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divendres, 15 de desembre del 2023

Chicago

 

La segunda ciudad 

Chicago es la tercera gran ciudad de Estados Unidos de América, aunque se le llama la segunda ciudad por su dinamismo, es la cuna de los rascacielos. También es cuna de personalidades ilustres del país, como Ernest Hemingway, Frank Lloyd Wright o Barack Obama. Con menos turistas que Nueva York y más nivel educativo que en Los Ángeles, Chicago es perfecta para vivir la quintaesencia de lo que es una gran ciudad estadounidense.

Se la conoce como "la ciudad del viento", su otro gran apodo, por el terrible y gélido viento que azota la ciudad durante los seis meses de su crudo invierno. También se le llama "the city on the make", ya que los rascacielos no paran de brotar, aún hoy en día. El más alto del país está aquí: la torre Willis. Chicago tiene una magia que hechiza, con su gran oferta cultural, su población cosmopolita, sus playas lacustres o sus nuevos y agradables parques. Además, si os gusta el beisbol, podéis ver un partido de los Cubs en el mítico Wrigley Field, el segundo estadio más antiguo de los equipos de la liga nacional, abierto en 1914.

Las cebollas silvestres

El nombre de Chicago viene de la lengua potawatomi, Checagou, que significa "cebollas silvestres". Así bautizó estas tierras la tribu que las habitó originalmente. En 1780, el haitiano Jean Baptiste Point du Sable fundó la ciudad. Tras numerosas batallas entre el nuevo ejército estadounidense y los potawatomi, los EE.UU. acabaron anexionando estas tierras en 1837: pronto Chicago se convirtió en una de las ciudades de mayor crecimiento del país, gracias a la fuente ilimitada de agua dulce del lago Michigan. De hecho, para mantener este lago limpio, Chicago fue la primera ciudad del país en construir un sistema de alcantarillado.

En 1871, un gran incendio arrasó la ciudad dejando a casi 100,000 personas sin hogar. Con un gran trauma, los habitantes reconstruyeron su ciudad con acero, huyendo de la madera, y de ahí surgió el primer rascacielos del mundo en 1885. Poco después, también nació aquí el primer movimiento obrero del planeta, cuando el 1 de mayo de 1886 cientos de miles de trabajadores iniciaron varias jornadas de huelgas generales que se saldaron con cientos de muertos por la represión policial pero que finalmente acabaron con la consecución de la ansiada jornada laboral de 8 horas.

A principio de siglo XX, la bonanza de la ciudad fue atrapada por su Mafia, dirigida por Al Capone    que corrompió su ayuntamiento durante décadas, con decenas de encarcelados. Posteriormente, ha sido la familia Daley la que ha gobernado la ciudad desde 1955, con dos alcaldes de dicha familia (padre e hijo) al mando por más de 40 años.

Uno de los grandes iconos de la ciudad es la Willis Tower (antigua Sears Tower), edificio más alto de los EE.UU. hasta 2013. Y es que Chicago es un paraíso para los amantes de los rascacielos: los hay de todo tipo, muchos preciosos. Lo mejor es empezar la visita a la ciudad con el famoso tour en barco de los rascacielos, que salen a cada media hora desde el embarcadero bajo del puente Du Sable. A mi me impresionó mucho ver el rascacielos que alberga la ópera de la ciudad por detrás o otro que tiene en su fachada un mapa gigante del río y al propio rascacielos marcado en rojo en el mapa. Las Marina Towers, de estilo brutalista, son espectaculares; y el nuevo St. Regis, con su cristal ondulante, hipnótico. Hasta la Trump Tower es impresionante.

Tras el tour, caminé por el Loop, el barrio financiero dentro del cuadrado de vías del metro elevado. Pasé por la enorme mole del Chicago Board of Trade, donde se inventaron los futuros, un instrumento financiero que sigue jugando un papel clave en la economía de la ciudad. Entrad al Rookery, para ver el precioso lobby de Lloyd Wright. Además, las plazas del distrito financiero cuentan con esculturas gigantes de artistas de primer nivel, como la enorme estatua de Pablo Picasso, el "Flamingo" de Alexander Calder o el "Monument with Standing Beast" de Dubuffet, conocido como "Snoopy en la licuadora".

Dad una vuelta también por el cercano Millenium Park, un parque enorme situado entre el Loop y el lago Michigan, que cuenta también con un maravilloso auditorio de Frank Gehry, una fuente de Jaume Plensa (con rostros proyectados en grandes pantallas de cuyos labios salen chorros de agua) y la famosa escultura de Anish Kapoor, con forma de gota de plata, ahora gran símbolo de la ciudad, llamada Cloud Gate pero conocida por el pueblo como "la habichuela". Es perfecta para sacarse fotos en su reluciente cubierta. Además hay actividades de todo tipo en el parque: cuando lo visité había un concierto gratuito de la orquesta nacional de Ucrania en el auditorio, por ejemplo.

Una colección de arte universal única

Otra visita imprescindible al lado del parque es el Art Institute of Chicago, el segundo museo más grande de Estados Unidos, con una colección de más de 300,000 obras de arte que abarcan 5,000 años de historia del arte mundial. Abierto en 1893, engloba casi todas las disciplinas y culturas del planeta y es impresionante. Como seguramente no tendréis tiempo de verlo todo, los imprescindibles, en mi opinión, son:

"La habitación" de Van Gogh; las "Meules de Blé" de Monet; "La tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte" de Georges Seurat; y algo más local, el "American "Gothic de Grant Wood o la icónica "Nighthawks" de Edward Hopper, donde se plasma en un cuadro a la perfección el sentimiento de soledad de muchos habitantes de cualquier gran ciudad norteamericana. Más allá de cuadros, de lo poco que me dio tiempo a ver, al pasar por la zona de esculturas de arte griego me sorprendió una representando a un niño jugando con una máscara de teatro dramático griego que le viene enorme, de la que saca una manita por la boca de la máscara.

Después de tanta obra de arte os dará sed, así qeu subid al cercano Cindy´s Rooftop para disfrutar de sus geniales cócteles y de las vistas del Millenium Park.

Comer en Chicago

Chicago no es el mejor sitio para irse de compras, ya que tienen el impuesto sobre el consumo más alto del país. Pero si que cuenta con comida para todos los bolsillos y de todos los rincones del planeta. Aunque si queréis probar la "gastronomía" de Chicago (si es que existe tal cosa), tenéis que optar por su "Santísima Trinidad": en primer lugar, el Chicago-style pizza, con una masa de casi 8cm que alberga los ingredientes dentro, casi siempre una masa de tomate, carne, cebolla y queso. La hornean en una gran sartén de hierro, por lo que la base y los bordes se fríen, pasando a ser crujientes con el aceite que unta la sartén. Yo la probé en Pequod´s Pizza, y es deliciosa, pero llena mucho. En Oven Grinder & Co la preparan de forma algo diferente, y la llaman pizza pot pie, cocinada en boles de cerámica con una salsa de tomate casera con quesos que incluye unos trozos de cerdo.

La segunda especialidad local son sus perritos calientes de ternera, inventados por la industria cárnica local y exportados luego a todo el mundo. Personalmente lo probé en el archiconocido Jim´s, local en el que un polaco empezó a venderlos con su capa de mostaza amarilla, cubierta con una montaña de cebollas a la parrilla, salsa de pepinillos y un pimiento picante. Eso sí, dentro de los límites de la ciudad de Chicago está PROHIBIDO ponerle kétchup a los perritos calientes.

Y ya la tercera especialidad (y la menos visualmente atractiva) es el bocadillo italiano de ternera con mozzarella fundido. Lo probé el Al´s. Bueno y jugoso, pero nada memorable.

Para dulces, Shawn Michelle´s es la heladería maravillosa, aunque algo alejada, donde disfrutar de los mejores helados de la ciudad. Situada en mitad del barrio negro, entre tiendas de chándales y pelucas, ofrece sabores tradicionales estadounidenses como el helado de tarta de frijoles con crema, el de "lemon pound cake" o su archiconocido helado de vainilla. Los dueños y la clientela son extremadamente amables.

Oak Park, la cuna de Lloyd Wright y Hemingway

A una hora en metro de la ciudad, en este antaño aburrido pueblo nacieron el arquitecto que inventó el primer estilo 100% estadounidense y su escritor más famoso. Por la casa de nacimiento del segundo solo pasé por fuera, pero si recorrí varias de las obras del primero. Siempre me ha gustado mucho el estilo único de Wright, y ver como cambió su pueblo natal fue una maravilla.

Los edificios Wright son una muestra de la “arquitectura orgánica” que él concibió y que se caracteriza por el plan abierto de las construcciones, la difuminación de los límites entre el interior y el exterior de éstas, y la utilización extremadamente original de materiales como el acero y el hormigón. Las soluciones arquitectónicas innovadoras de la “arquitectura orgánica” satisficieron plenamente en su día las necesidades funcionales de los edificios interesados, ya se tratara de viviendas, de lugares de trabajo o culto religioso, o de espacios para actividades lúdicas y culturales. Las realizaciones de este arquitecto influyeron enormemente en la evolución de la arquitectura moderna en Europa.

Empecé la visita en el Unity Temple, que muchos arquitectos consideran el primer edificio contemporáneo de la historia. Diseñado en 1905, representa un momento culmen en la carrera de Lloyd Wright. El arquitecto consigue una armonía excepcional y ejemplifica a la perfección su teoría del diseño orgánico. De hecho, la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad. El templo sigue operando bajo la iglesia universalista unitaria. Me fascinó la pureza de líneas del santuario y la sobriedad de sus elementos exteriores. Existe un pequeño recorrido con audio guía que explica fenomenal las partes y elementos del edificio por fuera y por dentro.

También me acerqué a su estudio, al final de la Forest Avenue, jalonada de mansiones diseñadas también por él, como la casa de Nathan G. Moore y muchas otras de estilo "Prairie", el primer estilo estadounidense que no comparte ningún elemento de los estilos europeos. El nombre de este estilo que sublimó Wright viene de las praderas del Medio Oeste, el estilo predominante horizontal de estos edificios recuerda a dichas praderas.

Además de arte, arquitectura y fast-food diferente, Chicago cuenta con gentes maravillosas, por lo que salir de fiesta en la ciudad es divertidísimo. Me dejé muchas cosas por ver, pero eso es una tónica en mis visitas. Siempre hay que dejar alguna excusa para volver a sitios tan chulos.


IMPRESCINDIBLES

Comer

Deep fried pizza (Chicago style pizza) en Pequod´s Pizza. 

Beber

Cualquier cóctel de Cindy´s Rooftop.

Canción

Stronger de Kanye West y Daft Punk.

Película

The Dark Knight (El Caballero Oscuro) de Christopher Nolan.

divendres, 3 de març del 2017

Nikko

Tierra de budismo tendai

Una estupenda excursión de un día desde Tokyo es Nikko. Actualmente declarado Parque Nacional, y cuyo santuario es reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, Nikko cuenta con uno de los santuarios más importantes de Japón y el más importante de la era del sogunato, cuando los samurais gobernaban Japón.

Hay muchas formas de llegar a Nikko: dos compañías de ferrocarril, JR East y Tobu, la conectan por Tokyo por diferentes rutas. Yo tomé el shinkansen hasta Utsunomiya y de ahí cambié a un tren local hasta llegar a Nikko, ya que tenía el JR East Pass. Llegué a la estación de JR en Nikko, diseñada por Frank Lloyd Wright, es la estación de madera más antigua de Japón aún funcionando. Además de en Estados Unidos, el famoso arquitecto también vivió y trabajó en Japón, por lo que el país cuenta con importante parte de su legado. La estación de Nikko, en concreto, mezcla el concepto norteamericano de estación de ferrocarril rural con una ligera influencia de las formas japonesas que se mezclan de una forma sutil dando como resultado un edificio de gran elegancia y discreción.

Me dirigí a la calle principal, conocida como la Nihon Romantinc Highway, bastante empinada, en dirección al santuario. Paré a almorzar en Meguri, una antigua tienda de arte reconvertida en restaurante vegano por una silenciosa pareja que cocina y sirve las pocas mesas en tatami que tiene el local. La gran influencia del budismo en Nikko hizo muy popular aquí la shojin ryori, o cocina budista vegana, así que no iba a quedarme sin probarla. Pedí el menú del día, que constaba de un arroz hervido orgánico con trozos de mango, un surtido de verduras frescas cortadas con tanto cuidado y arte como solo podría hacer un japonés y un bol de sopa de curry japonés con verduras. Mientras degustaba tan sano almuerzo no pude dejar de admirar la antigua pintura tradicional del techo.

Mausoleo del fundador del sogunato

Remonté la carretera hasta llegar al famoso puente Shin-kyo, un icónico puente rojo ovalado donde, según la tradición, Shodo Shonin cruzó el río Daiya a lomos de dos serpientes gigantes. Ahora os estaréis preguntando: ¿y quién es el tal Shonin? Lo mismo me pregunté yo, así que me fui a los paneles informativos para repasar la historia del lugar: todo empezó a mediados del siglo VIII cuando el tal Shodo Shonin, un sacerdote budista, fundó una ermita en estas montañas. Durante siglos, estas colinas atrajeron a cientos de monjes buscando instrucción y retiro. Sin embargo, es en 1617 cuando Nikko se convierte en un gran santuario. Ese año, el sogunato decide enterrar a Tokugawa Ieyasu, samurái fundador del sogunato en Japón, sistema que rigió el país por 250 años. En Nikko le construyeron su mausoleo, que aún puede visitarse. De hecho, fue a lo primero que me dirigí. Remontando empinadas escaleras flanqueadas de muros de piedra llenos de musgo y pasando diversos santuarios llegué hasta el de Tosho-gu, donde el nieto de Ieyasu, construyó para su abuelo el colosal santuario actual, empleando a 15,000 artesanos de todo Japón. Atravesé el impresionante Omote-sando, un larguísimo bulevar flanqueado de altísimos cedros, hasta llegar a la Ishi-doori, hecha de piedra, que da paso a una explanada donde está la Gojunoto, una pagoda de cinco pisos y la Omote-mon, la puerta principal del templo, flanqueada por los reyes Deva. Entré en el primer patio del templo, donde están los tres almacenes sagrados del templo, uno de los cuales destaca por su bellísima decoración de elefantes. El mérito del artista fue que nunca pudo ver a estos animales, por lo que los representó gracias a su imaginación. Otro de los almacenes cuenta con un relieve donde se ven los tres famosos monos del budismo Tendai que representan el principio de "no escuchar el mal, no ver el mal y no decir el mal". Subí las empinadas escaleras hasta llegar a la deslumbrante puerta del atardecer "Yomei-mon", abarrotada de tallas de colores, pan de oro y pinturas de motivos chinescos. Sus artesanos, conscientes de su esplendor, y temerosos de despertar la envidia de los dioses, colocaron a propósito la última columna del revés para evitar una obra tan perfecta.

Salí al patio interior del Tosho-gu, donde una bellísima sala de culto tiene en el techo las pinturas de cien dragones distintos, en lo alto de la cenefa, rodean la sala los retratos de los 36 poetas inmortales de Kyoto mientras que en la gran puerta corrediza está pintado un "kirin", bestia mitológica mitad jirafa mitad dragón. Me dirigí ya hacia la tumba de Ieyasu, pasando por uno de los pasillos cubiertos del patio, en la puerta presidida por la famosa escultura de madera del Nemuri-neko, o gato dormido, famoso por su gran realismo, aunque su pequeño tamaño hace que pase desapercibido para muchos de los turistas que me empujaban por todo lado. Desde allí, me dispuse a remontar unas empinadísimas escaleras flanqueadas de cedros que me llevaron hasta la solemne Okumiya, o tumba de Ieyasu. A pesar de que habían más turistas de lo que me hubiera gustado, sentí mucha paz en aquel lugar, sin duda los artesanos habían logrado el objetivo de honrar a la memoria del guerrero fundador del sogunato a través de los siglos.

Un dragón llorón y dulces con alubias y soja

Antes de dejar el Tosho-gu visité su templo más turístico, el Honji-do, cuya famosa sala principal tiene representado en el techo al Nakiryu, o dragón que llora. Como había tantos turistas, nos fueron dividiendo por grupos para entrar a turnos a la sala. Una vez allí, uno de los monjes fue golpeando dos palos entre sí alrededor de la sala. Al final, se situó justo debajo de la boca del dragón y los golpeó de nuevo, generando un sonido único, muy similar al de un lloro, debido a la curiosa acústica de la sala diseñada para crear este efecto único. Todos los turistas soltamos un "ohhhh" al unisono. Por cierto, que en todos estos templos está prohibido hacer fotografías

Me encantó conocer tan bello santuario, desde luego tanto el entorno natural como la arquitectura tradicional son espectaculares. Como ya empezaba a bajar el sol, empecé a volver, dejandome varios templos menores sin visitar. Ya los veré en otra ocasión. Antes de tomar el tren de vuelta en la estación, me aseguré de merendar bien probando los diferentes dulces típicos de Nikko. La primera para la hice en una pequeña tetería en la Nihon Romantic Highway, de bajada, llamada Yuzawaya, para probar sus afamados manju (bollitos rellenos de pasta dulce de alubias azuki), que llevan haciendo desde 1804. La segunda parada de la merendola la hice en la explanada frente a las estaciones de tren, donde en una ventanita vendían age yuba manju, unos bollos de alubias dulces fritas rodeados de yuba, una especialidad de Nikko (y de la cocina vegana del budismo tendai) que es la tela que se forma al preparar el tofu, cortada a tiras. Los bollitos estaban deliciosos, y los sirven con un poco de cristales de sal marina espolvoreados por encima. Casi pierdo el tren de lo entusiasmado que estaba mientras me los comía. Desde luego, en términos de gastronomía, Japón siempre tiene buenas sorpresas escondidas.

Además de Nikko, otras posibles escapadas de un día desde Tokyo son Hakone y Kamakura.