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divendres, 15 d’agost de 2014

Argel

Argel, la blanca, como la llamaban los franceses por el color de sus edificios, es una ciudad curiosa y diferente, considerada como una de las más románticas del mundo árabe. Personalmente me recuerda mucho a La Habana en versión Magreb. O a una especie de Marsella en estado de semi-abandono. Sin embargo, Argel tiene un poco de todo, de sus muchas influencias que la convierten en una ciudad única, con muchísimas limitaciones que hay que tener en cuenta también.

La visita puede comenzar por el barrio antiguo: la Kasbah, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1992. Lo mejor es  llegar a la ajetreada Plaza de los Mártires (o en dialecto argelino Sah'Chuada) con las bellas vistas al mar, la blanca mezquita de los pescadores, rodeada de restaurantes especializados en pescado y marisco, así como el antiguo Palacio Consular, ahora Cámara de Comercio Argelina. Vale la pena dar un vistazo a sus elegantes estancias, especialmente en el bello salón de reuniones. En uno de los despachos estuve trabajando yo tres meses.

A continuación, empezad por internaos en las estrechas y empinadas callejuelas de la tristemente sucia Kasbah. Es una lástima el lamentable estado en el que se encuentra esta joya del urbanismo árabe. Sin embargo, aún así vale la pena descubrirlo: maravillaos con los puestos de zumos recién exprimidos, las pequeñas Joyerías, tiendas de dátiles o panaderias. Admirar la mezquita Ketchaoua, de color tierra, antigua catedral de San Felipe, reconvertida en mezquita tras la independencia del país. 

Si nos internamos por la pequeña rue frères Zoubiri encontraremos algunos pequeños restaurantes donde sirven las mejores sardinas a la parrilla que he probado en mi vida aunque personalmente prefiero las fritas, que las hacen con un crujiente buenisimo. También encontraréis bocadillos de brocheta de cordero a la parrilla con pimientos asados. Buscando un poco se encuentran platos muy sabrosos.

En la Kasbah hay dos palacios museos que vale la pena visitar. El primero es el El Museo Nacional de la Iluminación, la Miniatura y la Caligrafía en el Palacio Mustapha Pacha. Este edificio es una maravilla, un auténtico oasis en mitad del caos, calor y barullo de la Kasbah. Esta joya de la arquitectura otomana se construyó en 1799 para alojar al gobernante de la época, el Dey Mustapha Pacha y posteriormente al Dey Ahmed. Tras la ocupación colonial francesa en 1830 el palacio sirvió de residencia oficial de los máximos generales francesas. En 1863 el palacio pasa a ser biblioteca y museo arqueológico. Tras ser clasificado como edificio formando parte del conjunto patrimonial UNESCO de la Kasbah, el palacio se rehabilita para reabrir en 2007 y mostrar miniaturas y caligrafías árabes.

El palacio está realizado con las mejores maderas locales, mármoles italianos, bronces para puertas y ventanas así como cerámicas de Holanda y España. La abundancia de mármol blanco da una frescura excepcional al palacio. Sus patios, algunos con relajantes fuentes, son verdaderamente magníficos. Su rica decoración y armonía lo convierten en uno de mis edificios preferidos de la ciudad de Argel. Recomiendo encarecidamente visitarlo. En sus salas podréis ver minutaturas de caligrafías en árabe bellamente diseñadas, autenticas obras maestras.

El Museo Nacional de las Artes y las Tradiciones Populares en el Palacio Khedaoudj El Amia también es muy interestante. Situado en un palacio algo más íntimo que el anterior, aquí podréis admirar diferentes piezas tradicionales de la cultura árabe, empezando por joyas, utensilios de cocina, muebles o trajes de todas las regiones del país. Este edificio servía de residencia a los tesoreros de los Dey de Argelia durante el siglo X. Vale la pena visitar la recreación de algunas de sus antiguas habitaciones, especialmente el dormitorio con el bello baldaquín. El gran salón con cristaleras y techos estucados fue utilizado como sala de recepción de Eugenia de Montijo , esposa de Napoleón III. Aquí, la aristócrata se reunía con la clase alta colonial de la época para sus fiestas en al capital argelina. 

Consacrada la mañana en la zona antigua, reservad la tarde para los barrios construídos por los franceses, donde evocar una época de grandeza que se paralizó hace 50 años. Exactamente igual que en Cuba. Estos barrios cubren toda la zona conocida como "Argel centro", empezando por el elegante boulevard marítimo, ahora llamado de Ernesto Che Guevara, con sus bellos edificios blancos y las grandes arcadas que cubre sus aceras. Las vistas al puerto y al Mediterráneo son muy relajantes. En un momento dado llegaremos a la plaza de Port Said, donde se encuentra el destartalado Teatro Nacional y donde los más avispados podrán cambiar euros por dinares a un tipo de cambio muchísimo más ventajoso que en los bancos. Solo hay que buscar a los argelinos mostrando fajos de dinares.

Nada mejor que seguir por la calle que sube, conocida como rue Ali Boumendjel que se convierte en la rue Ben M'hidi Larbi. Recomiendo en esta calle visitar el MAMA - Museo Argelino de Arte Moderno -. Normalmente cuenta con buenas exposiciones. Yo pude visitar una dedicada a las heroínas de la revolución por la independencia, que fuerón sistemáticamente silenciadas por el hecho de ser mujeres a pesar de haber jugado un papel crucial en la victoria. Tras el museo, curiosead por las decenas de animados comercios de todo tipo, todos a precioso interesantes. Pasada la elegante plaza del ayuntamiento (con la magnífica estátua del Emir Abdelkader ) y el tramo donde de venden plantas y pajaritos, llegaréis al corazón de la ciudad: el boulevard Mohamed Khemisti, que todo el mundo conoce como la zona de la Grande Poste, por estar aquí uno de los más bellos edificios públicos de la capital argelina: el edificio central del servicio de correos es una de las más bellas muestras del estilo neomorisco construído por los franceses a principios del siglo XX. Su exterior, blanco, imponente, con sus tres gigantescos arcos y sus dos altas cúpulas, es una de las estampas más conocidas de la ciudad. En su interior, los bellos motivos cuidadosamente esculpidos en tonos tierra evocarán a más de uno los cuentos de las mil y una noches.

Si seguimos paseando por el bello boulevard, disfrutaremos de las impresionantes vistas del moderno hotel El Aurassi, orgullo del pueblo argelino por ser el primer hotel de lujo construido por el Gobierno. Su moderna fachada de estilo setentero - fue inaugurado en 1975 - preside gran parte de los barrios de la ciudad. Subid para tomar algo en su terraza  mientras disfrutáis de las vistas de la ciudad y el Mediterráneo: vale la pena.

De vuelta a la Grande Poste, continuad por la mítica rue Didouche Mourad, tal vez la más famosa de toda la ciudad, donde los argelinos quedan por las tardes y por las noches para dar un paseo y curiosear en sus decenas de comercios. El corazón de esta zona es la transitada place Audin, donde se encuentra la Universidad de Argel. Dad una vuelta también por la animada rue Victor Hugo. Todas estas calles cuentan con bellísmos edificios de apartamentos blancos, balcones de hierro y ventanas de madera, muy elegantes. Aquí se puede cenar en uno de los restaurantes más conocidos de la ciudad: la Brasserie des Facultés, al más puro estilo "pied-noir" pero a precios algo elevados para mí gusto. 

Al día siguiente volved en la zona de la rue Didouche y tomad el metro en la parada Khelifa Boukhalfa hasta la parada Jardin d'Essai. Antes de nada, subíos el teleférico para admirar las vistas desde el triángulo de cemento conocido como Monumento a los Mártires, auténtico símbolo de la ciudad. Bajad de nuevo y dirigíos a los jardines: no se puede visitar Argel sin dar un paseo por el Jardín d'Essai, si se puede una tarde de sábado, como las decenas de familias y grupos de amigos argelinos. Tras pagar el irrisorio precio de la entrada, podremos disfrutar de un bellísimo complejo de jardines. su nombre se debe a que antiguamente era el jardín donde los Botánicos "ensayaban" la plantación de diversas especies para ver como respondían al clima local. Ahora, además de los invernaderos donde se sigue experimentando, el jardín cuenta con dos enormes zonas: la del jardín francés, construída alrededor de una gigantesca escalinata dominada por filas de palmeras, con ordenadas fuentes, rectas avenidas y cuidados parterres. Por otro lado, se encuentra el jardín inglés, que imita el estilo de un bosque, con caminos sinuosos, vegetación frondosa y lagos artificiales. En la mitad de ambos jardines se encuentra un agradable restaurante donde ordenar platos de buena calidad a precios más que razonables que recomiendo encarecidamente. Las brochetas de cordero así como la ensalada de aguacate con gambas me parecieron deliciosas.

Tras la comida, disponeos a visitar el decadente zoo. Su selección de animales del Sahara, originarios del sur del país, tales como las hienas, el zorro del desierto - muy adorable pero frágil ya que mucha gente lo toma como mascota pero mueren fácilmente fuera de super entorno desértico -y otros muchos más. Tienen tigres, guepardos y leones, que dan mucha pena encerrados en espacios tan pequeños. Los monos son graciosos, especialmente los más pequeños, que ha conseguido hacer  agujeros en las jaulas de las que se escapan, se dan un paseo por el exterior y luego vuelven. Nosotros nos dimos un buen susto y la señora de la foto también. 

Tras tanto paseo, nada mejor que relajarse en la célebre piscina del Sofitel Hamma Garden, con vistas al bello monumento de los Mártires. La mejor manera de terminar una agotadora jornada de turisteo por la nada turística capital argelina. 

Finalmente, reservaos la noche del jueves o viernes para salir de fiesta. Argel no es un destino donde la noche sea prolífica. Hay muy pocos locales abiertos, básicamente tres discotecas: Cristal - en el hotel Hilton -, Star Studio - en el hotel Sheraton - y la más famosa de todas: Triangle, justo debajo del gigantesco Monumento a los Mártires.

En Argel, la noche se vive de manera similar a otros países mediterráneos: lo primero es tomar algo en las casas entre amigos, luego se puede ir a algún bar o local y finalmente, ya tarde, como alrededor de las dos de la mañana, llega el momento de ir a una de las tres discotecas. Los locales más chics donde tomar una copa se encuentran en el Bois des Arcades, en el punto más alto de El Madania. Allí podremos disfrutar de terrazas bajo el cielo estrellado rodeados de centenares de pinos que dan un olor estupendo al ambiente. El Piano Piano es un buen local donde empezar la noche con música a la última.

Volviendo a las discotecas, sólo tuve la oportunidad de conocer Triangle, tal vez la más famosa, con sus tres salas: techno-house, jazz y raï. La sala de techno-house bulle con la música a todo volumen y luces flash que no paran de cegar a los asistentes. Es interesante a la vez que extraño el ambiente de mezcla de grupos de amigos y amigas de las buenas familias argelinas, expatriados y prostitutas. A pesar de ser penada con dos años de cárcel, la homosexualidad está presente en Triangle con grupos de amigos claramente gays pero que actuan de forma muy discreta debido al férreo control de los guardias de seguridad. Sin embargo, la sala que hay que ver si o si es la de raï, el género musical argelino por excelencia, donde un cantante lanza sus poemas en directo mientras suena este curioso género mezcla de electro, pop e instrumentos árabes. Al más puro estilo de cabaret argelino, el público baila siguiendo los movimientos tradicionales con las manos y brazos. Sin duda, una de las experiencias más argelinas posibles.

Argel es una ciudad diferente, sin ninguna preparación ni interés de recibir al turista. Sólo los más aventureros disfrutarán de esta complicada pero preciosa ciudad, una auténtica joya del urbanismo árabe con grandes influencias turcas, beréberes y francesas. Al no haber apenas turismo extranjero, los argelinos os recibirán con gran simpatía, curiosidad y ganas de mostrar su ciudad, cultura y gastronomía de forma totalmente desinteresada. Turismo alternativo, cuanto menos. 

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