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dissabte, 1 d’agost de 2015

Murcia

Murcia siempre ha sido una región en la que como viajero pocas veces he pensado. Más allá de saber que tienen una estupenda huerta alrededor de su capital, poco más conocía. Es por eso que cuando un amigo murciano me invitó a conocer su ciudad y región, no dudé en decirle que sí. 

Llegamos a Murcia bastante de noche pero eso no fue impedimento para poder parar en una de las muchas pastelerías-confiterías que hay repartidas por toda la ciudad y comprar el típico pastel de carne, un hojaldre redondo lleno de carne picada con huevo duro muy sabroso. Lo acompañamos con un tercio de Estrella de Levante, la cerveza que los murcianos llevan bebiendo desde 1963. 

Calblanque

Al día siguiente nos fuimos de excursión al parque regional de Calblanque, que según los lugareños cuenta con la mejor playa de la región. Este enclave no construído cuenta con una gran biodiversidad además de largas playas vírgenes de aguas cristalinas. Es por ello que durante días de gran afluencia (como fines de semana o festivos de julio y agosto) su acceso está regulado existiendo un máximo diario. Mejor ir pronto en todo caso. Es muy importante que llevéis todo lo que queráis comer o beber ya que en las playas no hay ningún establecimiento y ni siquiera duchas. Nosotros llevamos una neverita bien cargada. No olvidéis la sombrilla ya que apenas hay sombras (sólo en algunas pequeñas grutas frente al mar). Por último, si tenéis gafas de snorkel aprovechad para dar un vistazo a los alrededores de las zonas rocosas y ver la fauna marina. 

Tras unas cuantas horas de nadar y broncearnos, nos fuimos a conocer el curioso urbanismo de la Manga del mar Menor, una lengua de arena que divide el Mediterráneo de un pequeño mar de agua salada en la costa murciana, haciendo posible bañarse en dos tipos de agua dando un paseo de pocos minutos. Eso sí, el agua del mar Menor estaba muy caliente llegando a ser incluso desagradable. Es perfecta para niños porque además de su temperatura, las aguas del mar menor son extremadamente tranquilas, de hecho parece una piscina gigante. Por razones logísticas nos quedamos sin tiempo para descubrir Cartagena, razón por la que tendré que volver a la Región de Murcia tarde o temprano. Ese día acabó con una deliciosa barbacoa casera de embutidos, carnes y hortalizas murcianas que nos ofreció mi amigo.

El Museo Salzillo

La mañana siguiente la consagramos a la ciudad de Murcia, empezando por el interesante museo Salzillo, en pleno centro de la ciudad. Situado en la iglesia de Jesús, el museo surgió al acogerse allí los pasos realizados por el artista para la procesión de Viernes Santo. En la parte moderna del museo se exponen diferentes piezas relacionadas con dichas celebraciones, incluyendo obras del propio Francisco Salzillo, al que numerosos expertos consideran como el mejor escultor español, al menos del barroco. Destaca el gran belén napolitano, probablemente el mejor del mundo, hecho a partir de decenas de estatuas compradas a diversos coleccionistas. Me llamó la antención la riqueza de las estatuas que representan a los reyes magos y su corte, así como el bello mercado o el gran portal del nacimiento, con muchísimos ángeles alrededor. En las salas posteriores se expone también un belén realizado por el propio Salzillo, mucho mas austero que el anterior pero impresionante por igual, especialmente la parte del castillo del rey Herodes y la escena de la matanza de los inocentes.

Sin embargo, las piezas clave del museo son los diferentes pasos que el artista realizó para salir en procesión cada Viernes Santo y que impresionan a cualquiera. Las de mayor belleza son el San Juan, el Ángel que anuncia a Jesucristo su próxima muerte y sobretodo la escena de la Última Cena, con Jesús presidiéndola y sus 12 apóstoles sentados alrededor en bellas sillas. La mesa se decora con comida de verdad cada Viernes Santo. Destaca Judas Iscariote, el traidor, representado como pelirrojo, que en aquella época se asociaba al mal. Sin duda, un museo que vale la pena visitar.

Tapeo, cultura y arquitectura

Seguimos recorriendo el centro histórico de la ciudad haciendo un alto en el tradicional bar "Los Zagales" donde probé el "marinero" una tapa típica  murciana a base de una rosquilla con ensaladilla rusa por encima (en Murcia la hacen con pepinillos en vinagre picados) y todo presidido por una anchoa. El delicioso pisto con productos de la huerta murciana también estaba perfecto. 

Seguimos paseando viendo el Ayuntamiento de Murcia en la glorieta España, así como el río Segura y sus puentes, destacando los dos realizados por Calatrava, con su peculiar estilo geométrico y siempre blanco. De allí llegamos a la imponente catedral, que aunque estaba cerrada y no la pudimos visitar por dentro, admiramos la barroca fachada, una auténtica joya que actúa como retablo en la calle, prolongando el espacio sagrado a la misma plaza. Aunque aún hoy en día sigue siendo la catedral de la diócesis de Cartagena, se cambió la sede a Murcia ciudad por razones de seguridad, en especial debido a la piratería. Por cierto, su torre campanario es la segunda más alta de España después de la Giralda sevillana. Enfrente tiene la modernísima fachada de las oficinas del ayuntamiento realizada por Moneo, una especie de contrapunto como retablo contemporáneo. Y a un lado se encuentra el elegante palacio episcopal, que acaba de dar un aire majestuoso a la plaza.

Giramos a la izquierda y continuamos por la peatonal calle Trapería, donde hicimos un alto en el elegante Real Casino de Murcia, donde se ofrecen visitas con audioguía. El ecléctico edificio merece ser visitado y así lo hicimos. La entrada es una elegante escalinata con dos "peceras" a cada lado, que son salones acristalados con butacones donde los miembros del casino pueden conversar. El lobby, de estilo neonazarí, imita una de las estancias de la Alhambra de Granada y está decorado con más de 20,000 láminas de oro y la inscripción "Alá es grande" repetida en lengua árabe numerosas veces. Luego se visitan una sucesión de salas elegantes como la biblioteca, el salón de bailes (con sus cinco arañas de cristal Bacarat), la cafetería, la sala de billar, el salón pompeyano... por supuesto, hay muchas estancias que sólo están accesibles para socios.

Saliendo del casino llegamos a la popular plaza de Santo Domingo, donde además del centenario ficus que provee de sombra abundante, se encuentra la barroca iglesia de Santo Domingo, donde San Vicente Ferrer predicó: allí hay aún en su fachada una estátua del santo en modo de predicar. En esta plaza está además el primer Llaollao, una de las franquicias de helados más exitosas del mundo que empezó un murciano.

Tras los paseos y el calor, nos fuimos a comer invitados por los padres de nuestro amigo a la taberna la Ermita, donde se ofrecen un menú del día a buen precio con entrante, primer plato, segundo plato y postre. Preparan recetas tradicionales de forma innovadora y súmamente elegante, además de ser más que amables. Muy recomendable para toda visita a Murcia.

Archena

Tras descansar esa tórrida tarde y no hacer prácticamente nada, nos fuimos a pasar el resto del día al balneario de Archena, enclavado junto al río Segura y rodeado de palmeras, eucaliptos y limoneros. Ya los romanos edificaron unas termas aquí, debido a las aguas curativas que brotan de forma natural. En la Edad Media, el número de bañistas creció y fue la Orden de San Juan de Jerusalén quién se hizo cargo de su gestión. Actualemente se ha modernizado y cuenta con numerosas piscinas de diferentes temperaturas, jacuzzis, cascadas, chorros o ríos artificiales. Perfecto para una tarde de relax.

Llegamos muy tarde a la ciudad, más de las once de la noche, pero aún así, en la tradicional tasca el Palomo nos sirvieron la cena y fue allí donde probé el zarangollo (un revuelto de cebolla y calabacín) las chapinas de cordero (ganglios linfáticos rebozados) y la codorniz al ladrillo, entre otras delicias locales. El día siguiente, antes de abandonar la región, desayunamos en una de las confiterías Maite, donde probé otra especialidad local: el pastel de Cierva, que combina sabores dulce-salado relleno de pollo cocido. 

En definitiva, la Región de Murcia tiene mucho que ofrecer: una gastronomía espectacular, paisajes y playas preciosas, una gran oferta cultural y muchos pueblos con encanto (que no visité pero que espero hacer en el futuro). El único pero es el tremendo calor que hizo: mejor volver en primavera. Además, quedó pendiente probar los paparajotes!

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