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dijous, 26 de gener de 2017

Himeji

Como fiel seguidor de la lista de Patrimonios de la Humanidad UNESCO, tenía el ojo puesto en la apacible ciudad de Himeji, que cuenta con el mejor y más bonito ejemplo de castillo japonés. Este edificio es además el patrimonio UNESCO más antiguo de Japón. Como había tenido una reunión en el cercano Kobe y empezaba un puente de cuatro días, me compré el West Japan Pass para visitar Hiroshima, Miyajima y Naoshima. Y paré un día en Himeji, que está en mitad del camino. 

La moderna y enorme estación del tren bala se encuentra un kilómetro frente al castillo, justo al otro extremo de la vía principal de la ciudad: Otemae-dori. La ciudad es totalmente llana por lo que es perfecta para recorrer en bicicleta. La oficina de turismo de la estación de tren las ofrece gratis: coged la llave del candado de una de las bicis que prestan y luego id a por la bici al parking subterráneo de Otamae-dori, frente al supermercado Bon Marché.

Ya con mi bici, y soportando el húmedo calor del julio japonés, me dirigí hacia el bellísimo castillo, conocido entre los japoneses como la "Garza Blanca", debido a su lustroso exterior blanco y a su regia figura, en lo alto de una colina sobre la extensa llanura de Himeji. La mayoría de castillos presentes en las diferentes ciudades japonesas son reconstrucciones de hormigón de los años cincuenta, ya que la mayoría fueron arrasados por los bombardeos estadounidenses. En cambio, el de Himeji es de los pocos castillos originales que quedan en pie, y muchos de los lugareños aún piensan que es un milagro, ya que fue de las pocas estructuras de la ciudad que se salvó de la guerra. Además, el castillo nunca vivió una batalla, con lo que sus pasadizos, laberintos y estancias se mantuvieron casi intactos a lo largo de los siglos.

El castillo cuenta con un torreón principal (tenshu) de cinco plantas y tres torres más pequeñas, todo rodeado de fosos y murallas con patios y pasadizos en el interior. El castillo fue construido en 1580 por Toyotomi Hideyoshi y desde entonces el castillo ha visto 48 amos. Tuve la suerte que el castillo acaba de ser renovado y casi todos los andamios ya no estaban, con lo que la estructura exterior e interior lucía en todo su esplendor. Aquí se rodaron varias escenas de la película "Sólo se vive dos veces" de James Bond,, de "El último samurái" así como decenas de otras películas japonesas de samurais.

Tras comprar la entrada me bajé la aplicación de la oficina de turismo con la que, apuntando la cámara a los códigos que hay en los paneles de las diferentes estancias del castillo, se recrean en la pantalla de los teléfonos móviles escenas de la época, gracias a la realidad aumentada (mismo sistema que usa el videojuego Pokémon Go!). El castillo impresiona mucho menos por dentro. Además, las largas colas de masas de turistas hacen de la visita menos agradable. En la cima del torreón se encuentra un espejo, deidad sintoísta protectora del castillo a la que aún hoy en día los japoneses rinden oración y ofrendas. Me gustó también ver los diferentes métodos de defensa con los que contaba el castillo, como falsas puertas o habitaciones ocultas donde podían esconderse varias personas y sorprender a un enemigo que lograra introducirse en el castillo. Las vistas desde lo alto eran también magníficas.

Tras la visita y las fotos correspondientes, continué mi paseo hacia la segunda atracción más importante de la ciudad: el pequeño barrio de Koko-en, una reconstrucción de nueve viviendas de samuráis con sus respectivos jardines. Están al oeste del castillo y en este barrio vivía la élite de Himeji hasta la revolución Meiji. Todas de estilo Edo, sus bellísimos jardines llenos de cascadas, estanques con carpas y árboles perfectamente podados supusieron un agradable respiro a las masas y el calor asfixiante. Las paredes de piedra y yeso con glicinias por todo lado me teletransportaron cientos de años atrás, a la época en la que Japón vivía totalmente cerrado al mundo y donde los samuráis gobernaban el país.   

En mitad de uno de los jardines se encuentra el restaurante Kassui-Ken donde pedí el menú degustación de verano, preparado con ingredientes de temporada donde destacaba el delicioso anago, que es congrio a la parrilla sobre una base de arroz, una especialidad local, así como udon fríos y una tempura de verduras de verano. Las relajantes vistas a uno de los estanques hizo la experiencia única.

Tras la comida, tomé la bici y me decidí a dar la vuelta completa a los fosos del castillo, para verlo desde todos los ángulos, hasta llegar a uno de los extremos donde hay una especie de mirador desde el que se toman las mejores fotos. Hacía tanto calor que decidí volverme a mi hotel en Kobe a descansar. Dejé la bici en el parking, devolví la llave del candado a la oficina de turismo y tomé el tren bala de vuelta a la capital de la ternera.

Himeji es una ciudad que personalmente considero obligatoria para todo el que vaya por primera vez a Japón. No sólo por su impresionante castillo, que es un ejemplo de todo lo que uno espera ver cuando va a Japón, sino también por el apacible barrio Koko-en y sus cuidados jardines, así como por ser una parada agradable a mitad camino entre Osaka, Kyoto e Hiroshima. Himeji resume todo lo que un enamorado del periodo feudal japonés espera ver. 

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