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dimecres, 21 de juny de 2017

Kuwait

Kuwait no es un destino turístico al uso. Desde luego, no lo es si buscamos ocio o cultura. Kuwait es uno de los pocos países del mundo sin ningún patrimonio declarado de la humanidad por la UNESCO. Además, no tiene ningún gran monumento de interés, más allá de las torres de Kuwait. Es por eso que el país está fuera de los grandes circuitos turísticos. La gente viene aquí por negocios o a trabajar.

Uno de los grandes símbolos del país son sus grupos de nueve torres de agua "tipo seta" pintadas a rayas blancas y azules que se encuentran por distintos lugares de Kuwait. La empresa sueca encargada de este sistema de distribución quiso hacer otro grupo en este promontorio del golfo pérsico. Sin embargo, el Emir de Kuwait de aquel entonces, el Jeque Yaber Al-Ahmad, decidio que el diseño fuera diferente, icónico, y por eso encargó al arquitecto danés Malene Bjorn presentar algo nuevo. El proyecto ganador de las actuales torres se compone de tres estructuras. La torre principal tiene dos esferas: la grande es mitad depósito de agua y la otra mitad un restaurante. La esfera superior cuenta con una cafetería y mirador. La segunda torre solo tiene una esfera que está completamente dedicada a almacenar agua. La tercera torre, sin ninguna esfera, sostiene los elementos que iluminan las otras dos torres. Las torres mezclan las formas de la esfera terrestre y el cohete, símbolos de la humanidad y el progreso. Además, las esferas están decoradas con colores y motivos que recuerdan a los azulejos de una mezquita. Las vistas desde arriba son impresionantes y vale la pena acercarse las noches que hacen proyecciones sobre ellas. Debajo de las torres se encuentra el conocido Fish Market, un restaurante con peceras por todo lado donde elegir, en sus neveras abiertas con mucho hielo, diferentes tipos de marisco, desde langostas de Maine a calamares de Mediterráneo, cangrejos, gambones del Índico... así como una gran variedad de pescados, donde destacan un gran surtido de especies pescadas en aguas kuwaitís. Uno va seleccionando productos y cantidades y luego se escoge como queréis que os lo preparen, con qué tipos de salsa... puede ser hervido, al vapor, a la plancha, a la parrilla, frito, empanado, al horno... un lugar estupendo para los amantes de la comida del mar.

Y hablando de comida he de decir que si Kuwait tiene un atractivo turístico ese es su panorama gastronómico. El país cuenta con una de las mejores calidades en restaurantes del mundo: la comida es fresca, deliciosa y muy bien presentada. La innovación es constante debido no solo a la exigencia de los kuwaitís, acostumbrados a lo mejor de lo mejor, sino también al hecho de que no se puede servir vino, con lo que la comida, que se convierte en el centro de cualquier salida nocturna, tiene que ser excelente para mantener al cliente satisfecho. Y lo mismo ocurre con el café y los dulces: en Kuwait alcanzan la excelencia. Los vegetarianos y veganos no tendréis mucho problema ya que casi todos los restaurantes incluyen opciones en sus menús. Aún así, no os podéis perder OVO, un estupendo restaurante flexitariano donde cualquier grupo se sentirá cómodo. Los amantes de la comida japonesa no podéis obviar Yuba, en la Crystal Tower, que ofrece un amplio menú de platos japoneses de alta calidad así como algunos fusión japonés-kuwaití únicos en el mundo y deliciosos. Otro de los locales de moda en el país es Street Almakan by Zubabar, un local a la última (uno no sabe si está en el Soho neoyorquino o en Berlín) donde se sirve una fusión de comida callejera de Corea con los sabores de Kuwait. Lo mejor de la carta, de lejos, es el curry verde, cero picante y cremoso, con una carne de res de gran calidad. También hay baos muy ricos. Al acabar la cena, pasaos por la pequeña galería de arte contemporáneo anexa. En cualquier caso, la escena gastronómica de Kuwait cambia bastante rápido por lo que lo mejor será preguntar a los kuwaitís o estar atento a las redes sociales: los locales pop-up (que abren solo unos pocos días y luego desaparecen) son bastante frecuentes entre los emprendedores foodies.

Para probar la gastronomía propiamente kuwaití lo mejor es ser invitado a una casa. Pero si no se tiene esa oportunidad, el mejor restaurante de comida nacional es Dar Hamad, en la carretera del golfo árabe. El lugar es un paraíso para lo amantes del diseño. Su increíble decoración abruma, cada detalle está medido y, en general, el conjunto rezuma lujo y buen gusto.  El chef, kuwaití, ofrece un menú con una mezcla de entrantes libaneses, indios y kuwaitís, donde destaca la dolma al estilo de Kuwait, mucho más grande que la turca y dulce. La ensalada Dar Hamad es también deliciosa. Respecto a los platos principales no puede fallar el arroz machbous, una receta nacional a base de arroz basmati que suele venir con cordero y pichón asados, frutos secos, pasas y ciruelas. También hay variedad de platos con pescados locales. Y los postres son estupendos: desde el pudin de dátiles con caramelo al exquisito Umm Ali pasando por los tradicionales dulces kuwaitís que se sirven con el té.

Pero volviendo a los edificios turísticos, mi favorito es el rascacielos más alto del país: la llamada Torre Al Hamra. Este precioso edificio es además uno de los pocos rascacielos en el mundo que tiene cada uno de sus lados diferente. El arquitecto quiso adaptarlo al clima de Kuwait y al movimiento del sol para maximizar el gasto de energía y protegerlo de las constantes tormentas de arena que llegan desde el sudoeste, lado que da al desierto. De ahí su curiosa forma que parece como si una lámina de cristales envolviera la torre cual papel de plata. Su interior es también sorprendente. Las magníficas vistas del futurista lobby del piso 32 son un must. La propia entrada a la torre tiene un aire calatravesco y una modernidad impactantes. Su centro comercial es así mismo una pasada, con algunas tiendas de lujo 100% kuwaitís como TFK (The Fragance Kitchen) que vende los perfumes creados por Sheikh Majed Al Sabah, sobrino del actual Emir de Kuwait, siendo mi favorito "War of the Roses", una combinación única de oud y rosas que no deja indiferente.

Más allá del Kuwait contemporáneo, uno no puede perderse el zoco, que aunque no es tan antiguo como el de otros países musulmanes, conserva un encanto vintage único. El zoco Mubarakiya era el antiguo centro del país antes del descubrimiento del petróleo. Con más de 200 años, fue restaurado recientemente incluyendo sus techos de madera. Sus calles peatonales están abarrotadas de tiendas que ofrecen de todo, desde alfombras persas hasta antigüedades árabes auténticas, perfumes tradicionales a base de musgo y oud así como trajes típicos. Es perfecto para perderse, comprar algo, comer y aprender de la cultura kuwaití. Las tiendas de dátiles ofrecen variados surtidos de diferentes tipos de esta fruta mientras que las tiendas de especias suelen ser regentadas por persas. Hay una zona de pescados y otra de carnes. Tampoco podéis perder las tiendas de dulces: pasaos por la dulcería Al-Shamali, con sus vistosas cajas de latón verdes y amarillas, donde venden unos dulces muy tradicionales de Kuwait, especialmente unos barquillos con cardamomo perfectos para mojar en café árabe. Por supuesto, las típicas tiendas de oro y plata abundan. Buscad también la primera farmacia islámica de Kuwait, es muy bonita de ver con todos sus remedios tradicionales ofrecidos en sus estanterías. Finalmente dedicad un rato al centro del zoco, que es un pequeño patio con bancos de madera llenos de almohadones mugrientos donde jubilados se sientan a tomar el tradicional café árabe hervido en carbón y fumar shisha mientras dialogan de temas de política o economía y leen los periódicos locales.

Los que no podáis salir fuera del potente aire acondicionado del que gustan aquí, disfrutareis de la variedad de centros comerciales con cientos de productos libres de cualquier impuesto aunque aún así más caros que en Occidente... excepto si hay alguna rebaja o promoción donde, entonces sí, es más barato. De entre todos los "mall" el que no os podéis perder es Avenues, uno de los más grandes del mundo, con partes totalmente diferentes: desde la zona que imita una pequeña ciudad europea hasta la que recrea un antiguo zoco árabe o la gigantesca cúpula negra y dorada donde se encuentran las tiendas de lujo. Además de los centros comerciales, el Centro Científico también es un lugar donde pasar unas horas entretenidas. Aquí se muestran una variedad de animales del desierto kuwaití: desde ratas a serpientes pasando por chacalitos, murciélagos o pequeños erizos, algunos de los cuales están domesticados y se pueden tocar. Me dieron un poco de pena los halcones porque sentí que no tenían suficiente espacio en sus jaulas acristaladas. A continuación empieza el acuario, muy completo, donde ver diferentes peceras que acogen animales marinos de todo el mundo: desde pingüinos extremadamente amigables hasta anacondas, pasando por medusas, caballitos de mar, diferentes tipos de cefalópodos y por supuesto las peceras representando los arrecifes de coral. Pero el acuario más impresionante de todos es el gigantesco que acoge tres tiburones blancos (entre otros grandes peces) que es uno de los depredadores más agresivos del reino animal. En el exterior del Centro Científico hay un puerto que acoge barcos tradicionales del país que datan del siglo XIX, cuando la economía del país se basaba puramente en el comercio marítimo entre el mundo árabe, el persa, la India y la costa este africana.

Kuwait cambia por completo durante el Ramadán. Los restaurantes cierran durante el día y solo abren con la caída del sol para ofrecer el fotor, o ruptura del ayuno, cuando las familias kuwaitís se juntan en casas o restaurantes para realizar juntos la primera comida del día, muy copiosa, que empieza siempre con dátiles y laban, un yogur líquido salado. Tras esta primera comida, es tradición que hombres y mujeres se separen para pasar un buen rato charlando en salones de casas o en cafés. Posteriormente, a eso de las 23h empieza el sohor, una segunda comida, menos copiosa, que suele ser con amigos o en restaurantes, más que con la familia. Tras el sohor, los kuwaitís suelen irse de nuevo a cafés o a casas de amigos para continuar la charla que acabará a altas horas de la noche. Y así, todos los días de Ramadán. Las tiendas también ofrecen un horario extraordinario de apertura todo el mes: de 8pm a 2am, ya que son muchos los que optan por pasearse por los centros comerciales y comprar algo. Desde luego, un Ramadán muy diferente en muchas cosas pero también muy parecido al que viví en Argelia.

Finalmente cabe mencionar una excursión muy popular entre expatriados, que cargados de alcohol, aperitivos y refrescos, suelen alquilar barcos para irse a pasar el día a una de las islas del país, siendo especialmente popular Kubbar, una isla redonda rodeada de corales y playas arenosas más o menos bonitas. En la mitad hay una antena de comunicaciones y faro así como las tumbas de seis soldados kuwaitís que murieron allí defendiendo la isla de la invasión de Iraq. Fue curioso verla y disfrutar del ambiente de la playa, así como de la espectacular puesta de sol (con barco militar de fondo) aunque no creo que volviera, ya que las molestas moscas (muerden) y las galletas de chapapote que aparecen de tanto en tanto en las orillas hacen muy incómoda la experiencia. No olvidéis llevar sombrilla porque no hay un solo árbol en la isla.

Por último, daos una vuelta por el recién inaugurado parque Al Shaheed, una auténtica joya del paisajismo urbano. Sus diferentes parques botánicos, zonas a diferentes alturas, colinas, el memorial a las víctimas de la invasión iraquí, los anfiteatros, las ultramodernas fuentes y láminas de agua con juegos de luces... pasear de noche por el inmenso parque es una gozada. Su moderna y acristalada mezquita es también muy curiosa. Esculturas de arte moderno salpican las diferentes zonas del moderno jardín. Por último, no olvidéis al zona de las miniaturas: los edificios más famosos del país están aquí a escala así como una maqueta del viejo Kuwait en tres dimensiones.

Kuwait no es un país al que uno vaya por motivos turísticos. Pero a diferencia de Qatar o Emiratos, donde sus habitantes están acostumbrados a recibir a millones de turistas extranjeros, los kuwaitís, al igual que los saudíes, son mucho más amigables y abiertos al visitante extranjero occidental, por ser una rareza en sus tierras, por lo que si estáis aquí de forma temporal, no os costará hacer amigos que os enseñen los tesoros ocultos del país de los Al-Sabah.

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