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diumenge, 9 de febrer del 2020

Amán

La capital de Jordania es la ciudad árabe más "normal" de todas las que he visitado, en parte debido a su amplia clase media. Calles arboladas, casas de edificios, familias de clase media, tiendas de barrio... todo muy diferente al lujo de las ciudades del golfo Pérsico y muy lejos también de la dejadez, polución y suciedad que se observa en ciudades como El Cairo. Aún así, se aprecia claramente que Ammán es una ciudad que ha crecido muy por encima de lo que se pensó cuando se diseñaron sus actuales calles y bulevares. Por eso, y como en toda la región, los atascos son una constante, agravados por su raquítica red de autobuses públicos.

Jordania fue fundada como país por el Rey Abdalá I, y es actualmente regido por el Rey Abdalá II, hijo del Rey Hussein I, todos de la dinastía hachemita, la tribu de La Meca a la que pertenecía el Profeta Mahoma. De hecho, Jordania es el único reino hachemí que queda en pie. A pesar de haber estado en guerra contra Israel en diversas ocasiones, actualmente es uno de los pocos países árabes que reconoce a Israel como Estado, tras el tratado de paz de 1994. Por ello, el país es un remanso de paz en la zona más conflictiva del planeta, aunque las crecientes desigualdades están aumentando el descontento de la población. Y ello, unido a la alta presión que supone acoger a millones de refugiados palestinos y sirios, no pone nada fácil a Jordania ni a su capital proseguir con su normalidad. Aún así, la normalidad se mantiene.

Al Balad: el corazón de Amán.

Toda visita a Amán debería comenzar con un paseo por Rainbow Street. Epicentro del turismo, aquí se mezcla el viejo y nuevo Amán. En esta calle y sus anexas se disfrutan de bonitas vistas al estar en la cima de una colina. Además, modernos cafés se mezclan con tiendas centenarias, mezquitas con colegios extranjeros y locales con turistas. Uno de los mejores lugares para desayunar, comer o cenar es Shams El Balad, donde además de su tienda de alimentos ecológicos, justos y de kilómetro cero, (tanto jordanos como palestinos) cuenta con un restaurante y una terraza ajardinada bellísima. La carta ofrece una variedad de platos orientales, como el delicioso falafel de remolacha, las berenjenas con lentejas, su hummus, o unas bolas fritas de carne de cordero con tomate. Visita obligatoria. Otro lugar para comer, mucho más elegante y formal, es Sufra. Aquí sirven los platos tradicionales de la gastronomía árabe específicamente jordana. Su terraza con palmeras, naranjos y una preciosa fuente es un oasis de calma en el bullicioso Al Balad. Tras la comida en cualquier de los dos lugares, nada mejor que pasearse a lo largo de Rainbow Street, escoger uno de los locales con terraza y shisha, y sentarse a fumar mientras se observa a la gente ir y venir. 

La siguiente parada lógica en un tour sería el enorme teatro romano de la ciudad, con capacidad para 6,000 personas, construido en el siglo II, cuando la ciudad se llamaba Filadelfia. En los lados se sitúan varias galerías donde se exhiben todo tipo de objetos romanos y del califato, así como del Amán otomano y colonial. Del teatro se puede ir a pasear por el corazón del Amán colonial, la plaza King Faisal y sus calles anexas, que acogen el zoco de la ciudad, con tiendas de todo tipo. Esta zona está llena de edificios art deco (como la sede del Arab Bank) y muchos locales para comer de precios populares ahora frecuentados también por turistas. El más famoso es Hashem, donde se dice que preparan el mejor falafel de la ciudad, servido en humildes platitos de plástico de usar y tirar. Otro es Habibah Sweets, donde sirven la mejor kunafa fuera de Palestina. Venden las tres versiones: con semolina, de vermicelli y la mixta. Todas a base del famoso queso de Nablús derretido, que es una mezcla de requesón y mozzarella. También las sirven en humildes platos de poliespán. Pero está deliciosa. Por último, en esta zona no os perdáis el Duke´s Diwan, uno de los edificios más antiguos que quedan en uso en Amán. De Ministerio de Finanzas al Hotel Haifa, el edificio ha tenido muchos usos hasta el actual, como museo que muestra los interiores de una casa jordana de los años 20. El edificio fue también durante años el hogar de Mamdouh Bisharat, un empresario que llenó la casa de antigüedades y arte, y la abrió para que en ella se reunieran pensadores y poetas. De hecho, se siguen organizando eventos culturales mensualmente. 

Tras ello, nada mejor que subir a la Ciudadela. Desde allí, además de disfrutar de unas vistas inigualables de la ciudad, de la que no se ve un final, también se visitarán las diferentes ruinas que conforman el antiguo centro de Rabbaht Ammon, la ciudad romana, bizantina y luego islámica que se sitúa en una colina del centro de la ciudad. Las columnas del templo de Hércules, la cúpula de la iglesia bizantina o el antiguo palacio omeya son las principales ruinas a visitar.

Amán de lujo

Sorprende la variedad de hoteles de cinco estrellas que ofrece la ciudad, debido en parte a su posición como lugar ideal para reuniones entre israelíes y otros delegados de países árabes. Además, desde Amán se cierran la mayoría de grandes negocios a ejecutar en la vecina Palestina, y cada vez más, en Siria o Iraq. Su alto nivel de seguridad y estabilidad la han convertido en una ciudad de encuentro. Por ello han proliferado hoteles del estilo del W o el Four Seasons, ambos de reciente apertura, mientras otros se encuentran en obras, como el Ritz-Carlton. A ellos se les suman el St. Regis, el Grand Hyatt, el Marriott, el Sheraton, el Fairmont, el Kempinski o el InterContinental.

Además del gran número de visitantes por razones políticas o de negocios, los diferentes restaurantes de estos hoteles son populares entre las clases medias-altas de la capital por no ser excesivamente caros y ofrecer una ventana a gastronomías como la japonesa, la mexicana, la india o la francesa, que son difíciles de encontrar en otros puntos de Jordania. También es habitual celebrar bodas en sus salones y son muchos los locales que se abonan a sus gimnasios y spas.

Además del 5th circle, la rotonda donde se concentran el mayor número de hoteles de cinco estrellas de la ciudad, otro de los puntos clave del lujo en la capital jordana es Taj Mall, el centro comercial que concentra las boutiques de lujo del país o The Boulevard, un futurista barrio privatizado con centros comerciales a la última, hoteles de cinco estrellas, grandes torres de oficinas y edificios residenciales de alto standing.

Finalmente, si uno quiere salir de fiesta en Amán, lo primero es recordarle que pese a su alto nivel de occidentalización, estamos en un país mayoritariamente musulmán, por lo que si se desea tomar copas, lo más sencillo será acudir a los bares y discotecas de los grandes hoteles de cinco estrellas. Las noches con DJ de la piscina del W son muy populares entre los jóvenes cristianos (que si pueden beber alcohol). También hay grandes discotecas, como Cluster, a la que fui, equiparable a cualquiera de las grandes capitales europeas. Sin embargo, estas abren y cierran a los pocos meses, por lo que si visitáis la ciudad y os apetece salir, lo mejor será preguntar a los locales.

Comer en Amán

Pero la capital jordana es mucho más que Al Balad o los lugares de lujo mencionados. Zahran Street y sus alrededores, por ejemplo, es también una zona elegante, llena de embajadas y vetustos edificios ministeriales, así como del palacio Zahran. Durante nuestros meses en Amán trabamos amistad con el embajador turco, que nos invitó a varios restaurantes con solera y servilletas de tela donde romper el ayuno durante el mes santo del Ramadán. Uno de los que más nos gustó fue Fakhreldin, situado en la antigua residencia de varios ex primeros ministros del país. En este elegante villa, el restaurante ofrece un servicio impecable con comida libanesa de altísima calidad, incluyendo un amplio surtido de carnes a la brasa. Muy recomendado, aunque los precios son elevados.

Nosotros vivimos en el tranquilo barrio de Khilda, donde conviven cristianos ortodoxos y católicos con musulmanes sunitas. Edificios de apartamentos de cuatro plantas como máximo se alternan con amplias casas unifamiliares con jardín. En sus calles hay pequeño comercio de todo tipo, supermercados e incluso centros comerciales como Mecca Mall o City Mall, donde encontrar de todo y a mejor precio que en otros lugares. Respecto a la gastronomía, este barrio esconden muchos secretos, desde panaderías tradicionales con horno de leña hasta locales como Abu Jbara, muy populares para desayunar, por lo que os recomiendo acudir temprano porque no se puede reservar y se forman largas colas. A este vinimos invitados por nuestros caseros, por ser uno de sus sitios favoritos para desayunar. Lo que empezó como un local familiar es ahora una cadena con tres enormes locales en Ammán y con planes para abrir en Dubai y Riad. Su menú es muy sencillo (menos de diez cosas) lo que ya demuestra que lo poco que ofrecen se lo toman muy en serio. Su especialidad es el hummus con una salsa casera de pimientos, cebolla, aceite y piñones. Además, también tienen un sabroso foul y su crujiente falafel. Se puede ver como lo preparan todo de forma artesanal en sus cocinas e incluso como hornean sus panes siempre recién hechos. Fuimos un miércoles entre semana y estaba lleno. Aparentemente, los fines de semana hay largas colas. En cualquier caso, si queréis probar un desayuno tradicional jordano, esta es la dirección a la que ir.

Excursiones desde Amán

A pesar de que hice varias excursiones desde Ammán, y de que también viajé a otros puntos de Jordania como Petra, Wadi Rum o Aqaba, es verdad que incluso allí me dejé muchas cosas pendientes: desde ver el Tesoro de Petra desde uno de los miradores en lo alto de las rocas hasta disfrutar de la puesta de sol en Wadi Rum o dormir en las nuevas tiendas lunares ultramodernas. También me hubiera gustado cruzar a Eliat durante mis días en Aqaba así como visitar alguna de las ruinas que me quedaron pendientes a lo largo de la autopista del Rey. Por ello tendré que volver a Amán, ya que esta es la puerta de entrada a Jordania. Sin lugar a dudas, volveré a esta fascinante zona del mundo.



dilluns, 3 de febrer del 2020

Washington D.C.

La tercera y actual capital de los Estados Unidos de América es un paraíso para frikis de la política, la historia y el urbanismo, como un servidor. Washington es la nueva Roma: una ciudad diseñada por Pierre l´Enfant para emular las grandes capitales europeas. Este urbanista francés dividió la ciudad en cuadrantes alrededor del Capitolio, y luego en calles rectas verticales (numeradas) y avenidas horizontales (con las letras del alfabeto), con avenidas en diagonal (con nombres de los Estados de la Unión), por lo que orientarse por la ciudad es sencillísimo. Además, se limitó la altura de cualquier edificio a no superar la del Capitolio, por lo que la ciudad es una agradable urbe con sabor europeo. Sorprende que la capital del país más poderoso del mundo sea una urbe cordial y relativamente pequeña. Inspirada por los ideales de la masonería, la capital estadounidense se diseñó siguiendo la racionalidad ilustrada.

Washington se asienta sobre el Distrito de Columbia, el único que no está situado en ninguno de los 50 Estados que conforman la Federación. Este territorio fue donado mitad por Maryland y la otra mitad por Virgina, situado estratégicamente entre los estados del norte y los del sur, en la intersección de los ríos Potomac y Anacostia. Alguna de las curiosidades de la ciudad es que, pese a que sus habitantes pagan los mismos impuestos que el resto de estadounidenses, no tienen representación en el Congreso: ni representantes ni senadores. Por eso, las placas de los coches registrados en el Distrito de Columbia lucen orgullosas su eslogan: "Taxation Without Representation", precisamente lo que los estadounidenses quisieron evitar con su independencia.

En mi primera visita me quedé en un hotel entre Washington Circle y Dupont Circle, una zona muy tranquila plagada de embajadas y consulados, mansiones históricas, el enorme edificio del Departamento de Estado y la Universidad George Washington. Alguno de los locales que cabe destacar en esta zona es BeefSteak, nueva cadena de comida rápida del chef José Andrés con platos predominantemente vegetarianos. Las las verduras se ponen en el centro de su menú. Yo me pedí una BeetSteak burger, que consta de una gruesa rodaja de remolacha marinada entre dos panes de hamburguesa, acompañada de cebolla roja encurtida, varias hojas de ensalada, rodajas de tomate, brotes, mayonesa vegana y aceite de oliva virgen. 

Los museos del National Mall

Excepto los memoriales y los edificios gubernamentales como el Congreso o el Departamento de Agricultura, los imponentes edificios presentes en el lado este del National Mall o Explanada Nacional (una enorme avenida de césped y árboles que parte la ciudad en dos) son gestionados del Instituto Smithsoniano, una fundación público-privada de casi 200 años de historia. Su misión principal es el incremento y difusión del conocimiento. Esta institución surge de la fundación del británico James Smithson, que aunque nunca pisó los EE.UU., quiso donar a este país su patrimonio con el fin de aumentar el saber y difusión del mismo en la nueva república. A partir de ahí, este Instituto se convirtió en un organismo federal. La fundación ya acumula más de 137 millones de objetos históricos a su cargo. Actualmente gestiona 19 museos, siete centros de investigación y un zoo. Durante mi visita, me recorrí varios de ellos. Son enormes, por lo que opté por priorizar aquellos elementos de sus colecciones más emblemáticos. La gran ventaja es que sus colecciones permanentes son todas de acceso gratuito, tal y como exigió Smithson en su testamento.

El primero de los museos Smithsonianos que visité fue el Museo Nacional del Aire y del Espacio, del que sólo se encontraba abierta la mitad de sus instalaciones (la otra mitad estaba cerrada por renovación). Como ofrecían visitas guiadas, me uní a uno de los grupos, donde en hora y media te muestran los puntos más importantes del museo, incluyendo el avión y los prototipos que realizaron los hermanos Wright, el Spirit of Saint Louis (primer avión en cruzar de Nueva York a París), o el Space Ship One, primer avión comercial al espacio exterior. Asimismo, cuenta con cápsulas de los proyectos Mercury y Gemini, con los que la NASA intentaba ganar la carrera espacial a la URSS lanzando los primeros hombres al espacio o realizando los primeros paseos espaciales. También está allí el módulo lunar del Apolo 11, con en el que EE.UU. logró imponerse como primer país en enviar hombres a pasearse por la Luna. En la zona central se encuentra una réplica del telescopio Hubble, así como un laboratorio a escala real de la Estación Espacial Internacional, en el que observar la vida diaria de las astronautas. También se expone el proyecto de pruebas del Apolo-Soyuz, primer proyecto espacial conjunto entre los EE.UU. y la URSS. El museo también cuenta con tiendas de souvenirs curiosas donde comprar todo tipo de recuerdos, incluyendo el helado que toman los astronautas, algo que ya vi en mi visita a Cabo Cañaveral. Los que vayáis con peques, el museo cuenta con una interesante zona interactiva bautizada "Cómo vuelan las cosas", donde a través de máquinas, simuladores y personal del museo, podrán comprender mejor las claves de la aeronáutica.

El segundo museo fue la National Gallery of Art, que aunque no es de la Fundación Smithsonian, está gestionado por la misma. Debido a su enorme tamaño, no pude visitar esta vez el edificio este, del arquitecto chino I. M. Pei, que acoge obras contemporáneas. Pero si pude admirar las principales obras del edificio oeste, el original neoclásico, que incluye un recorrido por la pintura y escultura occidental, empezando por el románico y gótico italiano, y siguiendo con decenas de salas con estilos y regiones de toda Europa y Norteamérica, con obras que incluyen a Giotto, Van Eyck, Rafel o Tiziano con su "Venus del Espejo". De hecho, el único cuadro de Leonardo da Vinci en el continente americano se encuentra aquí: la bella Ginevra de Benci. Pero también tiene cuadros de El Greco (aquí está su Laoocón o la Inmaculada Concepción), Rubens, Bernini, Van Dyck, Goya, Rembrandt, Fragonard, Turner, el "Napoleón" de David, Manet, Degas, Cézanne, un autorretrato de Van Gogh, Monet, Picasso, Matisse...

Este museo es una estupenda lección de pintura y escultura occidental desde el siglo XI hasta nuestros días y serviría perfectamente para hacer un repaso por los principales artistas, técnicas y temas. Jamás vi una colección tan completa y bien exhibida. Para los amantes del arte, o aquellos que no tengáis grandes conocimientos, os lo recomiendo encarecidamente. Además, cuenta con una extensa colección única de paisajistas estadounidenses que pintaron las bellezas naturales de las Américas, destacando las cataratas del Niágara, de Church.

Aunque no entré, pude ver fugazmente a través de sus rejas alguna de las esculturas del Jardín dedicado a las mismas, como por ejemplo una bella calabaza de Yayoi Kusama, como la que vi también en la isla japonesa de Naoshima.

Otro de los museos que decidí visitar, atraído principalmente por su oferta gastronómica, fue el Museo Nacional del Indígena Americano. En este moderno edificio se presentan los modos de vida, la historia y el arte de los pueblos indígenas del hemisferio occidental. Algunos de los puntos destacados del museo son el teatro Lelawi, en el que a través de unas proyecciones en una cúpula y pantallas se muestran algunas de las diferentes naciones americanas, y sus tradiciones y paisajes. Alrededor de este teatro visité la exposición "nuestros universos", donde se explican las creencias y  mitología de algunas de las naciones clave, como los quechua o los inuit, a través de gráficos, cuentos, música y objetos. Hay otras exposiciones, como la que alude a los tratados que se establecieron entre el gobierno federal de los Estados Unidos de América y las naciones indias norteamericanas. Además de objetos y documentos históricos, la exposición muestra los puntos de vista de cada parte sobre diferentes asuntos, por lo que es bastante instructiva, y sobretodo, neutral, poniendo énfasis en los datos, para que cada cual saque sus conclusiones. El museo cuenta con un gran centro de actividades educativas para niños, además de con una enorme tienda de recuerdos, con artesanía y productos gastronómicos de las diferentes naciones indígenas. Pero la principal razón por la que acudí fue por su cafetería "Mitsitam Native Foods", un lugar estupendo para probar algunas recetas e ingredientes usados por los nativos americanos, de norte al sur. Predominan los platos mexicanos y alguno peruano, además de recetas de las tribus norteamericanas adaptadas a la cocina actual. Yo opté por una trucha enrollada en bacon con dos acompañamientos: una ensalada de tres tipos de legumbres y un puré de batata dulce delicioso. Una pena que no tengan postres típicos de nativos. Si vais en grupo, antes de empezar a comer vuestros platos, no olvidéis decir "mitsitam", que significa "comamos" en la lengua de las naciones Piscataway y Delaware, antiguas habitantes del territorio que hoy ocupa el Distrito de Columbia.

El último de los museos que pude visitar fue el Museo de Historia Natural, donde por su inmensidad me centré en las galerías dedicadas a los minerales, donde destaca el diamante "Esperanza" de color azul oscuro y 45 quilates, regalo del rey Luis XVI a Maria Antonieta. También visité el pequeño zoológico de insectos y arácnidos que ofrece una de las alas del museo, donde ver desde tarántulas hasta escorpiones, tocar todo tipo de orugas inofensivas e incluso caminar dentro del mariposario, donde se reproducen a decenas de especies en su "guardería de larvas". El mariposario es una actividad de pago.

Aunque no sea un museo del Smithsonian, también visité el Bureau of Engraving and Printing, la imprenta federal de donde originalmente salía todo el papel moneda estadounidense. Ahora la mayoría se realiza en las nuevas instalaciones de Fort Worth en Texas, pero aquí aún siguen imprimiendo 32 millones de dólares que se ponen en circulación cada día. Hay varios tours al día. Lo importante es recordar que está prohibido tomar cualquier fotografía de sus instalaciones. Allí nos explicaron todo el proceso para imprimir billetes y vimos como las gigantescas imprentas y máquinas recortadoras iban creando los billetes, supervisadas por empleados federales que comprobaban la calidad de las impresiones y empaquetaban los billetes. Curioso que las imprentas "Impreglio" de los dólares son de fabricación germano-italiana. Y no, no dan dólares de recuerdo. Lo que sí se puede es comprar sábanas enteras de dólares en curso sin recortar o sacos con trozos de billetes defectuosos pulverizados.

Los memoriales de la capital

Por otro lado, la parte oeste de The Mall está ocupada por la famosa piscina que refleja al alto obelisco en memoria de Washington. Pero el edificio que lo preside es el sereno memorial a Lincoln.

Sin duda, el más importante símbolo de la ciudad es el memorial a George Washington, que parte en National Mall en dos. Este gigantesco obelisco de 170 metros fue durante años el edificio más alto del mundo, hasta que en 1889 le superó la Torre Eiffel. La entrada a este memorial, igual que al resto, es gratuita, aunque debido al reducido espacio en sus ascensores para acceder a la cima, es necesario obtener tiquets para los diferentes pases de entrada en sus taquillas. Recomiendo acudir a las 8 y media de la mañana para evitar quedarnos sin visita. Las vistas desde la parte superior son impresionantes. Desde dentro del ascensor que nos llevará a la cima también apreciaremos mejor el cambio de color de la piedra que sostiene al obelisco, estructura que se sostiene al 100% con piedras, sin la ayuda de ninguna viga metálica. Al lado del obelisco se encuentra el enorme memorial a los caídos en la II Guerra Mundial, dividido en las batallas del Atlántico y las del Pacífico.

El memorial de A. Lincoln tiene forma rectangular y recuerda a los grandes templos romanos dedicados a los dioses principales. Es mejor visitarlo de noche, ya que siempre está lleno de gente gritando, y al menos a esas horas baja el número de visitantes y las luces crean un efecto imponente en el lugar. Con la estatua del presidente sentado en el centro, en cada uno de los lados de este templo cuadrado encontramos por un lado el discurso de toma de posesión como Presidente y por el otro el discurso que dio tras la victoria de la Federación en la Guerra Civil. A los pies de este memorial, Martin Luther King dio su celebre discurso "I have a dream", ante millones de manifestantes por los derechos civiles.

Otro de los memoriales, el dedicado a Jefferson, es de gran elegancia, con forma de gran templo redondo, con una cúpula inspirada en la del Panteón romano. Una enorme estatua de bronce del tercer presidente de los EE.UU. se sitúa en mitad del mismo, y varios de sus escritos y citas se encuentran grabados en roca o metal alrededor de la misma.

A un corto paseo del memorial de Jefferson encontré el memorial de F. D. Roosevelt, el presidente que pasó más años en la Casa Blanca. Este memorial es mucho más modesto: se compone de cuatro galerías al aire libre, dedicadas a cada uno de sus periodos presidenciales respectivamente. Además de grande estatuas de este presidente, también hay una de su mujer, Eleanor Roosevelt, encargada de representar a los EE.UU. ante las nuevas Naciones Unidas.

Justo al lado se encuentra el memorial a Martin Luther King, el más reciente, en el que además de una enorme estatua de este líder esculpida en piedra, también se expone una colección de sus citas gravadas en grandes rocas. Su estatua suele tener flores a sus pies que les dejan los visitantes como recuerdo.

Por último, cabe destacar el memorial a los caídos en la guerra de Vietnam, mucho más sobrio: una simple pared de granito negro con forma de V en la que se encuentran inscritos los nombres de los 60.000 soldados que murieron en dicho conflicto.

Al otro lado del río Potomac se encuentra el cementerio de Arlington, con más de 30.000 tumbas de mármol blanco. Este es el lugar de reposo final del personal militar estadounidense caído en acto de servicio, desde la guerra de la independencia hasta la actual en Irak. La tumba más visitada es la del presidente J. F. Kennedy, con su llama eterna. Al lado del mismo se enterró a su ex mujer, Jacqueline Kennedy Onassis. Alrededor de las tumbas se encuentran inscritas varias de las principales citas del demócrata. Lo más curioso es que, encima de la colina que preside estas tumbas, se encuentra la mansión  de Robert E. Lee, general que comandó las tropas de la Confederación durante la Guerra Civil estadounidense. Una avenida recta une dicha mansión con el memorial a Lincoln, en un esfuerzo simbólico por reconciliar a las dos Américas enfrentadas en una sola nación.

El Federal Triangle

Al este de la Casa Blanca se encuentra este barrio de Washington que aglutina numerosos edificios gubernamentales. De entre ellos cabe destacar el templo neoclásico de los Archivos Nacionales, en cuya pomposa rotonda central, del piso superior, se exhiben los originales de la Constitución de los EE.UU., la Carta de Derechos y la Declaración de Independencia. En otra de las salas se exhibe también un original de la Carta Magna inglesa del siglo XIII. En sus bóvedas públicas se puede visitar una exposición interactiva que incluye copias de cientos de documentos clave en la historia del país y cuyos originales se encuentran almacenados a buen resguardo en las cámaras de seguridad del edificio: desde cartas, mapas y fotografías, hasta audios y vídeos, como las célebres intervenciones de F.D. Roosevelt por radio o el discurso televisado de D. Eisenhower en el que anunciaba el despliegue del ejército para forzar la admisión de estudiantes negros en el instituto Little Rock Nine de Arkansas.

En uno de los extremos del Federal Triangle se sitúa la Casa Blanca, mansión neoclásica que impresiona más de noche que de día. El número 1600 de la avenida de Pensilvania parece muy accesible, por sus vallas etéreas. Pero cuanto uno más se acerca uno a la verja de la mansión, más siente la presencia del Servicio Secreto, el cuerpo policial dedicado a proteger al Presidente y Vicepresidente de los EE.UU. y a sus respectivas familias. La única forma de visitar la Casa Blanca para un extranjero es pedir cita a través de la embajada estadounidense del país respectivo. Espero poder hacerlo en mi próxima visita.

En una de las calles que rodean la Casa Blanca se encuentra el Old Ebbit Grill, conocido como el restaurante más antiguo de la ciudad, donde me pasé a almorzar mi último día. Es fácil cruzarse con el personal de la Casa Blanca o los funcionarios de las Secretarías del Comercio o del Tesoro, que se encuentran enfrente y que son habituales de este lugar. Cargado de historia, cuenta con un equipo de camareros eficaces, rápidos y muy amables. Sirven una selección de platos de lo que los estadounidenses llaman como "comfort food", donde destacan los de productos acuáticos, de ríos y bahías cercanas, como el pastel de cangrejo (buenísimo) servido con patatas fritas caseras (con piel) y ensalada de col o las ostras, frescas y de calidad suprema. Me hubiera gustado pedir postre pero no tenía tiempo ese día. Sin duda, volveré en futuras visitas a la capital de EE. UU.

Fuera del triángulo federal pero a continuación de una de sus esquinas, se encuentran otros dos edificios emblemáticos de la capital. Por un lado, Union Station, la estación central de ferrocarriles, con su imponente hall de una nave (inspirado en los baños romanos de Diocleciano) y la plaza de la Unión, en la que ondean las banderas de todos los estados y territorios del país. Poco después nos encontraremos con otro de los templos de mármol de esta "nueva Roma" que es Washington D.C.: el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Este templo de la justicia abrió sus puertas en 1935. Anteriormente, esta institución la acogía el edificio del Congreso. Este mausoleo cuenta con dos grandes frontones: el principal, con el lema "Equal Justice under Law" y el de detrás con "Justice, the Guardian of Liberty". Además de la exposición que recorre los momentos más importantes del Tribunal, y sus sentencias históricas, lo más impresionante es su imponente arquitectura neoimperial, destacando la solemne sala de justicia, el gran salón con los bustos de todos los presidentes que ha tenido este tribunal o como sus bellas escaleras de caracol.

El Congreso

En el extremo este del National Mall se encuentra el edificio del Capitolio, una de las primeras estructuras de la ciudad. De hecho, su primera piedra la colocó el mismo Washington en 1793. El edificio está concebido como un templo a la libertad, estatua que corona su gigantesca cúpula blanca. Además de acoger las salas en las que se reúnen los plenos de la Cámara de Representantes y el Senado de los EE.UU, y otros lugares nobles. Toda la zona está rodeada de edificios que acogen las oficinas de los representantes y senadores, y la protección por parte de la propia Policía del Congreso es enorme. Hay controles en todas las calles.

Los turistas acceden a través del nuevo centro de visitantes, donde se ofrecen visitas guiadas gratuitas que nos mostraran varias salas y espacios, destacando la famosa rotonda, la parte inferior a su gigantesca cúpula. Aquí hay numerosas obras pictóricas que admirar, como la Llegada a América de Cristóbal Colón, el célebre cuadro de la Declaración de la Independencia o el bautizo de Pocahontas. Aunque sin duda destaca el fresco de la cúpula, donde se representa la subida los cielos del propio George Washington. En la parte central de la rotonda se colocan los sarcófagos de aquellas personas cuya muerte se considera duelo nacional por su enorme importancia. Solo el cuerpo de una mujer ha sido velado aquí: el de Rosa Parks.

George Washington ascending into heaven IMG_1916 | Capitol ...Varias de las salas nobles del Congreso están abarrotadas de estatuas, ya que cada Estado de la Federación tiene derecho a enviar dos estatuas de sus residentes más notables. Me llamó la atención que California, además de enviar una de R. Reagan, la segunda que envió fue de Fray Junípero Serra, monje mallorquín que se dedicó a evangelizar dichas tierras abriendo misiones.

Además de las visitas a la antigua sala del Tribunal Supremo o del Senado cuando el país contaba con menos estados, de forma inesperada pude asistir a media hora del histórico impeachement al que el Congreso ha sometido al actual presidente Trump. Un proceso extraordinario que solo se ha activado tres veces con esta durante la historia de los EE.UU. Aunque tuve que pasar dos controles de seguridad extra, esperar dos horas y entregar mi teléfono a la policía del Congreso, valió la pena sentarme en la galería del público del Senado de los EE.UU. mientras intervenía el abogado personal de Trump y le escuchaban los 100 senadores. Era impactante ver de tan cerca a Sanders, Warren, Harris, Rubio o Kerry.

Georgetown

Este elegante barrio, algo alejado del centro de la ciudad, no cuenta con paradas de metro. Pero como estaba a unos minutos a pie de mi hotel, me dispuse a caminar la parte oeste de la agradable avenida M, en su paso por Georgetown. De ella salen calles empedradas y se alinean casas de los estilos georgiano y federal, así como casitas victorianas. Se le considera un barrio residencial aristocrático, aunque la presencia de cientos de estudiantes del campus de la universidad de Georgetown dinamizan la vida de este precioso barrio histórico. La avenida M está plagada de tiendas de todo tipo y precios. Aproveché para comer en la America Eats Tavern, del chef español José Andrés, una de las personalidades del Washington del siglo XXI. Decorado con gran gusto y con un personal de extraordinaria eficacia y amabilidad, pedí de entrante deliciosas hush puppies (unas bolas fritas de harina de maíz con maíz dulce y mantequilla de miel para untar). De primero degusté su pulled pork a la barbacoa ahumada, acompañado de pepinillos caseros, pan tostado y la salsa barbacoa del chef español. Y de postre, pedí una deliciosa pera en salsa de almíbar y trozos de tarta con helado de vainilla. Todo perfecto.

De Logan a la Avenida U

Toda esta zona, también conocida como Shaw, se ha convertido en el núcleo de la fiesta de la ciudad, y donde mayor variedad de restaurantes de todo el mundo encontrar. Tras el asesinato de Martin Luther King en 1968, los disturbios asolaron este barrio, que pasó a ser una zona marginal. Sin embargo, actualmente ha resurgido como uno de los más cotizados, con tiendas de todo tipo y locales de ocio, especialmente tras la apertura de un enorme Whole Foods.

En plena avenida U, y al lado del teatro Lincoln, se enuentra la histórica cafetería Ben´s Chili Bowl, emplazamiento clave entre la comunidad negra de Washington. Este fue uno de los pocos negocios que no se saquearon durante las revueltas de los años 60 en la lucha por los derechos civiles. Su personal es muy simpático. Pedí uno de sus famosos half-smoked (salchichas propias de Washington DC a base de carne picada, mitad de vacuno mitad de cerdo,  mezclada con especias, y ahumado). Se sirven en pan de perrito caliente con chili casero, mostaza y cebolla picada. Y con ensalada de col como complemento. La gracia del lugar es que ha sabido mantener su clientela tradicional del barrio (y eso se nota en el ambiente) mientras se ha convertido en un lugar de peregrinaje para todo aquel que busque experimentar la quintaesencia del Washington negro: desde Sarkozy y Carla Bruni hasta George W. Bush o Bill Cosby. Obama, el presidente que más ha disfrutado de Washington y ha hecho vida de ciudad, también lo frecuentaba. 

Me encanto el ambiente en restaurantes, bares y clubs de gente tan cosmopolita, ya fuera estadounidenses de su cuerpo diplomático, asesores de políticos o lobbistas de diferentes industrias, así como extranjeros, sobretodo diplomáticos, corresponsales de medios de comunicación de todo el mundo o funcionarios del Banco Mundial, la OEA o el FMI.

Washington tiene muchísimo que ver. Espero volver pronto a esta dinámica y agradable ciudad. Quiero explorar muchos museos que me dejé pendientes, como el AfroAmericano, el de Historia de los EEUU o el museo del espionaje. También me dejé por ver toda el ala de arte contemporáneo de la National Gallery. Además, no pude visitar a fondo Georgetown ni tampoco fui a Anacostia o a la cercana Alexandria. Y sobretodo, lo que más rabia me da es que me quedé sin visitar el interior de la Biblioteca del Congreso. Ojalá volver el 4 de julio. Dicen que los de Washington, son los mejores fuegos artificiales del planeta.

dissabte, 18 de gener del 2020

Excursiones desde Ammán

Cuando se tiene la oportunidad de vivir o visitar Ammán, existen ciertas excursiones a sus alrededores que se pueden hacer en medio día o un día entero y que os recomiendo. En mi caso, os contaré las que tuve la suerte de hacer:


Sitio del bautismo

La primera recomendación es una visita al sitio del bautismo en Betania-al-este-del-Jordán (Al-Maghtas), a nueve kilómetros al norte del Mar Muerto. Este sitio arqueológico incluye dos zonas principales: Al-Kharrar, también conocido por el nombre de colina de Elías y la zona de las iglesias de San Juan Bautista. Según la tradición cristiana, en este lugar, situado en medio de una naturaleza salvaje, fue bautizado Jesús de Nazaret por Juan el Bautista, su primo. Contiene vestigios de origen romano y bizantino, como iglesias, capillas, un monasterio y grutas que sirvieron de refugio a eremitas, así como pilas bautismales, que dan testimonio de la vida religiosa del lugar, y que es que es hoy destino de peregrinación para los cristianos de todas las ramas.

Por motivos de seguridad (se trata de la frontera con Israel), las visitas tan solo se permiten de forma guiada, por lo que cada cierto tiempo se agrupa a los visitantes en la entrada principal para llevarnos en un minibús y con guía hasta el fondo del valle y allí recorrer los principales puntos de interés, acabando en el punto exacto donde se cree que Juan bautizó a Jesucristo. En ese punto se puede ver el lado israelí, muchísimo más moderno, donde el día que lo visitamos habían grupos de filipinos realizando bautismos de cuerpo entero. Era muy curioso observar una frontera tan vigilada tan solo separada por unos metros de río.

Normalmente, las aguas del río bajan cristalinas, pero debido a las fuertes lluvias de días anteriores, durante mi visita estaban de color marrón debido a los lodos desprendidos. Uno de los mosaicos recientes instalados es el de la familia real jordana y a un jeque musulmán acompañando al Papa Francisco en su reciente visita al lugar. Son miles las personas que se llevan agua del Jordán para bautizar en sus lugares de residencia. En las tiendas de recuerdo las vendes en botellas a precios abusivos (10 euros el cuarto de litro), y nada te garantiza que no sea simple agua del grifo. Por ello, yo mismo recogí agua del lugar exacto del bautismo, para que mi prima pudiera bautizar a su tercera hija con ella.

Por su importancia, toda la zona está inscrita como Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, incluyendo las diversas iglesias católicas, ortodoxas y luteranas, así como las pilas bautismales usadas a través de los siglos y la cueva en la que la tradición cree que vivió Juan el Bautista como eremita.

Madaba

Otra de las excursiones recomendadas, especialmente a los amantes de la historia, es Madaba, la ciudad de los mosaicos, que tiene como gran atractivo a la iglesia ortodoxa griega de San Jorge, donde se encuentra el primer mapa conocido de Jerusalén, en forma de mosaico del siglo VI. Los historiadores lo consideran el mapa más antiguo de la humanidad hasta ahora descubierto. El mapa, plasmado en el suelo de la iglesia en forma de mosaico, se conserva bastante bien y en el se puede ver la forma de la antigua Jerusalén romana, con el cardo como calle principal, que estaba porticada entonces, tal y como el mapa representa. En el mapa también se señalan ciudades y pueblos alrededor de la ciudad que ya entonces era sagrada para los judíos por albergar el templo. Por lo demás, Madaba es una pequeña ciudad jordana sin más. Es por ello que nosotros visitamos la iglesia de paso hacia el Mar Muerto, como suelen hacer la mayoría de turistas. En cualquier caso, toda esta zona está plagada de lugares de interés arqueológico, incluyendo castillos cruzados o fortalezas de Saladino. Por estas tierras peregrinaban los turcos y sirios a La Meca, y los judíos y cristianos a Jerusalén (también los musulmanes). 

Monte Nebo

Tras Madaba, vale la pena pararse también en este monte. La tradición sostiene que aquí es donde Moisés fue sepultado tras morir a la edad de 120 años. Aquí se construyó una iglesia en el siglo IV para recordar el lugar de la muerte del profeta Moisés, y se mantiene como lugar de peregrinación para los cristianos tal y como lo designó el Papa Juan Pablo II. Fuera, desde la cima del monte, se observa todo el valle del Jordán así como el mar Muerto, Jericó, Belén y en los días despejados, Jerusalén y la refulgente cúpula dorada de la explanada de las mezquitas. Los judíos y musulmanes también veneran a Moisés como profeta, y por tanto este monte es también sagrado para ellos. De hecho, las tres grandes religiones del libro creen que desde Nebo fue donde Dios mostró a Moisés la tierra prometida a su pueblo, pero a la que nunca llegó el profeta. 

En el monte se eleva una cruz serpentina, símbolo de la serpiente que cogió Moisés en el desierto, fusionado con la cruz en la que se crucificó a Jesucristo, que plasma la conexión teológica del cristianismo entre ambas figuras clave del Antiguo y Nuevo Testamento respectivamente. Tradicionalmente, este lugar se encuentra bajo la custodia de la orden franciscana.

Vale la pena visitar también los excelentes mosaicos de los restos de la antigua iglesia bizantina que aquí se alzaba. Ahora está todo cubierto por una estructura metálica para protegerlos de la intemperie y se ha habilitado la llamada basílica de Moisés, que mezcla dichos elementos antiguos con contemporáneos, donde los franciscanos celebran misas regularmente.

Mar Muerto

Finalmente, tras las paradas en Madaba y Nebo, el viaje desde Ammán acaba en el célebre Mar Muerto, lugar de desembocadura del río Jordán y punto más bajo de la tierra. Este mar es en realidad un lago en mitad del desierto, a 435 metros por debajo del nivel del mar. Es aquí donde la tradición cree que estaban ciudades como Sodoma y Gomorra. 

El calor es muchísimo más elevado que en cualquier otro punto de Jordania y la humedad muy elevada. Bañarse en este mar es muy curioso. Su alta concentración de sal me hizo flotar mucho más de lo que floté en las salinas de San Pedro en la isla caboverdiana de Sal. Su agua contiene una concentración nueve veces mayor sal por litro que la del mar Mediterráneo. Ello, junto con el resto de minerales presentes, la convierte en curativa para varias afecciones de la piel así como para la artritis. Además, la mayor presencia de oxígeno en el aire facilita a aquellos que padezcan de asma y otras complicaciones respiratorias. Por todo esto, el Mar Muerto es considerado como un lugar clave para tratamientos terapéuticos y de belleza. No es casualidad por tanto, que el lado jordano del Mar Muerto está plagado de resorts de cinco estrellas de gran lujo y calidad (y elevados precios). Aunque si buscáis conocer el Mar Muerto en un día, entonces podéis ir a la llamada playa turística "Ammán", de acceso libre. Nosotros optamos por quedarnos en el Kempinski, que además de la estupenda playa privada con acceso al Mar Muerto que incluye hamacas, sombrillas, duchas, jarros de barro procesado y personal con toallas y botellas de agua, también ofrece una red de gigantescas piscinas en las que broncearse, disfrutando de sus vistas al bello Mar Muerto. El hotel es muy grande y sus diferentes instalaciones están construidas a varios niveles de altura por lo que existen carritos de transporte gratuitos en todo el complejo.

El ritual aconsejado para bañarse en este peculiar mar, en el que no existe fauna ninguna, es el de untarse primero con sus lodos terapéuticos de cuerpo entero y secarse al sol quince minutos. A pesar de ser abril cuando lo visitamos, el calor era sofocante. Cuando el barro esté seco, llega el turno de meterse en el agua y retirarlo. Eso sí, muchísimo cuidado con chapotear o mojaros los ojos. Debido al calor, cometí el error de mojarme casi todo el pelo tumbado como estaba en el agua. Sin embargo al levantar la cabeza, gotas chorrearon por mi cara entrando en mis ojos. El picor es inaguantable y de golpe me resultó imposible abrir los ojos. Los hoteles suelen estar preparados para estos casos y personal del Kempinski, en el que nos quedamos, se percató de mi situación y vino a socorrerme, llevándome de la mano hasta una de las duchas de agua dulce situadas a pie de playa, donde poco a poco pude retirarme las saladísimas gotas de mis pobres ojos, recuperando la visión. En cualquier caso, tras retiraros la costra de barro tanto en el mar, como en la ducha de agua dulce si quedaran restos, comprobareis como la piel se os queda suave como nunca. Todos estos resorts cuentan con spas que ofrecen todo tipo de tratamientos con los barros y lodos del Mar Muerto, incluyendo masajes o envoltorios de cuerpo entero, así como máscaras faciales.

Os animo a visitarlo cuanto antes (también se puede hacer del lado israelí o palestino), ya que en los últimos cincuenta años ha perdido un tercio de su superficie, debido a la sobre-explotación de las aguas del río Jordán y sus afluentes así como a la aceleración de la evaporación debida al cambio climático.

Además de estas, también existen otras posibilidades de excursión desde Ammán, destacado especialmente la visita a las ruinas romanas de la antigua ciudad de Jerasa, unas de las mayores del imperio, el gigantesco castillo cruzado de Kerak o las cataratas de Ma´In. Sin embargo, mi tiempo era limitado y tuve que priorizar. Cuando vuelva a Jordania las visitaré.

diumenge, 12 de gener del 2020

Un 2019 que lo cambió todo

2019 fue un año menos sedentario que 2018: mantuve mi apuesta por la oposición y en diciembre la aprobé. Y lo mejor es que durante el principio lo pude combinar con la realización de varios viajes de placer y por trabajo. Y al acabarla a principios de diciembre, pude también hacer dos viajes durante ese mes. Y no sólo por Europa: también volví al continente africano, americano y a Oriente Próximo. El año empezó en Valencia, algo ya de por sí extraño en mis últimos años, pero es que tenía la lectura de mi cuarto examen de la oposición al que llegaba por primera vez. Pero lo suspendí. Eso supuso un golpe personal duro, porque tiró por tierra todo el esfuerzo de un año y medio de estudios. Si quería seguir en la oposición me tocaba empezar desde cero. Desde el primer examen. Agotado mentalmente, necesitaba despejarme para volver a afrontar la rutina del estudio. En febrero hice una fugaz visita a Barcelona por trabajo y luego, gracias a un amigo pude irme dos semanas de febrero a descubrir Sudáfrica, un viaje de ocio que me ayudó a recargar pilas. Allí descubrí el país más desarrollado del continente y dos de sus tres capitales: Johannesburgo y Ciudad del Cabo, incluyendo maravillas naturales cercanas, desde gigantescas cuevas hasta la única reserva de pingüinos salvajes fuera del Polo Sur. 

A las pocas semanas, en marzo, volví a combinar trabajo y estudio, lo que me sirvió para despegar y volver a encarar la oposición con fuerzas e ilusión. Pasé a vivir unos meses en Ammán, la bulliciosa capital jordana. Y aproveché no solo para descubrir sus diferentes barrios sino también para recorrer algunos puntos claves del Reino Hashemita: el mar muerto, Madaba, el monte Nebo, Aqaba y sobretodo, la ciudad perdida de Petra y el desierto rojo de Wadi Rum, donde pasamos una noche con los beduinos. Además, durante una semana, crucé por la frontera terrestre al vecino Israel y a los territorios ocupados de Palestina. Allí me quedé fascinado con las tres ciudades que visité: Belén, Tel Aviv pero sobretodo, Jerusalén, una ciudad sin igual.

En junio volví a Montenegro, país que había visitado un invierno. En verano es totalmente diferente. Fui por la boda de dos grandes amigos del Colegio de Europa y aproveché para disfrutar de las calas rocosas y pequeños pueblos de la preciosa bahía de Kotor. No hay nada en el mundo que supere la luz, olores y ambiente del Mediterráneo en el mes de junio.

Desde ese viajé me encerré entre Valencia y La Canyada a estudiar como un loco excepto durante el mes de noviembre que lo pasé en Madrid preparándome para el cuarto examen de la oposición, tras haber aprobado (de nuevo) los tres primeros.  

No fue hasta que hice la lectura de mi cuarto examen a mitad de diciembre que me volví a subir en un avión, esta vez para cruzar el charco de nuevo y volver a una de las ciudades en las que viví durante mis veinte: Miami. Para la boda de otro amigo y para reconciliarme con una ciudad de la que no pude despedirme bien. He de decir que la ciudad está más bonita que nunca. Aunque era invierno, disfrutamos de una temperatura muy agradable. Coral Gables, Wynwood, la pequeña Habana y sobretodo South Beach estaban más bonitos que nunca.

Desde Miami, y para visitar a otro amigo, me adentré por primera vez hacia el oeste de los Estados Unidos de América, concretamente al rico Texas, donde descubrí tanto su capital, Austin, como la ciudad de San Antonio (y las huellas del Imperio español) y el pueblo de Fredericksburg, muestra de las migraciones germanas. Quedé fascinado del dinamismo texano y del orgullo de los habitantes del estado de la estrella solitaria. Nunca olvidaré mi visita al Capitolio texano en Austin, pues fue inmediatamente después de enterarme de que había aprobado la oposición. Mi vida cambió en ese instante.

Finalmente, los últimos días de 2019 los pasé en la antigua República Veneciana, hoy región italiana del Véneto, específicamente entre las ciudades de Venecia y Padua, entre amigos, buena comida y mucha arquitectura y obras de arte. Italia nunca cansa.

2020 tiene pinta de ser más viajero que 2019 pero con una salvedad: menos nómada. Parece que empiezo una nueva década poniendo punto y final a estos diez años de locura nómada, en la que no he durado en ninguna ciudad viviendo más de diez meses seguidos. Una década en las que más de 300 vuelos me han llevado a descubrir diferentes rincones de los 62 países que hasta ahora he tenido la suerte de visitar (o vivir en ellos). Parece que vuelvo a Madrid, curiosamente la ciudad en la que empecé la pasada década, y allí me instalaré por muchos años. Todo indica que se acabó el nomadismo, y esta vez parece que para siempre. En cualquier caso, seguiré viajando en cuanto pueda, porque la pasión de conocer el mundo nunca desaparece del todo. Y lo seguiré contando por aquí.

divendres, 10 de gener del 2020

Venecia

La capital de la "Sereníssima República"

Venecia es un sueño. Es como estar en el decorado de una película. No sorprende, por tanto, que ríos de turistas la inunden durante todos los meses del año. Fundada en el siglo V en la laguna que protegía a todos los que huían de los bárbaros tras el derrumbe del Imperio Romano de Occidente, esta ciudad lacustre comprende 118 islotes. Sobre barro y madera alzaron una ciudad imposible que desde el siglo X se convirtió en una gran potencia marítima, condición en la que se mantuvo hasta las ocupaciones francesas y austriacas durante el siglo XIX. Venecia es, en su conjunto, una obra maestra de la arquitectura y hasta los más pequeños de sus monumentos albergan obras de los más grandes artistas de todos los tiempos, como Giorgione, Tiziano, VeronésTintoretto, entre otros. Arquitectos clave del Renacimiento como Palladio o contemporáneos como Tadao Ando o Calatrava también cuenta con obras arquitectónicas en la ciudad.

Además, también es una ciudad importante para la Cristiandad. Por un lado, reposan en Venecia los restos de Santa Lucía, mártir siracusana, en una de las capillas de la imponente iglesia de San Jeremías, al lado del puente de las agujas (guglie). Esta santa es venerada por católicos, ortodoxos y luteranos. Además de ser la patrona de ciegos y modistas, entre otras profesiones, su festividad se celebra especialmente en Suecia y Finlandia. Pero sobretodo, Venecia es clave por albergar los restos del Evangelista San Marcos, patrón de la ciudad y de la antigua República. Sus reliquias se encuentran en la basílica de San Marcos de la plaza homónima. Fueron extraídos de Alejandría por dos comerciantes venecianos que se los llevaron a su ciudad en el siglo IX.

La plaza de San Marcos, única en la ciudad en tener dicho nomenclatura (al resto de plazas se les llama "campo"), se convirtió en el centro político, económico, social, cultural y religioso de la ciudad. La preside la extraordinaria basílica, uno de los pocos ejemplos de arte bizantino en Occidente, símbolo de las estrechas relaciones de Venecia con el antiguo Imperio Bizantino, y especialmente con la antigua Constantinopla, Bizancio y hoy Estambul. Esta joya arquitectónica deslumbra con sus mosaicos dorados y cúpulas, que en su parte exterior cuentan con un añadido con estructura de madera y plomo para darles su actual forma. De su impresionante fachada destacan los cuatro caballos de cobre, robados por los venecianos del hipódromo de Constantinopla tras su conquista en el siglo XIII en el marco de la Cuarta Cruzada. Su gigantesco campanario, otro de los símbolos de la ciudad, es ahora una reproducción exacta de 1912 del original del siglo XVI, que se desplomó en 1902. Se trata del edificio más alto de la ciudad.

Y en realidad, la basílica era originalmente la capilla privada del Palacio Ducal, sede de los diferentes órganos de poder de la República. El edificio destaca por su combinación de mármol blanco y rosa y por su bella columnata gótica y elegantes balcones. El gobierno de la República, admirado por su estabilidad, se basaba en la combinación de un Duque elegido de forma vitalicia por un consejo de 40 nobles elegidos al azar, que utilizaba instrumentos de la democracia con la aristocracia, representada en el Consejo de los Diez, con un patricio de cada barrio de la ciudad. Esta "Signoria" representaba la continuidad de la República. Además instituciones, como el Senado, que se ocupaba de la política exterior, y el Tribunal Supremo, centrado en garantizar la seguridad interior, hacían de frenos y contrapesos que garantizaron la grandeza y riqueza de esta ciudad por más de mil años, el sistema político más longevo de la humanidad. Maquiavelo se refirió a Venecia como la más excelente entre las repúblicas modernas y lo cierto es que este sistema de división del poder le dio siglos de estabilidad y prosperidad a la ciudad-estado. La plaza y especialmente el palacio estaban pensados para impresionar a los visitantes, que necesariamente debían llegar a Venecia a través de este lugar, núcleo desde el que la reina del Adriático controlaba los puertos de medio Mediterráneo. Tanto de día como de noche, desde tierra o desde el agua, es difícil dejar de admirar su belleza. No dejéis de entrar, si puede ser con visita guiada, para entender el intrincado sistema de controles y admirar los cuadros que cubren sus paredes, como el espectacular "Il Paradiso" de Tintoretto, que preside la gran Sala Mayor del Consejo donde se reunían los 1500 patricios de la ciudad que votaban guerra o paz o aprobaban tratados comerciales. En esa sala están también los retratos de los 120 Dux de la Sereníssima, excepto uno, cubierto de negro, porque fue decapitado al intentar romper el equilibrio republicano y traspasar sus funciones. Ser nombrado Dux signficaba deshacerte de todo negocio (tu mujer también) y de cualquier tierra que poseyeran fuera de Venecia. Además, tenían que mudarse al apartamento privado del Palacio Ducal, bastante sobrio comparado con los grandes palacios en los que vivían los nobles. Ser Dux era un honor y un servicio de por vida, encarnando a la República. Si el Dux o su mujer tenían más riqueza al morir de la que tenían cuando fue elegido, se les quitaba la diferencia que pasaba al Tesoro de la República. El último Dux, Ludovico Manin, convenció al Senado de rendirse a Napoleón y disolver la Sereníssima evitando así que bombardeara la ciudad y respetara la propiedad de aristócratas y burgueses (no de la Iglesia, que fueron saqueadas). Por cierto, en la visita al Palacio pasareis de las suntusosas salas de gobierno a la cárcel anexa, a través del romántico puente de los suspiros.

Frente a la plaza de San Marcos se encuentra una isla en la que visitar la gigantesca iglesia de San Giorgio Maggiore, obra de Palladio, en la que, por primera vez, el famoso arquitecto de Vicenza dio con la clave de como adaptar una fachada que imitaba los templos clásicos con la estructura de tres naves de las iglesias cristianas. Su serenidad y proporcionalidad interior reflejan la obsesión del arquitecto con la perfección. Además, en su interior podremos admirar las dos últimas obras de Tintoretto: la recogida del maná, a un lado del altar mayor, y la última cena, al otro lado. Este último cuadro se considera la obra maestra del pintor italiano. Su tratamiento de la luz, perspectiva y formas distorsionadas la convierten en un claro ejemplo de pintura barroca. Esta iglesia cuenta con un campanario muy parecido al de San Marcos, al cual también se puede subir y hay menos espera.

Además de la plaza de San Marcos, el otro punto imprescindible es el gran canal, arteria principal de esta ciudad acuática. Con forma de "S", está jalonado de palacios góticos y bizantinos, conectando la plaza de San Marcos con la estación de tren de Santa Lucía, el único punto de conexión de la ciudad con tierra firme. Algunos lo recorren en góndolas, para ver también los pequeños canales de Venecia, más de 150. Pero lo más sencillo es subirse al vaporetto número uno en alguna de las dos paradas iniciales y sentarse en los lugares al frente del barco, para disfrutar del bullicio del gran canal, con los otros vaporettos y góndolas pasando, además de barcos-ambulancia, policía, lanchas-taxis e incluso botes con carga o los que recogen la basura. El momento culmen llegará al pasar por debajo del famoso puente de Rialto, el más antiguo de la ciudad, de finales del siglo XVI.

Recomiendo también encarecidamente dedicar al menos una hora a la espectacular Scuola Grande di San Rocco, fundada en el siglo XV como cofradía laica dedicada a San Roque, patrón protector de las pestes, y que agrupaba a ricos comerciantes que, excluidos del patriciado y las actividades de gobierno, se asociaron para influir, hacer servicio público con escuelas, hospitales y becas; y patrocinar arte. La cofradía es un espectáculo arquitectónico, con su gran salón en mármol, maderas nobles, pan de oro y los cuadros espectaculares de Tintoretto del Antiguo y Nuevo Testamento que decoran paredes y techos. Coged uno de los espejos que ofrecen para admirar los cuadros del techo y no dejaros el cuello en el intento. Las escalinatas son de cuento y la Salla dell´Albergo, con la "Crucifixión" de Tintoretto es imprescindible: un cuadro inolvidable fuera de toda comparación.

Asimismo, es interesante visitar el Museo del Palacio Fortuny, palacio gótico que restauró el empresario español Mariano Fortuny para vivir en Venecia en el siglo XIX, donde también instaló su fábrica (esta en Giudecca) donde aún sigue. Fortuny era un artista total: pintor, escenógrafo, inventor, diseñador textil y creador de moda. Patentó sistemas de iluminación teatral, creó escenografías revolucionarias y diseñó vestidos tan famosos como el Delphos, inspirado en la Grecia clásica. En la mansión se explica todo bien con muchos de sus inventos, trajes y diseños expuestos.

Si se quieren experiencias más tranquilas, se puede pasear por Dorsoduro y meterse en lugares menos frecuentados por turistas como la bella iglesia de San Sebastián, llena de cuadros y frescos del Veronés, que pintó hasta la cubierta de madera del órgano de la bella iglesia.

Una de las más conocidas tradiciones venecianas es el bacari, es decir, ir de bar en bar probando vinos y cicchetti (las tapas venecianas). Probamos varias, pero la que más me gustó fue el bacarando "In Corte dell´Orso", no solo por su buen ambiente o su muy amable personal, sino también por sus precios justos y la variedad de delicosos ciccheti: además de los crostini (trozos de crujiente pan con salami, quesos, verduras o cremas a base de bacalao), también había mozzarella rebozada, calamares, gambas, sepia y otras delicias como alcachofas de temporada. En mi segunda vez probé otros como el SEPA (que ha conseguido no usar nada de plástico, hasta sus vasos son compostables)

Justo al lado está la "gelacoteca Suso", donde degustar alguno de sus estupendos helados, muchos creaciones únicas, y todos deliciosos. Aunque era invierno, no pudimos resistirnos. Recomiendo especialmente el sabor "Manet", que son capas de helado cremoso de pistacho salado cubiertas de gianduja, una pasta de chocolate que contiene sobre un 30% de pasta de avellana y que se parece mucho a la Nutella.

Finalmente, no podía dejar Venecia sin probar su plato estrella: las "sarde in saor", sardinas fritas sazonadas con cebollas agridulces cocinadas en vinagre y aceite. Esta receta surgió de la necesidad de los pescadores venecianos de almacenar comida en sus barcos durante largas temporadas de pesca. Las comí en la rosticceria San Bartolomeo y me parecieron deliciosas, acompañadas de polenta hervida.

Para comidas más tranquilas la Osteria da Codroma es maravillosa, con sus gnocchi alle seppie o sus vieiras a la veneciana.

Murano y Burano

Además del centro histórico de Venecia, la laguna cuenta con algunas joyas que vale la pena visitar. Nosotros pudimos ir a Murano y a Burano. Por un lado, Murano es otra de las islas pertenecientes a la ciudad, famosa en el mundo entero por sus artesanos del cristal. Para una demostración de esta centenaria artesanía optamos por la Vetreria Murano, donde visitamos varios hornos donde un maestro del vidrio realizó un ejemplo de la técnica del vidrio soplado con el que realizó en pocos segundos un caballo de cristal. El guía va explicando el proceso paso a paso, siendo lo más impresionante los 1000 grados que alcanza el cristal en los hornos para poder lograrse su estado líquido y como luego el artesano lo sopla primero, a través de un tubo y lo moldea después con pinzas como si fuese plastilina.

Tras ello, continuamos en otro vaporetto a Burano, otra de las islas, mucho más alejada, conocida por sus casitas de diferentes colores, que los pescadores pintaban para reconocerlas desde lejos. Abarrotada de turistas, sus pequeños canales son extremadamente fotogénicos. Llama la atención el campanario de su única iglesia, inclinado debido a que se construyó sobre suelos inestables en una isla. En sus diferentes pastelerías se pueden degustar los buranelli, unas galletas amarillas muy ricas de sabor a limón y mantequilla. Burano también es famosa por la artesanía de encaje de hilo. Pero cuidado porque la mayoría de encajes que venden en las tiendas de recuerdos son hechos en China. Los verdaderos encajes de Burano son caros y difíciles de encontrar.

¡Carnaval!

Siempre había soñado con vivir el Carneval Venezian. Y en 2026 tuve la enorme suerte de hacerlo de la mano de un veneciano que me ayudó a vivirlo plenamente, y descubrir todos sus secretos. El Carnaval nació en la Edad Media como un tiempo de libertad antes de la Cuaresma: se podía comer carne, ir a fiestas y disfrazarse, se bebía alcohol... Bajo las máscaras, el pueblo y la nobleza se mezclaban. El disfraz iba asociado con la libertad de cambiar de personalidad y atreverse a hacer cosas que no se hacían en las rutinas. Su época dorada fue el siglo XVIII, cuando Venecia era lujo, exceso y teatro: grandes pelucas, trajes de seda y bordados de oro, maquillajes extravagantes... las fiestas se sucedían y los diferentes palazzos aunque muchos se encontraban en el elegante Caffè Florian para tomar una copa y algo de comer por la tarde antes de encaminarse a la fiesta de turno. Hoy en día los más carnavaleros siguen yendo a lucir sus elaborados disfraces al Florian y encontrarse con sus amigos tomando un cóctel, por ejemplo a base de zumo de mandarina, que es temporada. O eso fue lo que yo hice, mientras me quedaba fascinado por este ambiente que parecía retroceder en el tiempo donde personas de todas las edades y condiciones charlaban amigablemente.

Hay que señalar que las celebraciones se prohibieron tras la caída de la República en 1797 ante Napoleón. Y durante doscientos años nadie volvió a celebrar las fiestas hasta que en los años 80 del siglo veinte renació como símbolo de identidad cultural y también para atraer a más turistas y generar más dinero. Ahora, diez días antes del Martes de Carnaval se produce una fiesta diaria temática en uno de los palazzos a los que hay que pagar entrada al organizador o dueño. Y no se puede repetir de disfraz. Para enterarte de donde se hacen y obtener entrada, debes haber sido invitado por él o ella o por uno de sus amigos. Entre ir al Floran, a la fiesta de turno o volver a casa a descansar y cambiarte para el próximo disfraz, se topan con turistas de todo el mundo que llenan las calles de la ciudad disfrazados con mejor o peor gusto. La municipalidad paga a actores y actrices para representar obras populares por las calles, en italiano o en veneciano.

Lo más curioso es que casi todas las fiestas las organizan franceses, que residen en Venecia o en Francia y vienen a propósito a pasar los diez días de Carnaval. Me llamó mucho la atención que igual que ellos lo prohibieron en el siglo XIX son los que lo han rescatado en nuestros tiempos.

Y no os podéis perder los maravillosos fritelle, unos donuts caseros que se hacen en las pastelerías con más solera de Venecia y que pueden ser "Venezian" que son con pasas y piel de limones y naranjas; o rellenas de crema, zabaione o nata. Pastelerías como la Tonolo o la Rizzardini las hacen espectacularmente y es donde las compran los locales.

Volveré a Venecia: quizá para vivir otro Carnaval, quizá para la Bienal de Arte o la Muestra de Cine y seguro para visitar lugares pendientes como la Galería de la Academia, la Fundación Peggy Gugenheim, pasear por el Guetto o subirme, por fin, en una góndola.

dissabte, 28 de desembre del 2019

Central Texas

La capital texana

Texas es mayor que la suma de Alemania, el Reino Unido y el Benelux. Se le conoce como el Estado de la estrella solitaria aunque el nombre "Texas" proviene de la palabra "amigo" en lengua caddo, una de las tribus nativas con las que se encontraron los españoles en el siglo XVI.

Llegué a este inmenso y rico Estado para visitar a mi amigo Mike, que trabaja en Austin, una ciudad abierta, dinámica, cosmopolita y en constante crecimiento. Me llamaron la atención las grúas que hay por todo lado. Austin es sede de una de las mayores universidades estadounidenses (por número de estudiantes) y de varias multinacionales, destacando la cadena Whole Foods o la informática Dell. Además, aparecen decenas de start ups continuamente. Austin es la ciudad menos texana de todas, por su ambiente alternativo, liberal y su preocupación por la sostenibilidad. Su biblioteca pública, por ejemplo, es la mejor en la que he estado de lejos, tanto por su enorme tamaño (un bloque de cinco pisos) como por sus diferentes salas, terrazas e instalaciones, que incluyen mullidos sofás.

El caso es que poco después de la independencia de México, el segundo presidente de la nueva República de Texas escogió esta curva del río Colorado para instalar la nueva capital: Austin, en honor a Stephen Austin, primer Secretario de Estado de la joven república y considerado como "Padre de Texas".

Uno de los edificios gubernamentales que recomiendo visitar es su bello capitolio. Aunque Texas ya tuvo un capitolio menor desde 1853, este ardió en un incendio por lo que el actual se inauguró en 1888. Construido con granito rosa local, el enorme edificio es un icono de la ciudad: preside la gran avenida del Congreso, arteria central del downtown de Austin. Interesante que el capitolio texano es cuatro metros más alto que el de los Estados Unidos (todo es más grande en Texas).

Los visitantes acceden a través del recibidor sur, que da acceso a la llamada rotonda, justo bajo de la gigantesca cúpula. Aquí encontraremos cuadros de cada uno de los gobernadores que ha tenido Texas, incluyendo a dos mujeres. En el suelo de mármol se encuentran representados los seis países que han gobernado Texas, empezando por España, curiosamente representada por el escudo de Castilla y León, y siguiendo por las tres flores de Lis francesas, el escudo mexicano (águila con serpiente y cactus), el de la Confederación y finalmente, el águila estadounidense. Desde la antigua sala del Tesoro, salimos en ruta con una amable guía me mostró tanto la cámara de Senado como la del los representantes, que se mantienen tal y como se diseñaron, incluidos los escritorios de cada senador y representante. Como estaban de vacaciones, en cada escritorio había una bella poinsettia, flor originaria de México. Allí aprendí que su nombre es en honor a Joel Poinsett, Secretario de Guerra de los Estados Unidos que intentó negociar sin éxito la compra de Texas a México pero que si pudo traerse estas bonitas flores a Washington desde donde se popularizaron.

También me llevó a la sala de recepciones del gobernador, con muebles del XIX, que da acceso al despacho privado del mismo, al que no se puede acceder. Finalmente, deambulé por el resto de magníficas estancias, incluyendo una visita a la bonita tienda de recuerdos de su interior.

Por otro lado, Austin se ha autoproclamado capital mundial de la música en directo. Por ejemplo, en una de las cafeterías más populares, junto al lago, había un pianista tocando villancicos la noche que la visitamos. De hecho, existen más de 200 locales ofreciendo música en directo.

Para salir por la noche, lo mejor es optar por el SoCo (South of Congress) como nuevo barrio con restaurantes de moda y locales nocturnos. Fuera de esta zona existen también varios locales interesantes, como Lala´s, permanentemente decorado con motivos navideños donde existe un reloj que hace la cuenta atrás hasta la próxima Navidad.

Austin hará también las delicias de cualquier foodie. Esta ciudad ofrece desde pizzerías napolitanas  como Desano, con mozzarella fresca traída desde Nápoles cada semana hasta restaurantes de comida vietnamita colonial, como el Elizabeth Street Café, donde me tomé una de las mejores sopas pho que he pedido en mi vida, en este caso con gambas del golfo de México. Asimismo, cuenta con locales de ramen magníficos como el Jinya Ramen Bar, en The Domain, donde me comí uno de los mejores ramen que he probado fuera de Japón. Sus buns también son deliciosos. 

Por supuesto, en la alternativa Austin es sencillo encontrar todo tipo de zumerías con ingredientes como la bayas goji, el açaí o la moringa. Los desayunos alternativos que sirve Pacha son estupendos. Este ecléctico lugar, con platos y tazas de todas las formas, simboliza a la perfección el emblema de la ciudad: "Keep Austin weird". Pedimos tortitas de pera con bacon cubiertas de miel de las que no dejamos ni una miga.

Finalmente, ninguna experiencia tejana está completa sin disfrutar de una de sus tradicionales barbacoas. Un local para hacerlo es Rudy´s, que se autoproclama como la peor barbacoa texana. En sus gigantescas barbacoas se ahúman diversas partes del pollo, pavo, res y cerdo así como salchichas con jalapeño, La carne es de primera calidad y su salsa barbacoa casera es deliciosa. Ofrece varios acompañantes, desde frijoles, hasta maíz en crema, patatas al vapor o la tradicional ensalada de col. Se come sin platos, en unas bandejas de plástico y acompañado la carne de pan de molde amantequillado y de pepinillos. Sin duda, una experiencia tejana que no hay que perderse, especialmente el famoso "pulled pork"

Otra de las atracciones de la ciudad es la imponente biblioteca Lyndon B. Johnson, que además de agrupar miles de audios de conversaciones telefónicas en la Casa Blanca durante su mandato, también cuenta con todo tipo de documentos relativos a su presidencia. El edificio vale la pena en si mismo por su espectacular diseño, pero es que además cuenta con varias exposiciones sobre los logros de la presidencia de Johnson, incluyendo la Civil Rights Act, la Clean Air Act y otras muchas de sus creaciones como las becas educacionales, Medicaid o Medicare, dentro de su visión de la Great Society. Las exposiciones también incluyen un ciborg muy conseguido del ex presidente dando un discurso así como una reproducción a escala real del despacho oval con el mobiliario original que usó este presidente demócrata originario de Texas.

Finalmente, recomiendo también visitar el Museo Bullock, un enorme edificio donde se narra la historia de Texas a través de artefactos históricos, reproducciones, explicaciones y vídeos. En la primera planta se desarrolla el inicio de la historia, con un recorrido por los diversos pueblos indígenas y sus lenguas, cultura y tradiciones. Por otro lado, se explora también la llegada de españoles y franceses, destacando los restos de La Belle, un gigantesco buque francés, además de cientos de objetos de uso cotidiano y las explicaciones de las desventuras de los primeros colonos.

En el segundo piso se desarrolla la construcción de la identidad texana, con episodios como las batalla del Álamo o de San Jacinto, la proclamación de la República de Texas independiente de México o su unión a los EEUU como el 28 Estado. De hecho, se puede ver una bandera original del EEUU con 28 estrellas. Además, también se explica el desarrollo de la guerra civil en Texas y la posterior desarticulación de la esclavitud. Finalmente, se dedica un amplio espacio a la exposición del centenario de Texas 1936, cuando se organizó un evento de 6 meses en Dallas con pabellones donde se mostraba el poderío del Estado de la estrella solitaria, con atracciones para toda la familia. 

El tercer piso y último piso muestra las diferentes tecnologías y recursos que han convertido a Texas en la dinámica economía que es hoy: desde los aviones hasta las camionetas, desde su ganadería y agricultura hasta su importante industria del petróleo, en el que no me gustó nada que no se explicara de forma más honesta las terribles consecuencias medioambientales del fracking. Lamentablemente, me temo que eso se deba a que parte del museo está financiado por empresas como Texaco. También se incluye un espacio para la escena musical texana así como al centro de control de la NASA situado en Houston, que fue clave en avances aeroespaciales como la llegada del hombre a la Luna.

Raíces hispanas

Uno de mis días en Texas lo dediqué a visitar una de las ciudades más boyantes de Estados Unidos: San Antonio. Para ello, tomé un autobús Greyhound que en algo más de una hora me trasladó de Austin a esta ciudad texmex.

Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando franciscanos españoles establecieron una red de misiones para evangelizar a los indígenas y de paso defender la frontera tanto de tribus más agresivas como del creciente poder de los Estados Unidos de América. De todas ellas, destacó la misión de San Antonio de Valero. Tras la independencia de México, esta misión franciscana se convirtió en un cuartel militar con tropas originarias de la Compañía del Álamo de Parras. Por ello, la antigua misión de San Antonio pasó a conocerse como el Álamo, y la ciudad anexa, San Antonio de Bejar, creció como capital de nuevo estado mexicano de Texas.

Sin embargo, tras la recentralización del General Santa Anna, nuevo presidente mexicano, tanto los tejanos (esto es, mexicanos residentes en Texas) como los texians (esto es, inmigrantes de los Estados Unidos que se habían instalado en Texas atraídos por las tierras baratas y las ventajas fiscales) se aliaron para defender los derechos del estado, al no querer ser gobernados directamente desde Ciudad de México y poder mantener sus libertades originarias.

Con el fin de sofocar la rebelión, el ejército mexicano, capitaneado por el propio Presidente, llegó a Texas. Rodeados por 2500 soldados, algo menos de 200 rebeldes atrincherados en el Álamo fueron masacrados. Allí se forjó el mito fundacional de Texas. En el resto de batallas, los rebeldes gritaban "Recordad el Álamo" para no olvidar la masacre que causó Santa Anna. Finalmente, los rebeldes ganaron la guerra en la batalla de San Jacinto, donde apresaron al mismísimo General, que a cambio de su vida, reconoció en 1836, como presidente mexicano, la independencia de la República de Texas.

En el centro de San Antonio se encuentran las ruinas de la antigua iglesia y luego cuartel del Álamo, de acceso gratuito, complejo en el que también se puede ver una corta película explicativa. Dispone de tiendas de recuerdos e incluso de un campamento que recrea la lucha de los rebeldes por los derechos de Texas, con actores disfrazados. Tras la visita al símbolo texano por excelencia, me paseé por el agradable centro de la ciudad, muy limpio, viendo la catedral de San Fernando y llegando hasta la plaza del mercado, el mayor mercado mexicano cubierto fuera de México, donde encontrar tanto comida callejera típica como artesanía de dicho país. Para comer, no podéis perderos Mi Tierra Café, con su Virgen de Guadalupe en la recepción rodeada de fotografías de los fallecidos de la familia de los dueños. El techo del restaurante está cubierto de bellas piñatas. Cuenta con un enorme mostrador con diversos tipos de pan dulce y su restaurante, siempre a rebosar, cuenta con mariachis que cantan aquí y allá. Los platos varían cada día de la semana, así que siempre hay excusa para volver. Yo pedí rellenitos, un plato texmex de tortillas de maíz recién hechas rellenas de carne picada, queso poblano y guacamole. 

Finalmente, también visité una de las cuatro misiones que aún quedan en pie al sur de la ciudad, y en las que se siguen ofreciendo misas católicas diarias. Opté por la más cercana, la misión Concepción, en la que pude admirar el estilo arquitectónico recio pero elegante de la época, así como la decoración colorada original en el interior de la iglesia. Estas misiones constituyen una muestra del mestizaje entre la cultura hispánica y la cohauilteca, tal como lo ilustran los elementos ornamentales de las iglesias que mezclan la simbología católica con la estética naturalista autóctona. Paneles informativos explicaban el día a día de la misión y como los franciscanos sabían hacer de todo: desde arquitectura hasta agricultura. Numerosos indígenas abandonaron su vida nómada y se instalaron en las misiones, convirtiéndose al cristianismo. Por su relevancia, las misiones fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Raíces alemanas

Al oeste de Austin se encuentra el Hill Country, un conjunto de valles y ondulantes colinas boscosas donde hace cien años se establecieron colonias de alemanes y checos. Verdes pastos, bosques de árboles de hoja perenne, claros riachuelos y decenas de pueblecitos con nombres alemanes salpican la región, en cuyos restaurantes aún se sirve col fermentada y en cuyas pastelerías abundan los strudels y otras recetas alemanas. Hay numerosos pueblos pero no teníamos mucho tiempo así que escogimos Fredericksburg, con su calle mayor plagada de casas victorianas. Se trata del primer asentamiento alemán, fundado en 1870. Rodeada de viñedos, en sus tiendas se pueden degustar todo tipo de vinos locales. Como era Navidad, también ofrecían vasos del tradicional vino caliente alemán con frutas y canela.

Una de las tiendas más interesantes es la de Quintessential Chocolates, donde hacen decenas de bombones caseros de gran calidad, destacando aquellos rellenos de alcohol, sorprendentemente sabrosos y nada empalagosos. Probamos los de licor de naranja texana. 

Otra de las tiendas que visitamos fue una de velas artesanales, que hacían delante nuestro, siguiendo una técnica que se trajeron de la Alemania del siglo XIX. Hoy en día también hacen velas aromáticas y tenían de más de 50 olores. Dedicamos bastante rato a disfrutar de esencias nuevas.

El parque central tenía tanto un Belén como una torre de viento de madera con figuritas navideñas tan típica de los mercados navideños germanos. Acabamos la visita comiendo en un restaurante texmex,  el Bejas, donde disfruté del bacon jalapeño, las enchiladas, la deliciosa carne empanada con espárragos asados o los tacos de gambas del golfo.

No fui a Tejas por visitar el Estado, sino para ver a mi amigo Mike. Sin embargo, me pareció un lugar muy interesante, con muchas cosas que ver y hacer y sobretodo, con gente que disfruta de la vida en una economía que no para de crecer. Tocará volver con mejores temperaturas, para disfrutar de sus parques naturales pero también de otras ciudades como Houston o Dallas.