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dissabte, 12 de febrer del 2011

De fiesta en.... Florianópolis.

Siempre digo que cuando viajo me gusta ir a un supermercado y a una discoteca del lugar. A veces lo consigo y otras no, pero creo que es una de las maneras de conocer de forma más genuina la vida de los locales. Así, intento tomar el pulso a la rutina de los jóvenes escapándome del típico recorrido turístico.

En el blog, de vez en cuando, haré un repaso a los lugares dónde he tenido la oportunidad de salir de fiesta y daré mis opiniones particulares. Por eso, cualquier corrección, comentario o puntualización serán bien recibidas.

Empezaré esta serie de entradas por la capital de la fiesta veraniega del cono sur: Florianópolis. Situada en una isla, también fue calificada como The party destination of the world de 2009 según el New York Times. Más conocida como Floripa, se ha convertido en el lugar donde familias y grupos de jóvenes de São Paulo y todo el sur de Brasil, de Buenos Aires y también de Uruguay, fundamentalmente, acuden e tropel a sus playas. Es cierto que llegué cuando el verano estaba acabando, así que voy a dar una visión diferente, la que no ofrecen las guías, pero no por ello menos apasionante. El hecho de que una buena universidad pública de Brasil tenga su campus en Floripa, llena a la ciudad de jóvenes con ganas de algo que hacer los fines de semana. La UFSC (Universidade Federal de Santa Catarina) con sus casi 40 000 estudiantes genera un enorme dinamismo en Floripa. Además, la presencia de otras universidades como la pública UDESC (Universidade do Estado de Santa Catarina) o la universidad privada UNISUL, junto con otros centros privados menores, elevan la cifra de estudiantes que dinamizan la vida nocturna de la ciudad fuera de la temporada alta.

Dejando de lado la locura de los meses veraniegos de diciembre, enero y febrero, Florianópolis recupera su marcha nocturna habitual, que es la que yo tuve la oportunidad de descubrir y sobretodo, disfrutar.

El núcleo del inicio de cualquier noche de fiesta joven empieza en el campus de la UFSC, en el popular barrio de Trindade. Las diversas facultades organizan en sus jardines los que yo llamo "botellones legales" donde venden alcohol a bajo precio. Destacan las famosas cervejadas donde cada cual paga una pequeña cantidad por comprar una jarra y, con ella, tiene derecho a rellenarla de cerveza todas las veces que quiera. Estas fiestas suelen empezar a las 21 horas y a las 00.30 ya recogen las cosas. Es entonces cuando los estudiantes se dispersan a los diferentes locales de la isla. Empezaré con los del norte.

De hecho, uno de los primeros lugares a los que fui nada más llegar a la ciudad fue al Life Club, una terraza de verano situada en mitad del interior norte de la isla, en medio de campos. Un suelo de madera hace de zona de baile, con varias carpas blancas de diseños y formas estilosas que la cubren. Además, dispone de un escenario donde normalmente actúan bandas en directo. La música suele ser muy brasileña, con sambafunk o sertanejo (pop-folk universitario brasileño). Sin embargo, ocasionalmente, el DJ pincha alguna canción comercial. El precio de la entrada y bebidas es medio, el dress code informal y el ambiente básicamente de jóvenes universitarios, ya que habitualmente se hacen fiestas de las diversas facultades. Yo fui a la fiesta de los farmaceúticos, conocida como la Xaropada. Normalmente todos los viernes hay fiestas organizadas por los estudiantes de las diferentes facultades de las universidades de la ciudad. Por cierto, sólo se puede ir en coche o en las furgonetas que organizan las facultades y salen desde el campus universitario de la UFSC.

Más al norte, en la costa de la zona más pija y cosmopolita de la ciudad, Jurerê Internacional, se encuentran algunas de las macrodiscotecas de Florianópolis. Aquí veranean Andrea Casiraghi, entre otros y esto se nota, no sólo en los cochazos que circulan, sino también en el alto nivel de los locales nocturnos. La prestigiosa cadena internacional de las cerecitas poseé una sucursal allí: PACHA-Floripa. Cuenta con una gran sala equipada con todos los adelantos técnicos en materia de sonido, luces y efectos especiales, que además del humo destacan las lluvias de papeles dorados, por ejemplo. Además, la enorme terraza, y sobretodo la explanada con el enorme escenario preparado para actuaciones internacionales (Moony acababa de dar un concierto hacía un mes) convierten a esta sucursal de la cadena española en una de las discotecas de referencia de la ciudad. El edificio y todos sus espacios están hechos imitando la roca encalada de blanco, en un ambiente que nos traslada a Ibiza. Los precios, tanto la entrada como las copas son elevados, en especial para nosotros los hombres. La manía de cobrar más a hombres que a mujeres es una práctica habitual es numerosas discotecas brasileñas. El dress code es más elegante de lo habitual y además de universitarios, también abundan los grupos de turistas tanto del propio Brasil, como argentinos y uruguayos, y de jóvenes no universitarios (véase las jovencitas trabajadoras en tiendas de ropa de la ciudad o las modelos). La música es excelente, siguiendo la política musical de la cadena internacional, con algunas canciones comerciales remezcladas por sus Djs y mucho house. Tuve la oportunidad de ir a la fiesta de reapertura, en abril, con los Djs sudafricanos Goldfish. Dispone de un enorme parking de pago y también se puede llegar en autobús.



Al lado de PACHA se encuentran otras macrodiscotecas, más caras aún y a las que no tuve oportunidad de ir. Definitivamente, Jureré Internacional es sinónimo de fiestas caras en macrodiscotecas. Simplemente citar el P12, con sus fiestas en la piscina conocidas en todo el país.

Otro de los núcleos de la fiesta está en Lagoa da Conceição, un pueblos situado al borde del lago que ocupa la mitad de la isla. En la calles centra se encuentran diversos locales con música comercial, pop-rock y sertanejo. Un ambiente jóven y desenfadado predomina y los precios suelen ser medios o bajos. Fui a varias fiestas en casas de amigos pero no tuve la oportunidad de salir por allí de fiesta, aunque todo el mundo citaba un local: el John Bull.

Pero es el centro de la ciudad de Floripa, donde yo vivía, la zona de fiesta que pude conocer más a fondo. A pesar de la buena conexión por autobuses y taxis, el problema es que tal vez los locales están excesivamente dispersos por lo que no hay ninguna zona del centro de la ciudad que se pueda calificar propiamente de fiesta.

El barrio del centro donde se situaba mi apartamento, en Beira-Mar Norte, se encuentra otra de las discotecas más chics de la ciudad: El Divino Lounge-Florianópolis. Situada en la avenida enfrente del mar, esta sucursal de la famosa discoteca ibicenca compite con PACHA por traer a Floripa a los mejores Djs internacionales (Robin S estuvo en mayo, por ejemplo). Situada en un antiguo edificio de principios de siglo XX restaurado y pintado de blanco, El Divino cuenta con diversos espacios. Al principio, la fiesta se articula alrededor del patio central ajardinado, con numerosos sofás y varias barras, así como una pequeña salita de baile en uno de los laterales. En otro de los laterales, una gran puerta da acceso a la sala de baile principial, con numerosos espejos y con una iluminación y acústica excelentes, que abre a lo largo de la noche. En la parte delantera de la discoteca existe una terraza en frente del mar con un agradable sushibar. Con precios también muy altos, aún más para hombres, el sistema de consumo es de una tarjeta en la que se te van cargando las consumiciones y cuyo total debes pagar al salir. Recomiendo las caipirinhas de fresas naturales, son bastante buenas.



Gente guapa, empresarios de cierta edad de la ciudad y modelos con piernas tan interminables como su insolencia son el público habitual de esta discoteca. Los cochazos en su parking nos dan pistas sobre el ambiente que nos encontraremos en el interior. Sin embargo, la excepción la marcan los miércoles, cuando tiene lugar la fiesta semanal llamada Quartaneja, un juego de palabras en portugués entre miércoles "quarta" y "sertanejo", el popfolk universitario de Brasil. Al tocar una banda en directo de este tipo de música, el público que abarrota El Divino los miércoles son jóvenes estudiantes, y por tanto, el dress code tan elegante que domina el resto de días baja, para situarse a un nivel medio, al igual que los precios. Es curioso el fuerte cambio de ambiente que se produce los miércoles del resto de días. En definitiva, El Divino es uno de los musts de la fiesta de Floripa, y sin ninguna duda, el club más chic del centro.

Más en el centro, al lado de la avenida Gamma d'Eça encontramos uno de los locales del momento: el alternativo Jivago Lounge, que a pesar de su pequeño tamaño ha conseguido situarse entre los lugares principales de la escena nocturna de la ciudad. Cuenta con el staff más simpático de la ciudad y con una relación calidad/precio excelente. Con sus dos pisos, tiene una zona de mesas y barra para poder hablar, además de un pequeño jardín-terraza con mesas a cielo abierto donde los fumadores calman su ansiedad y los que no lo somos aprovechamos para socializar. Por último, en el segundo piso está la segunda barra, el DJ y la pista de baile, con una pequeña zona de sofás. El Jivago abre jueves, viernes y sábados, y hay que estar atento al día que elegimos para acudir, ya que los ambientes que encontraremos serán muy diferentes.

Los jueves funcionan la fiestas Plastique, en las que normalmente son competiciones entre Djs amateurs los que pinchan, con los Djs de la casa alternándose para dinamizar la fiesta. Lo que más suena son remezclas de la música comercial del momento junto con algo de house y dance. El público es joven, universitario y de un nivel intelectual ligeramente superior al resto de clubs de la ciudad. Eso se nota en las conversaciones de la terraza, donde por cierto es mucho más fácil interactuar con el resto de asistentes, a diferencia de otros lugares donde cada grupo va a la suya. En general, gente con ganas de pasárselo muy bien, sin muchas pretensiones, de mentalidad abierta y un dress code casual con detalles originales.

Por el contrario, los viernes se celebran las fiestas Upper Club, con música de Madonna, Lady Gaga, David Guetta, Kate Perry y Ke$ha sonando. No hará falta ser un as para darse cuenta del público mayoritario en estas fiestas: modernos de todo pelaje, gays pijos, lesbianas femeninas, bisexuales fiesteros y algunos heteros con ganas de pasárselo bien. El viernes sube, por tanto, ligeramente el dress code del Jivago y el ambiente amigable de los jueves baja ligeramente al encontrarnos con gente más altiva, aunque sin llegar nunca a las cotas de imbecilidad de El Divino. Normalmente acude un DJ invitado, y los traen de diversas ciudades de Sudamérica. Incluso han llegado a invitar a algún norteamericano, por lo que la calidad de las remezclas es alta.



Por último, los sábados encontramos las fiestas Convida y también las Pop Up, dependiendo del fin de semana. En estas fiestas, el Jivago normalmente se tematiza y ofrece descuentos a todo aquel que acuda a la fiesta disfrazado o vestido de una determinada manera, según la tematización de la que se trate. Normalmente pinchan los Djs residentes y la música es una mezcla de la de los jueves y los viernes. Por eso, su público también lo es. Sin duda, los sábados son un resúmen de lo que es este local los jueves y viernes.

Siguiendo en el centro, y a dos pasos del Jivago Lounge, encontramos una macrodiscoteca de dos pisos con pista móvil, que va dando vueltas, y otra sala más pequeña. Se trata del Concorde Dance Club y cuenta, como digo, con dos ambientes. El de la sala grande tiene una música típica de un gran club londinense con house, electro-dance y algunas remezclas. En la pequeña, encontramos música más comercial. Además del suelo móvil (que anima mucho la pista de baile) y del que es sin duda el mejor equipo de luz y sonido de Floripa, la caracterísitica principal de la popularmente conocida como "Conca" es su público mayoritariamente LGTB y mayoritariamente masculino. De todo tipo, clases y para todos los gustos. No por causalidad, Floripa es la capital veraniega gay de Brasil, y la segunda ciudad más friendly sólo superada por la megalópolis del país que es São Paulo.

Aparte de ser, por tanto, la catedral nocturna del ambiente homosexual de la ciudad, el Concorde es, como su nombre dice, un club de baile. Porque si lo que se busca es bailar hasta el amanecer, este es sin ninguna duda el local donde su público baila más y donde la calidad de la música alcanza las más altas cotas. Los precios suelen ser medio-altos y el dress code varía desde las camioneras de camisas a cuadros a los gays más pijos y repeinados, pasando por los ciclados descamisados. Por tanto, al Concorde cada uno va como le apetece. 

Por último, citar que los primeros viernes de cada mes, Concorde hace una fiesta para lesbianas, de gran éxito, donde los hombre pagan una barbaridad más para entrar. El resto de viernes y todos los sábados, como digo, el 70% del público es masculino.


También a un corto paseo del Jivago Lounge, encontramos uno de los locales que en los últimos meses están situándose también como su competencia directa. Se trata del 1007-Boîte Chic. Es un club de alterne reformado, convertido ahora en un espacio que quiere competir con el Jivago. Busca captar un público similar, pero con una música que, a pesar de ser comercial también, prefieren alternarla con pop-rock, frente al dance y house del Jivago. Como herencia de su condición de puticlub, la entrada es pequeña y discreta, con una escalera que nos lleva a una pista de baile subterránea rodeada de grandes espejos, las barras y un pequeño podium con una barra de baile, donde antiguamente se desnudaban las strippers. Otro de los puntos fuertes del 1007 es su terraza donde socializar, pero sobretodo, con sus increíbles vistas al gran puente Hercílio Luz, que une la isla de Santa Catarina con el continente americano, y que es símbolo de la ciudad de Florianópolis. El ambiente, por tanto, es parecido al del Jivago pero con menos sofisticación en todos los sentidos.

Y también muy cerquita del 1007 está el local más grande del centro de la ciudad: el Floripa Music Hall. Se trata de una antigua nave industrial recuperada y por eso el club es un gran espacio cuadrado con unos balcones VIP en el segundo piso que se asoman a la enorme pista de baile principal, donde incluso se celebran conciertos y actuaciones. Precios medios, ambiente joven universitario sin pretensiones y música que varía de la comercial sin mezclar, pasando por el pop-rock y con mucho sertanejo también. Cuenta con una terraza pero es excesivamente estrecha y casi no tiene vistas al puente, por lo que normalmente solo hay gente que sale rápidamente para fumar y volver a meterse. Uno de los puntos fuertes, en mi opinión, es la gran sensación de amplitud que nos ofrece el local, y sobretodo, la cercanía a la central de autobuses urbanos de la ciudad, que facilita su acceso de una manera determinante.



Justo al otro extremo del centro, bastante alejado de todo y en medio del aburrido y por las noches solitario y peligroso barrio administrativo de la ciudad, encontramos el Mix Café Club, donde está la Feria de Muestras de la ciudad, el Parlamento del Estado de Santa Catarina así como los altos edificios del gobierno del Estado catarinense. Esta discoteca es tal vez, uno de los lugares más sórdidos de Floripa. En la puerta, la fila es atendida por una famosa travesti local, que gastará bromas a todo el que pille. El interior se divide en una zona inferior con música a bajo volumen y la barra, y el alargado piso de arriba, donde la música house, electro y techno, junto con comercial remezclada, suena fuerte mientras el público baila sin parar. Diversos podiums en el piso de arriba, junto con un escenario son utilizados por varios gogós femeninos y masculinos en ropa interior. El dress code es muy bajo, cutre en ocasiones, bastante favelero. Y el público está compuesto desde chicas fáciles a garrulos sin camisa, travestis, chavalines de las zonas más pobres de la ciudad... En definitiva, el lado de la ciudad más canalla y decadente se muestra en el Mix.

Por último, no puedo cerrar este panorama nocturno de la capital catarinense sin citar uno de sus locales más auténticos: el Sambaqui. Situado en el pequeño pueblo de pescadores de Santo Antônio, en la costa norte de la isla, ofrece samba en directo a buen precio. Se trata de una pequeña casa integrada en el pueblo, blanca y con techos formados por vigas de madera y tejas en el exterior donde grupos de samba tocan junto con una o dos cantantes que no paran de animar la noche. Y su terraza situada en la misma playa, aprovechando el antiguo embarcadero, convierten a Sambaqui en un sitio donde aprender a moverse al ritmo de este baile tan carnavalesco mientras la brisa del mar nos acaricia y el ruido de las olas diluye las notas de samba que se escapan del interior del local. Cervezas y refrescos a buen precio completan la oferta. Gente simpática de todas las edades, pero sobretodo lugareños, son el público habitual. No hay dress code, pero se recomienda ir cómodo. Tal vez, su único inconveniente sean las dificultades y lejanía del transporte público, sobretodo si se va de noche. Por tanto, si se busca samba en un ambiente genuino, este es el lugar.



Seguro que me dejo muchos bares que no he tenido la oportunidad de conocer en estos seis meses, pero esta es mi personal panorámica de la fiesta nocturna durante el curso universitario en Florianópolis. Estoy convencido que durante el verano, con la marcha de muchos estudiantes a sus respectivas ciudades de orígen y la masiva llegada de turistas que triplican la población de la ciudad, el ambiente y oferta nocturna varía mucho. Si vuelvo en verano, os lo cuento.  

dissabte, 5 de febrer del 2011

Alcalá de Henares

El pasado sábado fui con algunos amigos de Valencia y con una de mis compañeras de piso a Alcalá de Henares. Esta bonita ciudad (su centro histórico para ser más exactos) es patrimonio de la humanidad-UNESCO. Por ello, a pesar del frío, la lluvia y el granizo, la visita fue muy provechosa.

Llegamos allí a mediodía, empezando la visita a la bonita plaza Cervantes, donde se encuentra el ayuntamiento decimonónico y desde la que se ven las torres de la universidad. Es curioso el hecho de que la parte de la plaza que antiguamente dependía del "Concejo" está soportalada, para poder acoger las tiendas del antiguo mercado semanal. Sin embargo, la jurisdicción diferente de la que gozaba la antigua Universidad Complutense, que funcionaba casi como un pequeño estado, hizo que la parte izquierda de la plaza no fuera soportalada, por decisión universitaria. Otra de las cosas que nos llamó la atención fue la gran presencia de cigüeñas, y de sus enormes nidos, situadas en los campanarios de la ciudad. Era curioso el claqueteo que hacían con sus grandes picos.

Bajando por la también soportalada, empedrada y muy castiza calle Mayor, llegamos a la bonita catedral gótica, dedicada a los niños Santos Justo y Pastor. Es muy agradable pero tiene un enorme órgano contemporáneo que, en mi opinión, destroza la continuidad histórica del edificio.


Volvimos de nuevo a la calle Mayor, buscando ya locales donde degustar las tapas por la que es famosa esta ciudad. Normalmente una cerveza o refresco cuesta unos 2'50€ incluyendo una magnífica tapa que la acompaña. Y creedme que son enormes, de gran calidad y deliciosas. El primer local al que fuimos, El Baserri, muy castizamente ambientado y situado en mitad de la calle mayor, ofrecía varias tapas de calidad y decidimos pedir varias para ponerlas en el medio y compartirlas. Cremosa morcilla de León, delicioso chorizo al vino del Bierzo, sabrosa rosca de jamón, jugoso bollo preñado, ricas migas, crujientes calamares, excelente lacón a la gallega... estas fueron algunas de las delicias que pudimos degustar.

El Indalo es el segundo local al que fuimos, muy conocido tal y como mostraban las fotos del dueño con diferentes personajes del famoseo español. Lo cierto es que estaba a rebentar y encontramos una mesa después de esperar un rato. Chipirones a la andaluza y un pincho moruno con patatas fueron las dos tapas que pude degustar aquí.

Y por si con esto no tuviésemos poco, faltaba el postre. Rosquillas de Alcalá, a partir de un suave hojaldre dulcemente glaseado y Costrada, una especie de merengue con crema en la base y pedacitos de almendra por encima. Esto nos lo tomamos en el horno de la plaza Cervantes, justo antes de dirigirnos a la Oficina de Turismo, desde donde salía el guía que nos haría una visita al casco histórico de la ciudad.

Empezamos viendo una antigua residencia estudiantil del Renacimiento, sobria pero interesante, para pasar a dos iglesias de la ciudad. La de Santa Úrsula no me impresionó demasiado, excepto por el báculo del cardenal Cisneros expuesto en el pequeño museo anexo. Se trata de una pieza de arte nazarí, arrebatada por el prelado tras la conquista de Granada. Portar esa vara de mando dejaba claro a los habitantes de Granada quién era el nuevo dirigente del poder.

Recorrimos la calle de Santiago, abierta por el cardenal Cisneros paralela a la calle Mayor para desatascarla, y de paso derrumbar decenas de casas de la morería. El nombre de la nueva calle no fue casual... Santiago apodado "Matamoros". Para acabar de redondear esta humillación a los musulmanes que vivían en Alcalá, su mezquita fue destruida y sus restos utilizados para construir una nueva iglesa destinada, adivinen... a Santiago, efectivamente.

Llegamos al Palacio Arzobispal, antiguamente uno de los grandes palacios de Europa pero que fue en gran parte destruido por un incendio durante la época de la Guerra Civil. Aún así, los edificios que quedan guardan parte de su antigua majestuosidad y uno puede llegar a imaginarse la suntuosidad del lugar del que hizo su residencia habitual el todopoderoso cardenal.


Anexa al palacio encontramos, en una agradable plaza cubierta por grandes árboles, la iglesia de San Bernardo, construida en tiempos de la Contrarreforma, y concebida para realizar las nuevas ceremonias barrocas donde la Iglesia Católica buscaba priorizar el hecho de sorprender y conmover más que difundir de forma razonada el mensaje de Cristo.

Su forma ovalada, inapreciable desde el exterior, es una de las primeras sorpresas con las que nos topamos al entrar. Es uno de aquellos lugares que tal vez no nos sorprenderían si los visitáramos sin más, pero tras las explicaciones del guía, que consiguió meternos en aquellas suntuosas ceremonias barrocas, con los enormes coros, la división del público, los pétalos de flores, la neblina causada por el incienso y los juegos con la luz del sol. Sólo por esta explicación, recomiendo encarecidamente a cualquiera que visite Alcalá que pague los 6 euros que cuesta la visita guiada. Salen a las 12 y 1as 16.30 desde la Oficina de Turismo de la plaza de Cervantes.

Detalles de callejuelas y de palacios nos llevaron hasta la antigua casa de Cervantes, donde visitamos reproducciones de cuartos de aquellos tiempos. Aunque la mayoría de muebles son reproducciones o de otra época, sirven para hacernos una idea de como vivió el escritor en castellano más universal.

Por último, acabamos la visita en la genial Universidad de Alcalá, antigua Universidad Complutense. Creada por el cardenal Cisneros, esta institución tuvo su gran época en los siglos XVI y XVII, estudiando allí grandes genios de la época como Lope de Vega, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, Tirso de Molina, Gaspar Melchor de Jovellanos, Quevedo, Calderón de la Barca... etc. Este ambiente dio esplendor a la ciudad de Alcalá.

Los edificios del claustro, la portada, los colegios mayores y menores... etc. Lugares de una belleza admirable. Aunque sin duda, el mayor atractivo es el Aula Magna, lugar donde anualmente los reyes de España entregan el prestigioso Premio Cervantes de Literatura. Además del detalle de sus techos y sus preciosos suelos, lo más impresionante es la explicación del guía de como era el exámen final de la Universidad de Alcalá en la época de su mayor gloria: duraba días, todos los profesores hacían una pregunta (a cuál más difícil)... y muchos otros detalles que aterrarían a cualquier estudiante actual. Las celebraciones a los aprobados y castigos a los suspensos son también sorprendentes. Si queréis saber exactamente en qué consistían estos exámenes, os invito de nuevo a acudir a Alcalá de Henares y hacer su visita guiada.

Antes de volver a Madrid nos dirigimos al convento de las Clarisas de San Diego a comprarles sus famosas almendras de Alcalá (garrapiñadas) que hacen las monjas. Al ser un convento de clausura, los paquetitos o cajas te las entregan por el típico torno. No os olvidéis de probarlas o de llevarlas a alguien como recuerdo.

Sin duda, Alcalá de Henares es una joya que descubrir al lado de Madrid.

dilluns, 31 de gener del 2011

Lisboa y Sintra

Alfama

Empezamos el sábado subiendo en el famoso tranvía 28, que recorre el popular barrio de Alfama, traqueteando por las empinadas callejuelas. Nos dejó en el miradouro da Graça, desde donde el Tajo parecía mar... Tras escalar un par de callejas empinadas nos plantamos ante la entrada del Castelo de São Jorge, donde entramos y lo recorrimos admirando el panorama lisboeta agazapados en sus almenas. Desde luego, son las mejores vistas de la ciudad. 

Procedimos a descender, parándonos a mitad para entrar y admirar la , es decir, la catedral de la ciudad, una de las pocas catedrales románicas que conozco hasta el momento, y que me sorprendió. Admiramos la alta bóveda de cañón y los pequeños ventanucos con columnitas románicas que convierten a este lugar sagrado en un espacio oscuro e intimista. Normalmente las catedrales que visito son básicamente góticas o barrocas, de ahí mi sorpresa. 
Volvimos a las necesidades terrenales buscando algo rápido que comer al Rossio, donde personalmente opté por un sandes misto (bocata caliente de jamón y queso).

Belém

Teníamos prisa para llegar a Belém, antiguo pueblo ahora anexado a Lisboa. Y tras un recorrido en otro tranvía, esta vez igual de moderno que los de València, llegamos enfrente del célebre Mosteiro dos Jerónimos, lugar donde se firmó el actual Tratado de Lisboa el pasado 2007 así como la adhesión de Portugal a la UE en 1986. El blanco edificio de gótico manuelino es precioso, así como su majestuosa iglesia, donde pude ver las tumbas de dos de los portugueses más célebres: el poeta Camões y el navegante Vasco da Gama.

Dirigiéndonos hacia el río, y aprovechando que el sol salía por primera vez durante nuestro viaje, llegamos al Padrão dos Descobridores, gran escultura de los años 60 que imita la forma de las antiguas carabelas y donde están estatuas de los principales navegantes portugueses que recorrieron todos los océanos llevando la gloria al antiguo Imperio Portugués, presente en todos los continentes.

Tras las fotos pertinentes, continuamos recorriendo los muelles deportivos de Belém hasta llegar a la que es, en mi opinión, el auténtico símbolo de Lisboa: la torre de Belém, patrimonio de la humanidad – UNESCO. Recorrí sus pétreos salones, y salí a sus balcones para admirar la enormidad del Tajo. Hacía un sol espléndido pero también un fuerte viento. Las funciones defensivas de esta preciosa torre quedan muy claras tras ver sus sólidos interiores. 

Tras la visita y las fotos, seguimos paseando por el borde del río y nos dirigimos hacia la Antiga Confitaria, el templo de uno de los dulces más sutiles de la gastronomía lusa: los pastéis de Belém. Son deliciosos pasteles con base de hojaldre y cubiertos de una suave crema ligeramente tostada en su parte superior pero líquida en el interior y cubierta con un poco de canela, que cada comensal se espolvorea al gusto. Lo curioso de este local no es solo su gran tamaño sino el hecho de que sirven los pastéis recién hechos, aún calentitos, lo que los hace aún más deliciosos. Además, es el único local del mundo que los sirve, en una receta que solo conoce tres personas a la vez en cada momento, y que no pueden viajar ni comer juntas nunca. Cuando una fallece, inmediatamente las otras dos transmiten la receta a una tercera persona nueva.

Si os fijáis, el resto de pasteles de la ciudad se les llama "pastéis de nata", ya que sólo se puede llamar "pastéis de Belém" a los que salen de este tradicional local, que además no hace envíos al extranjero ni tiene ninguna otra sede. Por tanto, aprovechad para degustar esta deliciosidad única.

Bairro Alto

Tras esta merienda, el padre de Pedro nos recogió a las puertas de los Jerónimos y nos dirigimos a casa para descansar y ducharnos. Tras ello, volvimos en coche con la hermana de Pedro y su novio de nuevo a Lisboa. Aparcando en la plaza de los Liberadores y visitando el impresionante Hard Rock Café Lisboa, remontamos el Bairro Alto para encontrarnos con el resto de amigos con las que cenaríamos. Anna e Isabella estaban allí, dos italianas que conocimos también en Floripa. 

Fuimos a cenar al restaurante Cerqueira, que a primera vista no parecía muy atractivo, pero que servía platos excelentes con ingredientes frescos. Como en cualquier tasca portuguesa, las fuentes de arroz, de ensalada y de patatas fritas eran omnipresentes. Pedimos también vinho verde. Yo pedí un salmón a la parrilla exquisito. Y todo a un precio ridículo. Lo encontraréis en la calçada Santana 49. Tras acabar la cena empezamos la fiesta en el miradouro de São Pedro de Alcântara, con unas vistas nocturnas del castillo preciosas. Y de allí nos adentramos en las callejuelas del barrio más marchoso de la ciudad, llenas a reventar de gente tomando copas. De bar en bar y de calle en calle llegamos a un local donde los amigos lisboetas de una amiga de Porto de Magali nos invitaron a su pequeño salón VIP, donde no pasé mucho tiempo pero que me vino bien para dejar el chaquetón, bufanda y suéter. También las bebidas tenían un precio muy asequible. Cuando cerraron, seguimos deambulando hasta acabar en una pequeña y sórdida discoteca llamada Copenhaguen en la que no duramos mucho. Al acabar la fiesta, y tras juntar a todo el mundo (algo complicado en Bairro Alto) volvimos a casa a dormir.

Sintra

Y llegó el último día, domingo. Me levanté temprano para coger el tren y plantarme en pocos minutos en la tranquila y verde Sintra, un pueblito cercano a Lisboa donde veraneaba la Familia Real portuguesa. Como tenía poco tiempo, me dediqué a callejear un rato y a visitar el Palácio Nacional, un edificio construido a pedazos pero con mucho encanto. El salón de las urracas y el de los cisnes destacan, pero sobre todo, las dos enormes chimeneas en forma de cono de las antiguas cocinas, símbolo por excelencia de Sintra.

También aproveché para comprarme un travesseiro en Casa Periquita, local famoso en todo Portugal por hacer los dulces típicos de Sintra. Con forma de almohadón alargado, tal y como refleja su nombre portugués, se trata de una obra maestra de la repostería formada por decenas de finas capas de un finísimo y tierno hojaldre relleno de una crema caliente semi-líquida. También compré en A Fábrica das Verdadeiras Queijadas de Sapa sus famosas queijadas, un dulce también típico con una base dura y un relleno de queso dulce muy rico. 

Tras los húmedos y verdes bosques de Sintra volví a casa de Pedro para comerme el delicioso almuerzo dominical que su familia nos ofrecía. Empezamos con un calentito y típico caldo verde, seguimos con embutidos y quesos portugueses y como plato central, como no, bacalhau, esta vez con una crema de quesos fundidos y espinacas, coronado por gambas. Regado todo con vino alentejano, claro. Y para acabar, otra deliciosidad casera: unos cuadraditos de chocolate con una masa de almendras. Dando las gracias por la comilona, nos dirigimos de nuevo a Lisboa para ir al Museu Calouste-Gulbenkian. Esta institución fue fundada por un rico magnate armenio que se instaló en Lisboa y tras una vida de coleccionar objetos de arte de todos los rincones del mundo y de todas las épocas, los donó en herencia al Estado portugués. Por desgracia, solo nos dio tiempo a ver el ala de arte contemporáneo, ya que cerraban a las 18 y llegamos a las 17.15. En fin, será una excusa para volver a la capital lusa.

Oriente

Tras este rato de cultura, nos fuimos al Oriente, el barrio más cosmopolita de la ciudad, resultado de la remodelación urbanística llevada a cabo con motivo de la Expo de Lisboa. Se trata de un lugar de amplios y modernos jardines junto al Tajo, con un teleférico que discurre paralelo al río y varios de los antiguos pabellones, reconvertidos ahora en centros comerciales, cafeterías, discotecas, palacios de deportes o de congresos, en la Feria de Muestras de Lisboa... etc. La verdad es que está todo muy cuidado y bien aprovechado. El edificio que más me gustó fue la Estación de Oriente, realizada por Calatrava, arquitecto de mi tierra. Es toda blanca y con formas angulosas que dan un aspecto magnífico a este núcleo de las comunicaciones lisboetas.

Como mi vuelo iba a salir ya, me despedí de todos, contento de haber pasado esos días con mis amigos del intercambio en Brasil y cogí un taxi rumbo al cercano aeropuerto. 

Vuelta a Belém

Tuve la oportunidad de volver a descubrir Belém al visitar a Carol en mayo de 2022, que vivía en un maravilloso ático desde el que disfrutar de unas increíbles vistas del barrio. En esa visita aproveché para hacer una visita guiada que me llevó a descubrir nuevos rincones del barrio como el Palacio Presidencial o el pabellón tailandés. Me encantó visitar el museo de los presidentes, muy ilustrativo y lleno de regalos oficiales que han ido recibiendo los diferentes mandatarios desde países de todo el globo. También había una interesante exposición de Maria de Lourdes Pintasilgo, primer mujer que llegó a primera ministra portuguesa y candidata frustrada a la presidencia del país. Los jardines del palacio presidencial son preciosos.

En lo alto del barrio no os perdáis la bellísima iglesia da Memória, mausoleo del Marqués de Pombal. Ni el jardín botánico: una auténtica delicia para un paseo dominical informal. Por cierto, que en esta segunda visita a la ciudad también fui al pueblito turístico de Oeiras, a ver la famosa heladería de nuestro amigo Pedro, donde nos invitó a probar todas sus espectaculares creaciones. No os perdáis Don Pavili: no por casualidad declarada mejor heladería de Portugal por la Cámara de comercio italiana.

Asimismo, también visité otras zonas que no conocía de Lisboa, como el nuevo Time Out Market de Lisboa, con puestos de comida espectaculares. De ahí cruzamos a Cacilhas, a través de agradable ferry que cruza el Tajo. Allí comimos en su céntrica y peatonal rua Cândido dos Reis, donde abundan los restaurantes de pescado y marisco. Elegimos el Solar Beirao, donde nos sirvieron auténticas exquisiteces.

diumenge, 23 de gener del 2011

Lisboa por primera vez

El primer encuentro de la familia brasileña ha sido en Lisboa. Gracias a Pedro, que nos acogió a siete de nosotros y lo hizo posible. Y quedé encantado. Lisboa es una de las ciudades de este pequeño mundo donde me gustaría pasar un año, para descubrirla a fondo, y también para poder conocer mejor el resto de Portugal.

Y es que Lisboa alberga un encanto especial. Su considerable centro histórico, especialmente las zonas de Alfama y Bairro Alto, guardan un ambiente de pueblecito, con tiendas tradicionales, ropa colgada en los balcones para secarse, casas de pocos pisos, callejuelas empedradas estrechas y empinadas... y sus omnipresentes tranvías que traquetean entre el pavimento. A la vez están los señoriales barrios cercanos a Marqués de Pombal y avenida da Liberdade. Es inolvidable la monumental costa de Belém. Y si se busca algo contemporáneo, el Parque das Nações y el barrio de Oriente en general, harán que cualquier cosmopolita se sienta como en casa. Hay Lisboa para todos los gustos.

Tras el reencuentro en el aeropuerto, la primera noche, la familia de Pedro nos invitó a una gran cena portuguesa. El queijo da Serra da Estrela era uno de los entrantes. Se trata de un queso muy parecido a la Torta del Casar extremeña, pero con un sabor diferente. Es un queso que cuando se saca a la temperatura ambiente se derrite ligeramente, se le abre un círculo en la parte superior y con un cuchillo se unta en tostas. Por supuesto, también estaba presente el bacalhau, elemento clave de la cocina lusa. En este caso, estaba rebozado en pequeñas porciones con perejil y ajo.

Como plato principal un delicioso y tierno pollo al vino acompañado de arroz. Por supuesto, toda la comida estuvo regada por un delicioso vino tino alentejano. Aunque lo mejor fue el postre. Una de las aficiones nacionales de Portugal, detrás de la obsesión futbolera, son los bolos y los pastéis. Por eso, la madre de Pedro había hecho para ese días dos enormes pastéis caseros deliciosos... uno de chocolate pero otro aún mejor de nata, moras y crema de frutos del bosque. Y al acabar, café y una copita de Porto, el vino dulce con el que acabar una buena comida portuguesa.

El viernes nos levantamos pronto, y tras un copioso desayuno, nos dispusimos a tener el primer contacto con Lisboa. Tras pasar por la facultad de Odontología (capricho de Carol) empezamos a caminar por el barrio de Marques de Pombal, y vistamos la Mãe da Água, en antiguo depósito de águas potables de la ciudad situado en una de las siete colinas lisboetas. Ahora se ha recuperado como una sala de exposiciones y eventos muy original. Altas columnas, una pileta enorme de 7 metros de profundidad y agua cristalina presididas por una enorme escultura que imita una montaña de rocas por donde gotea el agua de la boca de un gran pez. El espacio central de la pileta dispone de un gran suelo de madera que flota en el agua, lugar donde se realizan fiestas y eventos. También subimos hasta el terrado, donde apreciar bonitas vistas de la ciudad y nos colamos en el acueducto que sale del depósito. Tras recorrer varias decenas de metros por encima de las calles lisboetas llegamos a unas escaleras que salían y, para sorpresa de un guardia de seguridad, aparecimos en el jardín privado de una caseta de vigilancia. Tras disculparnos, abandonamos el lugar, admirando el bonito acueducto blanco que habíamos recorrido desde dentro. Me recordó mucho a los arcos de Lapa, en Rio.

Recorriendo las callejuelas rumbo a Rossio, donde llegaba Paula del aeropuerto, atravesamos la bonita plaza de Príncipe Real, uno de los núcleos para los noctámbulos de la capital, en la cima del Bairro Alto. Lisboa tiene ese aspecto decadente que tanto me recordaba a Roma, en el sentido de casas en mal estado con su pintura desconchada, cables por encima de las calles con las farolas colgando o  los cables del tranvía...etc. Pasando por delante de un asador argentino, y viendo su bajo precio, decidimos entrar. El lugar era muy elegante. Situado en una colina, disponía de grandes ventanales por los que ver parte de la ciudad. Carol, como argentina, certificó la calidad de la carne, según ella, excelente. Tras llenarnos a reventar de carnes argentinas, ensaladas y otras exquisiteces, continuamos nuestro recorrido.

Pasamos por la original Estação do Rossio, un edificio decimonónico de arquitectura neomanuelina, es decir, que imita el estilo gótico recargado de la época del rey Manuel I. Y llegamos a la céntrica plaza do Rossio, lugar de encuentro y donde cada dos pasos alguien te ofrece gafas de sol de imitación, relojes falsos o hachís. Fue allí donde recogimos a Paula, llegada del aeropuerto. Hecho el reencuentro, empezamos a recorrer rua Augusta, la típica calle de compras con tiendas de ropa de las cadenas más conocidas. A mitad de la calle, y girando la vista a una de las paralelas, se encuentra el elevador de Santa Justa, otra infraestructura del XIX, que recuerda a la parte final de la Torre Eiffel y que de hecho realizó un arquitecto discípulo del genial Gustave Eiffel, llamado Raúl Mésnier. Se trata de un ascensor de hierro que servía para acceder al Bairro Alto y que ahora cumple una rentable función turística de mirador.

Siguiendo por la calle y por deseo de Magali, nos metimos un momento en el Museu da Moda e do Dessign, viendo algunas exposiciones interesantes de muebles, trajes y objetos de diseño, así como un montaje audiovisual espectacular que nos adentró en medio de una orquesta de música clásica.

Finalizamos la calle pasando el sublime arco de la victoria que desemboca en al suntuosa Praça do Comércio, lugar donde los barcos más elegantes llegaban para desembarcar en los siglos pasados. Rodeada por columnas excepto por la parte que da al Tajo, con los edificios pintados de un suave amarillo y con tranvías que atraviesan por uno de sus extremos, esta plaza es, sin duda, la más elegante de la ciudad.  Es amplia, está recién reformada y con una uniformidad y limpieza admirables.



Para acabar el día, fuimos a la rua do Carmo, para volver al Rossio donde esta vez iba a llegar Fábio. Esta calle es el lugar "chic" donde encontrar parte de las grandes firmas internacionales. Y digo parte, porque las grandes boutiques como Vuitton, están situadas en la avenida da Liberdade, auténtico núcleo de la alta sociedad portuguesa.

Tras encontrarnos con Fabs nos dirigimos a tomar algo al célebre local A brasileira, pero como estaba lleno, nos colamos en uno de sus elegantes locales vecinos, para tomar cafés y tés. Tras  charlar un rato, volvimos a casa de Pedro en tren. Allí, disfrutamos de otra excelente cena ofrecida por sus padres. Esta vez los entrantes fueron un chorizo asado en la propia mesa, en un recipiente que tenía alcohol y al que se le prendía fuego. También hubo un enorme pan vaciado y rellenado de una ensalada basada en mahonesa y sucedáneo de marisco. El plato estrella fue una enorme fuente de bacalhau com natas, cremoso y delicioso, cubierto por abundante queso fundido y algunas gambas. Toda la comida fue regada esta vez por un refrescante vinho verde, proveniente del norte de Portugal, de la región del Minho. Y como postre, un nuevo pastel casero hecho ese día por la sra. Mendanha Dias: un inigualable pastel de una suave y esponjosa crema cubierta de trozos de fresas, plátanos y kiwis frescos y cuya base era una pasta tan leve que se deshacía en la boca. Fue tal nuestra sorpresa que tras el primer bocado, todos le dimos un aplauso a la señora por la obra maestra de repostería que nos había preparado. Coincidimos en que comer esta delicia era como degustar una suave nube.

Un recibimiento en Lisboa inolvidable.

divendres, 7 de gener del 2011

Aún Holanda...

Además de Rotterdam, durante mi tercera estancia en Holanda visité otros lugares. Pero siempre dentro del Randstad. Bautizada con este nombre por un directivo de la KLM (Royal Dutch Airlines), Randstad es la región que abarca las ciudades que se encuentran entre Rotterdam y Amsterdam. Aquí están las instituciones políticas de los Países Bajos, las principales industrias, el mayor puerto de Europa y uno de sus aeropuertos más importantes y las principales instituciones financieras del país de los tulipanes.

Por tercera vez visité Den Haag, la capital administrativa de los Países Bajos. Yo toda la vida pensando que era la capital del país y resulta que es Amsterdam. Aunque Den Haag hace las veces de distrito de embajadas, sede del Parlamento y algunos ministerios... etc. Eso le da un aire señorial y, porque no decirlo, pijo. Tiendecitas de productos de gran calidad y una gran variedad de oferta gastronómica son un reflejo de esto. Incluso las farolas tienen coronitas en el barrio más céntrico. La mayor razón para volver a la Haya era uno de los 1000 sitios que ver antes de morir, según la periodista Schultz: el museo Mauritshuis. Es un museo pequeño pero muy completo. Está situado en una antigua mansión al lado del Parlamento, en cuyas antaño habitaciones se exponen los cuadros. La colección se centra en las pinturas flamencas de su Siglo de Oro (el XVII) y la más famosa es la "chica de la perla" de Vermeer, más conocida como la "Mona Lisa holandesa". De este autor también encontraremos la "vista de Delft", uno de los cuadros más queridos del mundo. La "lección de anatomía" del genial Rembrandt es otra de las obras claves, así como uno de sus geniales autorretratos. El único problema es que si no se es estudiante en los Países Bajos, la entrada cuesta la friolera de 14 euros y medio. Aunque para aliviar la sensación de "timo" el precio incluye audio-guía, lo que no está nada mal. 

Me queda pendiente merendar en el salón Hotel des Indes, donde Mata Hari espiaba en lo que fue el cuartel geneal aliado durante la Primera Guerra Mundial. Y también disfrutar del famoso Festival de Jazz "in Den Haag", en verano. Next time!

También hicimos una excursión a los molinos de Kinderdijk, que son patrimonio de la Humanidad - UNESCO. A pesar del frío que hacía, la nieve que había y que el agua estuviese congelada, salió un día soleado magnífico y pudimos pasear por aquel paisaje tan típicamente holandés. Los molinos, además de hacer las veces de vivienda del molinero y familia, servían para drenar aquella zona y poder disponer de mayor espacio cultivable. Esta es la obsesión neerlandesa: ganar terreno al mar. Es impresionante lo absolutamente plano que el paisaje. Para llegar a este pintoresco lugar, hay autobuses urbanos desde Rotterdam que suelen tardar una hora aproximadamente. Nos hicimos muchísimas fotos, el paisaje lo merecía.
  
Por último, hicimos una escapada de unas horas a Leiden, la ciudad universitaria por excelencia de los Países Bajos. Con la que es probablemente la mejor universidad del país, esta pequeña ciudad a caballo entre La Haya y Amsterdam es un remanso de paz. Callejuelas y canales muy similares a los de Amsterdam, pero sin las manadas de turistas, la convierten en un lugar con un encanto especial. Cuenta con uno de los mejores molinos del país, además de con muchos servicios y gran variedad de tiendas, lo que la convierte en un buen lugar para vivir. La excelente conexión que tiene con el resto de ciudades holandesas y especialmente su gran cercanía al aeropuerto de Schipol refuerzan su atractivo. Preciosas iglesias y la fortaleza desde la que observar los tejados de la ciudad completan las razones para visitarla.

Y por último, Amsterdam. Por segunda vez volvía a la capital neerlandesa. Una ciudad rápidamente asociada a los Coffeeshops y al Barrio Rojo. Pero que es mucho más que eso. En esta visita tuve la oportundiad de conocer el fascinante Museo Van Gogh, uno de los museos mejor organizados del mundo a mi entender. Los 200 cuadros del artista con los que cuentan están perfectamente organizados por etapas y temáticas y la visita no se hace para nada pesada. Además, cuenta con otros muchos cuadros que influyeron en el estilo de Van Gogh, lo cual aporta una gran visión perspectiva sobre la obra de este gran pintor de finales del XIX. Por tanto, vale la pena pagar la carísima entrada de 14 euros y añadir el suplemento de 5 euros más para contar con una audioguía. Algunos de los mejores cuadros del artista están aquí.

La Casa de Ana Frank es otro de los imprescindibles de Amsterdam. Enclavada en uno de los canales más bonitos de la ciudad, el Prinsengratch, esta casa convertida en museo es realmente impresionante. Su historia es símbolo del sufrimiento de los perseguidos por el fanatismo nazi, no sólo a los judíos, sino a los gitanos, comunistas, democristianos, socialistas, homosexuales, discapacitados, testigos de Jehová... etc. De hecho, además de la casa, que se conserva mayoritariamente sin muebles (por expreso deseo de Otto, el padre de Ana y único superviviente de la familia), también cuenta con un espacio de estudio y reflexión contra la discriminación de la Fundación Ana Frank. Es especialmente curioso uno de los últimos espacios, consistente en bancos donde sentarte y varias pantallas donde se exponen problemáticas siguiendo diferentes casos recientes de convivencia entre culturas, creencias, modos de vida... etc. Al final de la exposición de cada caso, se plantea una pregunta y los asistentes disponen de varios pulsadores con un botón verde (a favor de la propuesta) y uno rojo (en contra). Tras la votación, las pantallas muestran el resultado de las respuestas de los presentes, y a continuación, la media general de todos los visitantes del museo. Es profundamente interesante y las preguntas van desde si se considera adecuado retirar los crucifijos de las escuelas, pasando por la discriminación de la policía holandesa en determinadas actuaciones o a la necesidad de prohibir símbolos nazis o no.

A parte de esto, la historia de Ana Frank me pareció tan significativa que no pude resistirme a completar mi biblioteca con un ejemplar del famoso diario de esta niña de 13 años. Por último, os aconsejo visitar la casa a partir de las 17.30, ya que en horario de invierno cierra a las 19, y una hora y media antes del cierre es cuando menos cola hay.

Y bueno, qué decir de la oferta gastronómica de Amsterdam. Se puede encontrar de todo y a todos los precios. Además, casi todos los restaurantes cuentan con opciones vegetarianas, dentro del ambiente de respeto que reina en la ciudad. Desde las grasientas ventanitas del FEBO con sus croquetas y pseudohamburguesas, pasando por el delicioso Wok to Walk y su libertad para construirte tu plato de fideos, verduras o arroz, la capital neerlandesa ofrece comida para todos los paladares. Una noche, Martise nos llevó a Carol y a mi a cenar a una pizzería deliciosa regentada por italianos que resultó ser gay-friendly (algo muy común en esta ciudad). Antes nos habíamos tomado el aperitivo en uno de los locales más sofisticados de la Rembrandtplein, uno de los núcleos de la marcha nocturna de la ciudad. Se trata de De Kroon: luz rosa ténue, vistas a la plaza, pantallas donde se proyecta fuego, lámparas de araña, grandes butacas negras, sillas y mesas de diseño, animales disecados... todo está pensado para ofrecer un entorno perfecto donde tomar algo y relajarse entre amigos. Además, la música es excelente. Personalmente tomé una cerveza cuyo nombre holandés no recuerdo pero que tenía un toque de limón amargo. Además, para picar pedimos Bitterballen, una especialidad nacional que nos recomendó Martise y que resultó exquisita: bolas fritas crujientes rellenas de una especie de ragú de carne con bechamel acompañadas de la mostaza holandesa casera para mojar.




Cada vez que vuelvo de Amsterdam me gusta más. Sin duda que volveré. Queda pendiente entrar a la Oude Kerk, visitar en Rijksmuseum, pasar una tarde-noche en el Grand Café Americain y hacer un crucero por los canales de la ciudad en la época de los tulipanes. Aunque el simple hecho de pasear por el cinturón de canales y curiosear entre sus cientos de tiendas, todas diferentes, ya merecen volver a esta dinámica ciudad.

dimarts, 4 de gener del 2011

Holanda

Y si, digo Holanda. Que no me venga ningún listillo con el cuento, que ya me lo sé. Holanda son dos provincias de los Países Bajos. Y es donde he pasado los últimos días del 2010… y primeros del 2011. 

Rótterdam ha sido donde más tiempo he pasado en este tercer viaje a los dominios de la reina Bellatrix. Esta moderna ciudad debe su prosperidad al Europoort, el mayor puerto de Europa y junto con los de Singapur y Shangai, el mayor del mundo.

Tras su destrucción en la Segunda Guerra Mundial a causa de los intensos bombardeos que prácticamente no dejaron nada en pie, la ciudad retomó su espíritu industrioso y comercial y resurgió de las cenizas. Ha sido sobretodo en las últimas décadas cuando enormes rascacielos se han ido levantando dando a la ciudad una impronta ultramoderna. Pasear por determinados barrios de Rotterdam es repirar el diseño contemporáneo, las nuevas formas... Cada rascacielos es más impresionante que el anterior. Sin duda, cuando el Whileminapier esté acabado, nuevos edificios imponentes completaran el panorama arquitectónico de esta ciudad, ya de por sí fascinante. Entre los nuevos rascacielos que hay en esta zona encontramos el antiguo Hotel New York, una de las pocas construcciones originales que quedan en la ciudad. Data de inicios del siglo XX, con un estilo art-decó, y albergaba originalmente los pabellones de llegada de viajeros de la Holland-America Line. Ahora es un hotel de renombre. Y por supuesto, no se puede dejar de cruzar el puente de Erasmo, que aunque parezca de Calatrava, no lo es. Esta impresionante obra de ingeniería es para muchos el símbolo de la ciudad.

Otro de los puntos clave de Rótterdam son los alrededores de la estación de metro Blaak, donde encontraremos algunos edificios curiosos, destacando el Kubus-Paalwoningen, una tira de casas con forma de cubos amarillos en diagonal y pegados unos a otros. También es curioso el edificio Het Potlood (el lápiz) con su afilada punta y sus ventanas del revés.


Pero aunque Rótterdam sea más limpia, eficiente y barata, prefiero el bullicio de Ámsterdam. Aunque eso es otra historia. El caso es que estos días estuvimos alojados en casa de una simpatiquísima enfermera holandesa, que nos trató como reyes. Tenía un gran gusto para decorar la casa: el comedor era de revista. Y su amabilidad y detallismo para con nosotros era increíble.

El encuentro europeo de Taizé de este año ha sido un éxito. Apenas nadie tuvo que dormir en pabellones. Cuando se supo que semanas antes del encuentro 10 000 de los 20 000 jóvenes participantes iban a dormir en colegios y gimnasios, la ciudadanía de Rótterdam se movilizó. Más de 500 llamadas por día de familias, estudiantes y otras personas que se ofrecían a alojar a 3, 5 o 7 jóvenes en sus casas. Incluso desde las vecinas Den Haag y Delft se ofrecieron. En unas semanas la mayoría de los participantes teníamos una casa asignada. Todo un ejemplo de la hospitalidad de los dutch.

Sin duda, estos días han cambiado para siempre la nefasta visión que tenía de los Países Bajos y su sociedad. Acogedores y hospitalarios, francos a la hora de hablar y sumamente libres. Así son los holandeses. Tienen un fuerte sentido comunitario y además son extremadamente respetuosos para con los gustos, opciones y creencias de los demás. Son gente con un gran gusto para decorar las casas y con una atención extraordinaria por los pequeños detalles La eficiencia de sus transportes públicos es casi perfecta a pesar de que las tarifas de los billetes sean en ocasiones abusivas (2,40 € el billete sencillo de tranvía en Ámsterdam). A pesar de todo, el clima gris, la estructura anglosajona de las ciudades y sobretodo su difícil idioma me siguen frenando para verme capaz vivir allí. Sin embargo, creo que me esperan muchas visitas a este fascinante país.

También fue en Rótterdam donde pasamos la Nochevieja. Como Korianne (la joven enfermera con la que vivíamos) tenía turno de hospital ese día por la noche, cenamos en otra casa. A Fer, Toni y a mi nos tocó una curiosa familia formada por un holandés de pura cepa que hacía diez años se había convertido al Islam, casado con una señora de Surinam cuya religión era el hinduismo. Todo muy dentro de la interreligiosidad que fomenta el espíritu taizetiano. Así que ni cerdo ni vaca eran parte del menú. Pilar y Dafne fueron a cenar con otra familia holandesa.

Los tres cenamos con este curioso señor y con un joven matrimonio polaco, cuatro rumanas y un rumano. La cena se compuso de platos típicos de Surinam. De hecho, la gastronomía de los Países Bajos está formada por platos propiamente holandeses, pero también por la cocina indonesia y de Surinam, ambas antiguas colonias y cuyas especialidades culinarias forman parte indisociable de la gastronomía neerlandesa.

Una olla de un guiso de pollo al curry presidía la mesa, junto con arroz, espinacas al vapor y deliciosos roti, unas enormes crepes sin levadura típicos con los que se comía todo lo demás, envolviéndolo en ellos. También había huevos duros rebozados, cocinados con una especia y/o verdura que no recuerdo, pero que estaban deliciosos. En definitiva, una cena típica del Surinam que ahora es tan holandesa como el arenque.

Eso sí, el postre fue muy dutch: Oliebollen, una especie de buñuelos en forma de pelota grande frita con pasas y otros frutos que sólo se cocinan y comen en Nochevieja. Según se dice, son el origen de los actuales donuts. La mujer también había cocinado los deliciosos appletaart, la típica tarta de manzana holandesa. Esta sí, servida a lo largo de todo el año en la mayoría de cafeterías del país. Todo casero y buenísimo. Y por supuesto, el omnipresente té.

Pero sin duda, lo que más me sorprendió de los holandeses es la manera como celebran la entrada del año. Por lo visto, es lo mismo que en otros países: tras el correspondiente brindis de las doce y los abrazos y felicitaciones, todos los holandeses (abuelitas y todo) salen a la calle a tirar miles de petardos y fuegos artificiales. Es la pura guerra, en cada calle y plaza de la ciudad explotaban estruendosos petardos, lucían enormes fuegos artificiales y deslumbraban los artilugios pirotécnicos de colores. Mucho más impresionante que durante las Fallas en mi natal Valencia. Nosotros lanzamos decenas de fuentes que bailaban por las aceras girando con fuegos de color rojo y verde con la euforia popular.



 
Al día siguiente, primer dia del año, ya por la tarde/noche, Korianne y su simpática hermana, que estudiaba historia en Leiden, nos prepararon los típicos pannenkoeken, un plato que no son ni crepes franceses ni pancakes americanos… es una cosa intermedia, típica de Holanda. Prepararon los normales y también los que venían rellenos de trozos de manzanas. Los comimos recién hechos y acompañados de un sirope típico, pero también de mermelada o chocolate. Fue todo muy gezellig, una palabra neerlandesa que no tiene traducción al castellano. Sería una mezcla de acogedor, amable, cómodo, informal, simpático… el caso es que los holandeses son unos maestros del arte del gezelling, del crear momentos agradables, cómodos, acogedores… y yo sin saberlo.     

En definitiva, la herencia que deja este encuentro a Rótterdam es el diálogo y colaboración permanente entre las iglesias protestantes de la ciudad (casi todas luteranas) con las católicas. Hasta ese momento se respetaban pero no existía ningún tipo de colaboración. El encuentro de Taizé ha propiciado que parroquias del mismo barrio que nunca antes habían colaborado hayan tenido que estar en permanente contacto durante la preparación del evento y por supuesto, estos días de encuentro. Esto ha iniciado una relación histórica entre iglesias de esta ciudad. 

En la próxima entrada os contaré mis visitas por primera vez a los molinos de Kinderkijk y a la preciosa Leiden, y por tercera vez a Den Haag y Ámsterdam.

Gelukkig Nieuwjaar!

dimarts, 21 de desembre del 2010

Baviera

Múnich y Neuschwastein

Antes de volver a Valencia, y tras consultar mi libro de cabecera "1000 sitios que ver antes de morir" de la periodista Patricia Schultz, decidí descubrir la capital bávara. capital, en definitiva, del catolicismo alemán. Y la razón es sencilla: su mercadillo de Adviento o de Navidad Christkindlmarkt es tal vez el más grande y encantador del mundo y uno de los más antiguos tras el de Nüremberg.

Y en efecto, tras coger un vuelo directo Madrid Barajas – Munich Franz Josef Strauss con Iberia, nos plantamos en un ambiente totalmente nevado, con temperaturas bajo cero y decorado con ese buen gusto que define la Navidad germana. Es incontestable que donde más y mejor se puede palpar el espíritu navideño en el mundo es en Alemania, Austria, Alsacia-Lorena y Bélgica. Pero los bávaros, situados en el corazón de estos cuatro lugares, se llevan la palma.

Cientos de casitas de madera cubiertas de una espesa capa de nieve y decoradas con muérdago y elegantes lucecitas blancas jalonaban los barrios de Munich. Encontraremos mercado desde Marienplatz y calles aledañas, bajo la atenta mirada del imponente Rathaus (nuevo ayuntamiento) e incluso en sus patios interiores. Y también en los patios de la elegante Residenz o los alrededores de la torre china, en pleno Englishchergarten.

A pesar del frío que hace y que cala hasta lo más profundo, miles de personas se agolpan alrededor de las casetas y llenan la ciudad con un ambiente impresionante. El truco es ir bien abrigados, es decir, ponerse más capas que una cebolla y lanzarse a descubrir los miles de productos artesanales (por cierto algo caros) y a degustar las delicias regionales (a precios más asequibles). Un buen vino caliente nos hará olvidar que el termómetro marca negativo durante algún momento. Las diferentes hogueras que hay a lo largo de las calles también son una buena solución.Y si llega un momento en que nuestros pies o manos ya no pueden más, siempre nos quedará entrar en alguna de las tiendecitas de Múnich, aquellas típicas con campanita que suena al entrar y llenas de objetos de decoración navideña. Allí podremos curiosear los mil y un objetos que abirragan las estanterías y de paso reconfortarnos con la calefacción del lugar.

Si hablamos de comida, el elemento central, como no podía ser de otra manera son las "wurst". Desde las salchichas de medio metro delgadas a las típicas wurst blancas o marrones más cortas y gruesas son engullidas por los paseantes que paran un momento en algunos de los reposaderos que hay para comer. La más popular es la conocida como Xmas wurst, con un toque picante. Y por supuesto, el olor característico del currywurst inunda las cercanías de estas casetas. La carne se nota que es de primera calidad y además todas están elaboradas en hornos de leña delante del consumidor. El pan que las acompaña está crujiente y exquisito.

Por supuesto, existen opciones vegetarianas. Otras casetas ofrecen una especie de pizzas pequeñas recien preparadas y horneadas de quesos, verduras o también de bacon, cebolla y creme fraîche. Las tradicionales ensaladas de col agria, patata o salmón con crema tampoco faltan. Y por supuesto, también encontramos delicioso goulash.

El surtido de opciones dulces es interminable, como no podía ser de otra manera. Y cabe destacar las deliciosas frutas bañadas en diferentes tipos de chocolate. Respecto a bebidas, lo más popular es el glühwein, o vino caliente, con un toque especiado que lo hace delicioso. Otras bebidas como el llamado "chocolate ruso" también son recomendables, con un toque de licor.

Pero una de las cosas que más me fascinaron fue el hecho de que ya te tomes un vino caliente o un chocolate ruso así como comas un plato de curriwurst o una calentita sopa de gulash, todo es servido en tazas, copas y platos de calidad. Al pagar el producto, la caseta nos cargará un sobrecoste de uno, dos o tres euros por pieza y nos darán las correspodientes fichas de plástico. Tras acabar de beber o comer nuestro producto, rodeados de gente feliz, luces tililantes y villancicos clásicos, devolveremos los platos, tazas y vasos con las fichas y nuestro depósito nos será reembolsado. De esta manera se ganan tres cosas: las calles están impecables sin vasos o platos de plástico tirados. Ademas, la comida sabe mejor tomada en cerámica y con cubiertos metálicos y la bebida en tazas o copas de verdad. Y por último, el medio ambiente y la economía se ven enormemente beneficiados por esta drástica disminución de cantidad de basuras. Señores, esta es la eficiencia alemana.

En resumen, que si sois de los que os encanta la Navidad, este es vuestro lugar. Aquí la encontrareis, en estado puro.  

 Además del mercadillo navideño, Munich cuenta con decenas de iglesias barrocas y rococós dignas de visitarse, ya que impresionan. Destacan la catedral o Frauenkirche con sus dos curiosas torres o la bellísima Asamkirche, maravilloso y recargado ejemplo del barroco bávaro.

Otro de los atractivos de la ciudad es el Deutsches Museum, el museo de las ciencias más grande del mundo, con todo tipo de secciones y piezas de incalculable valor. Además, muchas de las secciones son interactivas, por lo que no se hace aburrido. Tal vez la parte que más entretiene sean las de navegación aérea y marítima. Incluso hay una reproducción de las cuevas de Altamira.

Pasear por las orillas del rio, con todos los parques nevados o admirar la señorialidad de la arquitectura de los alrededores de la avenida Maximilian son otras de las cosas que hicimos estos días.

Finalmente, el último dia lo consagramos a descubrir Neuswachstein. O lo que es lo mismo, el típico castillo de cuento. Enclavado en un altísimo peñón rocoso, este castillo está rodeado de altísimos picos que se encontraban nevados. Además, espesos bosques de abetos atravesados de riachuelos rodean el entorno. Y todo con grandes cantidades de nieve.

Lo cierto es que este castillo lo construyó en el siglo XIX uno de los últimos reyes bávaros, conocido como "Luis el Loco". Este rey, admirador de Wagner y ensimismado en un mundo de fantasía, se gastó todas las riquezas de las arcas de Baviera en construirse castillos y palacios. Y este es el más impresionante.

Como no teníamos tiempo, nos dedicamos a verlo por fuera y también el patio interior. Solo por eso ya vale la pena coger el tren que tarda dos horas en cada sentido. Es un edificio impresionante y su entorno lo es aún más. Como los autobuses no subían ese día por causa de la nieve y los carruajes de caballos tenía demasiada cola, decidimos subir a pie. Se tarda más o menos media hora pero el paisaje es impresionante y vale la pena.

Y esta ha sido más o menos mi escapada bávara. Volveré a Munich un otoño próximo. Me queda hacer una excursión a la medieval Ratisbona, celebrar la famosa Oktoberfest y visitar la Alte Pinakotek, una de las mejores colecciones de pintura del mundo.