos religiosos, así que, aconsejada por Gayané, la superiora del grupo, decidió huir a las tierras más lejanas de Roma: pasaron por Alejandría, Jerusalén y finalmente acabaron en Armenia. Las 40 vírgenes emprendieron pues el viaje. Cuando fueron localizadas, el emperador, furioso por la huída de estas romanas, ordenó al rey de Armenia, Tirídates, que capturara a Hripsime y la llevara de vuelta a Roma y que asesinara a las otras 39. Al final, las vírgenes acabaron violadas, torturadas y descuartizadas.

La segunda iglesia es la de Santa Gayané, donde fue martirizada la superiora de las 40 vírgenes. En ambas iglesias las tumbas de las santas se encuentran en los subterráneos. Finalmente, la iglesia de Choghagat, también de gran sencillez, se levanta donde fueron martirizadas las otras 38 vírgenes. Hicimos la ruta de las tres iglesias andando, mientras caía un sol de justicia. A pesar de ser abril, pegaba muy fuerte y acabamos sudadísimos. Lo bueno es que en los jardines de cada iglesia, y en general en la ciudad, hay fuentes de las que mana deliciosa agua helada de las montañas para beber y refrescarse. 

Acabamos la ruta en el complejo religioso donde se encuentra la catedral más antigua del mundo (aunque muy reformada) y sede del jefe espiritual de la Iglesia Armenia. Este complejo religioso , al que no paran de añadirse nuevos edificios, cuenta con bibliotecas, seminarios, dormitorios y por supuesto con el enorme palacio del Cathólicos, patriarca supremo de la Iglesia Armenia. En esta catedral se guardan tres reliquias fundamentales para cualquier cristiano: la lanza sagrada con la que el centurión romano atravesó a Cristo clavado en la cruz, un trozo del arca de Noé y la mano de San Gregorio. Nuestra visita coincidió con una celebración religiosa, en la que varios sacerdotes y seminaristas vestidos con túnicas rojas cantaban salmos que resonaban por todo el templo mientras llenaban el templo de aromático incienso con un bello incensario de plata. Los fieles, todos de pie (en las iglesias ortodoxas no hay sillas) atendían la celebración mientras que otros rezaban en silencio a los diferentes iconos repartidos por el templo y les ponían alargadas velas. Lo que más me llamó la atención fueron los frescos de ángeles, representados como cabezas con gesto hierático con seis alas alrededor. Me recordaron mucho a las representaciones de ángeles que habían en Santa Sofía en Estambul.


Finalmente, mi visita a Armenia concluía con una excursión de un día al precioso valle de Azat, a algo más de una hora de la capital, Ereván. La mejor manera de hacerla es alquilando un taxi que os lleve a los distintos lugares y os espere. Y eso hicimos. Tras recorrer una carretera rodeando las impresionantes montañas, llegamos al templo de Garni, único ejemplo en todos los territorios de la antigua Unión Soviética de arquitectura grecorromana original. Este templo fue construído por el rey Tirídates (el mismo que ordenó martirizar a las 40 vírgenes) con el dinero que el emperador Nerón le otorgó tras su visita a Roma, para honrar a la diosa Mitra. Sin embargo, algunas arqueólogos señalan que podría más bien tratarse de una tumba al gobernador armenio-romano Sohaemus. En cualquier caso, este elegante edificio de columnas jónicas es toda una excepción en los antiguos territorios soviéticos.

Continuamos la excursión hacia las escarpadas laderas de la entrada del valle del Azat, donde se encuentra el impresionante monasterio de Geghard, rodeado de una alta muralla, alberga varias tumbas e iglesias que representan el apogeo de la arquitectura medieval armenia. Casi todos los edificios de este complejo están excavados en roca. El conjunto, encajonado en la garganta del río Azat, se funde de forma perfecta con el paisaje. Se hizo así para evitar ser vistos por potenciales invasores que atravesaran el gran valle. Las construcciones se empezaron en el siglo IV aunque algunas datan del XIII, mostrando el gran dinamismo que experimentó este complejo a lo largo de los siglos.

La tradición cuenta que el monasterio fue fundado por San Gregorio el Iluminador, tras adoptar Armenia el cristianismo como religión oficial. Al principio se construyeron estancias excavadas en la roca, al lado de un manantial subterráneo que el santo consideró como sagrado. Poco a poco se fue haciendo la catedral, las pequeñas iglesias de alrededor, los claustros, las tumbas familiares de los príncipes Proshyan así como numerosas "celdas" excavadas en roca, que eran donde habitaban, de forma humilde, los monjes. El monasterio contó con una famosa escuela, una biblioteca y un scriptorium. Ganó relevancia y riqueza al acoger restos de la lanza con la que un centurión romano remató a Jesucristo en la cruz, clavándola en el costado hasta atravesarle el corazón. Dicha reliquia se trasladó posteriormente a Echmiadzin.

El complejo está lleno de rocas con cruces talladas, conocidas en armenia como "khachkars". Una de las iglesias fue totalmente excavada en la roca, con forma de cruz ortodoxa (es decir, con los cuatro lados iguales). En una de las salas anexas se encuentran las tumbas de antiguos príncipes armenios. En otra de las iglesias excavadas se encuentra el manantial, declarado sagrado por San Gregorio, pero que ya era considerado sagrado por las religiones precristianas. En esa sala, donde el agua brotaba de las rocas superiores y creaba un pequeño riachuelo que atravesaba parte del templo en la oscuridad, se siente una enorme energía. Sin duda, es uno de los momentos viajeros más impactantes que he vivido, explorando con la linterna del teléfono los diferentes relieves, muchas veces representando a los cuatro evangelistas (toros, leones, ángeles y águilas), cruces o diferentes formas geométricas. Entre eso, el sonido del agua y el del viento que se cuela por los los recovecos y que ese día soplaba fuerte, uno se siente como Indiana Jones explorando un templo perdido. Situarse en el centro del templo y sentir la reverberación de los sonidos o de la propia voz es impactante. Los conocimientos matemáticos y arquitectónicos que poseían los constructores deberían ser muy avanzados para conseguir una acústica tan buena. Sin duda, los estudiantes de arqueología se sentirán aquí como en el paraíso.

Saliendo de nuevo al exterior, la tradición dice que el que consigue meter una piedrecita en alguno de los pequeños agujeros que pueblan uno de los muros rocosos exteriores de la iglesia verá un deseo cumplido. Yo lancé tres, por si acaso, aunque me costó lo mio que las piedras entraran y se quedaran en dichos nichos. Cuando atravesamos la muralla del complejo monástico, nos dirigimos a disfrutar de la zona que lo rodea, de una excepcional belleza natural. El caudaloso río Azat baja de las montañas en tromba a través de los frondosos bosques y bellos picos. Cruzando un empinado puente para salvar el furioso río y entramos a un pequeño bosque donde los armenios aún dejan atados a las ramas algún pañuelo que tengan para pedir un deseo. La zona transmite muchísima energía ya sea por el viento, por la fuerza del agua o por la frondosidad de la naturaleza. pero el caso es que los armenios consideran este lugar como sagrado desde hace siglos.Una de las principales razones que hacen imprescindible visitar Geghard es sus altos niveles de autenticidad arquitectónica. El hecho de que fue usado ininterrumpidamente durante siglos mantuvo su estructura original con lo que podemos admirar edificios y relieves originales de más de mil años que se encuentran en su lugar y contexto original.

A la salida, diversos puestos de artesanía o dulces tradicionales os tentarán. Como era la Pascua cristiana, vendían un gigante pan redondo dulce con relieves del templo diseñados en el pan. Lo compramos para disfrutar de el a la vuelta. El sabor que tenía me recordó a la mona de pascua valenciana. Al volver a Ereván, el cielo se había despejado, y por eso el monte Ararat se veía en todo su esplendor, excepto la cima de gran Ararat, a la que cubrían las nubes. Es un paisaje inolvidable. En ese momento comprendí la enorme nostalgia de los armenios y su lamento de que el monte, tan importante para esta nación, esté actualmente en territorio turco. Armenia es un país inolvidable con una naturaleza bellísima. Sus orgullosos pobladores cuidan su lengua, su cultura, su gastronomía y sus tradiciones con muchísimo cuidado. Reciben al visitante con una hospitalidad enorme con el fin de que el viene a este pequeño gran país pueda entenderlo un poco y disfrutar de todos los tesoros arquitectónicos, culturales o gastronómicos que los armenios han dado a la humanidad. 

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