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diumenge, 16 d’octubre del 2011

El Valle Central y otros valles de Costa Rica

El corazón de Costa Rcia
Sin ninguna duda, las laderas cubiertas de cafetales que rodean el populoso Valle Central guardan el corazón y alma de Costa Rica. Aquí es donde llegaron los primeros colonizadores y aquí es donde el café hizo rica a esta nación centroamericana. Explorar el núcleo tico no será solo ver aburridos pueblos de montaña con gente yendo al mercado o a la Iglesia, sino que podremos hacer excursiones a caudolosos ríos para hacer rafting, nos sorprenderemos admirando cráteres de volcanes de extraordinaria belleza o probaremos la gastronomía rural tica, sencilla pero muy sabrosa.

Y hablando de asuntos gastronómicos, lo mejor es tener la suerte de ir invitado por un amigo tico y comer con su familia. Personalmente tuve varias oportunidades, por suerte. Una de las comidas más deliciosas fue una barbarcoa en una finca porcina en las montañas de Puriscal dónde sirvieron un gran bol de ensaladilla rusa "a la tica", ya que en Costa Rica le añaden remolacha y una salsa a base de mayonesa y mostaza que le da un toque delicioso. El resto de la comida fue a base de "gallitos", es decir, tortillas pequeñas de maíz que cada uno se las rellena de lo que más le guste, con carne de cerdo o de res a la parrilla, por ejemplo, regadas con pico de gallo, una salsa natural a base de tomate picado con aceite, pimiento, cebolla, cilantro... y otras hortalizas y especias según el gusto de cada familia. Y de postre, me dieron a probar un chupito de guaro y otro de guaro arreglado. Este es el licor que se obtiene destilando de forma casera la caña de azúcar, y que luego se suele dejar macerar en ríos o en bañeras. El guaro arreglado es el mismo guaro mezclado con zumo de melocotón y crema de coco, para rebajar el fuerte sabor alcohólico y hacerlo más agradable al paladar. Su alta graduación lo convierte en un licor muy fuerte. Además, es ilegal producirlo, ya que en Costa Rica la producción de alcohol es monopolio nacional, y por desgracia, este tipo de alcohol no lo comercializan. Sólo en las familias ticas que lo produzcan o que lo hayan comprado "de contrabando" lo podréis probar.

Por cierto, si pasáis por Santiago de Puriscal, no olvidéis haceros una foto en la fantasmagórica antigua iglesia, muy grande pero abandonada porque un terremoto la dejó a medio caer... y probad los famosos chicharrones, famosos en todo el país. Son unas partes del cerdo deliciosas que sólo venden ya cocinadas en las carnicerías de este pueblo por las mañanas. Además, las vistas diurnas y nocturnas del Valle Central desde las colinas del pueblo no tienen desperdicio.

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Una de las de las atracciones turísticas más visitadas del país son los grandes volcanes que rodean el Valle Central. Irazú, Barba, Turrialba o por ejemplo, el Parque Nacional del volcán Poás, que fue el que visitamos. Este es el lugar perfecto para todos los que quieran contemplar el interior del cráter de un volcán activo sin tener que hacer el esfuerzo de escalarlo. Y además a lo grande, puesto que tiene uno de los mayores cráteres del mundo. Verlo allí, humeante, con su caldera burbujeante de un color verde atómico es bastante impresionante. Y más, rodeado de tierras grises, muertas, fruto de lava reciente y cenizas que salen disparadas de su interior.

Tanto si vais en coche o en autobús, no olvideis probar las exquisiteces que se venden en los puestos de carretera de subida al volcán. Allí encontraréis quesos típicos, además de frutas y muchos tentempiés ticos. Si no habéis traído nada de casa, aprovisionaos aquí: la cafetería del Parque Nacional es demasiado simple.

Es recomendable ir lo más temprano posible, más que nada porque a partir de las 10 de la mañana se forma una capa de nubes que la mayoría de días impiden ver el cráter. Nosotros tuvimos la enorme suerte de admirarlo despejado. Si llegais con nubes, tened paciencia y tomad el sendero Botos, de media hora de paseo, por el interior de un bosque nuboso de plantas enanas pero que aún así cubren el sol, fruto del aire ácido (de hecho todo el Parque Nacional huele a pedo) y las temperaturas bajo cero a las que se llega aquí por las noches. El sendero es muy agradable y podremos ver todo tipo de especies animales (como los bonitos colibríes) y plantas increíbles, especialmente líquenes y musgos. Al final del sendero llegaremos al segundo cráter, inactivo hace siglos, en el que se ha formado la laguna Botos, un peculiar y enorme lago de agua fría de un color azul zafiro también único, fruto de los minerales volcánicos diluidos en el agua.

La entrada al parque son 10 dólares para extranjeros... o uno y medio para ticos (o para extranjeros como yo a los que los ticos que lo acompañna lo hacen pasar como nacional).

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Otra de las grandes atracciones del interior de Costa Rica son sus caudalosos ríos, especialmente en la zona de Turrialba, con los grandes como el Reventazón y el Pacuare, siendo especialmente indicados para practicar rafting. El primero es mucho más difícil que el segundo, lo que no quiere decir que el segundo sea fácil. Con rápidos de tipo V, el Reventazón atrae a aficionados a este deporte de todo el mundo. El Pacuare, por su lado, cuenta con muchos rápidos de nivel III y IV, pero lo que más atrae al turismo son sus paisajes, los más impresionantes de Centroamérica en cuanto a opciones de rafting se refiere. Combina espectaculares cañones cubiertos de selva tropical virgen con áreas más tranquilas por las que se pasa incluso al lado de una aldea indígena o construcciones abandonadas ya sea de ferrocarril o de la empresa eléctrica nacional. Los lugares dejan sin respiración, pareciendo sacados de Jurassic Park.

Jamás había practicado rafting, y la verdad es que al principio fue complicado aprender y coordinarnos los siete de la balsa (todos novatos). 

Pero poco a poco aprendimos y le fui perdiendo el miedo a esos rápidos. El rafting es un deporte cansadísimo, no sólo por el esfuerzo en los brazos al remar, sino también en las piernas, ya que son el único elemento con el que nos aseguramos a la barca a base de presionar los pies hacia los lados del bote para no caernos a las rapidísimas y llenas de enormes rocas aguas del río.  


La verdad es que es una actividad muy divertida, sobretodo cuando la barca entra en los rápidos y sube la adrenalina por saber que existe un riesgo de caerse y que la fuerte corriente te ahogue o te estrelle contra una roca. Por supuesto el hecho de usar chalecos y cascos limita mucho estas posibilidades de accidente. Durante todo el viaje sólo se cayó un holandés patoso que se asustó bastante.

A lo largo del Pacuare hay un tramo de rápidos casi al final en los que no hay rocas, por lo que el instructor nos animará a tirarnos al agua y vivir unos rápidos desde dentro. Por supuesto es algo voluntario y hay que seguir las indicaciones básicas: posición sentada en el agua (flotamos gracias al chaleco), piernas hacia delante, ojos bien abiertos y boca bien cerrada. Aunque a veces tendremos la desagradable sensación de morir ahogados, sólo la sensación de pérdida total de control y de la enorme fuerza del agua arrastrándonos hace que valga la pena tirarse y vivir la experiencia.

Para estas actividades recomiendo encarecidamente a la empresa "Ríos Tropicales" que os llevará en furgoneta hasta el mismo río, ofreciendoos antes una parada en la central con un buen buffet de desayuno tico, os proveerá con todo el material para hacer rafting con instructor incluído, y luego os recogerán en el último tramo del río para llevaros de nuevo a la cenral para ofreceros un buffet digno para comer. Además, en la central tienen duchas y cuartos para cambiarse, perfectos tras la gran mojada que nos daremos en los rápidos. Y todo por 90 dólares si somos extranjeros o 60 dólares si los ticos con los que vayáis os hacen pasar por uno de ellos.
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Además de las maravillas naturales y las actividades deportivas, lo cierto es que las ciudades alrededor de San José también merecen alguna visita, como por ejemplo la antigua capital costarricense: Cartago. Fue reconstruida en 1910 tras terremotos y erupciones volcánicas, con los que se perdieron todos los monumentos importantes. Situada en un precioso valle, esta ciudad se fundó por el gobernador español Juan Vázquez de Coronado.

Su importancia mayor reside en la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, el templo más sagrado de Costa Rica, de elegante estilo neobizantino y capillas de madera tallada. Allí se encuentra la "Negrita", una pequeña representación de la Virgen María que se encontró aquí en 1835 por una mujer, que se la intentó llevar varias veces a su casa, reapareciendo siempre al día siguiente en el lugar donde fue encontrada. De esta forma, el pueblo decidió cumplir la voluntad de la Virgen construyéndole una enorme basílica alrededor del lugar donde apareció la Virgen de los Ángeles, actualmente patrona de Costa Rica. Su milagrosos descubrimiento hace que, todos los 2 de agosto, miles de costarricenses peregrinen a pie los 22 kilómetros que separan San José de la basílica, siendo que muchos los penitentes que completan el último tramo de rodillas. Esto se hace como una promesa a la Virgen para dar gracias o pedir por algo. Me quedé a la misa allí y durante la misma pude ver a varios peregrinos que el resto del año también hacen a rodillas este último tramo de peregrinación. Tras bajar a ver la roca donde fue originalmente encontrada, me llamó la atenció la galería que hay bajo la basílica donde encontramos decenas de vitrinas repletas de objetos ofrecidos por peregrinos agradecidos a la "Negrita" por atender sus peticiones. Llaveros, joyas, maquetas de avión, títulos, premios, pequeñas estatuas... son los regalos que creyentes de todo el mundo le llevan.

Tras la visita a la basílica, nada mejor que pasear hacia el este y dar una vuelta por las ruinas de la "Parroquia", restos de una iglesia construida en 1575 como santuario al Apóstol Santiago. Aunque sólo quedan los muros, es agradable darse una vuelta por sus jardines.

Y para comer en Cartago, un buen sitio donde probar comida típica es la misma plaza de la Basílica, en la confortable soda del hotel Puerta del Sol, auténtica donde las haya, que lleva sirviendo "casados" desde 1957, además de otras especialidades como el ceviche tico.

Cogiendo un bus en Cartago se puede llegar al valle de Orosi, precioso también, en el que admirar la pequeña iglesia de San José, de paredes blancas y tejado de cañas y tejas, siendo la más antigua de Costa Rica, construida en 1743 (habían iglesias más antiguas, pero fueron destruidas por terremotos). Tuve la mala suerte de no poder entrar por ser lunes y estar cerrada. Poder pasear por el tranquilo Orosi otorga una sensación de tranquilidad y de encontrarnos en un lugar remoto, rodeados de imponentes montañas verdes en medio de un pequeño valle poco poblado.





Heredia es otra de las ciudades del Valle Central que vale la pena conocer. Una buena posibilidad es aprovechar tras la visita al Museo Nacional en San José, para dirigirse a la cercana estación de ferrocarril  y tomar el tren que en media hora nos dejará en Heredia.

La "ciudad de las flores" es un centro de alta tecnología (aquí se fabrican chips) además de poseer  call-centers de numerosas firmas internacionales y sobretodo, ser la sede de la Universidad Nacional o UNA. Esto le da un ambiente juvenil que se traduce en numerosos bares, cafeterías y restaurantes buenos, baratos y originales de comida internacional, destacando la japonesa, libanesa y vegetariana.

La subida del precio de café en el siglo XIX hizo que los grandes propietarios cafetaleros de la ciudad amasaran pequeñas fortunas surgiendo una aristocracia "del café" que construyó una ciudad refinada con paseos arbolados, elegantes plazas con bonitas iglesias, una catedral, y casitas achaparradas que recordaban al estilo virreinal español. Hoy en día se conserva mucho de esa elegancia, a pesar de que la municipalidad destruye algunos edificios históricos para aprovechar esos solares creando feos parkings o edificios de hormigón insulsos al estilo de San José.

El Parque Central guarda una elegancia notoria, con sus palmeras y su bonita fuente, presidida por la iglesia de la Inmaculada Concepción, que recuerda a una fortaleza. También rodean la plaza una antigua mansión que fue residencia del ex presidente González Flores, actualmente la Casa de la Cultura. Siempre en la plaza, la torre vigía del antiguo fortín español también tiene interés, siendo el actual símbolo de la ciudad.

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Por último, y más allá del Valle Central, la enorme llanura de San Carlos fue otro de los lugares que tuve la suerte de conocer. Especialmente La Fortuna, una pequeña aldea muy desarrollada en los últimos tiempos, gracias al gran interés turístico que genera el volcán Arenal desde que sufrió la terrible erupción de 1968. Turistas de todo el mundo llegan a ver este gran volcán en medio de una llanura para admirarlo escupir lava roja durante la noche y ver la columna de humo que sale de su cono durante el día. La gran cantidad de aguas termales que salen de las tierras de la falda del volcán han hecho que surjan como setas unos cuantos complejos hoteleros con trozos de selva, piscinas termales a diferentes temperaturas, preciosas vistas del volcán, cascadas, bares en piscina, toboganes, spas... y oportunidades para hacer actividades como montar a caballo o el popular canopy.

Yo fui al hotel Los Lagos, muy completo, con todas las actividades que he citado, además de tener un pequeño zoo con caimanes, tortugas, y sobretodo, un ranario "sin jaulas" con decenas de ranitas del tamaño de una uña y colores rojo, negro y amarillo, muy venenosas, además de un precioso mariposario en el que rodearnos de grandes mariposas alrededor nuestro, o de una zona con hormigas de diversos tipos, en el que podremos destapar los hormigueros (gracias a cristaleras) y ver a estos laboriosos insectos en acción. Por cierto, las hormigas centroamericanas son mucho más grandes que las europeas.

Las piscinas termales y sus divertidísimos toboganes, así como su bar en una de las piscinas termales son un placer de día y de noche. Además, tiene unos buenos cables de canopy llamado Los cañones. Son más de 15 y la actividad suele venir incluida en el paquete hotelero (con monitores). Era mi primera vez haciendo esto y he de decir que el canopy permite a uno sentirse como Tarzán, recorriendo las espesas selvas a través de altísimos cables, que en ocasiones cojen mucha velocidad y de los que hay que frenarse antes de llegar a la siguiente plataforma, a riesgo de empotrarnos contra el tronco en el que se encuentra la siguiente plataforma.

La llanura de San Carlos, además, es el mejor lugar para probar las bocas. Son el equivalente a nuestras tapas, pero normalmente en Costa Rica son pequeñas y suelen dejar con hambre. Sin embargo, en La Fortuna y los restaurantes en las carreteras que la rodean podremos comprobar que con pedir una boca nos llenaremos porque son muy grandes. Sobre todo hay que probar las de carne de res, por estar en zona tradicionalmente ganadera.

Por otro lado está Ciudad Quesada, sede de la empresa Dos Pinos, Los Termales del Bosque, hotel en el que también se puede pagar por acceder a las termas naturales con agua caliente o templada que sale de los volcanes cercanos en mitad de la selva.

Al volver a San José de esta excursión al Arenal, sea en coche o en bus, recomiendo encarecidamente parar un rato a mitad camino en Zarcero, un pueblecito de montaña con clima fresco y paisajes perfectamente comparables a los de Suiza. Lo que atrae a miles de ticos aquí es el parque Francisco Alvarado, un jardín normal hasta que en la década de los 60, el jardinero Evangelisto Blanco decidió podar los cipreses y otros arbustos con formas extrañas, psicodélicas, especialmente el doble túnel de arcos surrealistas que parecen derretirse.

Además, Zarcero es el lugar de Costa Rica con los mejores puestos de carretera, llenos de productos ticos de gran calidad, de donde es especialmente delicioso el queso palmito, a mantenerse en frío, y realizado artesanalmente por granjeros, con un sabor delicado, una textura única, y que casa muy bien con tomate y albahaca. En estos puestos también son muy buenas las cajetas (dulces caseros), especialmente la de coco.

En definitiva, el Valle Central y sus alrededores constituyen un mundo por sí mismo donde los visitantes no se aburrirán, ya sea si buscan gastronomía, cultura, relax, formaciones naturales, flora, fauna o actividades de riesgo y excursionismo. De todo, para todos, y a precios razonables.

Finalmente, al norte de Costa Rica, los valles septentrionales de la zona de Upala ofrecen uno de los lugares menos turísticos del país, visitar un palenque Maleku

IMPRESCINDIBLES

Comer

Tico taco en la taquería Víquez.

Beber

XXX

Canción

"Eres más que un ángel" de Los Brillanticos.

divendres, 30 de setembre del 2011

San José de Costa Rica

En la capital del pueblo tico

La primera vez que estuve en Costa Rica fue en septiembre de 2011. Mi primera vez en Centroamérica y lo hice a su país más ejemplar: Costa Rica. Luego estuve muy brevemente en un intercambio de aviones que me dio tiempo a comer fuera del aeropuerto. Y ya una tercera vez pude seguir descubriendo su capital y otros lugares, como el parque nacional Tortuguero, la zona de Upala y los alrededores del volcán Poás.

La "Suiza Centroamericana" es así conocida no sólo por contar con paisajes verdes, brumosos y con vacas blancas y negras, sino también por su alto nivel educativo, su neutralidad histórica, por la abolición de su Ejército en 1948 y por su sistema público de Seguridad Social.

Desde el avión cuando uno llega aprecia enseguida que Costa Rica es un país pequeño, ya que de la costa al interior, en el trayecto de aterrizaje a la capital, San José, pasan pocos minutos. Y todo es verde como un brócoli gigante. El ecologismo militante de los costarricenses es también muy alto, siendo que el país tiene un 27% de su territorio protegido y que es el primer Estado Carbono Neutral.

Costa Rica atrae a un gran número de turistas por sus variados y bien conservados parques nacionales, con más biodiversidad que Norteamérica, Europa y Australia juntos; volcanes activos y ríos perfectos para el rafting. Otros acuden llamados por sus paradisíacas playas caribeñas con sus reservas de tortugas; y otros muchos buscan las perfectas playas de surf  y el ambiente alterativo de numerosos puntos de la costa del Pacífico: o el lujo de la costa guanacasteca. 

Sin embargo, casi nadie se para ni siquiera un día a descubrir su curiosa capital. San José sea quizá una capital centroamericana fea, pero eso no significa que sea aburrida ni que no tenga partes bonitas o edificios a descubrir. Personalmente, y por experiencia, creo que vale la pena vivir aunque sea tres días la normalidad de la capital del país más feliz del mundo.

Además, la cultura también está bastante presente en esta animada capital. Mi primera noche allí hice un circuito nocturno por las plazas y calles más históricas de "Chepe" (manera cariñosa en la que los costarricenses llaman a su capital). Un grupo de jóvenes llevan adelante una iniciativa llamada "Chepecletas", consistente en paseos nocturnos guiados, con la que buscan fomentar no sólo el uso de la bicicleta en la capital, sino también los paseos y, en especial, los paseos nocturnos para que los ciudadanos recuperen la calle y los espacios públicos para su disfrute.

Empezamos el paseo por la arbolado Parque Nacional, bajo la estatua central, en la que están representadas las cuatro repúblicas centroamericanas, lideradas por Costa Rica, expulsando a William Walker, un norteamericano que el en siglo XIX pretendió conquistar para su país a las repúblicas recién nacidas. Su expulsión con éxito (con derrota de Nicaragua incluida) aún se celebra.

De allí fuimos bajando por la Avenida 3, una de las primeras del mundo en ser iluminadas eléctricamente, tras las de París. Esto da talla de la riqueza de los cafetaleros josefinos en épocas pasadas. Llegamos al Parque Morazán con su bonito Templo de la Música en el centro, una gran glorieta de hormigón de estilo neoclásico considerada por muchos con símbolo de la ciudad. En una de sus esquinas hay un parquecito presidido por la conocida como Edificio Metálico, un precioso edificio de dos plantas prefabricado en Bélgica que se trajo pieza por pieza desde allí, y que recuerda mucho a las construcciones art nouveau del hierro de Bruselas. Actualmente es una escuela.

Por cierto, que enfrente de la Casa Metálica se encuentra uno de los bares más históricos de la ciudad: el Morazán, que aún mantiene parte de sus azulejos españoles. Numerosas personalidades lo frecuentaron, la más popular de las cuales el Che Guevara en sus estancias por San José. Sus cócteles con o sin alcohol son enormes.

Y justo al lado se encuentra uno de los parques más bonitos y frondosos de la ciudad, el parque España, con una espectacular iluminación nocturna que realza a los enormes árboles selváticos que tapan el cielo aquí. El lugar está presidido por una estatua de Cristóbal Colón que sus descendientes regalaron al pueblo de Costa Rica celebrando el V Aniversario de la llegada del navegante a las costas de "Tiquicia" (así llaman popularmente a Costa Rica sus habitantes).

Enfrente de este parque se halla un bonito y pequeño edificio colonial conocido como la Casa Amarilla, sede de la Cancillería costarricense, es decir, del Ministerio de Exteriores, a la que entré en mi tercera visita. Se diseñó en 1920 para ser la sede del Tribunal Supremo Centroamericano. Y por detrás se llega al elegante barrio Amón, con sus calles jalonadas de las antiguas mansiones victorianas de los cafetaleros o de modernísimos edificios residenciales. También hay varios ejemplos de art decó remarcables.

El paseo acabó con una cena ligera en Cambalache, un local muy bohemio del barrio donde se sirven unos pocos platos vegetarianos como la lasagna vegetal o el panini de zuchinni acompañados de la chicha, una bebida alcohólica casera que destilaban las tribus indígenas y que ahora es difícil encontrar. Recomiendo probar la de piña y canela.

Dicho esto, y a pesar de que con esta descripción pudiera parecer que las noches josefinas son muy tranquilas, lo cierto es que la otra cara nocturna de la ciudad es mucho más conocida: la festiva. San José cuenta con decenas de locales nocturnos para todos los gustos.

Noctámbulos de todo pelaje encontrarán en la capital costarricense un local adaptado a sus necesidades. En mi primera vez, los modernos empedernidos acudían al sofisticado Steinvorth, situado en un antiguo edificio un enorme tipo loft a dos alturas que ofrecía exposiciones de arte por las tardes y pista de fiesta por las noches, con música de DJ. También estaba en auge el Trece, en el paseo de los Estudiantes, local decorado con elementos tan curiosos como teléfonos antiguos pegados al techo en forma de reloj o una reproducción gigante de la iglesia de la Merced de lego adosado a una de las paredes o ropa antigua tendida en otra pared. 

Aunque los que busquen algo más latino también lo tendrán fácil. Hay muchos locales con música de ese tipo, aunque tal vez el más sofisticado era el Home, un lounge-club del centro comercial Via Lindora en el que incluso tocan bandas costarricenses en directo. Música latina y de moda en general con gente por encima de los 27 y alguna que otra modelo local suelta como Kimberly Zúñiga. Aunque el club por excelencia de la capital en 2011 era Vértigo, en el paseo Colón, por sus sesiones de música house y electro-dance y su público joven y bien vestido. 

Mi segunda vez saliendo de copas por Chepe conocí Selvática, donde se ponía música algo más comercial y copas excelentes, y se disfrutaba de vistas de la capital. Y por otro lado descubrí también Antik, enorme casona antigua y ahora discoteca con salas en las que perderse, una gran sala superior con terraza dedicada al reggaetón y otra grande en el sótano con las sesiones de electrónica y house más famosas de San José. Otra noche también pude tomar un delicioso cóctel en Nunc City Garden, en Rohrmoser, barrio que ahora ha visto crecer los sitios chic donde cenar o tomar algo.

La noche de esta ciudad es también conocida por ostentar la capitalidad de las fiestas LGTB centroamericanas. Rodeada de países donde la homosexualidad se castiga con años de prisión, Costa Rica se ha convertido en el país gay-friendly de la región. Así, San José cuenta con una variada oferta, destacando en 2011 el Club Oh!, una enorme discoteca con lounge adyacente y música mayormente electrónica, con actuaciones de drag-queens. El Bochinche era la competencia directa al anterior, con música más bailable y un restaurante barato en su interior. Y como bares, sigue funcionando el clásico Puchos.

Recuerdo a la noche josefina por sus precios muy bajos, con copas que no superaban los 3000 colones (alrededor de 4 euros) y barras libres que organizan algunas discotecas, algunas por sólo 10 000 colones, es decir unos 13 euros. Pero esto se acabó: los precios de la noche aquí en 2024 son equivalentes a los de la noche madrileña: la inflación hace estragos.

Más allá de paseos nocturnos y fiesta, San José ofrece muchas cosas de día: lo primero es pasear por la bulliciosa y peatonal Avenida Central, auténtico corazón de la ciudad, dónde pulsar el día a día, en sus decenas de tiendas o cadenas de comida rápida y con sus vendedores ambulantes bloqueando el paso a los ejecutivos encorbatados con prisas.

Al llegar a la altura del Mercado Central, construido en 1880, no dudéis en meteros y hacer una pausa. A diferencia de los mercados europeos, aquí encontrareis carne, frutas, verduras y pescado, pero también tiendas de souvenirs, de ropa, de electrónica, heladerías y "sodas" que es como se llaman los locales donde comer algo barato y tradicional. Recomiendo comer en la Soda Tapia una de las más famosas y antiguas del país, perfecta para probar el plato tico por excelencia: el casado es una especie de plato combinado que siempre lleva arroz blanco, frijoles (enteros o molidos), y luego varias cosas a elegir como verduras en escabeche o al vapor, nachos, ensalada, yuca frita o en salsa, chayote... etc. Y por último, el elemento central suele ser o carne de res como la chuleta o de cerdo, o pollo o pescado empanizado o al ajillo... existen diversas elecciones y siempre depende de lo que tenga la soda disponible. Y para beber, normalmente existen menús que con el casado te viene un fresco, que consisten en frutas tropicales batidas (con agua o con leche): hay de piña, de papaya, de sandía, de melón, de mora.... o de cosas más exóticas como la guanábana o el tamarindo. En Costa Rica la comida nunca se acompaña con agua solamente, sino que una bebida dulce es obligatoria. 

Para el postre, el mejor local del Mercado Central es la
Sorbetera de Lolo Mora en el que la carta está pintada sobre un muro con dibujos y la posibilidad de elección es muy pequeña: o helado solo, o helado con granizado de cola y leche en polvo por encima, mezcla extraña a la que los ticos llaman Churchill. Sólo tienen un helado amarillo de un sabor no identificado pero delicioso similar a la crema. Y el granizado es hecho al instante, con un raspador de un bloque enorme de hielo. 

Además del Mercado Central, otro sitio mítico para almorzar es la Soda Gloriana, que cambia de menú cada día. Lo mejor es ir un miércoles para disfrutar su deliciosa olla de carne, plato típico del país, delicioso y contundente, que se puede acompañar de una horchata, que nada tiene que ver con la horchata de chufa valenciana. Aquí se hace con agua de arroz, clavo de olor y canela molida. Sabe bien, pero me quedo con la valenciana de jugo de chufa, agua y azúcar.

Si queréis casados con un toque más contemporáneo hay dos sitios interesantes: por un lado, en plena zona roja (la más peligrosa), está el Café Rojo, en una casona del siglo XIX, donde sirven los casados con tu twist vietnamita, usando ingredientes y salsas del país: diez de diez. Y por otro lado, en el bohemio barrio Escalante está el Café Dulce de Junio, donde además de sus deliciosas tartas caseras (o queques como dicen los ticos), tienen caseros contemporáneos, como el de chuleta de cerdo en salsa de piña con estofado de okra y coliflor envuelta en huevo. Para sitios más internacionales lo mejor es irse hacia las zonas más pijas como Rohrmoser, Escazú o Santa Ana. Allí hay desde restaurantes franceses como Île-de-France o restaurantes fusión como Furca.

Con la barriga llena, seguimos nuestro paseo viendo los edificios por alrededor de la Avenida Central, como los Correos de Costa Rica o el maravilloso Teatro Nacional, en la plaza de la Cultura. Su fachada neoclásica y sus increíbles interiores (dignos de cualquier gran ópera europea como la Garnier de París o la Scala de Milán) lo convierten en uno de los edificios más queridos por los josefinos. Vale la pena también dar una vuelta por el sur del Parque Nacional, recorriendo la pequeña calle 17 (peatonal) viendo la Asamblea Legislativa de Costa Rica, el contundente complejo de la Corte Suprema de Justicia o las montañas que rodean la ciudad desde los escalones de la plaza de la Democracia, frente al Museo Nacional. Este Museo, por cierto situado en el antiguo cuartel general del Ejército, ahora abolido, alberga objetos de todas las épocas históricas del país, mostrando de forma amena la historia de Costa Rica. Curiosas son las enormes esferas de piedra expuestas que aparecen soterradas en Turrialba, construidas por las tribus precolombinas. Es bonito también el mariposario de la entrada, por donde poder pasear rodeado de estos animales de colores. Y al atardecer, las vistas de la ciudad desde el patio central son preciosas. Ese fue, por cierto, el único museo de la capital al que fui en mi primera vez. 

A la tercera pude visitar también el famoso Museo de los Niños, situado en la antigua prisión central, además de ofrecer exposiciones para los más pequeños, también alberga la Galería Nacional. Esta vez la muestra era de la primera Bienal de Artes Lumínicas, y encontré obras realmente impresionantes de artistas ticos. También visité el Museo del Jade y de la Cultura Precolombina, uno de los mejores en los que he estado, en el que ver muchas de las especies animales presentes en el país representadas en objetos de uso cotidiano, arte destinado a atraer la fertilidad, figuras humanas que parecen extraterrestres y sobre todo muchas figuras de jade.

Otro de los lugares de referencia en la capital es el Centro Cultural de España en San José, en barrio Escalente, donde además de las actividades frecuentes que organizan también tienen exposiciones temporales de primer nivel.

Por último, no puedo dejarme el destartalado Parque Central, y su mega glorieta de cemento que recuerda a la arquitectura soviética brutalista. Enfrente está la Catedral Metropolitana, con las paredes inferiores forradas de azulejos españoles y su elegante decoración neo renacentista. Una vuelta por el animado paseo de los Estudiantes hará que hayamos completado una visión básica de la vida en la capital tica. 

Sin embargo, faltarían zonas del área metropolitana como el parque de la libertad, una antigua zona industrial recuperada como zona de conservación de la biodiversidad, espacio recreativo y de formación para la juventud. Es interesante ver como grandes estructuras industrias se han convertido en maceteros y grandes naves están cubiertas de preciosos grafitis y murales.

Visto y disfrutado San José, ya podemos empezar a planificar excursiones por el maravilloso Valle Central. 

IMPRESCINDIBLES

Comer

Olla de carne en la soda Gloriana.

Churchill en la sorbetera de Lolo Mora.

Beber

Chicha de piña y canela en Cambalache.

Canción

"Tresesenta" de Editus.

Libro

"Nos descuidamos un segundo" de José Morales.

divendres, 2 de setembre del 2011

Balance... 25 años de vida y 5 de nómada

 Aunque oficialmente el año empiece el 1 de enero, la verdad es que para mí siempre ha sido el 1 de septiembre cuando he dado por cerrado un periodo de mi vida para abrir otro nuevo. A veces han sido cambios de periodo tranquilos, de situaciones más o menos similares, como el tránsito de primero a segundo de carrera... otros han sido cambios de vida radicales, como cuando me fui de Erasmus a Paris o este pasado año que me mudé para vivir en Madrid.

Esta vez el cambio será también bastante grande. De la vida en Madrid volveré al Nuevo Continente, en concreto a Miami, en la punta del "Sunny State". Pasando antes por Centroamérica conociendo un país ejemplar en muchos aspectos como es Costa Rica.

Por tanto, 1 de septiembre, toca hacer balance... y más siendo 2011. Hace ahora 5 años, en 2006, abrí una etapa nueva en mi vida, totalmente diferente a la anterior, con un impresionante viaje a China (Beijing y Hefei), donde además de entrar mi hermana a nuestras vidas, lo cierto es que desde ese momento no he parado de viajar. Descubrir países se ha convertido en un vicio que a veces me ha acarreado algún que otro disgusto.

Con 25 años acabados de cumplir y por tanto, un cuarto de siglo en la espalda, son 24 los Estados que ya he tenido la oportunidad de vistar (26 en unos dias) e incontables las ciudades y pueblos por los que ya he paseado, dormido o comido...


En efecto, tras China pasé por las Baleares (Eivissa y Formentera) y luego a Francia (Taizé y París) así como en la capital croata: Zagreb donde empecé 2007, un año aún más viajero, en el que volví a Asia, esta vez descubriendo Filipinas, visité otra isla balear (Menorca), volví a Francia para descubrir Estrasburgo y repetir Taizé y visité por primera vez Alemania (Heidelberg i Mannhein), Italia (Roma) y Suiza (Ginebra), donde inicié el fascinante 2008....

Ese año volví a Roma para decubrirla más a fondo y fui a conocer la modernísima Berlín. Mayo empezó en Málaga, primera ciudad andaluza que visité en mi vida. El verano de 2008 fue el de la profundización de mis conocimientos de Manila, la isla de Negros (con una excursión a Lakawon) y sobretodo, el descubrimietno de Australia, en concreto de Sidney y Mudgee. Una escala en Corea del Sur me permitió conocer el puerto de Incheon y sus parques. Volví también a Taizé y explore algo más su comarca. Finalmente acabé viviendo en París, descubriendo sus secretos y aprovechando para conocer más Francia, en concreto Fontainebleau, Chartres, Lille y Arras.

2009 empezó con un viaje loco a Dublín donde también conocí Howth. Y continuó descubriendo Nantes y el pueblecito de Le Croisic. Después pasé dias en Lyon, Toulouse y Albi. Y poco después hice una escapada a Angers. Las Pascuas las pasé en Praga y luego hice viajecitos al Mont Saint-Michel, a Saint-Malo y la ruta de los castillos del Loira. Pero también fui a Amsterdam y pasé unos minutos en La Haya, en el viaje más improvisado jamás hecho. En junio descubrí la capital bretona (Rennes) así como la pequeñísima isla de Bréhat... un paraíso por cierto. También pasé unos dias en Aachen (Alemania) y visité Colonia.

El verano de 2009 continuaba con un dia en el emirato de Qatar y en su calurosa capital Doha. En Filipinas, además de Negros (Sugar Beach y el Monte Tanlaon), redescubria la capital negrense Bacolod. Así mismo, amplié mis conocimientos de Manila viviendo en Makati y también descubrí la província de Bicol y su capital Naga. Al volver a Europa, rumbo a Gran Canaria (tras haber visitado Tenerife en 2001). Y por último, acababa en Saint-Tropez y sus alrededores. Octubre de 2009 fue sinónimo de Salamanca, Bruselas, Parma, Bolonia, Lucca y Pisa.

2010 empezaba con un viaje a Londres en febrero. Dias después aterrizaba en Rio de Janeiro, Brasil, primera vez que estaba en América. Tras pasar los Carnavales y hacer turismo, fui a los famosísimos pueblos de Búzios y Paraty. Un dia en Sao Paulo para coger el bus y pasé cinco meses viviendo en Florianópolis. Allí hice una maravillosa excursión a Iguazú (lados brasileño y argentino) y a la paraguaya Ciudad del Este. También visité Porto Alegre y Buenos Aires, donde también hice un pequeño viaje a Colonia del Sacramento, en Uruguay. Visité también ciudades de mi estado brasileño: Santa Catarina. Blumenau y Joinville.

Y tras una semana de nuevo en Rio,como voluntario de la ONU, descubrí el fascinante estado de Minas Gerais, en concreto cuatro pueblos de los que destaca Ouro Preto, pero también me gustaron Tiradentes, Sao Joao do Rey y Mariana, así como su capital Belo Horizonte. Y pasé cuatro horas en Brasilia por una escala de vuelta a Florianópolis. Cerré mi aventura brasileña con unos dias en la caótica Sao Paulo.

 Y como todos los veranos, Asia me llamó de nuevo: volvía a China. Un curso de lengua y cultura china en la BFSU de Beijing y una semana en Shanghai para visitar esta fascinante ciudad y la Expo 2010 hicero que mi pasió por el gigante chino se redoblara. En septiembre me mudé un añi a Madrid. Durante este tiempo volví a Holanda, donde conocí más a fondo La Haya, viendo incluso a la Familia Real pasar para la apertura del Parlamento. Y pude descubrir la encantadora Delft. Un par de dias en l'Alguer hiceron que mi primer contacto con la isla de Cerdeña fuera en mi lengua. Y después, cinco dias más de "road trip" por el sur de la isla hiceron que Cagliari, Villasimius o los "nuraghe" se conviriteran en nombres familiares para mi. Al volver a Madrid pude visitar San Lorenzo del Escorial y fui un dia a la medieval Toledo. Al empezar la Navidad me escapé tres dias al mercado navideño más grande del mundo: Munich. Y pude conocer en castillo de Neuschwastein, el que inspiró a Walt Disney. El 2010 acabó en Rotterdam con una excursión a Kinderdijk.

Los primeros dias de 2011 descubrí Leiden i redescubrí La Haya y Amsterdam. Poco después pasaba cuatro dias en Lisboa, mi primer contacto con Portugal, con unas horitas en Sintra. Una excursión de un dia a Alcalá de Henares y otra a Segovia me ayudaron a desconectar de Madrid. Mesos más tarde ponía rumbo al norte visitando La Rioja, Euskadi, el Iparralde y Burdeos. Y después de acabar de exprimir Madrid y de visitar el Valle de los Caídos, volvia a Eivissa. Pero lo más emocionante vino a finales de junio: por primera vez visitaria África y lo haría empezando por Marruecos. Marrakech fue la primera ciudad del continente olvidado que visité, aunque me gustó mucho más Essaouria. Pocos días después volvía de nuevo a Filipinas descubriendo el norte de la encantadora y enorme província de Palawan, así como la pequeñita isla de enfrente de Manila: Corregidor. Al volver, pasé una semana en en Gran Ducado de Luxemburgo.


En unos dias empezaré nuevas aventuras: 20 dias en Costa Rica, para conocer el país más feliz del mundo... y luego todo un año en Miami, Estados Unidos, donde el derecho a buscar la felicidad está consagrado en su Constitución...

Así que en unos días me tendreis dando guerra por aqui de nuevo, con nuevos posts ticos.

¡Un abrazo a todos!  

dilluns, 22 d’agost del 2011

La Manila más curiosa

Más allá de las los paseos en calesa por las calles coloniales de Intramuros, de disfrutar de la puesta de sol en Roxas Boulevard o de las compras de perlas a buen precio en Greenhills, la capital filipina ofrece muchas actividades curiosas para los pocos turístas que deciden adentrarse en el laberinto ruidoso y húmedo de sus calles.

Una de las atracciones turísticas más sorprendentes es el Cementerio Chino. Situado al norte de Chinatown, y fácilmente accesible desde la estación de metro de Padre Abad, encontramos este lugar mezcla de las influencias china y mexicana en Manila. Aquí es donde los ciudadanos chinos con dinero son enterrados, la mayoría en mausoleos que parecen pequeñas (o grandes) residencias veraniegas. La mayoría tienen agua corriente (muchos caliente y fría), baños y algunos incluso aire acondicionado, cocinas... los más ricos tisponen también de enormes lámparas araña de cristal, sofás... Si buscáis una visitad guiada, preguntad a los guardas, ya que ellos conocen a los vecinos del barrio que nos explicarán la historia de las tumbas más ostentosas por un precio razonable. Los días 1 y 2 de noviembre (Todos los Santos y el día de Difuntos), cientos de familias "chinoy" acuden a las tumbas de sus seres queridos para ofrecer flores y comida a sus ancestros, así como para reunirse y comer ellos mismos allí.


El mejor momento para vistarlo es horas antes del cierre (a las 19pm), cuando el sol empieza a ponerse y ya no queda apenas gente por las calles de este pequeño barrio fantasma. Los perros vagabundos añaden misterio y tenebrosidad al paseo. En algunas tumbas viven incluso familias sin recursos que tienden la ropa en los balcones de estas residencias fantasmagóricas. Hay para todos los gustos, desde adosados repetitivos e iguales de dos pisos hasta auténticas mansiones tipo "Ocean Drive". Y todas con sus tumbas en medio de los salones...


Para reponernos de la extraña visita y tomar algo, Manila cuenta con uno de los bares más extraños del mundo: el Hobbit House. Se encuentra en Malate, un barrio de bares más baratos y cutres que los de Makati. Entrar por su puerta redonda es adentarse en un local estilo "La Comarca" del Señor de los Anillos. Sus camareros son todos filipinos con enanismo. Algunos clientes encuentran esto gracioso, otros toman fotos sin parar y algunos lo encuentran desagradable. Además, cuenta con cantantes de blues en directo todas las tardes y noches.

Su carta ofrece una larguísima lista de cervezas de importación de todos los rincones del mundo. Tal vez el único problema es que, si bien en la carta los precios parecen razonables, luego la carga de los impuestos y sobretodo, del carísimo servicio, suben la cuenta a cantidades exageradas que hacen plantearse a muchos clientes si realmente merece la pena tomarse algo en este local de gente menuda. Que cada cual decida.

Si lo que nos apetece es un plan más cultural, lo mejor es dirigirse a Makati y pasar la tarde en el Ayala Museum. Arte, historia y artesanía filipina son la especialidad de este moderno museo. Empezando por la cuarta planta, encontramos cerámica, telas y lo mejor, joyas y oro filipino. La tercera planta contiene una muestra no muy grande de cuadros de los pintores filipinos más famosos como Luna y Amorsolo.

Por último, el segundo piso contiene una interesantísima muestra de más de 50 dioramas muy bien hechos que muestran los momentos clave de la historia filipina, desde la prehistoria más lejana hasta llegar a la revolución pacífica "EDSA" y la reconquista de la democracia en 1986 con la primera mujer presidenta de Filipinas: Corazón "Cory" Aquino. También hay algunas maquetas de barcos antiguos que pasaron por las águas del país archipelágico por excelencia.

En la planta baja existe una zona habilitada para exposiciones temporales. Actualmente está ocupada por una copia del Gernika gigante rodeada de varios cuadros y estatuas de 50 artistas filipinos y 50 españoles que reinterpretan en esas obras al cuadro más famoso de Picasso.

Y para todos los que puedan levantarse un sábado por la mañana (algo difícil por lo movida que es la noche en la capital filipina), el plan más recomendable es dirigirse al Salcedo Food Market. Se trata de una iniciativa vecinal que cuajó y ahora se ha consolidado como el paraíso de los amantes de la buena comida. En este pequeño parque rodeado de imponentes rascacielos residenciales encontramos platos preparados en casa de todos los rincones de Filipinas, pero también de todos los rincones del mundo: desde galettes bretonas a moussaka griega. Sin embargo, ya que estamos aqui, qué mejor que darse una vuelta por las islas sin salir de Makati (gastronómicamente hablando, claro). Desde el picante Bicol exprés, al jugoso lechón Cebú. También podemos decantarnos por el plato nacional: el adobo de pollo. O diriginos al puesto de Negros y degustar un sabroso pollo inasal (a la parrilla) o una deliciosa longanissa. Buscad el fresco queso de carabao. Las lumpiangs (frescas o fritas) caseras están de muerte. Y de postre, nada mejor que comprar una bandejita de alguna de las decenas de frutas tropicales peladas y troceadas que venden en los fragantes puestos de frutas y verduras.



Disponeos a curiosear primero por las diferentes casetas, disfrutando de los olores y colores de los diferentes manjares. Cuando os decidáis, id con vuestro plato a las mesitas del centro, mezclaos con el vecindario y preparaos para el festival gastronómico que viviréis esa mañana.

Dejando de lado los ultramodernos rascacielos de Makati, un lugar histórico de la ciudad es el decandente Manila Hotel, en pleno centro, que sin embargo guarda la grandeza que tuvo, no una vez, sino dos. En el momento de su inauguración (a principios de siglo) y posteriormente, durante el gobierno de Ferdinand Marcos, ya que su mujer, la famosísima Imelda, se dedicó a renovarlo y ponerlo de nuevo a tono en los años setenta atrayendo así a famosos como los Beatles o al presidente Kennedy.

Su hall es espectacular, con decenas de grandes lámparas de coral que cubren los altísimos techos. Sus cafeterías destilan elegancia aunque tomarse algo en ellas supondrá siempre un precio muy elevado para la media de la ciudad.

Pero la principal razón de acudir a este hotel es por la pequeña curiosidad que os recomiendo: vestios bien, dirijíos tranquilamente a la recepción, y pedid visitar la suite McArthur. Las amables filipinas os acompañarán a la enorme suite, más grande que muchos apartamentos que he visto. Es interesante ver el lugar que fue residencia durante cuatro años de uno de los generales más controvertidos de los EE.UU. Sin duda, fue él quien gobernó Filipinas durante los años cuarenta, más allá de que nominalmente hubiera un presidente filipino en el poder.

Recorrer la habitación, su despacho, el deslumbrante comedor con sus medallas enmarcadas o la cómoda sala de estar, es como volver atrás a los duros años de la posguerra, cuando Manila estaba destruida y éste general planeaba bombardear China con armas nucleares desde estas lujosas estancias.

Cementerio de Chinatown
Rizal Avenue extension Aurora Boulevard – LRT-1: Abad Santos

Hobbit House
1212, M H. Del Pilar St. - LRT-1: United Nations Avenue

Ayala Museum
Greenbelt 5 - Ayala Avenue – MRT-:Ayala

Salcedo Food Market
Jaime Velazquez Park - Salcedo Village - Taxi

Manila Hotel
1, Rizal Park - Taxi

dimarts, 9 d’agost del 2011

Ibiza

Eivissa, la grande de las Pitiusas, es uno de los lugares a los que me gusta volver. Ya es la tercera vez, y sin duda habrán muchas más ocasiones. Cuidado, porque si vais una vez, volveréis seguro: es un lugar que enamora.

Eso sí, personalmente recomiendo acudir los meses de junio o septiembre. La temperatura ya es cálida sin sofocar, hay mucho ambiente sin ser masivo y toda la oferta cultural, turística y festiva de la ciudad funciona a pleno rendimiento como en julio y agosto, pero a precios ligeramente inferiores. A pesar de todo, esta vez fui al finales de julio, pero debido a la situación de la pandemia, y a que por primera vez no hay temporada de discotecas, la isla estaba mucho más tranquila que de costumbre.

Como mi primera vez fue hace mucho y mi tercera vez ha sido una visita corta de dos días, matendré la narración que hice de mi segunda visita, con certeza la más especial. El caso es que aterrizamos el primer día por la tarde, cuando al sol le quedaban apenas unas horas de lucir, y con temperaturas muy agradables. Tras instalarnos en el hotel Don Quijote, en plena playa de Ses Figueretes, nos dirigímos al puerto para cenar algo y dar el primer paseo por la isla.

Quise volver a pasear por Sa Penya, el barrio a los pies de Dalt Vila. Es uno de los más animados de la ciudad. De noche, cientos de bares y terrazas se llenan de noctámbulos al acecho de una copa y también de un buen descuento para la mejor fiesta de la noche en una de las grandes discotecas. Con un poco de suerte, y haciendo amigos, incluso se podrá entrar gratis a algunas de las míticas fiestas, como la "Matinée" de Space o la "Troya" en Amnesia. El público LGTBI disfrutará especialmente de la pléyade de bares y terrazas a lo largo del carrer de la Mare de Déu.

Una de las cosas que más me gusta hacer en Ibiza es remontar Dalt Vila a través del Portal de Ses Taules con su larga rampa de piedra, entrando en la pequeña plaza de armas. Y observar, desde la tranquilidad y el silencio de la plaza de la Catedral, la agitada noche de los barrios de abajo, o más allá las luces de Pacha o la autopista a Sant Antoni. Caminar un poco más hacia las murallas y sentarse en silencio en su borde para respirar el aire limpio del mar con un suave olor a los pinos de la isla. Dejar que la brisa mediterránea, templada, agradable, nos acaricie la piel y disfrutar con el suave sonido de las olas admirando los yates y barcos varados en las aguas cercanas, pequeñitos en la lejanía, con sus lucecitas, donde se celebran algunas fiestas privadas. El lugar más romántico de la isla en una noche de junio de entre semana es, sin duda, la desierta plaza de España de noche, con unas vistas del mar y la isla impresionantes, una brisa perfecta y un profundo olor a pino que surge del parque de arriba.

Dalt Vila es uno de los oasis de silencio, tranquilidad y soledad que Eivissa ofrece, y que a la vez permite asomarse a las grandes fiestas que están teniendo lugar en el valle. A pesar de ser una antigua fortaleza, actualmente se encuentra plenamente integrada en la vida normla de la ciudad, con residencias, pequeños restaurantes, hornos, ultramarinos. Tal vez sigue mantiendo su función de fortaleza, pero esta vez frente a la fiesta, las masas y los ruidos de los otros barrios de la ciudad. El remanso de paz y el ambiente de pueblo que mantiene ferozmente Dalt Vila es impresionante. Su mezcla de arquitectura románica (con la catedral como máximo exponente), gótica (en palacetes e iglesias dispersas) y renacentista (sobretodo en las murallas) ofrece callejones con encanto sin igual.

Tras la noche de callejeo, al día siguiente tocaba playa. Con uno de los autobuses que salen de la céntrica avenida Isidor Macabich, y haciendo intercambio en la parada central de buses de Sant Antoni, nos dirigimos a la cala Gracioneta, pequeña y preciosa, aunque con un pequeño (gran) problema: siempre está a tope de gente. Su fácil acceso por transporte público, así como su cercanía a algunos hoteles (que por suerte no se ven desde la cala) hacen que sea un lugar muy frecuentado. Este fue el pequeño "castigo" por habernos dejado nuestros respectivos permisos de conducir en Madrid. A media tarde, cansados de sol y playa, volvimos a Ibiza capital.

Cuando ya el sol está tan bajo que no apetece estar en la playa, pero aún está lo suficientemente alto como para tener que esperar para cenar, lo mejor es darse una vuelta por Sa Penya, para curiosear en sus cientos de tiendas, especialmente las de ropa ibicenca o en las tiendas oficiales de las discotecas. Y entre tienda y tienda nada mejor que refrescarse en Gelato Ibiza, donde disfrutar de los mejores helados de la isla. La heladería se sitúa en Vara de Rey, el paseo arbolado por anatomasia de la ciudad, que une la ciudad antigua con el nuevo Eixample.

Tras esta pequeña vuelta, volvimos al hotel para una rápida cena y ducha, nos cambiamos y nos dirigimos de nuevo a Sa Penya, tomandonos como primera copa un espumoso cava en el Pura Vida, que cuenta con una agradable terraza en la bonita plaza del Parc. Tras comprobar si el dueño era o no tico, remontamos por las callejuelas de Sa Penya hasta llegar de nuevo un bar-terraza donde nos habíamos tomado unas copas el día anterior y nos habíamos hecho amigos de la italiana que lleva las relaciones públicas del local. Así que nos tomamos un chupito de hierbas ibicencas cortesía de la casa, y seguimos nuestro camino a la búsqueda de nuevos lugares. Recalamos por fin en Blue, que cuenta con una anímadisima terraza a los pies de Dalt Vila donde conocimos a unos holandeses. Nos contaron que, al día siguiente, iban a la fiesta de la Troya.

Al día siguiente, de nuevo en Sa Penya, desayunamos en el Croissant Show, justo enfrente del Mercat. Se trata de un lugar pintoresco y animado donde tomar el pulso a la animada mañana ibicenca. Por cierto, el Croissant Show es un local perfecto para los nostálgicos de la bollería francesa. Aquí la hacen exactamente igual que en las boulangeries parisinas. Tal cual. Además del preceptivo croissant, y del sano zumo de naranja natural, opté por tomarme, además, una baguette crujiente y calentita con terrine de canard y pepinillos. Un gran desayuno. Justo enfrente se encuentra el mercado público de la ciudad, cobijado en un edificio neoclásico que imita un antiguo templo griego y donde encontraréis desde paradas de frutas y verduras frescas hasta artesanía, flores e incluso puestos especializados en la mítica sal de Ibiza. Y hablando de sal, ese día pusimos rumbo a platja Ses Salines, una playa alargada y muy animada detrás de las curiosas salinas de Ibiza, una infraestructura enorme construída en tiempo de los romanos para extraer sal del mar y comerciar con ella. Tras pasar el dia disfrutando de las cristalinas aguas, viendo los yates y a gogós y RRPP de las diferentes discotecas repartiendo descuentos para las fiestas de la noche, volvimos al hotel a cenar y descansar un rato.

Ya de noche, de nuevo rumbo a Sa Penya para tomarnos las primeras copas en la terraza de nuestra amiga italiana. Esta terraza, además de tener un precio aceptable, y de invitarnos a chupitos, está situado en un lugar precioso, en medio de calles empedradas, empinadas y estrechas y rodeado de casas blanquísimas. Tuvimos la gran suerte de que pasaron por allí la Troya (la drag-queen más famosa de Ibiza) con toda su corte de gogós. Y resultó que la mayoría eran amigos de nuestra colega la italiana del bar. Así que tras los saludos y las fotos, nos pusieron una pulserita de entrada gratis a la fiesta más famosa de Amnesia, que se celebra todos los miércoles. Y eso que normalmente cuesta 40 euros entrar. Un ratito más de copeo y enseguida taxi a Amnesia, situada a mitad de la autopista que une Ibiza con Sant Antoni.

He de decir que me encantó esta discoteca. Con sus dos salas gigantes, podemos elegir dos tipos de música. En una, cientos de bailarinas y con un tipazo de infarto danzan en el segundo piso con movimientos que hipnotizan mientras que en la pista de bajo cientos de personas se mueven al ritmo de la mejor música house. En la otra sala, los y las miembros de la corte de la Troya rodean la enorme pista situados en sus podiums, moviendose con sus extraños bailes, mientras que de vez en cuando la misma Troya sale a su propio escenario para dar sus charlas raras y cantar su canción. La música suele ser más electro-dance con algunas canciones del momento remixeadas. Lo mejor de esta sala son los enormes chorros de aire frio con humo que salen a toda presión durante los momentos de "subidón" de las canciones.

La mañana siguiente, cansados, la consagramos a la piscina del hotel. Situada en el terrado, se podían apreciar las vistas de toda la ciudad de Ibiza. La verdad es que lo único bonito es Dalt Vila, el resto de barrios de la capital pitiusa dejan bastante que desear.

El sol y piscina de la mañana dieron paso a una tarde de turismo por Dalt Vila. Remontando sus estrechas calles entramos en el Museu Puget, para curiosear fotos de la Ibiza de los años 50. Vale la pena entrar también por estar situado en un antiguo palacio, el de Can Comasema. Después, coronamos el barrio en el impresionante mirador donde admirar el puerto. Entramos en la robusta catedral de Santa Maria de Mitjavila, gótica, sorprediéndonos la gran losa de marmol en una de las paredes, dedicada a los caídos "por Dios y por España" siendo que el primero es un familiar del ex ministro de Asuntos Exteriores Abel Matutes, también conocido por ser uno de los "caciques" de la isla.

Bajamos y cogimos un bus rumbo a Sant Antoni, para ver una de las puestas de sol más famosas: la que se da en el paseo marítimo donde está situado el mundialmente conocido Café del Mar. Un consejo básico: compraos vuestra bebida favorita en uno de los supermercados del centro de Sant Antoni, sentaos en las rocas de delante del Café del Mar y preparaos para disfrutar de la misma increíble puesta de sol que los que están pagando cinco veces más por vuestra bebida en la terraza del famoso café. Y además, estareis escuchando la misma música (las inigualables remezclas del café). Eso es lo que hicimos. Cuando el sol se fue, nosotros, paseando por el paseo marítimo con la luz crespuscular, fuimos captados por un simpártico RRPP italiano (como no) para cenar en un restaurante con espectáculo enfrente del mar, con una jarra de sangría gratis invitación de la casa. No nos arrepentimos, ya que la carta de comida italiana o pollo con curry era sencilla pero a buen precio, y además, la terraza, con piscina y todo, era muy agradable, enfrente de la bahía, con la suave brisa del mar refrescándola. Para acabar de mejorarlo, tuvimos el espectáculo, que al principio consistió en un soso grupo de chicas de la discoteca Edén que apenas bailaron. Pero luego, un grupo de acróbatas nos impresionó mientras una tragafuegos hacia un número espectacular. Además, un amable señor iba con una shisha ofreciéndola a los asistentes para que la probaran.

Volvimos a Ibiza ciudad para las fiestas de Sant Joan ya que ponían fuegos artificiales, hoguera grande y DJ en la playa de Ses Figueretes, enfrente de nuestro hotel. Llegamos justo a tiempo, con las luces de colores creadas por la pólvora iluminando la noche más corta del año, el DJ pinchando a tope y la gran foguera de trozos de madera que se empezaban a consumir por enormes lenguas de fuego.

Tras un ratito allí, rápidamente nos fuimos al puerto, rumbo a la discoteca más más famosa de la isla, y tal vez del mundo: Pacha. Y por supuesto, elegimos ir el jueves por tener lugar la fiesta más conocida: F*** me I'm Famous by David Guetta feat. Cathy. He de decir que es un espectáculo que hay que ver al menos una vez en al vida. El DJ número uno a nivel mundial es además muy cercano al público, y lo da todo en sus sesiones. Se emociona como el que más y, si tenéis la suerte de estar cerca de la cabina, le podremos saludar chocándole la mano personalmente. El equipo de luces y de sonido es increíble, las decenas de gogós bailando o columpiándose crean un ambiente de fiesta total. Además, de vez en cuando aparece Cathy, la guapísima mujer de David, para animar aún más la fiesta lanzando globos, abanicos y bailando. Los famosos robots de Pacha, que se mezclan a bailar con el público, con sus miles de lucecitas, sus movimientos y su lanzamiento de láser, llamas o chorros de aire helado completan el show. Y por supuesto, los éxitos del DJ francés remezclados en directo por él mismo, suenan en un alarde de excelencia musical. 

Problemas: las copas a 25 euros, las cientos de personas que abarrotan la fiesta haciendo imposible moverse o el local, mucho menos impresionante que Amnesia, por ejemplo. Pero bueno, Pacha Ibiza siempre será Pacha Ibiza.

Tras acabar la fiesta, con el sol asomando por arriba de Dalt Vila, nos fuimos a dormir un rato. Cuando nos levantamos, decidimos celebrar Sant Joan comiendo en uno de los restaurantes más antiguos y populares de la capital pitiusa: precisamente el bar Sant Joan. Barato y de la mejor calidad que se pueda encontrar en Ibiza, con comida tradiciona de la isla. Un poco oscuro, alicatado y con puertas de madera, este local es una auténtica tasca tradicional, limpia pero siempre abarrotada. Hay que estar dispuesto a compartir mesa con desconocidos, ya que los sitios son muy limitados. Una sepia a la plancha con ensalada mediterránea y limonada recién exprimida fueron mis elecciones. Asimismo, pedimos para el centro algunos calamares y un cuenco de all i oli casero. Y de postre, un trozo de greixonera, el típico pudín ibicenco, muy jugoso y con un sueve toque de canela, hecho a base de ensaimadas revenidas.

Tras una comida sana y por cierto, barata, andamos un rato, atravesando el puerto hasta llegar a la platja Talamanca. Con forma de media luna, es una playa aceptable, por ser muy accesible y estar poco urbanizada. Con esta agradable tarde en la playa pusimos punto y final a nuestros cinco dias en la "isla bonita". Espero volver lo más pronto posible.