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dissabte, 14 de juny de 2014

Tipaza

A más o menos una hora en coche desde Argel (si no hay tráfico, claro) se encuentra la ciudad costera de Tipaza, enormemente popular en el turismo nacional, siendo esta una excursión común de un dia para los habitantes de la capital. A 70 kilómetros de la capital, nos costará llegar más o menos una hora en coche si no hay mucho tráfico. En taxi negociad un buen precio para el dia pero jamás paguéis más de 4,000 dinares por seis horas y dos personas.

Yo la hice el primer sábado que llegué a Argel y me encantó. Por supuesto, no puede compararse a la magnificiencia de las ruinas de Djémila pero aún así son ruinas muy bellas a las que se les añade el encanto de estar frente al Mediterráneo. Tipaza fue conquistada por Roma a los cartaginenses y pronto se convirtió en una ciudad dinámica dentro del Imperio. Pero tras conquistas y destrucciones de vándalos, bizantinos y árabes la ciudad quedó despoblada en el siglo VIII. 

La ciudad resurgió con fuerza, especialmente durante el periodo colonial francés. Albert Camus, francés nacido en Argelia, la hizo famosa con sus dos ensayos: Bodas en Tipaza y Retorno a Tipaza. El célebre Premio Nobel pasó largas temporadas en las ruinas mientras reflexionaba para escribir sus ensayos. Según contaba, le relajaba muchísimo la combinación de ruinas, mar y montañas. La declaración como patrimonio de la humanidad UNESCO de sus ruinas romanas la consacró como uno de los destinos obligados para toda visita a Argelia. Y sus famosos restaurantes de pescado y marisco fresco redondean la oferta turística. 

Nada más llegar a la ciudad nos dirigimos a la entrada de las ruinas de la antigua ciudad romana. A partir de la antigua calle mayor, el Decumanus Maximus, nos encontraremos con los restos del antiguo pequeño coliseo que entretenía a los habitantes con espectáculos de gladiadores. Asímismo encontramos los restos de algunos templos, con escalinatas y columnas, así como numerosas huellas del antiguo sistema de alcantarillado. Muy cerca del mar están los restos de las principales residencias de la ciudad, una de ellas que se observa grande y espaciosa, ya que se ven los restos de la villa con su jardín central porticado con pozo en medio y las habitaciones alrededor, una de las cuales conserva un bellísimo mosaico que actualmente se encuentra al aire libre.

También están los restos de las antiguas termas, con sus piscinas de agua caliente, templada y fría. Además de la gran basílica de San Pedro y San Pablo, de la que queda parte del suelo y algunos arcos, pero cuyos restos muestran su grandeza. En algunas partes de la ciudad observaréis restos de cavas muy profundas con grandes jarras, lo que fueron fábricas de "garum", una salsa a base de pescado y especias muy utilizada por todo el Imperio romano y cuya fabricación fue en parte responsable de la prosperidad de la antigua Tipaza.

Asimismo, paseando por otros barrios de la antigua ciudad romana, encontraremos el bello teatro, cuyo escenario colapsó y ahora solo quedan los restos de las salas donde se cambiaban los actores. Muy cerca está la fuente de las Ninfas, un bellísimo ejemplo de gran pública donde antes habían estátuas de las bellas semi-diosas. 

Vale la pena pasearse también por el antiguo cementerio pegado a la costa, donde veremos multitud de tumbas romanas y cristianas, mausoleos e incluso una gran tumba de alguien importante con restos de sus frescos pintados de rojo. A nosotros nos guió un amable guarda que nos explicó varias cosas. El cementerio debe ser una parte crucia de la visita ya que es la clara muesta de las múltiples influencias que recibió la muy comercial Tipaza: hay tumbas fenicias, romanas paganas y romanas cristianas, en una mezcla única, una de las principales razones para declararla patrimonio de la humanidad. Una de las grandes diferencias entre Tipaza y Djémila es que las ruinas de Tipaza están atestadas de gente. Hay familias enteras saltando entre las ruinas, haciendo picnic en las zonas verdes o simplemente paseando. 

Tras visitar estas magníficas ruinas, nos dirigímos a almorzar a uno de los restaurantes situados nada más salir de las ruinas: Le Progrès, donde almorzó el Rey de España, Juan Carlos I, cuando visitó Tipaza hace unos años. Como ciudad costera, el restaurante está especializado en productos del mar. Empezamos con una caliente sopa (chorba) de pescado de la casa, luego boureks de gambas como entrante (los boureks son hojaldres fritos rellenos) para continuar con una deliciosa ensalada de pulpo fresco y unas gambas reales a la parrilla exquisitas. Los precios son algo más elevados de lo habitual pero tampoco excesivamente. El flan de la casa vale la pena como buen postre.

Tras la comida, y como empezaba a llover, tras pasearnos por las tiendas de recuerdos y de antigüedades, donde encontrar algunas joyas como teteras antiguas, decidimos volver a Argel. A la vuelta en coche por la carretera veréis en una de las colinas una majestuosa casi pirámide: se trata de la tumbra de la cristiana, un mausoleo en el que cuenta la leyenda que se esconde un gran tesoro. Muchos son los que afirman que aquí está enterrada la mismísima Cleopatra

El definitiva, Tipaza merece la pena ser visitada ya que es una excursión sencilla de un día desde Argel. Su categoria del patrimonio de la humanidad UNESCO aclara cualquier duda sobre al calidad de sus ruinas. Me queda dar un vistazo a su museo, ya que no me dio tiempo en la pasada visita. 

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