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divendres, 8 d’agost del 2014

Delos

Delos, una pequeñísima isla de apenas cinco kilómetros de largo y uno y medio de ancho, fue en su tiempo uno de los lugares más sagrados de la antigua Grecia, donde nacieron los dioses gemelos Apolo y Artemisa. La isla se sitúa en el corazón del Mar Egeo, en mitad de las islas Cícladas, a pocos minutos en barco de Mykonos. 

La construcción de un enorme santuario a Apolo donde venían griegos de todas partes a ofrecer sus oraciones, así como la declaración de Delos como puerto libre, empezaron a atraer riquezas a la isla hasta el punto de convertirla en el auténtico centro comercial del este Mediterráneo. Ricos mercaderes, banqueros y armadores de todo el mundo se instalaron en mansiones construídas en esta rocosa isla, atrayendo a su vez a constructores, artesanos y artistas que construyeran estas lujosas residencias, decoradas con mosaicos y frescos. Delos pronto se convirtió en el mayor centro comercial del mundo según los romanos - maximum emporium totious orbis terrarum -. 

A principios del siglo I antes de Cristo habitaban en la isla más de 30,000 personas. 750,000 toneladas de mercancías se movían en su puerto cada año. La populosa ciudad bullía con un gran teatro, templos, santuarios, un gran estadio, un hipódromo, gimansios, saunas, mercados...

Esta prosperidad unida a las amistosas relaciones con el Imperio romano fueron la mayor causa de su destrucción cuando el rey de Pontus, enemigo de los romanos, atacó la isla en el 88 antes de Cristo. 20 años después, los piratas de Athenodorus saquearon la delibitada isla. Poco después, Delos quedaba abandonada. 

En 1872, arqueólogos franceses empezaron las excavaciones, que aún hoy en día siguen, para sacar a la luz los restos del grandioso santuario y ciudad de Delos. Y es por eso que no pude evitar visitarla, siendo además Patrimonio de la Humanidad UNESCO. 

Acceder a la isla es muy sencillo desde diversos puntos de Mykonos. Nosotros tomamos el pequeño barco que sale los martes a las 10,45 de la mañana desde la playa de Ornos, que vuelve de Delos a las 13,30. Una vez en el antiguo puerto de Delos, bien untados de crema solar ya que hay pocas sombras en la isla, empezamos a descubrir las ruinas de lo que fue una de las ciduades más prósperas del Mediterráneo de hace dos mil años. 

Empezamos empinando las empedradas calles del barrio que acogía las mansiones más elegantes, con sus patios porticados y sus bellísimos mosaicos, cada casa con un símbolo propio representado en los suelos, como los tridentes, los delfines, Dioniso, las máscaras... etc. La altísima calidad de estos mosaicos es la muestra palpable del refinamiento al que había llegado la isla. En ese mismo barrio se encontraba el magnífico teatro, que sirvió tanto para ofrecer espectáculos líricos como de foro democrático de votación y asamblea ciudadana. Nos impresionamos también con los magníficos depósitos subterráneos de agua potable. Seguimos remontando hacia la pequeña montaña que domina Delos: Kynthos. No la escalamos porque el calor húmedo era insoportable, así que nos dedicamos a visitar los templos de Hera y a los dioses extranjeros, situados a los pies de la colina. Desde allí se tenía un bello panorama de las ruinas de la isla y su puerto. 

Para descansar un poco del sol nos metimos en el museo de la isla, que cuenta con una magnífica colección de objetos de uso privado durante el período helenístico así como de estátuas, cerámica y bellos mosaico y frescos originarios de las casas de los habitantes de Delos. Sin duda uno de los elementos más impresionantes son las estátuas de los leones originales, símbolo de la isla. Estas estátuas, situadas a lo largo de uno de los principales paseos de la ciudad, fueron descubiertas por comerciantes venecianos que pensaron que se les había aparecido el león de San Marcos, patrón de la Serenísima República Veneciana. Por eso lo cargaron en sus barcos y lo instalaron frente al arsenal de Venecia, donde aún se conserva, eso sí, con una cabeza nueva añadida en el siglo XVII.  

Seguimos por el exterior, visitando los restos del santuario, los mercados y el ágora construída por los romanos. De ahí caminamos la magnífica avenida de los leones, donde ahora se encuentran las réplicas de los mimos. Estas estátuas fueron colocadas para mostrar a los creyentes esculturas de animales poderosos y exóticos que la mayoría de ellos nunca verían en la realidad. Esta avenida llevaba al lago sagrado, donde se encontraba la palmera sagrada que según los antiguos griegos vió nacer a Apolo cuando la Titán Leto le dió a luz. Lástima que el lago fuera drenado en 1925 debido a una epidemia de malaria. 

Para recargar fuerzas tomamos uno de los típico - y caros - zumos de naranja recién exprimidos de Delos, antes de tomar el barco rumbo a la playa de Ornos, nuestra base de operaciones en Mykonos. Delos es una excursión obligada para todo el que visite Mykonos o Naxos. 

dissabte, 2 d’agost del 2014

Atenas

Durante el fin de este Ramadan aproveché para visitar Grecia con mi compañera de trabajo. Al estar toda Argelia en familia celebrando el primer "Eid", casi nadie viaja, por lo que los vuelos a determinados destinos suelen estar más que baratos. Y efectivamente, Alitalia nos proponía una opción realmente económica para conocer Atenas y de allí tal vez explorar alguna de las islas griegas. Tras una breve escala en el aeropuerto de Roma-Fiumicino, llegamos a Atenas a mediodía, listos para descubrir la milenaria ciudad donde nació el "gobierno del pueblo" - δημοκρατία -en el siglo V antes de Cristo. El moderno aeropuerto El. Venizelos está conectado con autobuses, tren y taxis a la ciudad. Como teníamos poco tiempo y hacía mucho calor, tomamos un taxi para ir a nuestro hotel en Omonia, una de las zonas más feas de la ciudad, pero mejor conectadas. 

Tras dejar el equipaje, caminamos a lo largo de la animada avenida Athinas, donde decenas de comercios a precios bajos ofrecen miles de productos. También encontraréis el animado Mercado Central de Atenas, con sus pasillos de carnes, pescados, verduras, olivas, quesos y otras delicias griegas. Seguimos caminando hasta llegar al corazón de la vieja Atenas: la plaza de Monastiraki, con sus tiendas de antigüedades, librerías, fruterías... todo al mejor precio. La plaza está presidida por el imponente paisaje de la Acrópolis en lo alto de la montaña, así como por la antigua mezquita de Tsisdarakis y el pequeño monasterio ortodoxo de Panayia Pantanassa, que da el nombre a la zona. Me llamó muchísimo la atención el minúsculo tamaño de las iglesias y monasterios ortodoxos, siempre oscuros, llenos de velas e iconos de Jesucristo, la Virgen y todos los Santos.

Continuamos por las diferentes callejuelas hasta llegar a Psirri, una zona dinámica llena de restaurantes y tiendas jóvenes. Y allí, como teníamos muchísima hambre, empezamos a buscar entre los agradables restaurantes, eligiendo el Oineas, un precioso local lleno de objetos de coleccionista que los dueños han ido recopilando durante toda su vida: botellas de refrescos, carteles publicitarios antiguos y otros objetos vintage. El restaurante cuenta con un menú corto - algo que siempre me ha gustado - y que cambia cada dos meses de acuerdo con los elementos de temporada, respetando siempre las recetas de la cocina griega. Ese día nos recomendaron empezar con dolmadakia, arroz especiado enrollado en hojas de parra con aceite de oliva y limón. Estaban especialmente buenos, en parte debido a que los hacen ellos - en otros restaurantes los compran ya hechos -. Por supuesto, el pan acompañado de satziki y las olivas estuvieron presentes durante toda la comida. Como platos principales aceptamos la recomendación del día: una deliciosa moussaka - la mejor que he probado en mi vida - y un cordero al horno con alcachofas y patatas. Finalmente, la amable dueña nos obsequió con un magnífico postre: capas de hojaldre con crema casera y fresas. Sin olvidar el chupito final de mastixa, el digestivo griego por antonomasia, hecho de mastic, la resina de un árbol que sólo crece en la isla de Chios.

Bien recargados y descansados, continuamos hasta llegar a la antigua Ágora de Atenas, el centro de la ciudad antigua, con sus templos en ruinas, mercados, edificios públicos y tribunales.Aquí nació la democracia, aquí es donde los antiguos ciudadanos atenienses - hombres libres - se reunían para votar acerca de las decisiones del gobierno, las leyes y votaban - o sorteaban - a las personas que gobernaban la ciudad durante un tiempo limitado. Paseamos por uno de los edificios reconstruídos, la Stoa de Attalos, que antiguamente fuera mayor edificio cubierto de la ciudad. Este imponente edificio, con columnas dóricas y jónicas, fue un regalo del rey Átalo II de Pérgamo a la ciudad de Atenas, en agradecimiento a la educación que recibió en la ciudad durante su juventud. El edificio era una especie de centro comercial de la antigüedad, con decenas de tiendas, donde los atenienses se refugiaban del frío viento en invierno y del sol veraniego y daban paseos a lo largo de la columnata. Actualmente es un museo con decenas de estátuas encontradas en la zona.

Pero nos esperaba lo mejor: tras remontar la montaña llegamos hasta la famosa Acrópolis de Atenas, la zona más alta de la ciudad, enmurallada y fuertemente protegida. La entrada se realiza por la gran puerta de los Propileos y enfrente está el antiguo templo de Atenea victoriosa, que contaba con una gigantesca estátua en plata de la diosa protectora de la ciudad. En otro de los lados están las ruinas del Erecteión, templo dedicado a Poseidón, Atenena y el mítico rey Erecteos. De esta estructura lo más conocido es la tribuna sostenida por las seis cariátides, que simbolizan las mujeres de la ciudad de Cariátide, aliada con los persas. Tras la victoria griega, los atenienses vendieron a todas las mujeres de esta ciudad como esclavas y esculpieron estas estátuas para recordar su suerte a todos los que traicionaran la unidad griega. 

En uno de los lados de la colina se encuentra también el Odeón de Herodes, un regalo del gobernante romano a los atenienses donde aún hoy en día se representan famosas óperas en verano, aunque lamentablemente no puede ir a verlas. Pero es el Partenón el gran edificio del lugar, uno de los más bellos ejemplos de la arquitectura mundial y sin duda joya del estilo dórico. El majestuoso templo de Atenea Phartenos - Virgen - muestra la perfección matemática a la que llegaron los antiguos griegos, incluyendo los pequeños errores que hicieron a propósito en las columnas a fin de que desde cerca se siguiera viendo igual de perfecto, no como en otros monumentos que cuando nos acercamos apreciamos defectos causados por ilusiones ópticas. Es impresionante, sin duda ninguna. Una pena que los ingleses trasladaran - o robaran - los  frisos y frontones al Museo Británico. 

Por último, apreciad las vistas desde la colina, desde las cuáles ver toda la ciudad, desde las montañas hasta el mítico puerto del Pireo. Como hacía mucho calor, descendimos de nuevo, esta vez a la populosa calle Ermou, centro de las compras de los atenienses en lo que a moda se refiere. Allí nos sentamos a tomar un delicioso yogur griego frente a la pequeña iglesia de Kapnikarea, de estilo bizantino. Tras la pausa, seguimos caminando hacia la plaza Syntagma, centro de la Atenas contemporánea, donde se encuentran los mejores hoteles de la ciudad y la sede del elegante Parlamento Helénico, originalmente palacio de los reyes griegos, siendo la última residencia del depuesto rey Jorge. Allí recomiendo llegar al anochecer, cuando se produce el cambio de guardia frente a la tumba al Soldado Desconocido. Aquí, los llamados evzones - la élite de la Guardia Griega - vestidos con las tradicionales faldas, sombreritos rojos y zapatos con pompón - el uniforme de los antiguos rebeldes griegos durante la independencia del Imperio Otomano -realizan un vistoso ritual que vale la pena presenciar a cada hora impar. 

Como ya era de noche, volvimos al hotel a descansar. Esa noche salimos a tomar algo por los divertidos bares de las zonas de la plaza Karitsi y de la plaza Santa Irina. Es una zona donde salen veinteañeros y treintañeros pero en plan tranquilo. Así que hicimos lo mismo: había que aprovechar el día siguiente. 

El hotel en el que nos quedamos, el Dorian Inn, cuenta con una agradable piscina en el último piso con unas vistas preciosas a la Acrópolis en las que relajarse una soleada mañana ateniense o tomar algo por la noche. La iluminación nocturna del Partenón es impresionante. Ese día lo consacramos al estupendo Museo Nacional de Arqueología, primer museo de Grecia, en un edificio construído en 1821, justo después de la guerra por la independencia griega, siguiendo el estilo neoclásico. Es maravillosa su colección de estátuas griegas, que van desde el estilo arcaico con los grandes kuros, rígidas y sonrientes estátuas que representan a los jóvenes vencedores de los Juegos Olímpicos, de rasgos hieráticos y gran similaritud. Luego se pasa a la riqueza del periodo clásico, con todo tipo de estatuas en mármol y bronce, relieves, tumbas... impresiona especialmente la estátua de bronce de Poseidón a punto de lanzar su tridente - el tridente se perdió -. Finalmente la colección acaba con las estátuas de la época en la que Grecia ya no era más que una provincia del Imperio Romano. Son más de 30 salas las que guardan una de las colecciones de estátuas más amplias del mundo. Por supuesto, hay muchas otras colecciones, como la dedicada a la deslumbrante joyería bizantina donde todas las miradas se ponen en la máscara funeraria dorada que se pensó del rey Agamenón. La colección de vasijas en el segundo piso es también increíble con los característicos tonos anaranjados y negros de la Grecia clásica. Hay también una sala dedicada a los restos encontrados en Thira - Santorini - donde destacan algunos frescos de la civilización minoica. Vaya, el museo es enorme y muy completito por lo que me tocará volver con un guía para exprimirlo al máximo.  

Finalmente, ese día lo acabamos picando algo y saliendo de fiesta por el distrito de Gazi-Technopolis, una zona que originalmente se construyó para albergar la planta gasificadora de Atenas en 1860 y que ahora se ha restaurado. En el centro esta el antiguo tanque de gas, ahora iluminado de forma contemporánea y alrededor todo tipo de locales organizan exposiciones, seminarios de todo tipo, conciertos y otros eventos culturales. La fiesta aquí es también muy buena todos los días, con bares para todos los gustos. Empezamos en 45 Degrees, una terraza con bellas vistas al tanque de gas y buena música hard rock. De allí pasamos a Voodoo, donde estaban en mitad de una fiesta llamada "Greekz do it better" en la que sólo se ponía música contemporánea griega de tipo pop y dance. Acabamos la fiesta en el Why Sleep?, un amplio local a rebentar con terraza donde gogós masculinos y femeninos bailaban al ritmo del hip hop, r&b y reaagetón. Para ser una tórrida noche de un miércoles de julio el ambiente estaba muy animado. No quiero imaginarme como debe ser un viernes de septiembre. Tendré que volver, sin ninguna duda. Al día siguiente, bien temprano, pusimos rumbo al Pireo para tomar nuestro fast ferry a las islas Cícladas. Pero eso ya es materia para otro post.

Atenas es una ciudad muy agradable, con un sistema de metro aceptable y precios razonables. Hay mucho que ver para un turista, de hecho me quedan muchísimas cosas pendientes como el nuevo moderno museo de la Acrópolis, el templo de Poseidón o el antiguo estadio Panatenaico. Sin nombrar la gigantesca oferta gastronómica, cultura y de fiesta que ofrece esta divertida ciudad. 

dimarts, 1 de juliol del 2014

Ramadan

Viajar no es solo acumular lugares como quién acumula sellos o monedas. Viajar es acumular experiencias, es mezclarse con los locales, con las personas que viven el día a día del lugar que estamos visitando. Es aprender algunas palabras en las lenguas que hablan, comprar algún producto nuevo en sus supermercados o bailar en sus discotecas. 

Ayer tuve la gran ocasión de ser acogido por una familia argelina para compartir con ellos por primera vez en mi vida el "ftur" o la ruptura del ayuno, rito que siguen los musulmanes todas las tardes justo después de la puesta de sol del mes sagrado del Ramadán. Durante el noveno mes del calendario musulmán los fieles deben abstenerse de comer, beber (incluída el agua), fumar o tener relaciones sexuales. El caso es que uno de mis compañeros de oficina, un simpático estadounidense, está comprometido con una argelina por lo que me invitaron a ver el partido Argelia-Alemania en casa de su familia así como a compartir con ellos el segundo ftur del Ramadán. Como sabía que me esperaba muchísima comida, ese día hice ayuno y me limité a beber agua. Si no lo hubiera hecho, hubiera sido imposible comerme todo el festín y es importante saber que es muy maleducado no comer todos los platos que forman el rito del ftur.

La terraza de la casa, situada a orillas del Mediterráneo, estaba recubierta de bellas alfombras con una mesa baja repleta de comida todo rodeado por elegantes y modernas lámparas. Empezaba la puesta de sol, esas que solo el mediterráno ofrece, con sus fuertes tonos anaranjados, mientras la media luna creciente aparecía en el horizonte. La comida que se sirvió es la tradicional del sur de Argelia, ya que son una familia de comerciantes provenientes del sur argelino y de Mali. Por eso, en cuanto se puso el sol, la ruptura del ayuno empieza con dátiles de primera calidad y leben (leche fermentada) servida en cuencos de barro. Con esto, se recuerda la tradición del Profeta Mahoma que siempre rompía el ayuno con estos dos productos y además se habitúa al estómago para la gran cantidad de comida que va a recibir tras un día entero de ayuno, hidratándolo con el leben (que recubre los intestinos) y haciendo recuperar al cuerpo los niveles normales de glucosa a través de los dulces dátiles. El leben es además símbolo de hospitalidad y fertilidad.

Después nos sirvieron la harira, una sopa del Sahara muy especiada, casi picante y bastante espesa que estaba deliciosa. Se acompaña con los tradicionales boureks, rollos de hojaldre rellenos de pollo o carne de res picada con especias y menta. 

La comida continuó con una variedad de entrantes que en mi caso fueron un delicioso hummus casero, una ensalada tradicional de la zona con tomates, pimientos y pepinos así como un plato a base de berenjena asada, todo acompañado de una variredad de panes de las diversas regiones de Argelia, entre los que me decanto por la "galette" o "kesra", un plan plano y redondo con muy poca levadura a base de sémola. Llegaron también los zumos naturales: limón a la menta, naranja, uno morado a base de flor de hibiscus y uno muy fuerte de jengibre, que sin embargo está delicioso si se mezcla con el de hibiscus. Y así hice siguiendo los consejos de la familia. En este momento se suele hacer una pequeña pausa donde se aprovecha para charlar, pero como el partido estaba en marcha aprovechamos para verlo. 

Tras la pausa llega el plato fuerte, en este caso un delicioso tajine de pollo y res en salsa de olivas con otras verduras. Se puede comer con las manos y acompañar de una salsa dulce de canela a base de frutos secos como cacahuetes, avellanas, pasas, orejones y ciruelas. 

Después se sirven los platos llenos de frutas frescas de temporada, como bananas, cerezas, melocotones, nectarinas... y finalmente llega el momento de los dulces típicos, llenos de miel. El más tradicional es el kalb el louz, un pastel a base de sémola, almendras y azahar muy jugoso gracias a su sirope de miel, que se come acompañado del té a la menta preparado a la manera tradicional del desierto, servido tres veces durante la noche, la primera muy fuerte, la segunda de sabor medio y la tercera ya con las hojas utilizadas y por tanto con un sabor mucho más suave. Por supuesto, también habían pasteles de estilo occidental así como otros pasteles argelinos, especialmente uno de coco y azahar buenísimo.

La ruptura del ayuno, por tanto, es una experiencia gastronómica pero también muy humana, en la que las familias se reúnen y cada noche reciben a amigos o invitados diferentes en veladas que se alargan hasta la madrugada, muchas veces hasta las tres o cuatro de la mañana, cuando se dirigen a la mezquita para la primera oración de la jornada y tras la plegaria, se acuestan tras haber comido alguna fruta y haber bebido abundantemente. Cuando se levanten al día siguiente, no podrán comer ni beber hasta la puesta del sol. Aprovecho para desear a todos mis lectores musulmanes Ramadan Kareem, Ramadan Mubarak!

dissabte, 28 de juny del 2014

Oran

El fin de semana pasado decidí hacer una pequeña excursión a la segunda ciudad más importante de Argelia: Orán. Desde la capital es muy fácil llegar ya sea en avión, coche (por la nueva autopista Este-Oeste) o tren. Por curiosidad escogí la opción ferroviaria y también por poder disfrutar del paisaje de las montañas costeras del oeste argelino. 

Así que me dirigí a la Gare de l'Agha, la estación de la empresa nacional SNTF, para tomar el tren "rápido" de las 8 de la mañana con destino a Orán. Compré la ida y vuelta en primera clase (ya que tiene asientos más confortables y aire acondicionado) por algo menos de veinte euros. Es importante tener en cuenta el tiempo, ya que al final llegué al destino cuando eran pasadas la 12,30 de la tarde: alrededor de cuatro horas y media de viaje nada más y nada menos. 

Así que a la hora de almorzar llegué a la Gare d'Oran, un bello edificio público de estilo neo morisco construido por la administración colonial francesa. El diseño exterior recuerda al de una mezquita, por la cúpula y el minarete. Sin embargo, la estrella de David que hay en el diseño interior de la cúpula así como las cruces cristianas de los techos de las salas de espera muestra una voluntad de hacer presentes a las tres religiones que por entonces convivían en Argelia. Sus estancias son majestuosas y vale la pena dedicarles un tiempo. 

Por suerte, el hotel donde que alojé estaba muy cerca de la estación ferroviaria. El Best Western Colombe fue en primer hotel de la famosa cadena estadounidense en abrir sus puertas en el país y ofrece un excelente servicio a precios competitivos y habitaciones impecables. Además está situado a quince minutos caminando del centro de la ciudad así como a cinco minutos de una parada del moderno tranvía oranés. 

Tras el rápido check-in, dejé mis cosas en la confortable habitación, me tomé el zumo de cortesía y me dirigí a explorar Orán. Esta gran ciudad argelina fue fundada en el siglo X por comerciantes musulmanes de Al-Andalus y pronto creció por la importancia de su puerto. La llegada de judios que huyeron de la intolerancia religiosa cristiana durante el siglo XIV aumentaron la riqueza e importancia de la ciudad. Sin embargo, a principios del siglo XVI la ciudad perdía importancia debido a a las nuevas rutas comerciales que se abrían por el Atlántico. Pronto se convirtió en una guarida de piratas y corsarios y fue pasando de manos españolas a otomanas en diversas conquistas y guerras. A medidados del siglo XIX empezó la colonización francesa.

Orán significa "león" en berber ya que durante su fundación se vieron varios leones campar por las montañas cercanas. Los dos últimos leones vistos fueron cazados cerca de la ahora conocida como montaña de los leones, al lado de la ciudad, y en su honor se alzan las dos estatuas de ambos felinos a las puertas del bello ayuntamiento de Orán, en la antigua plaza de Armas. 

A finales del siglo XIX, Orán se convirtió en la quinta ciudad de Francia, con más de 100,000 habitantes, llenándose de bellos edificios públicos gracias a su creciente riqueza e importancia, como la estación ferroviaria de la que os hablé.

El caso es que paseando desde el hotel por las calles de Orán, ahora muy deterioradas, llegué hasta la bella corniche o paseo marítimo ahora llamado boulveard de l'Armée de Libérarion Nationale. Con decenas de bellas palmeras y elegantes edificios decimonónicos frente al mar, este paseo se llena de locales con sus familias o amigos, sobretodo por las tardes y noches, para disfrutar de la brisa marina, las bellas vistas al puerto y al Fuerte de Santa Cruz. Son muchos los que se sientan en alguna de sus terrazas para disfrutar los helados que hacen famosa la ciudad. Uno de los sabores más tradicionales es el "créponné", un cremoso helado de limón natural y huevo cuya receta fue inventada por Gilbert Soriano en Orán y que ahora es el sabor oficial de la ciudad. 

Mientras paseaba por la corniche me tomé un jugoso kebab y luego me senté a disfrutar de un refrescante créponné en la crémerie Cordoua, una de las más conocidas del paseo marítimo. Una vez saciado, tomé un taxi que me llevó a explorar la montaña de l'Aïdour , que domina la ciudad. Me hubiera gustado explorarla con el famoso teleférico de Orán, pero no funcionaba. Así que remontamos hasta la cima donde se situa el popular mirador de Bel Horizon desde el que se disfruta un panorama bellísimo de la gran ciudad. Descendimos a continuación a la mitad de la montaña donde se sitúan el fuerte de Santa Cruz y la capilla de la Santa Cruz.

El fuerte, por un lado, es una construcción española de finales de siglo XVI construida para defender la ciudad de los otomanos. A mediados del siglo XIX fue reforzado por el ejército francés. Cuando fui a verlo estaba cerrado, no sé si por ser viernes o porque está cerrado de normal pero aún así por fuera se aprecia su solidez.

Justo debajo se encuentra la capilla de la Santa Cruz. Los orígenes de esta construcción se remontan a 1850, cuando tras una epidemia de cólera, se contruyó una pequeña capilla a Nuestra Señora de la Salud. En 1875 se construyó un gran campanario coronado por una estátua de la Virgen hecha en Lyon, réplica de Notre-Dame de Fourvière. No fue hasta 1959 que el arzobispo de Orán inauguraba la nueva capilla, blanca y sencilla, con una sobria cúpula. Su bello claustro con vistas a la ciudad por debajo y al Fuerte de Santa Cruz por arriba es muy relajante. 

Tras descender de la montaña y volver al centro de la ciudad, me di una vuelta por el elegante boulevard de la Soummam, con sus bellas palmeras decoradas con luces blancas. Los señoriales edificios dan un aire muy elegante a la zona que acaba con el lujoso Hotel Royal, el más prestigioso de la ciudad. Entré para dar una ojeada a sus magníficas instalaciones, especialmente el elegante restaurante Les Ambassadeurs. Como me entró hambre, era la hora de la cena y además uno de los camareros me acababa de decir que había un estupendo cuscús, me dirigí al otro restaurante del hotel, el Alhambra, que es de tipo buffet y ofrece entradas locales así como un delicioso cuscus (con la sémola, las verduras y las carnes separadas), un delicioso guisado de pescados y sepia y varios postres a elegir al final. 

Al día siguiente, tras un buen desayuno, me dirigí a descubrir el centro de la ciudad. Siguiendo las calles del tranvía pasé por la bella Gran Biblioteca de la ciudad, antigua catedral, donde aún se observan los gigantescos mosaicos a Jesucristo y los símbolos de los cuatro evangelistas.

Siguiendo por las calles llegué hasta el corazón de la ciudad, la place d'Armes, donde se encuentra el ayuntamiento con los dos leones y la magnífica Ópera de Orán, inaugurada a principios de siglo XX, con sus balaustradas, cúpulas y las magníficas estatuas que presiden el edificio, destacando la mujer vestida al estilo romano con una lira entre sus manos. Los modernos tranvías que cruzan a menudo la plaza mezclan la modernidad con la elegancia clásica haciendo de esta plaza uno de los lugares más agradables de la ciudad.

Bajando hacia el antiguo barrio de Sidi El-Houari por la calle Philippe me topé con la bella mezquita de Hassan Pacha, de finales del siglo XVIII, que está cerrada en su interior pero guarda una gran armonia y adaptación al entorno en su exterior. Bajando aún más por la calle me topé con otra maravilla histórica, la antigua Iglesia de San Luis, ahora abandonada y que lastimosamente se encuentra en muy mal estado. Tras pasear un poco más por las calles y bulevares de la ciudad, volví al hotel donde comí en el estupendo restaurante que tienen. Además de unos precios competitivos, la sencilla carta propone platos internacionales y locales de gran calidad, como la famosa h'rira, una sopa tradicional de la vecina ciudad de Tlemcen, picante pero deliciosa acompañada de unos rollitos de carne fritos. Me pedí también una pizza de verduras que me sorprendió por lo bien hecha que estaba. Recomiendo encarecidamente este restaurante. 

Como mi tren salia a las dos de la tarde, me dirigí a la estación. Orán es una ciudad muy tranquila si la comparamos con Argel aunque sigue siendo muy grande. Me faltó conocer alguno de sus famosos cabarets, pasar un dia en la playa des Andalous así como haber escuchado la famosa música "rai" en directo, pero seguro que vuelvo en alguna ocasión.

dissabte, 14 de juny del 2014

Tipaza

A más o menos una hora en coche desde Argel (si no hay tráfico, claro) se encuentra la ciudad costera de Tipaza, enormemente popular en el turismo nacional, siendo esta una excursión común de un dia para los habitantes de la capital. A 70 kilómetros de la capital, nos costará llegar más o menos una hora en coche si no hay mucho tráfico. En taxi negociad un buen precio para el dia pero jamás paguéis más de 4,000 dinares por seis horas y dos personas.

Yo la hice el primer sábado que llegué a Argel y me encantó. Por supuesto, no puede compararse a la magnificiencia de las ruinas de Djémila pero aún así son ruinas muy bellas a las que se les añade el encanto de estar frente al Mediterráneo. Tipaza fue conquistada por Roma a los cartaginenses y pronto se convirtió en una ciudad dinámica dentro del Imperio. Pero tras conquistas y destrucciones de vándalos, bizantinos y árabes la ciudad quedó despoblada en el siglo VIII. 

La ciudad resurgió con fuerza, especialmente durante el periodo colonial francés. Albert Camus, francés nacido en Argelia, la hizo famosa con sus dos ensayos: Bodas en Tipaza y Retorno a Tipaza. El célebre Premio Nobel pasó largas temporadas en las ruinas mientras reflexionaba para escribir sus ensayos. Según contaba, le relajaba muchísimo la combinación de ruinas, mar y montañas. La declaración como patrimonio de la humanidad UNESCO de sus ruinas romanas la consacró como uno de los destinos obligados para toda visita a Argelia. Y sus famosos restaurantes de pescado y marisco fresco redondean la oferta turística. 

Nada más llegar a la ciudad nos dirigimos a la entrada de las ruinas de la antigua ciudad romana. A partir de la antigua calle mayor, el Decumanus Maximus, nos encontraremos con los restos del antiguo pequeño coliseo que entretenía a los habitantes con espectáculos de gladiadores. Asímismo encontramos los restos de algunos templos, con escalinatas y columnas, así como numerosas huellas del antiguo sistema de alcantarillado. Muy cerca del mar están los restos de las principales residencias de la ciudad, una de ellas que se observa grande y espaciosa, ya que se ven los restos de la villa con su jardín central porticado con pozo en medio y las habitaciones alrededor, una de las cuales conserva un bellísimo mosaico que actualmente se encuentra al aire libre.

También están los restos de las antiguas termas, con sus piscinas de agua caliente, templada y fría. Además de la gran basílica de San Pedro y San Pablo, de la que queda parte del suelo y algunos arcos, pero cuyos restos muestran su grandeza. En algunas partes de la ciudad observaréis restos de cavas muy profundas con grandes jarras, lo que fueron fábricas de "garum", una salsa a base de pescado y especias muy utilizada por todo el Imperio romano y cuya fabricación fue en parte responsable de la prosperidad de la antigua Tipaza.

Asimismo, paseando por otros barrios de la antigua ciudad romana, encontraremos el bello teatro, cuyo escenario colapsó y ahora solo quedan los restos de las salas donde se cambiaban los actores. Muy cerca está la fuente de las Ninfas, un bellísimo ejemplo de gran pública donde antes habían estátuas de las bellas semi-diosas. 

Vale la pena pasearse también por el antiguo cementerio pegado a la costa, donde veremos multitud de tumbas romanas y cristianas, mausoleos e incluso una gran tumba de alguien importante con restos de sus frescos pintados de rojo. A nosotros nos guió un amable guarda que nos explicó varias cosas. El cementerio debe ser una parte crucia de la visita ya que es la clara muesta de las múltiples influencias que recibió la muy comercial Tipaza: hay tumbas fenicias, romanas paganas y romanas cristianas, en una mezcla única, una de las principales razones para declararla patrimonio de la humanidad. Una de las grandes diferencias entre Tipaza y Djémila es que las ruinas de Tipaza están atestadas de gente. Hay familias enteras saltando entre las ruinas, haciendo picnic en las zonas verdes o simplemente paseando. 

Tras visitar estas magníficas ruinas, nos dirigímos a almorzar a uno de los restaurantes situados nada más salir de las ruinas: Le Progrès, donde almorzó el Rey de España, Juan Carlos I, cuando visitó Tipaza hace unos años. Como ciudad costera, el restaurante está especializado en productos del mar. Empezamos con una caliente sopa (chorba) de pescado de la casa, luego boureks de gambas como entrante (los boureks son hojaldres fritos rellenos) para continuar con una deliciosa ensalada de pulpo fresco y unas gambas reales a la parrilla exquisitas. Los precios son algo más elevados de lo habitual pero tampoco excesivamente. El flan de la casa vale la pena como buen postre.

Tras la comida, y como empezaba a llover, tras pasearnos por las tiendas de recuerdos y de antigüedades, donde encontrar algunas joyas como teteras antiguas, decidimos volver a Argel. A la vuelta en coche por la carretera veréis en una de las colinas una majestuosa casi pirámide: se trata de la tumbra de la cristiana, un mausoleo en el que cuenta la leyenda que se esconde un gran tesoro. Muchos son los que afirman que aquí está enterrada la mismísima Cleopatra. 

El definitiva, Tipaza merece la pena ser visitada ya que es una excursión sencilla de un día desde Argel. Su categoria del patrimonio de la humanidad UNESCO aclara cualquier duda sobre al calidad de sus ruinas. Me queda dar un vistazo a su museo, ya que no me dio tiempo en la pasada visita. 

diumenge, 8 de juny del 2014

Djémila

Este sábado pasado estuve en Djémila, visitando la antigua Cuicul, que fue en su época una gran ciudad del Imperio Romano. Argelia está plagada de ruinas romanas y Djémila es uno de los mejores sitios. Además, está libre de las hordas de turismo nacional que ahogan las ruinas de Tipaza.

Desde Argel hasta Djémila contad aproximadamente tres horas y media para llegar. Lo más fácil es tomar la reluciente "Autoroute Est-Ouest", una de las grandes infraestructuras construídas recientemente en Argelia gracias al dinero del petróleo y el gas. La autopista conecta todo el país de Este a Oeste y sus principales ciudades en paralelo a la costa mediterránea pero por las montañas. Esta infraestructura es famosa en el mundo entero por haber sido una de las más caras de la historia: once mil millones de dólares.

Lo cierto es que en general la autopista es muy confortable y permite llegar mucho más rápido a las diferentes ciudades del país, así como aliviar los insoportables atascos que colapsaban las antiguas carreteras. Así que, a pesar de los tramos con agujeros, pasamos Setif y nos desviamos a la izquierda por la N77 en la salida de El Eulma, pero en dirección contratria. Hasta que llegamos a Djémila. Actualmente es un pequeño pueblo de la Kabylie argelina (la región más ferozmente resistente a Francia y característica por sus habitantes rudos y habituados a la vida montañesca). Pero en el siglo IV, tras su fundación a finales del siglo I, alcanzó grandes niveles de desarollo dentro de la estructura del Imperio Romano. 

Por eso vale la pena desplazarse hasta aquí, para poder recorrer las ruinas romanas. Construida a 900 metros sobre el nivel del mar entre dos torrentes, la antigua Cuicul se convierte en uno de los más bellos restos de ciudad romana que existen, además de uno de los pocos ejemplos de urbanismo romano adaptado a un terreno montañoso. Es por eso que la UNESCO decidió declarar estas bellas ruinas como Patrimonio de la Humanidad. 

Hay templos, viviendas, termas grandes y pequeñas, plazas, el anfiteatro, fuentes, un mercado, calles, un foro, basílicas, arcos del triunfo... uno no puede evitar trasladarse a esa época e imaginarse las pequeñas historias que sucedieron en sus estrechas calles adoquinadas. 

En el museo que hay a la entrada podremos observar algunos de los mosaicos más bellos que se conservan en el mundo, destacando el del rapto de Europa (que estaba situado en un gran comedor de la casa Europa, ahora en ruinas). Pero hay muchísimos más que os dejarán sin aliento. Son impresionantes, de una calidad excepcional. También hay numerosas estatuas rescatadas de los antiguos templos, mansiones o edificios públicos así como objetos personales de todo tipo, monedas, ánforas... etc. Es una lástima que en el museo no estén permitidas las fotos. Por eso no puedo mostraros ningún ejemplo de los bellos mosaicos que allí hay y que antes cubrían las masiones y edificios públicos de Cuicul.

Dedicad unas dos horas a las ruinas, recorriendo el bello Cardo Maximus (calle mayor) que estaba asoportalada (las decenas de columnas así lo prueban), explorando las grandes termas (donde me impresionaron mucho los excusados públicos (grandes bancos alargados con muchos agujeros que conectan a un sistema de alcantarillado) decorados con bellas estátuas de peces. Las grandes termas aún cuentan con salas donde los mosaicos se conservan casi igual que cuando se construyeron. La grandiosidad de sus salas, sobretodo la del gimnasio, demuestran la importancia que tuvo la ciudad en su época.

Otro de los edificios que mejor se conservan en el majestuoso Templo de Severus Septimus, en el Foro nuevo. Esta plaza es la más impresionante, no sólo por el templo y sus escalinatas, sino por el bello e imponente arco del triunfo de Caracalla, los pórticos, los restos de la basílica y por su empedrado. Este era el corazón de la ciudad nueva, que fue rápidamente poblada mayoritariamente por cristianos. A un lado, bajando por una de las calles se encuentra el impresionante anfiteatro con sus gradas y su escenario. Siguiendo el cardo maximus llegaremos hasta la ciudad vieja, donde vivian mayoritariamente las familias antiguas y adineradas, los paganos y los esclavos. Aquí se encuentra el viejo foro, donde estaba el gigantesco templo a Júpiter, del que solo quedan algunas columnas y el torso del dios (la cabeza está en el museo a buen recaudo). El viejo foro tiene aún los atriles donde los senadores de la ciudad daban sus discursos (con numerosas inscripciones en latín perfectamente conservadas) así como el altar de los sacrificios, donde aparecen grabados los animales a sacrificar a los dioses. 

En mitad de las casas del barrio viejo se encuentran también los bellos restos del templo de Venus y otros restos de un templo a otro dios que no se ha podido identificar. También el bellísimo mercado, con las mesas de sus antiguos puestos de frutas, carnes, especias o verduras con sus relieves y la mesa de las medidas en el centro. Diversas fuentes públicas, la antigua prisión, cementerios, casas y mansiones particulares y hasta termas de barrio nos aparecerán durante nuestro paseo por esta ciudad en ruinas. Finalmente, en la parte más alta, se encuentra el núcleo del barrio cristiano, el más nuevo, donde podremos ver las catacumbras de la antigua Catedral, muy bien conservadas, o la casa del antiguo obispo. 

Los guardas que recorren el reciento son muy amables y atenderán a cualquier pregunta que les hagáis. Es más, incluso os acompañarán durante vuestro recorrido charlando y explicandóos más o menos los diferentes lugares de las ruinas romanas. Y lo hacen de forma totalmente desinteresada. De hecho, al que nos acompañó, le intentamos dar una propina y la rechazó amablemente hasta en tres ocasiones.

Cuicul cayó en el olvido tras la ocupación bizantina y acabó de derruirse tras un terremoto que sepultó la ciudad bajo la tierra. Fue en 1910 cuando arqueólogos franceses empezaron las tareas de desentierre y reconstrucción para sacar a esta gran ciudad de nuevo a la luz. Tras la independencia de Argelia, los trabajos fueron paralizados y ahora la UNESCO se conforma con que el gobierno argelino mantenga limpia y vigilada la antigua Cuicul, actual Djémila. 

Sin duda, para todo el que viva una temporada en Argel, Djémila es una visita de un dia más que obligada. 

divendres, 30 de maig del 2014

Desde Argel

Tras casi un año en Ciudad de Panamá, el trabajo me trae ahora a Argel, capital del país más grande de África: Argelia. Aquí viviré durante unos meses, siendo esta mi primera experiencia laboral en África. Es la primera vez que vivo en el continente olvidado y la verdad es que aún me estoy acostumbrando: aquí todo funciona a otro ritmo. De Europa sólo nos separa un mar, pero las diferencias son gigantescas: es como estar en otro universo. Excepto en el clima: es mediterráneo, con cielos azules, gran luminosidad y temperaturas suaves, casi el mismo que el de mi Valencia natal. 

Algeria es un país que crece en riqueza gracias en parte a su petróleo, pero sobretodo, a su gas. Sin embargo, debido a su sistema cuasi socialista donde el Estado tiene una presencia fortísima, todo va mucho más despacio. El gobierno funciona a base de planes quinquenales y controla la gran mayoría de la actividad económica. Numerosos sectores están nacionalizados, incluídos casi todos los hoteles. Por todas estas razones, Algeria me recuerda en muchas cosas a Cuba. No hay apenas marcas extranjeras ni locales o tiendas de cadenas internacionales. De hecho, el primer centro comercial abrió hace solo un año y allí sólo se encuentran marcas locales con alguna excepción francesa o española.

De momento tengo tanto trabajo que apenas he podido descubrir nada. Ya he ido a Tipaza, una ciudad cercana famosa por sus mariscos pero sobretodo, por las ruinas de su antigua ciudad romana, Patrimonio de la Humanidad UNESCO. En breve os cuento como fue mi dia allí.

En general, Argelia no es un país turísticamente fascinante como lo puedan ser Marruecos, Tailandia o Brasil. De hecho, la famosa editorial Lonely Planet jamás ha publicado una guía del país (y hasta la vecina Libia tiene). Esto demuestra el escaso desarrollo del turismo que tiene el país. Argel es una ciudad enorme, de clima estupendo y con un gran encanto. Dispone de una población que sobrepasa los dos millones de personas. Pero vive adormecida, sin apenas ofertas culturales, nocturnas o de ocio y con un panorama de restaurantes estancado. Casi desconectada del día a día del mundo global. Y para colmo el tráfico es horrible, casi siempre y a cualquier horas las calles y avenidas están colapsadas. La gasolina a 20 céntimos de euro el litro junto a las facilidades que hubo de préstamos para comprar coche lo explica. Pero seamos positivos: la gente es amabilísima, muy acogedora y amable con los extranjeros ya que aquí somos algo que se ve muy poco.

En fin, pese a las muchísimas dificultades que encuentro y que no haya sido un país de mi elección, intentaré sobrevivir a estos meses y descubrir los lugares interesantes y bellos que encierra el país más grande de África. Por aquí os lo contaré todo, como siempre.