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dimecres, 15 de febrer del 2012

Universal's Studios Florida & Universal's City Walk

Hoy hablaré de mi visita a Universal's Studios Florida. Este parque forma, junto con Island’s of Adventures y el Universal City Walk, el gran complejo de ocio que estos estudios cinematográficos han construido en la Florida. En este caso, el parque se centra en el mundo del cine, trasladándonos a una especie de estudio de rodaje inmenso donde numerosas atracciones nos harán recordar muchas de nuestras películas o series favoritas.

La entrada es una enorme arcada art-déco, muy usual en los grandes estudios de Hollywood. De noche es aún más impresionante por los larguísimos focos que salen en forma de abanico de sus arcos. Production Central es la zona de entrada, donde diversos hangares nos transportarán a los lugares donde la industria cinematográfica crea las películas. De hecho, muchos de estas naves son platós televisivos reales donde se graban capítulos de muchas series de la televisión estadounidense. En otro de ellos se representa el espectáculo de los Blue Man Group en el que la música en directo, las pinturas y el humor se combinan y parece ser muy exitoso (para verlo hay que pagar entrada separada). Actualmente esta zona se encuentra en reformas debido a la instalación de nuevas atracciones. Las únicas operativas son dos, por el momento. La primera es Shrek 4D, situada dentro de uno de estas enormes naves. Tras la preceptiva cola, muy bien ambientada, especialmente al final (con intervención incluida de los Tres Cerditos, Pinocho y el Espejito Mágico), entraremos a una enorme sala de cine llamada “Ogrovisión” donde veremos una historia más de Shrek de corta duración en la que el fantasma del malvado Príncipe (que fue comido por la dragona ahora pareja de Asno) rapta a Fiona para tirarla por una enorme cascada y así poder casarse con ella una vez sea también una fantasma. Numerosos personajes del mundo de Shrek aparecen en este emocionante corto, donde el movimiento de los asientos, así como los diferentes efectos especiales y el 3D de la película impresionarán a más de uno.

La siguiente atracción es sin duda la más fuerte de este parque y la preferida por muchos. Se trata de la Rip Ride Hollywood Rock It, una rapidísima montaña rusa con altísimas caídas y grandes loopings. Lo mejor de todo es la personalización del recorrido que podemos hacer gracias a los dos altavoces que tenemos en el asiento y la pequeña pantalla delante de nosotros. Ahí elegimos los tipos de música (desde Dance y Rock hasta R&B y Country) y dentro de cada categoría hay cinco cantantes diferentes con una de sus canciones más populares. Nada más subirnos elegiremos que canción nos acompañará en la fuerte experiencia y sólo nos quedará disfrutar del trayecto. Las cámaras situadas en cada uno de los asientos nos filmará personalmente por lo que al bajar podremos ver nuestra cara durante el recorrido y si lo deseamos, comprar el DVD.

Siguiendo el recorrido llegaremos a la zona de New York, que recrea un pequeño barrio típico de Manhattan algunas décadas atrás, con calles, parques, plazas y callejones. Nosotros empezamos entrando en un supuesto rascacielos en obras que en realidad contiene la atracción Twister Ride it Out. Aquí haremos la fila mientras en diversas pantallas veremos como se grabó esta película dedicada a los tornados que se producen repentinamente en las praderas estadounidenses. Y también nos adentraremos en una casa supuestamente azotada por uno de estos fenómenos naturales, con un coche incrustado en el techo y todo, cuyos limpia parabrisas aún funcionan. Tras esto, entraremos en un enorme hangar donde se reproduce una plaza del típico pueblo del centro de los Estados Unidos, durante una noche de tormenta. Está muy bien conseguido el efecto de viento y agua así como las diferentes destrucciones que veremos hasta incluso ver una reproducción de un tornado en directo.

Continuamos paseando por la Quinta Avenida de los años 50 y nos topamos con una actuación en directo de los mismismos Blue Brothers, (los de verdad), acompañados de una estupenda cantante de blues negra. Estos dos amigos se criaron juntos en un orfanato, donde aprendieron este género. El espectáculo musical en directo que ofrecen involucra al público, creando un improvisado concierto en medio de una callejuela simulada de Nueva York. Los amantes de este tipo de música lo pasarán en grande.

Tras el espectáculo, y como hacía un poco de frío, corrimos a refugiarnos en el Louie’s, la pizzería donde tiene escena el famoso asesinato múltiple perpetrado por Michael Corleone en “El Padrino”. Ya que estábamos, nos sentamos en una de las mesas y comimos algo de pizza.

Continuamos metiéndonos en el museo egipcio, pensando en que algo relajado nos vendría bien para bajar la comida. Sin embargo, aquí dentro en realidad se encuentra otra de las mejores atracciones del parque: Revenge of the Mummy, en el que nos meteremos dentro de la tumba del famoso sacerdote Imhotep, en una montaña rusa a oscuras, con algunas pausas en salas llenas de momias guerreras, escarabajos o enormes efectos con bolas de fuego. Una experiencia muy divertida, sobretodo para todos los que disfrutamos de esta película.

Entramos después en la zona de San Francisco, perdiéndonos el espectáculo de Beetle juice’s porque ibamos muy cortos de tiempo. Decidimos entrar en Disaster!, una atracción donde nos explican en directo diversas maneras y trucos que utiliza la industria del cine para crear las típicas películas de catástrofes. Con nosotros, público, como protagonistas. Al principio, diversas personas del público, niños, abuelos y adultos, serán seleccionadas y luego utilizadas en un gran plató en el que se rodarán diversas escenas. En un primer momento no entenderemos gran cosa, ya que solo veremos enormes pantallas verdes fosforescentes, paisajes simulados y rocas de goma espuma caer. Después de todos estos rodajes pasaremos a una estación simulada del metro de San Francisco: Amity. Allí nos introduciremos en los diferentes vagones y avanzaremos por un túnel hasta llegar a la siguiente parada. Allí se nos simulará un catastrófico terremoto vivido desde un vagón del metro, con bruscos movimientos, explosiones, fuego, enormes cantidades de agua (200.000 litros) que inundarán el andén, un descarrilamiento de otro tren en la vía contigua (muy bien hecho) e incluso el hundimiento de la calle con la caída de un camión cargado de gasolina en la parada de metro. Es bastante curioso y mientras nos pasa todo esto nos estarán filmando también.

Al final, podremos ver un trailer sobre una película de desastres donde todas las escenas grabadas que en un principio no tenían ningún sentido para nosotros, ahora aparecerán muy claras. Las risas están garantizadas.

La siguiente zona simula el pueblecito costero en el que se rodó la mítica película Tiburón. Sin embargo, ahora está cerrado porque están reformando y actualizando la atracción. Así que rápidamente llegamos a una zona dedicada a la World Expo celebrada en Los Ángeles hace varias décadas. Allí nos espera lo primero un enorme estudio con gradas donde podremos ver en directo la grabación de un capítulo del famoso programa Fear Factor, de la factoría holandesa Endemol, donde los participantes se someterán a pruebas tan duras como aguantar colgados de una barra a decenas de metros de altura, a meter sus cabezas en urnas llenas de tarántulas, escorpiones, serpientes o escarabajos, así como a beberse un batido de marisco podrido con leche cuajada y gusanos. También tendrán que lanzarse pulpos vivos mientras sus compañeros intentan recogerlos con las manos. Algo muy típico en la televisión de este país.

Tras el desagradable show nos toparemos con un pabellón que a muchos nos será familiar: la sede de los Men In Black, estupendamente representada en su interior, con los dos marcianos llenos de manos controlando el panel central con la pantallota en forma de huevo. La atracción conocida como MIB Alien Attack es el recorrido que hace Will Smith en la primera película cuando entra al servicio de esta agencia y tiene que entrenarse en un recorrido que simula las calles de Nueva York llenas de extraterrestres de madera que van saliendo de ventanas, tiendas y cubos de basura. Nosotros iremos montados en modernos vehículos, armados con pistolas ultrasónicas, y deberemos apuntar y disparar a los ojos brillantes de todo extraterrestre que veamos. El contador de puntos que tendremos individualmente nos dirá al final quien es el ganador y si hemos batido algunos de los récords marcados por anteriores visitantes.

La siguiente atracción es la entrada de Krustyland, el parque organizado por Krusty el Payaso. Los fans de la mítica serie Los Simpsons entrarán encantados a The Simpsons Ride. Un simulador de vagón de montaña rusa nos llevará a un trepidante y mareante recorrido intentando huír de los intentos de asesinato del Actor Secundario Bob así como de Maggie, convertida en un bebé gigante tras colarse dentro del reactor nuclear de Springfield. Está muy bien hecha pero reitero que marea excesivamente.

Tras la atracción nada mejor que acudir al "Badulaque" o Kwick-E-Markt, donde aunque no encontremos a Apu, si veremos una gran selección de comics y libros de la serie de dibujos más famosa de los Estados Unidos, además de muchísimos objetos de recuerdo, destacando las latas de cerveza Duff o las pelucas largas y azules de Marge.

Continuamos paseando al borde del lago, con banderas de todos los países ondeando, hasta llegar a la última zona: Hollywood. Aquí encontramos el famoso boulevard en medio de Beverly Hills, con semáforos de época, tiendas perfectamente recreadas y la atracción de Terminator 2 en 3D, a la que no pudimos subir porque estaba cerrada. Mel’s Drive Inn es un dinner de los años 50 recreado con enorme exactitud, en la que brillantes coches de época están aparcados alrededor y en el interior chillones colores rosa y celeste en las paredes rodean la reluciente barra metálica. Los sillones de hule rojo en mesas con gramolas que funcionan con moneditas nos transportan a aquellos felices años mientras disfrutamos de una auténtica hamburguesa con patatas fritas y un dulce batido de fresa, vainilla o chocolate.

También obviamos la zona de Woody Woodpecker’s por estar enteramente dedicada a los niños pequeños, con la excepción de la atracción de E.T. Adventure, donde nos subiremos en las míticas bicicletas que E.T. hizo volar, y volaremos por encima del pueblo, huyendo de la policía y del FBI, y llegando al planeta de E.T., lleno de extraños E.T. Aunque la atracción sea para niños, a mi me turbó bastante esa imagen tan extraña de un planeta de criaturas raras y felices.

A la salida nos espera una enorme tienda de recuerdos, la Universal Studios Store, con recuerdos no sólo de este parque sino también del vecino. Es imposible no encontrar un recuerdo que nos guste. Hay de todo.

Saldremos al agradable Universal City Walk, una zona de ocio con un lago en medio rodeado de palmeras y restaurantes, cines, tiendas y una discoteca. Personalmente, lo que más me llamó la atención, además de la enorme bola del mundo de Universal, logo de la marca, que gira en una fuente, es el Hard Rock Café Orlando, el más grande del mundo.

Yo no sé que tienen estos locales que siempre tengo ganas de entrar en ellos. Ofrecen una carta amplia y variada con comida típicamente estadounidense y grandes cantidades. Los precios no son excesivos y si te pides uno de sus deliciosos cócteles, luego te puedes llevar un vaso nuevo de recuerdo.

El local es muy grande, con una cúpula y el mítico Cadillac rosa colgando, además de cientos de objetos de cantantes famosos mostrados en vitrinas y cuadros. Tras la cena, nada mejor que la tienda de recuerdos, también enorme, donde hacernos con una típica camisa o con algo más especial, como el Monopoly de Hard Rock Café. También hay un hotel anexo, pero ahí si que no fuimos.

Concluyo por tanto esta entrada junto con la anterior afirmando que el complejo de Universal en Florida es tal vez uno de los lugares más divertidos para gente de todo tipo y edad que podremos encontrar en este lugar del mundo. Un día aquí se nos hará muy corto, divertido e intenso. Las risas, aventuras, fotos buenas y recuerdos entrañables son algo que no faltará. Ahora toca ver el mega complejo de la factoría Disney. ¿Superará al de Universal?

dimarts, 7 de febrer del 2012

Universal's Islands of Adventure

Si vais a Orlando con un grupo variado de gente, o si sois todos jóvenes, y solo podéis ir a un parque, la elección está clara: los parques de la Universal. Y si solo se puede entrar a uno entonces lo mejor es entrar a Islands of Adventure. Tiene atracciones de todo tipo y para todos los gustos, muchas de última generación. La ambientación está muy conseguida y hay varios espectáculos entretenidos. Y además, es casi seguro que entre los que vais se encuentra algún loco de Harry Potter o de Jurassic Park, y se lo pasará muy bien en la zona respectiva.

La entrada simula algo parecido a un pueblecito árabe antiguo, con esa tematización tan curiosa que caracteriza a los estadounidenses, por supuesto alejada de la realidad. Tras llegar al gran lago, lo mejor será girar a la izquierda y empezar por la zona temática dedicada a los Super Héroes de Marvel. La primera gran atracción del parque se alzará ante nuestros ojos, con sus raíles color verde nuclear. Se trata de la “Incredible Hulk Coaster”, en la que, tras la cola en la que podremos aprender la historia de cómo el Doctor Bruce Banner se convirtió en el increíble Hulk (si es que no nos la sabemos), la atracción simulará que nos metemos también en un tubo que nos someterá a ciertos rayos gamma que nos harán mutar en Hulks. Empezaremos a subir la rampa por el supuesto tubo nuclear y sin previo aviso aceleraremos de golpe, pasando de 0 a 70km/hora en sólo dos segundos y cayendo en picado por la primera rampa y dando un gran looping. Y el resto, pues una montaña rusa típica bastante fuerte y entretenida.

Si aún tenéis ganas de más emociones fuertes, continuad andando y dirigíos hacia las dos torres metálicas gemelas que veréis enseguida: la “Doctor Doom’s Fear Fall”. Se trata de la típica atracción en la que nos lanzarán hacia el cielo a gran velocidad y luego nos dejarán caer, pero más despacio. Sólo da miedo el primer lanzamiento a toda velocidad hacia arriba. Luego es muy suave, por lo que recomiendo subir para admirar las vistas del parque. Volved de noche.

Paseando por la calle jalonada de tiendas que parecen sacadas de cómics de acción nos encontraremos con una de las mejores atracciones del parque según muchos visitantes: “The Amazing Adventures of Spiderman”. Nos adentraremos en las muy bien recreadas oficinas del periódico de este héroe, donde veremos que la ciudad de Nueva York vive en el caos debido al ataque conjunto de todos los miembros del conocido como “Sindicato del Crimen” capitaneados por el doctor Octopus. Y lo que es peor, la Estatua de la Libertad ha sido robada. El director del periódico, y jefe de Spiderman, nos enviará en unos vehículos prototipo equipados con cámaras, para que filmemos, fotografiemos y narremos todo lo que está pasando en la ciudad, con el grave peligro que eso implica. A partir de aquí, y ataviados con nuestras gafas 3D, recorreremos las calles neoyorquinas, las cloacas e incluso escalando los rascacielos al ser lanzados por los diferentes villanos y salvados una y otra vez por Spiderman. Efectos de todo tipo nos harán vivir un recorrido trepidante. La recomiendo encarecidamente.
Por último, nada mejor que dar un vistazo a la Comic Book Shop . Aquí encontraremos una enorme variedad de cómics de todos los superhéroes representados aquí, desde los X-Men hasta Spiderman o Hulk y muchos más personajes del universo Marvel. Además de otros objetos de coleccionista como muñecos, cartelería, disfraces y mucho más.
La zona en la que entraremos si seguimos caminando es el lago de los dibujos animádos o “Toon Lagoon”. Además del paseo de los dibujos, con tiendas de recuerdo de Betty Boop, Popeye, Viky el Vikingo y otros personajes, además de restaurantes y heladerías, encontraremos las dos atracciones de agua más divertidas del parque. Aprovechad el mediodía para subir, puesto que es cuando más calor hace y así nos refrescaremos y luego tendremos tiempo de secarnos al sol mientras seguimos nuestra visita. Si no podemos resistir estar mojados ni un segundo más, entonces por cinco dólares hay enormes máquinas en las que podremos meternos varios y nos secaremos en una combinación de aire caliente y potentes luces rojas calentadoras.

La primera atracción está dedicada a Popeye y es la “Bilge-Rat Barges Popeye and Bluto’s”. Subidos en las típicas barcas redondas, recorreremos unos rápidos en los que se recrea la típica historia en la que Bluto secuestra a Olivia y Popeye se mete en un lío hasta que por fin se toma sus espinacas y consigue salvarla y castigar al malvado. La decoración es muy bonita y las mojadas están garantizadas, con risas incluidas.

La otra atracción es la “Dudley Do-Right’s Rip Saw Falls”. Es la típica atracción de tronquitos, muy bien ambientada en unos dibujos del lejano oeste, en la que varias caídas (sobretodo la del final) que es altísima. Las mojadas están garantizadas también.

Por último, además de hacernos fotos con actores que imitan estupendamente a Popeye y Olivia, es curioso que nos dirijamos a unos de los shows que se ofrecen en el Matt Hoffman’s Agro Circus, un enorme escenario con cientos de gradas donde ver el show de este famoso acróbata, dónde los más aficionados a los patines, skates, y demás lo pasarán de miedo. También expertos en las pequeñas BMX harán peligrosas acrobacias y sobretodo, tres motoristas se meterán a la vez en una bola de hierro. Increíble.
La siguiente zona en la que nos adentraremos emocionará a más de uno: Jurassic Park. Traspasar sus enormes puertas con llamitas nos adentrará en una jungla en la que los sonidos de la película nos envolverán, sobretodo su conocida banda sonora. Veremos las vallas de las jaulas de dinosaurios, con las lucecitas de seguridad parpadeando, y jeeps, cafeterías, un Tyranosaurux Rex asomando… Los niños se lo pasarán de miedo excavando y encontrando falsos huesos de dinosaurio, así como subiendo a los Pterodáctilos con los que “sobrevolarán” partes del parque. Los más fans de la película y el mundo de los dinosaurios, se quedarán sorprendidos en el “Discovery Center” que recrea muy bien aquel moderno edificio de entrada al parque, con modelos de dinosaurios enormes, información biológica y una moderna cafetería así como tiendas de recuerdos bastante originales.

Pero la gran atracción de esta zona es la “River Adventure”, dónde nos adentraremos en otras modernas instalaciones que nos llevarán a barcas que, a través de un río, nos muestran a diversos dinosaurios en sus hábitats (aunque se nota demasiado que son robots). Sin previo aviso, nos desviaremos hacia una zona en principio prohibida, debido a un supuesto fallo en la seguridad que ha dejado abierta la jaula de los dinosaurios carnívoros. Allí veremos varios de estos especímenes, además de una lancha estrellada, mientras oiremos por los altavoces de seguridad que “una barca con visitantes se ha metido en una zona muy peligrosa”. De repente nuestra barca estará montando en un supuesto hangar de reparación donde un gran dinosaurio nos acecha. El gran Tyranosaurx saldrá de improviso y cuando parece que nos va a comer una altísima rampa nos hará caer y salpicarnos, dándonos un buen susto. Una atracción curiosa cuanto menos.

La siguiente zona temática que nos espera es sin duda la estrella del parque: The Wizzarding World of Harry Potter. A cualquier hora está a reventar, por eso lo mejor es ir como a las dos de la tarde, después de pasada la mañana, evitando a la marabunta de gente de las primeras horas. A esa hora, la gran mayoría de visitantes ya han comido, por lo que podremos pasear por Hogsmeade hasta toparnos con el mítico local “Las Tres Escobas” (The Three Broomsticks), dónde los alumnos y profesores de Hogwarts se codean con los habitantes del mágico pueblo para tomar algo. Ya no habrá tanta gente, y podremos dirigirnos al mostrados para pedir alguna de las apetitosas opciones de comida típica inglesa, como los fish&chips, los pasteles de carne o un plato con estofado de ternera y puré de patatas delicioso. Y no lo dudéis, acompañad vuestra comida con una refrescante cerveza de mantequilla, la bebida estrella del local. La mayoría coincidimos en que era tal y como nos la imaginábamos en los libros. El ambiente del local es total, con sonidos y decoración que nos trasladará al mágico mundo creado por Rowling. Incluso en la azotea se ven las sombras de escobas que barren solas.

Sí solo queréis tomar algo, nada mejor que hacerlo en el “Cabeza de Puerco” (Hog’s Head), pub donde los jóvenes magos charlan las tardes de invierno libres que les quedan. Por las calles también hay puestos de cerveza de mantequilla así como de zumo de calabaza, muy fresquito y nutritivo.

Una vez satisfechos, lo mejor es dirigirse al castillo de Hogwarts, que parecía tan imponente de lejos pero que al acercarnos nos daremos cuenta del increíble efecto óptico conseguido. Las colas suelen ser largas porque esta es la atracción más buscada: “Harry Potter and the Forbidden Journey”. Y aunque las colas son largas, estoy convencido de que a los fans de este mago no les importará recorrer mientras las diferentes estancias del famoso colegio, empezando por los invernaderos de la profesora Sprout, con mandrágoras gritonas y todo. Luego atravesaremos estancias tan míticas como el aula de la asignatura de Defensa Contra las Artes Oscuras, dónde Harry, Ron y Hermione nos contarán sus peripecias con un magnífico sistema de hologramas. Otra de las zonas que nos impactarán es la de las escaleras, con los cuadros que cobran vida, hablándonos y moviéndose. Son impactantes, ya que se notan las pinceladas y el óleo, por lo que en absoluto parecen pantallas. El cuadro de la famosa “Señora Gorda”, puerta de la sala común de Gryffindor nos llevará a esta misma sala, y de ahí seguiremos por otros pasillos hasta llegar al despacho del profesor y director de Hogwarts, Albus Dumbledore. Incluso nos encontraremos con el "Sombrero Seleccionador", que nos contará alguna que otra cosa. Tras la larga pero perfectamente ambientada cola, nos subiremos en sillas de estilo gótico-mágico, como sacadas de un coro de iglesia antigua, en la que a través de pasillos llenos de efectos de última generación nos trasladaremos en los lomos de una escoba voladora a un partido de Quidditch, para luego escapar de los dementores, alrededor del castillo y del Bosque Prohibido, y también de las acromántulas así como de un enorme dragón. Es un simulador estupendo.

Tras salir del simulador podremos curiosear en la amplia tienda de recuerdos, “Dervish & Banges” dónde podremos adquirir la indumentaria de las cuatro casas del colegio, incluyendo bufandas, gorros, corbatas, capas, toallas, banderitas… además de otros muchos productos entre los que destaca el curioso “Mapa del Merodeador”. Justo a la salida, enfrente, se encuentra el Bosque Prohibido con una pequeña montaña rusa para toda la familia “Flight of the Hipogriff” dónde subirnos en vagones con forma de hipogrifo y volar a través de los árboles y la cabaña de Hagrid, incluso topándonos con el Ford Anglia estrellado de los Weasley, que aún se mueve.

Bajando de nuevo hacia Hogsmeade hay una zona dónde alternativamente podremos ver al coro de Hogwarts, con alumnos de las cuatro casas, cantando algunas de las canciones más populares entre los magos, incluyendo el popular himno del colegio. Otra de las actuaciones son los bailes de presentación de los alumnos de Durmstrang y las alumnas de Beauxbatons. Luego nos podremos hacer fotos con ellos, vestidos en sus uniformes. Pero no os retraséis mucho porque os espera la atracción más fuerte de esta zona: el “Dragon Challenge”. Entraremos a través de diferentes tiendas de campaña mágicas en las que reposaban los candidatos al torneo de los Tres Magos. En una de ellas podremos admirar la codiciada Copa de los Tres Magos y por último, llegaremos a una gran gruta donde deberemos elegir si queremos montar al Bola de Fuego Chino o al Colacuerno Húngaro. Elijamos el que elijamos, saldremos a dos grandes montañas rusas entrelazadas del tipo de las que los vagones van colgados del raíl y uno va con los pies colgando. Cuentan con caídas muy fuertes y varios loopings, y el hecho de no poder ver hacia donde nos dirigimos, nos provocará grandes mareos. Lo mejor son las estupendas vistas desde lo más alto de la atracción, antes de la primera gran caída.

Una vez vistas las tres atracciones de esta área, lo mejor es, ahora sí, darse una vuelta por las tiendecitas del nevado pueblo, especialmente por Honeydukes. Allí encontraremos las míticas “grageas de todos los sabores Berttie Bott”, junto con plumas para escribir de azúcar, “sangriruletas”, calderos de chocolate esponjosos, regaliz extra largo, y las míticas ranas de chocolate, cada una con cromo incluido, de esos de magos y brujas famosos que se mueven. A mí me tocó Helga Hufflepuff.
También es curioso entrar a Zonko’s, tienda de bromas por excelencia de los jóvenes magos y brujas, donde comprar una oreja extensible para espiar lo que los demás dicen, yoyós chillones o los famosos pollos de goma y muchísimas cosas más por las que merece la pena curiosear.

La tienda de artículos de Quidditch tiene los bates, y los tres tipos de pelotas que se usan en este juego. En la lechucería encontraremos peluches de estos simpáticos animales. Y en la librería, además de los libros y películas de Harry Potter, tendremos a nuestra disposición material de papelería y también al Monstruoso Libro de los Monstruos, que intentará modernos si lo abrimos. Los escaparates de todas estas tiendas son también geniales, sobre todo el de esta librería, donde entre otros, están los libros del famoso Gilderoy Lockhart, con fotos del mismo donde se le ve haciendo todo tipo de estupideces.

Pero el local más mágico es, como no, Ollivander’s. Cada 10 minutos, un grupo de adultos y niños van entrando (por turnos) para asistir a una representación de la mítica escena que vivió Harry Potter la primera vez que fue a esta tienda y tuvo que elegir varita. Ollivander’s en persona elegirá a uno de los niños presentes para ir probando con él diferentes varitas que fundirán una lámpara o tirarán cosas de las estanterías hasta que por fin una de esas varitas le hará iluminarse y saldrá aire que moverá sus ropas y pelo. La escena y la ambientación están tan bien hechas, que se me pusieron los pelos de punta. Lo mejor son los cientos de varitas en sus cajitas alargadas de colores oscuros que se amontonan en las paredes. Parecería una zapatería antigua, pero con cajas de cartón mucho más estrechas y alargadas, con el tamaño adecuado para guardar una varita. Más de 30 modelos, con diferentes maderas, longitudes, anchuras y núcleos, nos esperan. Aunque los 30 dólares que cuestan frenan hasta al más freak.

Antes de salir de esta zona, no olvidemos la preceptiva foto con la enorme y escarlata máquina a vapor del Expreso de Hogwarts, parado en el andén 9 y ¾ de Kingscross.

Ya más hacia el sur entraremos en la zona del Lost Continent, donde decoraciones que nos trasladarán a la Atlántida, con un pueblito de inspiración fenicia donde un herrero nos confeccionará monedas personalizas o dónde podremos adivinar nuestro futuro con una lectora de manos. Incluso hay latas con almejas reales que podremos abrir para coger la perla que tantos años les costó generar. En medio de este mercado está la conocida como “Mystic Fountain”, una fuente que habla y que tira chorros de agua en momentos inesperados y hacia lados extraños.

Tenemos que estar atentos a los horarios del show de “The Eight Voyage of Simbad”, para asistir a una mega representación teatral en que varios actores revivirán una historia “a la americana” donde las peleas, persecuciones, explosiones, saltos, disparos y todo tipo de efectos especiales harán las delicias del público. El escenario es enorme e incluso hay una zona del graderío donde se avisa de antemano que el que se siente allí se expone a mojarse.

Otra de las atracciones espectáculo de esta zona es “Poseidon’s Fury” en el que adentrándonos al viejo templo de Poseidón, un supuesto arqueólogo nos explicará la historia de este dios y su antiguo sacerdote, con el menor contenido pedagógico posible. Tras pasar por algunas salas y encontrarnos con el antiguo tridente divino, nos internaremos en las profundidades marinas, a un gran templo bajo el mar donde el antiguo sacerdote nos exigirá que le demos el tridente para conseguir poder. Sin embargo, Poseidón también hará escena y se vengará de la traición de su antiguo sacerdote. Se iniciará una lucha titánica con fuego y grandes cantidades de agua. Está bien porque las imágenes se proyectan en grandes cortinas de agua y porque, cuando todo pase, las luces se apagarán y en pocos segundos pasaremos de estar en una enorme cueva supuestamente submarina, a una pequeña habitación.

Enfrente de esta última atracción se encuentra el Mythos Restaurant, con un excelente diseño interior a modo de gruta submarina con extraños muebles supuestamente sacados de la civilización atlántida, y con una carta de comida fusión a precios muy razonables. No en vano ha ganado en repetidas ocasiones el premio mundial a "mejor restaurante en un parque temático".

Finalmente se encuentra una zona que gustará a los más pequeños: la dedicada a Seuss, el famoso “Cat in the Hat”. Tiene varias atracciones divertidas y bonitas para los peques. Nosotros sólo nos subimos en una que se llama “One fish, two fish, red fish, blue fish”. Esta atracción nos sube en vagones de seis personas cada uno que nos llevan alrededor de un cuento en el que unos gatos revoltosos destrozan una casa hasta que llega el famoso Gato del Sombrero y poner orden, reparando y limpiando todo para cuando los padres llegan. Está graciosa por la bonita decoración y la risa que dan los giros tan bruscos que da.

De aquí ya volveremos de nuevo a la entrada, donde podremos comprar algún recuerdo de última hora que nos hayamos olvidado. Si aún os quedan fuerzas, queda aún otro parque temático (el Universal’s Studios), además del Universal City Walk… pero esto os lo cuento en la próxima entrada.

dimarts, 31 de gener del 2012

Busch Gardens

La Florida se caracteriza por ser uno de los lugares del mundo con más parques temáticos por habitante. Pero si se pregunta entre los fanáticos de este tipo de recinto, son muchos los que nos dirán que su favorito es uno situado cerca de Tampa, algo alejado de la congestión de parques que se da en Orlando. Se trata de los Busch Gardens.

Este parque intenta transportarnos al continente africano mezclando grandes atracciones en un enorme zoo sin jaulas y una vegetación exhuberante. La entrada, supuestamente ambientada en Marruecos, cuenta con los servicios típicos de un parque temático. De hecho, en un mal imitado restaurante marroquí, el Zagora Café, fue donde desayunamos, aunque nada de comida árabe, ya que sólo ofrecía desayuno estadounidense. El edificio mejor imitado de esta zona es el Gran Teatro, muy similar al que encontraremos en Marrakech. Pero lo mejor es continuar hacia la izquierda, entrando en la zona del parque dedicada a Nairobi, donde nos encontraremos con una pequeña jungla jalonada de cascadas, grutas y senderos donde podremos observar hasta cinco tipos diferentes de simios: desde orangutanes a chimpancés, pasando por los graciosos monos. La separación está hecha de una forma sutil, con barrancos o ríos. Y su hábitat bastante bien imitado es lo suficientemente grande como para que estos simios vivan más o menos a gusto.

Tras observar a nuestros primos hermanos, recomiendo apresurarse un poco para dirigirnos a la que es ahora la atracción estrella del parque por estar inaugurada hace solo unos meses: Cheetah Hunt, o "la caza del guepardo". Esta montaña rusa intenta imitar la rápida aceleración que un guepardo hace cuando se prepara para cazar. De hecho, es uno de los animales más veloces del mundo. Y lo que hace esta atracción es situarnos a los lomos de uno de estos felinos y hacernos sentir la aceleración instantánea gracias a un sistema magnético que nos lanza a más de 100 km por hora en una recta, haciendo a los vagones subir una cuesta sin ningún tipo de ayuda y luego lanzándonos a toda velocidad a través de unos cañones. Es una de las montañas rusas más largas en las que yo me haya subido. El momento del primer lanzamiento es tan fuerte que hay unos segundos en los que sentiremos algo parecido a la gravedad cero. Además, su excelente diseño técnico hace que los vagones circulen con absoluta precisión, deslizándose por los raíles, haciendo que las vibraciones desaparezcan y la experiencia sea muy satisfactoria.

Tras bajar de la atracción, podremos ver un espacio alargado donde viven algunos guepardos. Nunca había visto en directo a estos rápido felinos, y aunque son bastante impresionantes, sigo prefiriendo la majestuosidad de los tigres.

Además de la selva, la zona de Nairobi cuenta con una enorme casa colonial blanca, de madera, estilo victoriano muy común en la África del Imperio Británico. En su interior se encuentra uno de los mejores restaurantes del parque, el Crown Colony Restaurant, con una ambientación que nos trasladará a aquellas casas donde funcionarios imperiales mostraban las cabezas disecadas de todo animal africano cazado.

La siguiente atracción en nuestro camino será Montu. Internandonos en la zona de Egipto, algo mal ambientada, nos la encontraremos. Se trata de una impresionante montaña rusa de las que vas colgado de los raíles, por lo que además de impresionar mucho, marea de una manera extraordinaria, al no poder predecir nunca que ritmo seguimos. Otra de las gracias presentes en Egipto es la tumba de Tutankhamón, realmente muy mal imitada. Estoy seguro que cualquier egiptólogo la encontrará grotesca. Creo que en esto,el parque debería dar un poco más de calidad a esta atracción dotándola de mayor veracidad y valor educativo.

Siguiendo hacia el norte, veremos a horas determinadas como se alimenta a los elefantes, pudiendo incluso acariciar sus trompas, supervisados por sus cuidadores. A continuación, llegaremos al animado pueblecito de Timbuktu, donde entre otras muchas atracciones infantiles nos encontraremos una de las primeras montañas rusas con looping de la historia: Scorpion. De hecho, es una de las tres montañas rusas de este tipo que existen en el mundo por lo que aficionados a estas atracciones de todo el mundo vienen a los Busch Gardens para poder montarse en este modelo que en su momento fue toda una novedad. Tal vez su pequeño tamaño quite muchos miedos, pero no os equivoquéis. Es muy fuerte y genera muchísimo mareo por sus caídas circulares y sobretodo su pequeño looping. Sin duda, esta es una de las grandes joyas ocultas del parque, tanto por la sopresa que nos llevaremos al subir, como por el valor histórico y técnico que posee.

Al norte de Timbuktu se encuentra otra pequeña montaña rusa: Sand Serpents. Más para familias que para jóvenes, aunque también sirve para quitarse el mareo de la fuerte Scorpion. Se trata de la tradicional montaña rusa de vagoncitos que van dando pequeñas caídas y fuertes giros a cada esquina de la vía. Risas garantizadas.

Más al norte aún nos adentraremos en la espesa, verde y llena de água zona del Congo. Aquí se encuentra una de las atracciones acuáticas más populares, además de la típica montaña rusa metálica con loopings: Kumba. De hecho, cuenta con uno de los loopings más largos del mundo. Respecto a las atracciones de agua, no os podéis perder los Congo River Rapids, unos rápidos fuertes y contundentes, con grandes cantidades de agua y obstáculos, destacando la enorme cascada final. Las otras atracciones de agua están más al sur, en la zona conocida como Stanleyville. La segunda de las atracciones de água es el Tangayika Tidal Wave. Empieza como un agradable paseo en barca por un río africano, lleno de vegetación y animales alrededor. Luego nos internamos en mitad de un poblado abandonado, donde algunas inscripciones nos detallan lo que nos espera: unas enormes cascadas al final del río. La tremenda caída es alta y divertida. Por último, no olvidéis probar las Stanley Falls Flume, la típica atracción "de tronquitos" donde las caídas son también muy altas e impresionantes. Lo mejor es hacer estas tres atracciones a la vez y en horas centrales del día, cuando el sol más aprieta. De esta manera nos refrescaremos, nos mojaremos de una vez y nos podremos secar al sol para poder seguir la visita al parque fresquitos de cara a la tarde.

Entre la zona del Congo y la de Stanleyville se encuentra Jungala, pero esta no es más que un área de atracciones y juegos infantiles que los jóvenes podremos saltarnos sin problemas. De hecho, tras subirnos en las dos atracciones de água de Stanleyville, nada mejor que empezar la cola para la montaña rusa más fuerte de Busch Gardens: la impactante SheiKra. Ya los vagones se salen de toda convencionalidad, siendo de varias personas por fila, y la primera fila más bajita que la segunda y tercera, como si de una pequeña grada rodante se tratara. Es la montaña rusa más alta del parque y cuando sube hasta el final da un poco de vértigo. Lo peor es cuando antes de la primera caída te dejan colgando frente a ella, en posición vertical, durante unos segundos. La angustia de ver la gran altura y verticalidad de la caída (una de las pocas caídas a 90º del mundo) asusta bastante. La sensación es increíble y los giros alucinantes. Hay una parte en la que parece que nos estrellemos contra un edificio en ruinas y en realidad nos internamos en un largo túnel para salir a un lago en el que un espectacular efecto hará parecer que estamos deslizándonos a gran velocidad por encima de las aguas, salpicando sin control a todo el que esté paseando cerca. Esta es, sin duda, la atracción más fuerte del parque.

Tras el tembleque que nos dejó ShreiKra, nos dirigimos hacia un restaurante cercano, el Zambia Smokehouse, especializado en comida a la barbacoa. Habían costillas de cerdo, pollo, chuletas y salmón a la parrilla, que es lo que yo elegí, acompañado de patatas al horno y ensalada. Y de postre, nada mejor que una tarta de manzana recién hecha.

Después, sólo nos quedará atravesar la zona del Sesame Street Safari of Fun (muy infantil), para entrar en la última zona del parque: los Bird Gardens. Aquí encontremos un gran número de especies aviares, destacando por encima de todo el lago con decenas de rosados flamencos. En esta zona, lindando con Marruecos, está la última montaña rusa del parque: la típica de madera. Se trata de Gwazi. Antes de montar, tenemos que elegir entre el tigre o el león, ya que se trata de una carrera entre los dos trenes a través de dos recorridos diferentes que se cruzan en varios puntos. Y sinceramente, a pesar de su bonito diseño con troncos y circuitos intricados, no vale la pena subir por la excesiva vibración de los vagones que nos dejarán muy incómodos y con un fuerte dolor de cabeza.

Si en algún punto del recorrido os apetece descansar, nada mejor que tomar el Serengeti Railway, un tren tirado por una locomotora réplica de aquellas que atravesaban las praderas africanas en tiempos coloniales. De hecho, pasaremos a través de grandes espacios que imitan la sabana, con jirafas, rinocerontes, elefantes, hipopótamos, cebras, antílopes, leones... etc. Los niños serán los que más disfruten estos recorridos. Aunque también son útiles para desplazarnos de una zona a otra del parque, gracias a sus diferentes estaciones.

Otro de los medios de transporte alrededor del parque es el Skyride, un teleférico muy bonito con el que también podremos dar un vistazo general al parque y apreciar unas panorámica bastante bonitas. Este recorrido lo recomiendo encarecidamente a todo el mundo.

Este parque es ideal para todos los amantes de las montañas rusas, puesto que cuenta con una enorme variedad de tipos y clases de esta atracción. Además, si vais con niños, estos se lo pasarán pipa con todas las atracciones infantiles que existen y observando a la enorme colección de animales con los que cuenta Busch Gardens. Especialmente recomendable es contratar el Safari por el Serengueti, muy bien recreado. Este parque temático es sin duda una elección perfecta para todos aquellos que busquen un parque en el que lo importante sean las atracciones fuertes y no la tematización. Eso sí, los expertos en Estudios Africanos se tirarán de los pelos con cada una de las incorrecciones y barbaridades histórico-geográficas que se cometen en este parque, supuestamente dedicado a África. Mi barbaridad favorita es meter canguros en la zona dedicada al Congo. Imperdonable.  

divendres, 27 de gener del 2012

Kennedy Space Center

El Centro Espacial Kennedy de cabo Cañaveral es uno de los lugares que se deben visitar si se vive en la Florida. Por más de 50 años este centro ha sido uno de los lugares clave en la exploración espacial. Y al fin y al cabo, fue desde estos humedales ahora propiedad de la NASA desde donde partieron los primeros hombres que pisaron la Luna.

El parque está muy tematizado, casi convertido en una atracción. Llegamos a hora de la apertura, pagamos en las taquillas (muy parecidas a la de cualquier parque temático de Orlando) y empezamos por visitar el enorme cine IMAX con gafas en 3D donde la voz de Tom Cruise nos iba explicando los pormenores de la construcción de la Estación Espacial Internacional así como los viajes de algunos de los astronautas que pusieron en marcha este impresionante proyecto. Impresiona verles en el espacio saliendo de la Estación para fijar algún elemento o cuando van por dentro haciendo los estudios requeridos o en sus actividades cotidianas como dormir, lavarse o comer. Es muy curioso verles en acción en gravedad cero. ¡Sobretodo tras abrir una bolsa de M&M!

Acabado el documental en gran formato, caminamos hasta un parque donde un simpático señor explicaba la historia de los diferentes cohetes que allí se encontraban, muchos de ellos altísimos. El dato más interesante es el de cómo la tecnología balística militar fue la que derivó en los cohetes necesarios para impulsar elementos como los satélites y luego a las personas para salir al espacio superando la enorme atracción de la gravedad terrestre. También había alguna de las cápsulas en las que los primeros hombres lanzados al espacio (es decir, fuera de la atmósfera) viajaron, y en las cuales uno se puede meter para apreciar el reducido espacio en el que tenían que aguantar largas horas, primero a que les lanzaran, colocando esas cápsulas con ellos dentro en las puntas de los cohetes, y luego dando vueltas a la Tierra hasta dirigirlos de nuevo a la superficie terrestre y caer en medio del océano a grandes velocidades con paracaídas monstruosos. Dicho esto, fueron los rusos los primeros en enviar un hombre al espacio, tal y como los estadounidenses recuerdan con su orgullo ligeramente herido.

Tras el instructivo paseo, nos metimos en un aula en la que un interesante catedrático sevillano de Físicas impartió una clase magistral sobre la misión Curiosity, dirigida a explorar Marte. Esta misión lanzó a finales del pasado noviembre al robot más grande que jamás haya pisado la superficie marciana, con el objetivo de extraer datos fundamentales que permitirán avanzar en la carrera por llevar humanos hasta el planeta vecino. Fue una charla instructiva y amena. La lástima fue no haber estado presente en el lanzamiento del cohete con el robot, que se produjo días después. Si alguna vez vuelvo al cabo Cañaveral, será para ver un lanzamiento. Estoy seguro que debe ser impresionante.

El siguiente paso en nuestra visita era acudir a la famosa “experiencia de lanzamiento”, en la que un simulador nos dará la sensación de ser lanzados al espacio desde uno de los famosos Shuttles que tanto utilizó la NASA en sus misiones a la Estación Espacial Internacional. Sientan al público en una recreación del lanzador, te abrochan bien, y ponen el lanzador hacia arriba, simulando los sonidos, luces y sobretodo la vibración y el efecto subida del cohete. Luego se estabiliza intentando simular la navegación en el espacio abierto y por último, se abren las compuertas pareciendo verse la Tierra. Personalmente, me decepcionó bastante, la verdad.

De ahí nos fuimos a tomar algo para comer y pasamos por una placita donde una enorme bola de granito de más de nueve toneladas que muestra el mapa del cielo visto desde la Tierra. Esta pesada bola gira debido a que está colocada encima de un chorro que distribuye agua por toda su base haciendo que sea fácil moverla. Luego cogimos un bus que nos llevó por todo cabo Cañaveral enseñándonos los famosos hangares donde se construían los shuttles (altísimos), la famosa carretera por donde enormes plataformas rodantes trasladaban los cohetes, las tremendas áreas de lanzamiento, llenas de torres de hierro. Desde una de las plataformas de observación se puede ver todo el cabo, con sus más de diez plataformas de lanzamiento, que parece un auténtico paisaje militar.

El autobús también para en un gran hangar dedicado a las misiones Apollo, donde el cohete más grande del mundo está colocado sobre pilones a lo largo del hangar, apreciándose el tamaño del mismo de una forma increíble. Gracias a este tremendo desafío de la ingeniería balística se pudieron hacer los viajes a la Luna, ya que en estos tremendos cohetes cabían grandes cantidades de combustible necesario para llegar y volver de nuestro pequeño satélite. En un museo anexo encontramos desde trocitos de rocas lunares hasta periódicos de todo el mundo de la época en la que Neil Amstrong dio el primer paso en la Luna. También hay una sala donde se explica más o menos a través de imágenes y montajes la historia de las misiones espaciales, dando énfasis en todos los hombres y mujeres que perdieron la vida en lanzamientos fallidos.

Acabamos la visita en una de las tiendas del hangar del Apollo, probando el curioso helado deshidratado que se llevan los astronautas al espacio y comprando una sopa que se cocinó en honor a los primeros hombres en la Luna. Tras esta visita, es necesario coger el coche y dirigirse a otro de los espacios turísticos del cabo Cañaveral, incluidos en la tarifa general. Se trata del USA Astronaut Hall of Fame, donde todos los astronautas estadounidenses tienen una placa con sus datos, y donde un enorme museo muestra de forma amena las diferentes misiones que permitieron llevar a cabo la exploración espacial. Objetos curiosos, trajes de astronautas, pequeños simuladores, “los olores de la Luna, los controles de la base de Houston, y un simulador de gravedad cero (estropeado para mi desilusión) son algunos de los elementos que conforman estas instalaciones. Nosotros lo visitamos un día diferente del que visitamos el Kennedy Space Center. No quisimos morir de sobredosis espacial.



diumenge, 4 de desembre del 2011

90 horas en Georgia

Mi primer Thanksgiving, o día de Acción de Gracias, lo he pasado en el estado de Georgia, el vecino del norte de Florida, dónde vivo este año. Esta fiesta recuerda la ayuda que los nativos prestaron a los europeos que llegaron en el Mayflower al Nuevo Mundo, huyendo de la persecución religiosa en el Viejo Continente. Al año siguiente, como agradecimiento a la ayuda prestada, los recién llegados organizaron una cena para dar gracias a los indios. Por eso, cada 24 de noviembre las familias estadounidenses se reúnen alrededor de un enorme pavo que tarda horas y horas en el horno (el de la familia que me invitó tardó seis horas en hacerse). También asan a la parrilla un jamón enorme, preparan verduras, la típica gelatina de arandanos, salsa de setas y, al estar con sureños, los omnipresentes mac & cheese, una especie de fideos pequeños y acaracolados con tres tipos de quesos fundidos (uno de ellos con pinta bastante insana y grasienta, pero sabroso igualmente). Básicamente se reúnen familiares y amigos en las casas para pasar el día juntos, bebiendo algo y picando mientras el pavo se hornea y se preparan el resto de ingredientes. Cuando por fin está todo preparado y la gente satisfecha llega la hora de los postres: el típico pastel de calabaza caliente con una bola de helado de vainilla encima. Y algunos chupitos para digerir bien todo.

Las tradiciones siguen cuando miles de familias se dirigen minutos antes de medianoche a tiendas como BestBuy o Wal-Mart para la apertura del conocido como Black Friday, llamado así porque todas las tiendas cosiguen con estas rebajas pasar sus cuentas de color rojo a negro. Televisores de pantalla de plasma por 250 dólares vuelan, y miles de artículos, fundamentalmente de electrónica y perfumería están muy baratos. Fue curioso ver las larguísimas colas para entrar en las tiendas, los atascos de coches, y la cantidad de gente comprando a las dos de la mañana. Yo aproveché y compré una memoria SD para mi cámara a mitad de precio.

Tras este curioso ritual de consumismo yanqui, nos fuimos a dormir. Al día siguiente nos despertamos pronto para descubrir la capital no oficial del conocido como "Sur": Atlanta. En efecto, desde hace un par de décadas esta ciudad de Georgia crece como la espuma. Varias empresas multinacionales como UPS o Coca-Cola tienen su sede social aquí. Además, cuenta con el aeropuerto más grande del mundo y es sede también de Delta, una de las compañías aéreas más importantes de EE. UU., que ha convertido a Atlanta en el punto de conexión de miles de vuelos nacionales e internacionales. Por último, haber sido capaz de celebrar los Juegos Olímpicos de 1997 da la talla de la gran capacidad financiera y organizativa de la ciudad. Y no olvidemos que lleva años difundiendo una particular manera de ver el mundo y de contarnos lo que pasa a través de su canal más internacional: CNN. 

Empezamos a conocer Atlanta por la Stone Mountain, el bloque de granito más grande del mundo. La subimos y la bajamos, rodeados del agradable olor que desprenden los cientos de pinos que crecen en este parque natural. El día era magnífico, soleado, sin una nube y con cientos de personas paseando por allí. Desde la cima se podía observar toda la planicie central georgiana, profundamente boscosa, y sobretodo el skyline de Atlanta y las ciudades que la rodean, especialmente Marietta. Precioso. Esta enorme roca tiene además el perfil de diversos generales secesionistas de la época de la Guerra Civil estadounidense, a los que se recuerda en determinados espectáculos de luces y láseres que se celebran en verano. Los habitantes de esta ciudad no olvidaran nunca que el Ejército del norte, durante la Guerra Civil, quemaron la ciudad entera. Sigue existiendo el recuerdo a lo que fue la Confederación entre amplios sectores de la población, por extraño que parezca. 

Tras un primer contacto con la naturaleza, nos fuimos al centro de la ciudad, donde lo primero en la agenda era The World of Coca-Cola, tal vez una de las atracciones más populares de la ciudad. Por apenas 16 dólares podremos explorar la mayor colección de objetos de esta marca de refrescos: desde el primer coche a motor que distribuyó los botellines (por cierto en Buenos Aires), hasta la máquina distribuidora de Coca-Cola y Sprite instalada en la Estación Espacial Internacional, pasando por el mostrador de la farmacia dónde por primera vez se sirvió un vaso de Coke por sólo 5 centavos, con propiedades medicinales, especialmente contra el dolor de cabeza.

En esta exposición se explica como John Pemberton, un modesto farmacéutico de Atlanta, llegó a vender por pocos dólares su invento, y cómo otros farmacéuticos fueron los que consiguieron popularizar la famosa bebida, utilizando mediadas de marqueting innovadoras para aquel momento. La primera fue publicar cupones para probar un vaso de Coca-Cola gratis. Con ello, se aseguraron que miles de personas sabían el sabor del producto, y la mayoría lo volvieron a comprar. Pero sin duda, la mayor innovación de esta empresa fue su campaña navideña de los años treinta, dónde reformuló la imagen de Santa Claus, pasando de un viejecito mal vestido, encogido y enfermizo, a ser el risueño y barbudo gordinflón vestido de rojo que todos hoy conocemos: invento de los expertos de la empresa.

Otras de las curiosidades son los expedientes de la multinacional cuando decidió cambiar la receta original y pasar de Coca-Cola a Coke. Esto fue en 1985 y se debió a que miles de tests entre consumidores determinaron que la nueva receta gustaba más que la antigua y también que la Pepsi. Sin embargo, la compañía no contó con la nostalgia de millones de clientes que se movilizaron incluso judicialmente para que se comercializara de nuevo la receta original. Finalmente, la empresa decidió comercializarlas juntas: New Coke y Coca-Cola Classic. Pocos años después, New Coke despareció.

Lo siguiente que nos muestran es un ejemplo de una factoría moderna, con los robots funcionando en un proceso de fabricar Coca-Cola (en este caso a muy pequeña escala), donde podemos observar desde el lavado de botellas con agua hirviendo a presión, la mezcla del sirope con el água carbonatada, hasta su relleno del famoso líquido, su etiquetaje y el cierre de la chapa. Al final del proceso un sonriente empleado nos regalará uno de esos botellines recién fabricados etiquetados con el logo del museo.

También hay una película 4D con curiososos efectos especiales que hará las delicias de los más jóvenes, con cero interés educativo (eso es cierto) pero mostrándonos de una manera muy impresionante las maneras de distribuir la Coca-Cola por todo el mundo: desde los callejones estrechos de Saint-Tropez hasta las humeantes callejuelas de Beijing, pasando por las montañas nevadas de Noruega hasta las remotas islas Filipinas pasando por los caudalosos ríos africanos. El mensaje que la multinacional lanza es claro: por muchas culturas que existan algo nos une a los humanos: el placer de disfrutar de una Coca-Cola.

La colección de objetos artísticos realizados con latas, botellas y chapas de Coca-Cola, así como utilizando su logo, es también curiosa, en especial la colección de cartas enviadas por miles de consumidores asociando esta bebida a recuedos positivos de sus vidas o las joyas hechas con latas. También hay una gran sala de proyecciones para ver todos los anuncios que la compañía ha realizado en televisión y cine a lo largo de las últimas décadas.

Aunque sin duda, la parte que más éxito tiene es la zona de cata, con pilares dedicados a cada continente en el que decenas de dispensadores de refrescos ofrecen la oportunidad a los visitantes de probar refrescos que la compañía produce en diferentes países: desde la Fanta de piña de Grecia a la de kiwi y fresa de Tailanda, pasando por el refresco de manzana y zanahoria del Japón, el té de menta burbujeante de Djbuti, el Nestea ultrarrefrescante (efecto hielo) de China, muy diferente del suave Nestea Pêche blanche francés, o la Inka Kola del Perú. El final era una zona acristalada con vistas a Atlanta con decenas de dispensadores con todos los productos más tradicionales, desde la Coca-Cola de toda la vida pasando por todas sus variantes: ya sea Light, Zero, Cherry Coke, de vainilla, la que tenía limón o el curioso TAB. Y muchas más. Personalmente acabé con el estómago algo revuelto, tras la mezcla de cientos de refrescos, la mayoría gaseosos. Pero fue una curiosa experiencia.

La visita acaba por la gran tienda, dónde podremos comprar casi cualquier cosa relacionada con la popular marca. Lo que no son tan populares son los precios. Pero curiosear es gratis.

Tras tal bombardeo de publicidad corporativa deambulamos por el parque Olímpico, donde una preciosa fuente en el suelo forma los famosos cinco círculos símbolo de las Olimpiadas. Luego pusimos rumbos unas calle al sur para dirigirnos al hotel más alto del hemisferio occidental: el Peachtree Plaza. Cuenta con un restaurante giratorio y unos pisos más arriba, con un agradable lounge, también giratorio, donde nos tomamos algo mientras disfrutábamos de las increíbles vistas nocturnas de Atlanta y sus alrededores. La noche la terminamos en el Hard Rock Café Atlanta, dos calles más allá, tomando tomates verdes fritos como entrante, algo muy sureño.

Quedaba mucho por hacer en Atlanta: desde visitar el Acuario más grande del mundo hasta la Casa-Museo de Martin Luther King. Y por supuesto, hacer el tour por los estudios de CNN. Sin embargo, el tiempo apremiaba y tocaba volver a la Florida, haciendo parada de una noche en la colonial Savannah. Visto el interior de Georgia, tocaba ver algo de su bonita costa.

Y así, llegamos a la antigua capital de este Estado sureño. Alrededor del río homónimo, en mitad de un pantano y con calles llenas de robles centenarios cubiertos de musgo negro que cuelga de las ramas, esta ciudad es una gran colección de espléndidas mansiones colocaldas en perfecto orden. No en vano, es la primera ciudad planificada de EE. UU., con calles rectas, y plazas cada cinco avenidas. De hecho, sus 21 placitas son lugares frondosos con muchísimo encanto, cubiertos de los robustos árboles y siempre con alguna bonita estatua o fuente en el medio.

Y ya más hacia el puerto, las calles se estrechan y encontramos decenas de restaurantes de mariscos y pescados recién capturados en el Atlántico. Como por ejemplo en el tradicional, ruidosa y algo cara Shrimp Factory, un lugar dónde saborear las decenas de recetas típicas del lugar, como las excelentes gambas con carne de cangrejo y arroz de la Georgia. Y de postre nada mejor que ir a una de las decenas de tiendas de dulces artesanales de al lado para degustar una especie de galleta de nueces con chocolate y dulce de leche mientras se pasea admirando la preciosa arquitectura de la ciudad.

Ciertamente la neblina y los musgos cayendo de los árboles dan un aspecto tétrico durante la noche. Vale la pena acercarse al céntrico cementerio mientras se oyen las campanas de alguna cercana iglesia y los caballos trotan haciendo un ruido típico en los adoquines de las antiguas calles, arrastrando carros llenos de turistas a los que les explican los diferentes momentos históricos de la ciudad. Más curiosos aún son los coches fúnebres llenos de gente de pie en el maletero, lugar dónde normalmente van los ataúdes. No en vano, se cree que la ciudad está encantada. 

Al día siguiente, con la luz del sol, la ciudad cambia muchísimo, transmitiendo alegría. Pusimos rumbo a uno de los cafés más populares: The Goose Feathers, dónde los lugareños disfrutaban de su brunch dominical. Y lo mismo hicimos. Un buen croissant relleno, a la sureña, con los famosos huevos pochados, jamón dulce, queso cheddar fundido, salsa holandesa... delicioso. Un paseo diurno por las mansiones más relevantes de la ciudad, especialmente por la conocida como Ginger Bread, amarilla, de madera, con su porche y sus terrazas, nos trasladará a los primeros años de vida de los Estados Unidos. Fue la riqueza del algodón la que trajo el esplendor a Savannah, y los antiguos almacenes nos lo recuerdan.

Una de las grandes curiosidades de Savannah es que en uno de sus parques fue dónde se rodaron partes de la popular película Forrest Gump. Un último paseo por la calle mayor, Broughton Street, con sus decenas de tiendas y restaurantes, decorada de Navidad, con la cúpula dorada del ayuntamiento, fue la despedida de Georgia, poniendo rumbo de nuevo al Estado dónde tengo mi hogar estos meses: la Florida.