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dissabte, 28 de juny del 2014

Oran

El fin de semana pasado decidí hacer una pequeña excursión a la segunda ciudad más importante de Argelia: Orán. Desde la capital es muy fácil llegar ya sea en avión, coche (por la nueva autopista Este-Oeste) o tren. Por curiosidad escogí la opción ferroviaria y también por poder disfrutar del paisaje de las montañas costeras del oeste argelino. 

Así que me dirigí a la Gare de l'Agha, la estación de la empresa nacional SNTF, para tomar el tren "rápido" de las 8 de la mañana con destino a Orán. Compré la ida y vuelta en primera clase (ya que tiene asientos más confortables y aire acondicionado) por algo menos de veinte euros. Es importante tener en cuenta el tiempo, ya que al final llegué al destino cuando eran pasadas la 12,30 de la tarde: alrededor de cuatro horas y media de viaje nada más y nada menos. 

Así que a la hora de almorzar llegué a la Gare d'Oran, un bello edificio público de estilo neo morisco construido por la administración colonial francesa. El diseño exterior recuerda al de una mezquita, por la cúpula y el minarete. Sin embargo, la estrella de David que hay en el diseño interior de la cúpula así como las cruces cristianas de los techos de las salas de espera muestra una voluntad de hacer presentes a las tres religiones que por entonces convivían en Argelia. Sus estancias son majestuosas y vale la pena dedicarles un tiempo. 

Por suerte, el hotel donde que alojé estaba muy cerca de la estación ferroviaria. El Best Western Colombe fue en primer hotel de la famosa cadena estadounidense en abrir sus puertas en el país y ofrece un excelente servicio a precios competitivos y habitaciones impecables. Además está situado a quince minutos caminando del centro de la ciudad así como a cinco minutos de una parada del moderno tranvía oranés. 

Tras el rápido check-in, dejé mis cosas en la confortable habitación, me tomé el zumo de cortesía y me dirigí a explorar Orán. Esta gran ciudad argelina fue fundada en el siglo X por comerciantes musulmanes de Al-Andalus y pronto creció por la importancia de su puerto. La llegada de judios que huyeron de la intolerancia religiosa cristiana durante el siglo XIV aumentaron la riqueza e importancia de la ciudad. Sin embargo, a principios del siglo XVI la ciudad perdía importancia debido a a las nuevas rutas comerciales que se abrían por el Atlántico. Pronto se convirtió en una guarida de piratas y corsarios y fue pasando de manos españolas a otomanas en diversas conquistas y guerras. A medidados del siglo XIX empezó la colonización francesa.

Orán significa "león" en berber ya que durante su fundación se vieron varios leones campar por las montañas cercanas. Los dos últimos leones vistos fueron cazados cerca de la ahora conocida como montaña de los leones, al lado de la ciudad, y en su honor se alzan las dos estatuas de ambos felinos a las puertas del bello ayuntamiento de Orán, en la antigua plaza de Armas. 

A finales del siglo XIX, Orán se convirtió en la quinta ciudad de Francia, con más de 100,000 habitantes, llenándose de bellos edificios públicos gracias a su creciente riqueza e importancia, como la estación ferroviaria de la que os hablé.

El caso es que paseando desde el hotel por las calles de Orán, ahora muy deterioradas, llegué hasta la bella corniche o paseo marítimo ahora llamado boulveard de l'Armée de Libérarion Nationale. Con decenas de bellas palmeras y elegantes edificios decimonónicos frente al mar, este paseo se llena de locales con sus familias o amigos, sobretodo por las tardes y noches, para disfrutar de la brisa marina, las bellas vistas al puerto y al Fuerte de Santa Cruz. Son muchos los que se sientan en alguna de sus terrazas para disfrutar los helados que hacen famosa la ciudad. Uno de los sabores más tradicionales es el "créponné", un cremoso helado de limón natural y huevo cuya receta fue inventada por Gilbert Soriano en Orán y que ahora es el sabor oficial de la ciudad. 

Mientras paseaba por la corniche me tomé un jugoso kebab y luego me senté a disfrutar de un refrescante créponné en la crémerie Cordoua, una de las más conocidas del paseo marítimo. Una vez saciado, tomé un taxi que me llevó a explorar la montaña de l'Aïdour , que domina la ciudad. Me hubiera gustado explorarla con el famoso teleférico de Orán, pero no funcionaba. Así que remontamos hasta la cima donde se situa el popular mirador de Bel Horizon desde el que se disfruta un panorama bellísimo de la gran ciudad. Descendimos a continuación a la mitad de la montaña donde se sitúan el fuerte de Santa Cruz y la capilla de la Santa Cruz.

El fuerte, por un lado, es una construcción española de finales de siglo XVI construida para defender la ciudad de los otomanos. A mediados del siglo XIX fue reforzado por el ejército francés. Cuando fui a verlo estaba cerrado, no sé si por ser viernes o porque está cerrado de normal pero aún así por fuera se aprecia su solidez.

Justo debajo se encuentra la capilla de la Santa Cruz. Los orígenes de esta construcción se remontan a 1850, cuando tras una epidemia de cólera, se contruyó una pequeña capilla a Nuestra Señora de la Salud. En 1875 se construyó un gran campanario coronado por una estátua de la Virgen hecha en Lyon, réplica de Notre-Dame de Fourvière. No fue hasta 1959 que el arzobispo de Orán inauguraba la nueva capilla, blanca y sencilla, con una sobria cúpula. Su bello claustro con vistas a la ciudad por debajo y al Fuerte de Santa Cruz por arriba es muy relajante. 

Tras descender de la montaña y volver al centro de la ciudad, me di una vuelta por el elegante boulevard de la Soummam, con sus bellas palmeras decoradas con luces blancas. Los señoriales edificios dan un aire muy elegante a la zona que acaba con el lujoso Hotel Royal, el más prestigioso de la ciudad. Entré para dar una ojeada a sus magníficas instalaciones, especialmente el elegante restaurante Les Ambassadeurs. Como me entró hambre, era la hora de la cena y además uno de los camareros me acababa de decir que había un estupendo cuscús, me dirigí al otro restaurante del hotel, el Alhambra, que es de tipo buffet y ofrece entradas locales así como un delicioso cuscus (con la sémola, las verduras y las carnes separadas), un delicioso guisado de pescados y sepia y varios postres a elegir al final. 

Al día siguiente, tras un buen desayuno, me dirigí a descubrir el centro de la ciudad. Siguiendo las calles del tranvía pasé por la bella Gran Biblioteca de la ciudad, antigua catedral, donde aún se observan los gigantescos mosaicos a Jesucristo y los símbolos de los cuatro evangelistas.

Siguiendo por las calles llegué hasta el corazón de la ciudad, la place d'Armes, donde se encuentra el ayuntamiento con los dos leones y la magnífica Ópera de Orán, inaugurada a principios de siglo XX, con sus balaustradas, cúpulas y las magníficas estatuas que presiden el edificio, destacando la mujer vestida al estilo romano con una lira entre sus manos. Los modernos tranvías que cruzan a menudo la plaza mezclan la modernidad con la elegancia clásica haciendo de esta plaza uno de los lugares más agradables de la ciudad.

Bajando hacia el antiguo barrio de Sidi El-Houari por la calle Philippe me topé con la bella mezquita de Hassan Pacha, de finales del siglo XVIII, que está cerrada en su interior pero guarda una gran armonia y adaptación al entorno en su exterior. Bajando aún más por la calle me topé con otra maravilla histórica, la antigua Iglesia de San Luis, ahora abandonada y que lastimosamente se encuentra en muy mal estado. Tras pasear un poco más por las calles y bulevares de la ciudad, volví al hotel donde comí en el estupendo restaurante que tienen. Además de unos precios competitivos, la sencilla carta propone platos internacionales y locales de gran calidad, como la famosa h'rira, una sopa tradicional de la vecina ciudad de Tlemcen, picante pero deliciosa acompañada de unos rollitos de carne fritos. Me pedí también una pizza de verduras que me sorprendió por lo bien hecha que estaba. Recomiendo encarecidamente este restaurante. 

Como mi tren salia a las dos de la tarde, me dirigí a la estación. Orán es una ciudad muy tranquila si la comparamos con Argel aunque sigue siendo muy grande. Me faltó conocer alguno de sus famosos cabarets, pasar un dia en la playa des Andalous así como haber escuchado la famosa música "rai" en directo, pero seguro que vuelvo en alguna ocasión.

dissabte, 14 de juny del 2014

Tipaza

A más o menos una hora en coche desde Argel (si no hay tráfico, claro) se encuentra la ciudad costera de Tipaza, enormemente popular en el turismo nacional, siendo esta una excursión común de un dia para los habitantes de la capital. A 70 kilómetros de la capital, nos costará llegar más o menos una hora en coche si no hay mucho tráfico. En taxi negociad un buen precio para el dia pero jamás paguéis más de 4,000 dinares por seis horas y dos personas.

Yo la hice el primer sábado que llegué a Argel y me encantó. Por supuesto, no puede compararse a la magnificiencia de las ruinas de Djémila pero aún así son ruinas muy bellas a las que se les añade el encanto de estar frente al Mediterráneo. Tipaza fue conquistada por Roma a los cartaginenses y pronto se convirtió en una ciudad dinámica dentro del Imperio. Pero tras conquistas y destrucciones de vándalos, bizantinos y árabes la ciudad quedó despoblada en el siglo VIII. 

La ciudad resurgió con fuerza, especialmente durante el periodo colonial francés. Albert Camus, francés nacido en Argelia, la hizo famosa con sus dos ensayos: Bodas en Tipaza y Retorno a Tipaza. El célebre Premio Nobel pasó largas temporadas en las ruinas mientras reflexionaba para escribir sus ensayos. Según contaba, le relajaba muchísimo la combinación de ruinas, mar y montañas. La declaración como patrimonio de la humanidad UNESCO de sus ruinas romanas la consacró como uno de los destinos obligados para toda visita a Argelia. Y sus famosos restaurantes de pescado y marisco fresco redondean la oferta turística. 

Nada más llegar a la ciudad nos dirigimos a la entrada de las ruinas de la antigua ciudad romana. A partir de la antigua calle mayor, el Decumanus Maximus, nos encontraremos con los restos del antiguo pequeño coliseo que entretenía a los habitantes con espectáculos de gladiadores. Asímismo encontramos los restos de algunos templos, con escalinatas y columnas, así como numerosas huellas del antiguo sistema de alcantarillado. Muy cerca del mar están los restos de las principales residencias de la ciudad, una de ellas que se observa grande y espaciosa, ya que se ven los restos de la villa con su jardín central porticado con pozo en medio y las habitaciones alrededor, una de las cuales conserva un bellísimo mosaico que actualmente se encuentra al aire libre.

También están los restos de las antiguas termas, con sus piscinas de agua caliente, templada y fría. Además de la gran basílica de San Pedro y San Pablo, de la que queda parte del suelo y algunos arcos, pero cuyos restos muestran su grandeza. En algunas partes de la ciudad observaréis restos de cavas muy profundas con grandes jarras, lo que fueron fábricas de "garum", una salsa a base de pescado y especias muy utilizada por todo el Imperio romano y cuya fabricación fue en parte responsable de la prosperidad de la antigua Tipaza.

Asimismo, paseando por otros barrios de la antigua ciudad romana, encontraremos el bello teatro, cuyo escenario colapsó y ahora solo quedan los restos de las salas donde se cambiaban los actores. Muy cerca está la fuente de las Ninfas, un bellísimo ejemplo de gran pública donde antes habían estátuas de las bellas semi-diosas. 

Vale la pena pasearse también por el antiguo cementerio pegado a la costa, donde veremos multitud de tumbas romanas y cristianas, mausoleos e incluso una gran tumba de alguien importante con restos de sus frescos pintados de rojo. A nosotros nos guió un amable guarda que nos explicó varias cosas. El cementerio debe ser una parte crucia de la visita ya que es la clara muesta de las múltiples influencias que recibió la muy comercial Tipaza: hay tumbas fenicias, romanas paganas y romanas cristianas, en una mezcla única, una de las principales razones para declararla patrimonio de la humanidad. Una de las grandes diferencias entre Tipaza y Djémila es que las ruinas de Tipaza están atestadas de gente. Hay familias enteras saltando entre las ruinas, haciendo picnic en las zonas verdes o simplemente paseando. 

Tras visitar estas magníficas ruinas, nos dirigímos a almorzar a uno de los restaurantes situados nada más salir de las ruinas: Le Progrès, donde almorzó el Rey de España, Juan Carlos I, cuando visitó Tipaza hace unos años. Como ciudad costera, el restaurante está especializado en productos del mar. Empezamos con una caliente sopa (chorba) de pescado de la casa, luego boureks de gambas como entrante (los boureks son hojaldres fritos rellenos) para continuar con una deliciosa ensalada de pulpo fresco y unas gambas reales a la parrilla exquisitas. Los precios son algo más elevados de lo habitual pero tampoco excesivamente. El flan de la casa vale la pena como buen postre.

Tras la comida, y como empezaba a llover, tras pasearnos por las tiendas de recuerdos y de antigüedades, donde encontrar algunas joyas como teteras antiguas, decidimos volver a Argel. A la vuelta en coche por la carretera veréis en una de las colinas una majestuosa casi pirámide: se trata de la tumbra de la cristiana, un mausoleo en el que cuenta la leyenda que se esconde un gran tesoro. Muchos son los que afirman que aquí está enterrada la mismísima Cleopatra

El definitiva, Tipaza merece la pena ser visitada ya que es una excursión sencilla de un día desde Argel. Su categoria del patrimonio de la humanidad UNESCO aclara cualquier duda sobre al calidad de sus ruinas. Me queda dar un vistazo a su museo, ya que no me dio tiempo en la pasada visita. 

diumenge, 8 de juny del 2014

Djémila

Este sábado pasado estuve en Djémila, visitando la antigua Cuicul, que fue en su época una gran ciudad del Imperio Romano. Argelia está plagada de ruinas romanas y Djémila es uno de los mejores sitios. Además, está libre de las hordas de turismo nacional que ahogan las ruinas de Tipaza.

Desde Argel hasta Djémila contad aproximadamente tres horas y media para llegar. Lo más fácil es tomar la reluciente "Autoroute Est-Ouest", una de las grandes infraestructuras construídas recientemente en Argelia gracias al dinero del petróleo y el gas. La autopista conecta todo el país de Este a Oeste y sus principales ciudades en paralelo a la costa mediterránea pero por las montañas. Esta infraestructura es famosa en el mundo entero por haber sido una de las más caras de la historia: once mil millones de dólares.

Lo cierto es que en general la autopista es muy confortable y permite llegar mucho más rápido a las diferentes ciudades del país, así como aliviar los insoportables atascos que colapsaban las antiguas carreteras. Así que, a pesar de los tramos con agujeros, pasamos Setif y nos desviamos a la izquierda por la N77 en la salida de El Eulma, pero en dirección contratria. Hasta que llegamos a Djémila. Actualmente es un pequeño pueblo de la Kabylie argelina (la región más ferozmente resistente a Francia y característica por sus habitantes rudos y habituados a la vida montañesca). Pero en el siglo IV, tras su fundación a finales del siglo I, alcanzó grandes niveles de desarollo dentro de la estructura del Imperio Romano. 

Por eso vale la pena desplazarse hasta aquí, para poder recorrer las ruinas romanas. Construida a 900 metros sobre el nivel del mar entre dos torrentes, la antigua Cuicul se convierte en uno de los más bellos restos de ciudad romana que existen, además de uno de los pocos ejemplos de urbanismo romano adaptado a un terreno montañoso. Es por eso que la UNESCO decidió declarar estas bellas ruinas como Patrimonio de la Humanidad

Hay templos, viviendas, termas grandes y pequeñas, plazas, el anfiteatro, fuentes, un mercado, calles, un foro, basílicas, arcos del triunfo... uno no puede evitar trasladarse a esa época e imaginarse las pequeñas historias que sucedieron en sus estrechas calles adoquinadas. 

En el museo que hay a la entrada podremos observar algunos de los mosaicos más bellos que se conservan en el mundo, destacando el del rapto de Europa (que estaba situado en un gran comedor de la casa Europa, ahora en ruinas). Pero hay muchísimos más que os dejarán sin aliento. Son impresionantes, de una calidad excepcional. También hay numerosas estatuas rescatadas de los antiguos templos, mansiones o edificios públicos así como objetos personales de todo tipo, monedas, ánforas... etc. Es una lástima que en el museo no estén permitidas las fotos. Por eso no puedo mostraros ningún ejemplo de los bellos mosaicos que allí hay y que antes cubrían las masiones y edificios públicos de Cuicul.

Dedicad unas dos horas a las ruinas, recorriendo el bello Cardo Maximus (calle mayor) que estaba asoportalada (las decenas de columnas así lo prueban), explorando las grandes termas (donde me impresionaron mucho los excusados públicos (grandes bancos alargados con muchos agujeros que conectan a un sistema de alcantarillado) decorados con bellas estátuas de peces. Las grandes termas aún cuentan con salas donde los mosaicos se conservan casi igual que cuando se construyeron. La grandiosidad de sus salas, sobretodo la del gimnasio, demuestran la importancia que tuvo la ciudad en su época.

Otro de los edificios que mejor se conservan en el majestuoso Templo de Severus Septimus, en el Foro nuevo. Esta plaza es la más impresionante, no sólo por el templo y sus escalinatas, sino por el bello e imponente arco del triunfo de Caracalla, los pórticos, los restos de la basílica y por su empedrado. Este era el corazón de la ciudad nueva, que fue rápidamente poblada mayoritariamente por cristianos. A un lado, bajando por una de las calles se encuentra el impresionante anfiteatro con sus gradas y su escenario. Siguiendo el cardo maximus llegaremos hasta la ciudad vieja, donde vivian mayoritariamente las familias antiguas y adineradas, los paganos y los esclavos. Aquí se encuentra el viejo foro, donde estaba el gigantesco templo a Júpiter, del que solo quedan algunas columnas y el torso del dios (la cabeza está en el museo a buen recaudo). El viejo foro tiene aún los atriles donde los senadores de la ciudad daban sus discursos (con numerosas inscripciones en latín perfectamente conservadas) así como el altar de los sacrificios, donde aparecen grabados los animales a sacrificar a los dioses. 

En mitad de las casas del barrio viejo se encuentran también los bellos restos del templo de Venus y otros restos de un templo a otro dios que no se ha podido identificar. También el bellísimo mercado, con las mesas de sus antiguos puestos de frutas, carnes, especias o verduras con sus relieves y la mesa de las medidas en el centro. Diversas fuentes públicas, la antigua prisión, cementerios, casas y mansiones particulares y hasta termas de barrio nos aparecerán durante nuestro paseo por esta ciudad en ruinas. Finalmente, en la parte más alta, se encuentra el núcleo del barrio cristiano, el más nuevo, donde podremos ver las catacumbras de la antigua Catedral, muy bien conservadas, o la casa del antiguo obispo. 

Los guardas que recorren el reciento son muy amables y atenderán a cualquier pregunta que les hagáis. Es más, incluso os acompañarán durante vuestro recorrido charlando y explicandóos más o menos los diferentes lugares de las ruinas romanas. Y lo hacen de forma totalmente desinteresada. De hecho, al que nos acompañó, le intentamos dar una propina y la rechazó amablemente hasta en tres ocasiones.

Cuicul cayó en el olvido tras la ocupación bizantina y acabó de derruirse tras un terremoto que sepultó la ciudad bajo la tierra. Fue en 1910 cuando arqueólogos franceses empezaron las tareas de desentierre y reconstrucción para sacar a esta gran ciudad de nuevo a la luz. Tras la independencia de Argelia, los trabajos fueron paralizados y ahora la UNESCO se conforma con que el gobierno argelino mantenga limpia y vigilada la antigua Cuicul, actual Djémila. 

Sin duda, para todo el que viva una temporada en Argel, Djémila es una visita de un dia más que obligada. 

divendres, 30 de maig del 2014

Desde Argel

Tras casi un año en Ciudad de Panamá, el trabajo me trae ahora a Argel, capital del país más grande de África: Argelia. Aquí viviré durante unos meses, siendo esta mi primera experiencia laboral en África. Es la primera vez que vivo en el continente olvidado y la verdad es que aún me estoy acostumbrando: aquí todo funciona a otro ritmo. De Europa sólo nos separa un mar, pero las diferencias son gigantescas: es como estar en otro universo. Excepto en el clima: es mediterráneo, con cielos azules, gran luminosidad y temperaturas suaves, casi el mismo que el de mi Valencia natal. 

Algeria es un país que crece en riqueza gracias en parte a su petróleo, pero sobretodo, a su gas. Sin embargo, debido a su sistema cuasi socialista donde el Estado tiene una presencia fortísima, todo va mucho más despacio. El gobierno funciona a base de planes quinquenales y controla la gran mayoría de la actividad económica. Numerosos sectores están nacionalizados, incluídos casi todos los hoteles. Por todas estas razones, Algeria me recuerda en muchas cosas a Cuba. No hay apenas marcas extranjeras ni locales o tiendas de cadenas internacionales. De hecho, el primer centro comercial abrió hace solo un año y allí sólo se encuentran marcas locales con alguna excepción francesa o española.

De momento tengo tanto trabajo que apenas he podido descubrir nada. Ya he ido a Tipaza, una ciudad cercana famosa por sus mariscos pero sobretodo, por las ruinas de su antigua ciudad romana, Patrimonio de la Humanidad UNESCO. En breve os cuento como fue mi dia allí.

En general, Argelia no es un país turísticamente fascinante como lo puedan ser Marruecos, Tailandia o Brasil. De hecho, la famosa editorial Lonely Planet jamás ha publicado una guía del país (y hasta la vecina Libia tiene). Esto demuestra el escaso desarrollo del turismo que tiene el país. Argel es una ciudad enorme, de clima estupendo y con un gran encanto. Dispone de una población que sobrepasa los dos millones de personas. Pero vive adormecida, sin apenas ofertas culturales, nocturnas o de ocio y con un panorama de restaurantes estancado. Casi desconectada del día a día del mundo global. Y para colmo el tráfico es horrible, casi siempre y a cualquier horas las calles y avenidas están colapsadas. La gasolina a 20 céntimos de euro el litro junto a las facilidades que hubo de préstamos para comprar coche lo explica. Pero seamos positivos: la gente es amabilísima, muy acogedora y amable con los extranjeros ya que aquí somos algo que se ve muy poco.

En fin, pese a las muchísimas dificultades que encuentro y que no haya sido un país de mi elección, intentaré sobrevivir a estos meses y descubrir los lugares interesantes y bellos que encierra el país más grande de África. Por aquí os lo contaré todo, como siempre.


dissabte, 24 de maig del 2014

Bérgamo

Una joya al lado de Milán

Todo el que haya vivido o visitado Milán sabe que una excursión obligatoria en un día soleado será la vecina pequeña pero bellísima ciudad de Bérgamo, corazón de la Lombardía. A pesar de que la ciudad es conocida por el aeropuerto de Orio al Serio y casi todo el mundo la tiene como de paso, lo cierto es que su arquitectura e historia la hacen merecedora de una visita. Desde Milán es muy fácil llegar en tren si lo tomamos desde Milano Centrale.


Una vez se llega a la estación ferroviaria de Bérgamo, paseamos a lo largo del viale Giovanni XXIII, luego Viale Roma y finalmente Vittorio Emanuele II, por la agradable ciudad baja hasta llegar a la estación del tradicional funicolare que nos llevará hasta la ciudad alta, en concreto a la piazzetta Luigi Angelini.

Los casoncielli

Nada más llegar a la ciudad alta nos metimos en un local a disfrutar unos deliciosos casoncelli, el ravioli típico de Bérgamo, rellenos de una masa de carne picada de vacuno, salami, miga de pan, huevo, grana padano y diferentes hierbas aromática, con la pasta en forma de media luna. La salsa que los acompaña es a base de mantequilla con salvia, panceta y grana padano. De sabor contundente, nos llenó, ya que sus ingredientes contienen mucha grasa. 

Con las energías recargadas, nos dirigimos a dar una primera caminata por las empinadas callejuelas de la ciudad alta, que nos transportarán cientos de años atrás, a la época en la que Italia estaba dividida en decenas de reinos, ducados, repúblicas y ciudades-estado. Bérgamo pasó por manos milanesas, venecianas y austríacas. Finalmente, Garibaldi la reincorporó al nuevo Reino de Italia en 1859. Actualmente Bérgamo es conocida por su riqueza (las grandes y lujosas residencias así lo atestiguan) así como por su alto porcentaje de voto a la derechista Liga Norte, siendo uno de sus bastiones. 

Paseando por la Ciudad Alta de Bérgamo

Nos perdimos por las bellas calles, metiéndonos en antiguos seminarios y conventos, con apacibles claustros. Paseamos también por sus bellas murallas, construidas por los venecianos, y desde las que disfrutamos de unas maravillosas vistas de los Alpes nevados. Bérgamo es básicamente arquitectura renacentista, con numerosos elementos góticos en el interior de algunas de sus iglesias. Dando vueltas al azar por sus calles llegamos al corazón de la ciudad alta: la Piazza Vecchia, con el Palacio della Podestà, su Campanone y la torre del Comune presidiéndola, con el escudo de la Serenísima República Veneciada (el famoso León) grabado en piedra en la fachada del Palacio della Ragione (uno de los ayuntamientos más antiguos del mundo), así como el bello Palacio de la Biblioteca en el otro lado y la fuente de los sedientos leones. Artquitectos de todo el mundo y de todas las épocas han alabado la belleza de esta plaza. De hecho, para Le Corbusier, por ejemplo, la Piazza Vecchia de Bérgamo es la más hermosa de Europa.

Detrás, pasando por debajo de las arcadas del Palacio della Ragione, llegamos a la plaza contigua del Duomo, sonde se encuentran por un lado la bella catedral de San Alessandro, de fachada neogótica, aunque con estructura original románica. En el interior apreciaremos la decoración con mármoles de todos los colores Justo enfrente está el bello baptisterio del siglo XIV, separado. Y presidiendo la plaza se encuentra la capilla Colleoni, mandada construir por el capitán veneciano Amadeo Colleoni para guardar sus restos mortales así como los de su hija. La bellísima cúpula octogonal de la capilla así como su fachada de rombos a base de mármoles policromados y el rosetón le hacen competencia a la fachada de la catedral casi convirtiendo a la capilla en la auténtica protagonista de esta bella plazoleta. Por último, entre la catedral y la capilla, se encuentra la basilica de Santa Maria Maggiore, con un bellísimo interior abarrotado de gigantescas pinturas de santos e imágenes bíblicas. Mientras visitábamos esta plaza cargada de edificios religiosos nos encontramos con una pareja de recién casados haciéndose una sesión de fotos en un bello coche de época. 

A mitad tarde el hambre apareció de nuevo. En la via Bartolomeo Colleoni nos topamos con Il Fornaio, un local del que salia un delicioso olor y que exponía en sus escaparates pizzas cuadradas recién hechas de diferentes sabores. Entramos y yo me compré un trozo de la de mozzarella, que estaba buenísima. Y de postre una polenta e osèi, el típico postre de Bérgamo hecho a base de lo que ellos llaman como pan di Spagna (un bizcocho particular con chocolate) cubierto de polenta (una especie de mazapán a base de harina de maíz) y un chocolate en forma de pajarito. Lo podréis encontrar en todos los hornos de la ciudad.

De ahí visitamos el Palacio della Podestà, que tiene unas salas dedicadas a explicar la etapa veneciana de la ciudad de Bérgamo, y luego subimos a la torre cívica, conocida como el Campanone, para disfrutar de unas magníficas vistas de toda la ciudad y de la gran llanura lombarda así como de la cúpula y campanario renancentista de la capilla Colleoni. Por cierto, con la entrada combinada que se compra en este palacio podremos entrar a muchos más museos, conventos, el castillo y palacios con un paquete a 11 euros. Seguimos por la bellísma via Gombito, donde se encuentra la plazuela del Mercato della Scarpe, la bellísima y decimonónica pastelería Cavour o un antiguo mercado cubierto donde ahora se puede hacer un elegante aperitivo antes de la cena, al igual que se hace en casi todo el norte de Italia. 

Conventos y el castillo

Luego visitamos el convento de San Francesco, expropiado a la Iglesia en el siglo XIX y ahora sede de la fundación Bérgamo nella Historia donde hay exposiciones temporarias muy interesantes, además de contar con dos claustros muy agradables, uno de los cuales con unas relajantes vistas a los Alpes. Ese día se producía una exposición de arte contemporáneo de un bergamasco que a través de productos considerados como "basura" reproducía cuadros y esculturas inspiradas en la iconografía del África negra.

Finalmente acabamos yendo al castillo de la ciudad, la conocida como Rocca, donde se encuentran diversos artefactos militares incluído un tanque utilizado en el desierto del Sahara durante la Segunda Guerra Mundial. Entramos a ver otro museo, esta vez de la era de los siglos XVIII y XIX. Luego subimos hasta la cumbre del castillo, donde hay una pequeña capilla de estilo romano (ya que en esta cima nace la ciudad romana) y el torreón más alto. Mientras admirábamos esta perspectiva de la ciudad y el valle empezaron a sonar las campanas de todas las torres, creando un momento difícil de olvidar, con una gran bandera italiana ondeando al viento.

Como ya empezaba a anochecer, empezamos a descender a la ciudad baja, a través de la bella puerta de Sant'Aggostino, bajando por las murallas. Lástima que me quedé sin visitar la Academia Carrara (llena de cuadros de pintores estupendos) ni la Biblioteca, que estaba en obras. Bérgamo es una auténtica belleza, perfecta para pasar un dia soleado de primavera.


dijous, 8 de maig del 2014

Milán

Tras dos visitas a Roma, una a la espectacular isla de Cerdeña y otra ruta a través de Bolonia, Parma, Lucca y Pisa, mi quinto viaje a Italia fue para conocer su capital económica: Milán.

Leonardo Da Vinci, Vittorio Emanuele II y Ludovico Sforza

Toda visita a la ciudad tiene que empezar por su parte más importante: la plaza del Duomo, que es catedral en italiano.

La primera vez que estuve en Milán fue un soleado dia de finales de abril y la plaza lucía espectacular con la blanca catedral y la imponente Galería Vittorio Emanuelle II en uno de los lados. Antes de lanzarme a descubrir esta zona, me subí en el metro de "Duomo" para llegar a "Conciliazione" y llegar puntual a la iglesia y convento dominico de Santa Maria Delle Grazie, patrimonio de la humanidad UNESCO. El motivo de mi interés no era simplemente la bella iglesia, sino más bien el antiguo refectorio monacal donde se encuentra uno de los frescos más bellos del mundo: "La Última Cena" de Leonardo Da Vinci, conocido en italiano como "Cenacolo Vinciano". Es muy difícil conseguir entrada y se debe hacer por Internet con antelación de alrededor dos meses. Sin embargo, acudí a las taquillas esperanzado y justo faltaba una persona para el grupo de las 12.45 de la tarde. Así que pagué y obtuve mi entrada para ver tamaña obra maestra.

Como era pronto, me fui a dar una vuelta por el centro de Milán. Recorrí la impresionante Galeria Vittorio Emanuele II, primera galería comercial peatonal cerrada del mundo, construida en el siglo XIX y conocida como "la sala de estar" de Milán. Boutiques de lujo conviven con restaurantes, cafés y tiendas de toda la vida, cubiertas por la gigantesca cristalera y las decoraciones a base de mosaicos que representan los continentes y también los escudos de las principales ciudades de Italia. En una de las salidas me topé de frente con el famoso Teatro Alla Scala, de fachada sobria, y al que espero poder entrar y ver alguna obra en una futura visita. Frente al famoso teatro se encuentra la gran estatua de Leonardo Da Vinci, persona clave para la ciudad de Milán, donde vivió 17 años. Como tenía un poco de hambre, me dirigí a Peck, en via Spadari, a unos pasos al oeste de la plaza del Duomo. Peck es una visita obligada a Milán por ofrecer las mejores piezas de la gastronomía de la Lombardía en particular y de Italia en general. Tras curiosear por todas sus secciones, me compré dos panecillos especiales, un trozo de queso envejecido de Bérgamo y una loncha de una mortadela gigante. Me senté en mitad de la plaza del Duomo y mientras observaba la belleza de la fachada blanca de la catedral degusté estas delicias locales. La segunda vez que estuve en Milán, que fue en diciembre de 2016, sin embargo, decidimos ir al Peck Italian Bar, situado a una calle de la famosa tienda, donde sirven diversos platos en un ambiente informal pero a la vez moderno y chic. Pedimos una selección de fiambres de la casa que se fundían en la boca de lo deliciosos que estaban. También compartimos un arroz a la milanesa, un risotto amarillo que se cocina con salsa de tomates, cebollas,  ajos, vino blanco, mantequilla y azafrán. Como plato principal yo pedí las lentejas de Castelluccio con cotechino, que es una especie de morcilla de cerdo más jugosa y tierna. El camarero me recomendó dicho plato, muy típico de las fechas (estábamos en el penúltimo día del año). De postre no nos pudimos resistir a pedir el navideño panettone de la casa con crema de mascarpone al Grand Marnier. 

Pero retomando mi primera visita, tras mi incursión en la tienda Peck, me dirigí de nuevo a Santa Maria Delle Grazie, con mi tiquete. Tras una breve explicación, entramos al antiguo refectorio, donde sólo entran pequeños grupos cada cuarto de hora, y que está protegido con aire acondicionado. Allí me encontré de frente a frente con la famosísima "Última Cena", popularizada tras el éxito del best-seller "El Código Da Vinci". Acabado a finales del siglo XV, este fresco es una de las obras cumbre de Da Vinci, donde muestra la escena de la última cena con gran poder, humanidad y profundidad. De gran tamaño, lo primero que llama la antención es que los apóstoles están divididos en cuatro grupos de tres personas cada uno, en un guiño de Da Vinci a la Sagrada Trinidad. La obra capta el momento en el que Jesucristo anuncia que uno de ellos le va a traicionar. La paz de Jesús y la tranquilidad de Juan contrastan con las caras agitadas y convulsas del resto de apóstoles, en las que se puede apreciar como todos preguntan al Señor "¿Seré yo?". Es curioso como Judas Iscariote está representado en la oscuridad. Da Vinci utilizó como modelo para la cara del apóstol traidor a uno de los criminales más famosos del momento. 

Da Vinci realizó esta obra con yema de huevo y vinagre, pintando en pared seca, por lo que la pintura se empezó a deteriorar ya en fechas tempranas. A pesar de que sufrió ataques de bombas durante la Segunda Guerra Mundial y que las tropas de Napoleón la usaron como blanco de tiro, la obra se mantienen bien gracias a las sucesivas restauraciones. La perspectiva de la pintura es espectacular. Me cautivó durante los escasos quince minutos que nos permiten admirarla. Aunque está prohibido tomar fotos, pude tomar una discretamente con mi teléfono móvil. Justo en la pared de enfrente hay una representación de la crucifixión, de mucho menos valor artístico pero a la que también vale la pena dedicarle unos minutos. Al salir, la tienda con todo tipo de recuerdos de "La Última Cena" nos espera. Es agradable recorrer el convento, con sus claustros y su maravillosa iglesia renacentista, realizada por Bramante, con grandes ábsides semicirculares y una bella cúpula con forma de tambor rodeada de columnas.

Como ya tenía hambre, fuimos a comer la piadina (un tipo de pan plano típico de la Emilia-Romaña) rellena de jamón de Parma, arúgula y queso Squarcquerone, casi líquido, en la Piadineria Artigianale, en via Madalena, cerca de la parada de metro "Missori". Tras un paseo por la concurrida y peatonal via Dante, camino al bello castillo Sforzesco, me comí de postre tres deliciosas bolas de helado de stracciatella, fior de latte y zabaione, tres sabores muy italianos, cubiertos de chocolate fundido. Recomiendo los helados de Vanilla Milano: son totalmente artesanales, sin la grasa que hace abultados a otros helados para parecer más apetecibles. Se encuentran en la via San Giovanni sul Muro.

Tras la piadina, el helado y tanto caminar, me dirigí a hacer una siesta en la hierba a la sombra de un gran árbol a los pies de uno de los altos muros del castillo Sforzesco. Una vez me desperté, fui a visitar las obras y explicaciones del por aquel entonces futuro centro de recepción de la Expo Milano 2015. Proseguí mi paseo topándome por casualidad con el antiguo Palacio Real, con sus salas ahora llenas de exposiciones. Había una de diseño bastante interesante. El día acabó con un paseo por la via Montenapoleone, donde los diseñadores noveles abren sus tiendas rodeados de las boutiques de las primeras marcas italianas e internacionales. Y de ese ambiente pijo en extremo nos trasladamos a tomar una cerveza artesanal (ahora están también muy de moda en Milán) sentados en la plaza de las columnas de San Lorenzo, dieciséis columnas romanas del siglo III frente a la iglesia de San Lorenzo Maggiore, una de las más antiguas de la ciudad.

Festa della Liberazione 

Al día siguiente era la manifestación del 25 de abril, aniversario de la liberación, recordando aquel 25 de abril de 1945 cuando estalló una sublevación general partisana que liberó a la ciudad de los nazis, que habían ocupado Italia meses antes tras la rendición de Benito Mussolini ante los aliados. Acudimos a la manifestación que tradicionalmente recorre las calles de la ciudad para honrar a los partisanos que aún quedan vivos y rememorar tan señalada fecha, reivindicando las libertades y derechos conseguidos. La mayoría aplastante de participantes suelen ser de centro-izquierda o izquierdas. Incluso el alcalde de Milán, miembro del partido verde, participó de la marcha. Me llamó la atención que un amplio tramo de la manifestación estaba lleno de carteles pidiendo el voto para una coalición de izquierdas que apoyaría al griego Alexis Tsipras como presidente de la Comisión Europea. Primeros síntomas de que aquellas elecciones europeas fueron más europeas que nunca. Quién me diría por aquel entonces que Tsipras acabaría ganando las elecciones y siendo Primer Ministro de Grecia.

Tras la manifestación nos fuimos a dar una vuelta por la via Dante, siguiendo la tradición milanesa cuando hace un día soleado, y también por el parque Sempione, a los pies del magnífico castillo Sforzesco, iniciado por la familia Visconti en el siglo XIV pero varias veces ampliado y reconstruido mayoritariamente por la poderosa familia Sforza. De planta cuadrada, el castillo cuenta con una gigantesca e imponente plaza de armas rodeada de altísimos muros rojizos. Es una lástima que esta vez no lo pude visitar por dentro. Tengo especial interés en los antiguos aposentos privados de Ludovico Sforza, decorados por Leonardo Da Vinci.

Respecto del parque Sempione, al ser un día primaveral soleado y festivo, estaba abarrotado de jóvenes milaneses tumbados en la hierba, paseando o haciendo ejercicio. Acompañamos el paseo con un delicioso helado italiano. Después, nos dirigimos la lejano cementerio maggiore en tranvía, donde habían una serie de conciertos, mercadillos y actividades organizadas por grupos alternativos. Allí nos comimos una deliciosa pizza capricciosa. Está claro que la gastronomía italiana va mucho más allá de simplemente pastas y pizzas, pero no deja de ser cierto que como la pizza en Italia no se la encuentran en ningún sitio.

Aperitivo en Naviglio Grande

El sábado lo dedicamos a visitar la preciosa ciudad de Bérgamo que podéis leer si con un click en el nombre de la ciudad. Esa noche, al volver de nuestra excursión, nos duchamos y salimos a tomar algo por los locales a las orillas de Naviglio Grande, un canal artificial que se empezó a construir en el siglo XII y que atraviesa parte de Lombardía. La expansión hacia Milán se construyó para poder transportar el mármol y piedra con la que se construyó la catedral. También se utilizó para transporte de personas, bienes comerciales y incluso para canalizar agua de riego.

El barrio milanés alrededor de Naviglio Grande solía ser uno de los más pobres y peligrosos de la ciudad hasta que hace unos años se puso de moda como lugar de fiesta nocturna, galerías de arte, estudios independientes de moda y apartamentos bohemios. Elaborados graffitis y poemas escritos en cada muro decoran las calles y muchas casas antiguas tienen incluso proyecciones de vivos colores o video performaces muy elaboradas. Los bajos bullían con terrazas animadas llenas de locales y extranjeros por igual que disfrutaban de su aperitivo. Se trata de una costumbre muy arraigada en la ciudad donde poco antes de cenar uno va a tomarse una copa que incluye gratis acceso a un buffet (de calidades que varían según el local) con ensaladas, quesos, pastas, sandwiches, trozos de pizza, bruschettas, salami... Nos sentamos en una de ellas y pedimos unos cócteles para a continuación servirnos en platos un poco de todo. El aperitivo ha pasado ya a alargarse tanto que la mayoría de jóvenes, con presupuestos ajustados, aprovechan y ya no cenan. Es entretenido sentarse a charlar, más en una noche con temperaturas tan agradables como la que tuvimos, y ver a la gente pasar: desde modelos elegantes a turistas ruidosos, Naviglio Grande de noche es un hervidero de gente. De ahí nos fuimos de nuevo a las columnas de San Lorenzo, que estaban a reventar de gente, donde nos tomamos otro cóctel, que tradicionalmente se compra en uno de los locales de alrededor de la plaza y luego se toma sentado en la plaza.

En la segunda vez en Milán también fuimos a tomar algo al Naviglio grande, esta vez a un local donde no servían aperitivo sino diversos platos informarles como fiambres, quesos, risottos o pastas así como buenísimos cócteles. Me sorprendió, de nuevo, la amabilidad de todo el mundo y lo fácil que es entablar conversaciones con la gente que se encuentra en cada uno de los locales de esta zona de Milán. Esa noche también fuimos a la zona de Porta Nuova, el nuevo barrio de negocios de Milán, lleno de rascacielos acristalados y modernos edificios de apartamentos presididos por la altísima torre que acoge la nueva sede de Unicredit. Nos fuimos a una antigua calle cercana para entrar en la escondida y ajardinada terraza de 10 Corso Como a tomar un Negroni, un cóctel italianísimo que combina ginebra, Campari y vermú.

Museos, tiendas y librerías

Finalmente, el domingo salió lluvioso y gris. Por eso decidimos internarnos parte del día en uno de los museos que ofrece la ciudad. Elegimos la Pinacoteca Ambrosiana, fundada por el Arzobispo Federico Borromeo a principios del siglo XVII. Fundada como institución educativa gratuita para todo aquel con capacidades en pintura o escultura, el bello edificio alberga básicamente la colección privada del Arzobispo Borromeo, llena de copias de cuadros o esculturas famosas, como el Laocoonte o La Piedad de Miguel Ángel o La Última Cena de Leonardo Da Vinci. Hay también varios originales de pintores italianos y holandeses de rango medio entre los que destaca un retrato a un músico, cuadro original pintado por Leonardo Da Vinci que parece ser un auto-retrato del genio. Está también la Virgen del Pabellón de Botticelli y un Cesto de Frutas de Caravaggio. A mi me gustó particularmente una de las salas que tenía una escalera oval cuya pared estaba revestida de un mosaico donde estaba representado San Juan Bautista.

En la Biblioteca Ambrosiana del propio edificio, además de una gigantesca colección de libros de varios siglos, está la exposición donde se muestran algunas hojas del famoso Codex Atlanticus de Da Vinci, libro de anotaciones de más de 1,100 páginas donde el maestro escribió (en su tradicional manera de hacerlo al revés) y dibujó todas las ideas que se le venían a la mente, desde el diseño de nuevas armas hasta mecanismos para volar o nuevos instrumentos. Las diversas secciones del libro se rotan cada tres meses hasta 2015. Muchos de los diseños aquí mostrados pueden verse hechos realidad en el Museo Nacional de la Ciencia y la Técnica, también en Milán, y que en esta ocasión no me dio tiempo a visitar.

Después nos fuimos a dar una vuelta por la plaza del Duomo, donde pude entrar al interior de la catedral milanesa. De gigantescas proporciones, se trata de una de las mayores naves de la cristiandad. Destaca la armonía de las enormes proporciones aunque es muchísimo más impresionante por fuera, al estar recubierta de mármol rosa y contar con centenares de estatuas exteriores, siendo la más importante la Madonnina, estatua de la Virgen en cobre dorado, presidiendo todos los pináculos. En mi segunda vez en Milán decidimos subir a la terraza, ya que el día era soleado, y admirar las vistas de la ciudad así como la cuidada decoración de los techos de este imponente edificio. La mítica foto no podía faltar.

Luego nos dimos una vuelta por La Rinascente, el famoso gran almacén italiano, primero en abrir en Roma, y con una de sus sedes más visitadas aquí en Milán. Sus secciones de moda, productos del hogar y sobretodo su último piso dedicado a la comida es digno de pasearse. ¿Dónde si no puede uno comprarse un zapato de tacón de chocolate por 45€?

Finalmente acabamos en un lugar que me encantó: Open Milano. Situado en el viale Monte Nero, este innovador local ofrece una librería en la que se puede leer alguno de sus libros en los sofás, comprarlos, charlar, encontrarse con alguien, hacer algún trabajo en sus mesas o tomar un delicioso chocolate caliente tradicional con tartas caseras. Allí se presentan libros, se leen poesías o se realizan debates. Un espacio innovador de encuentro perfecto para una lluviosa tarde de domingo.

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Milan es una ciudad fea pero muy dinámica, con muchísimo que ver, hacer y comer. Y también comprar, por supuesto. Los fanáticos de la moda amarán la ciudad, los amantes del arte y la arquitectura de determinadas épocas tendrán su cuota de satisfacción así como los sibaritas del buen comer o los compradores de productos de calidad de todo tipo. El aeropuerto de Malpensa, por ejemplo, ofrece perfumes de las colecciones privadas de los diseñadores italianos Armani y Ermenegildo Zegna a precios mucho más baratos que en las tiendas habituales. Es cierto que me  siguen faltando muchísimas cosas que visitar de la ciudad y alrededores por lo que es casi seguro que volveré. Lo que no sé es cuando. 

dilluns, 28 d’abril del 2014

De restaurantes por ciudad de Panamá - Fusión

Tal y como prometí aquí viene la segunda entrada dedicada a la creciente escena gastronómica panameña. Esta vez dejo de lado la tradición y os presento mi guía personal de los restaurantes que presentan la comida panemeña con estándards internacionales, algunas veces de la mano de chefs que han aprendido directamente de los mejores del mundo.

Tántalo: un must de Ciudad de Panamá

Empezamos por uno de los puntos obligados en toda visita a la ciduad: Kitchen, del Hotel Tántalo, es uno de los restaurantes más sofisticados de Ciudad de Panamá, aunque a precios asumibles. Tiene una gran variedad de platos, muchos para compartir y construir una cena de "picar" entre amigos. A partir del concepto español de "tapa", Kitchen sirve una gran variedad caliente y fría a partir de ingredientes panameños. Destaca la calidad de los ingredientes usados así como la gran presencia de platos vegetarianos, todos deliciosos, como la pizza de quesos y crema de maracuyá. Recomiendo también el pulpo, buenísimo. Las carnes, de primerísima calidad, son también deliciosas, especialmente las preparadas con chutney de tamarindo. La decoración del lugar es muy artística e innovadora, y el ambiente con luz ténue y música chill out invita al diálogo. El público suele ser mitad panameño mitad expatriados o turistas. El restaurante cuenta con uno de los mejores servicios de Panamá.

Si se acude entre semana a almorzar, cuenta con un menú ejecutivo excelente muy barato con platos que llenarán al más comilón. Su burrito es espectacular así como los wraps de ensalada César con pollo. Todo acompañado de gigantescos y crujientes patacones. El desayuno también merece una visita, siendo sus omelettes con quesos deliciosas, el increíble bagel de salmón ahumado con crema de queso, alcaparras y tomates desecados o el típico desayuno panameño: un crujiente hojaldre con carne de ternera asada por encima y un huevo frito.

Comida panameña fusión

Pero sin duda, el mejor restaurante de comida fusión panameña en estos momentos es el Maito. A partir de la visión de las nuevas tendencias gastronómicas que aprendió en su estancia en Cataluña, el chef, Mario Castrellón, nos presenta su concepto propio de la comida panameña. Muy identificado con el Canal de Panamá, Castrellón está convencido que esta obra de la ingeniería desemboca en la mezcla de técnicas, influencias y sabores que identifican la mesa panameña.

Los ingredientes que utilizan en Maito son de primerísima calidad y eso se nota en el sabor. De hecho, se jactan de tratar directamente con campesinos para obtener siempre lo mejor. Además, cultivan varias especias y hierbas aromáticas en el jardín del restaurante para usarlas en sus platos. Personalmente me encantó la ropa vieja al achiote con pimientos del piquillo y salsa de queso de cabra. Las croquetas de jamón serrano saben a gloria también. Y la ensalada de queso de cabra es simplemente excelente. Por último, el postre Panamisú, la deconstrucción del tiramisú usando técnicas locales. Muy dulce pero vale la pena.

El propio Castrellón abrió también el restaurante Humo, también en San Francisco, basado en platos a la parrilla cocinados en leña, siendo sus hamburguesas o sus cortes cocinados al palo de nance bastante ricos. Se nota que utiliza ingredientes de primera calidad aunque en ningún caso supera a Maito.

Chefs revelación


Hernán Correa Riesen, ganador de varios concursos de cocina, ganó también en 2012 el premio a mejor chef en Panamá Gastronómica 2012. Con el dinero del premio se embarcó en la apertura de su restaurante familiar Riesen, donde crea sus maravillosos platos ayudado por gran parte de su familia. Eso se nota por el excelente y amigable servicio que recibiréis si os decidís a probarlo. Personalmente es uno de los restaurantes que más me ha gustado en Ciudad de Panamá. Al igual que Maito, en Riesen utilizan mayoritariamente productos locales, elaborando platos tradicionales de una manera totalmente novedosa y presentada de una forma innovadora. Con cantidades buenas y sobretodo un sabor, como ellos dicen, colosal.

El restaurante es pequeño y oculto en una especie de casa en mitad de El Cangrejo. El atentísimo equipo empezará sirviéndo un delicioso chupito de mojito casero de maracuyá. La carta, que cambia cada temporada según los productos locales disponibles, es clara y concisa: cinco entrantes, cinco primeros platos y cinco postres. La vez que fuimos contaban con creaciones tan deliciosas como los churros de yuca recién hechos para mojar en ropa vieja y salsa barbacoa, el hojaldre casero con puerco, el ceviche de pulpo con leche de tigre de maracuyá o un delicioso pato con puré de zapallo. Pero lo que más me gustó fueron los postres. Los helados caseros son de los mejores que he probado, incluído el de ron Abuelo, chocolate o limón. El flan de chocolate casero es también estupendo.

Sin duda, una parada obligatoria para todo aquel que quiera descubrir las nuevas tendencias de la nueva gastronomía panameña.

En el templo de la gran Cuquita Arias 


Cuquita Arias de Calvo es sin duda una de las chefs panameñas más populares. Cuenta con varios locales en la ciudad, entre los que se cuenta el popular Cuquita Cookita, donde poder tomar un almuerzo o merienda rápida con platos e ingredientes de la mejor calidad. Para todos los cocinillas, la chef también tiene un blog donde presenta nuevas recetas.

Sin embargo, su templo renombrado es el elegante restaurante SalSiPuedes, el en hotel The Bristol, tal vez uno de los más refinados de Panamá. Aquí, Cuquita presenta una carta donde presenta los platos más tradicionales de la cocina panameña de una manera elegante y sabrosa. Su sancocho es uno de los mejores, no solo por su sabor sino por la cuidadísima presentación. Consigue transformar un plato muy popular en algo digno de un restuarante elegante.

Otra de las curiosidades del menú es el cocodrilo a las salsas como entrante, bien jugoso. Recomiendo encarecidamente el carpaccio de portobelo. Los wontones rellenos de chorizo recogen y fusionan la herencia china y española con ingredientes locales (plátano verde y salsa de mango). Las patiburguesas con patacones sustituyendo al pan son también curiosas. Y la yuca trufada es estupenda. De postre, el cheesecake de Ferrero Rocher es imbatible.

Una alternativa curiosa: Manolo Caracol


Manolo Caracol es uno de los restaurantes más curiosos de la ciudad. El fundador y dueño es un andaluz que tras sus primeras experiencias con un restaurante en Colombia y otro en Panamá finalmente abrió este innovador lugar en Casco Viejo. Trabaja con fincas concretas de donde obtiene la mayoría de sus ingredientes, siempre frescos y locales.


Lo primero que llama la atención de este restaurante es que no hay menú. Cuando uno va a Manolo Caracol tiene que ir sabiendo que le espera una velada de diez platos a través de los cuáles explorar la gastronomía panameña de una manera sofisticada y siempre con ingredientes de temporada. Es por esto que nunca se sabe cuales serán los diez platos, aunque hay muchos que si son fijos. Lo único que nos preguntaran al sentarnos es que no comemos (alergias o si se es vegetariano).

Todo es fresco y recién cocinado, y los platos van saliendo a medida que nos vamos acabando el anterior. Algunos ejemplos de platos que nos servirán son la cazuelita de lentejas caseras, el pulpo con patatas, una deliciosa ropa vieja, pimientos rellenos de hongos y horneados y uno de los mejores ceviches de corvina que he probado nunca. Uno de los platos que más me llamó la atención fue el tuétano encebollado, cocinado directamente en el interior del hueso y servido como tal. El último plato que nos sirvieron fue una pequeña tabla de postres a cada uno, servida en un lámina de pizarra (el mineral) con tres pequeños postres tradicionales encima: crema de café fria, flan de la casa y un dulce de papaya.

Es necesario reservar con antelación ya que siempre está lleno de grupos de locales y turistas. Sólo sirve cenas. Todo estaba buenísimo por lo que recomiendo encarecidamente cenar en este local si se visita Panamá.

Estos son los restaurantes más innovadores que he tenido la suerte de probar en Ciudad de Panamá. Estoy seguro que hay muchas más sorpresas que nos guarda esta ciudad, cruce de ingredientes, recetas e ideas de todos los continentes.

Tántalo - Kitchen
Avenida B con calle 8, Casco Viejo
http://www.tantalohotel.com/kitchen.php

Maito
Calle 50 cruzando la vía Cincuentenario, San Francisco
http://www.maitopanama.com/

Riesen Restaurante
Calle Hercilia Lamela, El Cangrejo
http://www.riesenpanama.com/

SalSíPuedes
Avenida Aquilino de la Guardia, Marbella
http://www.salsipuedespanama.com/

Manolo Caracol
Avenida Central con calle 3, Casco Viejo
http://manolocaracol.net/